Capítulo 18

Remus se puso su ropa del colegio con un humor de amarga lamentación. Se repartió a sí mismo una serie de fuertes patadas mentales por su propia estupidez por suponer que todo sería guay una vez recuperara la vista. Snape le había dado vista–y auto-conocimiento–y encima del remordimiento y auto-repulsión que trajo ese auto-conocimiento, un nuevo montón de preocupaciones.

Remus puso su auto-excoriación en espera por un momento para preguntarse por qué demonios ese bastardo bribón Slytherin se había molestado exigiéndole esa promesa en primer lugar. ¿Había sido sólo por una especie de verosimilitud maliciosa? Debía haber pretendido todo el tiempo hacer que expulsaran a los otros; pero quizá había querido que Remus comenzara a sentir la pérdida de su asociación las noches de plenilunio, para prepararlo primero como si sólo se refiriera a él, antes de que Snape añadiera, Oh sí, Y Voy A Hacer Que Los Echen Del Colegio De Cualquier Modo. En lo que concernía a sacar la alfombra de debajo de los pies de Remus y golpearle la cabeza en la mesa de café, fue un golpe maestro.

Con toda justicia, sabía que a pesar de ese movimiento de perra, la valoración de Snape de sus actividades mensuales no era incorrecta. Remus recordó a mamá diciéndole algo una vez sobre la ley Muggle: cómo si mantenías un tigre en tu patio de atrás y alguien se colaba en su jaula y el tigre lo devoraba, eras legalmente culpable. Una especie de negligencia, ¿no? Porque no habías puesto protecciones lo bastante fuertes en tu patio. Porque eras lo bastante lerdo para pensar que podías enjaular a un tigre en primer lugar.

Mientras se ponía un calcetín, Remus sintió una punzada de sorpresa porque Dumbledore no trasladara su escondite después de que se volviera obvio que Snape lo conocía. Le había dado más protecciones… pero nunca habían sido algo que una rata-que-realmente-era-un-mago, llegando a ellas desde la dirección correcta, no pudiera superar… habían sido suficientes para mantener un licántropo dentro y los estudiantes fuera, y los adultos habían asumido que bastarían…

Remus enterró los dedos en el pelo, dejando caer la cabeza y clavando los codos en las rodillas. Su estómago se revolvió.

No estaba seguro de si podría sentirse peor si hubieran pretendido herir a alguien.

Todavía no sabía por qué le importaría a Snape, a menos que esto sólo fuera parte de su venganza. No había sido capaz de contarle a nadie que Remus era un licántropo que casi lo había mordido, no sin hacerse expulsar en el proceso; pero un año después, era capaz de orquestar algo casi tan bueno. Violación del Decreto de Magia en Menores, en el aspecto particular de tres Animagos ilegales, que llevaría a una clara tormenta de mierda… y entonces Remus estaría sin sus mejores amigos, los que lo mantenían cuerdo, no sólo en las noches de luna llena…

Por mucho que Snape clamara que el castigo de Remus no sirviera la cantidad adecuada de satisfacción, seguro que se las había arreglado para vengarse de los cuatro bastante limpiamente. Qué plato fuerte.

Honestamente, Remus no habría pensado que Snape fuera tan ladino. Puede que hubiera sido capaz de planes intrincados, pero sus pasados esquemas de venganza siempre se habían derrumbado en el tercer o cuarto acto cuando su temperamento se apoderaba de él. Pero la sangre fría de este plan resonaba con la voz del control.

Remus no sabía qué hacer. No podía decírselo a nadie sin meterse en problemas horribles. Contárselo a James o Sirius llevaría a que algo repugnante le ocurriera a Snape; contárselo a un maestro sería tan malo como decírselo a las autoridades. Incluso contárselo a Dumbledore probablemente metería a todos en un montón de problemas. Remus no era lo bastante listo para anticiparse a lo que Snape había hecho por su cuenta. Ni siquiera sabía lo que podría ocurrirles a James y Sirius y Peter si…

La biblioteca. Por supuesto. No sabía lo que podía ocurrirles a los Animagos menores de edad, pero podía averiguarlo. Sabía que había un registro de Animagos en la biblioteca, y McGonagall había sido enfática sobre las consiguientes sanciones. Simplemente nunca se habían preocupado por cuáles eran esas sanciones. Porque eran demasiado listos para que los pillaran.

Se detuvo para bañarse en una nueva ola de auto-desprecio, y entonces comprobó su reloj. Veinte minutos para su primera clase. Si corría, podría lograrlo.

Saltó en pie, agarró su mochila, y salió corriendo hacia las puertas. "¡Gracias!" le soltó a Madame Pomfrey mientras pasaba junto a ella, donde estaba rellenando viales de Crece-huesos con un tóxico líquido verde pegajoso. "¡Nos vemos más tarde!"

Se lanzó hacia la biblioteca y carenó doblando la esquina, donde chocó de cabeza con un inocente peatón que, por la sensación de las cosas, había estado recortando a paso enérgico desde la dirección opuesta. Conectaron con el suelo sin elegancia, y su piedra no tuvo dócil compasión. La visión de Remus estaba manchada y era doble; quiso quedarse allí tumbado aturdido por unos momentos, pero le debía a la otra persona más que aferrarse su propia cabeza y gemir. Jadeó, "Lo siento–lo siento–"

"¿Remus?" dijo una desconcertada voz femenina.

Remus volvió a atornillarse los ojos a las cuencas y parpadeó. Lily también estaba parpadeando estrellas, intentando sentarse en el revoltijo enredado de sus túnicas escolares y bolsos. Todavía se veía pálida, como una convaleciente de gripe, pero mucho mejor de lo que había estado la última vez que–bueno–la había visto. Pomfrey había dicho que se había curado, pero aplastó todas las preguntas de Remus con un firme: "No discuto los detalles de la recuperación de mis pacientes con nadie, Sr Lupin. Ahora quédese quieto y déjeme concentrarme."

