N/A Todo acerca del trasfondo de Eileen que no está corroborado por material adicional al canon fue inventado por mí. Si Pottermore ha invalidado algo de ello, que así sea.
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Capítulo 7
Boxing Day, 26 de diciembre, 1976
Lily clavó el codo en la espalda de alguien, la rodilla entre las caderas de dos personas, y se metió a través del hueco que se abrió. Su premio casi fue arrancado de su agarre cuando quedó enganchado en el bolso de una mujer, pero lo liberó retorciéndolo sin desgarrarlo, se lanzó alrededor de un carrito de la compra sobrecargado, y se deslizó delante de un par de chicas discutiendo en la cola de la caja.
"Justo lo que necesitas para distraer tu mente de la Navidad más deprimente en la historia del tiempo," dijo por lo bajo, aferrando el jersey contra el pecho.
Las Rebajas de Boxing Day. Había estado tan acabada la pasada Navidad, intentando evitar que Sirius quemara su casa mientras trataba de distraer a James de pensamientos dolorosos, e intentando distraer a James con él, y siendo mamá recién estrenada con un bebé recién estrenado, y soportando la guerra a medida que se ensombrecía, que no había ido a una sola rebaja. Cuando en realidad, debería haber ido a todas, porque había algo terapéutico en dar patadas y codazos a perfectos desconocidos, y gruñirles, y que esperen que lo empujes todo. Ni siquiera había necesitado hechizos de picazón para apartar las zarpas de la gente de sus cosas. Ésa habría sido la manera fácil, en cualquier caso. Quería que esto fuera duro. Gruñir por cachemir rebajado significaba no tener que pensar. Era bastante divertido, de una manera desagradable.
Sacó efectivo de su cartera, preguntándose si Sev se soltaría en uno de estos sitios o se pondría tan rígido que tendría que apoyarlo en una plataforma rodante para sacarlo por la puerta. Pensó que Sev apreciaría la oportunidad de desatarse con alguien… pero en realidad, probablemente sólo obtendría una migraña Legeremántica por todas las emociones corriendo maníacas a través del aire y se desplomaría. Lily no quería otro viaje al hospital.
Además, si lo hubiera traído, le habría dado un ataque porque ella le comprara un jersey. Y un abrigo. De algún modo no creía que el Sev adulto fuera a ser menos difícil acerca de la "caridad."
Bueno, la Lily adulta sabía ser difícil, también. Severus iba a conseguir algunas prendas que le vinieran. Podría llevarlas o tirarlas al río, pero iba a obtenerlas. Y si sabía lo que era bueno para él, escogería la opción llevarlas.
Envió una mirada asesina a una vieja que intentaba empujar su carrito de la compra en las costillas de Lily con el fin de sacarla con cabestrante de la cola, y se apretó hacia delante a través del hueco. Había olvidado la encantadora delgadez de tener dieciséis.
Cinco minutos más tarde, Lily salió tropezando de la multitud, por el pasillo hacia la entrada, su bolsa del tesoro en la mano. Parecía más seguro aferrarla contra el pecho, así que lo hizo, saliendo fuera por las puertas deslizantes al aparcamiento y el frío. El sol había decidido salir tímidamente esa mañana, aunque estaba pasando largos períodos de tiempo ocultándose tras las nubes. Estaba actuando como Sev la única vez que lo había arrastrado a una fiesta del Club Slug. Pero las nubes eran finas y se deshacían en jirones, dejando el cielo parcheado de azul invernal. Lily se había comprado un cárdigan de cachemir en ese tono.
En el interior de los almacenes había hecho tanto calor, que se alegraba de haber llevado capas de las que pudiera desvestirse. Su abrigo y cárdigan colgaban abiertos, y un frío enérgico estaba hilvanándose ahora más allá del tejido de su fina blusa. Se sentía encantador. Apostó a que sus mejillas estaban de un rojo brillante.
Se paró un momento al borde del aparcamiento, cerró los ojos y sólo respiró. El aire olía sólo levemente a tubos de escape, no a niebla teñida de miedo; niebla de dementores. Podía caminar a cualquier parte que deseara, ir a cualquier parte que quisiera, porque no tenía que preocuparse porque el Señor Tenebroso la encontrara, o cualquier Mortífago con su máscara estúpida, aterradora. Todo eso estaba en el pasado; el futuro.
Tomó la ruta a casa pasando la panadería, deteniéndose a comprarse un bollo glaseado para comer. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que pudo hacer simplemente eso? Ni siquiera podía recordarlo. Los bollos glaseados habían sido cosa del pasado, hasta que el pasado se convirtió en el presente, el presente en el futuro.
Le compró a Severus un petit-four, esperando que todavía le gustaran, y comprobó su reloj. Justo el tiempo suficiente para llegar al parque.
Casi le había ordenado a Severus que se encontrara con ella allí a mediodía. Él le había dirigido una mirada que no pudo leer–una extraña combinación de cansancio profundo hasta los huesos, ironía y tenue diversión–y dijo, "Como desees."
Lily tenía un Plan. No iba a volver a poner los pies en esa casa con su horrible madre; tenía una idea muy fuerte de que la muerte de su marido no haría olvidar a la Sra. Snape que había prohibido a Lily oscurecer su umbral si cada una hubiera vivido hasta tener doscientos. Ella y Sev no iban a continuar encontrándose todas las vacaciones en el parque helado. La única otra opción era ganar la entrada de Severus a su casa, y estaba bastante confiada en que podría hacer esto. Requeriría cierto enfermizo juego con la muerte de su padre, pero podía digerirlo si la alternativa era Sev a solas con esa mujer en esa casa oscura, triste, abierta a las corrientes de aire.
