Capítulo 4
Severus yacía en el suelo helado, sintiendo como si Lily hubiera desordenado todos sus pensamientos.
Confiaba en sus poderes como Legeremante. Y Lily había gritado Harry en su cabeza.
No es posible, pensó, no es–
¿Por qué no? preguntó su Ravenclaw interior, completamente lógico. Tú estás aquí.
Tenía que averiguar–averiguar si realmente–
Su Ravenclaw interior se tomó un momento para recordarle que ya que él había regresado, y confiaba en su Legeremancia, entonces debía haber ocurrido realmente. Pero la parte de él que no podía creerlo estaba levantándolo del suelo, corriendo a través del parque, por la calle de Lily y hasta su casa–
Allí, su Ravenclaw interior señaló amablemente que ir a aporrear la puerta principal y gritar que le dejaran entrar sólo serviría para hacerlo parecer loco de atar, y quizá conseguir que la Sra Evans llamara a la policía para una agradable visita navideña. ¿Cómo había llamado la atención de Lily en el pasado? Había habido la clásica tradición del lanzamiento de guijarros a la ventana, pero Lily también había escalado la enredadera en el costado de la casa muchas veces para entrar y salir de su habitación cuando Petunia estaba espiándola. Severus siempre había observado con terror de que la hiedra pudiera soltarse y ella cayera y se rompiera el cuello–
Comprobó la hiedra, encontrando el enrejado tras ella, y comenzó a trepar. La lámpara tras sus cortinas cerradas estaba encendida, pero no podía verla. Si Petunia estaba allí fisgoneando, traza o no, maldeciría a la idiota–
Estiró el brazo y golpeó la ventana. Nada. Esperó unos largos momentos, entonces volvió a golpear.
Una sombra oscura nadó hasta las cortinas iluminadas por la lámpara. Oyó la voz baja, frenética, de Lily a través del fino cristal: "¡Si eres tú, Severus, vete!"
"Por supuesto que soy yo, ¿cuántas personas diferentes trepan a tu ventana?" siseó en respuesta.
Ella tiró de la cortina a un lado para fulminarlo con la mirada, y entonces pareció recordar por qué había huido, porque sus ojos se abrieron más y se agachó fuera de la vista. "¡Vete!" ordenó, su voz amortiguada.
"El nombre de tu hijo es Harry James Potter." Intentó hacer que su voz penetrara a través del cristal sin alertar a nadie salvo ella. "Tenía–tenía tus ojos."
Hubo un largo, tenso, horrible silencio. Aspiró un aliento entrecortado y dijo, mordiendo las palabras, "Te casaste con–" No pudo decir su nombre–"en agosto de 1979. El niño nació el siguiente julio."
La cortina voló a un lado. El rostro de Lily era una máscara de angustia.
"¿Cómo sabes eso?" Su aliento empañó el cristal, oscureciendo la mitad inferior de su rostro, dejando claros sus ojos atormentados. "¿Cómo, Severus?"
"Dime qué año debería ser éste."
Ella miró fijamente, apenas parpadeando, entonces dijo, "1981."
La luz verde. La cabeza de él cayó hacia delante, su frente presionada contra el cristal. Ella había muerto. Recordaba morir.
Iba a encontrar al Señor Tenebroso y desgarrarlo de los intestinos al esternón–
La ventana desapareció de repente, haciéndolo medio caer dentro de la habitación de Lily. Maniobró con la cara aplastada contra el escritorio, el alféizar enterrándose en algunas de sus partes más sensibles, sus pies asomando al vacío.
"Dios–lo siento–" Ella estaba intentando hacerlo rodar adentro. Él le apartó las manos y se arrastró dentro, tirando la mitad del contenido del escritorio al suelo, incluida la lámpara. La luz saltó por las paredes, inclinando su ángulo.
La manilla de la puerta traqueteó. Ella le dirigió una mirada de horror, y Severus no necesitó que se lo dijera; se apretujó dentro de su armario, cerrando la puerta tras de sí, pero dejándola sin afianzar. Estaba pisando los zapatos de ella, probablemente dejando grasa por encima de toda su ropa, que tenía el leve olor dulce de detergente Muggle y el aroma de su casa, gardenias y naranjas y el limpiador con olor a pino que usaba su madre. Rodeado por ello, se percató de que estaba temblando, muy ligeramente, temblando casi imperceptiblemente.
