N/A Siento que quizá debería advertir de la muerte de un personaje en este capítulo–Tobías. Está totalmente fuera de pantalla, no es gráfica, y ni siquiera veréis nunca al tipo en este fic, pero sólo por si acaso.
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Capítulo 6
Dijera lo que dijera Lily, Severus no iba a dejarla caminar sola por su calle después del ocaso. Diez minutos después de su llamada telefónica, fue hasta el final de la calle a esperarla. Cuando hubo pasado veinte minutos en la calle oscura, resbaladiza, y todavía no había aparecido, sintió los nervios comenzar a instalarse. Estaba a punto de Aparecerse en su camino delantero, malditas sean su madre y su hermana fisgona, cuando ella dobló la esquina, viéndose ruborizada y dolorosamente agraviada a la enfermiza luz de las farolas.
Ella dio un brinco cuando él entró en su línea de visión. En la semioscuridad, sus ojos verdes se veían tan negros como los de él.
"Petunia," pronunció ella.
"¿Dónde está tu paraguas?" exigió él, agarrándola por la solapa del abrigo y arrastrándola bajo el paraguas abollado que había desenterrado del armario. El sonido de la lluvia cayendo tamborileó en el tejido sobre sus cabezas. "¡Está cayendo maldita aguanieve!"
"Estaba a mitad de camino antes de darme cuenta de que lo olvidé."
"¡Está cayendo aguanieve!" reiteró él, acosándola por la calle hacia su casa. "¿Cómo puedes dejar de notar que lluvia medio congelada está golpeándote la cara?"
"Sabes, la mayoría de la gente se contenta con un 'feliz Navidad,'" dijo ella. Su sonrisa fue ladeada, e hizo que su corazón latiera en un patrón desordenado a tono.
La pilló mirando alrededor con curiosidad mientras la llevaba a través del chirriante portón al patio del tamaño de una caja de cerillas que rodeaba la parte de atrás, y luego a través de la puerta trasera. Dentro del pasillo, encendió la luz eléctrica de arriba de modo que ella pudiera ver para caminar. Deseó que la lámpara no le mostrara también la casa, con su papel de pared barato en un tono de amarillo que nunca debería haberse inventado, y la raída alfombra marrón que estaba afrentando igualmente los sentidos.
"Necesitamos decirle a mi madre que estás aquí," murmuró él cuando cerró la puerta. Por alguna razón, Lily se veía como si le hubiera dicho que necesitaba meter la mano en un nido de escorpiones.
Él entrecerró los ojos. ¿Qué le había dicho su madre ayer?
"Vale," dijo Lily valerosamente. Entonces susurró, en un gracioso acento fingido. "Muy peligroso. Ve tú primero."
"¿Eso es una especie de broma interna?" preguntó él.
"Es de Indiana Jones. Adivino que nunca la viste."
"Lucius quería ir desesperadamente, pero no pensé que fuera lo mío."
Lily trató de contener la risa, terminando en un resoplido que probablemente fue, en un sentido objetivo, muy poco atractivo, pero que él creyó completamente adorable. Era patético.
En el rato que había estado poniéndose nervioso al final de la calle, su madre había progresado de la sala de estar a la cocina, y ahora estaba cocinando en una olla sobre el fogón. En lugar de usar la luz fluorescente del techo, había encendido la lámpara de Ambiente que prefería, y llenaba la cocina de un resplandor misterioso. Era como estar en el fondo de un estanque poco profundo en el bosque. No se giró cuando él y Lily se cernieron en la puerta.
Más tácticas. Internamente, él suspiró.
"Lily está aquí, Madre," dijo, retirándose a su voz Ocluida.
Ella siguió removiendo. Él resistió el impulso de masajearse el punto entre las cejas. Lily se mordió el labio y le dirigió una mirada desesperada, de súplica, pero mientras que le habría traído con gusto cualquier cosa, desde joyas hasta la cabeza de Sirius Black en una bandeja con acompañamiento de fish and chips, no supo lo que ella quería.
"Hola, Sra Snape," dijo Lily, como si hubiera preferido el nido de escorpiones.
Su madre extrajo la cuchara de la olla y la golpeó contra el borde con tres ruidos sordos, y entonces por fin se volvió a mirarlos. Severus se preguntó si era así como se sentían sus alumnos Hufflepuff de primer año.
"Recuerda lo que te dije, Severus," dijo ella al fin, y entonces con un golpecito de varita, abrió el grifo del fregadero.
Lily lo siguió tan de cerca escaleras arriba, que más bien podría haber trepado sobre su espalda.
"¿Qué te dijo, ayer?" le preguntó él suspicazmente.
Lily se puso de un rojo brillante. "Nada. No fue nada."
"Mi lámpara de escritorio miente mejor que tú."
"Por supuesto que lo hace, no tiene músculos faciales o piel de pelirroja que la delate." Cuando él sólo continuó observándola con ojos entrecerrados, ella hizo una mueca. "No fue–en realidad no dijo nada, ¿vale? Fue–por favor, ¿podemos no hablar de ello? Es tu mamá."
"Sí," dijo él, medio encerrándolos en su habitación, pero dejando un zapato viejo empujado contra la jamba para apuntalar la puerta abierta, a menos que su madre los hiciera volar por la ventana en un furor. "Y conozco sus encantos. Trata a todos de ese modo. No fue… necesariamente algo… personal."
Lily dejó de mirar alrededor abiertamente, con curiosidad, y fisgoneando sus cosas para dirigirle una mirada extraña. "Incluso contigo, ¿es así?"
"Es su manera de ser," dijo él, sintiendo el familiar vacío de la Oclumancia tiñendo el borde de sus pensamientos. Luego dijo abruptamente, "Tenías razón la primera vez; no quiero hablar de ello." Lily parecía no saber si sentirse aliviada o disgustada. "¿Debería preguntar qué atrocidad cometió o refrenó Petunia?"
