Capítulo 20
Lily no supo cuándo fueron Rennervados James y Sirius y volvieron en sí porque su última clase era Aritmancia y no tenían ésa con ella. Sólo Remus estaba allí, curado de su roce abortado con la Cruciatus y mirando fijamente a la pared a menudo. Ninguno de ellos tomó muchas notas.
Como por cierta solidaridad tácita, descendieron al Gran Comedor lado a lado para cenar, pero todavía sin hablar. En cuanto pusieron pie a través del umbral, sin embargo–
"Evans." James apareció como si se hubiera Aparecido desde la mesa Gryffindor hasta las puertas. Lily saltó un buen pie del suelo.
No podía lidiar con esto ahora mismo–con la ecuación irresoluble de James y Severus, y cómo ser amable con uno parecía herir tanto al otro; causar problemas aún peores que causaría la crueldad directa. "Ahora mismo no, James, por favor," rechinó, y aceleró hacia la derecha, circunnavegando la mesa Hufflepuff para aproximarse a la Gryffindor por el camino largo. Se apretó en medio de dos niños de segundo año, que no serían lo bastante inteligentes para ser maliciosos o les gustara ella lo suficiente para preguntarle qué iba mal, y trató de ignorar a los Merodeadores mesa arriba: James, Sirius y Peter juntando las cabezas, mientras Remus abría un libro y le fruncía el ceño.
Apiló algún tipo de comida en su plato y pasó por los movimientos de masticar y tragar, pero no saboreó una sola caloría. Eventualmente renunció incluso a remover su puré de patatas en una masa aún más aplastada, y puso la cabeza en las manos.
¿Qué iba a hacer? ¿Cómo podía ayudar a Severus, y conservar todos sus amigos? Tenía que haber algún modo de conciliar esos aspectos separados de su vida. No podía reducirse a hacer una elección… ya había hecho esa elección una vez, y había resultado…
Había…
Una voz severa, enérgica, sonó a su codo, arrastrándola fuera de estos pensamientos como por el cuello de su túnica.
"Señorita Evans."
Levantó la cabeza de las manos. La Profesora McGonagall estaba parada sobre ella, severa y enérgica como siempre.
Mierda.
Se aclaró la garganta. "¿Sí, Profesora?"
"El Director desea hablar con usted."
Lily cerró los ojos.
Un tête-à-tête debe ser evitado a toda costa…
Sabiendo que era inútil, escaneó la mesa Slytherin en busca de alguna señal de Severus. Nada.
Se dijo que no debía sentirse tan miserable. Había sabido que sería inútil. Y era una mujer adulta–una superviviente de más de una batalla. Fracasar en sobrevivir a Voldemort cuando aparecía en tu casa, ésa era una circunstancia atenuante. Podía sobrevivir a una charla con Dumbledore. Fácil.
Pero esta severa charla de ánimo Gryffindor fracasó en hacer que no sintiera nada en el estómago salvo lleno de ratones de plomo.
Dejó que el cuchillo cayera sobre el plato junto a su tenedor con un ruido metálico y abandonó la mesa sin mirar a nadie.
Pasaron del calor y brillantez del Gran Comedor a la caverna helada del vestíbulo más allá, y comenzaron a trepar la gran escalera a la sombra de los pisos por encima. Lily casi nunca había estado fuera en el castillo durante las ocasiones en que todos los demás estaban en algún otro lugar; la hinchazón del sonido murmurando a través de los muros del Gran Comedor hacía parecer el resto del castillo más profundamente silencioso. Imaginó que esto era lo que se sentiría al sumergirse desde la superficie en aguas a leguas de profundidad: frío, oscuridad, y silencio.
"¿Sobre qué quiere hablar conmigo el Profesor Dumbledore, Profesora?" preguntó Lily, tratando de sonar como si no se le ocurriera lo que podría haber hecho para merecer su atención.
"No dispongo de esa información, Señorita Evans."
Genial. Ni siquiera puedo prepararme.
En el segundo descansillo, McGonagall dijo, con una mirada severa por encima de sus gafas, "Soy consciente, Señorita Evans, de que el Sr Snape decidió no valerse de los servicios de Madame Pomfrey. Pensaba que podía confiar en que usted se asegurara de que lo hiciera."
El estómago de Lily dio un salto mortal hacia atrás. "Yo también pensaba que podría," murmuró.
McGonagall frunció los labios. "El Sr Snape parece haber… sufrido algunos cambios significativos mientras estaba fuera de vacaciones. Aunque no ha estado en clase desde que regresó al colegio–aparte de apariciones de cameo ayer en Defensa y Herbología, entiendo–que el cambio ha sido inequívocamente acusado."