"¡Perdona!" oyó a Lily medio gritando, así que la visitante debía ser Petunia. Su madre habría llamado, de cualquier modo. "¡Lo siento mucho, pero estaba bajo la impresión de que tenía derecho a cierta privacidad en mi propia casa!"
"¿Qué estabas haciendo?" exigió Petunia. Severus recordaba su voz, nasal y de empollona, y disfrutó un momento de odio sin complicaciones. "¿Qué le pasó a tu escritorio?"
"Duendecillos de Cornualles," espetó Lily. "¡Vete!"
"¿Por qué está abierta tu ventana?" persistió Petunia, tan tenaz como una Tentácula Venenosa.
"¡VETE!" gritó Lily.
"¡Guarda esa cosa asquerosa!" jadeó Petunia. Lily debía haber sacado su varita. En la oscuridad del armario de Lily, Severus desnudó los dientes en una cruel sonrisita, imaginando el terror en la cara de Petunia. "No se te permite–ese rollo de monstruo–¡sé que no!"
"¡Vete antes de que lo olvide!"
La puerta del dormitorio de Lily se cerró de un portazo. Severus esperó, en silencio. Podía oír la respiración entrecortada de Lily más allá de la delgada madera contrachapada de la puerta de su armario.
Ella pateó a un lado un bote de lápices y abrió de golpe la puerta del armario, sus rasgos todavía rígidos de furia.
Era alucinante lo que estaba regresando a él; había olvidado tantas cosas que una vez había sabido tan claramente como su propio nombre. Justo entonces, como si hubiera mirado un cuaderno que hubiera guardado a lo largo de los años y lo hubiera visto escrito allí, recordó: la falta de lógica solía sacar a Lily de su ira. "He aplastado tus zapatos," dijo inconsecuentemente.
Ella parpadeó, bajando la mirada. "Oh," dijo. "No importa, sólo son zapatos." Metió la mano y lo sacó del armario, y entonces sólo se quedó allí, con la mano izquierda sobre su brazo, la varita en la derecha, mirándolo fijamente. Severus esperaba por Dios no apestar como la gente del albergue, pero probablemente era una esperanza vana.
Entonces Lily dijo, "No me respondiste."
"¿Qué?"
"Fuera de la ventana. Me preguntaste–por el año–y entonces dije si eras de allí, pero tú solo–colgabas ahí. Por eso abrí la ventana."
"Ah." Él cerró la puerta del armario con cuidadosa precisión. "No," dijo despacio. "Yo no soy… de… 1981." Ella abrió la boca para preguntar; él dijo llanamente, "1998."
Los ojos de Lily se abrieron mucho y su mandíbula se aflojó del shock. Severus sacó su varita para hechizar las cosas de vuelta a su escritorio, pero ella le agarró la muñeca.
"Traza," susurró, mirándolo fijamente como si nunca antes lo hubiera visto.
Él murmuró varias cosas por lo bajo, tales como lo que la traza podría hacerse a sí misma con su eterna buena voluntad, y cuán fuerte y largo, pero guardó la varita y se agachó para recoger las cosas de la alfombra. Ella descendió a su lado e hizo lo mismo, pero luego sólo le dijo que lo dejara y ella lo ordenaría más tarde.
"Necesitamos hablar," dijo ella. "¡Severus, deja de trastear con ello!"
"La multitarea es una valiosa habilidad vital," dijo él, incapaz de mirarla.
"Si no dejas esa mierda, voy a ponerme a gritar como una loca."
Él dejó la lámpara y apartó las manos. Condenada. Ahora iba a ver temblar sus manos.
Excepto que ella misma estaba temblando. No sabía qué hacer. Se había sentido impotente muchas veces en su vida, muchas de las cuales girando en torno a ella, pero lo odiaba–odiaba cómo después de todos estos años, incluso después de morir, seguía aquí, sintiéndose tan condenadamente impotente.
"¿Ganó?" susurró ella.
