Capítulo 12
1 de enero, 1977
Cuando Lily emergió de los sueños, no tenía idea de dónde estaba. O qué le había ocurrido mientras estaba dormida, porque le dolía todo. La cabeza en especial, pero todo el cuerpo, como si estuviera atravesando un mal ataque de gripe o despertando tras haber caído por unos escalones de piedra. La ropa se le pegaba, húmeda y fría de sudor.
Gimió, un ruido débil, filiforme, porque no tenía energía para más. Quizá si simplemente se quedaba allí tumbada volvería a dormirse… o no le dolería más…
Alguien se movió por encima de ella; oyó el crujido del suelo, reconoció el modo en que cambió el aire. "¿Mamá?" dijo con voz ronca, pero sabía que no podía ser su madre, porque no había aroma a naranjas y gardenias envolviéndola. Pero tampoco olía a Severus, la naftalina y el repollo, o a los polvos de talco de Petunia, sólo a polvo, como las viejas habitaciones cerradas durante demasiado tiempo. Entonces, ¿quién…?
Abrió los ojos bizqueando. La luz era lóbrega, una especie de gris verdoso, como estar atrapada en el fondo de un acuario. Una sombra oscura estaba alejándose de ella, una que no reconoció. Esperaba que no fuera Lucius Malfoy, allí para descargar su furia sobre ella por ser plantado. ¿Dónde estaba en el nombre de Dios?
"¿Te duele?" preguntó una voz fría, desagradablemente familiar, que golpeó a Lily como una fría brisa de terror. Era la mamá de Sev.
Ahora recordaba… cuando los Sanadores las habían echado alrededor de las dos de la madrugada, la Sra. Snape las había llevado a una estrecha calle adoquinada en Londres, pasando las puertas de una diminuta posada constreñida en un bloque de edificios de piedra oscura en la calle desierta. La piel de Lily se había erizado con la idea de dormir en la misma habitación que esa mujer… vulnerable, incapaz de defenderse… pero al parecer su determinación de permanecer despierta la había abandonado por la noche, dejándole esta sensación de ser pateada escaleras abajo. Más que probablemente la Sra. Snape la había maldecido en cuanto se había quedado dormida.
Éstas eran probablemente las peores vacaciones de invierno que jamás había tenido.
"¿Alguien me pateó escaleras abajo anoche?" graznó Lily.
"Quizá son los efectos de tu encantador maleficio sobre mi hijo," dijo la Sra. Snape, como alguien respondiendo una pregunta inane por cortesía. "O quizá pillaste algo en San Mungo–un sistema frágil se ve superado fácilmente."
Lily se incorporó hasta sentarse; o hasta desplomarse contra el cabecero y almohadas. La habitación era diminuta, oscura, fría y estrecha, mejor que el lugar en Camden donde ella y Sev habían pasado la noche, pero como una versión victoriana sólo un punto mejor. El mobiliario estaba hecho de enmarañada madera oscura, astillada y maltratada, y la única ventana mugrienta de la habitación estaba cubierta de rastros de jabón, oscureciendo cualquier vista del exterior. El tinte verdoso provenía de la cortina de gasa recogida a un lado del cristal jabonoso.
La Sra. Snape estaba sentada en un sillón frente a la ventana, junto a la diminuta chimenea cuyo fuego era aún más pequeño. Parecía tan magullada como Lily se sentía. Ese olor y presencia de polvo viejo colgaban en el aire, literalmente; podía ver las espesas motas derivando a la luz verdosa.
"¿Dónde estamos?" La garganta le dolió cuando habló, y la cabeza le dijo que se callara y se recostara.
"Callejón Grainthorpe, Londres."
La varita de la Sra. Snape estaba en su mano derecha, una taza astillada en su izquierda. Una empañada bandeja plateada se asentaba en una mesa delgada a su codo, hospedando una tetera abollada, un platillo de limones, y un plato de pan a secas. La Sra. Snape apuntó su varita hacia la bandeja, con bastante negligencia, y la tetera se alzó en el aire, vertiendo un fino chorro de líquido sepia en una segunda taza.
"¿Tomas limón?" preguntó con voz tan aburrida que a Lily le llevó dos segundos percatarse que estaba preguntándole.
"Oh–ejem, no… gracias."
La Sra. Snape dio un golpe de muñeca y la taza de té navegó a través del espacio abierto hasta Lily, que la abarcó con las manos y la bebió de un trago, a pesar de que sabía más amarga que nada.
"¿Cuán lejos estamos de San Mungo?" preguntó Lily, ya que la Sra. Snape no parecía inclinada a ofrecer nada a modo de conversación. De hecho, estaba simplemente sentada en su sillón, la mano de su varita yaciendo inactiva en el apoyabrazos, la otra sosteniendo su taza mientras miraba fijamente al fuego debatiéndose.
Ni siquiera se molestó en levantar la mirada a la pregunta de Lily. "Una bruja siempre está a sólo un punto de Aparición de distancia."
Bueno, si iba a ser tan poco útil, Lily averiguaría las cosas por sí misma. Localizó un reloj de péndulo flacucho constreñido en el rincón, pero ambas saetas estaban colgando borrachas en torno a las seis. Derrotado, pensó. "¿Qué hora es?"
"Poco más de las siete. Deseo visitar a Severus. Si te sientes capaz de levantarte, puedes venir conmigo. Si sólo deseas tumbarte en la cama cuidando de tus dolores y sintiendo lástima por ti misma, puedes hacer eso también." Apuró su taza de té y la dejó en la bandeja empañada, mientras Lily intentaba reprimir la indignación porque alguien pudiera devolver respuestas tan desagradables a preguntas sencillas.
"Puedo levantarme," dijo Lily con frialdad. Deseó no sentirse tan aliviada porque la Sra. Snape pareciera creerlo un comentario digno de ignorar; no quería hacer que la maldijera. De nuevo.
Pero cuando se levantó de la cama, no estuvo tan segura de que sí se sintiera lo suficientemente capaz. Toda la habitación oscilaba alrededor como si estuviera jugando en un árbol de mayo. Echó mano a algo para sostenerse y se encontró deslizándose sobre la cama, luego fuera de ella, hasta el suelo–
Algo la atrapó–no manos, sino magia, el agarre de un hechizo, pero era frío e impersonal, como niebla densa. La empujó de vuelta sobre la cama, donde logró incorporarse. "Urgh," gimió, cerrando los ojos, porque el movimiento oscilante de la habitación estaba teniendo el mismo efecto que las paredes menta de San Mungo y las túnicas verde lima de su personal. "Maldición."
La Sra. Snape suspiró. "Supongo que tendré que llevarte conmigo," dijo, del modo que uno podría decir Y entonces encontré renacuajos en mi bullabesa. "Quizá esos Sanadores habrán desarrollado el intelecto de un asno y lograrán diagnosticar lo que sea que te pasa."
Lily se sintió siendo levantada de la cama, por manos esta vez, una al otro lado de la cintura, otra agarrándole el brazo. Eso estaba bien, porque Lily necesitaba mantener los ojos cerrados para evitar el modo en que giraba el entorno, aunque mostró una tendencia a chocar contra las puertas sin importar si sus ojos estaban abiertos o cerrados. El contacto frío, seco, de la Sra. Snape hacía a Lily sentir como si algo sobre su piel necesitara ser cepillado.
La Sra. Snape la condujo por un pasillo con entarimado deformado, que no hizo nada por mejorar la evitación de Lily de las puertas. Era como caminar siendo gigante a través de un mar ondulado vuelto sólido. La escalera fue aún peor. Era extremadamente empinada y el hueco era severamente estrecho, de modo que la Sra. Snape tuvo que caminar por delante, agarrando a Lily por la mano izquierda mientras ella andaba a tientas bajando la barandilla.
"¿Qué conjuraste ayer?" preguntó la mamá de Sev, de algún modo convirtiendo su desconcierto en un insulto.
"Se llama Contrapasso," dijo Lily, entreabriendo los ojos mientras trataba de encontrar el siguiente escalón. No ayudaba que el hueco de la escalera estaba tan oscuro como era empinado y estrecho; no podía ver dónde terminaba.
"¿Contrapasso? ¿Y la contra-maldición es 'Yo perdono'?" Sonaba tan asqueada por la idea como Severus lo había hecho.
Casi al pie. Lily estaba desesperada por llegar allí; el agarre de la Sra. Snape en su mano probablemente estaba magullándola.
Lily se tambaleó en el último escalón, y la Sra. Snape la condujo a un espacio más abierto; Lily se dio cuenta cuando cambió la calidad del aire.