No puedo creer que Sev se criara con esa mujer, pensó, chupándose un poco de glaseado del dedo. Es la persona más vil que he conocido jamás. Voldemort podría haberla reclutado para mantener a los Mortífagos a raya. Apuesto que fue una broma para Sev, después de criarse con ella como madre.
No había pasado por alto la tensión de Severus, o el modo en que la había empujado tras de sí. Su aliento se había entrecortado cuando su madre comenzó a golpetear su varita contra la cadera.
Severus no le había dicho ni una vez que su madre fuera así. Oh, Lily se había encontrado con ella en la estación de tren cada año y había sido absolutamente ignorada, pero había pensado que sólo era el modo de ser de la Sra. Snape con los desconocidos en público. Pero en privado era peor. Literalmente era tan mala como los Mortífagos, y todo lo que tenía que hacer era pararse ahí y golpetear su varita. Olvida las máscaras; si hubiera aparecido en el campo de batalla con esa túnica lila, la varita fuera, la Orden habría huido de ella como un atajo de ardillas aterradas, Lily en cabeza.
Todo lo que Severus le había contado jamás era que su madre provenía de una familia sangre-pura, los Prince. Lily los había investigado una vez por curiosidad, en un libro que guardaba la biblioteca de Hogwarts llamado Anales de Familias Mágicas. Los Prince tenían un artículo más largo de lo que habría esperado–simplemente era insólito en cierto modo, pensar en el torpe, malhumorado Sev como parte de una distinguida familia sangre-pura que se remontaba a la Reforma–pero la mayor parte de ello no significaba nada para Lily; imaginaba que tenías que ser sangre-pura para comprenderlo. La única referencia que reconoció fue la lealtad largamente mantenida de la familia Prince a Slytherin y la pureza de sangre. Pero la última línea había destacado para ella: Los descendientes más recientes de esta línea son la hija Eileen, del primer matrimonio de Próspero con Emily Marlowe, y los hijos Duncan y Eleazar, de su segunda esposa, Flavia Black. Próspero no reconoce nietos hasta la fecha.
Todo muy recargado y apropiado. Y entonces Eileen se había casado con un Muggle y condenado sus días a una calle asolada por la pobreza en una ciudad industrial del Norte de Inglaterra. ¿Cómo narices había ocurrido eso? Esa mujer aterradora, con la túnica con bordados que hacían doler los dedos de Lily, de tan intrincados que eran, sus ojos fríos y crueles mientras miraba a su hijo…
Lily nunca podría imaginar mirar así a su bebé. Simplemente no podría.
Trepó las escaleras hasta el parque. Un par de niños estaban allí esta vez, arropados tan estrechamente en abrigos que parecían peces globo. Sus madres estaban en pie charlando con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho, pateando con los pies para mantener el calor. "¡Cinco minutos más!" gritó una de ella a los bebés, y su amiga dijo, "Oh, que sean dos, estoy muriéndome congelada aquí afuera."
Estupendo, pensó Lily, observando a uno de los niños intentar arrastrarse a un columpio. Justo de lo que necesitaba un recordatorio. No llores aquí, tus lágrimas se convertirán en carámbanos.
Pero los sentimientos de anhelo, de dolor, latieron en el interior de su corazón como un millar de pájaros esforzándose por liberarse. En esos momentos desocupados en casa de mamá, se había encontrado odiando a Petunia por mantenerlo todo tan limpio–cómo le habría encantado ser capaz de coger un estropajo y un cubo y ensañarse para limpiar de lechada todos los azulejos de la cocina–algo, cualquier cosa, para distraer su mente de una casa yerma de la risa de su bebé–
"Si hubiera pensado que alguien sería lo bastante bobo para sacar a su prole con este tiempo, habría sugerido otro lugar de encuentro."
Lily sintió que le dolían las mejillas congeladas cuando sonrió a pesar de todo. Se volvió hacia Sev. Como de costumbre, estaba encorvado, aunque esta vez podía culpar al frío. Su abrigo era una vergüenza para los abrigos en todas partes. Sabía que había tenido que conseguirlo de la tienda de segunda mano y hacer lo mejor que pudo, pero no podía mantenerlo caliente.
Los ojos de él estaban en los niños, pero todo en él decía "cuidado a menos que vengan hacia aquí."
"No estabas esperándome, ¿verdad?" preguntó ella, echando un vistazo a su reloj para asegurarse. Su voz tembló. Mierda.
"No tiene importancia," dijo él calladamente, los ojos oscuros patinando por el rostro de ella y luego apartándose, entrecerrándose a la luz del sol. "Llegué temprano."
Él la siguió alejándose del parque, bajando los escalones de hormigón hacia su calle. Ella no tenía idea de si debería preguntar–si él querría que lo hiciera–pero dijo, "¿Cómo… cómo está tu mamá?"
"Haciendo arreglos. Incluso se vistió de negro. Por un momento, pensé que debía haberse quedado sin ropa que ponerse y robado una de mis túnicas escolares mientras hacía la colada."
"Bueno, era su marido," dijo Lily, pero tímidamente, porque no podía creer que esa mujer pudiera amar a alguien. Y entonces se le ocurrió que ella era viuda, también–pero no–no lo era–no lo era, porque James estaba aquí, en alguna parte, todavía vivo en alguna parte, y Tobías Snape se había marchado de verdad, por completo.
James estaba–
"…más que ver con la tradición," estaba diciendo Sev cuando ella desgarró su atención de regreso a él. "Fue criada para actuar de cierta manera en ciertos momentos. Su marido ha muerto; debe observar la tradición del luto." Severus no estaba mirando a Lily, sino a un lado, como si esta conversación apenas fuera interesante. Pero su voz estaba vacía. Recordó cuando él le había enseñado sobre teorías de Oclumancia, tan emocionado había estado por aprenderla, porque significaría que podría dejar de caer dentro de las cabezas de la gente, podría distanciarse de la infelicidad.
