Capítulo 19

El almuerzo fue tan desastroso como lo había sido el resto de la mañana–como lo había sido el resto de todo el tiempo de Lily, desde que su antigua vida se había desvanecido en el éter de Avada Kedavra–y ni siquiera se había quedado hasta el final de la comida.

De hecho, no se había quedado seis minutos enteros. Tras entrar al Gran Comedor y pasar los ojos sobre el agitado mar de gente estridente que haría tantas preguntas que no podría responder, había apilado unas lonchas de beicon sobre rebanadas de pan con mantequilla y lo había envuelto en una servilleta, con la intención de imitar a Severus y ocultarse de todos.

Excepto que había cometido el error de cernerse junto al plato de beicon al extremo de la mesa sin fijarse en quiénes estaban sentadas allí.

"¿Lily?"

Sus ojos saltaron al rostro preocupado de Cordelia. Al menos Cordelia no era agresiva o sarcástica, como Mary y Felicity–que de hecho estaban sentadas una a la izquierda de Lily, y una a la derecha. Genial.

"¿Estás poniéndote enferma otra vez?" preguntó Cordelia.

"No," dijo Lily, intentando sonreír. "Sólo estoy–cansada, eso es todo."

"Deberías sentarte y comer con nosotras," animó Cordelia. "Eso no puede ser todo lo que comas para almorzar, ese pequeño sándwich de beicon–"

"¿Perdiste el apetito por tu perro movimiento con el hechizo Silenciador?" preguntó Felicity abiertamente. Cordelia chilló.

"¡Felicity! ¡Ese lenguaje!"

"¿Por qué debería haberlo hecho?" retrucó Lily. "Puedo decir por esa pierna de jamón en tu plato que tú no perdiste el tuyo por tu pregunta perra que lo precedió."

Lily! ¡Ese lenguaje!"

"Es ese Snape," interrumpió Mary a la izquierda de Lily, la voz dura. "Lily, ¿por qué vuelves a andar con él? Pensábamos que por fin te habías dado por vencida con ese arrastrado."

"Disculpadme," dijo Lily con voz muy controlada. "Aprecio que todas os preocupéis por mí, de verdad, lo hago. Pero en lo que concierne al tema de Severus, podéis iros a la mierda."

Ahora aquí estaba, toda sola en los anchos terrenos abiertos que se habían helado por la noche con la espesa nieve que había caído. Sí tenía un excelente historial reciente de hacer que todos sus amigos la despreciaran. Sabía que no debería haber perdido los estribos con las chicas–la última vez que la habían visto, ella había sido una persona diferente–pero sería más fácil mantener la calma si dejaran de ser tan imbéciles.

Y estoy segura de que tú nunca alimentaste sus prejuicios de ningún modo, con nada que dijeras jamás sobre él

La voz de su dementor interno gimió a través de su cabeza como una ráfaga de viento invernal. Hizo una mueca, pero el argumento que podría haber elevado una vez ni siquiera se molestó en registrarse. Lo que Severus había hecho recientemente pesaba más ahora que lo que había hecho hace mucho tiempo. Eso era natural, ¿no? El modo en que eventualmente había visto más allá de las bromas de hechizos de gatillo fácil de James al hombre debajo, que era tan leal a sus amigos y valiente y determinado…

Desafortunadamente, ahora mismo esa determinación estaba centrada en picar a Severus. Porque James seguía fijado donde Lily había estado, a esta edad, en 1977 la primera vez: creyendo que Severus encarnaba lo que era tan retorcido de la Casa Slytherin, y que Slytherin encarnaba lo que era tan retorcido en el mundo Mágico… que si simplemente pudieras enderezar a esos Mortífagos en sus colores Slytherin, el mundo volvería a estar bien…

Estúpido, estúpido…

Las personas podían cambiar. Las personas cambiaban. ¿No era por lo que una vez había estado tan furiosa, con Severus? ¿El hecho de que hubiera cambiado de ese muchacho creativo, tan seguro de su destino, al joven que había empleado su creatividad para dominar hechizos Oscuros para herir a la gente? Y ahora Severus había cambiado de nuevo… bueno, al parecer había estado cambiando durante largo tiempo. No creía haber conocido jamás a alguien que hubiera cambiado tanto. Pero era lógico: había tenido toda una vida para cambiar, y ella estaba viendo el resultado de veintidós años de progreso. Nunca había visto veintidós años de nada antes. Y Severus… parecía haber vivido y experimentado cosas que algunas personas que le triplicaban la edad no habían hecho. Incluso conociendo al muchacho y al joven, ninguno de los cuales se había parecido jamás a nadie más, este Severus adulto era tan diferente que a veces se sentía abrumada, como si hubiera caído en la playa cuando una gran ola la cubriera, encontrándose bajo el agua por primera vez y siendo arrastrada por la marea.

