Capítulo 10
Estaba tan concentrado mirando a las pantallas de las cámaras que no fue capaz de notar a Fredica que estaba sentado en el escritorio, desnuda incluso. Solo cuando se movió hacia atrás con su silla, pudo darse cuenta de ella y más todavía el hecho que no llevaba nada de ropa encima. Bah, de por sí no tenía mucho pero el hecho que no tuviera nada no ayudaba.
Fredica simplemente miraba al guardia con una linda sonrisa, abriendo poco a poco sus piernas para dejar ver su vagina limpia y sin ningún rastro de pelo. ¿Cómo podría tener pelos allí abajo un animatronico como Fredica? Ella era la perfección creada. No había forma… eso y porque es un robot y dudo que hagan robots con pelos en partes privadas como tal.
Sonreía ella. Las puertas se cerraron a lo que caminaba en dirección al guardia que podía notar esa mirada de shock en sus ojos, Buen tiempo para cerrarse. Estaba todo planeado. Ya no podía aguantar más, para nada. No podía sacarse estas ganas con simplemente masturbarse.
—Es un lindo momento para verte, querido guardia —ella decía mientras se acercó hasta el guardia que seguía sentado en la silla. Se había intentado parar pero le hizo sentarse por la fuerza—. Oh, no, no, no, querido guardia. Te quedarás sentado y serás obediente a esta osita que quiere algo de ti… —su tono de voz era leve pero podía escucharse. Sonaba dominante para variar las cosas. Apretó con un poco de fuerza uno de los hombros del guardia cuando lo hacía sentar y pudo ver esas caras de dolor. Bingo—. Sabes lo que quiero ¿verdad? —ante esta mera sorpresa, él no habló, lo cual es entendible. Ella, con movimientos suaves y sensuales, se sentó en su regazo, acomodando de manera perfecta en trasero con la entrepierna del guardia. Fue al cabo de unos segundos que ella abrió sus ojos unos momentos para mirarle con algo de picardía—. ¿Apenas me he sentado y te has puesto duro? Mm… —lo rodeó con sus brazos detrás de la cabeza. Seguía sonriente como ninguna. Volteó a ver entonces la zona baja. Cada vez sentía más y más esa erección del guardia. Bajó uno de sus brazos para tocar y sí, podía sentir que una bestia quería salir de allí—. Hehe… algo quiere salir… —con algo de fuerza, el miembro del guardia salió. Fredica titubeó por unos momentos. No era pequeño, para nada. Le entró dudas… pero llegando hasta aquí, no puede dudar más. Borró su sorpresa y volvió a su expresión de antes—. Vaya… y pensar que venías bien equipado… —soltó una carcajada. Volteó a ver de nuevo al guardia que estaba congelado pero más allá de eso, evitaba la mirada de pena por esto—. Mírame —le tomó del mentón. Le hizo mirarle. Se reía un poquito al haber hecho esto—. Vas a mirarme en todo momento así como yo te voy a mirar a ti, cariño —tomado del mentón, ella movía uno de sus dedos para acariciar el mismo. Con uno de sus dedos, lo pasaba por sus labios. Tocar esos labios, eran muy hermosos y se veían muy sabrosos—. Mm… se ven apetitosos… —sin dudar, ella terminó juntando sus labios con los de él. Por unos momentos mantuvo sus labios contras los de él y no le dejaba escaparse. Le tenía del mentón. Ella de pasó comenzó a mover sus caderas. Podía sentir el amigo del guardia golpear y golpear su trasero, metiéndose entre medio de las mejillas de su trasero. Se separó bruscamente. Estaba sonrojada pero no quitaba su cara sonriente que vendría a ser una sonrisa coqueta—. Delicioso… —esto ya la había excitado demasiado—. Será… mejor pasar al evento importante… ¿no crees?
Fredica comenzó a tomar entonces el miembro del guardia, llamado tan a secas de esta manera porque ella no conoce el nombre pero ustedes seguro ya saben que es John.
¿Qué pasaría entonces ahora? Nada del otro mundo. Si el guardia llega a sufrir un castigo por meterse con los animatrones, no era su problema. En este momento, estaba dominada por completo por sus deseos sexuales. No podía ya aguantar. No podía soportar cómo tanto Bonnie como Chica parecían divertirse con el guardia. Su versión dorada le dijo algo de estas dos pero no a tanto detalle. Ella se podía dar una idea. Volviendo al guardia, muy segura estaba que le dirían algo… pero, ¿lo iban a despedir? Ella afirma que no lo harán.