Lily sintió la garganta como si un pájaro acabara de volar dentro y quedarse atrapado.
Ahora estaban a la vista de la gárgola guardiana del Director. Reprimió un loco impulso de correr en dirección opuesta. Deseó que Severus estuviera aquí para ayudarla a lidiar con esto.
"Caramelo de mantequilla," dijo la Profesora McGonagall, y la gárgola se deslizó obedientemente a la izquierda mientras una porción de piedra rascaba hacia arriba, revelando el umbral.
Para sorpresa de Lily, McGonagall subió a la escalera antes que ella y la acompañó en el viaje en espiral hasta la cima. Avanzando, llamó a la puerta, dos veces, con sensatez, y giró el picaporte sin esperar respuesta.
Lily cruzó el umbral al despacho del Director por primera vez en largo tiempo. A pesar de que no lo había visto por al menos un año, y a pesar de que esto era tres años antes de la última vez que lo había visto, todo aparecía idéntico. La yuxtaposición de tiempo era vertiginosa.
Dumbledore se sentaba detrás de su escritorio, con túnica de un magnífico esmeralda. El estómago de Lily y su corazón intentaron intercambiar lugares sutilmente. Se había acostumbrado a charlar con él en los sillones junto al fuego como casi iguales, no como maestro y estudiante con la milla de escritorio en medio. Estaba acostumbrada a ser totalmente honesta con él, abierta y confiada. Ahora estaba aquí para mentir al hombre al que era imposible mentir.
Tienes que hacerle ver que no fue Severus quien te hizo daño. Tienes que hacerle ver que Severus nunca te haría daño–que Severus se haría daño a sí mismo para sanarte. Que correría el riesgo de morir para hacer algo correcto…
Sentía la garganta apretada. El despacho estaba tan brillante y caliente, a pesar de que el cielo fuera de la ventana estaba negro. El fuego era alegre y los retratos sesteaban, sus ronquidos filiformes entretejiéndose con los zumbidos suaves, sibilantes, de los brillantes instrumentos plateados de Dumbledore, punteando un tapiz de ruido pacífico. El aire aquí olía a azúcar moreno y a la profundidad almizclada de hojas de té, y Dumbledore estaba sonriendo, tranquilo y benigno, como si nada fuera mal que no pudiera arreglarse. Eso es lo que siempre había sentido, al entrar en esta habitación.
De repente quiso contárselo todo. Quiso derramar sobre él todas las preocupaciones que estaban pinchándole el corazón. Podía sentir el deseo apretándole la garganta, una marea de palabras y confesiones–
CONFESIONES.
La palabra flameó entre sus oídos como un incendio forestal emergiendo a campo abierto. Confesiones–Contrapasso–magia Oscura–Severus muriendo ante ella, su piel quemándose por su contacto, el contacto de quien lo había maldecido, diciéndole–Él destinó a tu hijo a morir, pero me lo ocultó, utilizó mi remordimiento contra mí, y yo lo hice, me comprometí exactamente a lo que quería, todo el tiempo–
Lily tuvo que agarrarse al respaldo de la butaca más cercana a mano. Temió que si abría la boca vomitaría.
"Gracias, Minerva," dijo Dumbledore, sonriendo benignamente a ambas. "Siempre puedo confiar en que seas pronta y eficiente."
Entonces volvió esa mirada de rayos-X hacia Lily. La atravesó como una bala a través de una porción de mantequilla, y una forma de detenerla ardió de repente al rojo vivo en su mente.
Dijo con voz ronca, "El papá de Severus murió durante las vacaciones."
Tanto McGonagall como Dumbledore la miraron fijamente, la luz del fuego reluciendo en las lentes de sus anteojos. Lily contuvo el aliento, el corazón golpeando entre sus costillas.
"¿Murió?" repitió McGonagall, como si nunca hubiera oído de alguien haciendo esto.
Lily despegó los labios. "En–en Navidad. Fue atropellado por un coche. Yo–fui al funeral."
"…Dios mío." Las cejas habitualmente severas de McGonagall se arrugaron. "Pobre muchacho."
Dumbledore, los dedos unidos ante la barbilla, bajó las manos para contemplar a Lily con profundidad enervante. Dijo pensativo, "Estoy seguro de que fue un consuelo para el Sr Snape tener una amiga durante un momento tan difícil y afligido."
Lily guardó silencio por varias razones, no la menor de ellas que no estaba segura. Todavía no sabía cuánto había afectado a Severus la muerte de su padre. Apenas sabía nada ya del modo en que pensaba o se sentía… incluso cuando su control fallaba y lo veía reaccionar, no comprendía por qué se sentía del modo en que lo hacía. Era como si sólo viera la capa superior de todo, y Severus existiera a profundidades debajo.
