—¿Feliz de unirse, Aru?—preguntó Mikey con una sonrisa mientras que, después de mucho rato, finalmente podía tomar asiento en uno de los escalones de cemento para darle una mordida a uno de los taiyaki que la chica le había traído.

—Bueno, yo...agradezco la oferta, pero hubiera sido un poco más agradable si es que me preguntabas antes—comentó entre risas nerviosas mientras caminaba hasta la base de los escalones, evitando observarlos directamente a los ojos y temiendo comenzar otra discusión o molestar al comandante con sus palabras.

Draken mantuvo una expresión seria hasta cuando tomó asiento al lado de Mikey, observando a la chica de pies a cabezas, pero riendo con burla cuando la escuchó decir aquello. En ese momento Aru descubrió que existía una gran diferencia entre el alto mando que se presenta frente a toda la pandilla a como actuaban fuera de ella, porque se le había olvidado que a pesar de ser parte de la ToMan, seguían siendo adolescentes igual que ella.

—Debes tener algo para que Mikey te haya aceptado, aún como miembro honorario...además, ¿qué mierda es eso?—le preguntó al rubio quien estaba concentrado solamente en su comida. Al parecer era el nuevo término introducido al grupo.

—Es algo que pensé en el momento, debía mantener a Baji y su división calmados con algo. No me critiques—respondió a lo bajo Mikey justificando el nuevo título del grupo.

—Bueno, al menos espero que demuestres ser alguien útil.

—No sé si podré serlo, pero puedo intentarlo...aunque solo pido una cosa a cambio—a pesar del nerviosismo que sentía en aquel momento, su expresión demostraba mucha valentía para poder decir aquello—. Es muy probable que tal vez nunca me necesiten porque soy una inútil en las peleas pero…

—Eso no es lo que parecía anoche—agregó Mikey con la boca llena de comida.

—Anoche solo estaba cegada por la rabia y el estrés, pero por eso casi fui atrapada por la policía y creo que no me siento cómoda mostrando mi rostro tal cual. Por eso, déjenme cubrir mi identidad…

—Así que por eso estabas vestida como una espía—se burló el chico del tatuaje al entender la vestimenta completamente negra de la muchacha—, si llegas así, no es de esperar que desconfiara de ti.

—Si somos honestos, yo solo venía a dejarle el taiyaki a Mikey y venir por mi sudadera—se defendió mientras mostraba la bolsa con su prenda adentro—. No esperaba que me uniera a la ToMan, por eso, espero que al menos respeten mi decisión de ocultar mi identidad.

Tal vez ninguno de los dos iban a comprender el miedo que tenía que su imagen sea vista por todos, puede que hasta si lo llegaba a mencionar se reirían por sus motivos que hasta para ella misma eran absurdos. Podía asegurar que muchas de las personas pertenecientes a la pandilla tenían o rodeaban su edad, por lo que envidiaba lo que ellos tenían: la opción de vivir su adolescencia como ellos quisieran con una libertad diferente a la que ella tenía.

[...]

Los recuerdos de sus últimas dos noches aún se mantienen en repetición por su cabeza. Nunca esperó que una escapada casual de su casa resultaría en ella uniéndose a la Tokyo Manji, tal vez sería algo que le sucedería a su padre, pero estaba segura que no era algo que estuviera en sus planes de vida. Tal vez hubiera insistido en negarse a aceptar las palabras de Mikey, pero podría intentar ser parte de la ToMan, o sea, no era una miembro oficial y los comandantes aceptaron su decisión de mantener su identidad oculta, todo era muy confuso y peligroso…

O sea, era solamente la encargada de pedidos de Mikey, ¿que podría salir mal de ello? Solo tendría que ir cada vez que Mikey le pidiera taiyaki o alguna otra comida, sonaba casi como un trabajo de medio tiempo, no remunerado, pero mientras no tuviera que cocinar-o pelear- todo estaría bien.

Hasta el momento sus pensamientos solo habían estado enfocados en las dudas que tenía de unirse a una pandilla, pero ahora se dio cuenta que tenía otro problema que hasta podría ser mucho peor que ser la asistente de Mikey.