El pene del guardia estaba ya golpeando la entrada de su cuerpo. Tragó saliva. Lo tomaba y podía sentir cómo pulsaba. Podía sentir cada vez más que este amiguito parecía estar con muchas ganas de entrar aquí. Muy roja, miró al guardia.
—Sé que te mueres por esto, lo notó en tu cara —ella le veía. Con una mano que tenía el miembro de él a punto de entrar en ella, la otra tomaba el mentón del mismo. Quería que le mire y que mire cómo lentamente su cara cambia al sentir cada centímetro de él dentro de ella—. Y tendrás que ver esto… —bajó sus caderas despacio. Iba sintiendo cada centímetro dentro de ella, mordiendo su labio inferior con mucha fuerza, aguantando los gemidos pero dejando escapar sonidos de placer, temblando demasiado. Una vez bajó por completo y sintió todo el miembro dentro, ella seguía temblando pero también miraba con mucha más lujuria al rubio. Si con tal solo entrar ya estaba al borde de acabar, ¿cómo se sentirá si le empieza a dar fuertes sentones?—. En-entró… to-toda… —y su forma de hablar ya no era correcta. Parecía fallar un poco. Sus ojos casi se iban para atrás. Se tiraba para atrás sin dejar de tomar ahora de los hombros al rubio, haciendo no solo caras de placer sino de dolor. Ella soltó un fuerte suspiro y se acomodó bien. Estaba a nada de moverse—. …es hora de comenzar con la función… mi hermoso guardia…
¿Qué pensaba John?
Bueno, lo único que podía pensar es que Fredica era muy apretada. Apenas entraba, sentía un lugar muy cálido pero muy apretado. Sentía que algo iba a arrancar su pene. Sentía la succión y eso que ella no comenzó a moverse. ¿Cómo puede ser que un robot se sienta mucho mejor que las mujeres con las que ha estado alguna vez? ¿Es posible eso? No, ¿cómo puede ser posible?
Fredica es la respuesta clara a esto. No es que haya tenido sexo antes con un robot. De hecho no la tiene, nadie. Pero puede saber la diferencia entre Fredica y una chica de verdad… ¿la verdad? No tiene duda alguna que Fredica es la mejor de todas. La sensación, la calidez, el cómo aprieta… esperaba que fuera una recreación perfecta de la vagina humana y deseaba que no fuera a sentir engranajes que le demuelan el pene.
El tiró su cabeza hacía atrás por esa sensación. Era la mejor. Hacía fuerza también para no acabar y se puso muy rojo. Su vista se cruzó con la de ella. Él estaba a nada de mover sus brazos y poner sus manos en el trasero de ella.
—… entró… —soltó un largo suspiro pervertido. Se había acomodado. Un largo tiempo pasó para sentir algo así. En eso, notó al rubio—. ¿Eh? Mira tu cara… sabía que te iba a gustar una osita como yo… mucho mejor que una polla o una coneja ¿verdad? —tomó sus manos. Tomó las manos del guardia y las llevó a su trasero—. Sé que lo quieres… toma —apenas las apoyó, sintió un golpe de corriente en toda su espalda—. En serio querías tomar mi trasero ¿eh? —mostró una sonrisa más grande que nunca. Si uno miraba bien, podía notarse a su versión dorada recostada en el escritorio mientras ya estaba a nada de comenzar a tocarse—. Disfruta… y espero… que me hagas disfrutar…
Departamento de John, 11:24am
Despertó.
Lentamente bostezaba en lo que intentaba levantarse de su cama pero no había forma de levantarse, estando muy cómodo pero de alguna manera, cansado. Por eso no quería levantarse… pero de hecho, sentía un dolor naciendo de sus caderas y de sus piernas. No podía moverse para nada y de hacerlo, le costaba bastante. Hacía algunas muecas de dolor. No le quedó contra que mirar al techo mientras pestañeaba una y otra vez, haciendo memoria.