"Por favor, tome asiento, Señorita Evans," dijo Dumbledore, con un amable gesto hacia la butaca ante su escritorio, ésa cuyo respaldo estaba agarrando ella. "Gracias, Minerva. Me disculpo por retenerte de tu cena."
McGonagall se deslizó afuera. Lily se hundió en la silla de ejecución mientras la puerta del estudio se cerraba con un golpe. Siempre le había resultado mucho más fácil enfrentarse a sus enemigos que mentir, especialmente si era a alguien que consideraba un amigo–
"Dumbledore sabía que el muchacho tenía que morir, pero me lo ocultó hasta que fue demasiado tarde…"
Lily tragó y miró fijamente el hombro de Dumbledore.
"¿He hecho algo–mal, señor?"
"En absoluto," le aseguró Dumbledore, como Santa Claus calmando los temores de una niña de que fuera a traerle carbón. "Me alegro de verla con tan buen aspecto, de hecho. Debo confesar que cuando vi su estado en la enfermería hace dos días, me preocupó mucho su seguridad. ¿Pero entiendo que está sintiéndose como su antiguo yo de nuevo?"
"Sí, señor," dijo Lily, la cola de la palabra tragada por una llamada a la puerta del estudio.
"Entra, Poppy," llamó Dumbledore. La puerta se abrió con un chasquido, y con toda seguridad, Madame Pomfrey se apresuró a entrar. ¿Dumbledore había llamado a Lily aquí para un chequeo?
El instinto le dijo a Lily que esto No Era Muy Bueno. ¿Cuánto sabía Dumbledore de su maldición? ¿Cuánto sabía de maldiciones oscuras en general? ¿Cuánto–?
"Buenas noches, Señorita Evans," dijo Madame Pomfrey enérgica. Antes de que Lily pudiera balbucear su primera sílaba, la varita de Madame Pomfrey estaba batiéndose sobre ella de la línea del cabello a la suela de los zapatos, tejiendo de vuelta arriba para rodearle la cabeza, y luego golpeteando el interior de su muñeca.
"Pulso normal, fatiga a niveles normales, para una convaleciente de un hechizo Oscuro–"
Lily no pudo evitar su violento tic. Madame Pomfrey continuó:
"Y reconozco sangre cuando la veo." Señaló el puño de Lily.
"Ésa fue de Severus. Quiero decir–" dijo apresuradamente cuando las cejas de Madame Pomfrey se juntaron de golpe. "Es su sangre. Sirius–Black–lo maldijo en la cara y se llevó un corte."
"Eso explica que la Profesora McGonagall me preguntara, cuando me trajo al Sr Potter y al Sr Black en camillas, si el Sr Snape había venido a verme, y su consternación cuando le dije que 'absolutamente no.' La Señorita Evans no está al máximo de sus fuerzas, Director," dijo Madame Pomfrey, "pero está lo suficientemente bien para seguir recuperándose. Los síntomas de la maldición aparecen casi totalmente sanados, tan lejos como mis hechizos diagnósticos son capaces de registrar."
"Gracias Poppy. Tu diagnóstico más exhaustivo alivia un gran peso de mi mente. Debe sentirse de modo similar, Señorita Evans," continuó amablemente. "Aunque, ¿quizá ya había sido consciente de que estaba fuera de peligro?"
Mientras Lily se sentaba peleando con cierto número de respuestas desastrosas, Dumbledore le sonrió a Pomfrey. "No te retendré más de tu descanso, Poppy. Gracias por asistir en este asunto."
"No hay descanso con esos cinco muchachos en este castillo," dijo Pomfrey agriamente. "Y menos aún que el usual desde que todo Slytherin parece haberse metido en algún tipo de furor interno."
Lily se retorció. Slytherin no es seguro, había dicho Severus. Habría preguntado a qué se refería Madame Pomfrey específicamente–cómo sabía lo que Lily no sabía, lo que Severus estaba ocultándole–pero ya estaba en la puerta y girando el picaporte. Al siguiente momento se había marchado, dejando sólo el persistente olor picante a ungüento antiséptico superponiéndose al humo de madera del fuego.
"Bastantes acontecimientos de interés han estado cociéndose en Slytherin últimamente," dijo Dumbledore pensativo, haciendo que Lily enterrara los dedos en el asiento de su butaca. "Me pregunto, Señorita Evans, si tiene algún conocimiento."
"¿En–en Slytherin?" tartamudeó ella.
