Capítulo 8
Severus se dejó llevar de regreso a la casa donde se había criado y que le había pertenecido durante veintiún años, y volvería a pertenecerle pronto. El sol estaba poniéndose, habiendo pasado la mayor parte de la tarde colgando débilmente en el pálido cielo; la luz más fuerte del ocaso pegaba más allá de los grupos de casas adosadas y a través de las persianas de la cocina, cubriendo de franjas doradas las paredes.
Entró por la puerta de atrás, como siempre. Las luces en el interior de la casa estaban apagadas, como siempre, porque su madre pensaba que la electricidad era demasiado estridente. Pero gracias a ella siempre habían sido capaces de ahorrar dinero en la factura de la electricidad, pasando muchas noches con fuegos mágicos y su lámpara de Ambiente. Su padre lo había odiado, pero hubo veces en que se había bebido el dinero para los servicios y no habían tenido elección.
Severus pudo oír el rumor de libros en la sala de estar. Su madre estaría empacando su biblioteca. Siempre había llenado todas las paredes que podía de libros–la única indulgencia que su padre y madrastra le habían permitido. Severus se había preguntado a menudo si su madre habría vendido los libros de haber valido algo, pero no estaba seguro; su madre era una acumuladora, particularmente de conocimiento. "Juega con tus fortalezas, Severus," le había dicho muchas veces. "Incluso si parecen débiles."
"¿Severus?" llamó ella desde la sala de estar. Sopesó su tono, pero sonaba tranquilo. No era que pudiera ignorarla en cualquier caso.
Se le ocurrió, no por primera vez, que probablemente había sido capaz de sobrevivir tan bien al Señor Tenebroso porque muchos de los hábitos de ser Mortífago habían arraigado en él–en todos los sangre-pura, o mestizos de sangre-pura–desde la infancia. Urbanidad bajo coacción. La expectativa de castigo severo. Obediencia incuestionable de cara, y silenciosa rebelión cuando los ojos observadores, castigadores, se hubieran apartado.
Fue hacia el umbral abierto con cautela, pero ella sólo estaba sentada en su sillón, el tapizado de polvoriento terciopelo verde bosque. Era un sillón mágico; resoplaba ocasionalmente, como un durmiente en medio de un sueño, y sus dedos de las patas con garras se menearían a intervalos aleatorios. Lo había visto incluso en los recuerdos más lejanos de ella; lo había traído consigo cuando se casó, del modo que había traído todo cuanto poseía ahora. Excepto por un vital viaje a San Mungo cuando él era muy joven, su madre nunca, según su conocimiento, había regresado al mundo mágico. Todos sus libros y suministros escolares habían sido de ella; incluso le había cosido las túnicas del uniforme ella misma, de rollos de tejido negro que compró en la ciudad.
Se preguntó de dónde había salido su túnica negra de luto. Conociendo a su madre, había sido parte de su ajuar.
Ahora mismo, estaba seleccionando sus libros en pilas. Él sabía que debía haber cierto orden en ello; los libros estaban arrastrándose por el aire con suaves ruidos descascarados, dividiéndose por sí mismos en cuatro lugares separados de la habitación. Su madre estaba leyendo, la mano izquierda sosteniendo el libro, la derecha yaciendo inactiva en el brazo del sillón, la varita floja en las yemas de los dedos.
Después de un momento, levantó la mirada hacia él. Su expresión era lisa, no delatando nada.
Apuntó su varita, pero sólo al viejo sofá abollado, con su feo tapizado verde oliva. "Siéntate," dijo, su voz tan lisa y tranquila como su expresión.
Su madre quería tener una charla. Estupendo.
No podía recordar si esto había sucedido antes. Tamizando los detritus de sus años de adolescencia, no encontró nada agrupado en torno a la muerte de su padre sino un tenue recuerdo de ello sorprendiéndolo más de lo que había esperado, incluso en aquel momento. Ahora trató de recordar si había extrañado al viejo, pero no pudo encontrar ningún rastro de ello. Todo había sucedido hace tanto tiempo, y la emoción gastada habría sido débil incluso cuando era reciente.
Cruzó la habitación, evitando las pilas de libros arrastrándose, y se sentó. Los muelles del sofá en los cojines le pincharon. ¿Éste era el mismo sofá que le había ofrecido a Narcissa? Eso no debería haber sido gracioso, pero lo era.
Su madre cerró su libro y descansó la mano en la cubierta. Por un momento sólo lo miró, pero el talento para la magia de agilidad mental corría en su familia. Él vació suavemente sus emociones. No quería que se colara dentro de su cabeza y viera algo incriminatorio, como quién era realmente. Su madre tendría el talento suficiente para notar la diferencia entre un ensueño de tener treinta años y un recuerdo real.
El calor del fuego mágico en el hogar teñía un lado de su rostro. Oyó un mirlo gritar en el frío, más allá de los cristales finos como papel de las ventanas. En algún lugar carretera arriba, un coche petardeó, pero en su casa, todo estaba silencioso.
"Tendrás diecisiete en unos días," dijo su madre al fin. "Un hombre adulto a los ojos de nuestro mundo, aunque joven."
Severus no dijo nada. Cuando ella alzó una ceja hacia él, él dijo calladamente, "Sí, Madre."
"Tu padre no podía dejarte la casa, ya que en el mundo Muggle eres menor, así que me la dejó a mí. Pero he registrado esta dirección en el Ministerio como una vivienda mágica, y el nueve de enero te pertenecerá la escritura mágica directamente."
"Gracias, Madre," dijo él. Siempre le había sorprendido que su madre hubiera adaptado su deber hacia él de este modo, asegurándole un hogar Muggle para vivir. Pero la vida de su madre había estado estructurada alrededor del más Slytherin de los principios: Confórmate Con Lo Que Tienes.
"He aplicado los encantamientos estándar que harán que esta casa parezca vacía y sin interés a los Muggles que pasen," continuó ella, "y ciertas protecciones ligeras. Cuando alcances la mayoría, puedes alterarlas como te convenga. Los gastos Muggles no deberían ser un problema, ya que puedes manejarlo todo a través de medios mágicos."
"Sí, Madre," dijo Severus por rutina. Se alegraba de no tener que averiguar dos veces cómo hacer correr el agua cuando la fontanería había sido desconectada por el ayuntamiento; había sido lo suficientemente poco divertido la primera vez. Recordaba retorcer una de las cañerías exteriores y ser alcanzado directamente en la nariz por un chorro de agua helada. Tuvo una gran zona a la que apuntar.
"Como viuda de tu padre, he recibido una pequeña suma a su muerte. Te la dejo." (Como antes.) "Debería durarte hasta tu graduación, cuando seas capaz de conseguir un empleo adecuado."
Empleo adecuado. Maldición, iba a tener que encontrar trabajo algún día, ¿no? Todas las antiguas trayectorias profesionales habiendo sido condenadas al infierno, como lo habían sido. Los días tempranos del dominio Mortífago habían sido bastante lucrativos.