Lily se preguntó si de verdad podías hacer eso. Parecía más bien que la infelicidad simplemente esperaría hasta que pudieras volver a notarla.
Una repentina idea desconcertante la asaltó. "No vas a mudarte, ¿verdad?"
"Mi madre se mudará con una prima suya que está mentalmente enferma."
"¿Tú vas–vas a ir con ella?"
"No. Me dejará la casa." Él dejó de caminar, así que ella se detuvo con él.
"¿Qué?" preguntó ella, mirando su rostro, luego arriba y abajo la calle vacía.
"Dudo que tu madre quiera verte caminando conmigo. Si estás yendo a casa–"
"Eventualmente." Dejó la bolsa de la compra en el suelo y sacó de ella el jersey. "Esto es para ti," dijo, empujándoselo en el pecho con la esperanza de que lo cogiera por reflejo. Él sólo bajó la mirada hacia él, exasperante chico–hombre.
"Estoy bastante seguro de que no voy a coger eso," dijo él.
"¡Vamos, Sev! Aquél que te compré el año pasado ya no te viene. Éste es un reemplazo." Cuando él sólo entrecerró los ojos hacia ella, ella dijo, "No voy a devolverlo, hagas lo que hagas. Pero supongo que si no lo coges, puedo llevarlo por casa, suspirando que es tuyo y que es todo lo que me ha quedado de ti–¿sabes que Mamá todavía cree que me preñaste y que perdí el bebé?"
Un interesante rango de emociones revoloteó por el rostro de Severus, algunas tan sutiles que Lily no supo lo que eran. La más destacada fue horror. "Si no fueras una mentirosa tan miserable," dijo él vehemente, pero le dejó meterle el jersey en los brazos.
Lily le sonrió con dulzura, pero puede que él lo hubiera pasado por alto, porque estaba dirigiéndole un sañudo ceño fruncido al jersey. "Es negro, pensé que te gustaría."
"Odio los colores," murmuró él, lo que confirmó que sí le gustaba.
"Bien," dijo ella, intentando ser jovial. "Y lo conseguí rebajado, así que no te inquietes porque me costara los ahorros de mi vida o algo así. Corre, póntelo, pareces un polo."
"Si me quito el abrigo para ponerme esto, tendré más frío," señaló él; sólo para ser difícil, estaba segura.
"Durante dos segundos, bebé grande. ¡Vamos!"
Él lo hizo, pero de una manera muy molesta. Ella no podía creer que no llevara nada más que una camiseta térmica debajo de su abrigo demasiado fino, pero logró no decir nada al respecto, principalmente porque necesitaba el tiempo para averiguar un modo de abordar el abrigo…
Y la térmica de Sev era demasiado corta, también, porque rodó hacia arriba mientras levantaba los brazos para deslizarse el jersey encima. Encontró su mirada permaneciendo en el rastro de vello en su estómago, y luego arrancó los ojos, sintiéndose un poco una gran pervertida, porque Sev aparentaba dieciséis. Bueno, casi diecisiete, pero eso era por los pelos–oh, no, no debería pensar en pelos. Ella tenía veintiuno por dentro, incluso si aparentara dieciséis y Sev realmente tuviera treinta y ocho.
Ella frunció el ceño levemente. Debía parecerle realmente inmadura… si había vivido diecisiete años más que ella, debía haber tenido una tonelada de experiencias que ella no…
Se forzó a centrarse. "Bien," dijo, mirándolo mientras tiraba de las mangas sobre las muñecas, "te viene. Tuve que escogerlo a ojo–me alegra saber que tengo una habilidad para comprar en mi brillante nuevo futuro."
Severus estaba dirigiéndole una mirada cerrada, ilegible, que Lily no pudo conectar con nada que acabara de decir. ¿Pensaba que estaba siendo poco seria? La falta de seriedad siempre había sido algo difícil de practicar cerca de Sev, y un Sev adulto…
Oh, Señor, si comenzaba a cuestionar cada una de sus reacciones, se llevaría a sí misma a la bebida. Severus había sido difícil de resolver cuando había sido cercana a él, y había tenido veintidós años separado de ella para convertirse en una persona completamente distinta.
"Gracias," dijo él, con tanta gravedad como si acabara de entregarle a su primogénito. Aunque su expresión al serle entregado un bebé–especialmente su primogénito real, Harry–probablemente habría sido mucho más horrorizada. Se preguntó cómo había sido él cerca de Harry. Anoche, todo lo que le había contado de Harry había sido limpiado de emoción.
"De nada," dijo ella, sonriendo. ¿Hubo alguien más en el mundo que le regalara cosas? Eres una de las dos únicas personas a quienes he gustado honestamente… la mayoría de la gente me aborrece…
"Lily," dijo él, en una voz notablemente similar a la paciencia. "Lo que sea que quieras pedirme, puedes pedírmelo."
"¿Qué?" dijo ella, parpadeando.
"Si dijera 'tu cara es un libro abierto,' me quedaría corto. Una comparación más cercana sería escrito en el cielo. ¿Qué es?"
"No quiero pedirte nada–" La mirada de él era abiertamente sardónica. "Vale, lo hago, así que deja de ser tan sarcástico–no es eso lo que yo–oh, a la mierda, ¡te compré un abrigo! No te pongas como loco."
Severus parpadeó y luego miró atentamente dentro de la bolsa que ella estaba señalando. "Muy considerado. Espero que lo birlaras, porque no hay manera de que coja un abrigo por el que pagaras."
"No lo birlé, pero sí que aporreé a una vieja y lo robé de su carrito en el aparcamiento."
