Capítulo 21
"¿Está bien tu cabeza?" preguntó Remus.
"Sí." James hizo una mueca, frotándosela mientras se desplomaba en las almohadas. "Ese baboso de Quejicus…"
Remus desconectó mientras James, Sirius, y Peter pasaban unos momentos complaciéndose en sus apelativos favoritos de Snape, con varios grados de obscenidad (el 110% de los cuales procedían de Sirius). En una paródica inversión de sus papeles habituales, esta noche Remus era quien aplicaba ungüento a los cortes de sus amigos y ejecutaba los pequeños hechizos sanadores mientras ellos se tumbaban y gemían.
"James," interrumpió Remus, después de que ocho minutos enteros de maltrato a Snape hubieran tenido lugar, "¿por qué importa tanto?"
"¿–qué?" James parpadeó anchos ojos castaños detrás de las gafas. Con sus lentes redondas y cabello en penachos, se parecía terriblemente a una lechuza.
"¿Por qué importa tanto que Lily pase tiempo con Snape?" preguntó Remus, cuidadoso de mantener la voz en calma y paciente y la mente abierta.
"¡Porque es Snape!"
"¿Te sentirías así si Macdonald o Crawley o Meadowes estuvieran pasando tiempo con Snape?"
"¡No estarían lo bastante locas, Lunático!"
Remus suspiró. Esto era como tratar de explicar a su prima Diana de seis años que no debería empujar a otros niños y quitarles sus juguetes de las manos. No es que Lily fuera un juguete, pero James seguro que actuaba como si lo fuera; el bueno al que Snape había llegado primero.
"Lo que Lunático está preguntando, Cornamenta," dijo Sirius, apoyando los codos en las rodillas, "es, ¿por qué mierda importa Evans?"
Remus no había esperado esta repentina entrada en las filas, pero tenía curiosidad por ver lo que Sirius tenía en mente. Conociendo a Sirius, una emboscada, probablemente…
Entonces Peter entró en la refriega. "Ha estado pegada a Quejicus desde el primer día."
Los lentes de James destellaron, como si la justa indignación fuera una luz del Cielo y estuviera brillando sobre él. "¿Qué quieres decir, por qué importa Evans? ¡Es Evans!"
"James," dijo Remus, todavía con paciencia, "sabemos que te gusta. Pero, ¿por qué te gusta?"
"Po… por qué…" James miró fijamente a Remus como si no pudiera creer que preguntara tal cosa.
"No es divertida," dijo Sirius, llano y contundente. "Es una regañona. Piensa que Quejicus puto Snape es un buen tipo, así que obviamente está fuera de sus cabales. Te llama bobo o imbécil cada vez que lo permite la oportunidad. ¿Cuándo Evans ha sido agradable contigo alguna vez, Cornamenta?"
"Crawley es agradable," dijo Peter amablemente. "O Marlowe. A Charlotte Marlowe le gustas, James, ¿sabías eso?"
"Charlotte Marlowe está bien, ¿vale?" dijo James, sus cejas arrugándose. "Pero no es Evans."
"Pero James," dijo Remus, "¿qué es tan especial de Lily? Para ti. Nos gusta Lily," mayormente mintió, ya que sabía que a Sirius no le gustaba ella en absoluto y honestamente no estaba seguro respecto a Peter, "pero, ¿por qué te gusta tanto a ti?"
"Yo…" James parpadeó. Remus lo observó con perspicacia. Apostaría a que James nunca había pensado en esto en absoluto–simplemente se había aferrado a ella, quizá porque era bonita, o quizá porque se hacía notar desdeñándolo–pero, ¿se percataba James de que nunca había pensado en ello?
Remus apostaría cualquier cantidad de oro que pudieras nombrar a que no lo había hecho.
"Yo… ¿de qué va esto, realmente?" James miró alrededor a los tres, uno tras otro. "¿Canuto?"
"Colega," dijo Sirius, sus ojos fijos en James a través del espacio entre sus camas, "Evans está bien para mirarla, te lo concederé. Tiene bastante buena delantera, y su culo tampoco está mal. Pero aparte de eso, es una musaraña sangrante que olisquearía para darte la hora si llevara cinco relojes encima. Yo mismo, no veo qué hay de gustar en una pájara a quien no le importa una mierda si estás en la habitación o no."
James parecía pasmado, como si Sirius lo hubiera abofeteado entre los ojos con un calcetín mojado. Remus no se atrevía a decir que Lily era mejor que eso; no quería alimentar la obsesión de James por ella. Cinco años y medio era tiempo suficiente para estar colgado de una chica que nunca te dio ningún aliento real, especialmente cuando tu método de cortejo pasaba por torturar a uno de sus amigos. Si a James realmente le gustaba como Lily, no como una chica guapa que poseía la distinción de ser la única chica que alguna vez ha discutido con él, ésa era otra cuestión; pero Remus no estaba tan seguro de que a James fuera capaz de gustarle tanto cualquiera que no fuera Sirius seriamente. Quizá cuando fuera mayor. Ahora mismo James seguía en ese lugar donde tenías colegas, y luego tenías chicas. Remus apostaría a que le encantaría que Lily fuera con ellos a Hogsmeade y pasara horas con ellos en Zonko's, pero, ¿para qué?