"Yo voy a quedarme con mi tía, Philomela." Su madre hizo un movimiento bajo, casi desapercibido, pero él lo captó; estaba retorciendo la varita con fuerza en las manos. No estaba seguro de que fuera consciente de ello. Su madre siempre había usado su varita del modo en que la mayoría de la gente usaba las manos. Él había aprendido a leer su postura, sus movimientos, el cambio de las líneas en su rostro; los había estudiado hasta que el más leve cambio le telegrafiaba un rango de información. Su retorcer de varita era una versión sangre-pura de retorcerse las manos.
Sabía por qué. Philomela era la hermana del padre de ella, y demente. Babeaba, y cuando hablaba, gritaba sinsentidos. Vivía en una mansión desmoronándose en la Isla de Man con compañía pagada y dos elfos domésticos. Su madre había–y volvería a hacerlo en breve, al parecer–despedido a la compañía pagada y tomado residencia sola con la loca y dos elfos domésticos amargados, oprimidos. Por lo que Severus sabía, Philomela nunca había reconocido a su madre como su sobrina, lo que ciertamente era uno de los motivos más fuertes para que Eileen escogiera quedarse con ella.
Eso, y que nunca había tenido muchas opciones.
"¿No está muerta todavía?" dijo él, por el bien del realismo.
"No."
Esperó unos momentos, observando en silencio mientras ella miraba casi sin ver al otro lado de la habitación. Recordaba ir a visitarla, Apareciéndose en esa franja de roca yerma al borde del mar color pizarra. La casa estaba hecha de esquisto gris, las playas estaban hechas de rocas quebradas, y el ligero aire gris estaba lleno del ímpetu del mar. Siempre se había preguntado si su madre sentía paz allí o desesperanza.
"Madre," dijo él, preguntándose si debería decir esto en absoluto, "no… tienes que marcharte."
Ella no reaccionó de inmediato, pero él sabía que lo había oído. "Tengo que hacerlo, Severus," dijo al fin. "Nunca he pertenecido aquí."
Ella lo miró entonces, la luz detrás de su sillón grabando sombras profundamente en su rostro. "¿Te sientes cómodo en el mundo Muggle?"
Él comenzó a decir no pero se detuvo. El hospital había sido desconcertante (su propia confusión tanto como el caos) pero recordó su primera noche de vuelta en este cuerpo, percatándose en aquella calle fría, mojada, que para los Muggles no era nadie. Una vez, esa verdad lo habría atormentado. Después de una vida de vivir varios destinos peores que el anonimato, era un alivio. Podría no haberlo tenido nunca, de haber sobrevivido a la guerra.
Pero ese pequeño consuelo era a corto plazo. No sabía ni de cerca tanto de ese mundo como Lily. Severus había aprendido más de ella durante las vacaciones que lo que su padre le había enseñado en diecisiete años. Porque su padre nunca le había enseñado nada, excepto a estar resentido con el mundo hasta que tus huesos se casquen.
"Puedo manejarlo," dijo él. Quizá podría, si necesitaba intentarlo. Había manejado cosas mucho más difíciles.
"Deberías cultivar esa habilidad," dijo su madre, "si puedes. Para un sangre-pura, cualquier sangre-pura, ese mundo es indescifrable. Un buen Slytherin no ignora una parte tan grande del mundo, una posible inconveniencia tan enorme. Pone demasiado fuera de su control. Pero yo nunca he sido capaz de dominarlo, y ahora es demasiado tarde para que comience.
"Pero esto no es lo que deseaba discutir."
Volvió a quedarse callada, mirándolo a la luz que ahora estaba teñida sólo por el fuego. Los parches de luz de sol altos en las paredes desnudas se habían desvanecido por completo en la oscuridad.
Ella dijo despacio, "Había estado esperando para tener esta conversación contigo por una variedad de razones que no nos aburriré repitiendo." Y Severus nunca insistiría, porque los niños buenos no lo hacían. "Pero eres más que suficientemente mayor para ello ahora. Tengo esperanzas de que incluso pueda metérsete en la cabeza."
Severus sólo esperó. Su madre era más afortunada de lo que sabía: cualquier cosa sensata calaría mucho más fácilmente en esta cabeza. En cierto modo era menos idiota que su yo de dieciséis años. En cierto modo.
"Este último verano," sonó casi pensativa, "cuando te escondiste en tu habitación todos los meses, y parecía que alguien te había roto el corazón, y nunca pronunciabas el nombre de esa chica, pensé que eso ya había ocurrido."
"¿'Eso'?" repitió Severus.
La mirada fija de su madre definitivamente no fue inocua. "Te agradeceré que no me interrumpas, Severus," dijo con una voz que podría haber hecho que el fuego se sumergiera en el hogar. "Creo que soy lo suficientemente inteligente para explicarme por mí misma."
Severus supuso que lo mejor sería callarse por completo, ni siquiera para disculparse. Cuando ella no pareció más enojada, supo que había acertado.
"Desde el primer momento que conocí a esa chica, Severus," continuó ella, relajándose de vuelta en la meditación (como si su descarada mirada de incredulidad a la mano extendida de la Sra Evans pudiera llamarse 'conocer a Lily'), "supe que iba a romperte el corazón."
Severus sintió hielo extendiéndose desde este órgano que era el objeto de la distante preocupación de su madre, cubriendo sus venas como carámbanos en líneas de tensión.
"Eso es lo que ocurre a las personas como nosotros," continuó ella. Su voz estaba distanciándose, del modo que significaba que la Oclumancia estaba vertiendo las emociones de alguien por un sumidero largo, oscuro. "Particularmente a manos de aquéllos que son–bien amados. No te atrevas a decirme que esa chica no es elogiada por los poco perspicaces por la mayoría de corredores de Hogwarts."
Mientras que Severus resentía la idea de Lily mereciendo sólo elogios poco perspicaces, no podía discutir remotamente que su madre tenía razón: Lily siempre había sido popular. A veces–muchas veces–a ella le había afectado, y durante décadas Severus nunca había comprendido por qué. ¿Preferiría ser odiada, desdeñada, pasar desapercibida? ¿Las personas que eran generalmente amadas creían que la enemistad extensa era menos superficial que el afecto automático?
"Lily es popular," se contentó diciendo, "sí."
"¿Por qué?" preguntó su madre, de tal manera que sugería que conocía la respuesta y estaba esperando a ver si él lo hacía, también.