"Si eso fuera cierto, lo cogería. Incluso si lo hubieras robado de la espalda de un Mortífago. Pero no hay razón para que tú–"
"La hay, Sev, porque no cuidas de ti mismo y nunca lo has hecho."
Su rostro se volvió frío y remoto. "He cuidado de mí mismo por muchos años," dijo. Su tono le hizo sentirse pequeña y desdichada.
"Lo sé," dijo ella calladamente. "Que es por lo que deberías dejarme ayudar."
Él cruzó los brazos estrechamente sobre el pecho, como si atrapara su viejo abrigo andrajoso contra sí en preparación para que ella saltara sobre él y se lo quitara. Un tipo militante de obstinación había robado su rostro. Por dentro, Lily suspiró, pero igualmente se alegró de verlo: el Severus cabezón, abrasivo, era mejor que el Severus vacío, o el Severus frío y mordaz. A pesar de que todos eran parte de Severus…
"Desde un punto de vista lógico," dijo él en una voz que sonaba inequívocamente malhumorada, "es irracional que acepte un abrigo que apenas voy a llevar. Ésta es la primera vez desde que tenía diez años que he estado en casa cuando hace frío, y en Hogwarts siempre he llevado túnicas gastadas."
"Vale, y hasta entonces estás aquí, y maldita sea, vas a congelarte antes de que llegue el 31 de diciembre y hagas lo que sea que no puedes recordar has regresado a hacer. No voy a devolverlo, Severus. Podemos pelearnos hasta que te lo pongas, o puedes ponértelo y ahorrarnos la pelea."
"Póntelo tú," dijo él, sonando, por un momento, muy de dieciséis años.
"No puedo, gran imbécil, no me viene."
Él lo trincó de la bolsa, levantándolo hacia ella. "Lo hará."
"Obviamente es un abrigo de hombre, Sev."
"Está permitido que las mujeres lleven ropa de hombre. Es sólo lo contrario lo que es un problema." Ella tomó nota del modo en que lo dobló cuidadosamente antes de devolverlo a la bolsa. "Prefiero la pelea al abrigo, gracias."
Lily gruñó. A él no pareció perturbarle. ¡Maldito sea! James siempre se había frustrado cuando ella gruñía.
"¡Vale! Tendrás pelea," advirtió ella, cogiendo la bolsa. Severus sólo parecía cortésmente interesado. ¡Imbécil! Ella no reiría. "Vamos, es la hora del almuerzo." Lo agarró y trató de tirar de él hacia su casa, pero él debía tener vigas de acero instaladas en las piernas porque no se movió un centímetro.
"¿Estás sugiriendo seriamente que vaya a comer a tu casa? Esa vieja debe haberte aporreado a ti." Pero no zafó el brazo. Podía sentir su tensión a través de las capas de su ropa, podía verlo cerrando el puño en el bolsillo de su abrigo. No habría creído que la perspectiva de comer con su familia lo inquietara tanto. Había parecido tomárselo con calma la Víspera de Navidad…
Parecido, Lily. Estás hablando de un hombre que puede acallar sus emociones a voluntad. Idiota. Nadie dice "Todos me aborrecen" y no le importa.
"Tengo un plan astuto," le aseguró ella. La expresión de él era hilarantemente escéptica. Ella imaginó que debería ofenderse, pero no pudo.
"Espero que sea más astuto que tu plan de utilizar hierba de hilo como hilo dental," dijo él.
"Confiaba en que recordaras eso," murmuró ella. "Un atropello es más astuto que aquel plan. Este plan es astuto como un zorro, uno muy enérgico y ladino. Es muy… Slytherin."
"El símbolo de nuestra casa es la serpiente, no el zorro."
"Bueno, quizá deberíais considerar cambiarlo, entonces. Las serpientes tienen mala reputación, pobres cositas."
"Los zorros no la tienen mucho mejor," dijo él con sequedad. "¿Cuál es este plan que crees–erróneamente, estoy seguro–es astuto?"
"No te enfades conmigo, ¿vale?" dijo ella, mientras la golpeaba una súbita preocupación de que estaba siendo muy ingenua en todo lo que tenía que ver con Sev. No podía estar tan… hastiado por la muerte de su padre como le había hecho creer, ¿verdad? "Sólo pensé que… ya que, ya sabes, está pasando tanto mal rollo…" Respiró hondo, forzándose a no ser cobarde y cerrar los ojos para esta parte. "Si le decimos a mamá que tu papá ha muerto, estoy segura de que te dejará venir."
Hubo silencio. Uno largo, muy silencioso. Lily se percató de que estaba entrecerrando los ojos y los forzó a abrirse del todo. Luego los forzó a levantar la mirada hacia él. Pero él no parecía disgustado o furioso; al contrario, su expresión era bastante… evaluadora. Una larga mirada evaluadora.
"Eso es bastante Slytherin," dijo él, su voz neutra de nuevo. Lily vio que en algún momento había deslizado la mano para agarrar la de él.
"Puedes decirme que es bobo como un atropello," suspiró ella. "En realidad no es nada bueno, ¿verdad? Sólo pensé–"
"Desde un punto de vista objetivo, tiene una oportunidad plausible de funcionar. Conocerías mejor que yo a tu madre para juzgar su efecto subjetivamente."
Severus realmente había aprendido a hablar como un libro de texto de Pociones victoriano.
"Creo que resultará. No le he dicho todavía por qué estuve fuera hasta tan tarde–estaba bastante enfadada conmigo por eso, pero creo que–si lo sabe–eso… mejorará las cosas."
"Te refieres a que no gritará y me atacará si entro por la puerta principal," dijo él con una sombría perspicacia, y con más precisión de la que le gustaba a Lily. Se sintió sonrojarse. Él movió la cabeza a un lado, como sacudiéndola 'no.' "Durante muchos años he sido Mortífago. Me he tomado una gran cantidad de esfuerzo aprendiendo a… inquietar."