—¿Qué pasó anoche? —tiene que admitir que no sabe mucho. Tiene pequeñas imágenes pero no recuerda todo en totalidad. Si tiene que adivinar, seguro hizo algo que no debería. De eso puede estar seguro porque algo así le pasó en el pasado, porque era en cierto modo idiota, y se arrepentía mucho al otro día. Aunque ahora es totalmente diferente—. Recuerdo estar mirando las cámaras y luego… —de a poco, recordó a Fredica. Recordó que estaba desnuda y que se sentó en su regazo. Hasta entonces, no recordaba mucho pero se hizo una buena idea lo que ha pasado. Se llevó su mano a la cabeza, su cara, mientras negaba—. Por favor… dime que no hice nada malo esta vez…
Volteó a un costado de su cama.
¿Cómo te sentirías si a un costado tienes un pequeño peluche de Fredica que parece que te está viendo en todo momento?
Lo que más le sorprendió un poco, también le asustó, es que había una versión dorada de Fredica, también mirándole fijamente y parecía que ambos muñecos parecían sonreírle. Estaba asustado ahora porque se movió un poco y esos ojos se movían.
Tomó ambos de todas formas. Eran dos pequeños peluches lindos para variar. Los miraba detenidamente y los detalles son geniales. Era como si tuviera a Fredica frente a él… aunque un peluche lindo… no puede decir lo mismo de esta versión dorada de ella. Era raro. Veía los ojos de esta y le hacía sentir demasiado raro. Era como si algo quisiera adentrarse en él, aparte de poder sentir unos leves escalofríos.
Dejó los peluches en la mesa de luz. Como pudo, intentó levantarse. Duele su cuerpo ahora que se da más cuenta. No, está mal eso. Sentía como que algo había chocado mucho sus caderas. Aunque esto es relativo. Ya se ha hecho una mera idea sobre el asunto. No puede sentirse más apenado y estaba seguro que si su jefe se entera…
[Sonidos de teléfono épicos]
Cerró sus ojos con fuerza al escuchar ese sonido de mierda.
Ya se iba a levantar de todas formas para poder lavarse y después de eso, desayunar. De ahí, bueno, iría al local para comprar algo para comer. No puede comer siempre pizza, pese a que sea gratis, por lo que debe de variar. Tiene algo de dinero y puede sobrevivir este mes. Con problemas, se levantó. Caminó hasta la pequeña sala. Su teléfono sonada y sonaba. Quería que sonara y sonara pero le retumbaba la cabeza.
—… —miró con dudas pero no quedó otra que levantarlo y llevarlo hasta su oreja—. ¿Hola?
—Oh, hola. Soy yo, tu jefe… eh… ¿cómo es que todavía no sé tu nombre?
—El sentimiento es mutuo —contestó. Hubo silencio. Negaba porque de verdad no conocía el nombre de su jefe… si es que era… pero obvio que lo era porque reconoce su voz—. Mi nombre es John.
—Oh, genial John. Puede que tampoco te haya dicho mi nombre pero, mi nombre es Nicholas
—Bueno, Nicholas… ¿qué pasó?
—¿Puedes venir a hablar conmigo en unas horas? —su tono de voz era de preocupación. Él por unos momentos comenzó a temer—. Necesito hablar contigo sobre algunas cosas de tu trabajo y saber sobre algo sobre tu turno y lo que ha pasado. Ven a las 15:00pm. No faltes.
—Entendido jefe, estaré allí a esa hora —tras despedirse luego ambos. Colgó. Cerró sus ojos con fuerza para abrirlos de la misma manera. Se llevó sus manos a su cintura mientras negaba. En efecto, sus temores se hicieron realidad—. Creo que sí hice algo malo por la mañana.
Asentía.
Cuando se dio la vuelta entonces para ir al baño y comenzar a hacer sus necesidades, el dolor no se iba para nada. Seguro que iba a estar por un rato, quiere creer. Dentro del baño ya, estando a nada de usar el excusado, vio que arriba de la tapa del mismo estaba ese peluche de Fredica y que su versión dorada estaba en la mesada del lavamanos.
Quieto, de reojo miró al lector con una cara seria.
Freddy Fazbear's, 15:00pm
—¿Jefe?
—Ah, John, es un gusto tenerte en mi oficina. Vamos, siéntate. Bien. Escucha, primero que nada quiero felicitarte por el trabajo que vienes haciendo. No ha pasado nada malo, todo está en orden y puedo ver que en serio eres bueno. ¿En serio no has hecho este trabajo antes?
—Para nada señor. He trabajado de noche pero no de guardia.
—¿De qué trabajas? Ah, no te preocupes, no importa. Solo quiero decir que en serio, es una enorme alegría que nuestra familia pueda contar con alguien como tú.