Porque Lily es perfecta. Pero ésa no era la razón. Ellos pensaban que era perfecta, del modo que querían que cualquiera lo fuera–encantadora, talentosa, chispeante. Encajaba bien en su marco de expectativas. No sabían que tenía un genio terrible, que podía decir cosas crueles cuando la provocaban; que podía ser farisaica y cabezota e ingenua sin esperanza, tomando las cosas por fe demasiado a menudo. Ellos no sabían que él le había dejado utilizar sus notas de Pociones desde el primer día, y luego ella se había sentido tan culpable y aun así complacida por la asunción de Slughorn de que todo era su propio trabajo que sólo había intentado débilmente corregirlo; que a pesar de que sus intentos en Transfiguración a veces eran inspirados, otras eran completos errores. No tenían idea de que era indecisa, a veces francamente perezosa (especialmente cuando se trataba de competiciones), y que a pesar de que amaba la magia, prefería el mundo Muggle, con sus cines, movimientos artísticos sin sentido, y coches y trenes porque le gustaba ser capaz de ver dónde estaba yendo mientras iba allí. Nunca soñarían que a veces se sentía una falsa, pálida imitación de bruja, una chica indigna de ser popular y gustar…
…y entonces había ido él y le había gritado sangre-sucia, ante al menos cincuenta personas. No era extraño que hubiera estado lo suficientemente furiosa para no volver a hablarle nunca. Sin pretenderlo, él había rebanado limpiamente a través de todas sus inseguridades y magullado una parte de ella que sabía nunca había mostrado a nadie más. No antes de aquel día, al menos. Por supuesto que probablemente la había compartido con Potter–seguramente lo había compartido todo con él, todo lo que una vez había sido sólo para Severus, al igual que aquellas cosas que nunca serían suyas.
Y ése fue el momento culminante de más amarga ironía: después de todo el placer de Severus de ser mordaz con palabras, toda su maestría haciendo que la gente se retorciera con insultos, todo su deseo de degradar, había, con una única palabra dicha a la única persona que más podría haberle herido herir, dañado más limpia y puramente de lo que jamás pretendió.
¿Cómo podías decirle a alguien, Eres perfecta en todos los sentidos para mí, y que signifique incluso las partes de las que se avergüenza?
Le dijo a su madre, "Porque Lily parece perfecta en todos los aspectos que cuentan."
"Sí," dijo ella, parpadeando una vez, como si no hubiera esperado que la siguiera. Probablemente no lo había hecho. Él dudaba sinceramente que hubiera sido capaz de responder cuando realmente tenía dieciséis.
"Es encantadora, obviamente tiene algo de dinero, e imagino que es bastante competente académicamente. Aunque no demasiado, porque las chicas populares nunca lo son," dijo su madre, con el aire de alguien que había vivido esa verdad. Severus sabía que lo había hecho.
"Una chica así, Severus, será capaz de escoger a quien le guste. Por supuesto, la naturaleza cíclica de la vida significa que inevitablemente escogerá un hombre que también sea capaz de escoger a quienquiera que le guste a él… pero debes comprender, Severus, que la probabilidad de que escoja a alguien como tú es muy pequeña."
Los oscuros ojos de su madre parecían grandes en las sombras de la luz del fuego. Severus tomó todo su odio, su rabia y desazón ante la verdad de esto, y los empujó profundamente por debajo de la superficie que la Oclumancia mantenía tranquila y ligera.
"La gente no se enamora de las cosas que son ciertas," dijo su madre, y en lo más profundo del sumidero de sus emociones registró sorpresa, porque no pensaba haber oído jamás a su madre decir esa palabra: amor.
Dijo, "Se enamoran de lo que sólo ellos creen cierto. Por esta razón el mundo está salpicado de corazones rotos. Cuando vives en sueños, inevitablemente se harán añicos.
"La mayoría de la gente vive en un andamio, Severus. Oirás palabras como deber, honor, amor, repetidas hasta que te hartes de ellas. Muchas veces las oirás vinculadas, como si siendo obediente y leal recibirás amor, y que aquéllos que ames te honrarán. Esto es falso como un ladrón. Y cuanto más creas que es verdad, más te… decepcionarás… cuando aprendas que es mentira.
"Los Prince nunca hemos lidiado bien con la decepción, Severus," dijo suavemente. "No está en nuestra naturaleza. ¿Recuerdas cuando te dije que la Oclumancia diluirá, eventualmente lisiará, tu capacidad de experimentar emoción como lo harías de modo natural, sin ella?"
Él asintió, sin hablar. Fue su turno de haber vivido eso.
"Entonces la decepción convertida en amargura te hará incapaz de vivir de otro modo. Desearía poder darte una garantía, Severus, de que si hicieras una cosa u otra te librarías de esta… maldición, ligada tan estrechamente a nuestro linaje como las artes mentales. Pero la vida no viene con garantías."
"Excepto morir," dijo él, incapaz de evitarlo.
Ella lo miró. "Sí," dijo, aún más suavemente. "Excepto morir. Pero hasta entonces, debes lidiar con vivir. Lo mejor es hacerlo de modo que no pase por entero deseando esa garantía final."
En la oscuridad invernal de la habitación, la vio estudiar su varita, pasar un dedo con ligereza sobre las zarzas y rosas talladas en la empuñadura. "Casi eres adulto, Severus. Éste es el momento en la vida de un brujo en que su familia desvela su legado. No siempre he hecho las cosas… adecuadamente contigo. A veces ha sido por elección, pero otras simplemente he tenido que arreglarme con lo que hay. No tengo riqueza ni propiedades que legarte, sólo la riqueza y propiedades de Muggles. Puedo darte libros, pero cualquiera podría darte esto, y puedes encontrarlos en cualquier parte. Tu talento para la magia, para las artes mentales, incluso tu temperamento y tu… inclinación a la infelicidad, son posesiones pasadas de mí a ti lo deseara o no. Los tesoros de nuestra familia nunca han sido míos para dártelos, sólo nuestras maldiciones.
"Lo único de valor duradero que puedo darte, Severus, es una verdad: no puedes controlar el alma de otro ser humano, no del modo que es más esencial. Puedes intentarlo. Puedes manipularlo; puedes arrebatarle lo que ama, o darle lo que desea; puedes aterrorizarlo hasta la sumisión, puedes rebajarlo, puedes elevarlo a la gloria. Puede incluso hacer todo lo que puedas desear, durante un tiempo. Pero un día tu control se erosionará, y se marchará, y sea cual sea la razón por que lo hiciste, esas razones serán como polvo. Bien podrían no haber existido nunca. Si puedes aprender esto, Severus–aprenderlo de verdad, no simplemente pensarlo, sino saberlo, entonces ganarás la más preciosa mercancía que se pueda encontrar: el conocimiento de que nadie puede controlarte a ti, tampoco.
"Y entonces," dijo su madre, sus ojos oscuros y firmes y profundos, "serás libre para vivir tu vida, sin necesidad de garantías."
. . . . . . . . .
27 de diciembre, 1976
Lily estaba segura de que Petunia no enfocaba la vida del modo que lo hacía la gente normal. (Lo que, reflexionando, era bastante irónico, ya que el deseo de ser normal era el faro de las esperanzas de Petunia.) Mientras que a una persona normal le habría gustado que un inválido no deseado mejorara cuanto antes y sería incapaz de esperar, Petunia había transformado el cuidado en la tortura del paciente. De algún modo sus bandejas con sopa especialmente preparada y repletas de fluidos habían puesto a Lily completamente a su merced. Y Petunia no tenía mucho de eso.