Y Lily apostaría que no tuvo que mirar mucho más allá que su propia sala de estar para inspirarse. "¿Vendrás, entonces?"
Él respondió, pero al mismo tiempo ella estornudó y no lo oyó, porque el poder de su estornudo acababa de volar sus orejas de los costados de su cabeza.
Un níveo pañuelo blanco revoloteó ante ella. Lo cogió a tientas con la mano y se sonó la nariz.
"¿Eso era una bandada de gansos volando por encima de nuestras cabezas?" preguntó Severus.
"Oh, cállate," ella sorbió por la nariz, secándose los ojos, que habían lagrimeado. "No sabía que llevaras pañuelos."
"No lo hago."
"¿Lo conjuraste?" Estaba impresionada; si no hubiera sabido que no era así, habría pensado que provenía de Harrod's. El fino tejido blanco parecía pertenecer al bolsillo del traje de un gerente de banco. Se lo metió en el bolsillo, pensando que conjurado o no, merecía conservarse.
"¿Qué fue lo que dijiste cuando estaba estornudando, volándome mis propios oídos y no oyéndote?"
"Dije que si tu madre llama a la policía Muggle, al menos puedo zambullirme por la ventana y Aparecerme."
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Su astuto plan para meter con tretas a Severus en la buena gracia de su madre alcanzó su primera dificultad cuando entraron por la puerta principal y Petunia gritó, "¡Por qué has traído a ese chico horrible de vuelta aquí!" y Lily gritó en respuesta, "¡Su padre acaba de morir, vaca sin corazón, por qué no piensas en alguien más que en ti misma por una vez!"
Por supuesto, los rusos probablemente las oyeron en Moscú, así que naturalmente Mamá lo hizo, también. Especialmente ya que había estado bajando las escaleras cuando se abrió la puerta principal. Pronunció un breve soliloquio sobre la importancia de las buenas maneras ante los invitados, y luego miró a Severus, que estaba parado contra la puerta con el aire de un hombre esperando ser echado por la oreja. Otro silencio largo, muy silencioso, sobrevino.
"Lamento tu pérdida, Severus," dijo Mamá al fin en voz muy callada.
"Está en un lugar mejor," dijo Severus. Lily se preguntó si fue la única que oyó el toque de amargura en su voz.
Petunia estaba tan feliz como un gato mojado con zarzas en la cola ante la perspectiva de que Severus se quedara a almorzar, y se encerró en la cocina. Mientras el aroma de sopa de cebolla tejía su camino a través de la casa, Mamá, Lily y Sev se sentaron en la sala de estar haciendo conversación insoportable. Severus era perfectamente cortés y monosilábico, Mamá grave y distante en su compasión, y Lily llena de nervios. No podía dejar de sacudir la pierna. Además, ese estornudo realmente la había noqueado; seguía sacando el pañuelo de Severus del bolsillo para sonarse la nariz.
Cuando se sentaron a la mesa para tomar sopa y pan, Petunia se aparcó en el extremo más lejano y enfrente de Severus, y Mamá se sentó con su hija mayor. Lily esperaba que fuera sólo por solidaridad.
No hubo mucha charla, sólo el rechinar de los cubiertos sobre la cerámica. Lily simplemente se alegraba de que no hubiera más gritos. Todavía.
El violento impulso de estornudar le dio un fugaz segundo de advertencia, sólo el tiempo suficiente para coger su servilleta y meter la cara en ella. Esta vez, cuando emergió a por aire, se sintió mareada. "Puaj," dijo.
"Dios," dijo Mamá. "¿Estás bien, cariño?"
"Eso creo," dijo Lily con voz ronca, aunque no estaba tan segura. Se sonó la nariz en la servilleta, pero sus senos parecían haber desarrollado de repente una provisión de mocos ilimitada. "Oh, maldición."
"Has pillado un resfriado," le dijo Severus en términos no inciertos, "por correr bajo el aguanieve sin paraguas o siquiera un sombrero–¿quién es la que no cuida de sí misma?"
"Oh, cállate, apuesto a que tú vendrás con una gripe a continuación–tu abrigo no mantendría caliente a un ratón de iglesia." Ella volvió a estornudar, en su sopa. Estupendo. Al menos eran sus propios gérmenes.
"Apuesto a que correr por ahí en un mar de compradores maníacos a primera hora de la mañana no ayudó nada en el asunto," persistió Severus, el despiadado bastardo. "Tus ojos están poniéndose rojos. Deja de estornudar en tu sopa y vete a la cama."
Se preguntó si empleaba ese tono para decir a sus alumnos que cortaran sus higos secos.
Se giró hacia el lado de la mesa de Mamá y Petunia y las encontró dirigiéndoles a ella y Severus miradas muy… extrañas. Lily no pudo interpretarlas con la cabeza rellena de mocos.
"Severus tiene razón, cariño," dijo Mamá dulcemente, levantándose de la mesa. "Ven–vamos a ponerte el pijama y veremos cómo te sientes después de descansar."
Lily fue. Petunia y Sev la observaron marcharse.
"No debería haberte dejado salir anoche." Mamá trasteó por el dormitorio, sacando con un rumor el camisón de Lily y un par de calcetines limpios. "Pero entonces supongo que no habrías estado ahí para Severus, y quizá está bien que estuvieras."
"Oh, no tienes idea, su mamá es el horror más miserable," murmuró Lily, y entonces lanzó una mirada aterrada a la puerta. Sería sólo su suerte si Sev estuviera parado ahí–
Pero no estaba, y no estaría; el Sev de dieciséis años podría haber sido lo suficientemente despistado para aparecer mientras ella estaba en medio de cambiarse, pero el Severus adulto sabría quedarse en su sitio. Incluso si era con Petunia.