Respiró profundo antes de aparecer por la puerta de su salón, sabiendo que era lo que esperaba sentada en el puesto continuo al suyo. Dio pasos lentos y dudosos a la fila de asientos que estaban más cercanos a la ventana, donde en el tercer puesto la observaban unos ojos dorados con claro odio y preocupación, aunque esto último se haya intentado disimular con una postura de indiferencia.

Tomó el asiento de al lado mientras observaba con cierto miedo a la chica de corto cabello cereza que peinaba su flequillo y arreglaba sus dos moños bajo que se hizo esa mañana. Claramente intentaba evitarla, pero no podía dejar pasar la preocupación que ha estado sintiendo desde anoche.

—Yura...yo…—comenzó a titubear la castaña, sin saber que decirle exactamente a su amiga, a la chica que mantuvo toda la noche preocupada luego de no responderle los mensajes que le envió por estar siendo cuestionada por un idiota pelinegro.

—Fujiwara Hotaru, estoy enojada contigo—respondió mientras cruzaba sus brazos en una clara señal de molestia—. Anoche estaba hablando con mis primos, los tres listos para ir a buscarte porque no respondiste ningún mensaje ni llamada hasta media noche. ¡¿Estás loca?! Pensé que te había pasado algo…

Y el peso de la culpa se hizo presente. No recuerda bien cuántas horas pasó fuera de su hogar, tenía noción de haber salido cerca de las 8 de la noche, pero regresó a su casa un poco antes de medianoche, donde finalmente se dignó a responder a cada uno de los mensajes que Yura le había enviado.

Su amiga aún seguía hablando sobre lo molesta y preocupada que estaba, pero no podía concentrarse fácilmente en sus palabras, porque intentaba pensar en cómo explicar todo lo que había sucedido, porque no sabía cómo decirle que lo que vivió fue una aventura… ¿agradable? No sabía si esa era la palabra correcta, pero era lo más cercano a las emociones que había sentido. Tal vez nunca esperó formar parte de una pandilla, su madre la asesinaría si es que se llegase a enterar que se ha estado escapando, además está siguiendo los pasos de su padre, y puede que Yura se una a su asesinato cuando le cuente.

—¿Me estás oyendo?—preguntó la chica nuevamente, aún más molesta que antes al darse cuenta que todo su sermón estaba siendo ignorado. — Aru...no sé qué te sucedió, ayer llegaste muy preocupada, con los nudillos lastimados y además preguntando cosas extrañas. ¿Sucedió algo malo?

No era malo, las consecuencias de sus acciones podrían serlo, aunque según tenía entendido, la ToMan no era una pandilla que está metida en cosas turbias como otras que ha escuchado. Todo sonaba tranquilo hasta el momento, por ahora solo le caía mal a una sola persona y era alguien de la misma pandilla.

—No realmente, solo...—contestó a su pregunta, siendo interrumpida milagrosamente por el timbre que anunciaba el inicio de clases. — Yura, te lo contaré todo el fin de semana, creo que debo aclarar mi mente antes de siquiera comentarte algo. ¿Bien?

La chica no estaba del todo de acuerdo, pero confiaba en Aru más que a nadie y sabía que su amiga no haría nada que atentara contra su propia integridad física o emocional, o de la de cualquier otra persona.

Intentó pensar en que tal vez aquellas heridas en sus manos deberían tener alguna explicación lógica, sabía que su amiga no se metería en problemas.

—Está bien. Pero por las preocupaciones, me debes recompensar…

—¿Pastel?

—Debes pagar el pastel y los helados todo el mes Y…—enfatizó con una sonrisa— debes retirar el guión de la fotocopiadora y llevarlo al club después de clases.

Aru se relajó en su silla mientras suspiraba rendida con su vida. Se rió un poco a la par con su amiga, quien ya parecía estar más calmada y volvió a su actitud habitual, risueña con su voz chillona y aquella sonrisa que mantiene en su rostro. Estaba tan agradecida de su existencia, que lo que menos deseaba era hacerla preocupar por sus estupideces.