—¿Me dará un aumento?
—Puede ser
John estaba sereno pero por dentro, no paraba de gritar muy alegre y a nada de poder descorchar algo de champaña para poder celebrarlo.
—Pero de hecho, también tengo una duda con respecto a algo —el descochamiento tuvo que parar para volver a mirar a Nicholas—. Se hizo una pequeña revisión a los animatrones como todas las mañanas. Fredica presentó un alteramiento de su sistema —en estos momentos, John se preocupó un poco porque no espera que llegue a decirle lo que él tiene miedo de revelar—. ¿Has hecho algo?
—¡NO! —su sobresalto sorprendió a Nicholas. Le miró confundido incluso. Al darse cuenta de esto, tosió y se sentó una vez más—. No, no señor. No hice nada malo.
—… —por unos instantes le miró fijamente. No sabe si miente o no. Si toma en cuenta su trabajo, puede entender que no miente y no ha mostrado signos raros con los animatrones. Ha demostrado ser sincero. No puede dudar—. Tienes que saber que alterar el funcionamiento de los animatrones conlleva al despido de inmediato —le terminó diciendo de todas formas—, ¿estás seguro que no has hecho nada de eso?
—Le puedo jurar que no hice nada malo, señor —es que no ha hecho eso. Fredica seguro hizo algo así con Foxy pero, ella parece estar igual. Llevó su mano al pecho—. De haberlo hecho, espero que me caiga un rayo y me parta al medio
Se pudo escuchar un fuerte trueno a las afueras. No era un lindo día que digamos pero el rubio al decir esto, no pudo evitar mirar más allá del techo de la oficina, sintiendo que era extremadamente vigilado, más al decir esto.
—…
—…
Se miraron entonces. John sonreía nerviosamente a lo que Nicholas solamente negaba con la cabeza.
—Ven conmigo
Cueva del Pirata, 15:30pm
Nicholas trajo a John a la cueva del pirata, lugar donde Foxy estaba contando historias a los niños como parecía hacer siempre. Puede intuir el rubio que eran las mismas de siempre porque ya ha escuchado un poco las historias. Aun así, no deja de asombrarle cómo es posible que poco a poco cambie las palabras, usando tanto su lenguaje roto de pirata como si fuera una persona normal y sí, nunca faltan las aclaraciones del final que nunca deben hacer esto, para nada.
John entonces comenzó a mostrar dudas.
Teniendo en cuenta que los animatrones de noche se mueven y parecen hacer lo que quieren, ¿no es lo mismo con Foxy ahora mismo? La misma habla, camina, hace lo que quiere durante el día y nadie parecía importarle. Es por eso que miraba a Nicholas con muchas dudas porque él no demostró preocupación alguna.
—Foxy parece más amigable que antes —dijo entonces Nicholas mientras la miraba. Sí, ella, Foxy, estaba haciendo su show como siempre pero se notaba, él notaba de hecho esto, que parecía ser un poco más buena que antes. Su forma de usar palabras y demás era agresivo, tal y como es ella… pero ahora mismo, ya no era tan agresiva—. Recuerdo que antes era más agresiva que nunca y en la forma que narraba sus historias, se notaba. Ahora parece… más suave —miró a John—. ¿Estás muy seguro que no has hecho nada?
—Estoy seguro de ello —decía—. La única vez que vine aquí fue para ver cómo estaba porque no había niños
—Usualmente suele tomarse algunos descansos
—¿Un robot tomando algunos descansos?
—Foxy está programada de esa manera —decía—. Además tiene recuerdos específicos de una vida que se le ha implementado. Además, su personalidad también es una que se ha creado específicamente para ella. Con eso y con su función que puede interactuar con los niños, es un buen espectáculo.
—¿Eso quiere decir que el resto seguro deben de tener lo mismo no? —Nicholas no comprendía su pregunta—. Esa cosa que hace que puedan moverse.
—Foxy es la única que lo tiene activado —John decía que esto era una vil y asquerosa mentira, una sucia de hecho—. Hubo una época que todos estaban activados, no terminó bien
El mero recuerdo no era muy bueno que digamos. Trae malos recuerdos, demasiado.
—¿Tiene algo que ver con…?