Mamá se detuvo abriendo la cama de Lily, pero después de un momento continuó. "Ahí tienes, cariño," dijo, arropando a Lily, ahora en pijama, en la cama. "El descanso es la mejor medicina."
"Pensaba que era la risa," murmuró Lily.
En cuyo caso, no era sorprendente que estuviera enferma… había habido precioso poco de eso durante largo tiempo.
"Ah–¿Mamá?" Su madre parecía una pregunta mientras dejaba la caja de pañuelos de papel sobre la mesilla de noche de Lily. "¿Puedes asegurarte de que ese viejo bruto testarudo no se marche sin su abrigo?" Señaló en dirección a la bolsa que había arrojado arriba cuando estuvo segura de que mamá no echaría a Severus de la casa cuando su hija le diera la espalda. "Se lo compré porque el suyo está a punto de caerse a pedazos con una buena brisa, pero es demasiado imbécil para cogerlo sin discutir, y ahora mi cabeza está demasiado hinchada para intimidarlo adecuadamente."
Cerró los ojos, porque le picaban. Mamá se quedó callada tanto tiempo que casi los abrió para ver si su madre había abandonado la habitación, pero entonces Mamá sólo dijo, en voz suave, dulce, "Por supuesto, cariño." Lily sintió los labios de su madre en la frente, fue envuelta por un momento en el abrazo de su perfume; y luego sólo hubo el rumor de su partida, llevando una bolsa de compras de papel consigo.
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Cuando Lily abrió los ojos, fue a una habitación oscura en su mayor parte. Un rato después de haberse quedado dormida, la luz del día se había desvanecido, y una rana se había arrastrado dentro de su boca abierta, deslizado por su garganta y alojado allí. También alguien le había metido pañuelos de papel en los oídos.
Dio un gemido experimental. ¿Cuándo fue la última vez que había estado enferma…? Había olvidado cuán horrible te hace sentirte. Aun así, esto no era tan malo como la vez que la comida india para llevar de Sirius le había provocado intoxicación alimentaria y Harry había gritado toda la noche porque ninguno de los chicos sabía cómo tranquilizarlo. El recuerdo le hizo querer llorar y reír al mismo tiempo.
Alguien llamó formalmente a la puerta y la empujó para entrar sin esperar respuesta. Lily entrecerró los ojos a través de la semi-oscuridad, el sol desvaneciéndose que se arrastraba por la pared en tonos dorados. "¿Petunia?" graznó.
"Mami pensó que deberías tener una bandeja," dijo la voz enérgica de Petunia, hablando desde una borrosa sombra oscura. Dejó algo sobre el escritorio de Lily con un clink y encendió la lámpara de allí, manchando la habitación de luz mate, amarilla.
"¿Qué hora es?" preguntó Lily, incorporándose para sentarse. Su voz estaba cansada y ronca. No tenía hambre, pero era lo suficientemente mayor para saber que necesitaba comer lo que fuera que Petunia le hubiera traído de todos modos. Un cuenco con rizos de vapor elevándose sugería sopa.
"Poco más de las tres de la tarde. Has dormido dos horas y media, pero eso es suficiente si quieres dormir bien esta noche."
Petunia arregló la bandeja sobre las rodillas de Lily con movimientos eficientes, casi molestos. Lily parpadeó a la regia preparación: Petunia había servido la comida sobre un mantel individual y la cuchara sobre una nívea servilleta. El té era exactamente del tono correcto de marrón claro, lechoso, porque Lily siempre tomaba más leche que té.
"Esto es alucinante," le dijo a Petunia. Escogió el vaso de zumo de naranja primero, bebiéndose la mitad por su garganta dolorida.
"Es simple," dijo Petunia, desdeñosa, pero Lily reconoció signos de satisfacción en el rostro de su hermana.
"Yo no podría hacer una bandeja como ésta," dijo Lily.
"No imagino que esto sea lo que enseñan en… ese lugar." Las fosas nasales de Petunia se agitaron y su boca se afinó.
Al recordatorio de Hogwarts, Lily esperaba que se diera la vuelta en los talones y se marchara majestuosamente, pero para su absoluta sorpresa, Petunia giró la silla de su escritorio y se sentó en ella.
Decidiendo que el mejor curso de acción era comerse la sopa en silencio, Lily hizo eso mismo. Petunia le había hecho caldo de pollo. Se preguntó si fue especialmente para ella. Por improbable que fuera que Petunia practicara consideración hacia su hermana rarita, no serviría caldo para cenar. Quizá había cocinado un pollo y esto eran las sobras.
"¿Dónde está Mamá?" preguntó Lily, y entonces hizo una mueca, esperando que Petunia no tomara eso como un insulto.
"Le dije a Mamá que se quedara abajo. Puede que no lo sepas," dijo Petunia con la voz de alguien esperando que Lily fuera demasiado ensimismada para notarlo, "pero Mami ha estado sintiéndose bastante cansada últimamente. No quiero que coja lo que sea que pillaste."
"No," fue todo lo que dijo Lily.
En esa cuestión, se sentía demasiado cansada para continuar hundiendo la cuchara una y otra vez, así que la dejó, levantó el cuenco y bebió directamente de él. Petunia pareció levemente escandalizada.
Al diablo con ello, pensó Lily. Estaba demasiado cansada para pisar con cuidado sobre la cortesía; preguntaría lo que realmente quería saber. "¿Consiguió Mamá que Severus cogiera el abrigo?"
"Lo hizo," dijo Petunia con frialdad. Lily se alegró de poder ocultar sus ojos en blanco tras el cuenco de sopa.