Lily puso una admirable cantidad de exasperación en su suspiro, y se quitó el abrigo mojado. Llevaba un jersey verde que él nunca había visto antes, y que no se atrevería a elogiar. El odio de Lily por el verde nunca había tenido sentido para él, ya que la hacía deslumbrante en su belleza.
"Oh, fue una estupidez–" Lily le sonrió cuando él le cogió el abrigo, lo que casi le hizo dejarlo caer; sus manos temblaban mientras lo colgaba sobre el radiador, donde las salpicaduras de aguanieve podrían secarse.
"–me lanzó un montón de platos sucios justo cuando estaba saliendo por la puerta–no literalmente," dijo ella, captando la mirada en el rostro de él. "Sólo me refería a que apareció con esta sonrisita de autosatisfacción, queriendo que lavara los platos, ya que ella había cocinado."
"Nunca te deja hacer ninguna parte de la cocina," recordó él, como si regresara a él en un destello de memoria.
Lily parpadeó. "Eso," dijo. Parecía que quisiera preguntarle algo, pero no lo hizo. "Así que me dejó los platos. Miré el fregadero y me di cuenta de que iba a llevar una eternidad, así que–bueno–¿recuerdas cómo ayer te retuve cuando ibas a ordenar mi escritorio?"
"Ah." Pudo sentirse comenzando a sonreír burlón, porque ya nunca sonreía de verdad, ya no. "¿La rabia te sacó de tus casillas?"
"¡Sí, y deja de sonreír, imbécil arrogante!" Ella le dirigió un ceño fruncido que pudo reconocer como fingido. "Les lancé un mal encantamiento de limpieza–¡y menos de dos minutos después entró una lechuza con una advertencia del maldito Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia! Aunque cuando la lechuza entró volando, Petunia sí gritó, así que supongo que eso es algo," dijo pensativa.
Él resopló. Al igual que sonreír, ya no podía reír adecuadamente.
"Y luego ella y yo nos peleamos un poco, y tuve que explicarle a Mamá lo que había ocurrido, y entonces hubo un poco de discusión sobre–" Lily se puso rosada y tosió, y él supo que su madre había preguntado adónde iba y no le había gustado la respuesta. "–de cualquier modo, acabó con Petunia siendo–bueno, Petunia, así que eso es por lo que estaba lista para arrojar fuego cuando me viste."
"Y por lo que no te percataste de que estaba cayéndote aguanieve encima," dijo él sarcásticamente.
"Podría haber venido un oso polar cargando sobre mí y habría seguido adelante," dijo Lily, "si la alternativa era regresar con Petunia. Sev, ¿por qué estamos en pie en tu habitación?"
"¿La alternativa es?"
"¡Sentarnos, por supuesto!"
"Bueno, tú eres Gryffindor," dijo él, dirigiéndole a la silla de madera de su escritorio el tipo de mirada que merecerían las pociones de Crabbe o Goyle. "Si crees que estás dispuesta al desafío de sentarte en una silla que podría dejarte caer al suelo en cualquier momento, por favor, sírvete."
"Tomaré un atajo y simplemente me sentaré en el suelo," dijo ella, doblándose en un medio loto. "No querría hacerte daño, cuando trataras de contener la risa."
"No la contendría," dijo él suavemente.
Inesperadamente, pareció que Lily estaba a punto de llorar. Mientras Severus, conmocionado porque un comentario tan inocuo (para él) la redujera a lágrimas, trataba de encontrar su voz, Lily lo sujetó por la mano y susurró, "Sev, te extrañé."
No confiaba en sí mismo para hablar. Ésa era la segunda vez en el mismo número de días que lo había tocado deliberadamente, no como un medio para un fin, o como un producto secundario de emociones que no tenían nada que ver con él. Sólo pudo mirar fijamente su mano, los dedos aferrados alrededor de los suyos, pensando que nunca, jamás había pensado–nunca siquiera soñado–que Lily pudiera decir, "Sé que fuiste Mortífago," y, "Te extrañé."
"Acércate al radiador." Su voz sonó como si hubiera tragado cristal. "Tus manos están congeladas."
"Lo siento," dijo ella, corriéndose por el suelo hacia el radiador.
"No tienes por qué sentirlo–" Se interrumpió, porque su tono salió áspero. Trató de estabilizar su respiración. "No estaba acusándote. Yo sólo–hace frío en la casa."
Lily asintió, sin decir nada, pero Severus sabía que probablemente estaba pensando mil cosas. Cautelosamente, no miró.
"Sev…"
De nuevo, se encontró esperando. Trató de no observar a Lily mordiéndose el labio, porque los sentimientos que removía le hacían sentirse como un pedófilo. Puede que ella tuviera veintiuno por dentro–aunque dicho así, eso todavía lo hacía un pervertido–pero aparentaba dieciséis. No importaba que él también lo hiciera; la cuestión es que parecía una de sus alumnas, y él nunca había albergado ningún fetiche por túnicas y corbatas de colegiala. De hecho, aborrecía a las alumnas. La visión de túnicas escolares y adolescentes le hacía pensar en tener que corregir deberes y escribir planes de lecciones. Material inductor de úlcera.
"No sé por dónde empezar," dijo Lily de repente, sonando frustrada. "Quiero preguntarte diez trillones de millones de cosas."
"Todavía odio el Quidditch," dijo él con gravedad.
Lily resopló. "Vale, estupendo. Así que son sólo diez trillones, novecientas noventa y nueve mil, novecientas noventa y nueve–"
"Para. De inmediato."
Su risita casi sonó nerviosa. Entonces su expresión cambió, como agua derramándose por una superficie áspera, y dijo lo que él descubrió había estado temiendo: "Háblame de Harry."
Severus se preguntó si en realidad había pasado años aprendiendo a mentir a un loco peligroso para poder ocultarle a Lily el hecho de que había odiado honesta, puramente, y de todo corazón a su miserable hijo. Cayó en viejos hábitos como un hombre cansado cae en una cama de plumas: dejó a quien preguntaba dirigir las respuestas.
"¿Qué quieres saber?"
