¿Qué mierda es un gerundio?

Baji mordió la parte trasera de su lápiz grafito, parecía ser una costumbre suya enterrar sus afilados colmillos en la madera cada vez que estaba nervioso o estresado. Obviamente no estudio para el examen del cual estaba consciente que tenía y ahora tenía una hoja sobre su escritorio con palabras que no entendía.

Apoyó su cabeza en su mano izquierda mientras jugaba con el lápiz entre sus dedos de la derecha. Lo único que respondió fue la casilla donde iba su nombre, era de lo único que estaba consciente en ese momento y por poco, casi perdía su identidad con tantas cosas que se le revolvía en la cabeza.

Kazutora...Kazutora...

En su mente solo podía pensar en su amigo, ocasionalmente en Shinichiro quien también estaba metido en su maraña de recuerdos. Suspiró molesto, dejó caer el lápiz provocando un ruido mientras tomaba su hoja casi en blanco mientras la arrugaba en el proceso. La iba a entregar como prueba de su estupidez, muchas veces ha hecho eso, una vez más no iba a doler.

Las clases habían comenzado hace media hora y él ya andaba recorriendo los solitarios pasillos hasta el baño porque sentía que nada estaba resultando bien y necesitaba despertar su mente.

Al mirar su reflejo en el lavabo, se quitó sus característicos lentes dejándolos con un poco de brusquedad a un lado mientras que casi, con desesperación, se soltaba el nudo de su corbata porque su madre lo había hecho un poco más apretado que otras ocasiones y sentía que aquello lo estaba asfixiando.

Apoyó ambas manos en la orilla del lavamanos mientras dejaba caer su cabeza, agradeció que su cabello estuviera tomado por una moña con la parte delantera arreglado hacia un lado con gel. Odiaba esta imagen de niño bueno que mantenía para engañar a su mente, porque vivía una fantasía donde sacaba las mejores calificaciones y su madre estaba orgullosa de él.

Lo odiaba porque esa maldita imagen no era suya, porque ese niño bueno no estuvo ese día en la tienda de motocicletas junto a Kazutora; porque ese maldito niño bueno estaba empezando a sentir que su familia se estaba desmoronando por su culpa.

—¡Mierda!—gritó aún más molesto mientras golpeaba el cerámico del lavamanos—Mierda, mierda mierda...

Siempre ha hecho destrozos o ha peleado contra otras personas cada vez que sus emociones tomaban el control de sus acciones, pero ahora, que sentía la frustración a flor de piel, tal vez solo quería...gritar.

O llorar.

[...]

—Dilo...

Corrió uno de sus mechones de pelo tras su oreja mientras movía las piernas con nerviosismo. No quería levantar su cabeza para no tener que mirarla a los ojos, así que solo dejaba que su cabello largo y suelto cubriera su rostro. ¿Sentía vergüenza? Si ¿Puede que esté en problemas? También sí. Es la primera vez que le sucedía esto y era... ¿extraño?

—Lo siento—dijo casi en un susurro recibiendo una mirada de molestia, aquello no era suficiente—, lo lamento tanto. Soy una idiota, responsable de que nos echaran del salón y una cobarde.

—Hotaru, quiero asesinarte—la voz de Yura no tenía aquel agudo tono de voz que suele tener siempre—. No esperaba esto de ti.

La chica de cabellos cereza se apoyó en la muralla con sus brazos cruzados mientras suspiraba. Estaba molesta, mucho más de lo que estaba ayer y Aru era la responsable directa del malestar; Yura estaba tan enojada que incluso llegó a gritarle, cosa jamás vista por su calmada actitud, por ello, ahora ambas estaban en un periodo reflexivo fuera del salón de clases.

—Te odio tanto—y las cosas se ponían peor porque Yura comenzó a llorar poniendo a Aru aún más nerviosa.

Hotaru en la mañana entró al salón esperando encontrar a su amiga molesta -nuevamente- por no haber cumplido con su palabra ayer, pero en parte lo hizo. Había ido a retirar el guión de la sala de impresiones y fotocopias para ir a entregárselo, pero antes de siquiera entrar al salón del club, reconoció al chico rubio que estaba ayudando a Yura.