Cuando la mención de Severus no llevó a Petunia a levantarse y marcharse, Lily se preguntó por qué narices no. No estaba intentando agraviar a Petunia, pero desde que tenía nueve años parecía ser un talento que había desarrollado de la noche a la mañana, como si hubiera florecido junto a su magia. Nada que hiciera o dijera estaba bien jamás, y Petunia sabía eso, así que, ¿por qué permanecía en la silla de escritorio de Lily, las piernas cruzadas remilgadamente, los brazos largos, delgados, cruzados en su regazo?
"Lily." El tono de voz de Petunia realmente hizo a Lily levantar la mirada, era tan… inusual. No enojado, o arrogante, o sarcástico, sólo tranquilo y serio. Entonces dijo, "¿Cuánto tiempo has estado… saliendo con ese chico?"
Lily parpadeó una vez, luego tres veces más. "¿Saliendo… con quién, con Sev?"
"Sí, con él," espetó Petunia, su seriedad evaporándose. "No sabía que tuvieras el hábito de andar saliendo con varios hombres. ¿Es eso una práctica habitual en ese lugar de raritos?"
"No, no lo es, y no, no lo hago," dijo Lily, sacándose a James de la mente. Ahora no, no puedo lidiar con eso ahora mismo. "Pero Tuney"–el nombre simplemente se le escapó, como 'Sev' lo había hecho la Víspera de Navidad–"No estoy saliendo con Severus. ¿Por qué pensarías–?"
"Vale." Petunia prácticamente mordió la palabra por la mitad. "Si quieres fingir que todos menos tú somos perfectos idiotas, estoy segura que está bien para mí." Arrancó la bandeja del regazo de Lily, pero se detuvo a dejar de golpe el vaso de zumo y la taza de té sobre la mesilla de Lily.
"Bebe fluidos," gruñó. Cuando la puerta de la habitación se cerró de un portazo tras ella, Lily se estremeció.
"Qué demonios," murmuró ella, poniéndose una mano en la cabeza. Palpitaba un poco, como tratando de atraer su atención.
Se desplomó contra las almohadas e hizo rodar ese bizarro episodio en su mente mientras se terminaba el zumo. Honestamente, sólo porque pasaras el rato con un chico, la gente asumía que os gustabais. Vale, ella y Sev habían estado pasando el rato juntos todo el tiempo (antes del pasado verano), pero aun así…
Nadie la había creído jamás cuando decía que no era su novio. Lily siempre había sospechado que su escepticismo provenía de pensar sinceramente que chicos y chicas no podían ser sólo amigos. Pero ella y Sev habían sido amigos honestamente, por una eternidad. Les gustaba el mismo tipo de cosas (antes de todo eso de los Mortífagos y la magia Oscura), como Sherlock Holmes y Star Trek y el Llanero Solitario. Ella había ido a ver Indiana Jones con Remus, pero había revoloteado por su mente la idea culpable de que deseaba haber podido verla con Sev; sabía que le habría gustado secretamente mientras fingía que era estúpida y sólo digna de burlas. Remus le gustaba mucho, pero no podía ser ella misma plenamente cerca de él porque Remus era tan educado que si le ponías las pilas o le echabas la bronca, simplemente esperaría a que terminaras. Lily no podía sentirse realmente cómoda enojándose con alguien así; siempre le hacía sentirse como una intimidadora. Severus te gritaría de vuelta. Una vez ella le había lanzado un bote de tinta, y él le había arrojado un libro a un pie de distancia de la cabeza. Incluso en aquel año escondidos, cuando habían estado tan tensos y a veces tan infelices–tanto por separado como juntos–James nunca le habría arrojado nada. De hecho, probablemente habría intentado dar una paliza a maleficios a Severus si lo hubiera visto.
Pero en los días anteriores a que ella y Sev se hubieran peleado todo el tiempo por los amigos de él y los Merodeadores y las Artes Oscuras, Sev había sido la única persona con quien podía estar cerca cuando estaba exhausta, y frustrada, y con el genio corto. No tenía que ser perfecta cerca de Sev; podía actuar como un ser humano horrible paro aun así estallar al final sintiendo que no lo era, realmente. Nunca se había sentido así con James, ni siquiera cuando no había sido capaz de ser la perfecta, brillante, maravillosa Lily Evans Potter. Ella y Sev habían sido capaces de pasar días enteros juntos, charlando de virtualmente cualquier cosa; y nunca había recordado nada de lo que era, lo que siempre le pareció una parte vital de la amistad, que el tiempo simplemente se emborronara en un largo momento de estar con él. Le había contado cosas a Sev que nunca sería capaz de hacer que comprendieran su caleidoscopio de amigos; y había tantas cosas así, con sus amigas. Estaban desconcertadas por que pasara el rato con Sev, que destacaba como un pulgar herido sin importar lo que hiciera y era conocido a través de los pasillos de Hogwarts por un espantoso, incluso aterrador, mal genio, y su Nariz, y que nunca parecía lavarse el pelo. Ella nunca había sido capaz de decirles que Severus era la única persona que estaba aparentemente tan fuera de lugar como Lily se sentía por dentro.
Incluso cuando había ido a Hogwarts, donde todos los demás hacían magia, no sólo ella y Sev, y cuando ella había sido bastante popular, y el chico más popular del colegio había hecho piruetas en un esfuerzo por impresionarla, y todas sus amigas habían suspirado por lo afortunada que era… secretamente, en un lugar diminuto, como una caja que hubiera llenado y ocultado cuidadosamente, Lily siempre había esperado despertar un día y descubrir que nada de ello había sucedido jamás. Que todos descubrirían que en realidad, no era nadie especial, sólo una Sangre-sucia, una pequeña monstruo. Sev había sido capaz de comprender eso… y había dolido tanto cuando había dicho…
Pero nada de eso había hecho de Severus su novio jamás. Había cosas muy inequívocas que una hacía con los novios, cosas que una no hacía con su mejor amigo. Habría notado, muchas gracias, si algo de eso hubiera pasado con Sev. Oh, había pensado en ello, por supuesto–en privado–pero siempre le había hecho invadirla de risitas embarazadas, agudas, poniéndose tan roja como su cabello. Eso no era lo que hacía con Sev. La idea simplemente había parecido… estúpida. Nunca había sido capaz siquiera de imaginar a Sev estando así con alguien, de ese modo, en absoluto–ni siquiera podía pensar las palabras.