El viento apuñalaba la ladera de la colina, clavando las garras en su cabello y zambulléndose dentro de su capa. Se estremeció y metió los brazos más estrechamente contra sí misma. Honestamente, imagen magullada de sí misma aparte, salir a dar un paseo durante enero en Escocia era casi tan brillante como… bueno, como nunca había visto, últimamente. El viento era tan fuerte que estaba aullando.

Excepto–que eso no era el viento–

Una enorme sombra oscura obstruyó su visión periférica. Tenía la varita en la mano, pero su Stupefy salió volando amplio cuando la forma oscura la voleó en la nieve. Una lengua mojada, babosa, comenzó a babear su cuello y orejas y el ofensivo olor a alfombra mojada de sabueso empapado asaltó sus fosas nasales–

"¡Bacon!" gritó ella, intentando quitarse el perro de encima, sintiendo un tipo impotente de risa histérica apretándole los pulmones. O quizá sólo eran quince stones de sabueso demasiado entusiasta.

Una voz flotó sobre el viento: "¡Fuera, perro con cerebro de beicon!"

La presión desapareció de repente de su pecho, junto a la visión llena de pelaje oscuro y la lengua babeante. "Perdone, señorita," dijo Hagrid, metiendo su perro tras sus piernas. "No se me ocurre qué le entró, al maldito animal."

Levantó a Lily de la nieve y la puso en pie. Habiéndola tirado Bacon fuera del camino, la nieve la sumió en helado entumecimiento hasta los muslos.

"Gracias, Hagrid," dijo Lily, sintiéndose como si le hubieran arrancado la cabeza y puesto del revés. Golpeó el talón de la mano contra la sien, tratando de sacudirse la nieve del cabello y oídos.

"Disculpe a Bacon, señorita," dijo Hagrid. "Amistosos como son, sólo un poco– ¡HEY! Vuelve, loco–"

"No, no, es culpa mía." Lily pescó en el bolsillo los restos de su almuerzo. Todavía le quedaba un sándwich entero. Desenvolviéndolo de su servilleta manchada de grasa, lo arrojó por el aire hacia Bacon, que estaba tirando de la mano de Hagrid, gimoteando y pateando la nieve. Saltó sobre las patas traseras y enganchó el sándwich en el aire de un bocado.

"Ahh, eso lo explica," dijo Hagrid. "Maldito perro loco por el beicon, señorita. Siempre lo ha estado."

Lo sé, quiso decir Lily, sonriendo, pero en aquel momento suponía que no lo había sabido. Todos en Hogwarts habían sabido de Hagrid, pero ella nunca había hablado con él realmente hasta que se unió a la Orden. La mayoría de los estudiantes se reían de él.

La nieve colgaba en gotitas heladas del cabello oscuro de Hagrid, y su nariz y mejillas estaban agrietadas. Tenía su ballesta en la mano, y atado a la espalda había algo que parecía un hacha de dos cabezas. Lily parpadeó.

"Eso es un terrible montón de armamento para recoger leña," dijo ella.

"No leña, para ser exactos," dijo Hagrid. "Creo que tenemos una mantícora en alguna parte en el bosque. Voy a echar un vistazo."

"¿Una mantícora?" repitió Lily, alarmada.

"Nada de lo que preocuparse, señorita," dijo Hagrid. "No puede acercarse al castillo, con las protecciones del Profesor Dumbledore. Mejor que se quede lejos del bosque igualmente, especialmente con la visibilidad tan baja, con un tiempo como éste. Le recomendaría que volviera dentro, señorita, donde se está caliente. No es día para estar fuera."

