Levantó un poco sus lentes cuando con sus dedos sobó el puente de su nariz, pues a pesar de ser un accesorio falso que no lo ayudaba a ser más inteligente como le habían dicho, tuvo que cambiarlos luego de que un encuentro-pelea-durante la semana pasada, hizo que el cristal de los anteriores se rompiera y ahora debía adaptarse a un incómodo marco nuevo.

Además, con no ser suficiente la molestia, ya le estaba dando un terrible dolor de cabeza luego de que entregaran la más reciente calificación del examen de física. Al menos no sacó la peor nota de la clase, obtuvo el penúltimo puesto porque tuvo un punto a su favor, pero seguía siendo lo suficientemente malo como para que le fastidiara.

Miró de reojo a su alrededor curioso de que, casualmente, el salón de clases estaba más en silencio a diferencia de otros días. Una parte de las personas estaban agotadas de solo haber tenido la primera clase del día miércoles, por lo que descansaban sobre sus mesas sin hacer ninguna especie de ruido; y la otra parte del salón se encontraban callados estudiando para la evaluación que tenían durante la tarde.

Suspiró agotado mientras apoyaba su cabeza entre sus manos aguantándose las ganas de gritar en medio de toda la tranquilidad del salón; agradeció de que el timbre del receso justo sonara, evitando que explotara en ese momento porque se sentía un completo imbécil. Sus primeras evaluaciones no eran nada nuevo, ¡era un maldito repaso de la materia del año pasado! Quería golpear su cabeza contra la mesa para ver si su mente finalmente recordaba todo lo que había estudiado hace un tiempo atrás.

Honestamente, solo quería golpear algo.

— Buenos días… ¿Baji-san?

Como en todos los recesos, era esperable que Chifuyu entrara como si nada al salón vecino para dirigirse al puesto donde su amigo y compañero de división se encontraba sentado, aunque ahora estaba un poco confundido y tal vez algo asustado de ver al pelinegro con la cabeza escondida entre sus manos. Temía que estuviera llorando o algo por el estilo pero… ¿él realmente lloraba?

—Chifuyu…—casi en un susurro el chico había dado una señal de vida. Separó su rostro de sus manos y miraba sobre el marco de los lentes con un intento de ojitos de cachorro— ¿Podrías ayudarme a estudiar?

—Ya es muy tarde—contestó entre risas nerviosas mientras se apropiaba del asiento vacío del escritorio continuo—, ¿Por qué no estudiaste? Anoche dijiste que lo harías.

—Me quedé dormido.

Él había intentado estudiar anoche, pero llegó muy cansado después de una reunión con los capitanes de la ToMan donde pasó la mayor parte del tiempo peleando contra el lado más infantil de Mikey. Terminaron pasado media noche, por lo que estaba muy agotado y para cuando llegó a estudiar, se acostó en la comodidad de su cama para comenzar a repasar la materia, pero al final leyó una sola línea de su libro y se quedó dormido.

Ni siquiera podía recordar algo de esa línea que leyó. Si pudiera viajar al pasado, golpearía a su yo de anoche para que despertara y estudiara.

—Creo que debería aceptar que fallaré de nuevo y escuchar el sermón de mi mamá…otra vez—suspiró—. Chifuyu, creo que deberías ayudarme a estudiar como el año pasado.

Para los exámenes finales del año pasado, Chifuyu había visto tan agobiado a Baji que voluntariamente se ofreció a ayudarle a estudiar a pesar de que él no tuviera las mejores notas, pero al menos eran lo suficientemente buenas como para no repetir el año y para que su capitán pudiera pasar al siguiente.

Fue un proceso difícil, más con la paciencia que tenía Baji.

—No creo que pueda hacerlo—respondió honestamente aunque un poco nervioso por la posible reacción del chico—. Ayer, a la salida, me enfrenté a unos tipos de un curso superior y un profesor nos encontró, por lo que nos llevaron a dirección. Los tipos recibieron una suspensión y a mí me obligaron a ayudar por un mes al club de teatro después de clases porque el secretario estaba presente y me lo recomendó antes de una suspensión.

— ¿Cómo pasó eso? ¿Por qué no me contaste?

—No es la gran cosa.

En cierto modo le creía al rubio, pues no tenía ningún rasguño ni moretón visible y parece encontrarse muy bien físicamente como para haber recibido algún golpe. No es que dudara de su capacidad para ganar una pelea, Chifuyu sabe cómo dar un buen golpe, por algo era el vice-capitán de la primera división de la ToMan.

Pero…

—¡Pero te necesito para estudiar!

—Lo lamento, prefiero pasar un mes trabajando para ese club antes de que me suspendan y mi mamá me castigue.

Baji suspiró rendido, ahora de verdad golpearía su cabeza contra la mesa por su mala suerte-o irresponsabilidad-, pero no lo hizo por qué creyó que si hacía esto borraría lo poco y nada que sabía para el examen. De todos modos, debía aceptar que Chifuyu no tiene la responsabilidad de ayudarle y que su vida escolar no dependerá siempre de él.