Se alegró de que ella no fuera Legeremante, de modo que no tuviera que verlo reprimiendo pensamientos de ¿La segunda vez? No lo sé, morí antes de que terminara.
"No," dijo él. Apenas hubo algún alivio en el rostro de ella. Sabía lo que quería oír. "Fue derrotado la noche que fue a tu casa."
Lily parpadeó.
"Moriste por… tu hijo." Ella asintió, la angustia agrietándose sobre su rostro como el hielo extendiéndose por un estanque. "Ésa es una magia poderosa, protectora. Cuando el Señor Tenebroso–"
"No lo llames así," ahogó ella.
"–cuando a continuación lanzó la Maldición Asesina a tu hijo–" Lily estaba temblando por entero, más fuerte ahora. "–rebotó y alcanzó al–Quien-Tú-Sabes," murmuró él. Dios, cómo odiaba ese nombre asnal. Al menos sonaba digno ser destruido por un Señor Tenebroso. Quien-Tú-Sabes sonaba como un polvo deshonroso que no querías nombrar.
"¿Rebotó?" susurró ella, todavía temblando, pero ahora mirándolo con desesperación, esperando que dijera…
"Tu hijo estaba protegido. Recibió un corte en la frente"–y un pedazo del alma del Señor Tenebroso–"pero por lo demás salió ileso."
Los ojos de Lily eran enormes, las lágrimas derramándose por su rostro. "¿Harry–no murió?"
"No." Él quería apartar la mirada, pero no podía. "Porque tú lo hiciste."
Lily lo miraba fijamente, los ojos chorreando, sacudiéndose por entero, y entonces se lanzó a él, cerrando los brazos alrededor de su cuello, chocando sus cabezas, y estalló en sollozos.
Severus no tenía idea de qué hacer. Por una parte, tenía a Lily en sus brazos, pero por otro lado, estaba sollozando a lágrima viva por su hijo. Mientras ésta era una cosa perfectamente lógica que hiciera, y a él no le importaban necesariamente los mocos y las lágrimas que estaba dejando por encima de toda su camisa, no se correspondía exactamente con ninguno de sus ensueños.
Y su postura era bastante incómoda; se había inclinado hacia atrás por reflejo cuando ella se lanzó hacia delante, y ahora estaba torpemente incorporado a medias entre tumbarse sobre la espalda y sentarse derecho. Tampoco sabía qué hacer con sus brazos, porque Lily tenía las partes superiores atrapadas contra su cuerpo. Toda la experiencia era algo así como estar atrapado dentro de un jersey mientras estás intentando quitártelo.
Pero incluso de haber estado libres sus brazos, no estaba seguro de haber sido capaz de ponerlos alrededor de ella. Ni siquiera podía decir su nombre, para llamar su atención. Ésas eran dos cosas a las que había renunciado a toda esperanza de hacer jamás desde Hallowe'en de hace diecisiete años.
Sorbiendo por la nariz, Lily se apartó lo suficiente para mirarle a la cara, sus dedos enterrándose en sus hombros. Su rostro estaba enrojecido de lágrimas y su nariz estaba toda roja. "¿Y él está bien?" susurró, su voz espesa. "¿Es–es feliz?"
Severus no podía decir sinceramente nada parecido, pero no tenía intención de decirle la verdad a Lily. Dijo, "Tiene mucha gente que lo ama," lo que era verdad, tan lejos como fueron las cosas.
La sonrisa de Lily provocó una fisura en su corazón. "Gracias a Dios," susurró ella. "Gracias a Dios–mi bebé–" Dejó caer la cabeza, presionando el rostro en el hombro de Severus, y para su desesperación continuó llorando, aunque más calladamente esta vez.
Él levantó la mano y se percató de que estaba temblando, pero tocó suavemente su cabello, de todos modos. Su única respuesta fue agarrarlo más fuerte. Muy ligeramente, él le acarició la longitud del pelo con la mano.
La puerta de su dormitorio se abrió de golpe. "Lily, ¿qué narices está pasando–?" Su madre dio un paso dentro de la habitación y se detuvo como si hubiera sido alcanzada por un Impedimenta.
Ante la mirada en el rostro de su madre, Severus casi, casi se marchó Apareciéndose, llevándose a Lily consigo.