"Vale," dijo Lily. "No, tiene razón. Gracias, Hagrid. Adiós, Bacon," dijo ella, y obtuvo su mano que olía a beicon babeada, con mitón y todo.

Volvió a meter las (ahora babeadas) manos en los bolsillos y caminó penosamente por el senderó cubierto de hielo, crujiendo hielo a medida que trepaba de regreso al colegio. Todo era monocromático: la ladera blanqueada, las torres oscuras elevándose hacia el gris hierro opalescente de las nubes. Su cabello era el único color a la vista, mientras soplaba a través de sus ojos.

Buscó en las agujas del castillo la torre de Severus, pero estaba en el lado incorrecto de los terrenos; su ventana daba al lago. Estar aquí afuera se sentía como caminar penosamente por el paisaje de la mente de él–con respecto a ella, al menos. Podía imaginar que ésta era la decoración que él había escogido para albergar los Sentimientos Sobre Esa Boba de Lily.

¡Si tan sólo no hubiera huido después de que levantara ese maldito hechizo! Si tan sólo se hubiera detenido y pensado por un único segundo, o incluso si hubiera ido a buscarlo esa noche. Había aceptado que estaba "bien" sin siquiera pensar en ello, y luego lo había visto y descubierto que no estaba bien. E incluso si le dices a alguien que estás bien, cuando no lo estás y no se da cuenta, te disgusta. Y Severus… no estaba segura de saber mucho sobre él en absoluto, ya, pero tenía la sensación de que era el tipo de persona que ponía a prueba a los demás.

Y ella había fallado.

Había una estatuilla antigua, desgastada, metida en la nieve, cubierta de hielo. Justo estaba retirando el pie para darle una fuerte patada, imaginando que era la Vida, cuando por segunda vez en diez minutos, algo la golpeó poderosamente a toda velocidad y la tiró plana sobre la nieve.

"Qu-hfffh." Levantó la cabeza, escupiendo nieve. La persona que la había placado estaba haciendo lo mismo. "¿Remus? ¿Qué demonios–?"

"¡Perdona!" Remus escupió nieve, también. "Maldita sea, resbalé en un estúpido charco de hielo." Pero no estaba mirándola; estaba escaneando la ladera circundante sin levantar más que la cabeza y los hombros, sus pálidos ojos parpadeando adelante y atrás. "Necesitamos ir–a acechar a alguna parte. ¡Vamos!"

Perpleja hasta el extremo, Lily lo siguió en su precipitarse colina arriba, a sotavento de un grupo de peñascos alzándose altos y estoicos contra los elementos en una formación tan antigua que la sentías en los huesos.

"¿Qué está pasando?" preguntó ella, agachándose a su lado después de que él se lo indicara frenéticamente. El olor a musgo era fuerte sobre el aroma fino, picante, del hielo.

"Rosier, Mulciber, Avery y Wilkes," dijo Remus escueto, la varita en su mano desnuda. Temperatura corporal de hombre-lobo, pensó ella. La temperatura de Remus siempre estaba por encima de treinta y ocho grados Celsius, estuviera en una ventisca o parado bajo todo el sol de verano. "Planeando emboscarte en la biblioteca–quiero decir, estaban planeando en la biblioteca, no planeando emboscarte allí–"

"¿Qué?"

"De modo que pudieran sacar a Snape de dondequiera que esté escondiéndose. No has sido emboscada, ¿verdad? Quiero decir, aparte de por mí, cuando resbalé – lo siento por eso–"

"Estuve a merced del perro de Hagrid hace menos de diez minutos, pero eso fue por un sándwich de beicon." Quiso fruncir el ceño, pero su rostro estaba tan frío que no se movía. "No estoy segura de que su plan funcione. Sev… no está demasiado contento conmigo."

El rostro de Remus probablemente no se sentía congelado en absoluto; sus cejas salpicadas de copos de nieve todavía eran capaces de elevarse susurrando a su frente. "¿No crees honestamente que simplemente los dejaría ir tras de ti? ¿Sin importar lo enojado que esté?"

Ella se encogió de hombros infeliz. Pensó en decir, Lo merecería, pero estaba harta de todos actuando como si estuviera quedándose chalada.