"Yo–¿cómo es él?" Ella estaba aferrándose las manos en el regazo, su expresión desesperada, casi hambrienta.
"Él es–" Mediocre hasta el último grado. "–bueno en Quidditch."
"Y tú odias el Quidditch. ¿En qué puesto?"
"Buscador. Desde primer año."
La sorpresa revoloteó en la expresión de ella. "Pero eso es–"
Él relató aquel pequeño episodio, cuidadoso de amputar su disgusto y furia y reemplazarlo con informes del placer y triunfo de Minerva. Y cuando Lily le sonrió radiante, sus hermosos ojos húmedos, sintió el viejo rencor de aquel desarrollo pasado hace largo tiempo realmente… desvanecerse. Le sorprendió.
"¿Qué más? ¿Cómo son sus amigos?"
El irresponsable Weasley y la inductora de migrañas Granger. "No se separan de él," dijo él, recordando la sorpresa (y placer) que había sentido cada vez que Granger, Weasley, y el muchacho habían estado enfrentados. Por mucho que le disgustaran, había habido algo bizarro en verlos divididos. No era el único que pensaba así; durante esos períodos, la sala de profesores había resonado con chismes y especulaciones. Trelawney siempre predecía que uno de ellos iba a ser la muerte de los otros dos, lo que Severus, por sus propias razones, nunca había encontrado remotamente gracioso.
"¿Y dijiste que mucha gente lo quiere?" preguntó Lily, inmediatamente después de que Severus hubiera terminado de pescar no-insultos vagamente favorables que ofrecer sobre los compinches del muchacho.
"Sí." Excepto cuando los periódicos lo vilipendian. Un cálido recuerdo que atesorar para sí mismo, más tarde. Eso sólo disgustaría a Lily. "Lo llaman el Niño que Vivió." Gracias a ti. "El mismo gobierno canta sus alabanzas desde lo alto."
Lily parpadeó. "Estás inventándote eso."
"De hecho, no. Te dije que sobrevivió al… intento del Señor Tenebroso…" No pudo llamarlo nada más que eso, o se arriesgaría a que la angustia de ella regresara."…porque tú… lo protegiste." Al igual que no pudo decir nada más, sin arriesgar su propia cordura. Ni siquiera el pensamiento; el recuerdo–"Pero durante años, todo lo que alguien sabía era que tu hijo sobrevivió, y el Señor Tenebroso no lo hizo. Nadie sabía por qué, aunque Dumbledore tenía sus teorías–que resultaron ser ciertas," murmuró para sí mismo.
Lily estaba observándolo como si ésta fuera la conversación más fascinante que jamás había tenido. Bien podría serlo.
"¿Así que creían que él–derrotó a Voldemort, en cierto modo?" preguntó ella. Siempre había sido brillante.
"Sí." El niño héroe.
Lily se quedó callada unos momentos. "Pero eso–eso no es amor real, ¿verdad? Es adoración, pero–quiero decir, eso no es todo lo que tiene, ¿verdad? ¿Tiene personas cercanas a él? Sé que dijiste sus amigos, pero, ¿qué hay de–Sirius y Remus y Peter, por ejemplo?"
"¿Pettigrew?" dijo Severus, en tal tono que ella dio un brinco.
"Sí–Sev, ¿qué?" Se veía alarmada. Medio extendió la mano hacia él. "¿Qué es–?"
"¡Pettigrew fue la razón por la que el Señor Tenebroso te encontró!" (Ella se congeló, entonces, sus dedos extendidos doblándose en su palma.) "¡Entregó al Señor Tenebroso tu paradero, era un puto Mortífago, por el amor de Cristo, él era el traidor todo el tiempo que todos pensabais que era Lupin!"
Él se percató de que se había puesto en pie. Lily levantó la mirada hacia él, sus ojos enormes, su rostro en blanco por el shock, absoluta y completamente inexpresivo. Entonces el shock se desvaneció, y la mirada de angustia en su rostro fue mucho peor.
Podrías haberle anunciado eso mejor, tonto del culo.
Él se hundió en el suelo. Ella estaba temblando, al igual que lo había hecho anoche, temblado por entero. Luchó contra el impulso de tocarla.
"Oh, Dios," susurró ella, sonando como si su corazón estuviera rompiéndose, y el sonido le hizo sentir como si alguien estuviera separándole despacio las costillas. "Oh, Dios. ¿Por qué yo no–nunca–no pensé?–Pensaba que quizá lo habían atrapado–yo–" Su respiración comenzó a entrecortarse; las lágrimas estaban derramándose por su rostro. "No," susurró, su rostro retorciéndose, "no, no, no, no."
No era negación; era un deseo.
Él alcanzó hacia ella, su mano temblando tanto como ella lo estaba haciendo. Sin un momento de vacilación ella la sujetó. Quizá se acercó a él, o quizá la atrajo él, pero de cualquier modo estaba en sus brazos, llorando sobre su hombro. Severus se sintió indescriptiblemente cansado, y viejo, y al mismo tiempo, del modo más extraño, perfectamente dichoso.
Lily finalmente fue callándose, excepto por sus alientos que sonaban espesos. "Supiste," dijo ella, su voz tan espesa como su respiración. "De Peter." Él se tensó entero. ¿Estaba sugiriendo seriamente–? "¿Pero no lo averiguaste a tiempo?"
"No," dijo él. Su voz salió como un raspón. "Nosotros… no sabemos quiénes son todos nuestros… camaradas." La palabra fue ceniza en su boca. "Todo lo que sabía era que alguien cercano a ti, específicamente a ti y–" Todavía no podía decir su nombre. "Que había un traidor cercano a vosotros," concluyó. "No fue hasta mucho después…"
Se interrumpió. El frío de la tarima estaba poniendo rígidas sus piernas. "Este suelo está condenadamente frío para sentarse. Levántate."
Ella lo hizo, su rostro enrojecido y levemente desconcertado. Él cogió una caja de pañuelos de papel y se la metió en las manos, luego señaló la cama sin mirarla. "Siéntate ahí," dijo bruscamente, girando la silla de su escritorio por el suelo para encararla.