—Oh sabes—dijo rápidamente antes de que el profesor entrara al salón—, mamá me contó que el otro día cerca de su trabajo encontraron a un hombre golpeado. Las calles están siendo muy peligrosas, ¿no crees?

Mierda. No podía estar hablando del mismo desgraciado, ¿verdad?

[...]

Evitó bostezar durante la última clase del día para no exponer lo aburrido y cansado que estaba. El día se le había hecho eterno, era un jueves con aspecto de lunes, Agradeció que el timbre sonara justo cuando estaba a nada de rendirse al sueño que sentía, pero llegó a saltar en su lugar cuando todo el mundo se levantó, despidiéndose y tomando sus cosas rápido para salir a sus hogares.

Estaba agotado tanto física como mentalmente. Su anhelado deseo de llegar a su hogar para finalmente dejar descansar a su ser, fue nuevamente arruinado por el constante recuerdo que mañana tenía una evaluación para la cual no ha estudiado y que ha asumido que reprobará.

Tal vez, ahora que ya aceptó que volverá a fallar, podría dormir sin culpa.

Cada movimiento suyo era lento. Salió del salón caminando a un paso similar a una tortuga, sosteniendo su bolso con desgano, casi rozando el suelo, mientras bostezaba cada cinco segundos. Aún le quedaba un largo recorrido para llegar a su casa, necesitaba que pasara algo que despertara sus sentidos

—¡Baji!

Mierda. Tal vez aquel despertador que necesitaba no era exactamente un alegre chico rubio parado a las afuera de su escuela, sentado muy cómodamente en la parte trasera de una bicicleta conducida por otro rubio con un inusual tatuaje en el costado de su cabeza; ambos usaban su correspondiente uniforme, pero físicamente seguían pareciendo pandilleros en busca de alguna pelea.

No quería manchar su imagen justo fuera de la escuela para terminar recibiendo una suspensión-o castigo como el de Chifuyu-, pero si tuviera que golpear a sus amigos ahora mismo, no temería en hacerlo.

—¿Qué haces aquí, Mikey?—preguntó Baji casi molesto de verlo en la entrada, los cuales llamaban la atención de la mayoría que pasaban a su lado.

—¿Aún usas esos lentes?—preguntó Draken en un tono de burla—, Sabes que no te hacen más inteligente, ¿Verdad?

—Lo sé, pero es parte de la imagen que llevo para que piensen que soy un estudiante ejemplar.

Mikey solo pudo reírse al escucharlo, provocando aún más la ira del pelinegro quien aún no sabía que hacían ambos ahí. Definitivamente, ya no tenía sueño, pero tampoco tenía ánimos de continuar con este encuentro.

—¿Qué hacen aquí de todos modos?—preguntó después de respirar profundo para estar un poco más calmado, sorprendiéndose de que la expresión de su amigo y comandante cambiara a una más seria.

—Tenemos que hablar seriamente.

Para Baji, las conversaciones serias eran parte de su día a día, porque su madre y él se sentaban todas las tardes a cenar mientras ella le daba sermones, a veces por sus calificaciones y pocas veces hablando sobre su futuro. Una sola vez él dio una conversación seria, pero fue porque quería adoptar un gato.

Su mayor miedo era cuando su madre entraba por la puerta de su hogar diciendo que tenían que hablar, no había nada más terrible que la expresión seria de ella cuando decía aquellas palabras; pero la mirada fría de Mikey era igual o más aterradora que aquellos momentos.

—De acuerdo.

No podía negarse, tampoco sabía qué problema tuvo que haber sucedido para tener que conversar seriamente, pero ahí estaba sobre su propia bicicleta con la cual iba a la escuela, en camino junto a sus compañeros en dirección al único espacio donde podían conversar con seriedad...el lugar de comidas favorito de Mikey.

No era el espacio adecuado para hablar algo serio, intentaba convencerse Baji mientras se sentaba frente a los dos chicos que estaban a cargo de la ToMan. En su mente había una especie de alarma sonando cada segundo, no una sirena que anuncia algo bueno, era su instinto que le avisaba que algo estaba mal.

—¿De qué quieren hablar?—fue lo primero que dijo Baji después de un silencio que se prolongó hasta un poco después de que tomaran el pedido de cada uno y se le entregarán. Había claramente una tensión en el ambiente y en él, aunque intentara verse relajado.

