A través de su ventana podía ver como los tonos azulados oscuros iban tomando predominio en el anterior cielo anaranjado y, por ello, se empezaba a dar cuenta de que la hora en que debía ir en dirección al Templo Musashi para cumplir su palabra se estaba acercando.

Inhaló y exhaló un par de veces antes de fijar su atención en su reflejo proyectado en el espejo de cuerpo completo que estaba entre su closet. Estaba nerviosa, el corazón chocaba con fuerza contra su caja torácica provocando un leve dolor que le desorientaba; sus pensamientos estaban muy dispersos desde anoche, no podía concentrarse en más de una cosa y a pesar de que durante la mañana resolvió todo un examen de matemáticas a tiempo, no podía asegurar que sus respuestas estaban correctas debido a que su mente estaba en otro problema: conseguir taiyaki e ir por su sudadera.

Viendo su reflejo, arregló su cabello en dos coletas altas a cada lado de su cabeza mientras pasaba sus dedos entre sus hebras castañas claras provocando un desorden poco común en su imagen física, además de acompañarlo de un extraño delineado que hacía que la forma de sus ojos fuera un poco más pequeño; hizo todo lo posible para que, si alguien la llegase a ver, no la reconozca tan fácilmente.

Pero...aun con aquellos pequeños detalles y sus ropas negras, aun había cosas que delataban su identidad fácilmente.

Obviamente, su atención estaba en la cicatriz que tenía en su mejilla izquierda. Pasó su dedo índice desde su comienzo en el mentón hasta la terminación en punta de aquella marca que estaba casi a la mitad de esa zona de su rostro y si seguía un poco más arriba, en su pómulo, también tenía dos lunares seguidos que la caracterizaban; si tuviera algo más de tiempo tal vez se hubiera maquillado para cubrir aquellos distintivos, pero tenía que salir pronto porque el lugar de encuentro no estaba muy cerca y caminar hasta allá le tomaría su tiempo, además, debía salir antes de que su madre llegara.

A sus cortos 15 años, nunca había tenido la oportunidad de escapar de casa como lo hizo anoche. Su madre, quien es la persona que está más al pendiente suyo, ha llegado muy tarde y cansada de su trabajo como para hacer aquella extraña rutina de revisión nocturna de la cual estaba habituada, por lo que sentía una pequeña libertad, pero una libertad algo dudosa. Pasó toda una semana pensando en hacer lo que hizo la noche anterior, tenía miedo de que su madre fingiera estar cansada para atraparla en plena escapada, pero finalmente todo resultó una aventura.

Para su buena suerte, su madre no estaba al pendiente de lo que hacía y logró escapar con éxito; para su mala suerte, fue acosada, conoció al comandante de la Tokyo Manji y ahora le debía un favor por salvarla. Todo eso por jugar con su suerte y lo peor es que hoy debía seguir arriesgándose, porque debía volver a escapar de su hogar de forma exitosa con taiyaki para poder recuperar su sudadera.

Suspiró cansada, su vida era relativamente normal y tranquila hasta anoche. Tal vez debería abandonar su sudadera, era su favorita, pero era un trozo de tela que podría comprar y así no volverse a encontrar con Mikey nunca más...

Eso sonaba fácil pero no era tan así, debido a que anoche él la llevó hasta la esquina de su hogar después de haber hecho aquel extraño trato, por lo que a Mikey no le costará encontrar su casa para reclamarle los taiyakis.

—Ojalá me caiga del segundo piso...—se dijo a sí misma mirando la ventana antes de tomar la bolsa con la comida que estaba sobre su escritorio y una mascarilla negra que tenía guardada por ahí—, o que nada extraño suceda hoy.

[...]

—Ella...es mi nueva encargada de pedidos, Aru.

El viento de la noche hacía mover las hojas de los árboles haciendo que estas chocaran entre sí generando el único ruido que se podía escuchar en ese momento. La tensión era palpable y entre todos intercambiaban miradas por el extraño momento que estaban viviendo.