"En efecto." Dumbledore sonrió levemente detrás de su barba. "Viendo que tiene una fuente interna, como era."
"…En realidad Severus no es muy comunicativo," murmuró ella, lo que era la verdad del evangelio.
Dumbledore asintió como considerando la sabiduría de esta declaración. "No me sorprende que el Sr Snape juegue cerca del chaleco, como creo que es el dicho Muggle. Tiene que ver con el póker, ¿no?"
"Yo–¿supongo?"
Otra sonrisa. "¿Toma té, Señorita Evans? ¿Un lapsang souchong? ¿Quizá Earl Grey?"
"Yo…"
"Pruebe el lapsang," recomendó Dumbledore, y apareció una bandeja sobre el escritorio a su derecha sin ninguna señal o sonido más allá de un leve 'clink.' "Yo mismo me he vuelto un poco partidario de él y sobrecargué los almacenes del colegio con él, pero nadie más lo toma… el té guardado demasiado tiempo se seca, ya sabe. ¿Una galleta? Éstas con el glaseado de menta son un hallazgo exquisito, si puedo decirlo yo mismo."
Sin palabras, Lily aceptó una galleta redonda con cobertura verde pálido del color de las paredes de San Mungo, preguntándose si algo de Veritaserum estaba recubriendo el interior de la tetera. O del cuenco de crema, por esa cuestión. Dumbledore estaba cargando su té liberalmente de crema y azúcar… pero–miró fijamente la cucharilla de plata que estaba removiendo en su té, el ting-ting-ting metálico en la porcelana–él podría haber tomado un antídoto…
"¿Espero que el Sr Snape esté decentemente recuperado?" preguntó Dumbledore, golpeteando la cucharilla delicadamente en el borde de la taza para sacudir las gotas de té.
La cobertura de la galleta estaba pegajosa contra sus dedos húmedos. "Yo–¿qué?"
"De los acontecimientos durante las vacaciones." Dumbledore, la taza levantada a su tupido bigote plateado, sopló sobre su té.
"Yo… no sé si puedes recuperarte así de la muerte de tu papá…"
"Oh, no esos acontecimientos," dijo Dumbledore, como disculpándose de haberla confundido. "Tiene toda la razón–la muerte afecta a los vivos tan profundamente como afecta a sus muertos. No, estaba refiriéndome a la breve estancia del Sr Snape en San Mungo. Mmm. Excelentemente preparado, como siempre."
Lily, en el proceso de alcanzar su té, volcó la taza. El té le escaldó la mano y se derramó por el escritorio; un montón de papeles saltó fuera del camino, y una bandeja de cartas se levantó sobre sus patas traseras para evitarlo.
"Oh Dios–lo siento tanto–"
"No, Señorita Evans, le ruego me perdone." Dumbledore desvaneció el té con un movimiento de varita, y con otro enfrió un hechizo sanador por sus manos escocidas. "Disculpe mi insensibilidad. No está recuperada todavía. El Sr Snape posee una excelente comprensión de las curas Oscuras–mucho mejor de lo que yo hubiera soñado–pero debemos ser realistas, ¿no?"
Él estaba sirviendo otra taza de té y rodeando el escritorio hasta su lado para entregársela. Ahora le había tomado el brazo y estaba guiándola hacia el fuego, presionándola suavemente sobre un sillón y la taza de té con ternura en sus manos entumecidas.
"Tenga, Señorita Evans. Ponga un punto de calor en su estómago; le hará bien."
Las manos temblando. Lily levantó la taza a su boca. El líquido caliente se filtró sobre su labio inferior–
La puerta del estudio de abrió de golpe y Severus penetró la brillante calidez del despacho de Dumbledore, el rostro frío y rígidamente controlado, su personalidad irradiando desde él como la penumbra de un eclipse.
Esa vez, Lily derramó el té por toda su parte frontal.
"¡Sev!" jadeó ella, por encima del sonido tintineante de porcelana quebrándose en la alfombra debajo. Por un fugaz segundo, se sintió como un cordero perdido que acababa de localizar a su pastor en la colina de encima.
Pero Severus ni siquiera reconoció que ella estaba allí. Clavó a Dumbledore, que parecía levemente complacido de verlo, con una ardiente mirada de disgusto.
"Es ilegal dar Veritaserum a sus estudiantes," dijo, el labio rizándose, y apuntó su varita a la puerta de modo que se cerró con una explosión que resonó en el espeso silencio humano de la sala.