Sabía que era uno de los chicos de la ToMan, lo había visto parado al lado del idiota pelinegro. Si él se enteraba que iban en la misma escuela, tal vez su tranquila vida sería un infierno, bueno, ya no era tan tranquila si prácticamente empezaba una doble vida; era muy probable que no pudiera manejar algo así, por eso salió corriendo antes de que el rubio la viera, pero antes de salir de la escuela, se encontró con el secretario del club de teatro al cual le entregó el guión.

Estuvo dispuesta a aceptar la molestia por parte de su amiga esta mañana, pero más que un reclamo por parte de Yura, su amiga insistió en que le dijera que es lo que estaba sucediendo con su comportamiento tan extraño. ¿Qué pasó al final? Aru le confesó que de casualidad ahora formaba parte de una pandilla,no alcanzó a explicarle que realmente era como una asistente y miembro honorario, porque su amiga reaccionó tan mal hasta el punto de gritarle, haciendo que el profesor que había ingresado las haya echado a ambas del salón.

El profesor fue benevolente con ellas, sabía que ambas eran buenas estudiantes y amigas, por lo que solo les dijo que salieran a dar una vuelta por ahí para que tomaran algo de aire o conversaran; por lo que después de un largo camino en silencio, ambas terminaron en la parte trasera de la escuela para conversar, Yura apoyaba en la muralla frente a la banca donde Aru se sentaba esperando escuchar toda la historia.

— ¿Cómo pasó todo eso? ¿Cómo terminaste formando parte de una pandilla?—preguntó la molesta chica mientras secaba sus lágrimas.

—¿Te acuerdas del hombre que mencionó tu mamá? ¿Al que encontraron golpeado?—Yura asintió.— Bueno, todo comenzó porque él me estaba acosando y lo tuve que golpear.

Eso no mejoraba nada, pero al menos la chica de dos moños bajo ya empezaba a unir cabos, o sea, eso explicaba los nudillos lastimados de Aru, pero seguía sin ser un motivo suficiente para justificar su unión a una pandilla.

Hotaru le continuó contando cómo fue rescatada por Mikey, mencionando además que él era el comandante de la ToMan y sin olvidar decir que habían hecho una especie de trato, el cual era un dato importante en toda esta historia.

—Entonces, por eso le preguntaste a Eri donde vendían taiyaki—dijo Yura finalmente entendiendo todo—. Yo como idiota preguntándome por qué quería saber eso, no te gustan esas cosas.

—Por eso le pregunté a Eri, porque sabía que tú me conoces tan bien como para sospechar.

Y no había mentira en eso. Yura y Hotaru se conocían desde los 8 años, así que habían pasado prácticamente toda su vida juntas, a diferencia de Eri-su otra amiga-, quien solo llevan dos años de conocerse y que no pasa mucho tiempo con ellas ahora porque sale con su novio la mayor parte del tiempo.

Mientras Yura seguía intentando unir las piezas del rompecabezas, Hotaru terminó de contar cómo fue que terminó siendo miembro honorario y encargada de pedidos de Mikey-la asistente, como solía llamarse-. Todo el relato fue contado de una manera muy superficial, omitiendo información como la del chico rubio que la ayuda en el club.

Eran datos que se guardaría hasta que ella supiera más de eso.

—Y ayer fue mi primera noche tranquila—concluyó la historia—, ¿Alguna pregunta?

—Si—suspiró la chica mientras tomaba asiento al lado de Aru y la miraba fijamente con sus ojos dorados tan abiertos por la sorpresa—, ¿le vas a contar a ellos?

—¿Qué? No, claro que no—respondió con molestia—. Yura, debes dejar de meter a tus primos en mi vida.

—Ellos se preocupan por ti, eres como su hermanita pequeña.

—Sí, pero no por eso tienen que estar metidos en mi vida, ya tengo suficiente con mi mamá y contigo.