"Bueno, al menos esto responde mi pregunta de si vuelves a estar levantado," dijo Lily, frotándose la frente. "Lo estabas, al menos."

"¡Lo siento!" Él se desenredó, hizo una mueca, y la ayudó a levantarse, haciendo una mueca mayor. Las muecas de ella eran igualmente expresivas. Vaya manera de ser un bufón, carenando y derribando chicas enfermas. "Iba a la biblioteca."

"No sabía que nadie pudiera echar tanto en falta los libros después de ser incapaz de leer por medio día."

Era un comentario muy propio de Lily, pero la sonrisa acostumbrada que lo acompañó pareció–bueno, "mecánica" habría sido generoso. Su expresión no habría estado fuera de lugar en una galería cubista.

"¿Te hice daño?" preguntó Remus, preocupado. "Quiero decir, obviamente lo hice, pero–¿cuánto?"

"Oh, me han golpeado peor." Ella se frotó la cadera. "Incluso esta mañana. J–" Su expresión hormigueó con una tensión repentina. "Potter pensaba que me haría reír si convertía la escalera de las chicas en un tobogán mientras yo estaba en ella."

Remus suspiró. "Lo siento."

"Oh Remus, no eres responsable de él. Además, en realidad no lo hizo por la risa–en verdad estaba intentando subir a ver si yo estaba bien y lo olvidó."

"Sé amigo de James y Sirius el tiempo suficiente, y cogerás el hábito de disculparte con todos con quienes han hablado," dijo él. "Perdona por hacerte moratones encima de tus moratones."

"Bueno." Su sonrisa fue más pálida, como una sombra en un día nublado, pero más genuina que la interpretación cubista. "Por suerte estamos a la vista de la enfermería. Estoy reteniéndote de tu apasionada reunión con la biblioteca, ¿no?"

Él se encogió de hombros. "Seguirá allí más tarde."

"En realidad no extrañaste tanto los libros, ¿verdad?"

"Tenía deberes para McGonagall," improvisó él. Luego, pensando en el dato de Snape sobre la conjunción cercana de mentiras y verdad, que era bastante condenadamente irónico, considerándolo todo, añadió, "Se suponía que Sirius debía traérmelos, pero él y James estuvieron languideciendo en detención anoche."

Lily no pareció remotamente sorprendida. "Pienso que McGonagall te dará un pase por estar ciego. Especialmente sabiendo cómo son tus colegas."

"No me gusta ponerlo a prueba," dijo Remus. "Si estuviera muerto, quizá."

Obtuvo la sonrisa sombra de nuevo. "Bueno, si quieres, podemos ir juntos después a Transfiguración y seré tu coartada. McGonagall es Jefa de Gryffindor; debería apreciar que seas lo suficientemente galante para no dejarme gimiendo en el suelo por hacer tus deberes a tiempo."

"Muy bien," accedió Remus. "Te tomaré la palabra después. Al menos puedo esconderme detrás de ti si nos dirige el ojo de Gorgona."

La risa de Lily tuvo un sonido agarrotado. "¿A qué precio la galantería Gryffindor?"

"Vale lo suficiente para librarte de esta mota de polvo en tu hombro." Se lo sacudió. Entonces se echaron las mochilas al hombro, hicieron una mueca simultánea por sus músculos estirándose, y se marcharon hacia el corredor de Encantamientos.

"Me alegro de ver que eres capaz de ver de nuevo," dijo Lily. Caminaba con los brazos cruzados y los hombros un poco encorvados, como intentando pasar desapercibida. "Supongo que Madame Pomfrey ejecutó una salvación de última hora."

"No… fue ella, en realidad." Se preguntó si debería decírselo. Quizá ésta era la verdadera razón por la que Snape le había sanado los ojos: para mejorar su posición con Lily. Habría tenido más sentido si lo hubiera hecho hace dos trimestres, cuando ella no le hablaba; a ella ya parecía gustarle él de nuevo. Además, si Snape había resuelto que curar a la gente de magia Oscura era más probable que impresionara a Lily que hechizar a la gente con ella, entonces realmente había recorrido un largo camino, a pesar de los planes de venganza-expulsión.

Lily estaba agitando la mano ante el rostro de Remus. "¿Estás seguro de que estás bien?" preguntó. Se le ocurrió a Remus que parecía casi tan cansada como Snape lo había hecho. No exactamente tan cansada, pero bueno, Remus apostaría a que la mayoría de los cadáveres no parecían tan cansados como Snape. ¿Era eso por lo que parecía tan disgustada y distraída, porque Snape parecía tan cómo-está-este-tipo-todavía-en pie? Quizá temía que hubiera zozobrado y dejado de respirar.

"Estoy bien, de verdad," prometió él. "Fue… fue Snape quien me curó. Mis ojos, quiero decir."

El rostro de Lily estaba tan inexpresivo, que por un momento Remus se preguntó si su maldición se había curado por amnesia. "Severus… te curó."

Remus sólo asintió, tratando de estudiar sus expresiones cambiantes sin parecer demasiado obvio al respecto.

"¿Severus Snape?"

"No conozco que haya ninguna otra persona viva llamada Severus," dijo Remus honestamente.

"Probablemente no, yo sólo–¿cuándo?"

"Esta mañana. Entró a la enfermería temprano, antes del alba. No sé qué había estado haciendo toda la noche, pero parecía medio muerto–¿qué?" preguntó Remus alarmado, porque todo el color del rostro de Lily acababa de desvanecerse como si lo hubieran abofeteado.

La garganta de ella funcionó. "Él me curó," graznó. "Mi maldición. La que me hacía–actuar toda–ya sabes."