—¡¿Qué?!—El grito de confusión de Baji, Draken e incluso el de Aru se coordinaron a los tres segundos después de aquel incómodo silencio creado tras la improvisada y arbitraria decisión por parte del comandante de la ToMan.

El chico alto de característico tatuaje de dragón suspiró mientras sobaba el puente de su nariz agotado por lo que estaba viviendo, porque a pesar de la inesperada respuesta, es consciente de que aquel tipo de decisiones eran mucho más comunes por parte de Mikey; pero no por eso quitaba lo sorpresivo del anuncio, mucho más para la chica que estaba en el suelo sin saber qué sucedía y en que se estaba metiendo.

Mikey muy pocas veces ha demostrado su lado más autoritario acompañado con una sonrisa, esto debido a que deseaba mantener el respeto sobre su persona cuando se paraba frente a sus compañeros y creía que su expresión seria era suficiente para ello; pero ahora no podía ocultar su felicidad al sostener la bolsa que contenía el taiyaki y ver la confusión en los ojos verde de la chica.

—Tal vez no he sido claro—mencionó Mikey mientras tomaba el camino de regreso a su posición en lo más alto de los escalones con una expresión aún más seria—, Aru es mi encargada de pedidos y la nueva miembro de la ToMan.

—Debes estar bromeando—dijo Baji entre risas sarcásticas mientras caminaba entre la multitud hasta pararse frente al rubio al mando—, yo me opongo. ¿Cómo puedes dejar que eso se una? No porque sea tu ayudante debe unirse, simplemente no me fío de ella y además, se ve muy débil como para siquiera dar un golpe decente, ¿De dónde la sacaste de todos modos?

—¿Cómo me llamaste?—contestó molesta la chica mientras se levantaba del suelo, sacudiendo la tierra de sus ropas y mirando enojada al pelinegro, aunque agachando la cabeza al darse cuenta que él la miró con amenaza, haciéndola sentir pequeña en su lugar.—Ehm...pero yo no me quiero unir, solo vine por mi sudadera.

En otra circunstancias, Aru le hubiera dado la razón a aquel comentario, pero ese chico pelinegro estaba llevando su paciencia a niveles que no conocía. Si, puede que no sea fuerte, pero si era capaz de darse la vuelta para darle una patada y hacerlo caer de rodillas para que le pidiera perdón. Era débil físicamente, pero su orgullo era muy fuerte.

La mayoría estaban confundidos y murmuraban a lo bajo de lo que estaban siendo testigos. Muchas personas estaban de acuerdo con la oposición por parte del capitán de la primera división, esto debido a que la imagen que entregaba la chica no era de fiar, no parecía ser fuerte, menos cuando estaba parada al frente de todos con la mirada gacha, el cuerpo encorvado y con ambas manos juntas frente suyo mientras las movía nerviosa; además, el que estuviera cubierta de pie a cabeza daba un aspecto muy misterioso.

Muchos comentarios de desacuerdo se hicieron más audibles luego de un par de murmullos. Aru estaba segura que estaba con los nervios de puntas y muteada por ser observada por un grupo de pandilleros amenazantes. Además, ¿siempre fue así de calurosas las noches? Al menos esperaba que el delineado que tanto le costó hacerse no se borre por el sudor que empezaba a caer por su frente, sacarse la mascarilla en este momento para ventilar su rostro sería el peor error de su vida.

—Este idiota...—susurró—¡Silencio! ¡Todos vuelvan a sus filas! Y tu chica, ven también.

Draken, quien había dado la orden, caminó entre la multitud que empezaba a ordenarse nuevamente en filas correspondientes a cada división. Baji ya no deseaba retirarse del lugar, podía sacrificar su calificación de inglés con tal de hacer entrar en razón a Mikey y al resto de la ToMan sobre la confiabilidad de la chica, la cual seguía parada atrás sin saber que estaba sucediendo. No es que no fuera alguien completamente fiable, pero su instinto decía que algo malo traía esta mujer.

—Entonces...—un chico de cabello corto de extravagante color lila se acercó a la chica mientras dejaba caer una bolsa de papel en sus manos—, esto es tuyo. De nada.