"¿Estáis diciendo que no os gusta Evans?" preguntó James, el ceño fruncido, porque honestamente, siempre pasaba por alto la cuestión.
Y entonces Sirius destrozó todas las expectativas de Remus.
"Sí, colega," dijo. "Eso es exactamente lo que estábamos diciendo."
Remus volvió la cabeza para mirarlo fijamente. También lo hizo Peter–pero sus ojos no estaban redondos, su rostro estaba sorprendido, pero Remus prácticamente podía ver los engranajes agitándose.
James principalmente miraba.
"¿Canuto?" dijo, como si no pudiera creerlo.
"¿Cómo demonios se supone que debe gustarme una pájara que te trata como si sólo fueras algún viejo tonto del culo en la calle?" preguntó Sirius, su expresión dura. "¿Una chica que elige a Quejicus Snape, el Mortífago, por encima de ti? ¿Cómo, Cornamenta?
"Qu…" James parpadeó velozmente unas cuantas veces. "Pero–Snape le ha hecho algo–esa maldición–"
"Snape la curó, James," dijo Remus, manteniendo las manos en las rodillas, no enterrándolas en su cabello y tirando de las raíces.
"Sí," dijo Peter, con inesperada seguridad. "Lo vi. Fui yo quien se lo contó a Dumbledore. Por eso le pidió a Evans que subiera a su despacho durante la cena."
Remus sintió la cama inclinarse debajo de él. "¿Qué?" dijo, al mismo tiempo que Sirius dijo, "¿Qué mierda?"
"Vosotros estabais en detención con McGonagall," dijo Peter, parpadeando una vez rápidamente. "Snape preparó eso–"
"Joder, lo sabía," gruñó Sirius, pero toda la atención de James estaba en Peter.
"Sigue, Colagusano," dijo alentadoramente, incorporándose.
"Pero yo sabía que querríais saber qué se traía entre manos," dijo Peter, un barniz de satisfacción velando su cara, "así que cambié a rata y los seguí. Bueno, lo intenté, pero Snape hizo algo de modo que no pude llegar demasiado cerca de ellos; en cierto punto, simplemente no pude adentrarme más en el bosque tras ellos, bien como yo o como rata. Así que esperé un poco… después de largo rato, Evans pasó corriendo a mi lado, y luego un rato aún más largo después salió Snape, también, con un caldero y todo su material. Lo seguí de regreso al colegio–por cierto, está durmiendo en alguna parte por el corredor en desuso, pero lo tiene protegido de modo que ni siquiera las ratas pueden atravesarlo, por alguna razón–"
Remus estaba tan agradecido de que todos estuvieran mirando a Peter, porque su rostro habría delatado su secreto como ninguna otra cosa.
"–pero de todos modos, está allí abajo."
"¿Cómo sabes que era una cura si no pudiste llegar al lugar donde había hecho la magia?" exigió Sirius.
"Evans está mejor," dijo Peter simplemente. "Antes de verlos saliendo del bosque, ella olía mal; me di cuenta, cuando era rata. Pero desde que abandonó el bosque, simplemente ha vuelto a oler normal."
"¿Mal cómo?"
"En verdad no puedo explicarlo. Simplemente… mal. Pero sé que Snape ha estado haciendo algún tipo de magia Oscura, porque huele parecido. Diferente, pero es el mismo tipo de aroma, como un tipo diferente de perfume. Hoy es aún peor–como si hubiera estado tomando un baño en él."
"¿Pero le dijiste a Dumbledore dónde habías visto esto?"
"Sí. Le describí el sendero hasta allí, pero dije que Snape había arreglado las cosas de modo que no pude acercarme, y dije que Evans se veía mejor. Creo que Dumbledore debe haber investigado, porque la llamó a su despacho, ¿no?"
"Colagusano, eres brillante," James medio jadeó. Saltó de la cama, como si nunca se hubiera topado con el lado malo de Snape y acabado con un chichón del tamaño de una satsuma en la parte trasera de la cabeza. A la par del rumbo de este Snape nuevo, extraño–Remus habría pensado que, si la oportunidad de pillar a James y Peter–a cualquiera de ellos–desprevenidos se hubiera presentado tan envuelta para regalo como fue, James habría sido identificable sólo por su historial dental.
Remus reflexionaba sobre esto mientras James revoloteaba de un lado a otro de la habitación, sus palabras cayendo unas sobre otras como Dora, la sobrinita de Sirius, de la que Andrómeda le enviaba fotos a intervalos regulares, y que siempre estaba tropezando o tirando algo. (En la fotografía más reciente, el árbol de Navidad de los Tonks había caído con ella.)
"…ya verás, Canuto," decía James, "ya verás. Cuando Evans ya no esté bajo el hechizo de ese grosero grasiento, se le pasará. No está pensando correctamente. Es magia Oscura, Snape siempre ha estado metido en ello hasta sus grasientos globos oculares, sólo que ahora es peor que nunca. Ella probablemente quiere liberarse, la manera en que ha estado llorando tanto. Tenemos que ayudarla. Le dijiste a Dumbledore que pensabas que Snape hizo magia Oscura, ¿no, Colagusano?"