"…Jesús." Remus estaba puramente atónito. Incluso podrían habérsele salido los ojos. Ella parecía tan angustiada, que se sintió obligado a decir: "¿Es eso lo que ha ocurrido, entonces? ¿Snape ha pasado a una nueva página como Sanador?"

"¿Qué?" dijo ella, la angustia transfigurándose en desconcierto. "¿'Lo que ha ocurrido'? No comprendo."

"Bueno," dijo Remus, sintiéndose un poco desconcertado él mismo, "ya sabes… contigo siendo amiga suya de nuevo… no estoy preguntando por qué," dijo apresuradamente cuando las cejas de ella se juntaron de golpe. "Me refiero a que no estoy exigiendo saber por qué–tú lo conoces mejor que nadie, imagino, así que si has decidido hacerlo–" Oh, esto estaba yendo tan mal como su tête-à-tête en el despacho de Dumbledore. El rostro de ella estaba comenzando a tensarse. "No es que sea asunto mío si lo has hecho. O no lo has hecho. Yo sólo–la gente no puede evitar tener curiosidad. Ya sabes. Que vuelvas a ser amiga de Snape es como–sería que salieras con James. Digno de publicidad, quiero decir."

A eso, ella se puso la mano sobre los ojos. "Lo es, ¿no?" dijo con una voz amortiguada que él no pudo interpretar. "Sabes…" Dejó caer la mano y dijo entre dientes apretados, "¿Por qué no pueden meterse todos en sus propios malditos asuntos?"

"Sus vidas son aburridas," dijo Remus a modo de disculpa.

Lily gargareó una risa. "Desearía que la mía fuera un poco más aburrida ahora mismo."

Remus asintió en silencio. ¿No había alguna maldición acerca de vivir en tiempos interesantes? Mamá la había mencionado una o dos veces. Los Muggles–especialmente del tipo científico como mamá–todavía pensaban en la magia como algo muy literal, pero Remus se preguntaba… algunas personas que conocía nunca parecían tener un momento en que la vida simplemente los dejara en paz.

"¿Es ahí donde está Snape, entonces?" preguntó él, sesgando los ojos a lo largo de los pómulos para mirarla. "¿Descansando, quiero decir?"

Lily apartó la mirada. "Eso espero," dijo calladamente.

. . . . . . . . .

Cuando Lily y Remus llegaron tarde a Encantamientos, de repente golpeó a Lily lo que estaba haciendo. Estaba entrando en un aula llena de gente que le hacía querer llorar cuando sonreían, y fingiendo aprender–echó un vistazo a la pizarra–Hechizos Silenciadores. Oh hermano.

Quizá Severus tuvo la idea acertada, en su torre. No debería haberle dejado echarla… o quizá, pensó, recordando la mirada en su rostro y sus dientes apretados, había sido sensato hacerlo, si no lo que moralmente debería haber hecho. En lugar de sentarse a través de una sección teórica y práctica sobre Hechizos Silenciadores, quizá debería aparcarse fuera de la puerta de su torre escondida y hacer… algo. Algo para ayudar.

Fuera lo que fuera eso.

No había pensado que estar de vuelta aquí sería tal combinación de nervios destrozados y maldito tedio… y esto era sólo después de una hora de su primera mañana en que la realidad no estaba siendo desvirtuada por una maldición Oscura. Si había pensado que había sido incómodo estar en casa bajo el mando de su madre, o en casa de Severus bajo el de su mamá, entonces esto, con cientos de otras personas haciéndole preguntas que no podía responder, y esperando que actuara de maneras que o bien no podía recordar o no quería hacerlo, era–

"Evans."

James. Otra vez.

Lily cerró los ojos, convocó sus agotadas reservas, y abrió los ojos de nuevo.

"James," dijo, esforzándose por la neutralidad. Su corbata ya estaba descolocada y su camisa sacada, y la primera clase de la mañana ni siquiera había comenzado. No lloraría porque su estúpida corbata estuviera descolocada.

"¿Te sientas con nosotros?" preguntó él, la esperanza evidente en su rostro y voz. A diferencia de Severus, James nunca ocultaba las emociones. Se habría mofado de la idea, creyéndola deshonesta. James nunca había visto la necesidad de ocultar nada. Severus pensaba que ocultar era necesario para sobrevivir.

"¿Evans?" dijo James, comenzando a sonar preocupado.

Lily volvió a cerrar los ojos por un segundo. "Vale, sí. Me sentaré–pero," dijo ásperamente cuando su expresión se remontó con esperanza, "nada sobre Severus. Una palabra sobre Severus, y estoy fuera. ¿Entendido?"

"Vale," dijo James–después de un segundo de pausa, pero seguro. "Lo tienes, Evans."

Lástima que estuviera más seguro que Lily.

Ella se sentó delicadamente en el grupo de escritorios que ellos habían requisado, junto a Remus. Sirius le echó un vistazo y gruñó, entonces volvió a apartar la mirada; Pettigrew… Peter… no parecía saber cómo mirar, y tampoco Lily, a decir verdad.

James se aparcó a su otro lado. No tenía idea de cómo se sentía al respecto, tampoco. Su estómago parecía ser un atajo de nervios, y no enviarían señales interpretables a su cerebro.

A medida que la clase avanzaba, Lily notó que Remus claramente tenía un tumulto propio en la mente. Seguía quedándose en blanco y mirando fijamente la pared, y accidentalmente produciendo penachos de fuego y chorros de vino de su varita, culminando en el aplastamiento del Profesor Flitwick a una media hora de comenzada la lección.

"Una fuerza admirable, Sr Lupin," dijo Flitwick una vez regresó sobre sus pies y se escurrió. "Pero bastante diferente del Encantamiento Silenciador que se supone estamos practicando."

"Lo siento," dijo Remus, poniéndose tan rojo como la nubecita de fuego que eructó de la punta de su varita.