La cabeza de Lily se levantó de golpe. No podía ver su rostro desde ese ángulo, sólo su coronilla, pero claramente la oyó decir, "Oh, joder."
"¡Jovencita!" Severus quedó impresionado por el latigazo de voz de su madre. Ella y Minerva podrían haber asistido a la misma clase de Refinar Su Ira para Mantener A Raya a Adolescentes Revoltosos. "No tengo la más mínima idea de lo que está pasando aquí, pero nunca volverás a usar esa palabra en mi presencia, jamás. ¿Ha quedado claro?"
"Sí, Mamá," murmuró Lily. Severus seguía esperando que se arrastrara lejos de él, pero ella estaba actuando como si él la hubiera encantado para pegarse allí. "Lo siento, no volveré a decirlo."
"Gracias."
La siguiente mirada digna-de-Minerva de su madre fue para él. De repente Severus estaba bastante seguro de que había muchos modos de hacer que la Sra Evans llamara a la policía por él, y yacer espatarrado en el suelo del dormitorio de su hija era una de ellas.
"Os espero a los dos abajo en un minuto para que os expliquéis. No me hagáis volver a subir a buscaros, jovencita, jovencito."
Cuando se marchó, no cerró la puerta.
"No diré 'joder' cerca de ti, en cualquier caso," dijo Lily en voz tan baja que Severus casi no la oyó.
"Y aun así, esperaste a que se marchara para murmurar esa pequeña rebelión," señaló él. "¿Dónde está el jactancioso coraje Gryffindor?"
"Subido a un árbol, cuando se trata de Mamá." Ella destrepó de él, atrayéndolo arriba con ella. "Vamos." Cogió la caja de pañuelos de papel que él le tendía, le dirigió una sonrisa floja, y se aseguró de este modo que la seguiría hasta el infierno.
. . . . . . . . .
Harry vivía. Harry estaba vivo. Harry había vivido.
De algún modo esto suponía toda la diferencia. A pesar de que no había ocurrido todavía, de algún modo debía haberlo hecho, porque Severus estaba diciéndole que había llegado desde 1998 y Harry era amado y feliz y estaba bien. Buen Dios, eso era más de veinte años adelante en el futuro… eso haría que Severus tuviera… ¡treinta y ocho años!
Lo miró de reojo, como si esperara que hubiera envejecido veintidós años de repente en cinco segundos, pero siguiéndola un poco por detrás estaba el habitual Sev de dieciséis años, con aspecto malhumorado y sucio.
Un Sev de treinta y ocho años. Eso explicaba mucho, como la voz, los ojos relucientes, la locura casi trastornada, las respuestas extrañas. Había estado esperando que actuara como si tuviera dieciséis–naturalmente–y había predicho todas sus expectativas sobre el modo que Severus había actuado cuando todavía habían sido mejores amigos, todavía niños de dieciséis años, pensando que eran tan sabios y maduros y sin tener puta idea.
Al pie de las escaleras vaciló, mirando la abertura a la sala de estar. Mamá estaba allí, e iba a leerle la cartilla tan seguro como James y Sirius seguramente se traían entre manos algo atolondrado en ese preciso momento, dondequiera que estuvieran. Y a pesar de tener, de corazón, veintiún años de edad y haber desafiado al Señor Tenebroso, Lily no estaba esperando esto con ganas.
Supongo que las cosas desagradables siguen siendo desagradables, incluso cuando te has enfrentado a peores.
Severus se inclinó hacia delante ligeramente, tocándole la oreja con un mechón de cabello. Era suave y hacía muchas cosquillas. Ella se estremeció. "Harás que venga por nosotros si te entretienes."
"Y aquí yo pensaba que ibas a decir algo reconfortante," se quejó ella, aprovechando la oportunidad para secarse la cara una última vez.
"Ambos recordamos cómo Aparecernos."
"No me refería a eso," dijo por la comisura de la boca, pero algo en su interior sonrió sólo un poquito. Nadie sabía ser difícil del modo en que Severus lo hacía.
"Entonces, si en el futuro, me das una lista de comentarios reconfortantes preparados previamente, seré capaz de seleccionar la cosa apropiada que decir durante momentos tensos."