"No pude hablarle de los olores, James," dijo Peter, pero disculpándose. "No puede saber que soy una rata, después de todo."
"Pero pudiste contarle que viste a Snape haciendo magia Oscura, ¿verdad?"
"Le dije dónde está durmiendo Snape," dijo Peter. "No ha estado bajando a los dormitorios Slytherin; lo sé. Oí a Avery y Mulciber y los otros hablando de ello en la biblioteca hoy."
Remus parpadeó. ¿Qué? Miró fijamente a Peter, pero Peter estaba prestando toda su atención a James y Sirius, que se habían reunido en el rincón hecho por las camas de Peter y Sirius.
"¿No en los dormitorios?" preguntó James interesado. "Vale, probablemente está fuera haciendo sus hechizos Oscuros y planeando hacerle a Evans…" Había rebotado sobre la cama de Peter; ahora Remus vio drenarse el color de su rostro, literalmente: era como la vez que había ido al hospital Muggle donde trabajaba mamá y visto bolsas de sangre inyectadas en las venas de la gente, el rojo cayendo de la intravenosa, dejando atrás un plástico grisáceo, vacío.
"¡Oh Merlín!" jadeó James, lanzándose de la cama. Pero no se detuvo allí: voló hacia la puerta, la abrió de un tirón, y se lanzó escaleras abajo.
"¿Adónde coño va?" gruñó Sirius por lo bajo. Se desenvolvió de su cama y siguió a James en una especie de trote a zancadas.
Peter volvió anchos ojos sobre Remus, y se escurrió detrás.
"No podrías haberlo hecho gay, Dios," murmuró Remus, y corrió escaleras abajo tras ellos.
Abajo en la sala común, encontró a James parado al pie de la escalera de las chicas, vociferando hacia arriba. Bastante gente estaba señalando y riendo, y casi todos estaban observando. A veces Remus se preguntaba cuánta gente pensaba que los Merodeadores eran realmente estúpidos. Más que Snape, seguramente.
"Potter, esto no es una casa de putas," dijo Felicity Meadowes, apareciendo en la escalera y propulsando a James de vuelta a la sala común con un brusco empujón en el hombro. "No puedes simplemente gritar por las escaleras para que la madame te arroje una chica abajo. Ahora." Se arregló un chal rosa alrededor de los hombros y se echó el cabello oscuro a un lado. "¿Cuál es tu veneno, marinero?"
"Estoy buscando a Evans," dijo James de inmediato. "¿Está ahí arriba?"
"No." Felicity alzó las cejas, en sorpresa afectada. "¿Quieres saber dónde está?"
"¡Sí!"
"James," comenzó Remus, porque sabía que Felicity iba a–
Ella extendió los brazos, las palmas planas hacia el suelo y los dedos extendidos, e inclinó la cabeza hacia atrás. Sus párpados aletearon y rodó los ojos en la cabeza; un ruido gutural gorgoteó en su garganta.
"Ahora mira lo que has hecho, Cornamenta," suspiró Sirius.
"Veo…" jadeó Felicity. "¡Veo…!"
Todos en la sala común estaban observando en rapto. Remus pensó en comprobar su reloj con aire aburrido, pero Felicity no lo vería con los ojos rodados en su cráneo así. Al menos Frank Longbottom estaba haciendo un ensayo tranquilamente en el rincón, sin prestar atención en absoluto.
Ni siquiera levantó la mirada cuando Felicity dio un grito estrangulado y se cerró una mano en la garganta. "¡Mis ojos!" gritó. "¡El horror! Lo innombrable–no–no puedo–"
Se tambaleó artísticamente a un lado, cayendo en una grácil cortina sobre Sirius, que suspiró y la empujó de vuelta sobre sus pies. Ella se bamboleó, casi tropezando con su chal.
"¿Y bien?" exigió James.
Felicity enderezó su chal con una mirada de asco. "No me hables, Potter," dijo. "Porque por ti y tus estúpidas preguntas, mi alma acaba de ser sacudida hasta sus fundamentos. Acaban de acortarme años de vida. Mis nietos tienen algunas canas–"
"¿Por qué?" James estaba prácticamente vibrando.
"Por el choque demoledor de tener que ver a Lily Evans follándose a Snape," dijo Felicity, brutalmente de improviso. Media sala común jadeó, varias chicas chillaron, y Clive Potter-Pirbright entretuvo a sus vecinos con virtuosos ruidos de vómito.
James se puso blanco hasta los labios, y luego se tiñó de un poco delicado tono verde. Ahora así, pensó Remus, era cómo se veía un pato moribundo en una tormenta.
"Gracias, Felicity," le dijo él mientras Sirius agarraba a la estatua humana que una vez había sido James y lo arrastraba de vuelta al descansillo. "Siempre un placer hablar contigo. Apuesto a que tu psiquiatra también lo piensa."
"¿No eres mono, Chiflado?" ronroneó Felicity, meneando los dedos hacia él. "¿Te hago una lectura, gratis?"
"Pensaba que esto no era una casa de putas," dijo él, y abrió la puerta a la escalera de los chicos.