"Sra. Snape," dijo una voz gangosa a la izquierda; Lily entreabrió los ojos a través de la lúgubre penumbra y distinguió un mostrador de registro con una forma enrojecida tras él. "Feliz Año Nuevo. Espero que durmieran bien."
"Bastante bien, gracias," dijo la mamá de Severus en un tono de árida cortesía. "Por favor, resérveme la habitación para la noche, Clarkson; regresaré."
"Por supuesto, ma'am."
La Sra. Snape arrastró a Lily a través del claustrofóbico vestíbulo y a la calle, donde el aire gélido mordió el rostro de Lily. A pesar de que no había hecho calor en ese lugar, el aire había estado un poco cargado. Esperaba que fueran a Aparecerse enseguida, sin embargo; no quería tambalearse por adoquines helados cuando no podía ver dónde poner los pies. Siete de la mañana–el sol ni siquiera había salido todavía. Todo sería gris–los edificios, el suelo, el cielo, la gente.
"Esto e–" La Sra. Snape la giró hacia la izquierda, y entonces paró: paró de hablar, paró de moverse. Lily se asomó hacia delante, vio un destello de blanco-dorado y negro, y abrió los ojos del todo, a pesar de que el movimiento le apuñaló agujas en los ojos–o quizá el apuñalamiento no tuvo que ver con la luz, sino con la visión del hombre parado sobre los adoquines ante ellas, lo suficientemente cerca para tocarlo.
Lucius Malfoy.
"Sra. Snape," dijo Malfoy. Lily pensó que parecía tan sorprendido de verlas como ellas lo estaban de verlo a él. Bueno, Lily lo estaba–en realidad estaba en shock y perturbada, pero no sabía de la mamá de Sev. Pero por el modo en que se había detenido en seco y renovado el estrujamiento en los brazos de Lily, sentía justo lo mismo.
Cuando la Sra. Snape habló, sin embargo, Lily no oyó nada aparte de leve sorpresa. "Sr. Malfoy," dijo, con más cortesía de la que había mostrado a Clarkson, pero todavía no efusiva. "Feliz Año Nuevo. ¿Confío en que está bien?"
"Perfectamente bien, gracias," dijo Malfoy con la misma cucharada de educación. Merlín, ¿era así como los sangre-pura eran unos con otros? Se quedaría con los villancicos verdes, cortinas en llamas y cabezas de tetera de James y Sirius cualquier día.
Entonces él preguntó lo que Lily estaba temiendo pero sabiendo que lo haría: "¿Severus está con ustedes?"
Lily se había visto forzada a volver a cerrar los ojos en su mayor parte, así que no se percató de cómo estaba mirándola–si estaba haciéndolo en absoluto–pero con los ojos cerrados podía oír su voz mucho mejor, arrastrándose en sus oídos como piojos. Tenía muchas de las cualidades de la voz de la Sra. Snape pero era peor, en cierto modo–no más entrenada, o más aterradora, sino más espantosa por lo que podía significar para Sev…
"Tengo gran necesidad de hablar con él sobre algo, comprende… un pequeño asunto entre viejos amigos."
¿Había estado fuera toda la noche buscando a Sev? Oh mierda…
"Severus está en el hospital," dijo la Sra. Snape, su voz manteniendo esa distancia cortés, pero su agarre sobre Lily era tan doloroso como siempre. ¿Qué tenía que temer la Sra. Snape de Lucius Malfoy? ¿Sev le había hablado a su madre del plan? A Lily no se le ocurría cuándo él había tenido el momento… ¿lo había visto su madre en sus mentes?
"Si es urgente," dijo la Sra. Snape, "puede enviarle un mensaje conmigo, supongo…"
Hubo la más mínima pausa. "Tenía la esperanza de poder verlo," dijo Malfoy, tranquilo y fluido, bastante pulido. Lily quiso patearle la cara. Apuesto a que tienes la esperanza, sólo apuesto… Oh, lo habría alcanzado con Contrapasso y dejado que se lo comiera vivo…
"Me temo que eso está fuera de discusión, Sr. Malfoy," dijo la Sra. Snape, todavía delicadamente civil. "Está bastante mal. Él y ésta tuvieron algo así como una pelea…" Agarró el hombro de Lily por un momento. "…y, bueno, los Gryffindor no son conocidos por su clemencia, ¿verdad, Señorita Evans?"
Lily volvió a abrir los ojos parpadeando por la sorpresa de la Sra. Snape no sólo conociendo su nombre sino usándolo. "No creo que ninguna de las cuatro Casas se fundara sobre la clemencia," graznó ella.
"¿Tú heriste a Severus?" Pudo oír el desprecio en la voz de Malfoy. Esperaba desesperadamente que estuviera pensando en cuán estúpido había sido por recomendar a Sev a Voldemort. "¿Por qué no me sorprende? ¿Qué pasa con ella?" le preguntó a la Sra. Snape, mucha de su cortesía evaporada, aunque quién era el objeto de su creciente desprecio–Lily, Sev, o la Sra. Snape–Lily no lo supo.
"Con suerte San Mungo exhibirá poderes de competencia insospechados hasta ahora y será capaz de averiguarlo," dijo la Sra. Snape. ¿Fue eso una nota en su voz de terminar la conversación? Por favor, Dios, deja que lo sea. "Parece que Severus la haya alcanzado con algo que se manifiesta despacio pero es desagradable… pensaría que muy desagradable, dándole el tiempo suficiente. Le diré a Severus que preguntó por él, Sr. Malfoy. Por favor, dele mis saludos su esposa, y viajen seguros por el Nuevo Año."
"Por supuesto," dijo Malfoy, después de otro momento de pausa, fluido y civil de nuevo. "Seguridad para usted también. Dígale a Severus que… me deje caer una nota cuando se haya recuperado."
Un crujido de aire desplazado, un chorro de viento seco contra su rostro, y Lily supo que se había marchado.
En un segundo más, sintió la presión familiar, opresiva, de la Desaparición cuando la Sra. Snape la sacó del Callejón Grainthorpe, a través del espacio y el tiempo hasta San Mungo.
El despertar de Lily se sintió como romper la superficie del agua después de casi ahogarse. Jadeó, levantando la mano para golpear el aire, tratando de decirle a su cuerpo que no estaba en el agua; estaba seca, caliente, en una habitación en penumbra, pero su cuerpo no quería escuchar; su corazón estaba acelerado, como si quisiera abrirse camino a latidos fuera de su pecho–
"Shh…" La voz era familiar, maravillosa, benditamente familiar; extendió la mano hacia ella, y encontró lo que quería: una mano tomando la suya, otra masajeándole suavemente los dedos, la muñeca, mientras ella se aferraba. "Shh, todo va bien, estás a salvo."
"Lo sé," susurró ella, tanteando el brazo unido a las manos maravillosas, intentando atraer el cuerpo hacia sí–era cálido, encantador, familiar, seguro. "Estás aquí, lo sé–"
Logró atraer el cuerpo sobre la cama a su lado y envolver los brazos a su alrededor, para evitar que se alejara. No se le ocurría quién era, pero eso no era importante, porque sabía que era exactamente quien quería, quien necesitaba. Desplazó la cabeza sobre el pecho hasta que pudo oír los amortiguados latidos del corazón… y entonces por fin comenzó a relajarse, el terror fundiéndose, incluso el frenético alivio, reduciéndose a satisfacción, a descanso…
No supo cuánto tiempo yació así. Se sintió un largo rato, o quizá volvió a dormirse. Lentamente regresó a la lucidez, traída de vuelta, quizá, por el sonido de un corazón latiendo tan rápido como el de un colibrí bajo su oído. Yació con los ojos cerrados, escuchándolo, reuniendo el golpeteo con los alientos superficiales por encima de su cabeza que le removían suavemente el cabello. Dejó que sus ojos se abrieran sólo un poco, viendo una bata oscura, una habitación en penumbra que parecía pertenecía a un hospital, una ventana oscura… parecía que siempre estaba oscuro, en invierno…
Entonces su posición la golpeó con la brusquedad de un grito: estaba acostada en una cama de hospital medio encima de Severus.
Se sentó como si alguien la hubiera hechizado derecha, sus ojos volando a los de él, probablemente abiertos cómicamente. Los ojos de Severus no lo estaban: le devolvían la mirada con bastante normalidad, como si no hubiera estado haciendo nada raro en absoluto… pero recordó el latido de colibrí de su corazón.
"Hola," dijo ella, su voz saliendo brillante y torpe. ¿Quién tuvo que hacer estas camas de hospital tan estrechas? Su cadera estaba empujada contra la de él, y del modo en que había estado tumbada, había echado la pierna izquierda sobre la suya–su pierna desnuda, porque algún pervertido le había puesto una bata de hospital, y gracias a Dios las batas de San Mungo se ataban al costado. Incluso ahora estaba medio incorporada sobre el brazo, de algún modo inclinada sobre él, el cabello derramándose sobre su hombro. Si se apartara rodando, se estrellaría contra el suelo.