"Imbécil," ahogó ella, y entonces entró para enfrentarse a su madre.
La diminuta sonrisa que había estado tentada de dejar escapar, fue a esconderse ante la expresión en el rostro de su madre. Nunca había visto a Mamá con aspecto tan–sombrío. Casi demacrado.
"¿Mamá?" dijo conmocionada. Cruzó hacia su madre para arrodillarse a su lado, para preguntar qué había ocurrido en el minuto que habían estado separadas, pero su madre levantó una mano.
"Lily, puedes sentarte allí." Señaló una de las sillas de comedor, que había llevado por la sala hasta un punto a un metro y medio de su sillón. De hecho, había traído dos, colocándolas en puntos diagonales desde sí misma. Lily miró fijamente el arreglo, notando que su estómago parecía haberse desvanecido.
Oh, joder, pensó, usando la palabra favorita de Sirius. James siempre había hecho una mueca cuando ella la decía, pero bueno, él nunca había dicho tacos del modo en que Sirius lo había hecho.
"Lily," dijo su madre, su voz sugiriendo que estaba perdiendo la paciencia.
Lily parpadeó. Severus había tomado la otra silla, y tanto él como su madre estaban esperando que se sentara. Lo hizo, despacio, notando que Severus estaba sentado del modo que siempre lo había hecho, los hombros un poco encorvados, la espina dorsal doblada, de modo que el cabello le caía alrededor del rostro. Sus ojos relucían hacia ella. Lily sabía que su apariencia no tranquilizaría a su madre en lo más mínimo, pero sintió su corazón hincharse, porque por Dios, lo había extrañado tanto, tanto–
"Lily. Si no puedes encontrarte presente para esta conversación, tendré que hablar contigo y con Severus por separado."
"Lo siento," dijo Lily apresuradamente. "Yo sólo–lo siento." Quería preguntar qué pasaba con la preparación de la sala de juicio, pero no se atrevió.
Mamá le dirigió una mirada larga, en cierto modo dura. Fue como mirar a la Profesora McGonagall, o a un hipogrifo. Lily intentó no parpadear.
Entonces Mamá volvió la mirada hacia Severus. Él se la devolvió, todavía encorvado de esa manera ligera, sus ojos negros reluciendo como la luz de la luna sobre el agua de una noche sin estrellas.
"Severus," dijo Mamá, "voy a hacerte una pregunta, una pregunta muy seria. No debes mentirme, sin importar cuáles temas que sean las consecuencias."
Severus sólo la miraba. Pareciendo comprender que ella estaba esperando una respuesta, dijo llanamente, "Sí, señora."
Lily se percató de que si Severus realmente tenía treinta y ocho, su propia madre sólo era unos años mayor que él, ahora. Parpadeó. Eso tenía que ser extraño, estar en esta situación cuando–
"¿Eres el padre del hijo de Lily?"
Lily se cayó de la silla.
Mamá hizo un movimiento, pero no la ayudó a levantarse. Sus ojos estaban clavándose en Severus. "¡Mamá!" logró Lily, pero el rápido vistazo de su madre hacia ella parecía impaciente. Lily se percató de que Severus estaba tratando de levantarla, y se revolvió de vuelta a la silla.
"¿De dónde narices sacó la idea de que Lily esté embarazada?" dijo él, sonando absolutamente desconcertado. Su mirada honestamente confusa se volvió hacia Lily. "¿Qué podrías haber dicho posiblemente?"
"Responderás mi pregunta," dijo Mamá con una voz dura que Lily nunca la había oído usar.
"No soy el padre de nadie," dijo Severus. Oh, Dios, estaba comenzando a parecer divertido. Lily suplicó que sólo pudiera darse cuenta porque conocía tan bien su cara. "Menos aún el de su–nieto."
"¡Mamá, nadie es el padre del bebé porque no hay bebé!"
Mamá la clavó con otra mirada de hipogrifo. "Te recuerdo claramente llorando anoche, Lily, por perder un bebé."