James llegó lanzado y se estrelló contra él, chocando sus cabezas. Remus se tambaleó hacia atrás, estrellas explotándole en los ojos; oyó golpes blandos que sonaban a dos personas cayendo uno sobre el otro. Cuando sus ojos se aclararon, vio a Peter tirado aturdido en el suelo y una silueta de polvo con forma de James pendiendo en el aire. Tras él, el agujero del retrato se cerró de golpe.
"Ha ido hacia ese corredor en desuso," dijo Sirius, pasando sobre Peter. "Puto caballero de la brillante armadura."
Salió a zancadas tras James, dejando a Remus para que ayudara a Peter y ambos corrieran detrás. El rostro de Peter estaba excitado y aprensivo, pero Remus sentía que estaba corriendo para evitar un asesinato.
Si sería el de James o el de Snape, no podía decirlo.
. . . . . . . . .
Lily se lanzó detrás de Severus, manteniendo los ojos fijos en su espalda, y no sólo porque no conocía la ruta que estaba tomando. La cena había terminado, y roces ocasionales con los corredores principales a través de estos caminos traseros llenaban de charla los oídos de Lily. Severus tenía que saber que estaba siguiéndolo, especialmente ya que se vio forzada a sacar su varita y producir un Lumos para evitar tropezar y romperse el cuello, pero él no dijo nada, ni se dio la vuelta, jamás.
Revoloteó por su mente la idea de que pasar un día en el castillo con él, todos los demás fuera, y él mostrándole su corazón y venas, podría ser realmente fascinante.
Oyó el rascar de piedra adelante y vio la oscuridad de sombras parcheadas por su Lumos borrada delante por una sugerencia de plata; luego Severus reluciendo fuera de la vista. Acelerando un estallido de velocidad, tropezó en un corredor con olor a moho, helado, iluminado sólo por un haz de gibosa luz de luna cayendo a través de una serie de ventanas paneladas a rombos en la altura, y se percató de que estaban de regreso en el corredor en desuso que llevaba a su torre.
Entrecerrando los ojos, se giró para apuntar el Lumos hacia el corredor, para encontrarlo, y casi lo pinchó en la barbilla con la varita. Gritó y dejó caer la varita; el Lumos guiñó apagándose con un traqueteo, dejando el espacio a su alrededor iluminado sólo por los charcos de luz de luna sobre el suelo polvoriento.
"¿Y bien?" dijo Severus. "¿Qué quieres?"
Cualquier intento que Lily hubiera forjado de un argumento cuidadosamente razonado, apasionado sin dejar su mal genio apoderarse de ella, se apagó como el Lumos que había dejado caer.
"¿Qué quiero?" repitió ella. "Oh, ¿quieres saberlo, entonces?"
"¿Alguna vez he hecho una pregunta sólo por ser cortés?"
"Puede que no haya estado presente durante los últimos veintidós años, pero voy a aventurar que Probablemente Condenadamente No. ¡Lo que quiero es que dejes de ser un imbécil!"
"Presumo que tienes un gran conocimiento de la imbecilidad," dijo él sin perder un latido. No podía ver muy bien su rostro, sólo una astilla de él donde la luz de luna surgía de la oscuridad, pero apostaría a que su expresión era tan controlada y sardónica como su voz.
"Apuesto a que lo tengo," retrucó ella. "¡Años de ser amiga tuya, y luego James y ellos, y ahora tú de nuevo! ¡Todos sois imbéciles! ¡Y sabes qué, puede que tú sólo seas uno, pero sobresales siendo un imbécil, más que ellos cuatro juntos!"
"Me halaga que pienses tan bien de mí," dijo él, como si este resumen de su imbecilidad no tuviera ningún efecto sobre él.
"¡Bueno, he aquí una nueva noticia para ti, sí pienso bien de ti! ¡Estoy intentando que pienses bien de mí! Pero jamás me dirás qué va mal, maldita sea, y entonces sólo–me rechazas y pasas por encima de mí. No soy tan lista como tú, Sev, no puedo imaginar lo que estás pensando–"
"Por supuesto que no puedes," dijo Severus, como si ella fuera una completa lerda por pensar lo contrario. "Fui agente doble durante más años de los que tú estuviste mariconeando en la Orden. Puede que el Señor Tenebroso me haya matado, pero me mató creyendo que estaba condenadamente bien de su lado."
"¡Yo no mariconeaba en la Orden!" dijo ella, lo bastante insultada para ser desviada de su cuestión principal. Algunos de los nódulos más inteligentes de su cerebro señalaron que ésta podía haber sido la intención de él.
"Me veo en un apuro para imaginar lo que sí hacías, ya que estás tan alerta como un gatito con conmoción cerebral. Potter tiene más conciencia periférica que tú."
"Te lo conté, inventaba–¡ésa no es la cuestión! No me importa si piensas que mariconeaba o no, no me importa la forma en que era la maldita guerra, me importa ahora mismo. Y ahora mismo estás–actuando como si me odiaras." El final de esa frase salió sonando muy pequeño.
"No te odio," dijo él, y si su tono no fue desdeñoso, tampoco fue alentador. Fue–cerrado. Completamente.
