Sinceramente, Aru no esperaba tener que verse cara a cara con otra pandilla, o sea, era algo que sabía que sucedería si formaba parte de una, pero lo veía como algo muy irreal mientras ella fuera miembro honorario. Estaba asustada, eran hombres algo mayores y sus aspectos eran completamente de terror, si tuviera algo de tiempo, podria halagar las imagenes fisica de Mikey, Draken e incluso del idiota pelinegro a su lado.
Se sentía más segura con ellos de todos modos.
—¿Qué hacen aquí?—preguntó Baji sin dejarse intimidar por el grupo de veinte personas que se acercaban a él.
—Hemos perdido nuestro lugar de encuentro—comenzó a hablar un hombre de corto cabello negro y de una cicatriz en la frente—, así que he hemos decidido robarle el Templo Musashi a la ToMan.
Baji se rió sarcástico con solo escuchar al comandante de aquellos hombres, provocando el enojo del otro grupo quienes la mayoría traían palos por si es que debían atacar, por lo que Aru obviamente sabía que esto no terminaría bien, tenía miedo y cada vez daba más pasos hacia atrás, a nada de usar al pelinegro como escudo sí que una guerra se desataba.
—Déjame ver si entendí—dijo el chico aun burlándose de los hombres—, ustedes perdieron su lugar de encuentro porque son unas mierdas ¿y se atreven a venir a pelear contra la ToMan para quitarles el templo? Admiro la confianza que se tienen.
—Oye idiota, no los provoques—le susurró la castaña, recibiendo una mirada de odio por parte del chico.
—Oye niño, no haremos nada si tú y tu noviecita se largan.
Aru se sintió más ofendida por ello que por el intento de ataque hacia la pandilla de la cual forma parte ahora, pero a diferencia de ella, Baji tenía una sonrisa de superioridad mientras hacía sonar sus nudillos contra las palmas de sus manos como una demostración de que estaba dispuesto a repartir golpes si era necesario.
—Ja! Están locos si creen que yo dejaré este lugar para que unas mierdas como ustedes lo utilicen—dijo el chico mientras se acercaba al líder—. Estoy dispuesto a pelear por la ToMan.
—Mocoso, ¿Quién te crees que eres? Somos más que ustedes dos, están en una clara desventaja.
—Soy Baji Keisuke, miembro fundador y capitán de la primera división de la ToMan, así que créeme que es mejor que se vayan porque mi misión es evitar que mierdas como ustedes ensucien este lugar.
La chica aun intentaba procesar todo lo que estaba sucediendo, no podía ni moverse, pero se sorprendió al ver como el idiota pelinegro-Baji como había dicho-, rápidamente movió sus brazos para darle con toda la fuerza de su puño al rostro del líder de la pandilla.
Soltó un chillido de miedo al ver como el imbécil caía inconsciente al suelo seguido de otro par de chicos que fueron golpeados inmediatamente después. Aru tenía una combinación de emociones, porque aún estaba asustada y su cuerpo estaba paralizado por lo mismo, pero también estaba muy sorprendida por ver al chico pelear contra cinco hombres a la vez.
Si esto era formar parte de una pandilla, mejor se quedaba como miembro honorario.
Por su parte, Baji mantenía una sonrisa en su rostro cada vez que lograba dejar inconsciente a uno de los hombres del otro grupo. Uno de sus gustos culposos era poder repartir golpes tal y como lo hacía en ese momento, esto porque su mente se quedaba en blanco y era como que todos sus problemas desaparecieran momentáneamente, además, su cuerpo se llenaba de energía, podía con ellos y más si era posible. Era bueno para esto y le hacía feliz poder hacerlo.
Aru solo era testigo de la situación, se mantenía a una distancia prudente para no ser considerada dentro de la pelea e incluso evitaba intentar arreglar su moño desarreglado para no llamar la atención. Diez de los veinte hombres habían sido noqueados, todos querían pelear contra Baji y eso lo agradece, porque así no tenía que buscar una forma rápida de defenderse.
El chico dio unos pasos atrás antes de enfrentarse a los últimos diez idiotas que quedaban, casualmente, el grupo que tenía palos para defenderse. Él estaba un poco cansado, pero se rió de ellos con burla mientras se sacaba su chaqueta y la lanzaba a un costado dispuesto a continuar.
Tal vez después tenga que lavarla, pero preferiría quitarle una mancha de tierra a una de sangre.