"Sí…" Flitwick se enderezó el sombrero ansiosamente, los ojos sobre la varita de Remus. "Sr Potter, si se empareja con"–Lily se encogió; James se electrizó–"el Sr Lupin." Lily exhaló, la expresión de James se estrelló. "Señorita Evans, si se empareja con la Señorita Meadowes. Recuerden, el encantamiento es Silencio. Una vez más, Sr Lupin…"

Sobre el sonido del tucán de Remus chillando cuando prendió fuego a su cola, Felicity murmuró: "Apuesto a que sé qué ocurrió." Esperó hasta que Lily le echó un vistazo cauteloso antes de continuar con un centelleo satisfecho en los ojos: "Snape te hechizó de modo que tuvieras que follártelo, pero fue tan horrible, que cascó la maldición en el momento que terminó. O quizá durante–"

Una explosión de hechizo estalló directamente detrás de Lily, junto al aroma acre de humo; Flitwick chilló, "¡Sr Potter, vigile lo que está haciendo!" Alguien jaleó, "¡Muy bueno, Potter! ¿Puedes hacerlo en el momento justo? ¡Serías un éxito en las bodas!"

Lo primero es lo primero.

Ella Silenció a Felicity. La otra chica parpadeó, y entonces sus ojos se clavaron en Lily como un par de punzones.

"Lo siento," dijo Lily, fulminándola de vuelta. "Supongo que necesito mejorar mi puntería. Pero–ups, no conozco el contra-hechizo, así que supongo que tendremos que esperar a que Flitwick apague el tucán de Remus y te deshaga."

Lily se dio la vuelta en su asiento para encarar al Profesor Flitwick, que, al igual que James y Remus, estaba cubierto de pies a cabeza en lo que parecía residuo de chimenea. Peter estaba abanicando el aire lleno de hollín con una revista, y Sirius estaba sentado al margen, riendo a carcajadas, con al menos la mitad de la clase respaldándolo.

"¿Profesor Flitwick?" Lily elevó la voz para hacerse oír sobre la pista de risas. "Me temo que no me siento bien."

Flitwick parpadeó hacia ella, los ojos redondos y blancos en su cara llena de hollín.

"Sí se la ve un poco paliducha, Señorita Evans," dijo él. "Vaya con Madame Pomfrey, entonces–¡pero no se sobre-esfuerce!"

Lily cogió sus libros y papeles y los metió en su bolso, echándoselo sobre el hombro y caminando a zancadas hacia la puerta. Dejó a Flitwick diciéndoles a James y Remus, "Un buen Scourgify debería hacer el truco, muchachos–no, pensándolo mejor, es mejor que me dejen hacerlo a mí…"

Medio temía que el mapa de Severus se hubiera borrado por sí mismo, pero sus oscuras líneas todavía resplandecían en el pergamino donde las había dibujado. Pero mientras que el mapa la conduciría de regreso a la torre en desuso, su cartógrafo no la dejaría subir a verlo. Se paró al otro lado de la piedra a través de cual la había llevado y gritó, engatusó, embromó, y amenazó con lanzarse escaleras abajo, sin hacer que disparara de vuelta siquiera un burlón Sí, vale.

Le propinó a la pared una saludable patada, y estaba en pie en una pierna y jurando para aliviar la repentina corriente de sensación, cuando oyó la voz de Severus decir detrás de ella:

"¿Qué te ha hecho el muro?"

Ella se dio la vuelta–todavía sobre una pierna–y dejó caer el pie maltratado mientras se tambaleaba. "¿De dónde vienes?" jadeó.

"Incluso Rapunzel habría tenido un tiempo de perros quedándose encerrada en una torre todo el día. ¿Hay algo que necesites?"

Él se veía, si era posible, aún más desgastado ahora que por la mañana. "Exhausto" habría sido un adjetivo amable, pero "cadavérico" o "macabro" uno más preciso. Su rostro parecía el de un muchacho empujado rudamente sobre el umbral de la hombría, pero algo en torno a sus ojos era mucho más viejo que los treinta y ocho años que el alma había soportado.

Ella sintió una repentina corriente de timidez. "Sólo… quería ver cómo lo llevabas."

"Viviré," dijo él, sonando exhausto y… distante. Todavía enojado, entonces. Ella tragó. Estaba acostumbrada a Severus gritando galimatías y lanzando cosas cuando estaba furioso, no a que la rechazara.

"Mira," dijo ella, agarrando el tirante de su bolso como apoyo, "eso es lo que me temo, que no lo hagas. Severus, se te ve tres veces peor ahora mismo que la última vez que te vi. Si se te ve tres veces peor para el final del día, me temo que habrás zozobrado. ¿Acudirás a Madame Pomfrey?"

"Ella no puede darme nada para esto. Es reacción, Lily." Quizá en respuesta a la expresión en el rostro de ella, él suspiró, la voz mellada, molesta y exasperada. "No pensabas que la ejecución de curas Oscuras tuviera menos impacto que los hechizos Oscuros, ¿verdad? Lo más que ella será capaz de hacer es arrastrarme hasta el despacho del Director para que me interrogue, lo que," dijo él, la voz alterada como golpeada por una repentina ventisca, "es un destino que preferiría evitar. Estoy seguro de que Potter y su manada"–ahora su voz cayó a temperaturas árticas, como agua oscura congelada en profundidades insondables bajo kilómetros de hielo–"ya han formalizado sus sospechas de que fui yo quien te maldijo."