"Entonces deja de actuar así. ¿Por favor?" ella no había pretendido soltar el 'por favor,' pero continuó. "Quiero que volvamos a ser amigos. Eso ha sido lo único bueno de tener que regresar y–hacer todo esto de nuevo. Lamento tanto, tanto, huir después–"
"No habrías hecho ninguna otra cosa," dijo él, no del todo duro. "Era una maldición Oscura, Lily. No estabas pensando correctamente."
"Pero–"
"Te agradeceré que me permitas una comprensión tolerable del modo en que funciona la magia Oscura."
"Tú no huiste cuando levanté Contrapasso de ti."
"No, destrocé la habitación y amenacé a los Sanadores con eviscerarlos si no te encontraban." Ella creyó ver su labio rizarse.
"Pero… ¿por qué huiría yo, entonces?"
Severus suspiró. Estaba en la punta de la lengua de Lily decirle que era inconsistente: durante años trató de incordiarla para que aprendiera sobre magia Oscura, y ahora estaba molesto por tener que explicársela.
"Porque la magia Oscura perturba tu forma de pensar. No pensabas que afectaba sólo al conjurador, ¿verdad? El principio es el mismo: el control mental al conjurar también ayuda a distanciarte como víctima. Tú no tienes distancia; no tienes experiencia manteniendo una parte de tu mente elevada sobre tus impulsos emocionales. Si te hubieras quedado y preocupado por mí, habría significado que no te había retirado el hechizo."
"Pero… entonces, ¿por qué estabas tan disgustado y… furioso?"
"Porque acababa de hacer una maldita cura Oscura de alto nivel. Yo siempre estoy furioso; simplemente soy mejor sublimándolo normalmente."
"Siempre estás de un genio bastante terrible," dijo Lily. "Para una persona normal, quiero decir."
"Eso es porque siempre estoy furioso. Simplemente no muestro cuán furioso estoy."
Lily parpadeó. La cosa horrible era, que no tenía problema creyendo eso de él. Sólo tenías que verlo en un momento en que el control hubiera fallado para sentir que esos sentimientos llegaban hasta profundidades insondables bajo la superficie…
"Eso es… Jesús, Sev, ¿cómo no explotas?"
"Del mismo modo que no dejo que la magia Oscura me vuelva loco," dijo él, categórico y con desprecio al mismo tiempo. "Mantengo el control."
Con un destello de perspicacia poco característico, Lily se dio cuenta de que estar de regreso aquí, así, tenía que ser la prueba a su control absolutamente más implacable. Cada segundo estaría a prueba. Una persona normal estaría irritada; Severus estaría a una milla de altura en agresión reprimida.
"He estado intentando pensar en maneras de hacer que James y los otros retrocedan," dijo ella. Salió más tímidamente de lo que había pretendido.
Severus resopló, como un tigre aclarándose la garganta de un hueso de antílope. "Creo que tendrías que decapitarlos a ellos o a mí."
Lily sintió que estar de acuerdo con eso sería cortejar el fatalismo. "¿Y si simplemente les decimos la verdad?"
En las lóbregas sombras, sólo podía distinguir que la miraba fijamente. "¿La verdad?"
"Ya sabes… que somos… bueno, del futuro. Básicamente."
"Absolutamente no," dijo él con tanta vehemencia que ella casi hizo una mueca.
"¿Por qué no? Nunca los haremos retroceder sólo razonando con ellos, pero si les contamos–"
"¿Contarle a un atajo de Gryffindors imbéciles que apenas pueden guardar sus propios secretos, que amenazarían gravemente su libertad si se descubren, que sabemos lo suficiente del futuro para arriesgar una guerra?"
"Pero–"
"Pettigrew se convierte en Mortífago," siseó Severus. Ella tuvo una visión de él agarrándola por la corbata y arrastrándola hacia delante hasta que estuvieran apretados nariz contra nariz, pero él mantuvo las manos cruzadas con fuerza alrededor del pecho. "Si ya se ha aproximado a un patrocinador no puedo decirlo, pero la semilla de la rebelión ya está ahí; te lo aseguro. Conozco los signos. Si le entregamos la inteligencia de que estoy en posesión de información que podría cambiar el rumbo de la guerra a favor de Dumbledore, será el mayor regalo que alguien podría entregarle. Se elevaría en la gracia del Señor Tenebroso a una extensión que no podrías imaginar. Lo haría de por vida. Lo máximo que podríamos esperar es que la emoción lo hiciera explotar."
Lily tragó. Antes de poder decir nada, sin embargo, Severus continuó:
"Y Dumbledore se aseguraría de enterarse de ello, si no lo ha hecho ya. No, pensándolo mejor, no lo sabe, o habría actuado. Está formando teorías, pero no ha encontrado una que se ajuste a los hechos todavía. Lo hará, sin embargo."