—¿Qué te sucede últimamente con los nuevos?—preguntó Mikey al tomar una salchicha en forma de pulpo con el tenedor y lo movía por el aire, jugando mientras mantenía la expresión seria.— Has estado muy a la defensiva con todos los que se han unido a la Toman.

Tal vez no se esperaba eso.

—Cuando aquella pandilla perdió ante nosotros y se unieron a la ToMan, lograste intimidar a la mitad de ellos que se terminaron retirando para no estar bajo la primera división—continuó Draken aún más serio mientras recordaba la última pelea que tuvieron donde salieron victoriosos y uniendo a la mayoría de esa irrelevante pandilla a la suya.

—Yo...

No tenía una buena razón tras sus acciones. Baji dejó la hamburguesa que había pedido a un lado porque se estaba empezando a sentir mareado por la rabia que lo estaba consumiendo por no poder explicar qué es lo que sentía o pensaba cada vez que veía alguien nuevo a la ToMan.

—Confío en ti porque nos conocemos hace años y porque sabes cuando una persona es fiable o no. Pero creemos que es tiempo de que te detengas un poco—dijo Mikey mucho más serio como para estar comiendo un almuerzo infantil.—Necesitamos que la ToMan se vuelva fuerte.

—Sé que anoche me pasé un poco con su asistente pero...

—No hablamos solamente por lo de anoche, hablamos de cómo has actuado desde lo de Kazutora.

Fue inevitable sorprenderse por algo así, pero ha pasado tiempo desde que había escuchado el nombre de él siendo mencionado por Draken.

—Lo que sucedió, no fue fácil para nadie—continuó— y tal vez sean ilusiones nuestras, pero creemos que te opones a que alguien llegue a reemplazar el vacío que dejó Kazutora.

¿Será realmente eso? Él mismo desconocía las razones de su actuar desconfiado con los que se unían a la ToMan, pero ahora que Draken lo mencionaba, no hubo momento alguno en que no se imaginara siendo la pandilla número uno, con millones de gente siguiéndolos, siendo los más grandes…pero donde Kazutora aún estaba parado a su lado siendo parte de la división.

—Si es así, creo que es mejor que pares-dijo Mikey como si no le importara realmente.

Baji apretó los puños con rabia bajo la mesa, no contra ellos, contra sí mismo.

—Debo irme—fue lo único que dijo antes de levantarse de la mesa sin tener ánimos de agregar algo más.

Solo dio un paso de camino a la salida, pero siendo detenido por la imponente voz de Draken diciendo algo que se sentía como una amenaza.

—Si sigues así, no volverás a unirte a una reunión de la ToMan.

Y en parte, se estaba sintiendo excluido de su propia familia.

[...]

Chifuyu no sabía qué hacer, además, no tenía muchos ánimos de hacer cosas, pero debía cumplir con el castigo. Se asomó por la orilla de la puerta observando que el salón perteneciente al club de teatro estaba vacío, bueno, estaba lleno de cajas y otras cosas que tal vez alguna vez se utilizaron para alguna obra, pero no había ninguna persona.

El secretario, ayer, le avisó que no se iban a reunir, que se había cambiado la reunión para hoy, pero hoy estaba vacío el salón nuevamente. Tal vez era su momento para irse a casa.

—¿Necesitas algo?—el chico rubio saltó en su lugar, volteándose asustado cuando una voz chillona sonó por todo el pasillo. — ¡Oh!, ¿eres Matsuno Chifuyu?

—Uh…¿sí? Tú eres…

—Nanako Yura, puedes solo llamarme Yura—dijo con una brillante sonrisa la chica de cabellos cereza—. Soy la vicepresidenta del club de teatro, pero el secretario me contó que ayudarías al club por al menos un mes y que tenía que recibirte.

La chica entró al salón siendo seguida por el rubio. Era un salón hecho especialmente para el club, era el doble de grande a diferencia de otras salas y al fondo había una especie escenario donde suponía que ensayaban. Chifuyu estaba sorprendido, sabía que el club de teatro era uno de los grupos que más dinero tenía para darse el lujo de tener un espacio así.