"Pareces mejor, entonces," dijo Sev, como si no hubiera apretar-de-cadera, echar-de-pierna, o cabello-descansando-sobre-hombro. Quiso besarlo con gratitud, pero no lo hizo, por razones muy obvias.
Sin tirar a ninguno al suelo, él se las arregló con brillantez para escabullirse de la posición horrible, incómoda, en que ella los había puesto, y deslizarse de regreso a la silla junto a su cama. Se había echado encima una bata verde oscuro sobre la fea túnica de hospital de San Mungo, que era salvia más que verde lima. ¿Qué pasaba con el esquema de color de este lugar estúpido? En cuanto llegara a casa, tiraría cada prenda verde de su vestuario.
"¿Estás mejor?" le preguntó Sev, como para confirmarlo, ajustándose la bata alrededor. Quizá su silencio estaba preocupándolo, pero ella se sentía perfectamente bien, aunque imbécil.
"Me siento bien," dijo ella, tratando de asumir una posición normal sobre la cama y deslizar su pierna desnuda de regreso a su bata, donde pertenecía. "¿Qué me pasaba, lo dijeron?"
"No pudieron decirlo con certeza," dijo Severus, su opinión de la inteligencia del personal de San Mungo tiñendo su voz. Sonó muy similar a la de su madre. "Pero creen que fue la reacción a la maldición que conjuraste."
"Supongo que no ayudó que me desmayara Apareciéndome aquí. ¿No lo hice?" Pudo sentirse frunciendo el ceño. "No recuerdo llegar…"
"Lo hiciste. Mi madre dijo que estabas teniendo dificultades manteniendo el equilibrio, y que expresaste experimentar dolor."
Él hizo una pausa. Algo en su silencio hizo pensar a Lily que tenía algo que decir que no quería.
Se alegraba tanto de poder volver a ver bien. Estudió su rostro, pensando que parecía más abierto que ayer, antes de la maldición. "¿Qué?" preguntó ella, doblando las piernas de modo que pudiera sentarse contra el cabecero, después de comprobar subrepticiamente que su fea bata verde no se abría. "¿Qué es? No crees que tengan razón, ¿verdad?"
Él todavía vaciló, pero entonces dijo, bajando la mirada por la cama a los dedos de sus pies, "¿Puedes describirme tus síntomas? Tan extensamente como puedas recordar."
Haciendo una mueca, ella se frotó los ojos. "Como si hubiera caído por las escaleras o pillado una mala gripe. Simplemente… me dolía. Entonces intenté ponerme en pie y no pude, todo estaba inclinándose a todas partes. Y la luz me dolía en los ojos, e intentar mirar a algo me mareaba."
Ahora la silenciosa vacilación de Severus fue prácticamente audible.
"Sev, ¿qué es? Puedes decírmelo." Se forzó a continuar. "Si me va a ocurrir algo malo–"
"No, nada como–"
Él parecía no querer mirarla; sus ojos seguían apartándose. Ella pensó que estaba nervioso por su reacción. Trató de hacer su expresión lo más abierta y alentadora posible.
"No te ocurrirá nada malo," dijo él en voz baja. "Yo sólo… el efecto que describes… sólo hay una rama de la magia que resulte en una reacción adecuada al poder del hechizo que conjuraste."
Confundida, Lily esperó. El tono de su voz, incluso el modo en que estaba buscando su rostro ahora, sugería que él esperaba que lo siguiera, pero ella no lo hacía. "Sev, ¿a qué te refieres?"
Él estuvo callado por largos momentos. Su estómago estaba comenzando a arrugarse de nervios…
"Ése es el patrón asociado a las Artes Oscuras," dijo él, como alguien sacando algo difícil de modo que pueda seguir preparándose para la explosión.
Ella se quedó boquiabierta. "¿Qu–? ¡Yo nunca empleé Artes Oscuras! ¡No lo haría! ¿Cómo podrías–?"
"¿Estás segura del todo de que Contrapasso no es Oscuro?" preguntó él, su tono tan razonable que ella casi no se sintió furiosa, aterrada, vagamente enferma–
"¡Por supuesto que no lo es! ¡Fue Dumbledore quien lo inventó, me lo enseñó! Nunca me enseñaría algo como…"
Del modo que la Maldición Cruciatus es más fuerte en manos de aquéllos que desean causar dolor, Contrapasso es más fuerte en manos de aquéllos que desean perdonar…
"Lily." Severus estaba hablando en un tono paciente, racional. "Las Artes Oscuras no tratan de la intención de hacer el mal. No eres–"
"No sigas," susurró ella, su corazón latiendo duro y veloz. "No lo hagas. No quiero oír ese argumento–" Apretó las manos contra las sienes. "No puedo, Severus. Sabes cómo me siento acerca de–sabes cómo me siento. Acerca de eso. Nunca emplearía magia como ésa. Dumbledore nunca… no."
Dumbledore dispuso a tu hijo como un cordero para el matadero…
Él no respondió enseguida. "Muy bien," dijo, su voz enfriándose. "Entonces aceptaremos la diagnosis de San Mungo y lo dejaremos en eso."
Él se levantó de la silla bastante bruscamente y cruzó la habitación. Ella oyó el sonido de agua vertiéndose, y entonces él regresó, sosteniendo un vaso de agua, que empujó hacia ella. "Toma," dijo cortante. Líneas de molestia estaban grabadas en su rostro, no estaba Ocluyendo del modo que se había acostumbrado a que lo hiciera.
Ella aceptó el vaso en silencio y sorbió de él. Sintió el agua como un bendito alivio derramándose por su garganta.
Severus recuperó su silla, todavía con aspecto disgustado. Lily sabía que estaba enojado por su rechazo a escucharlo, pero no iba a meterse en otro de esos debates con él. Siempre había odiado discutir sobre magia Oscura; nunca habían sido capaces de alcanzar ningún tipo de acuerdo, sólo un silencio mutuo aproximándose al resentimiento cuando se trataba de las Artes Oscuras. No quería volver a entrar en eso–retroceder, abriéndose paso peleando a través de esa maraña en su amistad, una de las enormes que los habían llevado a su irrevocable ruptura, antes que morir y perderlo todo lo hubiera hecho parecer pequeño, en comparación…
Había tanto a lo que no quería retroceder.
"Sev," medio susurró ella. Él cortó los ojos hacia ella, pero su expresión molesta no cambió. "Yo no… no quiero pelear por las Artes Oscuras. Eso es todo lo que quiero decir. Y sé que nos pelearemos por ello, y no quiero que no peleemos, por nada–a menos que sea por algo estúpido, ¿sabes? Eso… eso es todo. ¿Vale?"
¿Cuándo se había desvanecido su indignación por este tema, su absoluta certeza de que era trabajo suyo intentar cambiar la creencia de Severus de que las Artes Oscuras no eran malvadas? Probablemente desde que lo había intentado, él había recorrido ese camino de todos modos, y salido al otro lado como un hombre cuya culpa casi lo había matado ayer.
O quizá desde que lo había perdonado. Porque lo había hecho de verdad, o la contra-maldición no habría funcionado.
Severus estaba mirándola atentamente. Entonces dijo, "Todo lo que deseo que consideres es que puedo tener una mejor comprensión de la magia Oscura después de todo este tiempo que cuando tenía dieciséis. Era–un idiota a los dieciséis."
Ella pensó que ahí podría haber un tácito Y podría tener un mejor conocimiento de ella que tú a los veintiuno, también.
"Estoy segura de que tienes una comprensión mucho mejor que la mía," dijo ella, tratando de sonar justa y razonable. "Pero sólo–odio hablar de ellas, Sev. Sé que las hacías, y–eso está bien, ¿vale? Yo–todo queda en el pasado. De verdad, lo está."
Severus la miró fijamente. Unió las manos y comenzó a frotarse los nudillos de la mano izquierda con la derecha. Por favor, no hagas que peleemos por esto, rogó ella, preguntándose si su Legeremancia lo captaría.
"No son las Artes Oscuras las que me han cambiado," dijo él al fin, "si es lo que estás preguntándote. Y tú nunca podrías canalizar el poder para que te cambiaran. Si ésa es tu preocupación."
Lily parpadeó. "Yo–¿qué?"