"¿Es éste Snape del que estamos hablando?" insistió Remus. "¿Severus Snape?"

"No sé que haya ningún otro Severus viviente," dijo ella, el fantasma de una sonrisa presionando su rostro desde el interior, no lográndose en su piel congelada.

"Probablemente no uno que le dé la vuelta hacia atrás a la cabeza de una chica por hablar basura de ti," dijo Remus. "Recuerdo eso. Florence Dutton. Aterró a un par de Gryffindor bobos de primer año. Yo estaba intentando ayudarlos a llegar a clase, y–"

"Yo… ¿cuándo fue eso?" preguntó Lily, sintiendo la cabeza retorcida de un modo similar.

"¿En algún momento del trimestre pasado, creo?"

Ella cerró los ojos, poniéndose una mano encima. La babeada, además.

"Pero eso fue cuando vosotros… no os hablabais. Ahora os lleváis mucho mejor, ¿verdad?"

"Estábamos haciéndolo," dijo ella embotada. "Pero yo… lo jodí. Me curó de esa maldición–te lo conté–pero… fue realmente difícil hacerlo, y una vez la levantó, yo…" Tragó. No quería admitirlo, pero al mismo tiempo, lo quería. "Simplemente hui. ¡Hui y lo abandoné! ¡Afuera, en el Bosque Prohibido, por la noche, en la nieve, después de que acabara de hacer un hechizo que me salvó de morir, y una mantícora suelta, acaba de decir Hagrid! Y luego–" Su voz ganó una altura nueva, estridente. "Luego no fui a ver cómo estaba hasta el día siguiente, a pesar que se me ocurrió que podría estar herido–"

"Oh." La expresión de Remus era difícil de interpretar. "¿Es eso por lo que realmente estás sintiéndote mal?"

"Yo–" Ésta no era la respuesta que había estado esperando, y la sacó de la pista. "¿Qué? ¡Por supuesto que lo es! ¿Estás diciendo que no debería, porque es Quejicus?"

"Debería decirte que soy Remus Lupin, no Sirius Black bajo Multijugos," dijo Remus, con esa calma que siempre hacía sentirse a Lily ligeramente enervada.

Ella apretó el guante pegajoso sobre su rostro, toda avergonzada de nuevo. "Lo sé. Dios, lo siento."

"Has pasado por mucho últimamente, Lily. Snape sabría eso."

"Quizá," rechinó ella, recordándose que no sacaría nada bueno por gritar a Remus. Él simplemente hablaría con paciencia y ella se sentiría aún más canalla. "Quizá no. No creo que seamos expertos en lo que Severus pensaría." Lo que era un modo agradable de decir ¿Cómo crees saber cómo piensa Severus?

"No." Por un momento, hubo un destello de emoción en el rostro de Remus, pero entonces había desaparecido de nuevo. Se preguntó si Remus sabía Oclumancia.

"Pero," dijo él, "ese hechizo era magia Oscura, ¿verdad? La magia Oscura perturba tu manera de pensar. Es más poderosa que la magia Luminosa, que sólo daña tu cuerpo. La magia Oscura daña tu–alma, supongo que lo llamarías. Aprendimos eso en Defensa–no del maestro, del libro, así que… también creo que quizá…" Vaciló.

"¿Quizá qué?"

Remus bajó la mirada a su varita, girándola en las manos. "Pienso que quizá Snape no esté furioso por lo que crees que está furioso."

"¿Por qué más podría estar furioso?"

Los ojos de Remus se lanzaron por la nieve, al oscuro bosque debajo, luego de vuelta arriba al cielo gris perla. "Creo…"

"Quizá esté arrepintiéndose de haber echado su suerte con Sangre-sucias y traidores a la sangre después de todo."

Un escalofrío de disgusto corrió por la espina de Lily. Remus se agudizó, como una fotografía borrosa enfocada de repente, pero no se levantó. Sólo mantuvo la espalda contra la piedra, agachado. Lily siguió su ejemplo; más fácil rodar fuera del camino así.

Cuatro muchachos Slytherin se fundieron desde detrás de las piedras, goteando en la línea de visión de Lily y Remus, rodeándolos ligeramente. Reconoció a Mulciber, y ése en el extremo izquierdo, pensó, era Avery; pero nunca los había conocido tan bien. Siempre los había visto como un nudo de disonancia, chicos podridos que habían convertido a Sev en un monstruo, mayormente intercambiables.

