Capítulo IV


Era de madrugada cuando el dolor en la cicatriz comenzó y Harry se removió inquieto, aunado a ese malestar, la picazón en su cuerpo se sintió; esa que recordaba lo acompañaba desde niño, lo despertó. El moreno se incorporó y conjuró un tempus, apenas eran las cuatro de la mañana y él ya estaba despierto; las clases con Snape no ayudaban –en su opinión– y luego del aparatoso desastres de ver esas memorias del pocionista dudaba que este aceptara ser de nuevo su maestro aunque lo obligara Dumbledore.

Harry se removió y rememoró esas imágenes en las que su padre y amigos de este no salían muy bien parados, deseaba aclarar eso con Sirius, pero algo llamaba más su atención y eso era que, de cierto modo en una imagen de esas memorias hubo una que parecía de un animal... de un depredador al acechó ¡¿Eso que significaba?! ¡¿Sería Snape un animago sin registrado como Paddy?! Esas incógnitas rondaban en el cerebro del moreno.

Al ver que la luz del amanecer atravesaba la ventana, Harry optó por levantarse ya que el sueño lo había abandonado. Cómo era fin de semana el de ojos verdes se puso algo de ropa muggle y bajó a la sala común, esta se hallaba sola por eso Harry se sobresaltó al escuchar un ruido de pisadas; enfocando la vista buscó el motivo del sonido y creyó ver una forma peluda de color rojo cereza, Harry se quitó los lentes y talló sus ojos y volvió a buscar, sin embargo, no encontró nada, bajó con sigilo los escalones y llegó hasta el sillón individual donde vio algo, revisó la butaca, más no encontró nada. Harry casi brincó del susto al oír de nuevo esos extraños pasos, pero ahora subiendo las escaleras rumbo a las habitaciones y en mayor cantidad.

En el cuarto de los de sexto la puerta se abrió sin hacer ruido y un par de formas peludas se internaron cambiando en cuanto llegaron a sus camas. Fred sonrió con diversión y George le guiñó un ojo:

–Casi nos descubre.

–No creí que hubiera nadie levantado tan temprano siendo sábado.

Los gemelos sonrieron y se acostaron, pues apenas regresaban de sus correrías; para ellos su forma de shifters era la que les ayudaba a ir de un lado a otro si ser pillados, y la usaban constantemente a pesar de los regaños y advertencias de sus padres y hermano mayores, después de todo estaban orgullosos de ser cambiaformas... Comadrejas*

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Harry revisó toda la sala común y al no encontrar nada se dijo que probablemente era su falta de descanso el que le jugó una mal pasada; escuchó pasos y vio a los otros Gry bajar para ir a desayunar y se unió a ellos.

Al llegar al comedor se topó con otros estudiantes como siempre, pero lo que le pareció algo extraño fue que su némesis rubio pareciera que lo había olido cuando pasó junto a él, haciendo gestos, eso ofendió a Harry pues se había dado un baño y no olía mal, por lo que decidió ignorar al Slytherin.

Por su parte Draco casi gruñó al ir rumbo a su mesa, pues el de ojos verdes llevaba pegado un olor leve a shifter Omega y eso era muy extraño, pues dudaba que Potter siquiera supiera de la existencia de los cambiaformas.

El rubio se dispuso a preguntarle más tarde a Severus. Tendría que ir a buscarlo pues este no se veía por el comedor.

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Al recibir esa mañana la respuesta de su nota, Remus apenas si tuvo tiempo de alistar su salida y dejar los pendientes a Sirius que si bien no preguntó mucho, pareció sospechar de esa misión de última hora del licántropo.

Remus apareció cerca del Caldero chorreante y luego fue hasta el lado muggle, su paso era veloz y es que no quería llegar tarde.

Sorteó gente en la acera y se internó entre los edificios para dar con el pequeño Caffe de hogareña fachada, entró y usó su nariz para encontrar a quien lo esperaba en una de las mesas privadas. Caminó hasta la mesa y sin querer se sintió algo tímido al ver que Severus vestía ropa muggle, pero que parecía nueva y le quedaba muy bien, en cambio su ropa era sencilla, limpias, pero que había conocido años mejores.

El profesor miró con curiosidad al rubio trigo y decidió tomar la iniciativa, se levantó e invitó.

–Siéntate ya he ordenado algo para nosotros. –Remus obedeció más no dijo mucho – ¿Qué pasa? Eras tú el que dio ese ultimátum y no dices nada.

–Bueno es que...

Remus no siguió pues un mesero llegó con el pedido. Al rubio trigo le colocó un plato con una rebanada de pastel de truffa y un mocacchino y a Severus, café americano y un pedazo de pay de zanahoria.

–Come. Espero que haya elegido bien.

Remus probó su pastel e hizo unos sonidos de gusto que provocaron escalofríos placenteros en Severus y en su animal interior, quién se encontraba orgulloso de estar alimentando a su compañero.

–Esto es delicioso.

–Qué bueno que te agrade.

–Sí.

–¿Tuviste problemas para venir?

–No.

–Eso esperaba, Él no nos ha llamado si hay señales de nada, por eso creí que podrías venir sin muchas trabas.

–Y... ¿Qué te hizo cambiar de parecer?

–Aparte de tu advertencia amable de atacarme en Hogwarts si no hacía nada.

–Siento ese exabrupto.

–Está bien, ya he renunciado a muchas cosas por culpa y deber; no quiero dejar que mi naturaleza se pierda y con eso herirte.

–Si tomamos lo que cuentan la leyenda, no solo herirme... si no matarme.

–¿Y no temes que sea cierto lo de seguir a tu compañero en vida y muerte?

–No, con El Lord vivo, nuestras vidas ya están en riesgo, no voy a sacrificarme sin siquiera haber estado con mi compañero destinado.

–También lo pensé y por eso estoy aquí.

Severus vio a Remus y con algo de recelo acercó su mano a la del rubio, quien sin dilación aferró su mano y sonrió.

Luego de comer, los dos magos salieron y Severus los guió por la puerta trasera y los desapareció rumbo… a su casa en la calle de La Hilandera.

...

Muchísimas gracias por leer, aunque me agradaría que comentarán 👉👈

*Comadrejas definitivamente y no hay animal pequeño créanme, las comadrejas pueden enfrentarse a serpientes y víboras con maestría ;)