"La magia Oscura, como cualquier magia, opera en una escala." Él seguía observándola, como si esperara el punto en que estuviera empujándola demasiado lejos en esto. "Al igual que la magia Luminosa. Minerva enseña a los estudiantes de primer año a convertir cerillas en agujas, y a los de séptimo año cómo convertir muebles en animales. Uno de primero no podría replicar magia avanzada. Tampoco tú podrías ejecutar un hechizo Oscuro avanzado. Y no es hasta que alguien avanza en las Artes Oscuras que la reacción de la que hablaba antes comienza a tener efecto sobre la psique del conjurador."
"Pero Contrapasso–lo que te hice–Sev, ¡eso no fue un hechizo cerilla-a-aguja!"
"No, es un hechizo poderoso. Pero no es un hechizo Oscuro poderoso."
Ahí es cuando Lily supo que había sido enganchada a hablar de las Artes Oscuras con él de nuevo. El astuto bastardo. Lily dejó su vaso de agua de modo que no lo dejara caer, lo aplastara, o lo lanzara a través de la habitación. "Vale." Lo fulminó con la mirada. "Pero mejor que hagas esto realmente, realmente bueno. ¿Por qué crees que es Oscuro?"
"Sólo estoy teorizando," dijo Severus, sonando, para él, casi aplacador. "Basándome en tu descripción de tus síntomas." Entonces, bruscamente, cambió de marcha. "¿Sabes cómo funciona la magia Luminosa?"
"Yo…" No lo sabía. ¿Era eso estúpido? "¿Con una varita? Pero–no, empleas una varita para la magia Oscura, también–así que eso no es todo–"
"La magia Luminosa emplea una varita para otorgarte control sobre tus propios poderes. Piensa en ello como intentar extraer agua de un manantial: usas tu varita como un cazo para sacar el agua, y cuanto más poderoso eres, más puedes llenar el cazo. Cuando comienzas, necesariamente sólo extraes muy poca agua, o poder–de ahí, las cerillas–pero para el momento que has sido adecuadamente entrenado, eres capaz de transformar objetos inanimados en materia viva."
"Vale," dijo ella, comprendiendo esto.
"Todo lo que estás usando es tu propio poder, con tu varita a modo de conducto. Haces que funcione mediante fuerza de voluntad y concentración; es una obra de control de tus capacidades. Pero no tienes más poder después de haber transfigurado tu escritorio en un cerdo que antes de que hubieras comenzado; simplemente has empleado lo que tienes.
"Las Artes Oscuras no usan tu varita como instrumento de poder; te usan a ti."
Lily parpadeó.
"Piensa en el manantial de nuevo," dijo él. Su voz había tomado la calidad y poder que había tenido cuando había estado hablando de Voldemort el político; atractiva, casi hipnótica. "Cuando empleas magia Luminosa, sólo puedes sacar tanta agua como tu cazo te permita. Tu potencial es finito. Pero cuando usas magia Oscura, te abres al acceso de poderes mucho más allá de lo que podrías convocar de otro modo. Tú eres el instrumento, no tu varita, a pesar de que la usas para dirigir el poder que convocas. El poder que estás recibiendo proviene de algún otro lugar; no es tuyo. Ése es el modo en que las Artes Oscuras te otorgan más poder para el nivel del hechizo que ejecutas que la magia Luminosa. Un hechizo Luminoso de bajo nivel difícilmente tendrá algún efecto sobre tu entorno; un hechizo Oscuro de bajo nivel tendrá uno mucho mayor."
"Entonces… es por eso que estás diciendo que Contrapasso puede tener un efecto tan fuerte sobre ti a pesar de ser de bajo nivel…" ¿Significaba eso que un hechizo Luminoso de alto nivel sólo era tan bueno como un hechizo Oscuro de bajo nivel? Pero entonces, un hechizo de Artes Oscuras poderoso… se sintió enferma.
Severus inclinó la cabeza hacia delante, como en un medio asentimiento, su cabello balanceándose a través de una mejilla. "Ésa es una razón por la que la gente se obsesiona con las Artes Oscuras: encuentran demasiado laborioso y tedioso regresar a hechizos Luminosos, que les dan mucho menos por un esfuerzo tan grande en comparación. Las Artes Oscuras incrementan el poder al que tienes acceso cada vez que te esfuerzas. Pero no puedes obtener nada a cambio de nada; eso es cierto por triplicado en la magia. Lo que las Artes Oscuras te otorgan, te lo arrebatan en igual medida."
"El dolor," comprendió ella, recordando cómo todo su cuerpo estaba machacado mientras el mundo daba vueltas. "La reacción."
"Sí." ¿Parecía complacido de que estuviera siguiéndolo? "El dolor que describiste–desorientación, sensibilidad a la luz, equilibrio inestable, y dolores–son efectos secundarios comunes de un hechizo de Artes Oscuras de bajo nivel."
"¿Eso es lo que obtienes por uno pequeño? ¡Me sentía como si un camión me hubiera mandado volando!"
"Y es por eso que la mayoría de la gente no llega lejos en las Artes Oscuras, a pesar de toda su fanfarronería," dijo Severus, como si esto no tuviera importancia en absoluto. "Crucio es como un manotazo en la muñeca comparado con la reacción de un hechizo mediano de Artes Oscuras. Mucha de la magia Oscura empleada en la guerra eran sólo hechizos de bajo nivel. Había muy pocos brujos, incluso entre los Mortífagos, donde la práctica era alentada, incluso desenfrenada, que pudieran pasar de hechizos sencillos."
Por unos breves momentos ella guardó silencio, asimilando esto, preguntándose si de verdad quería preguntar lo que iba a continuación…
"¿Quién podía hacer los más poderosos?" preguntó ella, su voz cayendo callada entre ellos. "¿Malfoy?"
Severus resopló, pareciendo honestamente divertido de un modo despectivo. "Lucius nunca pudo pasar de bajo-mediano. No estoy exagerando sobre el dolor, Lily. ¿Recuerdas cómo estabas cuando despertaste aquí?"
No te sonrojes, no te sonrojes–¿Sev estaba sonrojándose también? Bueno, probablemente había sido bastante embarazoso ser manejado así.
"Me refiero a tus emociones," dijo él, tosiendo una vez.
"Yo–me sentía aterrada," recordó. "Yo–tú eras seguro, sabía que eras… seguro, que me harías sentirme… mejor."
"Eso también es parte de la reacción," dijo él en voz baja. "La emoción y extensión exactas se corresponden con el propósito del hechizo empleado, no con la intención. Contrapasso invocó sentimientos de angustia, miedo intenso… te aterraste. De nuevo, esto no es necesariamente prueba de que el hechizo es Oscuro por naturaleza–o de que opera con principios similares, al menos–pero hace lógico suponer que lo hace."
Lily tragó. Se forzó a centrarse en la conversación, no en lo que podría significar.
"Entonces," dijo ella, su voz temblando un poco en los finales, "la mayoría de la gente no puede lidiar con la reacción, y, ¿es por eso que no progresan?"
"Correcto." Él se estudió una uña–¿no mirándola a ella deliberadamente? "Más que ocasionalmente, la reacción no se sobrevive. Si alguien llega más allá de su potencial de soportar el dolor." Ahora estaba pellizcándose la uña… definitivamente no mirándola.
El estómago de Lily tocó fondo. "¿La gente se mata?"
"No deliberadamente, pero se extralimitan. La magia Oscura casi siempre cambia a aquéllos que la practican. Si una bruja o mago puede progresar hasta los hechizos más poderosos–si puede soportar el dolor–el poder adicional es… más que embriagador."
El tono de voz de Sev–la mirada suave en su rostro–y Lily supo, absolutamente, que Severus era uno de los pocos Mortífagos que habían pasado del poder mediano.
"Soportarías cualquier cosa," dijo él, todavía con esa voz suave, "sólo para seguir obteniendo ese poder."
Lily no podía hablar. Pero entonces la voz de él se volvió más fuerte, como si estuviera emergiendo de esa reminiscencia, de regreso a la realidad, al presente, lo que estuvo bien, antes de que ella decidiera cómo debería sentirse.
"Pero recuerda que no obtienes nada a cambio de nada. Las Artes Oscuras trabajan no sólo sobre tu magia, sino sobre tu mente. Bellatrix es un ejemplo excelente. Podía ejecutar hechizos de un poder extremo, pero se volvió… adicta al dolor. La mayoría de la gente lo hace, a esos niveles; es el único modo de sobrevivir para progresar hasta tan lejos. Pero el dolor y el poder se convierten en uno, y cuando eso ocurre, el conjurador cambia a una persona completamente diferente. Aquéllos como Bellatrix–y el Señor Tenebroso; él está a un nivel por encima incluso del de ella–se vuelven incapaces de identificarse con nada salvo el dolor. Causar dolor a otros, soportarlo ellos mismos, les trae dicha. Tiene un efecto mental beneficioso."