—Yo...pero...

La situación se volvía cada vez más confusa. Aru observó el interior de la bolsa después de que el chico pasara de largo sin prestarle mucha atención, sorprendiéndose de ver su sudadera ahí, sin ninguna mancha de sangre ajena. Mikey había cumplido su palabra, aunque no haya sido él quien hizo entrega de la prenda, hizo lo que prometió.

Ya tenía su sudadera, podía salir corriendo y escapar de esta situación...pero la culpa no la dejaría tranquila. Mikey dijo que se encargaría y lo hizo, era un favor muy grande como para que sea pagado solo con taiyaki; tal vez, aceptar ser su asistente por un tiempo era una opción justa después de todo.

No le quedó otra que caminar ante las intimidantes miradas de todos siguiendo los pasos del chico que sorprendentemente tenía un tatuaje en el costado de su cabeza. Ojalá tuviera el valor para hacer algo así en su plena juventud, ni siquiera se atrevía a cortar su cabello por temor a lo que su madre puede decir.

Baji tomó el rubro hacia el lado de su vice-capitán, quien también parecía muy sorprendido por todo lo que estaba sucediendo mientras lo comentaba con otros miembros de la primera división. Al tomar su puesto delantero, sintió el celular de ella vibrar en su bolsillo y, sin ningún escrúpulo, lo sacó para revisar que estaba sucediendo, riendo al leer un nuevo mensaje de ese tal "YuBe".

—Nunca pensé que dudaban de mi palabra—mencionó Mikey cuando todos estaban nuevamente en su posición.—Anoche la vi pelear y pensé que tenía el nivel para unirse, ¿seguirán cuestionando mi decisión?

Todos se quedaron callados, mientras que Aru seguía sin tener voz ni voto para expresar cómo se sentía con esta decisión, aunque ante la mención de lo sucedido hizo que el corazón se acelerara. Que un tipo extraño durante la noche te siga y grite cosas vulgares no era algo que le gustaría vivir nuevamente, pero que su cuerpo haya actuado solo para defenderse, correr de la policía e incluso subirse a una moto la hacía sentir una especie de sensación...increíble, era como sentir una libertad que nunca antes se le hubiera ocurrido vivir.

—¿Papá se había sentido así también?—se preguntaba a sí misma en voz baja.

Movió uno de sus mechones de cabello tras su oreja mientras bajo su mascarilla sonreía ante los recuerdos de su papá. Antes era muy pequeña como para entender la felicidad y libertad que él sentía cuando salía por las noches a dar vueltas por las calles junto a sus compañeros de pandilla, pero la experiencia de anoche fue lo más cercano a lo que él pudo haber vivido.

Era peligroso, pero emocionante.

—Aru será parte de la ToMan—anunció firmemente Draken, sin obtener ninguna objeción.

El capitán de la primera división no evitó soltar un fuerte chasquido de queja, llamando la atención de Mikey quien sabía que después de esto Baji seguiría insistiendo en contra de la chica y, los miembros de la división que él tenía a su mando, también apoyarán a su líder.

—Que molestia...—susurró Mikey, respirando hondo antes de masajear el puente de su nariz. Esta situación le estaba provocando fatiga y jaqueca.— Bien. Aru será una miembro honoraria de la tercera división y mi encargada de pedidos. O sea, no tendrá el permiso de venir a reuniones de suma importancia, no usará nuestros distintivos y no dará su opinión al respecto de algún tema que decidamos, pero si la necesitamos, luchará a nuestro lado... ¿Conforme, Baji?

Draken no sabía que es lo que querían realmente de Aru el resto de la ToMan, pues ahora todos murmuraban nuevamente, ahora sobre lo que significaba ser un "miembro honorario", porque prácticamente era como ser...nada de la Tokyo Manji. No tenía ni beneficios ni pérdidas. ¿Cuál era el sentido entonces?

—Es aceptable—finalmente, el pelinegro dio su brazo a torcer.