La boca de Lily se abrió y se cerró. Estaba–jodida. No podía mentir lo bastante convincentemente para decirle a su madre que no había estado haciendo eso, porque había estado haciéndolo. Qué podría decir–
"Oh, eso," dijo Severus, haciendo que las dos mujeres lo miraran. "Lily, deberías saber que no debes escuchar a esa boba de Felicity Meadowes. No puede encontrarse el culo con ambas manos."
Lily no tenía idea de adónde iba él, pero Severus lo sabría, porque le dijo a Mamá, "Meadowes se cree una echadora de la buenaventura. Oí al final del trimestre que había dado una actuación particularmente convincente, de que un día un bebé llamado Harry Potter moriría a manos de un Mago Oscuro."
Felicity no era la única que era convincente. Pero Mamá estaba lanzando miradas entre Lily y Severus, así que Lily convocó todos sus poderes de engaño–que eran a los de Severus como un dedal a un océano, y contenían igual cantidad de agua–y dijo, "¡Convincente no es lo que yo lo llamaría, Sev! Fue–" Se estremeció, permitiéndose recordar su frío terror, pensando en Voldemort volviéndose contra su hijo una vez ella había muerto… "Fue tan real…"
Oh Dios, esto iba a ser demasiado convincente, ¿no? Pudo sentir su rostro perdiendo calor. Mamá nunca iba a tragarse que fue sólo una estúpida predicción– Estúpida, sí ésa era la clave. "Fui tan estúpida," rechinó. "Esa imbécil de Felicity, ha querido a James para ella durante años–"
"Lástima por ella," dijo Severus, con un desprecio y aversión que Lily se percató tomó por sorpresa a Mamá. "Nadie puede meterse entre la Pareja de Oro de Gryffindor."
"Oh, por favor," espetó Lily, aunque su estómago se precipitó, "¿yo y ese imbécil? Es un patán. ¡Merece a esa Felicity! Eso fue cruel, lo que hizo ella."
"Estoy confusa," dijo Mamá, no sonándolo mucho. Sonaba firme, impaciente. "Estáis diciendo… ¿qué estáis diciendo?"
Lily respiró hondo, metiéndose el pelo detrás de las orejas, yendo a por todas. "Felicity echó la buenaventura diciendo que un bebé llamado Harry James Potter moriría a manos de un mago Oscuro. Sería llamado por su padre, y tendría–" Su voz vaciló. "–los ojos de su madre. Mis ojos."
Lily habría estado orgullosa por el modo que logró componerlo todo, si no estuviera tan desesperada por que funcionara. No sabía lo que su madre le haría a Severus si pensaba que la había dejado preñada a los dieciséis, pero no quería averiguarlo.
"El intento fue sin duda un esfuerzo por hacer que Potter renunciara a sus atenciones," dijo Severus, sonando absolutamente aburrido. "Buena suerte para ella–hay toda la evidencia de su habilidad adivinatoria de mierda que uno pueda necesitar: una colisión en gran escala con otro planeta no podría detener las atenciones de Potter."
Lily parpadeó. Nunca había oído a Severus poner tanto odio en una palabra como lo hizo en el nombre de James. Oh, no, pensó, su corazón hundiéndose.
"Oh, Lily," dijo Mamá, sonando cansada, "¿Y te tragaste esto?"
Lily se sonrojó a su pesar. "Eso– ¡ella es convincente!" Severus realmente tenía una memoria estelar: Felicity Meadowes podría haber hecho exactamente lo que él había sugerido. Le había encantado deambular por el castillo, envuelta en pañuelos coloridos y los ojos perfilados con máscara, susurrando la buenaventura de la gente. Lo hacía particularmente bien cuando sus ojos se ponían en blanco y todo su cuerpo se ponía rígido y se retorcía.
"Convenció a más que a Lily de que era cierto."
"Lily, sabes que la buenaventura no es real," suspiró Mamá.
Hubo una pausa incómoda. Severus picó un agujero en la rodilla de su pantalón.
"Eso… Mamá, en el mundo mágico, lo es." Mamá parpadeó. "Me refiero a que los verdaderos videntes son raros, pero sí que existen. Realmente puedes obtener…" Tragó. "Profecías."