Quizá él pudo interpretar la expresión en su rostro, aunque ella no tenía idea de lo que estaba diciéndole–pero él dijo, con voz dura, "Eso no me ocurrió a mí, y no lo hará."
"¿Por qué?" susurró ella. Su voz estaba temblando mientras pensaba en que a Sev le gustara lastimar a la gente–su Sev– "¿Qué te hace tan especial?"
"La Oclumancia," dijo él simplemente.
"¿Qué?"
"La Oclumancia. Eso y la Legeremancia no son precisamente hechizos; son artes mentales. Requieren la capacidad de manipular tu propia mente y las de otros. Hay un modo de… sólo puedo describirlo como 'empaquetar' una parte de tu mente. ¿Sabes que la exposición prolongada a Cruciatus daña la mente?"
Ella asintió como una tonta. ¿Severus se hacía eso a sí mismo por diversión?
"Como lo hará cualquier forma de tortura–la exposición prolongada a angustia física y mental deforma la mente de una persona. Los… quiebra. Las Artes Oscuras te harán esto eventualmente, a menos que sepas cómo soportar el dolor sin quebrarte. Yo puedo–dividir mi mente, de modo que una parte de mí permanezca… inviolada, mientras la otra soporta el dolor. Sólo Narcissa–la esposa de Lucius–fue capaz de replicar mis métodos."
"¿Qué, le enseñaste?" preguntó Lily, en cierto modo asqueada por la idea.
"Sí." Él se encogió de hombros levemente. "Narcissa estaba muy interesada en las artes mentales. Al igual que el Señor Tenebroso y Bellatrix–pero a ellos no les interesaba lo que llamaban 'trucos.' Pensaban que Narcissa y yo éramos débiles por… bloquear el dolor. Ellos deseaban soportarlo sin barreras… lo veían como una marca de fortaleza. Bueno, acabaron locos, lo que cualquiera podría haberles dicho que sería el caso. Pensaban que estaban por encima de ello…"
Se interrumpió, quizá mirando fijamente estos recuerdos. A Lily le apetecía reír histéricamente de la idea de que Severus llamara a Mortífagos aterradores por sus malditos nombres de pila. No podía hablar. No estaba segura de si esta pequeña lección tranquila era mejor que su gritarse el uno al otro sobre cuán estúpido estaba siendo el otro, o mucho, mucho peor.
"Las Artes Oscuras nunca me cambiarán," dijo él, todavía mirando a la nada, "a menos que desee que lo hagan, y he visto suficiente locura para saber que no es un escape de la realidad, simplemente una transferencia a una diferente. Ni te convertirás en una sádica por un único hechizo de Artes Oscuras, ciertamente no por el que conjuraste. Contrapasso es un hechizo de remordimiento y perdón–si acaso, te sentirás ligeramente más culpable o indulgente durante un tiempo. Quizá un poco de ambos."
Esto sonó desagradablemente a la verdad. Incluso Dumbledore le había dicho llanamente que aprender a perdonar los propios errores de uno era la única ayuda para perdonar a los demás… había empleado el hechizo para enseñarle eso. Y ella se había sentido tan miserablemente culpable, tan enferma de remordimiento, observando a Severus bajo su maldición… que había perdonado a ambos para levantarla, perdonado con todo su corazón…
"No puede haberlo sido," dijo ella embotada, mirando sin ver en dirección a Severus, "¿no puede haber sido oscuro?" Porque, ¿cómo, cómo podía haber sido oscuro? ¿Cómo podía Dumbledore haber creado–cómo podía haberles enseñado un hechizo que…?
Lo utilizaste sobre Avery. Sabías que hería. ¿Cuál es la diferencia entre un hechizo Luminoso que hiere y un hechizo Oscuro que hiere? Sólo el conducto, dice Severus…
"Lily." Sintió a Severus ponerle la mano en el hombro, levemente al principio, y luego agarrando. Su contacto era muy cálido. "Es Oscuro porque te otorga acceso al poder fuera de ti misma, no porque sea malvado, o desee causar dolor. La reacción que sentiste no fue un castigo; fue la naturaleza del equilibrio. La intención y efecto del hechizo, incluso la naturaleza, no cambian porque sea Oscuro."
"Pero entonces, ¿por qué lo llaman Oscuro?" No sabía si quería apartarle la mano o enterrar el rostro en su hombro.
"Porque las Artes Oscuras son extremadamente peligrosas de practicar y típicamente embrujadas para causar dolor. Es otro ouroboros: causan dolor, lo que te lleva a soportarlo, lo que te lleva a preferirlo. Sólo aquéllos a quienes no les afecta el dolor buscarán hechizos que tengan un efecto más positivo."
Él hizo una pausa. "Lo que me lleva a creer que Dumbledore también conocía el truco de dividir la mente. Era consumado en las artes mentales; apostaría a que lo conocía. Y creó este hechizo."
Ella asintió, su rostro en las manos. Comprendía… pero no lo hacía. Porque no tenía sentido. No tenía sentido que Dumbledore hubiera trabajado con magia Oscura, y les hubiera enseñado cómo… eso era parte de lo que estaban combatiendo. La Orden había tratado de defender la justicia… pero si estaban empleando magia Oscura, entonces…
Severus le frotó el hombro, pero tentativamente, como si no estuviera seguro de que debiera.
Ella separó los dedos pero no levantó la mirada. "Crees que estoy exagerando."
Él hizo una pausa. "Según mi estimación," dijo, "Sí. Pero puedo apreciar que es… una adaptación. Sé cómo… odiabas las Artes Oscuras." Ella las temía y las aborrecía. "En muchos sentidos tus–sentimientos están justificados." Pudo oír la aversión en su voz; ¿por qué? "Pero en otros–las Artes Oscuras en sí mismas no son categóricamente malvadas. Simplemente llevan en esa dirección, noventa y ocho caminos de cada cien."
Ella sentía que había noventa y ocho caminos que podría descender en este momento, caminos de cosas que decir. Se rastrilló el cabello de la cara, incorporándose por completo. Él parecía cauteloso, como preparándose para que ella buscara su varita y lo maldijera. ¿Se habría quedado quieto por eso?
No quería volver a hechizarlo jamás en su vida.
"Sev… ¿sabes cómo te curé?"
Él ni siquiera parpadeó. "Asumí que ejecutaste la contra-maldición."
"Lo hice, pero no era lo que pensaba. No era 'Yo perdono'–era el perdón."
Una línea apareció entre las cejas de él. "Me temo que no–"
"Oí todo lo que dijiste–todo lo que hiciste–y te perdoné."
La habitación cayó en silencio como si se hubiera succionado el sonido. Entonces él dijo con voz muy pequeña. "No pudiste haber oído…"
"Oí sobre Dumbledore. Sobre Hogwarts. Sobre personas que murieron." El aliento de él se entrecortó. "Sobre Harry. Y… y la profecía." Todo su cuerpo se retorció. Se había quedado absoluta, mortalmente blanco.
Ella envolvió la mano alrededor de la de él y llevó sus puños sobre su corazón. "Severus, te lo perdoné todo. Te he perdonado. Por todo ello." Incluso las cosas que no me era propio perdonar.
"Tú… ¿qué?" dijo él, parpadeando como sumamente confuso. Estaba mirando fijamente sus manos unidas. ¿Podía sentir el latido de su corazón?
"Todo el tiempo que estuviste maldito, me sentía tan culpable, tan horrible–y entonces estaba escuchándote hablarme de Harry, y la segunda guerra, y comencé a pensar en todo lo que había ocurrido, y–caí en la cuenta. Dumbledore me había dicho… dijo que era más fuerte cuando era conjurado por aquéllos que deseaban perdonar. Y yo sólo–comprendí, y–te perdoné, y… el hechizo se levantó."
Severus parecía casi incrédulo. "Eso parece demasiado simplista para ser verdad."
"Remus una vez me dijo algo." El labio de él se curvó al sonido del nombre y sus ojos miraron con desdén, pero no dijo nada. "Dijo que no perdonas a alguien porque lo merece. Lo perdonas porque lo necesita. O porque tú lo haces."
Severus parpadeó. "Porque lo… necesita. ¿Cómo se supone que haces eso?"
"No lo sé. Simplemente lo hago." Ella sonrió por la mirada de escepticismo profundo hasta los huesos en su rostro. "¿Qué tal si no intentas conjurar Contrapasso próximamente? Creo que tendrías problemas retirándolo."
"Eso imagino," dijo él. "La misericordia y el perdón no están altas en mi lista de virtudes. Por supuesto, es una lista muy corta."
Lily rio. "Sólo hay siete, ¿no? No es una lista muy larga en cualquier caso."
