Capítulo II


Lucius optó por retirarse a descansar y dejar que sus pensamientos no fueran los culpables de otra noche de insomnio, aunque eso era poco probable.

Narcissa recibió el beso de este en la mejilla y lo vio salir.

La bruja se levantó y fue hasta el ventanal mirando el horizonte, debía hacer esa visita antes de que vigilaran cada paso que diera. Sin dilación pidió un pergamino y pluma para enviar la nota; debía pedir permiso.

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No era tonto como para no saber fingir como sus padres le pidieron y es que con el regreso de Voldemort muchas verdades habían surgido en su familia y con eso los ojos de Draco se abrieron. Seguía con sus trastadas a los leones, también lo hacía para que sus acciones no fueran escudriñadas por sus compañeros, la casa de Slytherin ahora era un juego de ajedrez que no todos podrían ganar o siquiera jugar.

Draco deseaba confiar en Severus, después de todo era su padrino y el mago que le ayudó a encontrarse con su verdadera esencia, más no era tan crédulo porque sabía que el profesor empeñó su magia en esa promesa para cuidar del atolondrado león.

Por el momento en Hogwarts se encontraban a salvo, pero el rubio se preguntaba cuando consideraría el lord que ya estaban listos para ser sus soldados. No temía luchar, lo que temía era todo lo que eso conllevaba.

Para su asombro Umbridge era una ventaja clara y ayuda para pasar ese año escolar con tranquilidad y hasta algo de diversión. Claro que sabía de esas reuniones de algunos alumnos –en su mayoría admiradores de Potter–, pero si los descubría pronto, esas búsquedas y persecuciones se detendrían y con eso su entretenimiento.

El Malfoy dejó sus pensamientos de lado y entró al comedor con toda la elegancia y arrogancia que podía, le encantaba ver el rostro molesto del trio de leones.

En la mesa de los leones, Harry gruñó, su amigo lo imitó y agregó:

–Como desearía clavarle los dientes y arrancarle esa sonrisa de su rostro presumido.

–¡¿Clavarle los dientes Ron?! ¿De qué hablas? –masculló la castaña.

Ron agitó una mano y respondió:

–Nada, es una forma de hablar no me hagas caso.

Hermione decidió hacerle caso al pecoso e ignorar sus rabietas, por su parte Harry simplemente siguió mirando con enojo al rubio y su cohorte de amigotes.

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Severus se sorprendió al recibir el mensaje de Dumbledore, luego de la hora de la comida.

–Severus, hijo, tienes una visita, está en mi despacho.

–¿Visita?

–Sí, no te preocupes yo di el permiso. Ve.

El profesor obedeció y caminó apresuradamente hasta la torre del Director. Allí entró con la contraseña y al revisar el lugar vio a la bruja que se encontraba sentada en la salita.

La rubia lo vio y estaba por incorporarse, pero él la detuvo y avanzó hacia ella.

–Narcissa, buenas tardes.

–Buenas tardes Severus.

–¿A qué debo tu agradable visita?

–Siempre tan galante Severus. Sentémonos, esto será largo.

–Cissy... ¿sabes que Albus?...

–Confío en que no escuche lo que debo decirte, sin embargo, si lo hace... No podemos detenerlo y esto debe cambiar, sin él o con él en posesión de esta información.

Snape comprendió que la bruja había pensado en todos los contras y pros y de ese modo concluyó en hacer esa revista.

–Draco no me lo dijo directamente, pero lo vi en sus ojos y lo olí en su esencia.

–Lo siento, debí contarles a ti y a Lucius.

–Al contrario, agradezco que resolvieras sus dudas, Lucius siempre me prohibió siquiera insinuarlo y antes de él, mis padres tampoco lo aceptaron, obviamente todo era peor si eres de los que poseían ese rasgo. Pero Severus comprende, ocultar lo que somos, es como matar a la otra parte de nuestra alma y...

–Eso nos hace seres incompletos y débiles.

–Es verdad. Por eso agradezco que se lo dijeras a Draco.

–De cierto modo siento que él lo hubiera descubierto por su cuenta. –Snape meditó unos segundos antes de responder– Narcissa... no se lo dije.

–¿Cómo?

–No se lo dije, él lo descubrió. Él cambió.

Narcissa dejó caer la taza en el plato y exclamó:

–¡No puede ser!

–Lo es.

La bruja apretó sus dedos entre si y murmuró algo, luego volvió a dirigirse al profesor.

–Eso solo adelanta la decisión que tomé.

–...

–Severus, por favor, ayúdalo a entrenar y aceptar su otra forma.

–Sabes que inclusive hablar de ellos es un tabú.

–Pero no lo han convertido en crimen y es solo demuestra que los magos aún tiene salvación para no perder nuestra esencia o por lo menos los magos y brujas más...

–Puros.

–Así es.

–Más el Lord si lo ha convertido en un crimen.

–Porque nosotros se lo permitimos. No tiene que saberlo, de hecho ocultarlo es lo mejor. Tú lo has ocultado.

–Si y según creo ¿también tú?

–Escucho a esa parte de mí, pero no creo ser capaz de cambiar, han sido años desde que lo hice, siendo una niña pequeña. Por eso te pido que prometas ser su guía.

–...

–Comprendo que te estoy pidiendo mucho y muy peligroso. Sin embargo, tuve un presentimiento, uno muy fuerte.

Snape pudo desechar lo que la bruja mencionó, no obstante sabía que entre las familias de sangre pura había algunos pocos casos en los que sus presentimientos eran muy certeros para darle un vistazo al futuro.

–Por favor Severus...

El aludido exhaló y respondió finalmente:

–Lo haré, aunque todo debe quedar entre nosotros.

–Así será. –Prometió la rubia y se levantó yendo hasta la chimenea.– Me retiro, agradece a Albus de mi parte por su hospitalidad.

Severus asintió y vio desaparecer a la bruja. Enseguida se giró y fue a la salida. Caminó hasta su aula para alistar su última clase, para su buena fortuna era con los Slytherin de ese modo podría hablar con su ahijado.

Frente a su aula Dolores se encontraba esperándolo, el profesor hizo lo posible por no rodar los ojos.

–Severus, lo estaba esperando.

–Si lo imagino.

–Necesito más veritaserum, estos niños no...

–Usarla en estudiantes es ilegal y ya se lo había dicho.

Ella sonrió con suficiencia, entregándole un pergamino.

–Es un permiso especial del Ministro.

Severus leyó el pergamino y como todo era legal, tuvo que buscar otra salida.

–Ya veo, es muy cierto, sin embargo, ya no tengo veritaserum y prepararlo no es cosa de un día.

Umbridge hizo un gesto y arrebató el pergamino de las manos del profesor girando para irse muy molesta, no sin antes agregar.

–Que sea rápido, lo requiero para esta semana.

Severus se adentró en el aula y ni se molestó en responder.

...


Muchas gracias noona-kane y Gabriela Cruz.