Yura sabía que era cierto, era una amiga muy sobreprotectora. Aru no era una persona de carácter débil o una chica indefensa, sus primos se habían encargado de enseñarle defensa personal con tal de protegerse de tipos como el imbécil del otro día; pero era como una princesa que ha estado encerrada toda su vida en una torre, porque socialmente era un desastre.

—Bien, pero te tengo otra pregunta—dijo rendida. — ¿Te gusta la idea de ser parte de una pandilla?

Y ahí estaba la pregunta que no quería responder, porque si Aru era honesta, si le gustaba la idea; pero por otra parte, el peligro que corre al escapar de casa o tener que enfrentarse a otras personas, no es algo que precisamente le entusiasmara del todo.

—Aún no lo sé—contestó—. Cuando recuerdo el día en que golpeé a ese imbécil, me sentía tan vulnerable solo con palabras, pero me gustó defenderse ante él. Por otro lado, siento una adrenalina cuando salgo de casa y siento que...es mi momento de libertad para buscar quien soy realmente.

Desde que se enteró de que su amiga ahora formaba parte de una pandilla, Yura ha estado sorprendida, pero aquel comentario junto a la mirada ilusionada de ella la hacía sonreír por inercia. La historia familiar de Aru era complicada, entre eso, su madre tiene un odio tremendo a la pandillas por culpa de su padre, por lo que siempre evitó que su hija conociera aquel mundo "oscuro" del cual el hombre formaba parte; pero a pesar de la obviedad, Hotaru era mucho más parecida a su padre y tal vez este es el momento en que se demuestra ello.

—¿Crees que estoy loca?

—Claro que sí—dijo honestamente—, pero comprendo lo que quieres decir. Tal vez, no solo te uniste para desafiar las reglas de tu mamá, tal vez te uniste para perderle el miedo a tu padrastro.

—¿Qué? No, yo...ni siquiera pedí unirme—dijo entre risas nerviosas—, ni siquiera soy una miembro oficial. Tal vez solo quiero tener lo que tú tienes con el club de teatro, ya sabes, hacer más amigos o encontrar algo que me guste.

—¿Estás bromeando, verdad? Hotaru, hay miles de club en la escuela y talleres externos. Entrar a una pandilla, no es igual a eso.

Yura solo podía reírse por como el rostro de su amiga se tornaba rojo por la vergüenza, pero también estaba siendo testigo de la paz que sentía Aru después de confesar aquello.

—De acuerdo, te apoyaré SOLO si prometes cuidarte y avisarme cuando las cosas están complicadas—no es Yura si es que no pone sus condiciones en algo.

—Bien...en ese caso, yo también pondré condiciones.

—No tienes el derecho.

—Si los tengo—dijo entre risas—. Necesito que dejes de llamarme Aru en público, creo que hay un par de chicos de la ToMan por aquí y mi identidad está oculta.

—¿Qué?

—Ya sabes, yo...no quiero que me descubran así—se señaló a sí misma con su uniforme escolar y su rostro al descubierto—. No quiero que me reconozcan y le vayan a decir a mi mamá o a la policía.

—No pensé que fueras tan precavida.

—Es culpa de tus primos—los tenía que mencionar nuevamente—. Otra condición, tal vez me tenga que escapar de vez en cuando de mi casa, ¿podrías ser mi coartada y decirle a mi mama que estoy contigo?

—Sabía que apoyarte no me iba a salir barato.

[...]

Para Baji, los fines de semana siempre han sido sus días favoritos. Cuando era pequeño, eran los días en los cuales iba a practicar al dojo de la familia Sano; actualmente, podía disfrutar tanto del sábado como el domingo por igual solamente porque no debía colocarse el molesto uniforme escolar ni tener que cambiar toda su imagen física para ser el niño bueno.

Pero a pesar de ser sábado, no lo estaba disfrutando como tal. Pasó toda la mañana acostada hasta que a las dos de la tarde se levantó para cocinar algo; Chifuyu lo solía visitar, pero tuvo que ayudar al club de teatro desde muy temprano y en su lugar, Peke J le hacía compañía.

Desde anoche que había estado solo, su madre trabajaba lejos y cuando tenía que quedarse hasta tarde, solía dormir en casa de una amiga; por ello, había tenido mucho tiempo suficiente para reflexionar sobre las direcciones que estaba tomando su vida.