—Creo que tendré que estudiar por mi propia cuenta.

—Eso no funcionó la semana pasada, ni el mes pasado…—susurró Chifuyu, burlándose de alguna forma de su amigo, pero arrepintiéndose al verlo molestarse. — Y… ¿Por qué no pides tutorías a los cursos mayores?

—No creo que ellos logren soportarme cuando me enoje porque me frustra no aprender, al menos tú me tienes paciencia.

Eso era una mentira y Chifuyu lo sabía. Cada tarde en la cual se reunían a estudiar nacía un pequeño instinto asesino en el rubio cada vez que tenía que repetirle más de cinco veces una misma consigna a Baji, tuvo suficiente autocontrol antes de lanzarse a pelear contra él, aunque lo hizo más porque sabía que podría salir perdiendo y porque respetaba hasta en cierta medida al capitán de su división.

—Al menos…—habló con algo de vergüenza mientras arreglaba el amarre de su cabello—, ¿aun me puedes ayudar con la escritura de algunas palabras?

Chifuyu ni siquiera tuvo que responder a eso porque desde que se conocen ha sido testigo de uno de los pasatiempos favoritos de Baji, el cual es escribir, por ello siempre terminaba revisando un par de palabras con las cuales su capitán tenía dudas. Obviamente él era buen amigo y compañero, por lo que se daba el tiempo de ayudarlo en lo que pudiera para serle útil.

—Será mejor que te deje para que estudies un poco antes de la prueba—mencionó el rubio dejando su lugar para retirarse.

—Solo quiero que acaben las clases para ir a casa a dormir.

—No puedes, tenemos reunión con la ToMan.

—Mierda.

Desde ahora, no le gustan los miércoles.

[…]

Las noches en el Templo Musashi eran frías, tal vez porque el lugar estaba rodeado de árboles que provocaba corrientes de aire que a veces congelaban los huesos; aun así, todos los miembros de la Tokyo Manji se paraban estoico en filas frente a los escalones donde Mikey y Draken se paraban para dar inicio a la reunión.

Desde hace un tiempo, las reuniones se habían limitado a un día a la semana y duraba mucho menos que cuando se tenía que tratar sobre un futuro encuentro con alguna otra pandilla. Eran tiempos de calma, pero después de la calma siempre viene la tormenta y, de alguna manera, Mikey estaba consciente de eso y no quería que la ToMan se confiara de la tranquilidad que podían disfrutar por ahora.

—Últimamente, las reuniones se han hecho monótonas—susurró el vice capitán de la primera división mientras cruzaba sus brazos por la molestia.

Baji se rió al escuchar los reclamos de su compañero, pero de cierto modo, estaba de acuerdo con su pensar. De fondo podía escuchar a Draken hablar, pero su mente no procesaba palabras ni planes complejos, su manera de actuar era impulsiva, solo seguía sus instintos y al final asistía porque Chifuyu solía insistir mucho que debía ir en representación de la primera división. Pero seguían siendo reuniones que le aburrían.

Cubrió su boca ante el inminente bostezo, estaba agotado, pues después de su examen tuvo que quedarse unos minutos más en el salón porque durante la evaluación decía muchas maldiciones en voz alta, llamando la atención del profesor quien lo castigó por los improperios que decía. No hizo nada interesante, por lo que ahora tenía demasiado sueño y quería llegar a casa para descansar.

No, tenía que llegar a estudiar.

—Creo que me iré un poco antes—le comentó a su compañero—, pasado mañana tengo una pequeña evaluación de inglés y si ya me complica estudiar en mi idioma, en otro es un desafío.

—Bien, después te pongo al día.

El pelinegro asintió en señal de agradecimiento y mientras tomaba el camino hacia la salida hizo un gesto con su mano a su división que funcionaba como despedida, aunque al verlo dejar su posición delantera, la mayoría asumieron que el chico se había aburrido, cosa que en parte era cierta y muy seguido de ver últimamente.

Si Baji era honesto, sentía que su vida no estaba siendo lo suficientemente divertida para lo que solía ser. La ToMan no ha tenido encuentros y eran pocas las veces que tenía peleas casuales, las cuales ganaba con un solo golpe; por otro lado, la escuela se estaba volviendo más exigente y su madre ha estado muy atenta a sus calificaciones, por lo que parece que será un año concentrado en sus estudios.

Tal vez deseaba que algo emocionante pasara en su vida o que algo le ayude a ser más inteligente. No es que fuera estúpido-aunque se tratara como uno-, solo era muy irresponsable y no prestaba mucha atención durante clases, por lo que ser inteligente por naturaleza le dejaría mucho tiempo libre para disfrutar su adolescencia.

Pero sabía que eso ya no era posible a estas alturas de su vida.