—Vamos, ya son lo suficientemente cobardes como para traer palos en lugar de usar sus puños—provocó el pelinegro listo para seguir peleando.
Era la primera vez que Aru veía una pelea como tal, obviamente había visto alguna en televisión, pero era diferente a ser testigo de una; tal vez tenía miedo, pero le gustaría en un momento aprender a dar esa clase de golpes porque estaba sorprendida por lo fuerte y arriesgado que era Baji.
Era la clase de cosas que le gustaría poder hacer.
Pero las cosas no eran tan fáciles como pensaba, porque aunque el chico pudo con los primeros diez hombres, los restantes se lo estaban poniendo complicado al usar los puntos ciegos del pelinegro para intentar atacar todos al mismo tiempo con los palos. Baji ya no era quien dominaba la batalla, esquivar golpes mientras intentaba atacar era mucho más cansador debido a que suponía una mayor utilización de análisis ambiental y reflejo.
Aquello era complicado para una sola persona y Aru se estaba dando cuenta de eso, porque mientras el pelinegro se encargaba de nueve de los hombres, se había despreocupado del restante que estaba al último, el cual se movía en cámara lenta ante sus ojos.
¿Por qué?
—¡Mierda!—Aru no supo qué fue lo que le hizo actuar de repente porque hasta hace un segundo estaba paralizada por el miedo y porque sabía que no podría ni hacerle un rasguño a alguno de los hombres; pero ahí estaba, corriendo en dirección al grupo.— ¡Quítate idiota!
—¿Ah?
Baji alcanzó a ver de reojo como la castaña corrió por su lado hasta taclear a uno de los hombres que se le acercaba entre todas las personas que lo golpeaban por el costado. Él no tuvo tiempo para analizar lo que estaba sucediendo porque debía seguir protegiéndose de que alguno de los palos lo alcanzaran.
—¿Qué hiciste inútil?—preguntó él mientras daba unos pasos hacia atrás intentando saber qué había hecho la chica.
Aru estaba tirada en el suelo muy sorprendida por sus propios actos, ni siquiera ella misma sabía que había hecho. Era consciente de que la razón por la cual se fijó en el comportamiento extraño de ese hombre era porque su arma era diferente al resto, o sea, era un palo de madera pero el cual se le había puesto clavos con la clara intención de hacer un daño mucho peor; tal vez Baji no era de su agrado, pero su instinto de "heroína" le hizo hacer lo que hizo.
—Tu...maldita mocosa—y ahora se había metido en el problema.
Un par de hombres fijaron su atención en Aru, incluyendo al imbecil que había empujado. Mierda, no se podría defender ahora y Baji estaba concentrado con los otros tipos, él no podría rescatarla.
Tal vez, tuvo que haberse quedado quieta en su lugar.
—¡Te voy a matar!—el hombre que había empujado se recuperó rápidamente y se levantó del suelo tomando el palo en el proceso mientras que la chica estaba paralizada en el suelo, cerrando los ojos para recibir el golpe cuando vio como el tipo se preparaba para darle con el arma.
Había cerrado sus ojos con tanta fuerza que ahora le dolía, sin contar que apretó sus puños con miedo, enterrando sus uñas en las palmas de sus manos lo que provocaba que chillara un poco; además, desde que corrió, había aguantado la respiración y con la mascarilla era difícil retomar el ritmo normal de esta.
Sinceramente, no había forma en que saliera viva de esta.
—¡¿Ah?!
—Qué molestia...
Baji recibió un puñetazo en el rostro, no fue fuerte, pero lo desconcentró hasta hacerlo caer de espaldas, viendo como todos se preparaban para atacar al mismo tiempo y antes de que pudiera analizar lo que estaba pasando, vio como un par de hombres caían al suelo inconsciente.
Cuando los que quedaban en pie se voltearon a ver qué pasaba, Baji pudo reconocer a un chico alto de trencita quien golpeaba a uno de los idiotas.
—¿Necesitas ayuda?—preguntó con burla Draken.
—Pudieron haber llegado un poco más temprano—respondió entre risas sarcásticas mientras se levantaba para apoyar a su compañero.
—Ya sabes que Mikey no puede estar tranquilo sin dorayaki.