"Pensaba que dijiste que… ¡Sev, no uses magia!" dijo ella, agitada, cuando él apuntó su varita a la silla decrépita.
"El Ministerio sólo puede monitorizar las casas, no a los individuos." Pensó en intentar hacer que las secciones ajustaran mejor, pero luego decidió que no le importaba. La silla gimió cuando se aparcó sobre ella, pero aguantó bravamente.
"¡Qué! ¿Cuánto tiempo has sabido eso?"
"Desde cuarto año. No veo por qué debería importarte," dijo él, notando finalmente que Lily parecía estar combatiendo el impulso de estrangularlo. "Tu casa es una vivienda Muggle; estaría monitorizada."
"Aun así siento que podrías haberlo manejado," dijo ella malhumorada, secándose la cara con un pañuelo de papel. Él esperaba que no estuvieran polvorientos. "Siempre pensé que ellos, no sé, monitorizaban las varitas… ¿es por eso que puedes hacer magia en la calle y que no te pillen?"
"Sí. El Ministerio es demasiado perezoso para monitorizar cada varita."
"Imagino que sería una pesadilla de papeleo," suspiró ella. "Así que puedo…" Se sacó la varita de la manga, le dirigió una mirada medio tímida, medio atrevida, que hizo retorcerse su corazón, y dibujó una serie de pequeños arcos en el aire. Un puñado de llamitas en forma de campana brillaron a la existencia, como una constelación traída a la tierra.
Severus volcó sin palabras un bote de lápices de colores sobre su escritorio y le pasó el frasco vacío. Las luces doradas se arremolinaron dentro con un empujón de su varita; ella cerró la tapa y dejó el tarro sobre su cómoda. El frasco con sus luces despedía un halo de calor mucho mayor que la fuerza de su resplandor.
"Espero que no prenda fuego a la mesa," dijo él, pero sabía que no lo haría: Lily conocía Encantamientos del modo que él conocía Pociones, por instinto, incluso con brillantez. "Nunca he visto eso antes."
"Trabajé principalmente en desarrollo de hechizos durante–ya sabes," dijo ella calladamente. "No me–no me gustaba combatir. Nunca pude–herir a nadie adecuadamente."
"Por supuesto que no pudiste," dijo él, sintiéndose sombrío y lejano, tan lejano como una estrella necesitaría estarlo para parecer del mismo tamaño que las llamitas resplandecientes en su bote de lápices. "Adivino que esto fue diseñado para mantener bastante caliente a quien lo conjura en una situación donde su seguridad depende de pasar desapercibido."
"Sí," dijo Lily, aún más calladamente que antes.
"Eso es bastante brillante." Lo dijo en serio, aunque su voz todavía sonó vacía, como si estuviera hablando a través de la línea telefónica más larga del mundo.
"Aceptaré ese cumplido. Mantuvo a salvo a mucha gente." Ella no sonó como si estuviera acusándolo. Él se preguntó si eso lo habría hecho sentirse agradecido o cruel, de no haber desconectado sus emociones por el momento.
"¿Sev?" preguntó ella. Él apartó la mirada por fin de las estrellas enfrascadas para encontrarla todavía mirándolas. Las luces brillaban como puntas de aguja en sus ojos. "¿Por qué crees que estamos aquí? Quiero decir… ¿por qué crees que hemos regresado?"
"No lo sé."
Ella lo miró, entonces. Sus ojos en su sombrío dormitorio, a la lamentable luz amarilla de su lámpara de escritorio y el resplandor de sus estrellas de seguridad, eran oscuros, tan oscuros como los de su hijo lo habían sido en la mala iluminación de la cabaña, cuando la noche había sido tan profunda como ésta.
"Pero has pensado en ello," dijo ella. "Sé que lo has hecho. Sé que tú–debes haberlo hecho."
Él se preguntó si ella había estado a punto de decir Te conozco y dejarlo así. Pero eso era sólo lo que esperaba. ¿Cuán bien lo había recordado ella? Había pasado los dos últimos años de colegio ignorándolo como si hubiera dejado de existir, rodeándose de personas que eran tan enormemente sus opuestos. Él se había conducido a una furia angustiada preguntándose si ella estaba haciéndolo a propósito, y cuál era ese propósito: ¿olvidarlo? ¿Demostrarle? ¿Dejar clara la idea de que no lo necesitaba, no lo extrañaba, no pensaba en él en absoluto?
Él siempre había pensado en ella. Incluso cuando había tratado de cortarla de su corazón–y lo había intentado cada día, durante años después de la muerte de su amistad–había pensado en ella, la había recordado, había imaginado cómo debía ser en el momento que estaba pensando en ella. Incluso cuando su angustia por perderla había tejido hebras de odio a través de su corazón, todo había tratado de ella. Y cuando la tormenta de furia, el repentino, flameante odio, se había extinguido, se dio cuenta de que sólo había sido dolor transformado. Su corazón y mente se sentirían como el amanecer tras una tormenta: empapados, maltratados, pero todavía allí, definitivamente inalterados, el cielo y la tierra permaneciendo.
Había sido una amarga lección para él aprenderlo de ese modo; que cuando alguien se hacía sitio en tu corazón, nada podía eliminarlo por completo. Incluso a través de la muerte, la traición, el abandono, una parte de ella permanecería, más eterna aún que las estrellas.
"¿Sev?" Ella le empujó el pie suavemente con el suyo. "¿En qué estás pensando?" Él sólo la miró fijamente, devanándose de regreso de aquellos días, cuando había deseado que su corazón simplemente se diera por vencido y lo dejara descansar; trayéndose de vuelta al presente. "Me doy cuenta de que te pasa algo cuando te quedas en blanco así. ¿Es ésa la Oclu-cosa de que me hablabas?"