Pero Severus y su madre decían que había sido más que eso. Había comenzado con el nacimiento de una cultura, y Voldemort había utilizado sus propios corazones contra ellos mismos, retorciéndolos fuera de control…

Ahora no, Lily. Concéntrate en los falsos Mortífagos a mano.

Casi sonó como Severus, ahí.

"Disculpadme," dijo con frialdad. "Ésta es una conversación privada."

"¿Crees que tus pensamientos son sagrados, Sangre-sucia?" preguntó el primero que había hablado, ni Mulciber ni Avery. Marcó a éste como el más inteligente de los cuatro, probablemente su líder.

"Simplemente no puedo imaginar que tengas algo remotamente interesante con que contribuir," dijo ella tan fríamente como antes. "Viendo que tu vocabulario se compone principalmente de caca de vaca como 'Sangre-sucia' y 'traidor a la sangre', lo que francamente me aburre hasta la estupidez–"

"Calla tu inmunda cara, Sangre-sucia," dijo Avery.

"Probando su argumento," dijo Remus con sequedad. "¿Por qué no intentáis palabras de tres sílabas a continuación? Uno de vosotros que haga un intento."

"Tengo una," dijo Mulciber en una suave voz que fue apenas audible sobre el viento. "Crucio."

Lily estaba preparada para ello. Levantó un Protego mientras Avery rodaba colina abajo por algún hechizo de Remus, disparado en el mismo momento que Mulciber había conjurado el suyo. Uno de los chicos sin nombre lanzó un disparo a Lily desde la derecha; ella lo bloqueó mientras rodaba a un lado lo suficientemente lejos para ser capaz de saltar tras la piedra, si lo necesitaba, y mientras se levantaba sobre una rodilla, apuntó un hechizo a un aspirante a maldecidor que se remontó alto sobre su cabeza, porque Remus ya lo había noqueado de la cuenta.

Pero Rosier pilló a Remus, que se golpeó de espaldas contra la roca y se arrugó, jadeando, su cuerpo contorsionándose en un rictus. Por un fugaz segundo Lily casi conjuró Contrapasso–estaba en la punta de su lengua, candente en su varita–

NO.

Expelliarmus!" gritó, lanzando todo su poder en él, y dando dos feroces cuchilladas con la varita. La varita de Rosier se disparó fuera de su mano, la de Mulciber con él, ambos volados de sus pies en una reluciente neblina de luz; repitió dos veces más–"¡Expelliarmus! ¡Expelliarmus!"–hasta que estaba sosteniendo las cuatro varitas.

"Vosotros," jadeó, mientras luchaban por ponerse en pie mucho más abajo en la pendiente (excepto Avery, que todavía seguía noqueado), sacudiendo las cabezas para aclararlas del aturdimiento del hechizo y la nieve, "apestáis."

Entonces lanzó sus varitas con tanta fuerza como pudo. "¡Encontrad eso, jodidos!" gritó.

Remus estaba tratando de ponerse en pie tambaleándose. Ella lo agarró del brazo, echándoselo sobre el hombro, y trastabilló a través de la nieve con él medio envuelto sobre ella, lejos de las piedras, cortando colina arriba, en el viento cortante. El calor de su cuerpo era tan poderoso que radiaba a través de su doble capa de capas y túnicas, la piel de su muñeca sintiéndose febril contra su palma.

"Estoy… impresionado," resolló Remus. "Honestamente, la roca me lastimó más que el Crucio de ese gilipollas de Mulciber–necesita mejor puntería, sólo me alcanzó el brazo."

"Suficiente para continuar," gruñó ella.

Alcanzaron el perímetro del patio, agachándose bajo los arcos de piedra dentro de su protección. Los adoquines eran traicioneros con hielo y estaban resbaladizos de nieve sucia.

"¿Ves?" murmuró ella, su aliento condensándose ante ella en el patio silencioso, vacío. Ni siquiera la fuente goteaba, callada en el frío. "Severus no vino. Ahora me odia."