La imagen de Sev tomó forma en su mente, como había estado hoy, los hombros levemente encorvados, entrecerrando los ojos a la luz… y luego la primera noche en el salón de su madre, levantándose de la silla como una sombra poniéndose en pie desde el suelo… y una extraña sensación aleteó en su interior–
Horrorizada, la sofocó. ¿Qué estaba pensando? ¿Estaba–qué? ¡Estaba casada ahora mismo, por el amor de Cristo! Incluso si su marido fuera actualmente un muchacho de dieciséis años en cuerpo y mente–
El vaso vacío de zumo de naranja resbaló de los dedos flojos de Lily, golpeándose contra la alfombra cuando se congeló a mitad de dejarlo en su mesilla de noche. ¿Y si… y si James había regresado, también? Después de todo, si ella y Severus lo habían hecho, ¿por qué no James? Todos habían muerto, los tres…
Eso sería demasiada coincidencia, dijo la Voz de la Razón. Y seguramente James habría estado buscándola ya si fuera el hombre que recordaba estar casado con ella…
O podría no haberlo hecho–yo no he estado buscándolo todavía, después de todo. No, había estado aferrándose a Sev, porque Sev la necesitaba y ella lo necesitaba a él. Por mucho que Lily quisiera arrojarse en brazos de James–el James real, su James, el hombre con quien se había casado, el padre de Harry, a pesar de todas sus disputas del último año, encerrados juntos ocultándose, sus tensiones, sus silencios–había una dimensión diferente en su necesidad de Severus, que ahora era mucho mayor y mucho más capaz que ella, que sabía tantas cosas que ella necesitaba saber. Era diferente con James–había perdido a Severus en el corazón, y siempre había dolido… después del modo en que había dejado las cosas con el Severus muchacho, el joven… había tenido que acercarse a él en aquel local de comidas, la noche antes de la Víspera de Navidad. Dios, si no lo hubiera hecho… Se habría hecho pedazos a estas alturas, vuelto absolutamente loca, sin este Severus adulto para ayudarla, para hablarle de Harry, para recomponer su corazón.
Si su James estaba realmente aquí, lo encontraría pronto, pronto estaría con él; y si no lo estaba, bueno… podría ver a este James, al menos. Podría hablar con él.
Por supuesto, parecía que serían unos días, hasta que se pusiera lo suficientemente bien para salir de la cama y coger un tren a casa de los Potter.
Bebió un poco de té, su calor aliviándole la garganta. Petunia había añadido miel.
Lily se recostó en las almohadas, de costado, y estudió la taza de té con su patrón de rosas. Petunia era tan extraña. En muchos aspectos, se había vuelto tan impenetrable, tan indescifrable como Sev… tanto el Sev adolescente con quien Lily había roto, como el hombre en que se había convertido.
¿En quién se había convertido Sev? Había enseñado Pociones en Hogwarts… había sido el maestro de Harry… pero, ¿qué más? ¿Qué tipo de maestro? ¿Había estado casado? ¿Era padre? Había insinuado que no tenía ningún amigo…
La idea de Sev pasando por la vida sin apenas nadie a quien recurrir era… dolorosa. Severus estaba tan lleno de cosas que quería compartir. Pero nunca las había compartido a la ligera, y la mayoría de la gente simplemente le había dado la espalda…
Como tú lo hiciste, susurró una parte de ella que odiaba. No por lo que siempre le decía, sino porque siempre la oía en momentos como éstos. Pensaba en ella como su dementor personal. Era la parte de ella que surgía de las profundidades de su corazón para atormentarla con lo que nunca se había perdonado por hacer; por no hacer; por sufrir.
Había habido veces, después de reñir con Sev, que se había sentido tan enferma de remordimiento como jamás se había sentido profundamente justificada. Cuando lo había visto con esos muchachos viles que había odiado, los que lo habían metido en esas máscaras y túnicas estúpidas, había sentido ambos a la vez: había tenido derecho, pero también había tenido razón.
La única cosa peor sobre la que alguna vez había tenido razón fue el miedo de que Voldemort los encontrara, la encontrara a ella y James y Harry, y desgarrara su familia.
Y ahora aquí estaba Sev, que la había sobrevivido diecisiete años; que era, a veces, aún más aterrador de lo que había pensado que sería. Recordó su espanto medio enloquecido cuando ella había resbalado en las escaleras, la mirada reluciente en su rostro cuando había golpeado al Muggle en la calle, el modo en que se había levantado y abandonado la cómoda sala de estar de su madre; el tono de su voz cuando había dicho No fui Mortífago más. Si habían susurrado en su mente dudas de que Severus estuviera diciéndole la verdad desde que él había trepado a la ventana de su dormitorio la Víspera de Navidad, nunca las había oído siquiera, tan segura estaba de que éste era un Severus que había madurado en una persona completamente distinta.
Y aun así, en el núcleo, todavía era Sev; sabía que no estaba mirando a un inteligente impostor en el cuerpo de Severus, sino a Severus, todo adulto, y probablemente solitario, y dolido, y quizá incluso un poquito loco.
Severus, pensó, cerrando los ojos sobre las rosas pintadas en un anillo en su taza de té. ¿Qué viviste, cuando estaba muerta?