—Con nada, no te preocupes —le dijo en seguida—. El tema es que Foxy ha demostrado cambiar un poco en lo que respecta a su actitud. No es normal. Por eso quería saber si has hecho algo —pero John seguía negando y le dijo que no ha hecho nada—. Si es así, solo me queda decirte que por favor, en caso que pase algo así y sé que has sido tú o Francis, que no te quepa duda que estarán despedidos sin dudarlo —fue muy serio con esto. Es un tema muy serio. No puede tolerar que toquen a los animatrones que ha jurado de alguna manera cuidar—. Espero que entiendas.
—Sí, entiendo, sí —asentía—. No haré nada malo.
Nicholas se fue.
John quedó a solas. Miraba a los niños muy felices. Estaban muy contentos de escuchar cómo Foxy contaba historias. Ah, sí, era muy detallista en todo. Asustaba pero los niños estaban muy felices por escuchar cómo asesinaban y todo eso.
En un pequeño momento, John ha visto cómo Foxy miró a su dirección y por la mirada que le dio, le duele saber que ha entendido lo que se ha referido por completo.
Cueva del pirata, camarote, 15:50pm
No podía hacer otra cosa.
Que Foxy le haya mirado a su dirección y que encima haya hecho algunos ademanes con su mero rostro para que viniera con ella, honestamente hablando, le daba un poco de miedo porque teniendo en cuenta lo sucedido, es obvio que todavía está procesando todo.
Al entrar entonces al camarote de Foxy, la misma estaba recostada en la enorme cama en vez de la hamaca que siempre suele recurrir. Estaba… con una posición algo sugestiva de hecho. John encontraba un tanto raro esto pero, ¿qué ya no es raro para él? Ya ha visto de todo aquí… estaba seguro que faltaban más cosas pero, ¿qué más da? Ella hasta sonreía también. Le hacía con su garfio que vaya donde estaba ella. Suspiraba y negaba pero no quedaba otra y fue entonces hasta ella.
—Por fin a solas —fue lo que había dicho ella. Ella sonaba… tranquila, con un toque de cariño en su voz lo que descolocaba a John un momento. Al sentarse en un lado de la cama, ella entonces con su garfio le tomó del cuello de su camiseta y lo trajo hasta ella. Ella, coquetamente, reía un poco—. Por fin te tengo para mí… —no iba a dejar pasar esto. Ella lo abrazó. Era ella quien tomaba la iniciativa de abrazarle. La sensación ahora era diferente. Lo tenía encima de ella y enterrado en sus pechos. Podía sentir algunos balbuceos y le hacía sentir bien, mejor. Ya estos abrazos eran diferentes. No, no puede comparar los de la noche con este. La mera idea también que podría haber niños… ¿por qué hacía sentirse más excitada que antes?—. Querido guardia… sí… querido…
Ella separó entonces a John. Le miraba sonrojada. Su sonrisa de oreja a oreja era notoria y el guardia podía ver esto claramente. Estaba, él, siendo también encerrado por las piernas de Foxy para que no pudiera escaparse. Aparte, podía sentir la zorra algo que golpeaba encima de su ropa en sus partes bajas. Ella ya sabe lo que sucede.
Pero había un detalle aquí que no entendía de momento.
¿Por qué el guardia tiene un aroma a esa osa?
¿Por qué huele demasiado a Fredica?
Ella podía estar sonriendo y todo pero su olfato, su nariz, no le podía mentir, para nada. Este guardia seguro se ha metido con esa maldita puta de Fredica y ahora tiene el valor de actuar como si nada frente a ella, haciéndose el idiota. ¿Cómo ella podría dejar pasar esta actitud de él?
—Guardia… —no rompía su cara coqueta.
—…
—Tienes un aroma muy raro en ti —John puede entender que no había forma de poder decir algo porque una vez más, el garfio de ella pasó por el cuello de su camiseta. Estaba cara a cara, una vez más, esta vez no viendo una cara enojada pero viendo una sonriente cara… es peor—. Uno que parece exactamente al de la osa que suele cantarle a los niños… ¿puedes explicarme eso?