"Yo…" Su cabeza y corazón giraban en direcciones opuestas. Lo horrible era, que podía creer eso. La maldición le había dejado la memoria intacta; podía recordar a James gritando, ¿Qué le has hecho, bastardo? Oh Dios – podría matar a Lucius Malfoy por hacer esto–

"Yo sé que no fuiste tú," dijo ella. "Fue Lucius Malfoy, ¿no? Acudiré a Dumbledore y le diré–"

"No harás tal cosa," dijo Severus, en una voz tan oscura y autoritaria que ella sintió sus cuerdas vocales cerrándose al instante. "Debes evitar interactuar con Dumbledore lo máximo posible. Un tête-à-tête sería desastroso. Ya hemos llamado demasiado la atención sobre nosotros–quizá demasiado incluso para mantener control de daños…

Él se interrumpió y se apretó los ojos con los dedos. Ella vio su mano temblar. La visión fue más conmovedora de lo que habría pensado. ¿Las manos de Sev temblando?

Dios, odiaba la magia Oscura. Pensó que podría odiarla ahora más de lo que jamás lo había hecho antes.

"Tiene que haber algo que pueda hacer por ti," dijo ella impotente. Sus palmas estaban sudando. Quería tocarlo, tranquilizarlo; tranquilizarse. Quería sentir su corazón latiendo, la sangre moviéndose bajo su piel; parecía tan frío, no sólo en temperatura, sino de corazón… "Algo que pueda traerte."

Él respiró por unos momentos. ¿Era por el dolor, o por resistir el impulso de estrangularla? "No a menos que tengas una sala de vapor."

Ella parpadeó. "¿S… sala de vapor? ¿Qué, como una sauna?"

"Ha ayudado en el pasado. No me preguntes por qué. Pensaba que el frío podría ser una razonable… pero no ha estado funcionando."

"¿Has comido en absoluto?"

Él se encogió de hombros, lo que significaba que no lo había hecho. Siempre había sido rarito con la comida. Recordaba que no comería cuando se acercaba la época de exámenes, porque decía que la digestión le hacía sentirse aletargado; que ayunar lo agudizaba. ¿No hacían eso los mojes budistas? ¿Una especie de cosa trascendental?

"Vale." Ella le tendió la mano. "Vamos."

Él ni siquiera miró su mano, mucho menos la tomó. Su expresión, apretada a través del dolor, era desgastada e irritada. "¿Dónde demonios vas a encontrar una sala de vapor? No puedes dejarme entrar al baño de chicas Gryffindor–"

"Me doy cuenta de que estás realmente enfermo porque no lo has pillado todavía." Dio un golpecito en la insignia roja y oro prendida en el frente de su túnica. "Vamos al Baño de Prefectos."

. . . . . . . . .

Cuando Sev dijo "baño de vapor," no estaba siendo hiperbólico. Llenó de niebla todo el baño, y poseía fácilmente la superficie de su casa entera en Cokeworth, arriba y abajo. La piel de Lily estaba toda húmeda; su cabello estaba rizándose locamente en las puntas, y sentía el aire espeso en la nariz y garganta. Él se había encerrado en uno de los cubículos de ducha, dejándola sentada sobre una toalla junto a la pared, despojada de zapatos y calcetines, desvestida de su túnica exterior, las mangas de su blusa remangadas y la corbata aflojada.

"Esto es una sauna," gritó ella. Su voz se hundió en las nubes blanco-grisáceas y se reflejó en las paredes.

"No necesitas quedarte aquí si estás incómoda," dijo él, en un tono que se traducía a 'Si vas a quejarte, vete a tomar por culo y déjame en paz.'

"Sí, lo hago. ¿Y si entra alguien? Tendré menos problemas por saltarme clases por una sauna en el Baño de Prefectos que tú."

"Aun así tendrás problemas."

"He sobrevivido cosas peores," dijo ella, no del todo bromeando.

Sev no respondió. Lily apoyó la cabeza contra el frío azulejo de la pared y cerró los ojos. Quería hacerle un millón de preguntas–como cuál fue su motivo para curar a Remus, y si ese hechizo sanador le había hecho sentirse peor, y cuánto tiempo pensaba que duraría esta doble reacción. Recordaba cómo se había sentido tras levantar Contrapasso… confusa, desorientada, medio ciega, todo el equilibrio mandado al infierno y dolor precipitándose por todo su cuerpo… y eso había sido de bajo nivel

Y… un recuerdo se infiltró en su mente, agitando burbujas de ansiedad… ¿qué era lo que Sev había dicho sobre los sentimientos que había invocado Contrapasso? (¿O fue sanar Contrapasso a lo que se había referido?) Había dicho que Contrapasso agravaba el remordimiento y causaba sentimientos de temor intenso en sus víctimas, e implicó que el conjurador sentía un eco de eso… pero, ¿sentías algún tipo de eco por sanar a una persona maldecida con magia Oscura?

Quería…

En algún lugar fuera de la niebla, la pintura sobre la puerta se abrió raspando.

Los ojos de Lily se abrieron de golpe. "¡Sev!" susurró, preguntándose cuánto sería capaz de ver alguien en la puerta. Su mano tanteó los azulejos de la pared, la condensación volviendo su mano resbaladiza. "Viene alguien–"

"¿Qué crees que es esta mierda?" siseó una voz muy familiar desde la entrada, la peor voz posible que podría haber oído en esta situación. El corazón le saltó a la garganta, esperando la respuesta, porque nunca oías al uno sin el otro–

"¡Snape!" llamó James a través del vapor; y ahora Lily pudo ver sus formas más oscuras emborronadas contra la bruma. Se revolvió en pie, sacando a tientas la varita del bolsillo, a su mano resbaladiza de condensación. "¡Sabemos que estás aquí!"

La voz de Severus sonó fuera del cubículo de ducha detrás de Lily sin rastro de agotamiento. "Eso debe significar que habéis desarrollado poderes considerables de alfabetización," dijo. "Seguisteis vuestro pequeño mapa hasta aquí, ¿verdad?"