"Pero tú sabes tanto sobre la guerra," dijo ella, un tono suplicante arrastrándose en su voz sin su permiso. "Podrías ayudarle–a Dumbledore, me refiero. Y entonces, si estás de nuestro lado, James y los otros verían…"
"Dumbledore me querría como espía," dijo Severus, su voz baja y fría, tan fría que ella sintió un escalofrío en la boca del estómago. Una visión surgió sin ser llamada en su mente, de Severus arrodillándose ante Dumbledore en su despacho; y luego ante Voldemort, con sus ojos teñidos de rojo…
"La información," estaba diciéndole Severus ahora, "está muy bien, pero querría estar seguro de que Voldemort no vuelva obsoleta mi información. Ya he pasado por eso dos veces. He terminado con ello."
Lily abrió la boca… y entonces descubrió que no tenía nada que decir. El éter de sus pensamientos burbujeaba, pero no produjo nada útil; nada salvo el pensamiento Sev espió durante tanto tiempo como Harry estuvo vivo y murió para llegar aquí, y entonces casi murió de nuevo intentando no ser Mortífago…
Una luz se encendió con un guiño en su cabeza, como la luz de una casa lejana en una carretera larga, oscura. Podía ver los cruces en su interior, el pasado junto al presente, como una nueva capa de asfalto echada para cubrir los viejos baches y rodadas. Podía oír la respuesta de la persona que había sido; la respuesta que estaba incluso en la punta de su lengua: ¡Pero tenemos que luchar! Tenemos que hacer todo lo que podamos, Severus, y sabemos tanto, podemos ayudar, tú mismo lo dijiste, podemos cambiar el rumbo de la guerra.
Pero las palabras se quedaron en su boca, no dichas, porque la Lily que estaba en el polvoriento corredor en desuso estaba viendo algo. Veía que Severus lo había entregado todo a la guerra, dos veces, había hecho todo lo que pudo, y había muerto. No sabía todo lo que le había sucedido, pero no necesitaba saber lo que había sucedido, porque veía el resultado. Lo había visto en la torre sólo ayer, cuando la profundidad de su vulnerabilidad se había transformado en crueldad.
Había visto el comienzo de ello hace años, en un día soleado junto a un árbol y un lago.
Y le había dado la espalda.
Las cosas que vio se transformaron en comprensión y cubrieron el fantasma de sus convicciones, y su camino se extendió al futuro.
"¿Qué vamos a hacer, entonces?" susurró ella.
Severus no respondió por largo tiempo. Con cada segundo que pasaba en silencio, ella podía sentir su corazón latiendo más fuerte, pulsando en las yemas de sus dedos, sus sienes, sus oídos.
"Lo que tú hagas es algo que decidirás por ti misma," dijo él. "Yo, sin embargo, me marcho."
Su sangre pareció desaparecer de repente, como Desvanecida de sus venas.
"¿Marcharte?" La voz fue tan pequeña, que casi no sonó como la suya.
"Sí." Ella no podía distinguir su rostro en absoluto. Ni siquiera su voz le decía nada; gris, ensombrecida. "Fue estúpido por mi parte suponer que podría regresar aquí jamás. Al menos ahora lo sé. Será mejor para todos, yo mismo incluido, una vez me haya marchado."
"Pero… no puedes marcharte," dijo ella, todavía con esa voz diminuta.
¿Qué haré sin ti?
Ella parpadeó cuando la idea apareció en su mente, como un Lumos, y entonces en lugar de pasar de largo como hacían la mayoría de los pensamientos, dejando atrás sólo huellas, ésta permaneció, tan brillante y resplandeciente como luz de varita.
"Me he hecho cargo de las cosas," estaba diciendo Severus, mientras ella simplemente estaba parada allí, ese pensamiento llenándole la cabeza con su callada luz. "No necesitas temer ninguna represalia o malicia al azar de ningún Slytherin ambicioso–o ningún estudiante, para el caso–pero no te diré nada más en caso de que Dumbledore–"
Detrás de Lily, hubo el sonido de algo sólido estrellándose contra una pieza gruesa de madera. Severus se interrumpió, y ambos oyeron:
"¡snape!" Estaba amortiguada a través del sólido roble de la puerta, pero ésa era definitivamente la voz de James. "¡sabemos que estás ahí!"
"¿Alguna vez se le ocurrió alguna emboscada más creativa?" se burló Severus, refinado en su desprecio.
"¡sabemos que tienes a Evans ahí!"
"Ésa es tu señal," dijo Severus, volviéndose para irse.
Los labios de ella se movieron: No–
"Sev–" Su mano se lanzó y los dedos se enroscaron en la curva de su codo.
"¡abre esta puerta, snape!"
Ella oía los sonidos amortiguados de algún tipo de riña al otro lado de la puerta, pero era como si se hubiera hundido en el truco de Severus de dividir la mente: una parte de ella sabía lo que estaba pasando, pero la otra estaba totalmente concentrada en lo que podía ver de Severus en ese corredor oscuro, tenuemente iluminado, donde el aire estaba lleno de polvo y su garganta de su corazón, y su corazón de la convicción de que tenía que hacer esto bien, a pesar de que no podía ver dónde pisar y no conocía las palabras correctas que decir.
"Por favor, no te marches," dijo ella. El ruego cubría tanto que abandonara el corredor en esa pequeña instancia y el colegio en la mayor… y en su vida, la mayor de todas. Porque la única certeza que sí poseía era que si Severus abandonaba el colegio, probablemente no volvería a verlo nunca.