"Muy bien, Sr Snape," dijo Dumbledore, como complacido de que Severus tuviera una comprensión tan integral de las legalidades. "Como resulta, no pretendía tal vulneración de la confianza de la Señorita Evans." Desvaneció los añicos de la taza rota de Lily. "Me temo que debería haberle servido algo menos dañino que té, sin embargo… ¿le apetece uno?"
"Si quiere interrogar a alguien," dijo Severus, los ojos estrechándose a oscuras rendijas, "debería, en buena conciencia, acudir directamente a la fuente. Golpear a sus enemigos en su flanco más débil es difícilmente Gryffindor por su parte, ¿verdad?
"¿Es usted mi enemigo, Sr Snape?" preguntó Dumbledore, como levemente sorprendido de considerar tal cosa.
Para el shock de Lily, Severus no respondió de inmediato. Sólo miró fijamente a Dumbledore, su rostro agudo con alguna emoción que no podía definir, sus ojos aún más agudos, y reluciendo, de nuevo, como luz de luna sobre el agua.
"Dígamelo usted, Director."
El corazón de Lily vaciló. Robó una mirada temerosa al Profesor Dumbledore y lo encontró devolviéndole la mirada a Severus, ahora intensamente serio.
"He estado intentando averiguar eso," dijo Dumbledore al fin, callado y tranquilo.
"Sí." Todo el rostro de Severus se rizó con un gesto de desprecio. "Y ha alistado a Lily para ayudarlo–una Gryffindor que no podría decirle a un amnésico en jueves que en realidad era miércoles."
"No es la capacidad de mentir de la Señorita Evans lo que me interesa," dijo Dumbledore, todavía calmado y callado. "Sé que tiene buen corazón. Me ha complacido pensar que ustedes dos han dejado a un lado sus diferencias finalmente. Pero parece cansado, Sr Snape–incluso podría decir 'exhausto.' ¿Quizá sea adecuada una visita a Madame Pomfrey? Debo confesar, que hasta que hablé con la Señorita Evans, estaba tratando de dar cuenta de lo sumamente enfermo que parece… Pero bueno, reflexioné que ha tenido unas vacaciones ajetreadas. Mis condolencias por la pérdida de su padre… ¿Espero que lo que fuera que lo mantuvo en el hospital haya sido curado?"
Severus ni siquiera parpadeó. "Extensamente."
"Confío que no lo retuviera de nada importante," continuó Dumbledore, con preocupación conversacional.
El rostro de Severus se curvó en una sonrisa. Pero todo lo que dijo fue, "¿Lily está en problemas, entonces?"
"No se me ocurre qué habría hecho para estar en problemas conmigo o cualquiera de sus maestros, no."
"Entonces, ¿es libre de marcharse?" preguntó Severus. No agresivo, sino casi… como una Esfinge.
"Sí," dijo Dumbledore, asintiendo una vez. "Sólo deseaba que Madame Pomfrey le diera una mirada, para asegurarnos de que ha sido completamente curada. Debe decirme cómo lo hizo, algún día. Debe haber sido toda una hazaña."
Severus acordó con una inclinación muy leve. Lily se percató de que estaba alardeando, el condenado, y podría haberle arrojado una taza.
"Gracias, Señorita Evans," dijo Dumbledore, ayudándola a levantarse del sillón. "Fue encantador hablar con ambos." Les sonrió. "Muy esclarecedor–una ocurrencia extraordinaria que sucede tan raramente en la conversación estos días, encuentro."
"Buenas–buenas noches, Señor," gorjeó Lily, y dejó a Severus empujarla fuera de la habitación y empaquetarla en la escalera.
Se sentía débil de alivio, y tuvo que apoyarse en Severus con el fin de no caer de cabeza escaleras abajo. Ni siquiera estaba segura de por qué este encuentro, con las preguntas inconsecuentes e impactante absurdo de Dumbledore, la había dejado con tal tembleque en las rodillas, pero definitivamente lo había hecho. Cuando había suplicado la ayuda de Severus, no había pretendido que él apareciera y empeorara las cosas actuando como… como un tipo.
"¿Qué pasa contigo?" dijo ella débilmente mientras las escaleras crujían al bajar.
"Dudo sinceramente que le diera más o menos información que tú le diste en el rato antes de que llegara allí," dijo Severus con frialdad. Su agarre en su brazo era casi cruel. La puerta al pie de las escaleras se movió hacia arriba; él se agachó por debajo mientras se elevaba, llevándola con él.
En el corredor colgaban rastros de humo. Ella parpadeó, y entonces dio un brinco cuando pisó algo blando.
"¡James!" chilló; pero él estaba fuera de combate. Peter, igualmente inconsciente, yacía desplomado a través de él con un chichón con forma de huevo en la frente.