"Sí." Sentía los labios secos. "He pensado en por qué yo estoy aquí, pero no tengo idea de por qué podrías estar tú. O," dijo, "he pensado en por qué he llegado a este momento en particular, pero en cuanto a la razón por la que he venido en absoluto…"
"Nada por lo que seguir adelante tampoco para ti, ¿eh?" dijo ella calladamente. "Bueno, ¿qué has pensado sobre ti, entonces?"
"Está el hecho de que mi traza será levantada en dos semanas, pero en cierto modo no creo que eso sea todo."
"Ya que eres casi inmune a que te pillen, yo tampoco lo creería. ¿Cuál es el otro dato?"
Él apuntó su varita tras de sí al calendario de pared; se desenganchó de su clavo y se acercó volando. "Ves la fecha rodeada." Ella sintió, cogiéndolo. "No sé por qué es. Es algo importante, estoy seguro, porque me tomé la molestia de rodearla, pero no dejé ninguna nota."
Lily parpadeó. "¿Por qué eso significa que es importante? Pensaría que era lo opuesto, si no escribiste por qué."
"Porque esperaba saberlo por mí mismo. Y regresé aquí." Su mirada se movió por la habitación, sin asimilar nada salvo su propio sentimiento creciente de aversión resignada. "Nunca habría hecho eso por algo sin importancia. Y no habría rodeado una fecha en mi calendario sin una buena razón."
"¿Por qué regresaste aquí?" preguntó Lily.
"Acabo de decirte que no lo sé," dijo él, tratando de no espetarle o decir algo hiriente acerca de su cerebro, lo que habría hecho a cualquier otro.
"Quiero decir–lo siento, Severus, pero simplemente no lo pillo. ¿Es algo tan terriblemente importante que viniste a casa por Navidad, pero no recuerdas lo que es, y no tomaste ninguna nota? Espera, ¿cuándo despertaste–de vuelta aquí?"
"Sólo horas antes de que me vieras en aquel local de comidas."
"Yo también," susurró ella. "Debemos haberlo hecho el uno justo después del otro. Y… espera," volvió a decir, parpadeando, "¿qué estabas haciendo antes de llegar aquí?"
Él la miró fijamente, inseguro de si debería responder, o cómo. Pero su silencio parecía haber respondido lo suficiente, porque una mirada atormentada sangró por el rostro de ella. "Oh, Dios," murmuró ella, el calendario deslizándose a través de sus dedos. "Moriste, ¿no? Moriste."
Él la miró por un momento más, y entonces le dirigió el más mínimo de los asentimientos; apenas más que una sacudida de cabeza.
Lily comenzó a llorar de nuevo. "Odio esto," susurró, y él no pudo evitar estar de acuerdo con ella. Ella se puso en pie abruptamente, comenzando a llorar más fuerte; pero estaba apretando los dientes, la zona alrededor de los ojos llena de ira, de la impotencia que él había sentido anoche. "Odio esto–"
Cuando ella dio un súbito paso adelante, él pensó que estaba a punto de marcharse airada; pero en cambio sólo volvió a arrojarse a él, envolviendo los brazos alrededor de su cuello y enterrando el rostro en su hombro. Él tuvo un fugaz segundo para captar su aroma, el detergente Muggle y naranjas y gardenias, sentir su calor–
Y entonces la silla cedió debajo de él y ambos se estrellaron en el suelo en una lluvia de astillas de madera contrachapada.
"Ah, mierda," murmuró Lily, mientras Severus parpadeaba hacia el techo. Debía haberse golpeado la cabeza, porque estaba viendo puntos.
Los dedos de Lily se apretaron tanto en su jersey, que pensó que pretendía estrangularlo. No comprendía por qué, hasta que oyó una voz suave, mortal, desde algún sombrío lugar por encima de su cabeza.
"Me entretendrá levemente oír la explicación de esto," dijo su madre. "Particularmente después de pensar que habías comprendido mis instrucciones explícitas, Severus."
Jodidamente maravilloso, pensó él, empujando a Lily a una posición sentada y siguiéndola al levantarse.
Su madre estaba parada en el umbral, habiéndose abierto paso dentro en silencio. Joder, añadió sombríamente. No era tan ingenuo como para pensar que su madre no sería capaz de echarlos a él y a Lily por la puerta a maldiciones.
Su madre siempre había conservado la capacidad de hacerlo sentirse de unos nueve años. Incluso cuando la había visto por última vez, sólo el verano antes de morir, había abandonado la casa de su prima sacudiéndose la desagradable sensación de ser un niño extraviado, cansado. Pero lo había seguido de regreso a Hogwarts, hasta el despacho del Director, donde la comprensiva mirada del retrato de Albus le había concedido la otra mitad del sentimiento: la de ser un niño de nueve años consentido por su abuelo, relleno de dulces y dicho, "Vamos, vamos, todo se resolverá."
"La silla se rompió," le dijo a su madre ahora, tratando de Ocluirse fuera del viejo sentimiento pero teniendo muy poca suerte. La expresión del rostro de su madre–sólo un eco alrededor de los ojos–estaba recordándole partes de su infancia que siempre surgían a su alrededor como niebla durante sus momentos más oscuros.
"¿Y ella voló a rescatarte, supongo? ¿Intentando salvarte de un vertido asqueroso?" Su madre volvió la Mirada hacia Lily, pero no le dijo nada.
Severus se percató de que había medio empujado a Lily detrás de su hombro. No era que temiera que su madre le hiciera algo objetivamente terrible a Lily, pero había nacido en una generación y clase social donde el castigo severo era la única manera de lidiar con niños que se comportaban mal. Las familias sangre-pura como la suya tenían un rango completo de hechizos para ese propósito específico. Su madre siempre había comenzado con el que se sentía como una vara, pero raramente había tenido que progresar más allá de eso. De niño, la sensación de un latigazo invisible golpeándole el dorso de las manos era lo bastante aterradora para hacer que se comportara. Y para su madre, él y Lily eran niños hasta que alcanzaran la mayoría de edad; estaban sujetos a castigo si contrariaban sus órdenes. El hecho de que a Severus le faltaran dos semanas para su decimoséptimo cumpleaños era una cuestión discutible, porque en ese momento tenía dieciséis y todavía era un niño. Los sangre-pura eran muy… bien definidos en ciertas cuestiones.