Remus extendió una mano para estabilizarlos contra el marco de la puerta mientras navegaban los resbaladizos escalones arriba hasta el corredor.

"Cuando te llamó… bueno, ya sabes… ¿lo odiaste?"

Ella miró fijamente sus pies mientras rastreaban arroyuelos de nieve fundida a través del suelo de tierra costrosa. "Sí. Durante mucho tiempo."

"Pero eso no hizo que no te importara, ¿verdad?"

Levantó la mirada al rostro de Remus lo mejor que pudo con él colgado de su hombro. Él le dirigió una especie de sonrisa triste, cansada. La luz del sol invernal atrapó algunos cabellos ya grises, salpicándolos de plata. Por primera vez, se le ocurrió preguntarse cómo Remus sabía tanto acerca del perdón. Pensó que simplemente había leído poesía o filosofía o algo así, pero a los dieciséis… ¿qué había ocurrido, que le había hecho comprender cómo se sentía estar resentido con alguien que significaba tanto para ti?

"Lo sé," dijo él. "El corazón no está bien definido así. Y tú lo perdonaste. Si está enojado contigo… se le pasará. Es lo que hacen las personas."

Lily cerró los ojos. Casi se balanceó. Si no hubiera estado agarrándose a Remus, manteniéndolo derecho, podría haberse balanceado hacia atrás, y entonces quizá resbalar en el hielo.

Era gracioso cómo las personas podían cortarte el corazón con garantías; cómo la bondad podía ser tan cruel como la propia crueldad. Con paciencia y una sonrisa tranquila, Remus había hecho lo que años de examen de conciencia y horas de auto-inculpación, incluso la brutal dureza de Severus, no habían hecho.

Había sido necesaria su muerte a fin de hacer que volviera a hablar con Severus. Había sido necesario perderlo todo a fin de que a ella se le pasara.

Y Remus estaba diciendo que no debería haber sido así.

Las lágrimas parecieron congelarse en sus ojos, como hielo agrietándose sobre un estanque.

"¿Lily?" Con el brazo izquierdo todavía echado sobre el hombro de ella–sus dedos se habían aflojado en la muñeca de él–Remus se movió para estrecharle el brazo. "De verdad, no creo que sea tan malo como tú–"

"Llevémoste a la enfermería." Su voz sonó como bloques apilados al azar unos sobre otros. "Crucio no es sólo un manotazo en la muñeca."

Hubo una pequeña pausa. "Vale," dijo Remus. Su mano cayó de su brazo.

Lily no veía ninguna parte del corredor mientras lo recorrían juntos. Sentía que sus ojos se habían dado la vuelta hacia dentro de su cráneo, mostrándole el interior de sí misma, los recuerdos grabados en el fondo de su mente. Cuando había dado una voltereta hacia atrás en el tiempo y visto por primera vez a Severus, había pensado, Quizá esta vez pueda detenerlo. Había pensado que llegaba demasiado tarde, antes de haber comprendido quién era Severus; y entonces la preocupación más destacada fue evitar que se convirtiera en Mortífago de nombre cuando había sabido que nunca sería uno de corazón de nuevo.

Pero aun así no había comprendido de verdad. Podías retroceder en el tiempo y podías cambiar los acontecimientos de tu vida sin siquiera intentarlo. Pero para cambiar el rumbo, tenías que cambiarte a ti mismo.

Siempre ibas a joderlo. Podrías incluso cometer los mismos errores. Pero si la segunda vez manejabas los errores tan mal como lo habías hecho la primera, ahí es cuando realmente no tenías remedio.

Y ella no iba a ser así.

No esta vez.

. . . . . . . . .

Ambos eran tan poco observadores. De Lupin podía entenderlo, pero Lily había vivido una guerra. Debería haber aprendido a prestar más atención a su entorno.

"Severus no vino. Ahora me odia," había dicho.

Su tono había sido apagado y derrotado, no farisaico o suplicando compasión. Era lo que realmente pensaba.

Bueno, ¿qué otra cosa pensaría, del modo que has estado actuando? se preguntó a sí mismo.