Y aunque disfrutaba la soledad, tenía una gran necesidad de ver y hablar con su madre. Ella podía darle sermones o regañarlo por sus malas calificaciones, pero también estaba para escuchar sus problemas o curar sus heridas cada vez que llegaba de una pelea.

Pero cuando la vio entrar por la puerta en la tarde, con una sonrisa en su rostro, como si no tuviera ninguna preocupación, Baji se quedó sorprendido por ver a la mujer con tanta despreocupación, como si pasar un día fuera de su hogar significaba un peso menos en los hombros de ella.

—Hola Kei—dijo ella muy feliz de verlo sentado en una de las sillas de la mesa comiendo solo con una expresión diferente—, ¿todo bien hijo?

Nada estaba bien, quería decir, pero era un maldito orgulloso y le gustaba resolver las cosas por sí solo. La felicidad de su madre no tenía por qué ser arruinada por sus pensamientos idiotas que tal vez a la semana se le olvide.

—Nada mamá—respondió mientras se levantaba a dejar el plato vacío en el lavaplatos, evitando mirarla a los ojos—, ¿Te fue bien?

—Sí, fue mucho trabajo en la oficina—dijo mientras se acercaba al pelinegro que dejaba correr el agua—. Kei, si quieres hablar de algo...

—¿Qué? No, no es nada—su madre lo conocía bien, ese era otro problema más—. Saldré a dar una vuelta, dejé tu plato en el microondas.

Necesitaba salir de ahí para respirar aire fresco para despejar su mente antes de que su madre descubriera lo que le atormentaba, pero sin siquiera salir de la habitación fue detenido por ella, quien le observó mientras ambas manos se paraban en sus mejillas, sostenido su rostro para que mirara fijamente sus ojos.

—Si quieres decirme algo, puedes hacerlo.

Era claro que no quería preescolar para que aquella sonrisa con la cual había llegado, pudiera prevalecer por el resto de su vida; pero era tan inútil que ni eso podía hacer, porque la había preocupado intentando guardarse todo.

—No es nada, solo que me fue horrible en el examen de inglés de hoy. Mamá, ¿sabes que es un gerundio?

Ella rio y Baji río con ella. Era un idiota, pero al menos aun podía sacarle una sonrisa a la mujer que ha hecho tanto por él, era poco, pero era lo que podía hacer; tal vez lo que dijo no era lo que atormentaba su cabeza, pero se sentía mejor cuando hablaba y reía al lado de su madre.

—De acuerdo. Lo hablaremos seriamente cuando lleguen los resultados—dijo ya soltándolo—. Por si acaso, Kei. Ya ha pasado un mes desde la última carta, ¿no vas a enviar una?

Mierda, la carta.

—Eh sí, solo me falta terminarla. Te la daré pronto.

Ella solo asintió dejándolo ir por sus cosas a su habitación. Necesitaba dar un paseo con su motocicleta hasta su espacio tranquilo para pensar las cosas con más calma y comenzar a escribirle a Kazutora. Prometió escribirle todos los meses hasta que saliera y aunque solo le enviará un "hola", estaría cumpliendo su palabra.

[...]

Inconscientemente, cuando el sol se ocultó, terminó el estacionamiento del templo Musashi. El espacio estaba vacío, oscuro y el único ruido que había era el de su motocicleta aún encendida. Estuvo unos momentos sentado en el vehículo mientras se quedaba observando un punto fijo, ya no sentía aquel malestar en su pecho y sus pensamientos se habían disipado con el viento, pero sus propios instintos lo trajeron al lugar donde más tranquilidad sentía.

Bajó de su moto mientras guardaba sus llaves en el bolsillo de su chaqueta blanca, dejando sus manos en ese espacio porque podía sentir el frío de la noche congelado su piel, aún peor cuando utilizaba su camisa a rayas negra que era demasiado delgada como para realmente abrigar su cuerpo.