"Algo inquietante surgió en la conversación," dijo él con cautela. Sus ojos estaban en la varita de ella, a pesar de que no querían estar. Estaba fuera, pero no apuntándoles, pero su madre podría disparar desde la cadera, digamos. Si comenzaba el lento golpeteo contra su costado…
"¿Y terminó con ella lanzándose sobre ti?" preguntó su madre, su voz más fría que la casa, fría como el hielo negro en la calle. Severus sintió como si estuviera caminando sobre un lago helado, del modo que había observado hacer al muchacho el invierno pasado, siguiendo el resplandor estelar del patronus de Severus a través del hielo.
"El lanzarse fue resultado del destrozo de la silla," dijo Severus, sus ojos moviéndose desde el rostro de su madre a su varita. La Mirada había desaparecido de sus ojos, pero la mirada fría, calculadora, en su lugar, no era más reconfortante. Detrás de él, Lily estaba tan callada como la muerte. Gracias a Dios; no necesitaba que fuera una Gryffindor y consiguiera que la azotara.
Su madre lo observó con frialdad por unos momentos, pero no estaba ejerciendo ningún esfuerzo real por intimidar más allá del que surgía de modo natural con su ira. Pero su varita había comenzado un lento tap… tap… tap contra su cadera, y él se encontró incapaz de apartar la mirada de ella. Esto era realmente alucinante como tener nueve años y ser pillado colándose en los libros de Artes Oscuras de ella. "¿Por qué tienes que hacer esto, Severus? ¿Por qué has ignorado mis instrucciones explícitas? ¿Crees que te has ganado mi indulgencia? Respóndeme, Severus."
"Os concederé mi indulgencia esta vez," dijo su madre con frialdad. "Y ella se marchará, ahora, y no regresará. Cualquier cosa inapropiada puede aceptarse bajo el techo de algún otro, donde son lo bastante idiotas para permitirlo."
"Gracias, Madre," se encontró diciendo, más bien del modo que había agradecido al Señor Tenebroso por imponerle algo horrible.
Cuando su madre apuntó su varita hacia Lily, Severus apenas logró no ir por la suya; pero gracias a Dios se contuvo, o su madre habría caído sobre ellos como loca–
"Márchate," le dijo a Lily, dirigiéndose a ella por primera vez.
Lily no necesitó que se lo dijera dos veces. Severus pensó que sintió el fantasma de su toque en su espalda, pero entonces estaba al otro lado de la habitación, bajando su abrigo de la ventana donde él lo había colgado, girándose para marcharse y luego vacilando cuando vio a su madre todavía parada en el umbral.
Los ojos de Lily se movieron inseguros hacia Severus. Ella usó la incómoda pausa para ponerse el abrigo.
"Recuerda lo que te dije, Severus," dijo su madre, ahora ignorando a Lily como si ya se hubiera marchado. "Las niñas bonitas y ricas no están interesadas en nada más que en niños bonitos y ricos."
Severus parpadeó. Lily realmente jadeó. La mirada de su madre se posó en Lily por un momento, su sonrisa leve, burlona, completamente satisfecha.
"Fuera," le dijo suavemente a Lily, apuntando a través de la puerta con su varita.
Lily se quedó congelada por un largo, agónico momento. Entonces pasó a zancadas junto a su madre sin mirarla, sin reconocerla. Mientras Lily pasaba, los ojos de su madre lo desafiaron.
Severus no dijo nada. Necesitaba acompañar a Lily a casa, lo sabía; incluso en Navidad, no iba a dejar que caminara sola hasta casa–no, especialmente en Navidad, cuando sus vecinos estarían borrachos, sus espíritus altos–pero parecía que no podía moverse.
El teléfono sonó escaleras abajo, y la mortificación que había cristalizado en silencio se quebró lo suficiente para liberarlo. Cogió el frasco de luces de su cómoda y casi saltó bajando las escaleras, justo a tiempo para encontrar a Lily trasteando con la cerradura de la puerta en la oscuridad.
"Espera en el patio," rechinó él, empujando el frasco de luces en sus manos, y agarró el teléfono. "¿Qué?" ladró.
"Hola," dijo una voz masculina notablemente tranquila al otro extremo de la línea. "Soy el Dr. Boone, llamo desde el Hospital de St. Joseph. ¿Puedo hablar con la Sra. Snape?"
"Soy su hijo, puede hablar conmigo. ¿St. Joseph?" repitió. Su madre nunca había ido a un hospital Muggle; se habría podrido en pedazos primero.
"Lo siento, joven, pero necesito hablar con su madre. ¿Puede ir a buscarla para mí?"
"Mi madre está indispuesta." Se giró ante un movimiento, pero sólo era Lily, que había derivado hasta su codo. El frasco iluminaba su rostro desde abajo, sus luces encantadas resplandeciendo en parches altos en sus mejillas, en sus ojos. "¿Sobre qué es est…?"
Se quedó en blanco por un momento. Navidad, se percató, era Navidad… había ocurrido en Navidad… había olvidado el año. Fue este año, al parecer.
"Mi padre," se oyó a sí mismo decir al receptor, sólo apenas logrando no decir, Lo ha atropellado un coche. "Esto es sobre mi padre, ¿no?"
Los dedos de Lily se enterraron en su codo.
Hubo una larga pausa, y entonces el Dr. Boone dijo, todavía con esa voz tranquila, "Sí, hijo, lo es. ¿Puedo pedir que tu madre me devuelva la llamada? Cuanto antes."
"Veré qué puedo hacer," dijo Severus, y colgó sin otra palabra.
Se giró para encarar completamente a Lily y vio que su madre había bajado las escaleras y se había detenido en el descansillo cerca del pie.
"¿Qué quería el Muggle?" preguntó, sonando casi tranquila.