No te odio, pensó, observándola marcharse. Estaba enojado, sí. La visión de ella hablando con Potter en el Baño de Prefectos, o inclinándose sobre él para comprobar que no había sido herido; la idea de ella sentándose en clases con ese fugitivo del Infierno, tocándolo de esas pequeñas maneras suyas, todo era lo suficientemente enloquecedor antes de que se mezclara en su mente con imágenes recicladas del pasado–Lily riendo con ellos, la larga, roja corriente de su cabello en el camino a Hogsmeade en medio de ellos; sus fotos de boda en el Profeta, todo su color fundido a blanco y negro, y su sonrisa–

Ya había ocurrido; volvería a ocurrir. Había retrocedido en el tiempo para ver ocurrir lo mismo de nuevo, y el hecho de que ya estuviera enamorada de Potter lo hacía mucho peor. Durante seis años, cuando apenas era más que un niño, había temido que Potter se la arrebatara; ahora, sabía que el bastardo imbécil lo haría. Y el hecho de que conociera la trayectoria de su vida, que resultaría aún más perfecta porque esta vez él no estaría sellando su destino bajo ninguna profecía, era tan doloroso como cualquier reacción de magia Oscura que jamás hubiera sentido. El futuro era como magia Oscura corriendo por sus recuerdos, hasta su alma.

Muchas veces durante su antigua vida, se había dicho a sí mismo que continuaba teniendo sentimientos tan fuertes por Lily porque la había perdido; que si sus vidas no se hubieran bifurcado de ese modo fatal y su camino separado no se hubiera cortado con su muerte, él habría aprendido a pasar página. A dejarlo ir. Incluso hubo momentos durante el último par de semanas en que había suplicado despertarse y descubrir que había ocurrido esto.

Pero no lo había hecho. El corazón no dejaba ir tan fácilmente. Realmente odiaba eso de él.

Y cuando la hería, se hería a sí mismo. Pero no podía no herirla, porque simplemente siendo ella misma, lo hería–amando a Potter, abrazando a esos muchachos; sonriéndole a él mismo, y disculpándose, y diciéndolo en serio; podía sentir que lo decía en serio, y no sólo porque era una mentirosa terrible. Incluso la visión de su rostro iluminado por el resplandor de sus luces de estrella dolía. Su bondad dolía, incluso su remordimiento, tanto como su ira y desprecio lo habían hecho jamás. Y ahora que, hacia él mismo, la ira y el desprecio habían desaparecido, sólo le quedaba el dolor de su realidad, y eso era peor, mucho peor. Una persona real era más hiriente y más gratificante que cualquier recuerdo de ella; dolía más, y valía más la pena. El dolor de tener esto y saber que un día ya no lo tendría lo hacía cruel. Había ocurrido antes, pero esta vez no sería en nada como la vez anterior, porque probablemente ella lo lamentaría.

Siempre había encontrado mucho más fácil ser odiado que soportar la compasión de otra persona.

Una vez ella y Lupin se hundieron fuera de la vista en el pozo del castillo, Severus se fundió fuera de la sombra de los árboles perennes que crecían cerca del patio, protegidos a sotavento del castillo, para colocarse en el camino que llevaba hacia la pendiente. Podía ver a Avery, Wilkes, Rosier, y Mulciber en la helada extensión de nieve, sus túnicas escolares negras en contraste con los blancos terrenos.

Su progreso era lento, pero había aprendido paciencia. Esperó mientras se recomponían, se agrupaban sobre la colina, y entonces comenzaban a tambalearse hacia el colegio encima. Esperó mientras navegaban el sendero, resbalando y tropezando unos sobre otros.

Esperó cuando lo vieron, se detuvieron, y despacio reanudaron la escalada hacia él. Y entonces esperó hasta que pudo ver el blanco de sus ojos antes de hablar.

"No tenéis buen aspecto," dijo. "¿Perdisteis una pelea contra un par de bienhechores Gryffindor?"

"Cállate, Snape, follador de Sangre-sucias," murmuró Rosier, porque apenas podía separar los labios. Tosió, doblándose, agarrándose el estómago.

"Querido mío," dijo Severus. "¿Eso es sangre?"

Rosier intentó enderezarse, limpiándose la boca con el dorso de la mano, dejando una fea raya roja a través de su barbilla.

"No puedo imaginar que un Gryffindor conozca un hechizo que heriría tanto a cualquiera de vosotros," dijo Severus suavemente. "Pero yo lo conozco."