Lily nunca había pensado que pudiera sentirse tan… miserable teniendo sus almohadas enderezadas, y su suelo limpio de su basura de pañuelos de papel, y un flujo constante de zumo servido para ella. Cuando los Mortífagos terminaran de tomar lecciones de la Sra. Snape, podrían venir a obtener notas de Petunia. Podía hacer que una selección de galletas pareciera tan peligrosa como una varita resplandeciente.
Lily ni siquiera sabía cómo estaba haciéndolo. Era como el mantel derecho: observaba, pero no podía repetirlo. Quizá era el destello en los ojos de Petunia, o el tono de su voz si preguntaba ¿hay algo más que Lily necesite? Quizá era la barredora de alfombras con la que aparecería, en absoluto silencio, y pasaría traqueteando sobre la alfombra salpicada de migas y pañuelos junto a la cama de Lily, también en absoluto silencio. Quizá era el modo en que siempre alineaba la caja de pañuelos con el borde de la mesilla de noche cada vez que Lily sacaba un pañuelo y la dejaba torcida. O podía ser el diminuto olisqueo que llegaba a intervalos que no podías predecir, de modo que no estabas segura de si gritar de frustración cuando llegaba o cuando no lo hacía.
Fuera lo que fuera, cuando Severus apareció en el umbral alrededor de mediodía, tan silencioso como el fantasma de un gato, sus ojos negros reluciendo, Lily casi lloró de alivio.
"¡Sev!" exclamó, queriendo extender la mano hacia él, recriminar a Petunia, y sonarse la nariz todo a la vez. Se conformó con sonarse la nariz, y cuando Petunia se giró para fulminarlo con la mirada, con señalar su espalda. Sálvame, articuló, poniendo los ojos grandes y suplicantes.
"Petunia," dijo Severus, sin dar señal de haber notado la desesperación de Lily en absoluto. "Sacaste la barredora de alfombra para darle una vueltecita, veo. Supongo que Lily está montando un lío asqueroso."
Petunia no pareció saber cómo responder a esto. Porque era Severus y la expresión de su rostro no sugería lo contrario, sospechó claramente que estaba siendo insultada; pero no tenía mucho sentido como insulto, y además no sonaba al tipo de cosa que diría el Severus que conocía.
Vaciló, sus ojos moviéndose de Lily a Severus y de vuelta. Entonces cerró la mano sobre la barredora de alfombra y le dijo a Lily, como si Severus fuera un perchero, "Necesitas que te rellene el zumo." Logró apretarse para pasar junto a él dándole en las costillas con el mango de la barredora de alfombra, y también para salir por la puerta sin reconocer que estaba allí.
"¿De qué iba todo eso?" preguntó Lily, volviendo a sonarse la nariz.
Severus se encogió de hombros mientras cerraba la puerta empujándola con una mano, la otra frotándose ociosamente el costado. "No había respuesta real a eso. Ninguna que se le ocurriera. Como yo pensaba." Su atención se movió sobre ella, casi desdeñosa, pero de algún modo Lily sintió que estaba siendo radiografiada. "Se te ve inquieta para alguien que ha estado holgazaneando en la cama un día entero."
"Ése es el por qué," dijo ella, su tono medio indignado y medio quejumbroso. "Como si tú alguna vez te quedaras en cama por una hora, Señor Peor Paciente del Universo. Recuerdo claramente que pillaste scrofungulus en cuarto año y Madame Pomfrey tuvo que atarte a la cama para conseguir que te quedaras allí."
"Creo que la fiebre te ha podrido la memoria," dijo Severus. "Seguramente nunca tuve un título tan grandioso."
Él sacó la silla de su escritorio y se sentó en ella, casi tan remilgadamente como Petunia lo había hecho. Lily luchó contra el impulso de sonreír.
"No me dejes sola con ella," susurró ella cuando el picaporte traqueteó. Un segundo después, Petunia se deslizó dentro, llevando otra jarra de zumo, su boca fruncida en una línea.
Fulminó con la mirada a Severus, luego le frunció el ceño suspicazmente a Lily. Dejó la jarra, enderezó la caja de pañuelos, trasteó con el edredón de Lily. Severus estaba mirando a Petunia como si fuera un bizarro animal cuyas propiedades estuviera estudiando por su idoneidad para proporcionar ingredientes de Pociones. Luego, con una última mirada abrasadora por la habitación, como si no hubiera nada más que ella pudiera hacer al respecto, Petunia olisqueó dos veces y volvió a salir.
Tanto Severus como Lily se sentaron en absoluto silencio una vez se hubo marchado, como si acabaran de presenciar un espectáculo milagroso. En cierto modo, lo habían hecho.
"En el nombre de Dios," dijo Severus.
"Ha estado así desde ayer," gimió Lily, tanteando en busca de los pañuelos y tirando la caja de la mesilla de noche. Cuando Severus intentó recogerla al mismo tiempo que ella, sus cabezas chocaron. Severus dijo algo por lo bajo que, Lily sospechó, probablemente la habría hecho sonrojarse si lo hubiera oído.
"No te preocupes," dijo ella, frotándose la cabeza. "Eso todavía es mejor que Petunia durante las últimas doce horas."
Severus le dirigió una mirada larga, reflexiva. "¿Es el enderezar la caja de pañuelos?"
"Y el olisqueo. Y el zumo, y–simplemente todo. Me pregunto si espera asfixiarme hasta la muerte."
"Quizá espera poder acosarte a la convalecencia."
"Yo quiero recuperarme, aunque sólo sea para alejarme de ella."
Severus había dejado la caja de pañuelos sobre la colcha terriblemente torcida. Ella sonrió con cariño por eso. Él volvía a llevar el jersey negro hoy; su cabello volvía a estar bastante grasiento, comenzando a separarse en delgados grumos. Sus pantalones tenían un agujero en la rodilla. Tenía muchas ganas de darle un abrazo, pero sabía que él no lo aceptaría. Era casi tan malo con los abrazos como con los regalos.
"Así que Mamá consiguió que cogieras el abrigo," dijo ella brillante.
"Tienes mucho que aprender de tu madre," fue todo lo que dijo Severus. Había cogido un bolígrafo de su desordenado escritorio y estaba haciéndolo girar alrededor del índice y pulgar de un modo que era bastante hipnótico.
"Ésa es la verdad," dijo Lily con pesar. Siempre había querido ser una mamá como la suya, con esa firmeza, esa dulce paciencia.
No como la mamá de Severus…
"¿Cómo va todo por casa?" preguntó ella. ¿No había preguntado esto siempre? Y Severus siempre le había dado las respuestas más cortas, menos comprometidas… pero había sido más terrible de lo que había soñado…
Dios, había sido ingenua sobre tantas cosas. Y cuando más ingenua había sido, había sido en las ocasiones que había necesitado sabiduría. Quizá toda esta repetición era algún tipo de lección saludable sobre comprensión retrospectiva.