Por alguna razón, Severus se había puesto blanco. Estaba mirando fijamente el agujero de la anchura de un dedo en sus pantalones como si su mayor temor estuviera dentro, grabado en ese pequeño lugar en su rodilla.
Mamá parecía… no pasmada, ni incrédula, sino sólo… como si algo hubiera cambiado. "Ah," dijo al fin. "Yo… ¿de verdad?" Casi aturdida.
"Sí. Pero son–no puedes elegir de quién hablarán, simplemente ocurren de algún modo. Como un estornudo." Lanzó una mirada nerviosa a Sev, que se había puesto la mano sobre la boca como si estuviera a punto de vomitar.
"¿Severus?" preguntó ella, preocupada.
"Creo que comí algo en mal estado en la cena," dijo él.
Tú, mentiroso natural, Sev. "Eso no puede ser, en el parque dijiste que la cena iba… ¡Sev!" Él levantó la mirada, probablemente por el tono de horror de ella. "¡Hice que te perdieras la cena! ¿Qué dirá tu mamá?" Ella comenzó a retorcerse las manos, pensando en la horrible mujer gritando, '¡Sal de mi porche, chico estúpido, y vuelve con esa puta!'
"Sinceramente dudo que le importe," dijo Severus, mirando fijamente a Lily como si se hubiera vuelto loca y hubiera comenzado a declamar profecías sobre Petunia.
"Puedes marcharte, Severus, una vez aclare algunas cosas más." Mamá no sonó tan dura como lo había hecho al principio, pero no sonó remotamente amistosa, tampoco. "Me gustaría saber lo que estabas haciendo en la habitación de Lily cuando no te oí llegar por la puerta principal, como un invitado apropiado."
"Me Aparecí dentro," mintió Severus con perfecta compostura.
Los ojos de Mamá se entrecerraron. "Soy consciente de que no puedes hacer magia fuera del colegio."
"Sólo hasta que uno cumple diecisiete. Después de eso, somos mayores de edad, y podemos hacer magia cada vez que queramos."
Lily estaba impresionada. Severus se las había arreglado para decir una mentira disfrazada sin pronunciar una falsedad real. Estaba bien que Mamá no supiera cuándo era el cumpleaños de Severus.
Mamá casi fulminó con la mirada a Severus. "Mago o no, Severus, encuentro el acto de que–aparecieras–en la habitación de Lily sin informar primero a su madre, cuya casa es ésta, extremadamente grosero."
"No quería que usted supiera que estaba aquí," dijo Severus, como si fuera la cosa más sencilla del mundo.
Mamá no pareció saber cómo responder a eso.
"Mamá," dijo Lily calladamente. "Sev y yo estábamos–hemos estado peleados. No creía que le dejarías entrar."
"¿Y esta… aparición? ¿Tú podrías evitar que entrara, si él no quisiera que lo hicieras?"
"Si Lily no me quisiera cerca de ella," dijo Severus, en una voz fría, mortal, que hizo erizarse la piel de la espina dorsal de Lily, "no vendría."
El corazón de Lily se hundió ante la expresión del rostro de Mamá. Simplemente sabía que Mamá estaba tratando de pensar en un modo de evitar que alguien se Apareciera en tu casa. Y también sabía que Mamá no iba a dejar entrar a Severus por la puerta principal en ningún momento próximo a menos que él la volara por los aires fuera del camino.
Lily le dijo a Sev, "Sé que no lo harías," y le tomó la mano, estrechándola. La mirada en su rostro al ver sus manos unidas no fue en nada como la de su madre cuando Mamá le había ofrecido estrecharle la mano; era el escenario opuesto en las emociones no-intermedias de Severus. Sólo podría describirla como maravillada. Hizo que le doliera el corazón. Sabía cómo se sentía él–después de tanto tiempo de creer que nunca volvería a verlo, aquí estaba, sentado en el salón de su madre, joven de nuevo… en cierto modo.
"Gracias, Severus," dijo Mamá en un verdadero tono final. "No te retendré más. Puedes marcharte a casa."
Severus asintió. Sus ojos negros estaban entrecerrados, y se levantó con una elegancia que Lily nunca había visto pertenecerle. Se preguntó si había pasado los últimos veintidós años de su vida aprendiendo a ser intimidante, porque chico, sabía cómo hacerlo. No es que éste fuera el mejor momento para mostrarlo: Mamá estaba apretando las manos en los brazos del sillón, claramente no queriendo demostrar que quería apartarse de él.