—uh Nanako…

—Siéntete en confianza, llámame Yura, siento que estás hablando con mi mamá.—dijo con una sonrisa mientras abría las ventanas para ventilar la habitación.

—Bueno, Yura…¿Qué debo hacer exactamente? ¡No sé actuar! Te advierto desde ahora.

Ella solo se rió por lo agobiado que se veía el rubio parado en la mitad del salón entre todo el desorden que habían dejado la última vez que usaron el lugar. Yura escuchó por parte del secretario que fue testigo de cómo el director iba a suspender al chico porque se había metido en una pelea, pero que le dio tanta pena que le propuso trabajar en el club.

Según ella, no se veía como un chico que se metiera en problemas.

—No te preocupes, no vas a actuar—se burló—, solo nos vas a ayudar en algunas cosas. Primero, nos ayudarás a limpiar este desastre y después vas a juzgar algunas escenas o el guión.

—Uh, está bien…

Chifuyu no podía negarse, a pesar de que fue una oportunidad para evitar una suspensión, no tenía muchos ánimos de trabajar con el club y la personalidad risueña de Yura le incomodaba mucho. No estaba acostumbrado a convivir con personas con una actitud tan…¿alegre? Simplemente, no era algo que le agradara.

—Entonces, ayúdame a limpiar el lugar antes de que llegue la tesorera y el secretario.

El chico era alguien curioso, quería preguntar acerca del presidente, pero se quedó callado porque no se sentía con el derecho a saber sobre la persona que estaba al mando. Tal vez, con el paso de los días se ganaría la confianza de todos y se iba a enterar. Era un chismoso.

—Necesito que muevas las cajas a la bodega al lado del escenario.

Chifuyu asintió mientras se subía las mangas de su camisa para empezar a cargar un par de cajas. Todo el lugar estaba lleno de polvo, agradecía no tenerle alergia, pero su nariz iba a quedar tan sensible con ello que tal vez salga con algún rechazo a la suciedad.

[...]

Colocó sus dos brazos tras su cabeza, apoyando esta sobre sus extremidades como si las almohadas no hubieran sido suficientes para su comodidad. A pesar de la oscuridad de la habitación, dado por las altas horas de la noche, sus ojos estaban fijos en su techo mientras que lo único que escuchaba era el bajo ruido que hacía el reloj de muralla.

Aún era un horario aceptable para que se levantara del enredo de sus sábanas para sentarse en su escritorio para comenzar a estudiar cómo había dicho; pero su mente no estaba en las condiciones para cumplir con aquella responsabilidad. Tal vez era una vaga excusa que se daba a sí mismo para simplemente no colocarse a estudiar, pero desde hace unas semanasandaba con una extraña sensación en el cuerpo y gracias a la "seria" conversación que tuvo hoy, no se encontraba mejor.

Habitualmente, para poder quitarse ese pesar que suele llevar consigo, suele escribir, pero ya llevaba un par de días pensando en que debería escribirle a Kazutora en las cartas mensuales que suele enviarle, no había nada nuevo que mencionar e intentaba omitir cosas de la Tokyo Manji porque sabía que a él no le iba a agradar leer algo relacionado a ellos o de Mikey, específicamente. Le frustraba no recibir una respuesta por parte de él y por temas legales no puede ir a visitarlo como dijo en su momento que haría, por lo tanto, desconoce los pensamientos de su amigo al recibir aquellos escritos.

Además, pensaba en lo que Draken y Mikey le habían intentado decir.

Le gustaría poder regresar el tiempo a cuando eran la ToMan con Kazutora, no es que detestara lo que es el grupo ahora, tampoco odia la fiel compañía de Chifuyu, pero sobrepensaba mucho como la pandilla seguía creciendo, se hacía fuerte y todos avanzaban…menos él, quien aún sentía estar viviendo el accidente de Shinichiro.

¿Kazutora se sentirá así?

Tal vez en su incredulidad esperaba que el día en que se volviera a encontrar con Tora, pudiera reunir a su familia nuevamente y así avanzar todos juntos, al mismo tiempo.