"Estaban esperándote fuera del despacho del Director," dijo Severus con brutal indiferencia. "Que bajaras, asumo. Yo necesitaba entrar, así que ellos necesitaban quitarse de en medio."
Madame Pomfrey no había estado equivocada. Tanto ella como Lily podrían necesitar encomendarse si los cinco seguían con esto–
Se arrodilló para tomarle el pulso a James. Su mano se cernió sobre Peter, pero vaciló, el corazón palpitando…
La mano de Severus se cerró de repente en su muñeca. Ella se sobresaltó tan violentamente como la vez que había metido el dedo en un enchufe. Su corazón estaba golpeando contra su caja torácica.
"¿S-Sev?" dijo temblorosa.
Él dio la vuelta a sus manos. Por alguna razón, sus palmas estaban muy rojas, como si hubiera estado jugando con tiza.
"¿Has estado jugando con polen?" exigió Severus. Ahora estaba mirándole fijamente la boca, los ojos entrecerrados. Lily sintió un rubor arrastrándose por encima de su cuello. En cierto modo, se sentía aún más nerviosa en este pasillo frío, con corrientes, con Severus, que lo sabía todo, de lo que lo había hecho arriba con Dumbledore, que podía poner en peligro a Severus averiguando demasiado…
"No," dijo ella con voz ronca, "sólo me derramé el té por encima–en el despacho, lo volqué–"
"Y bebiste un poco," dijo Severus, los ojos todavía estrechos sobre su rostro. Ella asintió mudamente. "Te puso algo en el té."
"¿V-veritaserum?"
"No necesita eso contigo. Es un polvo llamado Muéstrame-Ahora; revela cuando alguien ha estado expuesto a magia Oscura."
"P-pero lo estuve. La maldición–"
Él sacudió la cabeza. Entonces se congeló. Ella echó un rápido vistazo a derecha e izquierda, pero estaban solos, sin Merodeadores ni maestros–
Él dejó caer su mano como si ella hubiera derramado té escaldando sobre él. Oh, pensó ella, su corazón hundiéndose…
"Estás expuesta a magia Oscura cuando una maldición se ejecuta cerca de ti, no necesariamente sobre ti. Las maldiciones Oscuras pueden tomar efecto a distancia si tienes un pedazo de la víctima pretendida. Pero cuando te curé, estuviste expuesta. Se… aferra."
"Pero–estabas curándome–"
"Las curas Oscuras todavía son magia Oscura," dijo él. "Simplemente no son maldiciones Oscuras."
"¿Quieres–quieres decir–que las curas Oscuras son ilegales?"
"Sí," dijo Severus. "Porque son magia Oscura."
"Pero–¡pero eso no tiene ningún sentido! ¿Puedes curar maldiciones Oscuras con magia Luminosa? Apuesto a que no puedes–"
"¿Cuándo ha sido justa la ley Mágica?" dijo Severus con artístico desprecio.
Lily se frotó las palmas en la túnica, pero el color se quedó donde estaba, vívido e insultante. Un súbito impulso surgió en ella, de irrumpir arriba y decirle a Dumbledore exactamente lo que pensaba de esto–de esta trampa barata. Era como si toda su determinación de defender y proteger a Severus no significara nada; como si más bien pudiera no haberlo intentado, y eso era algo horrible que hacerle a alguien–
Las lágrimas le picaban en los ojos, astillando el corredor a su alrededor, parcheado de sombras y en contraste con el blanco y negro de Severus. "Gracias–por venir a buscarme–¿cómo supiste dónde–?"
Él sacó algo de papel de la manga y se lo pasó. Ella desplegó el papel y vio–
"¿Cómo conseguiste esto?" jadeó ella, casi dejando caer el Mapa del Merodeador.
"Lo convoqué antes de que abandonáramos el Baño de Prefectos, obviamente. Pensé que haría mi estancia en prisión ligeramente más agradable si no podían saber dónde estaba cada segundo del día." Su labio se rizó. "Ahora volvemos a estar en igualdad de condiciones. Sin emboscadas planeadas con el conocimiento exacto de dónde estaré en cinco minutos."
"Ellos–ellos no harían…"
Su expresión cuando sus ojos se fijaron en ella hizo que su piel quisiera encogerse dentro de sus huesos.
"Ellos… no hicieron," dijo con voz ronca… no en negación, sino con incredulidad entumecida. Pensó que habían ido a buscarlo al Baño de Prefectos porque ella estaba con él… había creído que tenía que ver con ella, con encontrarla…
La cabeza le daba vueltas. Si era eso para lo que utilizaban el Mapa, eso era tan… tan bajo…
"Recuperaré eso, gracias." Él le arrebató el mapa de las manos y se enderezó, volviendo a darle la espalda.