Severus dijo, "Mamá todavía está empacando. Tiene un montón de libros," añadió.
Lily sonrió a su pesar. "Entonces es de donde sacaste eso."
"Va a dejarme algunos," dijo Severus, bien porque había pasado por alto la cuestión o porque había decidido no sacar su sentido del humor hoy.
"¿Has averiguado por qué está rodeada esa fecha en tu calendario?"
"Sí, lo he hecho," dijo él, desdeñoso.
Ella parpadeó. "¡Sev! ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué lo está?"
"Por ningún motivo muy importante."
No hubo señales de que estuviera mintiendo, pero ella entrecerró los ojos.
"Ah, ¿sí? ¿Y qué fue todo eso de saber que era importante? ¡Sev, tú mismo lo dijiste, te molestaste en venir a casa por ello! Odiabas abandonar Hogwarts, y aun así lo hiciste, a causa de esa fecha del calendario." Severus abrió la boca, probablemente para confundirla con una mentira, pero ella siguió escarbando: "Pensé que podría ser la iniciación de Mortífago."
Hubo un diminuto latido de silencio. Entonces Severus resopló y dijo, "Es una lástima que el Señor Tenebroso"–Dios, ella deseaba que no lo llamara así, la hacía estremecerse de un modo que Voldemort nunca lo había hecho–"no era, o no es, tan indiscreto en este momento como para ir por ahí Marcando estudiantes bocazas. No, no es una iniciación."
Bueno, su corazón podía latir un podo más firme ahora, pero no fácilmente, todavía no… "Pero, ¿tiene que ver con los Mortífagos?" exigió ella.
Severus se encogió de hombros, como si en realidad no importara. "Eso era lo único de cierta importancia en mi vida en este momento."
Lily tragó. La expresión de Severus era fría y distante, pero sus manos se habían doblado en el tejido de sus pantalones. ¿La Oclumancia hacía que las emociones sólo parecieran distantes, mientras las mantenía en tu interior, tan fuertes como siempre?
"Entonces, ¿qué es? Y si dices que no es importante," dijo ella, asegurándose de mostrar la advertencia en su voz, incluso si temblaba, "gritaré. Lo digo en serio."
Severus la observó, como desde un lugar en lo más profundo. Guardó silencio durante tanto tiempo, que pensó que se había retirado tan lejos dentro de sí mismo que la había olvidado. Entonces dijo, en esa voz tranquila, perfecta:
"El treinta y uno iba… va… a ser mi presentación al Señor Tenebroso."
Lily lo miró fijamente. Pensó que sus oídos podían estar pitando. "Pensaba que dijiste…" susurró.
Severus volvió a quedarse en silencio, su rostro tan poco comunicativo como un muro en blanco. Entonces bajó la mirada al bolígrafo verde en su mano, y comenzó a jugar con él, como si fuera el nuevo juguete más interesante. Al fin dijo, "Lily… difícilmente sé lo que piensan los adolescentes Gryffindor, exactamente, del movimiento Mortífago–aunque puedo adivinarlo," añadió, a medias por lo bajo, "pero debes comprender lo que comenzó siendo."
"Sé lo que–" comenzó ella acalorada. El cansado suspiro de Severus hizo que algo llameara en el interior de su pecho, pero él levantó la mano y ella reprimió el impulso de decirle exactamente lo que los adolescentes Gryffindor, y especialmente ésta, habían pensado de ese culto de supremacistas genocidas.
"Sé en qué se convirtió," dijo él, su voz fría. "Creo que lo sé aún mejor que tú." La furia volvió a surgir, pero ella la agarró y resistió, para dejarla pasar, porque él tenía razón en eso. "Pero cuando comenzó, particularmente en Slytherin, no era… nada más que un movimiento. Política. Política subalterna–sombras moviéndose en edificios profundamente bajo la tierra, del modo que los adolescentes imbéciles creen que funciona el mundo.
"Nunca fui capaz de explicarte… la mecánica de la casa Slytherin. Pero, ¿recuerdas el Club Slug? Toda la maldita casa es así–cambios de poder, formación de alianzas, y rango–todo acerca del rango. A quién conoces. Quién eres. Quién mira por ti. Porque es el modo de ser de las familias sangre-pura. Ellos son así, y la casa con mayor número de ellos es así, y forma un–casi un ouróboros. No puedes separar el uno del otro. En algún punto, muy probablemente hace siglos, la política de los sangre-pura se convirtió en la casa Slytherin.
"El Señor Tenebroso es mestizo, como yo–¿sabías esto?"
"Yo–no," dijo Lily, su pañuelo congelándose a medio camino de su nariz. "Pero… ¿qué?"
"Es el descendiente mestizo de Salazar Slytherin, a través de su madre. Se crió en un orfanato Muggle, un niño llamado Tom Riddle. Sabía que poseía magia desde tierna edad, pero no sabía lo que era, y entonces entró en Hogwarts y fue seleccionado en Slytherin, donde todos basan tu tratamiento en su conocimiento de ti. Los Slytherin no apuestan por una entidad desconocida, ni por una empresa infructuosa."
Lily tuvo una repentina visión de las cavernosas salas de juicios del Wizengamot, repletas hasta la bandera por niños pequeños en túnicas Slytherin. "Severus, estás hablando de niños de once años."
"Niños de once años que han sido criados para emplear la política del modo que a ti te enseñaron a encender la televisión. Los sangre-pura se conocen entre sí, Lily, todos ellos. En parte es el modo en que se controlan unos a otros, pero la verdad es que simplemente no quedan los suficientes para ser anónimos."
Lily recordó oír algo similar de Sirius. Él había estado diciéndolo con desprecio, sin embargo; no tranquilo y cristalino como el mar en un día sin viento. "Hay sangre-puras en otras casas aparte de Slytherin," señaló ella, aunque no estaba segura de a qué estaba apuntando.
"Hay sangre-puras en todas las casas. Al igual que hay mestizos e hijos de Muggles. Oh, sí, tenemos hijos de Muggles Slytherins. La ambición, el pragmatismo y la iniciativa son parte de la naturaleza humana. Pero Slytherin también opera en gran parte sobre la reputación. Las familias sangre-pura más leales a ella quieren creer que su existencia es una marca de distinción, porque ven todo el mundo en tonos de distinción. Es un modo de mirar el mundo, completamente diferente de lo que la mayoría de no-Slytherins comprenderían. La mayoría de nosotros en Slytherin aprendemos a adaptarnos a ello, pero algunas personas simplemente nacen encajando en ello."
Lily sentía que él estaba explicando algo vasto y profundo, y ella era demasiado infantil para comprenderlo. "Entonces, ¿estás diciendo… que Slytherin se perpetúa a sí misma, porque es tan difícil salir del círculo, que el círculo se ha convertido en Slytherin y se ha convertido en las familias sangre-pura que crecen en él, también?"