El corazón de Lily estaba batiendo como una manada de caballos a través de una planicie abierta. Oh Dios, alguien iba a llevarse una maldición. Sabía que los cinco se habían hechizado estúpidos entre sí durante seis años enteros, pero sólo unos pocos ejemplos destacaban en su memoria–Severus siendo colgado cabeza abajo después de los TIMOs, él arrancándole la nariz a James con un hechizo en séptimo año– Quizá si ella pudiera lanzar un Stupefy a James y Sirius primero, nadie acabaría con huesos rotos o sangre–

Algo que había dicho la Sra Snape en San Mungo atravesó su cabeza. A los estudiantes se les enseña a resolver sus propios problemas

Lily convocó el recuerdo de mamá diciendo, "Oh, sí, dieciséis y dieciocho, muy maduras," y besando a Petunia en la mejilla con ojos empañados, las luces de colores de su árbol tiñendo el halo despeinado de su cabello.

¡Expecto Patronum! pensó con fiereza, y envió la cierva lanzada a través de la pared más lejana, hacia el despacho de la Profesora McGonagall, su plata blanquiazul, como una estrella fugaz, titilando en el vapor y la niebla.

La cortina de la ducha cortó a un lado y apareció Severus, completamente vestido, el rostro de un blanco puro y los ojos reluciendo. Ella tragó. Surgió en ella un poderoso impulso de rogar Por favor, no los mates

Agarró toda la indignación que sentía en alguna parte, en lo más profundo, y la empujó en su voz. "¡Si estáis aquí para actuar como idiotas," dijo en voz alta, "podéis iros a tomar por culo ahora mismo!"

"¡Evans!" James se lanzó a través de la bruma, deteniéndose a unos pasos de ella, su cara–bueno, algo así como indescifrable, ya que estaba medio cubierta por las gafas y estaban completamente cubiertas de vapor. Levantó la mano para desempañarlas con un dedo por el interior de la lente. "Hemos venido a salvarte–¿qué pasa con este maldito vapor?"

"¿Habéis venido a salvarme del vapor?" preguntó Lily. "Gracias, pero lo tenía controlado."

"¡No!" James se limpió la otra lente. "Desde–¿dónde está Snape? Creí verlo ahí mismo–"

Lily parpadeó y echó un vistazo al cubículo de ducha. Estaba vacío. Y tampoco veía a Sirius…

El corazón temblando en la garganta, dijo, "James, ¿por qué necesitaría que me salvarais de Severus en el maldito Baño de Prefectos? ¡Yo lo traje aquí!"

"¿Por qué querría venir él aquí en primer lugar?" exigió James. "No es que tome jamás un maldito baño–"

"¿Ésa es mi indicación para maldecirte?" preguntó Severus, su voz pareciendo llegar de cuatro o cinco direcciones a la vez. Los órganos de Lily trataron de saltar fuera de sus lugares correctos. "Infantil, pero sí tienes la sofisticación emocional de un niño de cinco años con conmoción cerebral–"

"Ríete, Snape," retrucó James, la confianza radiando de cada poro. "Estamos encima de ti. Sabemos lo que está pasando."

"Si alguna vez demuestras ser capaz de las funciones cognitivas más simples, Potter, casi dormiría mejor por la noche."

Un pedazo de papel salió lanzado del bolsillo de James, remontándose hacia su derecha, la izquierda de Lily, como convocado. James pivotó, disparando un chorro de luz roja tras él y manchando la visión de Lily; y entonces desde la derecha de ella, ahora detrás de James, un Hechizo Aturdidor lo alcanzó en la espalda y lo estrelló contra los azulejos, la varita cayendo de su mano con un traqueteo. Ella comenzó a avanzar, para comprobar que no se hubiera golpeado nada, cuando un disparo de hechizo rojinegro se lanzó a través de la niebla desde su izquierda, casi alcanzándola en la cabeza; se agachó, resbaló en el suelo mojado, y lanzó un Protego al azar, pero falló; hubo un destello actínico, un ruido sordo amortiguado profundo en el vapor, no pudo ver en qué dirección–

Y entonces terminó, justo así.

"¿Severus?" llamó. Hizo rodar a James sobre su espalda–se había roto las gafas, pero por lo demás parecía estar bien; su pulso era firme. ¿Y dónde había Sirius…?

Severus no había respondido. Ella levantó la mirada, retorciendo la cabeza primero hacia la izquierda, y luego a la derecha–y dio un brinco. Él se había materializado del vapor, silencioso como la bruma, su expresión de frío desprecio.

Había sangre corriendo por su rostro, de un corte bajo su cabello.

Ella jadeó y saltó, casi resbalando de nuevo contra los azulejos mojados.

"¡Estás sangrando!" dijo inquieta.

"Las heridas en la cabeza siempre parecen peores de lo que son. ¿No deberías saber eso?"

Ella sacó a tientas su pañuelo del bolsillo y frotó suavemente la sangre. "Esto necesita desinfectante. Supongo que deberás acudir a Madame Pomfrey después de todo."

Severus parecía molesto. "Subestimé a Black. Bastante estúpido por mi parte."

Ella era muy consciente del bulto de James a sus pies. El carmesí mojado, llamativo, de la sangre parecía aún más alarmante contra la palidez del rostro de Severus.

"Pensaba que lo habías convocado. El mapa, quiero decir."

"Eso es lo que quería que creyeran," dijo él con desprecio. "De hecho, lo mandé lejos."

Ella arrugó el pañuelo cuando recordó su cierva. "¡Oh no!" estalló. "Envié mi Patronus a la Profesora McGonagall–en caso de que ellos–"

"Entonces debería marcharme," dijo Severus, y se giró para irse sin ninguna calidez, ni siquiera una mirada atrás–

No era momento de pensar en eso. A pesar de que, desde que le quitara la maldición, estaba actuando como si la odiara–

¿Qué significa 'No es momento de pensar en eso', cerebro? Se revolvió por su bolso y las prendas de ropa que se había quitado. "Vete," jadeó, "tengo toda esta mierda–si le explico que fui yo, estará bien–"

"Crees que puedes hacer eso, ¿verdad?" dijo él su labio rizándose. "¿Tú, la peor mentirosa de toda Escocia?"