A medida que se acercaba a la entrada y a pesar de haberse sumergido en sus pensamientos, no se le hizo difícil ignorar a una persona apoyada en el pilar que daba la bienvenida al lugar. No era alguien que conociera y por su vestuario deducía que no era parte de la ToMan; a simple vista era una chica que estaba escribiendo algo en su celular con su mano derecha mientras sostenía una bolsa de papel con su izquierda.

Nadie se había dado cuenta de su presencia, fue más sigilosa que otras personas que han llegado a espiar sus reuniones, ¿Espiar? ¿Esa mocosa estaba espiando? Bueno, por su mente solo pasaba esa opción, pues no era extraño que alguien llegara a investigar; tal vez se encontraba escribiendo mensajes a sus compañeros de otra pandilla contándole los planes y estrategias que Draken había mencionado durante la reunión de esta noche.. Su intuición le decía que ella algo estaba tramando, por lo que debía hacer algo para encararla y, casualmente, siempre le hacía caso a su instinto.

Dio pasos acelerados hasta llegar hacia la chica, la cual no se había dado cuenta de su presencia hasta que le arrebató el celular de las manos y ella, en un intento de reclamar, se quedó en silencio al ver la intimidante mirada de reojo que Baji le daba mientras revisaba el aparato ajeno.

—¿Quién demonios eres?

La voz del pelinegro sonó mucho más fuerte y grave de lo acostumbrado, interrumpiendo las palabras de Draken y llamando la atención de todos, quienes se voltearon a ver que sucedía en la entrada. Ella se puso nerviosa al escuchar como todos exigían saber que estaba sucediendo. Empezó a sudar dado la intensidad de las miradas y quería quitarse la maldita mascarilla negra que estaba utilizando para ocultar su identidad, pero eso sería un error ahora que todos estaban pendientes de sus actos. Su instinto de supervivencia le hizo dar la vuelta en su propio eje para salir corriendo escaleras abajo directo a su hogar. Que se joda su celular, ni siquiera tenía mucha vida social como para ocuparlo.

Baji notó sus intenciones de huir, por lo que antes de que ella tomara la vía de escape más cercana, agarró su brazo izquierdo con algo de brusquedad mientras seguía revisando el celular. Según veía, si estaba enviando mensajes a alguien que se llamaba "YuBe", a quien le mencionó que se encontraba en el Templo Musashi. La probabilidad de que estuviera delatando la posición de la ToMan era alta, pero tampoco se mencionaba algo más. ¿Y si usaba algún código secreto? o ¿Ya habían conversado esto antes?

—¡Suéltame!

—Dime, ¿Quién eres? ¿Una espía?

—¿Ah? ¿De qué hablas? ¡Suéltame!

Ante la mención de "espía" por parte del capitán de la primera división, quienes observaban la escena con curiosidad, empezaron a verla como alguien sospechosa, y con razón, una chica con un vestuario completamente negro, con una mascarilla a juego cubriendo la mitad de su rostro y con el cabello desordenado en dos coletas era para crear desconfianza.

—Responde—exigió el pelinegro mientras acaba con el aparato y lo guardaba en el bolsillo de su chaqueta—, ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?

—Bueno…

Las personas más cercanas empezaron a exigir la identidad de ella y querían saber qué hacía en el lugar de reunión de la ToMan. Cada pandilla tiene su lado sagrado donde nadie debería entrar o interferir, y para la Tokyo Manji, este era el lugar que debían proteger.

Baji cansado y molesto de que la chica no hablara, intentó sacarle la mascarilla para verle bien el rostro, lo que hizo que ella reclamara moviendo la cabeza y el cuerpo en señal de que la dejaran libre, dándole casualmente un golpe con su codo en el pecho del chico, un golpe lo suficientemente leve como para solo hacerle cosquillas al capitán.

—¡Oye mocosa!

—¿Qué sucede?—Draken apareció entre la multitud seguido de Mikey, sorprendiéndose también por la escena—¿Quién es?

—¡Aru!—dijo emocionado Mikey mientras se acercaba a la chica—, déjala Baji.

—Pero ella...

—Déjala—repitió Draken sin saber qué es lo que estaba sucediendo pero haciendo cumplir los mandatos de Mikey.

De mala gana, el pelinegro soltó el brazo de la chica haciéndola perder el equilibrio y cayendo al suelo luego de que sus piernas perdieran su fuerza por el miedo que sintió. Baji la observaba con una clara expresión de desprecio, que si no fuera porque fue salvada-nuevamente-por el capitán de la ToMan, tal vez se hubiera puesto a llorar con solo verlo.

Mikey se acercó a la chica preocupado más por la bolsa que sostenía entre sus manos que por la misma Aru, porque sabía que ella había cumplido su promesa y había traído el encargo que tanto deseaba.

—¿Quién es ella, Mikey?—preguntó alguien de la multitud que había rodeado el espectáculo.

—Ella...es mi nueva encargada de pedidos, Aru.