Joder, pensó Lily en la santidad de su mente, contenta de que Mamá no fuera Legeremante como Sev. Joder joder joder joder joder.
"Lily," comenzó Mamá cuando ella fue a seguirlo.
"Estaré de vuelta en un santiamén," soltó Lily, huyendo del salón, incluso agarrando a Sev en el pasillo y arrastrándolo hacia la puerta principal.
"¿Qué?" dijo él, dirigiéndole una mirada realmente-estás-chalada.
"No quería que me ordenara quedarme." Lo llevó hasta el final del camino. "¿Estás–estás bien?" ¿Por qué estaba susurrando? Vale, porque sabía que Petunia era capaz de estar colgando de la ventana, espiándolos. Probablemente había corrido a Mamá a decirle que Lily estaba en su habitación con la ventana abierta de manera muy sospechosa.
"Estoy perfectamente," dijo él, bajando la mirada hacia ella. Ella trató de imaginarlo con treinta y ocho. Era imposible mientras miraba su rostro de dieciséis años, con un par de granos de cabeza blanca anidados en el borde de la nariz.
"Yo sólo… Mamá…" Volvía a sentirse abatida.
"Lily, si combinaras el pasado, presente, y futuro, aun así serías una de sólo dos personas a las que remotamente, honestamente, gusté. La mayoría de la gente, me aborrece abiertamente. El disgusto de tu madre es… tan civilizado, que es casi inconsecuente."
Lily parpadeó. "¡Le gustas a más gente que eso!" protestó, indignada.
"Discúlpame por imitar a mis alumnos y decir, 'Como si.'"
"¿Tus alumnos?" dijo ella, desviándose del tema. "¿Estás diciéndome–que enseñas? ¿Tú?"
"Ya no," dijo él, su labio curvándose.
"¡Pero tú odias a la gente!"
"Y tras diecisiete años de intentar instruir a incontables cargas de mocosos lerdos que no conocerían la verdadera inteligencia si los golpeara con un ladrillo, puedo asegurarte que he perfeccionado la misantropía hasta una precisión que pocos han logrado jamás."
Lily podía imaginarse perfectamente a Severus diciéndoles a un atajo de estudiantes de primer año con los ojos muy abiertos que eran un atajo de mocosos lerdos que no conocerían la verdadera inteligencia si los golpeara con un ladrillo. "Puedo creerlo," dijo ella, su turno de estar maravillada. "¿Qué enseñabas? ¿Dónde?"
"Pociones, en Hogwarts." Cuando ella abrió la boca, él suspiró y dijo, con lo que era paciencia sólo para él, "Lily. Tu madre, o hermana, o ambas, seguro que salen aquí en cualquier momento y te arrastran dentro, y me gustaría estar más allá de la cerca antes de que llegue la policía."
"¿Qu–policía? ¿Qué policía?"
"La policía que tu madre llamará con seguridad si no vuelves dentro y la convences de que no lo haga." Se giró para marcharse.
"¿Eso es todo?" Pudo oír su propia voz volviendo a ahogarse. "¿Vas a marcharte simplemente con eso?"
Él no se dio la vuelta. Entonces dijo con voz áspera, llena, "Fui Mortífago."
Ella luchó por respirar. "Lo sé. Cuando me salvaste–lo supe entonces."
A pesar de que estaba oscuro, al resplandor proyectado por las brillantes ventanas de su calle, lo vio tensarse. Su rostro se giró muy levemente, mostrándole la curva pálida de la mejilla y la punta de la nariz. Pero no dijo nada.
"Nunca lo conté," susurró ella. "No quería que ellos–te llevaran."
El aliento de él estaba saliendo más ásperamente; podía oírlo. Dio un paso tentativo hacia él. "Sev…"
"En el momento que pretendió matarte," dijo él, más áspero de lo que jamás lo había oído, tan áspero que ella se detuvo en seco, "no fui Mortífago más."
Y entonces se Apareció realmente, crujiendo en la nada.