Su rostro ardía. "Bueno, ella tendrá más simpatía por–"

El retrato se abrió con un traqueteo. "¿Qué narices?" dijo la voz de McGonagall, sacudiendo el corazón de Lily a una parada. "Evanesco."

El vapor se disipó como volado por un sol del desierto. Lily estaba impresionada–pero cuando dejó a McGonagall mirando fijamente a Lily intentando volver a abotonarse la camisa, a Severus sangrando por el lado de la cara, y los bultos inconscientes de Sirius y James en el suelo, deseó que McGonagall fuera un poco menos eficiente con hechizos desvanecedores.

"¿Qué?" McGonagall miraba fijamente. "Señorita Evans, Sr Snape, ¿qué es esto?"

"Puedo explicarlo," soltó Lily. A su lado, Severus suspiró.

"¡Creo que es mejor que lo haga, Señorita Evans! Para empezar, estaba bajo la impresión que todos los estudiantes deberían estar en clase a esta hora, no enfrentándose en duelos en medio de nubes de vapor en el Baño de Prefectos–que está fuera de límite para tres de los estudiantes presentes, podría añadir."

Su expresión no era del todo amenazante, pero tampoco ni de cerca alentadora. La mente de Lily, que necesitaba un útil paquete de mentiras para explicar este fárrago, se quedó en blanco. Pero su auto-conservación, quizá esperando estar a la altura de su nombre por una vez, se hizo cargo y metió en el espacio vacío la única cosa que pudo:

"¡Severus está sangrando!" jadeó.

McGonagall se había acercado para chequear primero a James, que estaba más cerca, y luego a Sirius, pero ante estas noticias, se enderezó y lanzó una rápida mirada a Sev. Entonces parpadeó–quizá porque Snape se veía como si hubiera soportado mucho más que un corte en la sien. Como una avalancha en los Alpes Suizos, para empezar.

"Graciosa Rowena." Miró fijamente. "Informe directamente a Madame Pomfrey, Sr Snape. Si ha estado sufriendo el mismo padecimiento que la Señorita Evans, debería haberla visto antes."

Lily parpadeó. ¿El mismo padecimiento que–su maldición? El alivio la cubrió. Si podían mantener a los maestros creyendo eso, entonces quizá podría haber menos explicaciones de magia Oscura–

"Señorita Evans, acompañe al Sr Snape a la enfermería," dijo McGonagall, su tono, postura y expresión claramente sellados con sentimiento no-consentiré-discusiones-de-ustedes-dos. "Yo me haré cargo del Sr Black y el Sr Potter."

Severus salió a zancadas del baño sin una palabra. Lily le soltó un "Gracias-perdone," a McGonagall y se lanzó tras él.

"Estás yendo a la enfermería, ¿no?" preguntó ella en cuanto lo alcanzó. Pero entonces tuvo que seguir corriendo, porque, ¿cuándo demonios había aprendido a caminar tan rápido? Ni siquiera era tan alto.

"¿No sabes curar cortes pequeños?" dijo Severus sin mirar alrededor. "Yo puedo, al menos, si tú nunca aprendiste."

"No, lo hice, pero–¿no necesitas desinfectante?"

"Siendo una herida de hechizo, es improbable que tenga alguna infección bacteriana."

"Pero–"

Él la cortó sin piedad. "Pomfrey hará preguntas."

"¿Y cuántas preguntas crees que harán si no apareces en la enfermería en absoluto? ¿Y si McGonagall pregunta–?"

"Dudo que a McGonagall le importe lo suficiente para hacer tal cosa," dijo él con frialdad por encima del hombro, todavía comiéndose el corredor a largas zancadas.

"Pero–"

"Y me disculparás, espero, por no desear ponerme en la tediosa posición de soportar más payasadas asnales de Potter y Black."

Su estómago se retorció. "Pero si usaran el mapa para encontrarte justo ahora, ¿no pueden encontrarte en esa torre?"

De repente su voz se vio infundida de veneno. "Me he hecho cargo de él."

"Sev–" Ella lo agarró del brazo y trató de tirar de él para detenerlo; su impulso la hizo patinar hacia delante unos pasos, pero luego sí se detuvo. Cuando la miró, sin embargo, su expresión era insondable, fría y distante, como aguas árticas vistas desde satélites espaciales.

"Lo odio," dijo ella, el corazón palpitándole en los oídos. "Sabes eso, ¿verdad?"

Por un largo momento, él no respondió. Sólo la miró, y ella se sintió muy pequeña.

"No lo sabía," dio él con frialdad. "Pero supongo que puedo tomarlo como un regalo."

Entonces se desprendió de su mano y se marchó sin una mirada atrás, dejándola demasiado insegura para seguirlo.

. . . . . . . . .

Remus estaba todo agitado.

Por supuesto, "todo agitado" lo hacía sonar gracioso. No encontraba graciosa ninguna parte de esto. De hecho, preferiría llamarlo "angustioso" o "conmovedor."

Recordó que su padre le había preguntado una vez, durante una época de prueba mental severa, por qué parecía un pato moribundo en una tormenta. Remus no estaba seguro de qué apariencia tomaban los patos moribundos, en el grueso de una tormenta o en cualquier otra parte, pero mientras se miraba en el espejo del lavabo entre clases, pensó que podría haber entrado en una reunión de los pobres tipos sin que hubiera preguntas.