"Tobías ha sido atropellado por un coche." Severus estaba citando de memoria. Encontró su mente vacilando a través de ello, como si estuviera viendo una vieja bobina Muggle… imaginó a su padre saliendo de la fiesta de su amigo y cruzando la carretera, quizá tambaleándose un poco, pero definitivamente no viendo el coche… no había sido capaz de detenerse en el hielo… Con el tiempo, los detalles sin importancia, tales como cuántos años había tenido cuando sucedió, se habían desvanecido de la mente de Severus.
De repente recordó que había respondido al teléfono aquella vez, también. Quizá la conversación había sido justo del mismo modo.
Lily hizo un pequeño ruido que sonó desamparado, su agarre casi doloroso ahora. Su madre no dijo nada, sólo lo observó con una gravedad tranquila, completa, el tipo que procedía del más profundo manantial de Oclumancia.
"¿Está muerto?" preguntó ella, su voz como agua corriendo.
"Sí," dijo él.
. . . . . . . . .
Lily tuvo que decirles dónde estaba St. Joseph. Su madre lo tomó del brazo como si fueran a dar un paseo, lo que nunca habían hecho, y él los Apareció en un callejón trasero al otro lado de la calle. Lily apareció a la vista un segundo después, la mandíbula firme, el pálido rostro atormentado pero resuelto. Su madre ni siquiera pareció notar que Lily estaba allí. No parecía notar nada. Simplemente los siguió a él y a Lily mientras caminaban sobre las relucientes bandas blancas del paso de cebra y se encaminaban cruzando la calle.
"Por ahí no," dijo Lily cuando Severus se dirigió hacia las puertas principales, o lo que había asumido eran las puertas principales. No había estado en un hospital Muggle… probablemente desde este momento la primera vez.
Ella le puso la mano en el codo. "¿Dijiste que lo atropelló un coche? Entonces lo habrá recogido Emergencias, necesitamos ir allí."
Asegurándose de que su madre estaba con ellos, siguió a Lily alrededor del costado del edificio rectangular, donde un saliente de hormigón estaba estampado con las palabras pintadas ACCIDENTES Y EMERGENCIAS. Un par de vehículos Muggles–ambulancias, recordó–estaban abiertos, Muggles en uniforme trepando dentro y fuera, las luces rojas destellando pero ninguna sirena sonando.
"¿Cuál es el nombre del doctor?" preguntó Lily.
"Boone," dijo él, observando a su madre. Otro par de Muggles uniformados pasaron corriendo, empujando una camilla vacía con un ruido metálico; se detuvieron en la parte trasera de la ambulancia, la plegaron con práctica diligencia, y la subieron a través de las puertas abiertas.
Lily subió los escalones de hormigón la primera, entrando a través de las puertas deslizantes de cristal a Emergencias. Por un momento Severus dejó de verla entre el gentío; el lugar era una casa de locos, y una mujer a su codo estaba poniéndose histérica. Un sanador Muggle, o al menos un ayudante, como sea que llamaran a los jodidos, se acercó y se la llevó. Un hombre llevando a un niño chillando, sus pies envueltos en una toalla ensangrentada, se metió entre Severus y Lily y casi se llevó uno de los maleficios de Severus a la cabeza.
Severus sintió sus escudos Oclumánticos agrietándose bajo la tensión de la emoción frenética. Tomó a su madre del brazo y la condujo hasta la pared.
"Espera aquí," dijo él. Ella estaba en silencio mirando adelante, mirando a la nada. Era como si estuviera sonámbula. Pero asintió al el sonido de su voz, y él tuvo que tomarlo por bueno.
Se abrió paso a empujones a través de un nudo de Muggles discutiendo, sus ojos barriendo la enloquecida multitud buscando la maraña de cabello rojo oscuro de Lily–y allí estaba; se había abierto paso hasta el mostrador de recepción y estaba inclinándose sobre él para hablar, o quizá gritar, a la Muggle en uniforme blanco tras él. La Muggle señaló al otro lado de la sala, usando todo el brazo, la otra mano en un teléfono sostenido contra su oído.
Lily dio la espalda al mostrador, apretándose para pasar al hombre con el niño aullando; Severus agarró a Lily del brazo y la arrastró lejos de la multitud, casi haciéndolos chocar contra una ayudante empujando una bandeja con cajas de equipamiento Muggle apiladas en ella. Los rodeó sin parpadear, pasando a través de una cortina color menta, las sombras moviéndose inquietamente tras ella.
Lily se inclinó hacia él para hacerse oír por encima del ruido, su cabello húmedo haciéndole cosquillas en la clavícula. "Dijo que podemos encontrar al Dr. Boone por allí," le dijo, señalando la misma dirección que la mujer Muggle.
Encontraron a su madre donde él la había dejado, en pie inmóvil, observando a una niñita sollozar en el hombro de su abuela, su expresión una de interés amputado. Tomó a su madre del brazo y la condujo detrás de Lily, que parecía saber cómo iba esto.
Recordó entonces que el padre de ella había muerto en verano. Ataque al corazón. Se daba en la familia. Le había contado eso mucho antes que su padre muriera, porque cuando su padre había muerto, ella no había estado hablándole. Ni siquiera había roto su pacto con su ira para decírselo. Pero él la había visto con el vestido negro; había observado el funeral en casa desde la distancia, el coche fúnebre cargado y la limusina Cadillac en que había entrado con su madre y hermana. Petunia había estado llorando tan fuerte que había sido capaz de oírla débilmente desde el otro lado de la calle. Su madre se había visto como si el dolor se la hubiera llevado a algún lugar tan profundo en su interior, que una parte de ella se había marchado con él. Lily simplemente había llorado con los ojos muy abiertos, ni siquiera molestándose en limpiarse el rostro.
¿Se había visto obligada a venir aquí, a abrirse paso entre Muggles gritando para llegar hasta su padre? ¿Se había visto enfrentada a su cadáver al otro lado, o había llegado cuando todavía había alguna esperanza de que viviera, sólo para serle arrebatada momentos después?