"De algún modo. En cierta extensión eso es verdad de todas las familias sangre-pura, que es una de las razones por las que las familias tienden a agruparse en Casas. Parte de eso es la tradición sangre-pura, que está muy profundamente arraigada en cada nueva generación. De vez en cuando obtienes un niño como Black, que es muy diferente al resto de la familia y lo disfruta, pero son bastante raros. Los hijos de sangre-puras no son… criados para cortejar la desobediencia. Cuando entraste en Hogwarts, en un sentido muy literal comenzaste a interactuar con una cultura completamente diferente."
Ella pensó en el lento golpeteo de varita de su madre y sintió un escalofrío en el estómago; incluso el modo en que Sirius había guardado silencio cuando alguien mencionaba tu padre, Orion Black, o tu madre, Walburga, los destellos de oscuridad en él… "Vale… vale. ¿Qué tiene esto que ver con Voldemort?"
"Él era Slytherin por naturaleza, no por educación. Era una no-entidad cuando entró en la casa, pero para su séptimo año en el colegio, lo más probablemente antes, había dominado el sistema hasta tal punto que todo ese condicionamiento sangre-pura que le había sido negado de niño estaba bajo su control. Te dije que los sangre-pura adoran la jerarquía. Adoran la obediencia sin cuestión de sus inferiores. Adoran tener inferiores. A muchos de ellos no les gusta funcionar sin algún tipo de superior, tampoco–pero el Señor Tenebroso podía, y eso le otorgó una considerable cantidad de poder. Slytherin te enseña que la admiración bien emplazada es uno de los mayores activos que puedes tener en la vida. El Señor Tenebroso descubrió eso, y… la envolvió a su alrededor.
"Y los contactos; éstos, también, son enormemente importantes. ¿A quién estás conectado? Todos sus contactos eran políticos. Porque no eran de sangre, tuvo que comenzar desde abajo. Pero el Señor Tenebroso era paciente y era inteligente, como cualquier buen Slytherin lo es. Un buen Slytherin conoce su propia ambición, y la pone a hervir a fuego lento, porque moverse demasiado rápido o poco juiciosamente puede retirar su objetivo de su alcance.
"El Señor Tenebroso comenzó por aquellos lugares que conocía bien: con la política, y los contactos, y su base de admiración. Hizo amigos dentro del Ministerio, hombres en posiciones sutilmente poderosas, que podían conseguirle lo que necesitaba para progresar. A veces era otro contacto; otras eran fondos. Tenía gente que pronunciaba sus palabras en su nombre, pero no utilizaba su nombre o su rostro. Y al principio, coleccionaba Mortífagos muy cautelosamente. Había un proceso de selección y recomendación; necesitabas un promotor, como era, incluso para ser mencionado a él, y el proceso de conocerlo realmente era aún más cuidadoso y complicado.
"No puedo decirte mucho del encuentro inicial porque no lo recuerdo. Todos mis recuerdos de él fueron Obliviados."
Lily se había sumido en una especie de trance mientras él había estado hablando, tejida dentro de sí misma por el sonido de su voz; el mundo desconocido que estaba sosteniendo ante ella, como si le pidiera que mirara un espejo por primera vez, donde el mundo que ella había visto correctamente estaba volteado de repente; y esta visión del Señor Tenebroso como un hábil político, manipulando a los sangre-pura que probablemente lo habían desairado durante años, antes de que ganara poder sobre ellos y el desprecio de alta cuna mudara la piel, reemplazado por admiración, adulación, favores…
"¿Cómo sabes que fuiste Obliviado si no lo recuerdas?" dijo ella, perpleja.
"Porque no recuerdo nada de ello, pero sé que siempre sucede para los nuevos reclutas. El Señor Tenebroso de los días tempranos no iba por ahí Marcando a todos por el precio de una canción. En los días tempranos era una marca de respeto. En el colegio solíamos hablar de su Marca sin saber qué maldita mierda era, sólo que significaría que te sucederían cosas estupendas, si tan sólo podías merecer su atención. Así es como obtuvo la casa Slytherin, Lily. Él lo sabía, como lo sabe cualquiera que haya crecido en ella durante siete años. Sabía exactamente qué decir para hacer que todos con una pizca de ambición quisieran vivir en su bolsillo. Y para recibir su Marca, su atención, su poder, necesitabas un contacto que te llevara allí. El mío," dijo, su labio curvándose, "fue Lucius."
Antes de poder evitarlo, Lily estalló en horrorizada confusión: "Pero James decía que Lucius siempre fue un terrible esnob–"
No supo qué, pero algo en el rostro de Severus la hizo sonrojarse. Ni siquiera pudo interpretar su expresión. "Quiero decir… yo no…" Se debatió desesperada.
"¿Estás diciendo que no tiene sentido que mantuviera en línea al grasiento viejo Quejicus?" dijo Severus, su suave voz repleta de burla, un eco más gentil de esa voz lisa y perfecta que había oído la primera noche de regreso; en la voz de su madre cuando había hecho sentirse a Lily una cosa diminuta, babosa. No sabía si esta vez estaba dirigido a ella, a James, o incluso al propio Severus.
"No lo hagas," susurró ella. "No lo hagas, Sev. Sabes que no lo eres."
Él sólo la miró. Ella se preguntó cuántas veces había visto Voldemort esa mirada.
"De hecho," dijo él con frialdad, "tiene perfecto sentido. Te dije que a los sangre-pura les gusta la compañía de sus inferiores. ¿Por qué crees que Black y Potter mantenían cerca a Pettigrew?" Antes de que Lily pudiera convocar cualquier emoción excepto shock, Severus prosiguió: "Piensa en mí como el Pettigrew de Lucius, si eso te lo hace más fácil. Yo era uno de sus muchos pequeños lacayos. Le gustaba tenernos a mano para intimidar e insultar y degradar, y a cambio le otorgábamos nuestra continua obediencia y admiración. Y porque un Slytherin no escatima por buenos servicios, Lucius recompensaba a aquéllos de nosotros que destacábamos. En mi caso, me puso en contacto con los Mortífagos."
"Eso es horrible," susurró Lily, queriendo llorar.
"Era lo que yo quería," dijo Severus, toda la emoción sangrando de su voz, como agua vertida por el sumidero. "Lucius estaba… complacido. Y el Señor Tenebroso…"
Pero no terminó. Lily se preguntó si había estado a punto de decir, Y el Señor Tenebroso estuvo complacido conmigo, también. Había algo en los huesos en torno a sus ojos, algo tan terrible y vacío, como si ella estuviera mirando dentro de la pesadilla de alguien.
Por instinto intentó extender la mano hacia él, como si su toque tranquilizara a uno de ellos; pero en cuanto se movió, él se levantó de la silla tan rápido que la derribó, lo bastante fuerte para que golpeara el escritorio. La jarra de zumo se zarandeó pero no cayó, pero Sev debía haber pensado que iba a hacerlo porque se lanzó por ella y derramó un buen vaso por toda su mano y muñeca.