Algo explotó contra la puerta de madera tras ella, pero la puerta no cedió. Olió el acre olor punzante de humo de hechizos, pero no se giró a comprobarlo.
Severus se quedó dándole la espalda un momento más. Entonces se giró… su corazón dio un vuelco, pero si de adrenalina o alivio, no lo supo…
…y entonces pasó a su lado, hacia la puerta, y la abrió de golpe.
Cuando la luz de antorcha cubrió su parte del corredor, manchando el entorno de color, Lily no pudo evitar la sombra de una sensación de haber perdido algo.
Había una gran mancha de hollín en la madera picada de viruelas de la puerta. Severus la miró. "¿Destruyendo la propiedad del colegio, Potter?" preguntó. "Ni siquiera hábilmente. Bah."
"¡Tú!" James parecía casi enloquecido. La visión de su cara perpetuamente jovial completamente blanca y contraída por algo así como miedo era alarmante, incluso desconcertante.
Lily se acercó al hombro de Severus para ver mejor el corredor, aunque, como él, se quedó a este lado del umbral. "¿Qué ha ocurrido?" preguntó, medio temerosa de que alguien hubiera alcanzado a James con magia Oscura. No improbable, en este colegio.
"¡Evans!" jadeó James. Se lanzó al umbral–
Hubo un destello de luz actínica, y fue arrojado de sus pies, deslizándose corredor abajo unos pasos y deteniéndose con un ruido sordo.
"¡Te dije que estaba protegida, Cornamenta!" dijo Peter impaciente, mientras Remus se agachaba para ayudarlo a levantarse. No necesitaba haber gastado la energía, sin embargo: en un segundo, James estaba de nuevo en pie por su propio poder, su cabello más salvaje que nunca.
"¿Alguien me dirá qué demonios ocurrió?" preguntó Lily, sobresaltada. "¿Remus?"
"Bueno, encima de un montón de otras cosas," dijo Remus, en una carrera de tono uniforme, como si quisiera sacar esto lo más rápido posible antes de ser cortado, pero quisiera que todos permanecieran tranquilos, "Felicity Meadowes."
Lily gimió. "Esa vaca entrometida–"
"Devuelve a Evans," jadeó James. "Sabemos que estás utilizando magia Oscura sobre ella, Snape, sabemos–"
"Lily es una agente libre," dijo Severus. Su tono era desdeñoso, pero el desprecio estaba entretejido en él, y el aburrimiento, de modo que con una vuelta muy sutil, el insulto fue maximizado. "Si quiere irse contigo, puede irse. Si quiere quedarse aquí, puede quedarse. Si desea atravesar los Alpes Suizos con una mochila, puede hacer eso también."
"No en enero," dijo Lily. Trató de apisonar su frustración con James y su cruzada por salvarla de alguien de quien no necesitaba ser salvada. "¿De qué estás hablando, Sev utilizando magia Oscura sobre mí? Te dije que ese hechizo no era de Sev, y ahora ya no está, de todos modos–"
"Sí, retiró ése," dijo James agresivo, "pero te puso otro, ¡lo sabemos!"
"Tú lo sabes, Cornamenta," interrumpió Sirius. Lily saltó; no había notado que estaba allí. Estaba parado a plena vista, pero su atención había estado llena del rostro contraído de James y la presencia apenas-ahí de Sev a su lado, como si pudiera reducir su masa tan hábilmente como podría ocupar tres veces el espacio de cualquier persona normal.
"Cornamenta tiene una teoría chiflada de que Quejicus utilizó magia Oscura vudú sobre ti para hacer que lo siguieras por ahí en lugar de al revés," dijo Sirius, mirando a Lily con su propia especie de desprecio aburrido. Ella parpadeó. "Simplemente no quiere admitir que ha malgastado el último año o así pensando que valías más que una mierda."
Por un momento, Lily fue totalmente pillada por sorpresa. Nunca se había llevado demasiado bien con Sirius y siempre sospechó que ella no le gustaba mucho, pero nunca le había dicho nada–mezquino antes. Si ella había fingido ser afectuosa, él le había seguido el juego.
"¡Canuto!" gritó James, volviéndose contra él. "¡No le hables así! No está en sus cabales–"
"Puede que no esté jamás en sus putos cabales," continuó Sirius, brutalmente firme, "pero no es víctima de una maldita maldición Oscura, Cornamenta."
"Creo que todos deberíamos marcharnos por nuestros caminos y hablar de esto por la mañana," intentó Remus. Su expresión y voz eran intentos de calma, pero estaba observándolos a todos–a Lily, Sirius, James, incluso a Severus–con aprensiva cautela.
Lily encontró su propia mirada cayendo sobre Peter. Su expresión mientras observaba a todos pelear era casi avariciosa…
"No," dijo James enérgicamente, llamando la atención de Lily de vuelta a él. (Vio suspirar a Remus, un inaudible declive de los hombros.) "Voy a recuperar a Evans ahora mismo, Lunático. Canuto, no sé cuál es tu problema–"
"¡Mi problema es que te estás volviendo loco por una chica que elige mierda Mortífaga por encima de ti!"