Su imitación de pato moribundo era parcialmente culpa del libro que acababa de sacar del polvoriento estante de la biblioteca, aglutinando el aire con conejitos de polvo y haciéndole toser: Animagos a Través de los Tiempos. He aquí un texto angustioso si jamás hubo uno. Bajo el capítulo Sanciones, Castigos y Daños Punitivos, Remus gemía al leer lo siguiente:

"La Transformación de Animago es peligrosa a muchos niveles. Cualquier Mago o Bruja buscando asumir la forma de un Animal debe presentar primero una Solicitud a los Cuerpos de Gobierno, con el fin de comenzar con el Entrenamiento; y cada etapa de Estudio debe ser monitorizada en consecuencia por un Animago Mentor, habiendo logrado la Transformación Final, por un período de al menos Siete Años previamente. Cualquier Mago o Bruja, que eluda estas Restricciones, o que asista a otro Mago o Bruja a eludirlas, está sujeto a Castigo, a la máxima extensión de la Ley. Cualquier falta al Registrar la forma Animal, con el Gobierno apropiado, está sujeta a Castigo, a la máxima extensión de la Ley."

(En este punto había una nota al pie señalando que la quilla, el método en uso en 1653, cuando el libro fue escrito, ya era un medio legal de castigo. Por favor, refiérase a estatutos más recientes, ya que las leyes están sujetas a cambios.)

Pero Remus había pillado la esencia. James, Sirius y Peter no estaban violando una única ley–p.e. no registrar sus formas–también estaban violando el registro de su intención de estudiar; de hacer la transformación por su cuenta; y de ayudar a otros–probablemente no sólo en las transformaciones, sino a violar la ley en general.

Con una sensación de fatalismo, se preguntó si Snape había leído este libro. Probablemente. Remus incluso apostaría su sombrero a que había citado este pasaje en su notificación "anónima."

Tenía en la punta de la lengua decirle al libro lo que pensaba de su moral, su carácter, y su ortografía, cuando de repente fue consciente de que había otros al otro lado de la estantería. Embarazoso ser pillado hablando contigo mismo, incluso si el oyente no podía verte.

Pero, siendo la reacción natural a la repentina presencia de una voz incorpórea, escucharla, Remus contuvo el aliento y afinó los oídos:

"…no puedes encontrar dónde está el maldito amante de Sangre-sucias cuando no está en clase."

Espera. Remus reconocía esa voz… ¿Avery? ¿Qué estaba haciendo en una biblioteca? El único a quien veías rutinariamente junto a la biblioteca era a Mulciber, y eso era para poder acechar a las chicas en las estanterías. Los Slytherin de clase alta hacían que compañeros de casa inferiores hicieran sus deberes por ellos. Remus siempre había imaginado que este trabajo recaía en Snape. Siempre lo veías garabateando algo, en cualquier caso.

Ya no tanto… ahora sólo lo veías caminando por ahí pareciendo un cadáver animado andrajoso.

"Difícilmente puedes encontrarlo en clase, por esa cuestión," dijo podría-ser-Wilkes.

"Necesitamos sacarlo de su escondite," dijo suavemente ahora-fue-Mulciber.

"Bueno, tenemos una manera fácil de hacer eso, ¿no, caballeros?" dijo sonaba-a-Rosier, con voz tranquila, uniforme.

"¿La tenemos?" preguntó Avery.

"Sí, perra espesa," dijo Rosier. "Usa tu podrida cabeza por una vez."

"No creo que eso le haga ningún bien," rio Wilkes. "Una pérdida de tiempo, si me preguntas."

"Evans," dijo Mulciber, aún más suavemente. Remus casi dejó caer su libro.

"Gracias, Mulciber. Evans, Avery."

"¿Qué hay de ella?" preguntó Avery.

"El culo peludo de Merlín, Avery," dijo Rosier. "Se llama cebo. Llevamos a Evans donde la queramos, y tendremos a Snape donde lo queramos."

"Ah," dijo Avery, "ahora lo pillo."

"Sí, después de tenerlo explicado paso a paso, con dibujos de colores."

"Pero, ¿no podríamos simplemente seguir a la estúpida Sangre-sucia hasta él?" preguntó Avery. "Ella siempre está rondándolo, desde que volvimos."

"No es mala idea, Ave," dijo Rosier, como alguien levemente sorprendido de oír a su perro sentarse derecho y comenzar a recitar poemas épicos. "Pero podríamos seguirla todo el día sin encontrarlo. Mejor arrinconarla."

"Más divertido, también," dijo Mulciber suavemente.

"Correcto, Mulce," dijo Rosier perezoso. "Más divertido, también."

Ahora, pensó Remus, era cuando necesitabas dos mejores amigos de gatillo fácil con quienes poder contar para saltar a la oportunidad de maldecir a un atajo de Slytherins a gelatina. Éste era también, por supuesto, el momento en que estabas todo solo en la biblioteca. Sirius le decía a Remus que él era el inteligente, pero lo que realmente quería decir era que Remus era el único que no se estremecía al ver un libro más grueso que cinco páginas. Sirius y James eran los de todas las ideas brillantes. También eran los que simplemente empujarían la estantería sobre los bastardos y luego reirían y se chocarían la mano.

Remus escuchó a los cuatro Slytherin marcharse arrastrando los pies. Por supuesto que no hablarían de lo que pretendían hacer con Lily, o dónde iban a hacerlo, o de nada realmente útil. Remus no podía convertirse en rata para seguirlos con la máxima discreción, y Snape había robado su mapa. En el lado positivo, esto significaba que si pasaba la mitad del tiempo estudiándolo, buscando a Lily, que pasaba James buscando a Snape, debería pillar a los arrastrados cerrándose en su posición… pero esos arrastrados nunca habían jugado preliminares inofensivos de gato y ratón.

Pasara lo que pasara con este nuevo Snape, se había metido en el lado malo de cuatro chicos que habían hablado abiertamente durante años de la gran oportunidad de carrera que eran los Mortífagos…

Remus metió el libro de Animagos en el estante y salió tras ellos.