Cuando Baji se volteo a la dirección donde estaba la chica, no evitó burlarse al ver a Aru asombrada de como Mikey acababa de una patada a los hombres que la rodeaban, puede que ellos sean muy débiles o el rubio fuera muy fuerte, pero ni siquiera los palos pudieron ser resistentes a un golpe del comandante de la Tokyo Manji.
La ToMan era genial, pensaba Aru, sin darse cuenta que los veinte hombres yacían en el piso casi inconscientes. Definitivamente, ella estaba mejor como asistente de Mikey.
—¿Te encuentras bien?—le preguntó Mikey a la chica mientras pasaba de su lado.
—Uh...si—respondió mientras se levantaba con dificultad del piso. El cuerpo aún le temblaba solamente por lo que hizo.
Los chicos caminaron muy tranquilamente hasta los escalones del lugar y Aru, sin entender mucho, los siguió no sin antes detenerse a levantar del suelo la chaqueta blanca del pelinegro que se le había olvidado entre tanto cuerpo inconsciente.
—Oye...—se acercó a Baji sintiendo vergüenza de solo verlo, lo odiaba, pero no por eso tenía que ser mala persona—, tu chaqueta.
Él la observó un momento antes de arrebatarle la prenda de las manos, sacudiéndole la tierra mientras seguía caminando sin decir nada. En otro momento, ella le hubiera reclamado por ser un irrespetuoso, pero sus ánimos de pelear estaban bajo cero y aún más bajo después de ver como el chico golpeaba.
—Tendremos que esperar a que se despierten y se larguen—dijo Mikey comiendo su dorayaki y sentándose en uno de los escalones para observar a los hombres inconscientes—, ¿Qué fue lo que sucedió?
Baji se paró frente a los dos comandantes mientras le comentaba como el grupo de idiotas había llegado intentando apropiarse del Templo Musashi, provocando las risas del alto mando porque sabían que era imposible que otra pandilla pudieran tomar el puesto que le pertenecía a la ToMan.
—Eso explica por qué vimos a Aru empujando a ese hombre—dijo Draken entre risas haciendo que la chica se avergonzara y se sonrojara bajo la mascarilla—, nos sorprendimos ver tanta gente aquí. Qué bueno que pudieron con ellos.
Todo quedó en silencio luego de que las risas cesaron. Baji le hubiera gustado haber dicho algo, pero aún no quería hablar con ellos porque aún pensaba sobre su encuentro de ayer. No se sentía tranquilo, por lo que aceptó la gratitud de sus compañeros con un movimiento de cabeza y sin agregar nada más, tomó el camino a la salida.
Aru miró nerviosa al pelinegro, quería decirle algo, pero era una chica orgullosa y obviamente no le tenía gran simpatía, pero verlo golpear a todos sin dudar le hizo nacer cierto interés así que, aunque Mikey le estuviera comentado su tardanza, ella pidió disculpa y se acercó al chico antes de que se fuera.
—Oye...—dijo llamando la atención de Baji e inclusive el de los comandantes que miraban atento a lo que sucedía. Aru agradeció nuevamente a la mascarilla por cubrir el sonrojo de su rostro por la vergüenza de traicionar su orgullo.— Eh...
—¿Te pasa algo? ¿Aún quieres pelear conmigo?
—¿Qué? ¡No! Pero...tu forma de pelear y usar los puños fue...genial—su orgullo dolía, pudo haber recibido el golpe del palo con clavos y hasta eso hubiera dolido menos—; por eso, te quería preguntar si es que...¿Podrías enseñarme a pelear así?
Fue una sorpresa para todos. Mikey casi deja caer su comida por solo escucharla mientras Draken quería aguantar las ganas de reírse para no romper la tensión que existía entre ellos dos; nadie se esperó que Aru le fuera a pedir algo así al chico que ni siquiera la quería en el grupo e hizo que la mayoría de la ToMan dudara de ella.
Era toda una vuelta de trama.
—No—dijo firmemente—, ya te dije que no confío en ti y no estoy ni siquiera agradecido por lo que hiciste hace poco, por lo que no te debo nada.
Y tal como llegó, se fue.
Tal vez no era el momento, pero Mikey reaccionó de una manera muy infantil, riendo fuertemente frente al rostro de la chica quien regresaba frente a ellos con una expresión indignada. Con Draken y Mikey presente se bajó la mascarilla dejando ver como apretaba la boca en un intento de no gritarle al idiota pelinegro.
Era un completo imbécil.
—¿Qué te hizo hacer eso?—preguntó Draken confundido.