No debería haberla dejado venir. Había sido egoísta. Tan cruel. Él ni siquiera iba a extrañar a su padre. Había sido una bendición cuando murió la primera vez; lo sería esta vez, también. La vida de su padre había sido miserable.
Al igual que la suya. Había pensado que iba a ser una bendición cuando muriera.
Imaginó que su propio infierno estaba lleno de Muggles maníacos, el golpeteo lento de la varita de su madre, y una Lily que amaba a James Potter y quería que le hablara de su hijo.
. . . . . . . . .
Severus sostenía uno de esos graciosos bolígrafos Muggles y miraba fijamente el papel con sus apretados recuadros negros. La enfermera le había dado la cosa para que la rellenara. Equilibró el portapapeles sobre el montón de panfletos en sus rodillas. Una mujer llamada "consejera de duelo" se los había metido en los brazos, hablando en voz baja, tranquilizadora, de arreglos.
"¿Necesitas ayuda?" susurró Lily. Estaba sentada a su lado en esas sillas de plástico horriblemente incómodas que los Muggles pensaban deberían cubrir las necesidades de las agencias del gobierno, el hombro apretado contra el suyo y la rodilla moviéndose meneándole el brazo. Reprimió el impulso de ponerle la mano en la rodilla y hacerla parar.
"No recuerdo nada de esta información," murmuró él. "Ni siquiera recuerdo su puto segundo nombre."
A una, ambos miraron a través del corto pasillo a su madre. Se sentaba en las sillas encarándolos, los ojos vueltos hacia la insípida pintura por encima de sus cabezas. Severus pensó que parecía una loca, especialmente ya que había abandonado la casa llevando una bata de bruja. Al menos cuando él le explicara a los Muggles por qué este papel informativo estaba vacío de cualquier cosa útil, no se sorprenderían demasiado.
"Bueno, rellena sólo lo que recuerdes y fírmalo," dijo Lily. "¿Tienes su certificado de nacimiento archivado en casa? Siempre podemos traerlo mañana."
"Deberías marcharte a casa," dijo él, sin mirarla mientras garabateaba el primer nombre y apellido de su padre y su dirección en los estrechos recuadros. "No deberías estar aquí." La sintió ponerse rígida, y se odió por ser tan mierda en este tipo de cosas. "Quiero decir que no deberías tener que estar. Esto es deprimente como la mierda."
Estaba bien ser capaz de volver a jurar adecuadamente, sin tener que preocuparse por oídos impresionables. "Telarañas y escobas" simplemente no era lo mismo.
"Es bastante malo," admitió Lily. Movió la cabeza como si estuviera a punto de ponerla sobre su hombro, pero cuando no lo hizo, supo que simplemente era patético. "He estado intentando pensar si todo esto ha sido tan malo como–ya sabes–aquella noche cuando–pero creo que es la misma cantidad de malo, sólo llevado a una escala menor por un realmente puto largo tiempo."
"Tiene perfecto sentido para mí sufrir hasta el extremo," dijo Severus, ahora escribiendo los familiares más cercanos de su padre. Deseaba saber cómo ponerse en contacto con la primera esposa de su padre; ella habría sido mejor en esto. "Pero no tú."
Ella se quedó callada unos momentos. "No tiene sentido que sufras," dijo ella al fin, muy calladamente. "Especialmente no… no así."
"Su muerte fue una liberación de una vida que odiaba." Falsificó la firma de su madre en la línea adecuada. La mano de Lily se coló en su línea de visión y envolvió muy gentilmente la suya.
"¿La de él?" preguntó ella, su voz aún más baja que antes. "¿O la tuya?"
Él se quedó inmóvil. Las manos de ella estaban frías.
"Tanta gente ha muerto, Sev," susurró ella. Un doctor y una enfermera pasaron a su lado, hablando en voz baja; un teléfono trinó en las profundidades de los corredores blanquecinos suavemente iluminados, y una camilla traqueteó fuera de la vista. "Tanta gente ha muerto, y estoy tan cansada–pensaba que cuando muriera, no tendría que preocuparme por quién era el siguiente, al menos, pero eso era incorrecto, estaba equivocada. Sólo… sólo quiero que pare, ¿tú no?"
"Por supuesto que quiero que pare." Su voz acompañó el tono de ella. Ese cansancio de anoche regresó; pero en realidad nunca se había marchado. Había calado en sus huesos, incluso en estos jóvenes, porque era parte de su alma; sólo podía emerger y hundirse.
"Entonces sabes lo que tenemos que hacer." Su agarre ya no era tan gentil en su mano, pero no era doloroso, como lo había sido al pie de las escaleras, cuando él había tenido el teléfono en la mano. "Sabes quién lo ha causado. Sabes a quién tenemos que detener si–si queremos que pare."
Por fin levantó la mirada hacia ella. Había medio esperado que estuviera llorando, pero sus ojos estaban claros y duros y secos. Como su agarre.
Dios, estaba cansado de detener a Voldemort. No quería volver a hacerlo. Quería coger esta segunda oportunidad duramente ganada y mudarse a algún lugar con luz del sol y un océano, sin Señor Tenebroso ni Marcas Tenebrosas, sin Lily sonriendo a James Potter y pensando en un bebé que se había criado sin ella. Sin más planes, sin más largos paseos con la muerte. Sólo… vida. Del tipo normal que una vez habría desdeñado, hasta que se percató de que la posibilidad de que la tuviera jamás era tan insignificante, que nunca podría siquiera desearla con suficiente fuerza.
Siempre había querido lo que no podía tener. Si alguna vez obtuviera lo que quería, no estaba seguro de saber qué hacer con ello.
Probablemente descubriera que no era como había pensado que sería, de todos modos.
"Podemos hacer esto," dijo ella, con voz tan clara y dura como su mirada. "Podemos."
Todo lo que pudo pensar fue: Con suerte no del mismo modo dos veces. Porque la otra vez, detener a Voldemort les había llevado a estar aquí mismo, una vez muertos.
Y entonces supo por qué había rodeado esa fecha en su calendario.