"Sev–" comenzó ella, aturdida, porque eso era lo último que había esperado. Comenzó a balancear las piernas fuera de la cama, para levantarse e ir hacia él–
"No lo hagas." Su voz fue baja y áspera, no más alta que un susurro, pero los susurros eran suaves y éste no lo era. "No me toques." Estaba respirando más rápido de lo que debería, simplemente sentado en una habitación. Lo observó apartarse de ella, apretándose contra la puerta de su armario. "Yo no–consuelo–no puedes saber lo que–"
Ella se quedó congelada unos momentos, un pie en el suelo, la otra pierna todavía enroscada en la cama. Al otro lado de su pequeño dormitorio él estaba respirando erráticamente, una mano levantándose para tirarse del pelo. Afuera en el patio de abajo, oyó la voz nasal de Petunia, el sonido de puertas de coche cerrándose de golpe.
Lily esperaba estar a punto de hacer lo correcto. Levantó la mano y señaló su escritorio.
"Sev." Él siguió el camino de su dedo, pero sus ojos seguían retorciéndose, de su mano a su hombro al techo a la puerta. "¿Lo escribes para mí?"
Él la miró fijamente. Simplemente la miró, por tanto tiempo.
Entonces se volvió hacia el escritorio y sacó un pedazo de papel del cajón a mano izquierda, donde ella siempre lo había guardado, su movimiento tan natural como si se hubiera sentado a ese escritorio durante veinte años. Lily se sintió hipnotizada mientras él encontraba un bolígrafo en el cajón del centro, el verde con el que ella había escrito sus listas, la noche antes de la Víspera de Navidad.
Esperaba que llenara el papel de palabras, pero todo lo que hizo fue escribir una breve línea y entregársela sin mirar.
Todo lo que decía era ¿Cómo puedes soportar tocarme?
Lily la miró fijamente por largo, largo rato.
Ella sabía que podría decir un millón y una cosas. Había mucho que podía explicar; mucho que quería. Quería preguntar un millón y una cosas. Había mucho que él podía explicarle. Pero sabía que sólo había una cosa que ella iba a decir.
Levantó la mirada hacia él. Probablemente no había nadie en la tierra que pudiera haber interpretado su expresión.
"Porque eres mi mejor amigo," dijo ella.
Severus no reaccionó en absoluto. Entonces una única lágrima rodó del rabillo de su ojo izquierdo, tan levemente que había desaparecido antes de trazar todo el camino abajo por su rostro. Levantó la mano izquierda como si quisiera atraparla, secarla, evitar que ella la viera. Cerró los ojos. Su aliento era tan silencioso que ella no podía oír nada. Lily habría esperado de sí misma estar llorando, pero sus ojos estaban claros y secos ahora.
Ella plegó el papel y lo deslizó en el bolsillo de su pijama, de modo que Petunia no lo encontrara.
"Entonces no vas a encontrarte con Voldemort," dijo ella, tranquila.
Severus estuvo en silencio unos momentos, los ojos cerrados, la mano todavía apretada contra el rostro. Cuando habló, sonó casi como él mismo de nuevo, incluso tolerablemente firme:
"Encontrarse con el Señor Tenebroso por primera vez no es como acudir a una cita a ciegas, Lily. No puedes simplemente dejarlo plantado porque has oído que tiene una verruga o tu entusiasmo menguó en el último minuto o conociste a algún otro en la lavandería. Lucius me habría conseguido esta reunión. Deshacerse de un Malfoy es sólo ligeramente menos peligroso que deshacerse del Señor Tenebroso."
"Acudir a un montón de citas a ciegas, ¿lo has hecho?" dijo Lily, medio sonriendo.
"No. De algún modo, ser Mortífago hace disminuir tu entusiasmo por ellas. Un efecto secundario poco conocido. Vuelve bajo las mantas. ¿Quieres sufrir más atenciones de Petunia de las necesarias?"
Mientras volvía a meterse en la cama, Lily tuvo una visión momentánea de Mortífagos examinando los anuncios clasificados en busca de anuncios personales, y tuvo que ponerse las mantas por encima de la nariz de modo que Sev no viera su expresión.
"Pero… no tiene ningún sentido para mí que sepas esto cuando no recuerdas."
"Fui Marcado cuando tenía dieciocho, después de salir del colegio." A pesar de que estaba sentado de nuevo, Severus mantenía la mano apretada contra el rostro. Ahora parecía un apoyo. Su codo estaba apoyado en el brazo de la silla, su rostro en su mano, y su postura había perdido su manera remilgada, ganando un encorvamiento que parecía cansancio. "Nunca, según mi recuerdo, me había encontrado con el Señor Tenebroso antes de entonces. Pero sabía que lo había conocido en algún momento. El momento exacto simplemente no fue importante hasta ahora."
Lily lo estudió. Era verdad, ¿no? Lo sentía.
Odiaba esta impotencia. Quería que él hiciera esto mejor, de algún modo, lo hiciera fácil, no peligroso, como el tipo de vida tras la muerte que se suponía debías tener, a pesar de que sabía que no era posible.
"¿Quieres decir que te Marcó después de encontrarse contigo sólo una vez?"
"Supongo que sus estándares habían caducado para ese momento."
"No deberías decir eso de ti mismo," dijo ella, y entonces, sintiéndose inequívocamente bizarra: "Incluso si es Voldemort… ejem. Pero no puedes–¡no puedes ir a encontrarte con él, Sev, incluso si no puedes dejarlo plantado! Tiene que haber alguna–otra opción. ¿No la hay?"
"Estaba pensando en abandonar el país," dijo Severus, su rostro y voz absolutamente serios, "y mudarme a Nepal, y convertirme en pastor de cabras."
"Imbécil," dijo ella, queriendo besarle la mejilla pero teniendo que sonarse la nariz en cambio. "No me asustes así, por un segundo creí que ibas en serio. Como yo estoy intentando serlo."
"Bueno, no necesitas preocuparte. Pasé la pasada noche formulando varios planes de contingencia. Me haré cargo de ello."
Lily entrecerró los ojos hacia él, una sospecha formándose… "Severus Snape," dijo en términos no inciertos, "si crees que simplemente voy a quedarme aquí sentada sonándome la nariz mientras huyes y te peleas con un atajo de Mortífagos asesinos, eres más bobo que nada que se me ocurra con que compararte en este momento."
"¿Dejarte? Por supuesto que no. Iba a sugerirte que vengas conmigo y te suenes la nariz en ellos."
Al principio, Lily ni siquiera pudo farfullar una respuesta, pero se recompuso. "Bien," dijo enérgicamente. "Me alegra ver que estás pensando con claridad. Nunca detendrán los poderes de mis mocos. Nadie puede."
"Serías seria," dijo Severus con un ceño negro, lo que fue inequívocamente injusto.
"Estoy siendo mortalmente seria. No vas a marcharte para enfrentarte a ellos por tu cuenta, Severus. No."