A medida que subía por los escalones, se sintió confundido y en alerta cuando vio a alguien en la entrada. Hoy no había reunión y habitualmente este no era un espacio que se visitara en estos horarios, por lo que debía estar atento si es que tenía que pelear contra alguien para defender el espacio de la ToMan.

—¿Qué haces aquí?—preguntó molesto Baji al ver a la misma chica de dos moños castaños apoyada en los pilares de la entrada.

Era como un deja vu.

La chica se puso nerviosa, realmente no esperaba que la primera persona con la cual se encontraría fuera el mismo chico que la molestó el otro día y viceversa, Baji venía a pasar un momento de relajación al templo, no a encontrarse con uno de sus problemas dentro de su vida.

—Uhm...Mikey me avisó que tendría que venir—dijo intentando sonar casual, no como si estuviera a nada de salir corriendo por el miedo que le tenía al pelinegro.

—¿Mikey? ¿Ese idiota tiene planeado venir?—Baji chasqueó la lengua molesto, no quería verlo aún, tenía que pensar con claridad las cosas antes de ver a los dos comandantes. Su noche perfecta estaba siendo arruinada gratuitamente. Pasó de largo de la chica, directamente a los escalones, para sentarse ahí mientras analizaba a la chica parada en la entrada.—¿Cómo te llamabas inútil?

—¿Inútil? No tienes ninguna clase de respeto por el resto, ¿verdad?—estaba indignada y el chico solo la ignoró causando aún más su molestia. — Me llamo Aru, no lo olvides, porque si me vuelves a llamar "inútil" te voy a...

—¿a golpear? Eso sería interesante, ¿por qué no lo haces ahora? I-nú-til.

Aru era una maldita orgullosa, era obvio que no podría hacerle ni un rasguño, pero de igual manera se acercó molesta al chico quien se levantó de su cómoda posición dejando a la vista su intimidante imagen con su cabello bien tomado en una moña alta y manteniendo ambas manos en sus bolsillos, sin temor a lo que hiciera la chica.

Pero ella se detuvo al verlo, porque se sentía pequeña y paralizada. No era una chica alta, estaba dentro del promedio de estatura de muchas chicas, pero siempre fue más alta que Yura y por eso siempre se vio como alguien más imponente; pero ahora, frente al pelinegro, la intimidación por parte de sus ojos avellana la hacían sentir como una hormiguita fácil de aplastar.

No terminó de llegar a él porque fue Baji quien con un par de pasos llegó frente suyo, riendo casi en su rostro mientras la analizaba de pies a cabeza. A pesar de la mascarilla que cubría la mitad de su rostro, era fácil deducir el miedo que sentía la chica por como lo miraba con sus ojos.

Sentía que la había visto antes.

—¿Quién eres realmente?

Aru estaba muda por el miedo, no podría defenderse si es que el idiota realmente quería pelear con ella, además, ¡odiaba que empezara a sudar ahora! Quería quitarse la maldita mascarilla, respirar un poco de aire e intentar darle frente al pelinegro, pero ahora que sabía que el chico rubio estaba en su misma escuela, era mejor si seguía ocultando sus marcas distintivas.

—Yo...

Ni siquiera sabía que decir, agradeció que la pelea de miradas que tenían mutuamente fue interrumpida por el ruido de un par de motos andando por el estacionamiento por donde el chico había venido.

—¿Es Mikey?—preguntó ella un poco más tranquila, pero algo confundida por escuchar más de una moto.—¿También vienen los otros miembros?

—No...—dijo Baji pensando—así no suena la babu de Mikey.

Y tal como lo había dicho él, no era Mikey ni nadie de la ToMan. Por las escaleras de la entrada un grupo de personas subían, dando pasos fuertes con sus botas para hacerse notar y, a pesar de la oscuridad de la zona, gracias a algunas farolas se podía distinguir unos uniformes ocres.

—Oye...ellos no son de la ToMan, ¿verdad?—dijo nerviosa, dando pasos hacia atrás.

—¡Vaya! Pero si hay un par de mocosos aquí—gritó el hombre que caminaba liderando el grupo, probablemente el comandante—. A esta hora, los niños deberían ir a dormir.

—Mierda, lo que faltaba.