"Bueno todo lo que tengo yo es paciencia." Por un fugaz segundo, pareció embarazado, pero luego lo sofocó. "Así que estamos comenzando el Nuevo Año con perdón, ¿verdad? Ah, pero eso es de pecados pasados. Estoy seguro de que me complaceré en muchos más antes de que termine el año. Quizá incluso la semana."
Lily resopló. "Te quedan algunos por probar, ¿verdad?" Entonces recordó–miró alrededor de la habitación, pero no; su madre no estaba allí. "Severus, ¿tu mamá te habló de–?"
"¿Lucius? Sí." Hábilmente, con el más ligero de los toques a su mano, se retiró de su agarre. ¿Por qué?
Ella buscó pistas en su rostro, pero él parecía tranquilo, impávido… ¿Ocluido? No, había algo alrededor de sus ojos–
"No puedo decirlo por completo por un informe de segunda mano," dijo en una voz que combinaba con su rostro liso, en calma, pero ella no estaba imaginándolo; sus ojos eran duros. "Pero suena prometedor hasta ahora. Estoy suponiendo que está bastante rabioso."
"Sev, por favor, no te tomes esto a la ligera," rogó ella. Por favor, no me dejes fuera, no nos hagas regresar a… antes.
"Lily, no hay dolor que Lucius pueda replicar que se acerque en comparación a la reacción del tipo de hechizo Oscuro que soy capaz de conjurar. Y puedo recordarte," añadió, cuando ella hizo un movimiento convulso, "que fui espía durante varios años. Lucius a esta edad no tiene ni de cerca la inventiva de su yo más viejo, y ninguna ascendencia sobre el Señor Tenebroso. Será desagradable, pero estará… bien."
"Odio la idea de que salgas herido," dijo ella, queriendo llorar, pensando en Severus aprendiendo deliberadamente hechizos que lo pusieran en agonía… no estaba segura de que comprendería eso jamás. No estaba segura de querer hacerlo. Crucio es un manotazo en la muñeca en comparación…
¿Y si las Artes Oscuras no eran nada comparadas con… otras cosas?
Se forzó a dejar de pensar en ello. Secándose las pocas lágrimas que se habían acumulado en sus pestañas, levantó la mirada hacia él. No podía decir lo que estaba pensando mientras la miraba–o mientras dijo: "Todos salen heridos."
Eso era cierto. "Aun así puedo odiarlo."
Algo como una sonrisa tocó la comisura de la boca de él. "Si lo prefieres."
La sonrisa fue casi invisible, pero remachó cierta parte de ella. Tuvo el impulso de tirar de él de vuelta a la cama a su lado, de recapturar ese momento de escuchar su corazón y sentirse segura, tan segura… Dijera lo que dijera Severus, la idea de Lucius hiriéndolo la ponía enferma y temerosa. Las cosas desagradables realmente no dejaban de ser desagradables, sólo porque hubieras vivido peores.
"Bueno," dijo Severus, ahora tranquilo, "creo que recompensaré tu perseverancia diciéndote que tenías razón y el plan fue absolutamente loco."
Lily sintió que su boca caía abierta. Entonces rio; no pudo evitarlo. Le empujó el hombro. "¡Qué! ¡Idiota! ¿Por qué dices eso ahora?"
"Al parecer había olvidado cuán absolutamente incapaz eres de presentar un sencillo engaño. Madre me dijo que los Sanadores estaban listos para arrojarte a merced de la ALM." Su tono era casi ligero, pero eso parecía preocupación en su rostro. Quizá ella sólo tenía la esperanza.
"Oh, a quién le importan," dijo Lily. "Son unos zoquetes." Severus resopló; ella pensó que podría ser la manera en que reía ahora. "El plan consiguió lo que querías, que era a Lucius Malfoy sulfurado, y yo no estoy en manos de la ALM o en el extremo del asunto de una Sonda de Probidad, así que diría, que por condenadamente loco que fuera, también tuvo un poco de éxito."
Ahí estaba de nuevo, esa sonrisa invisible. Entonces se desvaneció. "Si hubiera sabido que el hechizo te heriría," dijo él, sus ojos, su rostro y voz recordándole estanques de montaña, "nunca habría contemplado la idea de utilizarlo."
Ella sintió calor, especialmente en el rostro, pero era el tipo de calor que te hacía sonreír. "Bueno, noticias frescas para ti: si tienes que salir y recibir daño, yo también voy a recibir alguno. No seas sexista–igualdad para todos."
"Confiaba en ti para que convirtieras mi falta de sadismo en una declaración anti-feminista."
"Sólo estoy tratando de preservar el equilibrio social," dijo ella remilgada. "Ooh, déjame contarte cómo funcionaron los señuelos–"
Cuatro años pasados como uña y carne con los Merodeadores le habían otorgado a Lily el talento para contar una historia estúpida, si tenía que decirlo ella misma. Endilgó el papel de su madre de mirar de manera siniestra al guardia ausente, dejando a la Sra. Snape fuera de la cosa por entero, y describió cómo había esperado el momento oportuno para detonar el señuelo; cómo había voleado uno al otro lado de la sala dentro del cubo de vómito cuando estalló el primero y todos se revolvieron gritando lejos de los cohetes centelleantes. Estaba en medio de describir el vómito arco-iris explotando por los aires–Severus tenía una mano sobre el rostro, haciendo ese gracioso ruido de resoplido que sospechaba era su manera de reír ahora–cuando la puerta de la habitación se abrió con un balanceo y entró su madre.
Lily se detuvo en seco. Severus levantó la mirada, y su expresión cambió a una de pura sorpresa.
Detrás de la Sra. Snape estaba la mamá de Lily.
"¿Mamá?" dijo ella, atónita. Si hubiera estado en pie, se habría tambaleado.
"Lily." Mamá estaba pálida. Puso ambas manos en el rostro de Lily, como para asegurarse de que Lily estaba realmente allí, y luego la abrazó estrechamente, los brazos envolviéndose alrededor de sus hombros.
"Estás en muchos problemas," dijo mientras retrocedía para alisar el cabello de Lily apartándoselo del rostro. Había una ligera sonrisa en torno a sus ojos, pero Lily sabía que estaba en problemas.
Su madre miró por encima del hombro de Lily; Severus debía haberse movido para ponerse en pie y llamó su atención. "Sra. Evans," dijo él, ya no actuando como de treinta y siete y dueño de sí mismo, sino en cambio bastante apurado por ser pillado en pijama de hospital, si el modo en que envolvió estrechamente su bata a su alrededor era alguna señal.
"Severus," dijo Mamá, en una voz tranquila que no delataba nada. "¿Tu madre me dice que estabais experimentando con hechizos?"
Les dirigió a ambos una mirada que sugería que sospechaba que ésta era la versión mágica de conducir un coche colocado.
"Es una actividad desaconsejable en que nuestros hijos se complacen con frecuencia," dijo la Sra. Snape desde su rincón, donde los observaba desde su silla como si fueran un programa de televisión medianamente interesante.
"¿Y eso os hospitalizó a los dos?"
El tono de Mamá era ahora más legible, pero no en el buen sentido. Lily tuvo la desagradable sospecha de que su madre le prohibiría ver a Severus durante las vacaciones si pensaba que estaba poniendo en peligro su seguridad.
Ella soltó, "Fue idea mía," en el momento exacto que lo hizo Sev. Lily se giró para dirigirle una severa mirada y lo encontró haciendo lo mismo, sólo que la suya fue mucho mejor.
"Fue idea mía," dijo él ásperamente. "Ni siquiera te molestes en mentir al respecto, eres un desastre en ello."
Lily le gruñó. Todavía no tenía efecto en él, el imbécil estúpido. Entonces tuvo un destello de inspiración. "Vale, no lo haré," dijo, sorprendiéndolo claramente, "si tú no niegas que fue para ayudarnos a evitar a los Mortífagos."
Severus parpadeó.
"¿Los qué?" dijo Mamá, sonando perpleja. La Sra. Snape en su rincón no había dado reacción notable.
"Son una banda," dijo Lily, observando a Sev, "en el colegio." Levantó la barbilla y miró a los tres, incluso a su terrible madre. "Odian a los hijos de Muggles. Les gusta maldecirlos con hechizos horribles por diversión."
En el rincón, la Sra. Snape comenzó a pasar un dedo alrededor de la punta de su varita, pero por lo demás no se movió. Sus ojos no estaban sobre Lily sino sobre su hijo. Pero Severus sólo parpadeaba.
La mano de Mamá se había arrastrado a su pecho, donde descansaba sobre su corazón. Se había puesto blanca. "¿Esto está permitido?"
"No," dijo Severus, "pero tampoco está permitido que los niños Muggles ataquen a sus compañeros estudiantes por ser homosexuales. No es directamente correlativo," añadió, "pero los crímenes de odio florecen por todas partes."