—Pero...—siguió Mikey—. Baji, ya que iniciaste este grupo de desconfianza, estarás a cargo de Aru junto a Pah y tú serás quien me diga, en un tiempo más, si ella es de fiar o no. Confiaré en tu palabra, si me dices que Aru es confiable, se unirá oficialmente a la ToMan, de lo contrario, dejará incluso su puesto de miembro honorario.

—Eso significa que...¿Estará al pendiente mío?—preguntó con molestia la chica, quien recibió, nuevamente, una mirada de amenaza por parte del pelinegro.—Mierda...

Aru pasó la manga de su sudadera por su frente, aquel veredicto le hizo sentir una especie de vacío en el estómago y su cuerpo reaccionó sudando más de lo normal. Hubiera preferido haberse quedado en casa estudiando para cualquier cosa...

—¿Alguna objeción Baji? ¿Pah? ¿Alguien más?—preguntó Draken agotado al igual que el resto de los presentes.— Bien.

Draken dio como finalizada la reunión, donde la mayoría se despidieron de sus superiores y se iban retirando del lugar. Aru miraba a su alrededor dudando si ir a su casa o hablar con Mikey por lo que acababa de suceder.

Mientras observaba a las personas irse, se dio cuenta que habían otras chicas en algunas divisiones las cuales le hicieron un gesto amable en señal de compañerismo, como también algunos de los chicos que pasaban a su lado, pero habían otros que simplemente ignoraban su presencia ahí.

Apretó la bolsa con su otra sudadera contra su pecho, esperando que la mayoría se retirara para poder hablar con tranquilidad con los del alto mando. No supo como sobrevivio todos estos minutos...aunque su mascarilla fue el verdadero héroe y sobreviviente de la noche, cumpliendo más como un retenedor de sudor que una tela que cubra su rostro.

—¡Oye!—Aru se volteó al escuchar una grave voz tras suyo, viendo un intimidante chico grande que se le acercaba con ambas manos en los bolsillos de su pantalón.—Soy el capitán de la tercera división, Pah-chin. Estaré a tu mando...eh...

—U-Un gusto...soy Aru y...uhm...intentaré no dar problemas.

El chico se burló ante lo nerviosa que la castaña se veía y hablaba, además de la forma torpe que hizo su reverencia. Parecía solo querer burlarse de ella, porque luego de haberse presentado, se dio la vuelta retirándose acompañado de otro chico quien se quedó observando a lo lejos.

—Que miedo—susurró al levantar su mirada, dando vuelta en su eje para caminar hacia Mikey, aunque chocando contra alguien antes de si quiera dar un paso—¡Perd...! ah, eras tú...

Baji la miró con indiferencia mientras suspiraba con molestia por veinteava vez esa noche. Dejó su postura de brazos cruzados para mostrar que en su mano derecha sostenía el celular cerrado de la chica.

—Voy a dejar pasar lo que último que leí de aquí...—dijo mientras movía el aparato ante la atenta mirada de la chica—, no confío en ti, pero te daré solo una oportunidad para que me demuestres lo contrario. Si no, yo mismo me encargaré de destruirte.

Un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar aquello último. La voz del chico sonaba demasiado seria y aquella expresión en su rostro era lo suficiente intimidante como para no desear cometer ningún error o ganarse el odio de él...aunque Aru ya lo haya hecho.

El pelinegro le tiró el celular a sus manos, casi cayendo porque Aru no sabía si dejar caer la bolsa, el aparato o caer ella rendida al piso esperando que la muerte viniera por su vida. Baji se retiró luego de eso, dejando a la chica con la duda a lo que se refería con "lo último que leyó", por lo que revisó inmediatamente lo que había visto en su celular.

No tenía nada que ocultar según sabía. Lo último que recibió fue un mensaje de su amiga a quien le avisó que estaba en el Templo Musashi...

YuBe: "¿Estás bien? ¿Aru? ¿Quieres que llame a ellos para que vayan por ti?".

Ellos...

Oh mierda...tal vez si tenía algo que ocultar.