"¿Quién crees que soy?" dijo Severus con sólo un poco de desprecio. "¿Un Gryffindor? Mis planes implican considerablemente más previsión que 'carga y comienza a maldecir.'"
"Bien, ¿cuáles son entonces, Sr. Súper Sigilo?"
"Una de las cosas que he aprendido a lo largo de los años es que uno no discute planes potencialmente letales con inválidas o Gryffindors. No voy a decírtelo," dijo él, despacio y con paciencia, cuando ella sólo lo miró fijamente.
"Vale," dijo ella, ahora albergando el inequívoco deseo de pincharle en el otro costado con la barredora de alfombra de Petunia. "Entonces se me ocurrirá algo. Yo pienso que deberíamos ocultarnos."
"¿Nosotros?" dijo Severus. Ella no estaba segura si él estaba más sorprendido por el hecho de que se incluyera a sí misma o por la estupidez de la idea.
"Sí, nosotros. Tengo un montón de experiencia ocultándome."
O bien Severus pensó que lo decía en serio (ella era sólo medio seria), o no pudo resistir la tentación de decirle cuán miserablemente poco astutos eran sus planes poco astutos. "No funcionaría. No a largo plazo."
"Échame un cable, entonces. Yo no soy una ladina Slytherin. Cargar y maldecir es el plan de contingencia general para los Gryffindor."
"Soy consciente." Guardó silencio unos momentos, volviendo a retirarse a ese lugar en lo más profundo de sí mismo. A ella le recordó el rostro de su madre la noche de Navidad, en el hospital, mirando fijamente aquella pintura de barcos.
"El Señor Tenebroso," dijo Severus despacio, "nunca ha soportado ser… desconcertado. Si he de encontrarme con él el treinta y uno de diciembre, esperará ese encuentro." Algo en el modo que Severus dijo 'esperará' envió un escalofrío tejiéndose por los huesos de Lily. "En consecuencia, no puedo simplemente no acudir. Pero podría ser… incapaz de hacerlo."
"¿Incapaz de hacerlo?" dijo Lily. No había comprendido todavía, pero había una mirada perspicaz, ladina, en el rostro de Severus que sabía significaba que no iba a gustarle lo que sugiriera a continuación. De hecho, probablemente iba a gritarle por ello, así que más bien podría prepararse.
"¿Quieres ayudar? Puedes hacerlo mandándome al hospital," dijo él, tan tranquilo como si hubiera dicho, 'Necesito que vayas al mercado y me compres un bote de aspirinas.'
"¡QUÉ!" Lily habría estado satisfecha si lo hubiera hecho saltar, pero el imbécil ni siquiera se inmutó. "¡Te has vuelto absolutamente loco! ¡No voy a–lo que tú–augh!"
"Muy bien," dijo Severus, sonando aburrido, "¿entonces supongo que me ayudarás a redactar una cortés carta al Señor Tenebroso renegando de mi invitación? Ah, y necesitarás ayudar con mi obituario, también. Si voy a cometer suicidio asistido, más bien podríamos organizarnos."
"Sabes, antes te dije que eras tan estúpido que no sabía con qué compararte–bueno encontré algo, ¡y es este plan! ¡Absolutamente no!"
Severus suspiró. "Ni siquiera he explicado por qué."
"¡No necesitas hacerlo! Sev, ¿qué se supone que debo hacerte que sea lo suficientemente malo para mandarte al maldito hospital? ¡Estarías herido de verdad!"
"Ésa es la idea," dijo Sev, dirigiéndole una mirada el-plan-no-es-tan-tonto-como-tú-lo-pareces.
"¡No quiero hacer eso, imbécil duro de mollera!"
"Es o tú o ellos," dijo él, alzando las cejas levemente.
Lily no pudo responder. Sólo lo miró fijamente, respirando con dificultad. Sacudió la cabeza, pero no estaba segura de si estaba negándolo o si simplemente no quería que eso fuera verdad.
"Sé que tienes la suficiente habilidad y poder," continuó Severus, sus cejas todavía alzadas. "¿Con qué alcanzaste a Avery una vez, durante una escaramuza? …incluso a mí me impresionaron los nombres que te llamó, una vez se recuperó. No pocos de… nosotros…" Su rostro se crispó un momento, pero ella no supo si fue más con burla o aversión, "…nos encontramos apartándonos de tu camino la siguiente vez."
Ah, recordó Lily. "Contrapasso," susurró. Uno de Dumbledore. No había modo de practicarlo, porque requería un objetivo humano con el fin de funcionar–un objetivo que hubiera hecho cosas terribles, y que fuera capaz de sentir remordimiento, incluso si sólo fuera un ascua moribunda. Contrapasso la aventaría a una llama.
"No, Sev. No. No puedo conjurar eso sobre ti."
Severus volvió esa mirada evaluadora hacia ella. Sintió como si estuviera mirando directamente dentro de su alma, viéndola parada sobre el Mortífago que había alcanzado–Avery, ahora lo sabía–llena de perverso triunfo y una feroz auto-aversión. Pero todo lo que dijo fue, "Algo similarmente grave valdría."
Ella comenzó a sacudir la cabeza de nuevo; pero Severus debía haber sentido, o visto, que ahora sólo estaba protestando porque no quería hacerlo, no porque no lo haría, porque su voz se volvió paciente. "Lily. No puedo lanzarme maleficios a mí mismo. Debe parecer verosímil. Necesito estar gravemente incapacitado, de modo que cuando mi ausencia sea cuestionada, tenga la evidencia adecuada."
Lily tragó. "Dijiste 'cuando,' no 'si.'"
"Deliberadamente, te lo aseguro."
Oh, Dios. Lily se estremeció. Pensó en Severus salvándola en aquel campo de batalla que olía a hierba chamuscada, el cielo negro teñido de naranja; las máscaras de los Mortífagos fluyendo hacia la noche, su metal destellando con la luz de los hechizos; Voldemort abriéndose paso a explosiones dentro de su casa, el sonido de la puerta rompiéndose, James gritando Lily, vete, coge a Harry, yo lo contendré… y la luz verde, la luz que lo llenaba todo, que ahora teñía sus sueños cuando dormía…
"¿Esto cambiará las cosas, Sev?"
Él parpadeó hacia ella; una vez, despacio. Cuando no respondió enseguida, ella supo que estaba pensándolo. Quería tomarle la mano y agarrarla, tener algo a que agarrarse–
"No hay modo de decir lo que cambiaremos, y lo que permanecerá," dijo él al fin, sus oscuros ojos insondables para ella. "Pero nunca seré Mortífago de nuevo."
Nunca de nuevo.
"Muy–muy bien–lo haré–" Su corazón se entrecortó. "Pero quiero que sepas–que hacerte esto–no está bien."
"Por supuesto," dijo Severus.
Ella se preguntó por qué sus ojos estaban reluciendo así, como el océano en una noche de luna llena.