"Sev–" comenzó ella desesperadamente. Dio dos pasos tras él, y entonces tropezó con la mano extendida de James.
Bajó la mirada, a James, su boca colgando abierta flojamente, se mordió el labio, y sintió un extraño sentimiento surgir en su pecho…
La necesidad de Severus es mayor.
No sabía si lo era, pero James, al menos, no sabría que lo había abandonado por ir tras Sev, mientras que Sev sabría que lo había abandonado por quedarse con James… con alguien que había planeado emboscarlo, con una ventaja de la que Sev ni siquiera había sabido en aquel momento–
Levantando los talones, corrió doblando la esquina tras Severus–y se chocó de cabeza con su espalda recta como una baqueta, aplastándose la nariz. "¡Uumf! Sev–"
Él levantó la mano de golpe, la palma hacia afuera, y se quedó parado con la cabeza ladeada, todo su cuerpo tan inmóvil como un venado escuchando los sonidos de cazadores torpes en el monte bajo. Entonces, sin aviso, se calzó tras una cortina de terciopelo medio-abierta al azar ocultando un nicho, desvaneciéndose de su vista.
Lily parpadeó, pero al segundo siguiente oyó dos voces familiares–
Se zambulló en el nicho junto a Severus y tropezó con el dedo del pie en el pedestal de piedra en que había un florero. Comenzó a jurar, pero Severus le siseó y ella cerró los labios.
Se apretujó detrás del pedestal a su lado mientras las voces pasaban perfectamente audibles alrededor de la esquina ciega.
"…ése–" Y aquí Sirius se complació en una letanía de insultos, en que las referencias a la higiene de Severus y la palabra 'joder' eran lo más destacado. Leyendo entre la profanidad, Lily dedujo que estaba elevándose a nuevas alturas de obscenidad porque Severus había birlado su mapa.
"¿Mantendrías tu maldita voz baja, por favor?" siseó Remus. "Si te oye un maestro, eso serían al menos dos días de detención."
"Te preocupas demasiado por la detención," gruñó Sirius. (Lily editó los siete 'joder' que había encadenado entre las seis palabras.)
"Que probablemente es por lo que paso mucho menos tiempo en ella que tú," retrucó Remus. Lily estaba sorprendida. No habría pensado que Remus pudiera sonar tan firme. ¿Poppy había puesto algo en ese estimulante de los nervios que le había dado?
"O quizá sólo estás defendiendo a esa"–Lily volvió a editar, algo bastante más duro que lo habitual–"factoría de grasa de nuevo."
"Él es la única razón por la que no estoy ciego, Canuto."
"¿Ah, sí? ¿Y por qué crees que hizo eso? ¿Por la bondad de su marchito corazón grasiento?" La voz de Sirius se lanzó de repente de burlona a áspera; ahora estaban parados quietos al otro lado de la cortina. "¿Qué?"
"Yo–nada," dijo Remus, sonando casi tan opaco como una casa de cristal. Junto a Lily, Severus se movió lo más mínimo. Ella robó un vistazo periférico hacia él, pero la luz parcheando el nicho desde el corredor era demasiado indistinta para que distinguiera su rostro.
"¿A qué te refieres, con qué?" preguntó Remus, sonando terriblemente indiferente.
"Tu expresión acababa de cambiar, como si supieras algo. "¿Qué–"
Lily decidió simplemente editar todos los 'joder' de la mitad de Sirius de la conversación. Era partidaria de la auto-expresión, pero honestamente.
"–hizo él?" concluyó Sirius.
"Me curó, Canuto, maldita sea, te lo dije un millón de veces ya, gracias."
"¿Sí?" dijo Sirius agresivo. "Todavía no me has dicho por qué."
"¿Crees honestamente que Snape me habría dicho a mí por qué? Probablemente sea para tener algo que sostener sobre nuestras cabezas. O para impresionar a Lily. Quizá ambos–no hay razón por la que no debiera combinar motivos."
Lily se sentía insólitamente avergonzada, su rostro caliente.
"Si ese baboso–cree que vamos a agradecérselo–"
"No, ¿por qué le agradeceríamos por asegurarse de que no estoy ciego?"
"Se trae algo entre manos, Lunático. No me digas que no lo has notado, se supone que eres el que tiene todo el cerebro. Mete en su fea cara que Evans no se quitaría las bragas por él por todo el oro de Gringotts y echará espuma por la boca–"
Lily estaba segura de que había estado más horrorizada, incluso recientemente, pero no podía recordar cuándo fue.