El shock de Mamá vaciló a confusión. "¿Crímenes de odio?"
"No son una banda grande," la tranquilizó Lily. Era cierto en el presente, al menos. "Y tienen cuidado de no hacer nada demasiado malo–todos en el colegio maldicen a todos los demás–es como gastar bromas pesadas, sólo que con magia," explicó ella, tratando de no dejar asomar su propio horror por la brutalidad mágica. "Sev y yo sólo estábamos practicando para defendernos, eso es todo."
Mamá sólo seguía mirándola fijamente. Lily no había esperado esta reacción, esta–confusión atormentada. Miró a Severus en muda apelación, pero para su shock fue su madre quien habló.
"Severus," dijo, "¿esta… banda está asociada con el Movimiento Tradicionalista?"
Él volvió a parpadear. "Sí," dijo, sonando sorprendido.
"Bueno, eso comenzó décadas antes de que nacierais. Son un grupo político conservador," le dijo la Sra. Snape a la mamá de Lily, atrayendo su aturdida atención lejos de su hija. "Creen que ciertas ideas e… individuos de, digamos, culturas separadas… han invadido y eventualmente erosionarán su modo de vida. Imagino que estos… Mortífagos…" Un leve desprecio marcó su rostro. "…son los hijos de padres dentro de ese movimiento. Los escolares no tienen ninguna opinión real de la tradición, ni ningún concepto de amenaza cultural. Esto suena a un atajo de acosadores que regurgitan el dogma de sus padres por conveniencia. ¿Están muchos de ellos en Slytherin?" le preguntó a Severus. Él sólo asintió, un movimiento diminuto. "Entonces sus familias serán profundamente tradicionales. Los niños que acosan a los hijos de Muggles–la mayoría hombres jóvenes, imagino; ése es el tipo de comportamiento a que los hijos de sangre-pura son alentados–imagino que acosarían a sus pares de cualquier modo, sólo que ahora recibirán elogios en casa en lugar de castigos, sus acciones consideradas como apoyo a los valores familiares. Es más beneficioso para ellos estar en esta banda de… Mortífagos que fuera de ella."
Lily parpadeó varias veces, sintiendo que era su turno de estar aturdida. Miró del rostro de su propia mamá, que estaba flojo bien por incredulidad o por confusión, al de Severus. Él no estaba mirando a nadie, y era intensamente ilegible. ¿Qué estaba pensando? A veces deseaba ser Legeremante para poder saber.
"E imagino," continuó la Sra. Snape con voz hundida, ahora observando a su hijo, "que los niños que son educados para cortejar el favor de tales familias también creerían… beneficioso, asociarse con esta banda."
Severus no estaba respirando. Lily quería llorar.
"Bueno," dijo Mamá, su voz temblando un poco mientras inhalaba, "no creo que mi escuela fuera tan complicada jamás."
Eso dispersó la tensión un poco. Severus se recostó en su silla, pero todavía no miró a nadie. Lily se inclinó y le tomó la mano. Todo su cuerpo se crispó. Él miró primero sus manos unidas, luego a su rostro, sus ojos casi vibrando de tan rápido que se movían. Ella le sonrió, una pequeña, pero pretendía cada centímetro de ella.
"Lily, ¿la toman contigo?" preguntó su madre, su frente fruncida de preocupación.
"No mucho, no," dijo ella. "Hay montones de hijos de Muggles, y multitud de otros sangre-pura y mestizos como Sev que no les importa." La mano de Severus convulsionó en la suya, pero no la retiró; al contrario, ahora estaba agarrándola con tanta fuerza, que hacía que el contacto estrujador de su madre pareciera ligero como el aire. "Con algunas personas," continuó, preguntándose si debería decir esto, si debería llegar tan lejos… "la toman por razones ni de cerca tan semi-válidas como impresionar a sus padres."
Severus cerró los ojos por un segundo más que un parpadeo. Su agarre casi cruel todavía no se había ablandado. Con el pulgar, Lily frotó un pequeño círculo en el dorso de su mano.
La mirada evaluadora de Mamá se movió del rostro gacho de Severus a las manos unidas de él y Lily, a los ojos de Lily, y luego brevemente a la Sra. Snape. Quizá Mamá estaba pensando que tenía que ser todo verdad, porque la Sra. Snape, quien al parecer había delatado a Lily y Sev y trajo a la mamá de Lily al maldito hospital, lo sabía todo acerca de la política de este internado mágico, y estaba de acuerdo con los niños que se había dispuesto a castigar.
"No tenía idea de que nada de esto pasara," dijo Mamá finalmente. No parecía gustarle esa idea.
"¿Tú le contabas a tu mamá todo lo que pasaba en el colegio?" dijo Lily, sonriéndole.
"No," dijo Mamá irónicamente. "Eso es lo que me preocupa." Suspiró, pasándose la mano por el rostro. "Lily, si estabas teniendo problemas, desearía que me lo hubieras dicho. No que corrieras a Londres y te mandaras al hospital tratando de protegerte."
Lily se mordió el labio. La expresión en el rostro de la Sra. Snape la hacía querer gruñir, incluso si la comprendía: enormemente escéptica, como si supiera, a diferencia de la mamá de Lily, que no había nada que hacer para una madre Muggle. Era cierto, y quizá eso era lo que Lily más odiaba de todo: el gentil desdén de una madre bruja por una madre Muggle que no podía ayudar a su hija en esto.
"Repito," le dijo Lily a su mamá, volviendo a convocar su sonrisa, fingiendo que la Sra. Snape y su condescendencia sangre-pura no existían, "¿es eso lo que habrías hecho cuando tenías dieciséis?"
"Eso no viene a cuento," dijo Mamá con severidad. "Puedo decirte que mi madre no habría dejado sin castigo lo que has hecho más de lo que yo voy a hacerlo."
"De hecho, creo que las circunstancias pueden ser diferentes," dijo la Sra. Snape. Mamá y Lily se giraron a mirarla, pero Sev no lo hizo. Él estaba mirando fijamente por la ventana. "Según mi comprensión del actual Director, alienta a sus estudiantes a que busquen sus propias soluciones, más que consultar con figuras de autoridad. Por supuesto, esto es en parte una práctica sangre-pura, que los niños… cuiden de sí mismos. Lo llamamos 'autosuficiencia' y creemos que… construye el carácter." El leve desprecio estaba tiñendo su rostro de nuevo. Había comenzado a dar vueltas a su varita entre los dedos de ambas manos.
"Le ruego me disculpe, pero no estoy de acuerdo con esa actitud," dijo Mamá, su boca una línea firme, delgada.
"Mi argumento es, Sra. Evans, que su hija–y mi hijo, y todos los niños de Hogwarts–pasan diez meses al año aprendiendo que sus problemas son solucionados mejor y más fácilmente por sí mismos, o como mucho entre sus pares. En algunas familias, la lección se refuerza continuamente en casa. Y los diecisiete es nuestra edad de mayoría. Severus será adulto legalmente en menos de nueve días. Mientras que todavía es mi responsabilidad hasta ese momento castigarlo por cualquier transgresión que considere digna de tal acción, ya está bien versado en la práctica de corregir sus dificultades por su cuenta."
Mamá parpadeó, pero su voz cuando habló fue perfectamente dueña de sí. "En el mundo Muggle, los niños no alcanzan la mayoría de edad hasta que tienen dieciocho. A mis ojos, Sra. Snape, Lily todavía es una niña."
"Cuando dos culturas separadas se mezclan, la fricción ocurre con frecuencia. Discúlpeme, Sra. Evans; no es mi deseo criticar sus métodos de criar a su hija. Simplemente estoy buscando ofrecer un… punto de vista alternativo." Entonces miró a Severus. "Si estás lo suficientemente bien para viajar, creo que deberíamos regresar a casa."
"Me siento bien," dijo Severus, muy calladamente. Pero recuperó el montón de ropa pulcramente doblada que ella había traído consigo, y se retiró al cuarto de baño adyacente para cambiarse.
Lily lo observó salir, sintiendo un extraño espacio vacío en el pecho, al otro lado de su corazón.
. . . . . . . . .
"¿Qué has hecho para enojar a Lucius Malfoy?"
Severus había estado esperando esto. Ella había estado demasiado distante en el hospital, y de lejos demasiado distante para la mujer que sabía era su madre. Lucius Malfoy envía sus saludos. Quiere que se lo hagas saber cuando te hayas recuperado–y una mirada que conectó con la mente de Severus tan hábilmente, que sólo años de entrenamiento convocaron la respuesta adecuada, cuando su cuerpo y magia y psique estaban tan magullados. Pero había sido difícil; la Oclumancia que debería ser capaz de tejer en su mente con sólo el fantasma de un esfuerzo casi se había alabeado, dejándolo sintiéndose como si sólo hubiera logrado desviar el sondeo de su madre, del modo en que una piedra lanzada justo a través del agua patinará por la superficie.