"Sabéis," dijo Lily, su genio llameando, el calor encendiendo sus mejillas, "estaba preguntándome si podríais explicarme algo–cualquiera de vosotros."
"Sí, ¿qué?" preguntó Remus enseguida, sus ojos lanzándose entre Lily-y-Severus y James-y-Sirius, que estaban fulminándose con la mirada unos a otros en diversos grados. Sirius tenía una mirada casi… fea en el rostro.
"Vuestro mapa," dijo ella, estrechando los ojos, "el que os muestra el colegio. ¿Lo usasteis alguna vez para emboscar a Severus?"
Severus, que había estado en silencio e inmóvil, de repente le pisó el pie con fuerza.
"¡Au! ¿Qué?" siseó ella.
"Pensaba que habrías aprendido," siseó él en respuesta, de modo que ninguno de los cuatro chicos en el pasillo pudiera oírlo, "que puedo combatir mis propias malditas batallas."
Lily sintió las mejillas todavía ardiendo. "Eres tan–tan tipo duro–"
"¿Y qué si lo hicimos?" preguntó Sirius desdeñoso, su postura irradiando aburrida indiferencia.
Su grosería le chocó de verdad. "¡Eso es bajo, eso es!" gritó ella, sintiendo el rostro arder aún más caliente con algo que se sentía como vergüenza. "¿Cómo pudisteis?"
"No me hagas Silenciarte," dijo Severus en voz baja, con una mirada fulminante que habría metido el temor de Dios en cualquiera salvo su madre, y posiblemente Voldemort.
"Pero–" comenzó ella, sólo para que su voz fuera tragada por la de Sirius:
"Joder, ¿no lo ves, Cornamenta?" No está en sus cabales–"
"¡Porque ha sido maldecida!"
"¡Y si no es una maldición!" gritó Sirius. "¡Y si es lo que realmente quiere! ¿Pillarás una puta pista entonces, Cornamenta?"
"¡Sssh!" siseó Remus de repente. Lily no comprendió por qué–
Hasta que una sombra oscura dobló velozmente la esquina y entró a la luz de las antorchas:
La Profesora McGonagall.
"Veinticinco puntos menos para Gryffindor, Sr Black," dijo ásperamente, "por ese lenguaje. El resto de ustedes"–giró hasta detenerse en la periferia de los cuatro divididos y les repartió una exhaustiva mirada bordeando la desaprobación–"reportarán al despacho del Director."
"¡No estábamos haciendo nada!" protestó Peter. "Por favor, Profesora, fue todo Snape–"
"¡No lo fue!" llameó Lily. A su lado, Severus dejó escapar un suspiro casi inaudible.
"Señorita Evans, Sr Pettigrew, por favor," dijo McGonagall, su voz tan crespa que casi espetó. "Las constantes peleas que todos ustedes perpetran pueden ser tratadas más tarde. Esto es un asunto diferente. El Director ha requerido verles a ustedes cuatro"–miró a los Merodeadores por encima del borde de los anteojos–"y al Sr Snape. De inmediato. Todos vendrán conmigo, por favor."
Remus, notó Lily, se puso pálido hasta las branquias. Los otros se veían en diversos grados de esperanza y aun así frustrados, disgustados, y ansiosos, pero Remus parecía un hombre que acabara de ver erigido su propio patíbulo. ¿Así que él sabía de qué trataba esto? Pero, ¿qué tenía que ver con Sev?
"Señorita Evans," dijo McGonagall, "reportará de regreso a la torre Gryffindor."
"¿Qué?" estalló Lily. "Pero yo quiero ir también."
"Me temo que eso apenas importa, Señorita Evans," dijo McGonagall, como levemente ofendida porque Lily pensara lo contrario. "Esto no tiene nada que ver con usted. Vengan, los cinco. Sin peleas–eso significa varitas e insultos y puñetazos."
Lily dio un brinco cuando sintió una leve presión en el codo–apenas ahí; sólo el peso de un colibrí; pero lo había sentido. Y no podía imaginar a Severus rozándola accidentalmente cuando rieló fuera del umbral. La había tocado a propósito.
Era gracioso, que algo tan diminuto hiciera a tu corazón sentirse como un pájaro cuya ala rota había sanado finalmente. Lo observó planear en la estela de los otros corredor abajo, sintiendo una desproporcionada sensación de ligereza, de casi esperanza–
Entonces en el giro, él echó un vistazo atrás por encima del hombro. Sus ojos se conectaron, sólo por un momento; ella sintió la esperanza llamear a alegría, como un petardo encendido, cuando su mirada se demoró un momento más–
Y entonces todos doblaron la esquina y se perdieron de vista.
Todo irá bien, pensó ella, mareada de alivio. Sea lo que sea. Severus es listo, se hará cargo de ello.
Pero no iba a sentarse en la torre Gryffindor con esa garantía, como una buena chica. Se suponía que no era una buena chica, en realidad.
Por suerte para ella, conocía un camino secreto para entrar y salir de la torre del Director. Un pasadizo poco conocido que Dumbledore le había presentado durante sus visitas en tiempo de guerra.
Cerró la puerta al corredor en desuso tras de sí, y corrió. Necesitaba apresurarse si no quería perderse demasiado.