—¡Aaaah!—gritó la chica luego de aguantarse un momento, después respiró profundo para volver a estar calmada aunque le hubiera gustado haber golpeado al pelinegro en el rostro—, lo odio.
—No te preocupes, es así siempre—confirmó Mikey.
La chica nuevamente respiró profundo intentando calmarse aún más, lastimó su orgullo por un chico, sonaba como una trama de serie adolescente que tanto le gustaba a Yura. Cuando aprendiera a pelear, le daría su merecido a Baji.
—Sucede que solo sé defensa personal porque alguna vez me enseñaron, pero quiero aprender a tener más fuerza de brazos y poder dar golpes como los dio ese idiota.
—Pero si quieres eso, Pah es el que más fuerza de brazos tiene—dijo Mikey con la boca llena— y ya que estás en su división, puedes pedirle el favor a él.
Maravilloso, podría mantenerse alejada del imbécil pelinegro.
[...]
Draken había sido quien le pidió a Mikey que citará a Aru para hablar con ella. Como amigo y responsable del infantil comandante de la ToMan, quería poder repartir sus tareas con ella bajo la aprobación del rubio.
Aru había tomado las responsabilidades que podía hacer fuera de un horario escolar porque la chica no podía escaparse a la mitad de clases para cumplir los caprichos de Mikey, aunque el chico no iba a dudar de pedírselo si es que pudiera, pero ella fue muy honesta al decirle, con palabras respetuosas, que lo mandaría a la mierda si es que llegaba a hacer algo así.
Pero luego de esa conversación, ella se retiró incluso antes de que el resto de hombres inconscientes despertaran para irse. Draken se quedó callado disfrutando del silencio del lugar, tal vez lo único que podía escuchar era como el rubio a su lado masticaba el último dorayaki que había comprado.
—Sigo sin saber por qué la quisiste unir—dijo después de un momento de silencio, acomodándose en su lugar en el escalón—, honestamente, yo estaba de parte de Baji ese día.
—Lo sé—respondió Mikey seriamente—, pero quería darle una oportunidad.
—¿Por qué? No parece fuerte y si no fuera porque llegamos justo a tiempo la hubieran matado, además, no haces muchos pedidos, ¿Por qué la quieres mantener?
Mikey miraba atentamente como un par de hombres empezaban a levantarse del suelo limpiándose la sangre en sus uniformes ocres y, con miedo por la mirada que le daban los comandantes, intentaron despertar al resto para retirarse como los cobardes que eran.
El chico rió con solo verlos.
—Aru...me hace acordar a la protagonista de un cuento de hadas que me contaba Shinichiro.
—¿Ah? ¿De qué mierdas hablas?
Draken no obtuvo respuestas, estaba más confundido a base de eso pero no iba a pelear contra las ideas extrañas que tenía Mikey, por lo que solo se quedó mirando cómo los hombres lo miraban asustados, apoyándose uno de los otros, para ir saliendo del templo.
[...]
Baji tiró su chaqueta al suelo después de entrar a su habitación, ya estaba sucia así que daba lo mismo otra mancha más por el piso que no ha limpiado en una semana. No tenía ánimos de nada, le gustó gastar energías en una pelea, pero estaba tan agotado mentalmente del día anterior que se tiró sobre su silla del escritorio.
Quería descansar en la comodidad de su cama, pero de regreso a su casa estuvo pensando en qué escribirle a Kazutora y antes de que se le fuera la idea, tomó la hoja más cercana que tenía a la mano junto a un lápiz y empezó a escribir.
"Kazutora, ¿qué tal? Honestamente, se me ha acabado las cosas interesantes que contarte, los días se vuelven aburridos sin tu presencia tal vez porque me hace falta mi mejor amigo para salir a dar unas vueltas, pelear contra otros idiotas, salir a comer o ir al arcade...bueno, el arcade cerró mientras tú estabas fuera pero hay otro que tiene juegos muy buenos, soy experto en un par de ellos y te puedo enseñar a jugar.
Solo quiero que salgas ya..."
Cuando se dio cuenta de lo que acababa de escribir, se golpeó el rostro y tomó la hoja entre sus manos para arrugarla, hacerla una bola y tirarla al bote de basura que estaba a su lado.
Simplemente, no podía creer que acaba de escribir algo tan...cursi y tampoco le enviara algo así a su amigo.