"Me responderás, Severus," dijo su madre, su voz tan dura y fría como el hielo negro en las calles invernales.
"Se suponía que debía reunirme con él ayer," dijo Severus, con cuidado de no mirarla. "No lo hice."
Su madre dijo el resto por él, todavía con esa voz dura, fría, mordaz. "Acabaste en el hospital en cambio."
"Sí."
Las pausas eran tan frías como su voz. "La chica hija de Muggles dijo que te mandó allí. Que tú le pediste que lo hiciera."
"Lily es una mala mentirosa, Madre."
"Parecía estar diciendo la verdad."
"Eso es lo que quiero decir."
Podía sentir a su madre observándolo, como si la combinación de su mirada, su frustración e ira, empujaran fuera de ella como el peso de un hechizo. "Dijo que estaba intentando salvarte la vida."
Sí, Lily era así de melodramática. La mayoría de Gryffindors lo eran. "Así es como los Gryffindor ven el mundo."
Se percató, entonces, de que la creencia de Lily a ese respecto era el modo en que se había forzado a maldecirlo: la creencia de que lo que estaba haciendo lo salvaría de algo peor.
Lily no comprendía–que esto no se trataba de salvarlo. El hombre que era no podía ser salvado o rescatado. Sólo podía intentar prevenir lo peor, en este punto. Porque si sus años anteriores no había sido lo peor, no quería saber qué podría serlo.
Severus no creía que hubiera ningún punto más allá del cual las cosas no pudieran pasar. No lo dejaría al azar. La única esperanza que tenía era tomar una pequeña medida de control, sólo el suficiente para torcer las circunstancias para darle espacio para escapar cuando lo necesitara. Y siempre lo necesitaría.
Observó el rostro de su madre endurecerse aún más, como si estuviera convirtiéndose de hielo en piedra. "¿Esto trata de esa banda de patio de escuela?"
Serán considerablemente más que eso. Ahora mismo no lo eran. Por el momento eran poco más que acosadores en el gran esquema de la vida, muchachos bordeando la psicopatía criados con una dieta alternando el elogio poco juicioso y la disciplina brutal. Les gustaba torturar a pequeños animales y asustar a las chicas. Pero el presente nunca era estático. A esos chicos se les había alimentado con una chispa de rencor en la infancia; como Contrapasso con el remordimiento, su sadismo adolescente estallaría en llamas, impulsado a un estruendo por los principios dogmáticos de tradición y honor de sus padres, hasta que encontrara hogar en campo del Señor Tenebroso y emergiera como un incendio forestal a campo abierto seco, muerto.
"¿Los Mortífagos?" le dijo a su madre. "Sí."
"¿Te has unido?"
Él sólo sacudió la cabeza.
"Pero pensaban que querías hacerlo. Lucius Malfoy pensaba que querías."
Severus sólo asintió, sin molestarse en hablar.
Su madre apretó la varita contra la mesa, la punta hacia abajo. Rígida. "¿Cuántos de tus compañeros estudiantes eran conscientes de esta ambición?"
"Todos mis amigos en Slytherin."
Severus se forzó a respirar regularmente. No la miró. Con el recuerdo de su dolor en el hospital, no quería Ocluir, especialmente si no la mantendría fuera.
"Madre de Cristo, Severus," dijo su madre, sorprendiéndolo. "¿Te has parado a pensar siquiera cómo esta–transgresión será tratada por tus pares? ¡No puedes haber dejado de notar cómo funciona Slytherin!"
"He renegado de una ambición," dijo Severus, luchando por distancia, pero sin Oclumancia no estaba seguro de cómo lograrlo. "Es una ambición necesaria que codiciar en el clima actual de la Casa. He molestado a Lucius Malfoy, incluso lo he humillado, puede que no sea demasiado decir. Los Malfoy son una familia poderosa… Lucius era un estudiante poderoso. Quizá el más poderoso en el colegio. Su poder persiste."
La expresión de su madre… parecía–angustia.
"Severus, si te has hecho esto a ti mismo por esa chica–"
"Lo he hecho por mí mismo."
Ella no habló al principio. Severus respiró, tratando de encontrar un modo de moderar su tono. Angustia… conocía la angustia; la conocía de mucho tiempo, y la conocía de nuevo–una y otra vez.
"Cuando un Slytherin se da cuenta de que sus ambiciones se han convertido en polvo," dijo él, "las sacude y comienza de nuevo."
"No a costa de su propia vida, Severus."
Oh, no tenía idea.
"No me matarán," dijo él. "Si eso es lo que te preocupa. Simplemente me harán la vida… desagradable."
El truco no sería capear la tormenta. Severus podía sobrevivir a ellos; sabía que podía. Había sobrevivido a cosas mucho peores que la malicia adolescente. Y probablemente, en este aspecto, tendría suerte y todos estarían tan desesperados por obtener la aprobación de Lucius que tropezarían unos con otros tratando de descargar sus propios golpes de venganza. Cada uno querría ser el único que demostrara a Lucius qué excelente material de Mortífago sería, y los Slytherin no eran leales entre sí cuando el precio era el coste de su ambición. Con toda la fuerza de Slytherin descargada contra él–su madre y Lily (y él mismo) podrían tener motivo de ansiedad entonces. Pero Severus podía soportar la malicia dividida de adolescentes peleones. Lo había hecho durante veintisiete años.
No, lo que Severus no quería era atraer atención sobre sí mismo alertando al Señor Tenebroso o a Albus Dumbledore de la extensión de sus capacidades, particularmente en la magia Oscura. Si ya no iba a ser aliado del Señor Tenebroso, la habilidad de Severus podría verse como una amenaza. Y la amenaza que parecería para Dumbledore…
Su madre estaba observándolo con ojos entrecerrados. Entonces dijo bruscamente: "Tienes la opción de retirarte del colegio, te das cuenta. Todos los estudiantes pueden seguir un curso privado de estudio, si en cualquier momento encuentran que Hogwarts no satisface sus… necesidades."
Tales como el deseo de seguir respirando. "Sí," dijo él. No tuvo problema convocando vaguedad esa vez; he aquí la cuestión que había estado fastidiándolo durante algún tiempo: la de regresar al colegio. Regresar a Hogwarts, el viejo Hogwarts, antes de que tantas cosas hubieran ido mal… pero cuando, honestamente, no mucho iba bien, no para él, en cualquier caso: perseguido por los Merodeadores por sus propios motivos; aborrecido por sus profesores y sus pares fuera de Slytherin; tolerado dentro por sus atenciones a las personas adecuadas, parcialmente respetado por la pura maldad de los maleficios que dominaba…
Observar a Lily permanecer al alcance de esa absoluta mierda, James Potter…
Observar por segunda vez cómo se enamoraba y casaba con el hombre que una vez le había dicho que hacía daño a Severus porque existía.
Severus nunca conjuraría Contrapasso sobre Lily, sin importar lo que significara para su supervivencia. La amaba en la desdicha y en la desesperación, la amaba más allá de la vida y la muerte; pero no estaba seguro de poder perdonarle jamás amar a ese hombre. Amar a esos hombres que odiaba tanto que a veces pensaba que los corazones podían romperse tanto por odio como por amor.
Y si no regresaba al colegio, ¿qué entonces? Había dicho adiós a Hogwarts la noche que murió Albus Dumbledore. Desde el momento que los Mortífagos pusieron los pies en el colegio–Mortífagos reales, no sus fantasmas nacientes, adolescentes–había sabido que tendría que decir adiós. Nunca habría otra noche que le perteneciera.
Hogwarts era parte de su corazón, del modo que lo era Lily, incluso Dumbledore. Cuando algo se convertía en parte de tu corazón, una parte de ello siempre permanecía, pero nada se quedaba por entero… y la noche que había matado a Albus, Severus había sentido Hogwarts abandonándolo, al igual que Lily lo había abandonado cuando gritó Sangre-sucia, como Dumbledore se marchó con las palabras Avada Kedavra. Hogwarts lo había abandonado porque había hecho todo lo que prometió.
¿Podría siquiera regresar allí? ¿Quería hacerlo? Si no hubiera pichones de Mortífago, ni malicia, ni Merodeadores–si pudiera atravesar las puertas principales y encontrar a Dumbledore esperándolo, Minerva y Filius y Pomona, los pasillos brillando dorados con la luz del sol, ¿regresaría?
Caminaría a través de la muerte para estar en ese Hogwarts una vez más.
Severus cerró los ojos.