"–incapaz de recordar un solo hechizo. Siempre fue un perdedor patético, y le he llamado arrastrado un millón de veces si lo he dicho una vez, pero ahora es de verdad un arrastrado. Fue a juntarse con ese–Voldemort, eso es lo que ha hecho."
"¿Y curar licántropos e hijas de Muggles es, qué, parte de la actividad extracurricular de los Mortífagos?" dijo Remus con fuerte sarcasmo.
"Es una tapadera," dijo Sirius, "una manera de despistarnos."
"Bueno, es seguro que no funciona. Canuto, míralo lógicamente, al menos por cinco segundos–no hay manera de que Snape pueda convencer a nadie de que ha… pasado página o lo que sea, con algunos actos de bondad al azar. Nadie se lo tragaría. Nadie está tragándoselo. No es lo bastante bueno para ser una pantalla."
"Hace que tú y Evans penséis que no hay nada de malo en él," disparó Sirius de vuelta.
"Oh, vale, dos estudiantes de un par de miles, además de los maestros. Eso tiene que ser la peor tapadera en la historia de los tiempos."
"Quejicus siempre se centra es las cosas incorrectas, Lunático," dijo Sirius cortante, y se marchó impetuosamente, sus pasos golpeando la alfombra.
Remus murmuró, "…no es el único…" y desapareció más silenciosamente tras él.
Lily se alegraba de que el nicho estuviera tan tenuemente iluminado, porque no podía mirar a Severus y no quería que él la mirara. Honestamente no podía recordar la última vez que se había sentido tan mortificada.
En la cercana distancia, pudo oírlos encontrando a James y Peter: Sirius estaba jurando aún más profundamente, volviendo el aire azul alrededor de la esquina. Hizo una mueca. La voz más callada de Remus estaba intentando hacerse oír, pero claramente sin tener ninguna suerte.
Severus se movió a su lado y comenzó a deslizarse fuera del nicho. El pánico destelló en su pecho, desenfocado pero poderoso; sus dedos se aferraron a la manga de él, los folículos de lana penetrando bajo sus uñas.
"Esp–" comenzó ella.
Él se detuvo, pero no se movió adelante o atrás. Por largos momentos, no habló, y ella no podía. No sabía qué decir. Ni siquiera sabía lo que quería decir, aún menos lo que sería correcto.
"¿Sí?" dijo él por fin, absolutamente frío.
"¿Podemos… podemos hablar de esto?" preguntó ella. Sonó débil, casi patética, y lo odió. Ahora era cuando necesitaba ser sabia. Solía ser buena en esto…
Puede que hayas sido buena cuando una de tus compañeras de dormitorio rompía con un novio que había estado viendo durante dos semanas, o cuando un estudiante de segundo año necesitaba ayuda en Encantamientos, pero cuando se trata de Severus–este Severus–siempre ha sido él quien te ayuda a ti. ¿Por dónde comienzas siquiera?
Ésa era la cosa. No lo sabía.
"¿De qué hay que hablar?" Su voz era callada, todavía fría, pero con cavernas de oscura aspereza debajo. "Ya sabías cómo son."
"¡N-no! No lo sabía–no…" No sabía que eran tan malos, pensó ella, sintiéndose herida y desconcertada. De un modo raro, sentía que le habían mentido.
"¿No lo sabías?" preguntó Severus. Su tono sonó indiferente.
Ella sacudió la cabeza, en silencio.
"¿Creías que todos los maleficios eran realmente para reírse, entonces?"
"Yo–" Dios, ¿qué iba mal en ella? Siempre estaba al borde de estallar en lágrimas de nuevo. Sentía todo esto tan similar a aquella época horrible durante los TIMOs, cuando había dejado de hablarle y todo lo que alguien decía le dolía, la enfurecía, de modo que estaba repleta de ira y lágrimas. "Todos erais tan horribles unos con otros."
"Sí," dijo Severus en voz baja. "Lo éramos."
Entonces él se sacudió su mano gentilmente, con un giro de los hombros, y se perdió de vista. Lily dejó su mano caer floja a su costado. Las piedras del nicho se enterraban en sus omoplatos, empapando frío a través de su túnica de lana, pero no le importaba. Se sentía toda acalorada, y desdichada. Metió los brazos a su alrededor, estremeciéndose, preguntándose cómo había pensado jamás que regresar aquí aclararía el futuro. Ahora mismo, sólo era más oscuro e insondable que nunca.
Pero sabía cómo era el pasado. Sabía cómo no quería que fuera el futuro.
Entrecerró los ojos, apretó las manos en puños para afirmar su resolución, y salió a zancadas del nicho tras Severus.