—… no sé —era su única respuesta—. …yo… no sé
—Ah… no sabes… —ella soltó una carcajada. En eso, empujó a John. Estaba mirando hacia arriba. Pronto sintió que algo se sentó encima de él. Obvio, era Foxy—. Qué justo es que no sabes… muy curioso… —entrecerró su ojo. Miraba y miraba al rubio que no parecía mostrar resistencia alguna. Aparte de eso, sentía su erección—. No haces nada, sabes muy bien lo que te conviene ¿eh? —y sí, ella estaba esperando esto—. Esa maldita osa… se atreve a tocar lo que es mío… luego me ocuparé de ella… pero, ¿tú? —no hace falta decir que ella se quitó de a poco su ropa y rascaba la del guardia para que solamente tenga su miembro fuera—. …voy a dejar en claro que tú me perteneces…
—¿No podemos hacer esto en la noche?
—… —ella dudó. Lo pensó. Puede que sea mejor. La mera idea que durante la noche, ella irrumpa en la oficina entonces para tener sexo y que pueda existir la chance que todas miren cómo él seguro no se resistirá y le hará suya totalmente, era muy tentador—. No. Tienes que aprender tu lección. AHORA.
Pero ella no quería.
Ella quería esto ahora.
Ya se dijo pero se remarca de nuevo que Foxy estaba más deseosa que nunca. La mera idea que haya niños cerca y que tal vez escuchen todo esto, okey, estaba a mil y no puede aguantar más. Tiene que dejar su marca por completo en el guardia, no puede dejar que se le escape pero también, tiene que hacer entender a esa puta de Fredica que este nuevo guardia es suyo y de nadie más.
TAL VEZ lo compartiría un poco pero, no para que le hagan eso.
Se relamía sus labios y miraba a los ojos del rubio que le encantaban. No por ser claros sino porque no mostraban miedo, nunca. Mostraban en cierta manera dudas pero también mostraban algo de furia. Adoraba eso y le hacía mojar más.
—Vas a disfrutar… —ella decía—. …no te preocupes… solo no podrás caminar por un rato…
John esperaba que nadie se dé cuenta de su forma graciosa de caminar después…
Oficina de seguridad, 16:00pm
Francis corroboraba que nada malo suceda y eso fue así, nada malo estaba pasando en las pantallas de las cámaras. Todo estaba en orden. Ya se había ocupado de algunas cosillas antes con unos niños pero luego de eso, todo ha sido muy normal.
Bebía un poco de sofá mientras asentía y seguía mirando las cámaras. En una de ellas, en la que daba al pasillo izquierdo de su oficina, podía ver a un rubio caminar con algo de dificultad. No parece que esté bien. Rengueaba un poco. Se levantó de su asiento pero fue en vano porque John de alguna manera ya estaba allí, en el marco de la entrada de la oficina.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí… sí… —con un poco de falta de aire, agitado, agotado y con dificultad para caminar, él asentía a Francis con una sonrisa. Se sostenía con la puerta de hecho. Le costaba caminar bastante y no quiere recordar cómo una zorra le montó de una manera… no muy amigable—. Estoy… bien… oye, viejo… ¿hay algún lugar como para estar tirado por un rato? —decía con un tono de vergüenza—. Creo que voy a quedarme hasta que mi turno toque…
—Eh… —señaló un sofá dentro de la oficina—. Siempre estuvo allí… ¿no lo has visto? —John negó claramente porque estaba más concentrado en su momento lidiar con la limpieza… o una Foxy que le tenía del cuello y tener que vivir—. Descansa allí. Te avisaré cuando sea tu turno.
—Oye, gracias…
—No te preocupes, todo está bien viejo.
Francis en serio era una buena persona.
—Procura de nuevo no traer a nadie y cogerla hasta hacerla acabar en todos lados
Okey, tal vez no era muy buena persona que digamos… pero le agradaba por ser bueno y por entenderle hasta cierto punto.
Al recostarse en el sofá y cerrar un poco sus ojos para olvidar lo que Foxy le ha hecho, se iba a rascar su estómago. Lo hizo pero antes sintió algo. Encima del mismo, había uno de los peluches que tenía en casa. Era el dorado más que nada. Miró de reojo a Francis que parecía muy metido en las cámaras. De nuevo miró al pequeño peluche de Fredica dorado. Lo miró unos segundos de más y luego lo tomó y lo tiró al cesto de basura, haciendo una anotación de tres puntos.
Ya sentía que todo esto con los peluches es demasiado raro y será mejor que cierre sus ojos para descansar un poco y ya estar preparado mentalmente, físicamente no por lo que pasó con Foxy, para su jornada laboral.
No se dio cuenta John que de nuevo, ese peluche de Fredica dorado se había colocado encima y esta vez, estaba a nada de darle unos besos a su cara.