"No estabas en ninguna parte cerca de nosotros, Snape," murmuró Avery, limpiándose la nariz sangrante.

"Me alegra que hayáis desarrollado la capacidad cognitiva de decir cuándo alguien está a la vista y cuándo no lo está. No, Avery, no estaba allí. Pero bueno, no tenía que estar. Tomé una precaución, ya veis."

En otra vida, habría sonreído por sus expresiones, esos intentos de ira y piedra. Pero esto no era diferente de atormentar a Regulus, excepto en la medida que esto era necesario. Por mucho que Regulus fuera el favorito de la familia, el perfecto príncipe Slytherin de la Casa Black, Regulus no era violento ni sádico. Su hermano mayor, el noble Gryffindor, era realmente más un verdadero Black que Regulus, convencido de que el bien y el mal eran innatos y era su trabajo pisotear el último. Regulus siempre se había, de un modo extraño, parecido más a Lily: cuando se veía obligado a herir a otras personas en combate, se descomponía. Sus convicciones no se extendían a la venganza.

Pero estos muchachos eran una historia diferente. Sabía cómo funcionaban sus mentes. Había sido amigo de algún tipo de ellos durante la mayor parte de esos años que fluían entre las arenas de la niñez y la edad adulta. Había visto morir a algunos, a otros enviados a prisión. Envolver protecciones en torno a Lily que causaran dolor de rebote en sus atacantes no le traía placer, pero no se molestaba con la culpa, tampoco. Hizo la elección con la que podía vivir, y vivía con ella.

Sabía que Gryffindors y Slytherins no eran tan diferentes los unos de los otros, en realidad. Ambos estaban absolutamente seguros de su rumbo, para empezar. Pero los Gryffindor necesitaban creer que tenían el derecho moral. Los Slytherin, en su núcleo, se preguntaban a sí mismos, "¿Con qué puedo vivir para hacer lo que debo?" Y se respondían, "Puedes vivir con lo que sea que tengas que hacer."

Hogwarts era el espacio de preparación para el escenario de la vida. Durante siete años creías que el mundo estaba dividido en cuatro Casas, y tu corazón vivía donde lo habían enviado cuando tenía once. Pero luego crecías.

Este asunto con estos cuatro muchachos que se convertirían en Mortífagos y los cuatro Gryffindor que, en otra vida, habían muerto la más absurda de las muertes en un juego de gloria–todo era sólo un pequeño juego patético. Siempre había sido un juego tan patético.

Todavía lo era. Él simplemente pretendía ganar, esta vez.

"Pensé que podríais intentar esto," dijo categóricamente. "Utilizar a Lily como cebo para llegar a mí–exhibe una inteligencia casi humana. Os felicito. Lástima que ya me había asegurado de que cualquiera que la atacara se… lastimaría a sí mismo."

Avery no lo pilló, pero Rosier lo hizo. Quién sabía qué pensaba Mulciber. Wilkes estaba al menos tratando de averiguarlo.

"Pedazo de mierda," dijo Rosier en voz baja.

"Palos y piedras, Rosier," dijo Severus, sintiéndose mucho mayor de treinta y ocho. Quizá el tiempo fluía de modo diferente a través de diferentes partes de la vida. Tu cuerpo sentía el tiempo de un modo, y tu corazón y mente a sus propios modos separados. "En este caso, mucho menos eficientes de lo que yo lo he sido. Pero si quieres, piensa en mí como dándote un propósito mayor. Si mueres intentando fastidiar a Lily Evans, estarás haciendo un servicio público. Entonces al aire que respiras puede dársele mejor uso nutriendo moho de pan."

Entonces se giró y se marchó a largas zancadas, años de práctica haciendo de los adoquines helados menor problema de navegar sin caerse de culo.

Una cosa menos de la que hacerse cargo antes de dejar esta etapa preparatoria para siempre.

. . . . . . . . .

N/T Stone: medida de peso que equivale a 6,35 Kg

N/T "Sticks and stones may break my bones, but the words will never break me": "Palos y piedras pueden romperme los huesos, pero las palabras nunca me quebrarán" es el refrán completo que cita Severus cuando Rosier lo insulta.