No está segura, pero puede decir que el miércoles es el peor día de la semana.
Han pasado tres días sin recibir ningún mensaje de Mikey, lo que le hizo apreciar lo maravilloso que es olvidar que ahora trabajaba para el comandante de una pandilla; desde el domingo sentía que su vida había regresado a su rutina habitual.
Pasó todo el fin de semana en la casa de Yura, no quería estar en la suya porque eso significaba estar encerrada en su habitación todo el día estudiando; el lunes y martes sintió que todo era normal. Como si su vida nunca hubiera cambiado de la noche para la mañana.
Nunca pensó sentirse cómoda con su vida "normal", tal vez lo único que no extrañaba era que todas las tardes, después de clases, debía regresar a su casa para continuar estudiando hasta que no pudiera resistir el sueño.
Todo era tranquilidad…hasta que llegó el maldito miércoles.
Personalmente, Aru odiaba los días miércoles, no había una razón en específico, pero podría agregarle un motivo cuando fue despertada por el alegre saludo de su madre la mañana de ese maldito día.
Si era honesta, se le había olvidado que el turno de trabajo de su madre terminaba y comenzaba cada miércoles, se había acostumbrado a su falta de presencia que no recordaba esa sensación de pesadez en el estómago cada vez que observaba aquella sonrisa cínica y la frialdad de sus ojos.
—Buenos días, hija—dijo la mujer al sentarse en la orilla de la cama matrimonial heredara para Aru mientras acariciaba sus cabellos desordenados.
La chica se sentó en la cama asustada, ni siquiera intentó disimularlo porque realmente no se esperaba su visita desde tan temprano. Miró de reojo a su puerta, maldiciendo su mala memoria porque anoche había dejado cerrado el seguro siendo que hacer eso estaba prohibido en esta casa. Esperaba que al menos su madre olvidara ese detalle.
—Hola mamá…—dijo despacio intentando parecer lo más natural posible mientras que por dentro estaba hecha nervios puros—, ¿cómo has estado? ¿Mucho trabajo?
—Un poco, ha sido una semana muy larga—la mujer de largo cabello negro se le notaba lo cansada en el rostro—, pero estoy feliz de ver a mi hija. Hoy vamos a desayunar los tres juntos, así que no tardes en arreglarte.
Aru no alcanzó a negarse porque la mujer se levantó de su lugar y caminó muy tranquilamente hasta la salida, donde se detuvo un momento para voltear a verla con la misma sonrisa que la aterraba.
—Se te va a hacer tarde si no te levantas—dijo seguido de apuntar a la puerta con seriedad—, después vamos a hablar sobre esto.
Mierda, estaba jodida.
Se restregó las manos por el rostro antes de respirar profundo, debía bañarse y tenía ganas de llenar la bañera para poder sumergirse en el agua hasta ahogarse; lamentablemente no tenía tiempo para eso, además, mientras más rápido termine el desayuno, más rápido se puede librar de su madre.
Siempre ha podido saltarse el desayuno en casa diciendo que tenía que llegar a la escuela temprano para estudiar, pero parece que hoy su madre no la dejaría ir tan fácil porque cuando salió del baño, volvió a repetirle sobre lo del desayuno.
Odiaba tener que comer con ellos, porque sentarse en la mesa siempre significaba dos cosas: quedarse callada escuchando las críticas de su madre y los toques de su padrastro.
En su mesa había cuatro sillas y fuera donde fuera, ella siempre terminaba sentada al lado del hombre y con su madre sentada al frente. Una vez quiso cambiar el orden de las sillas para ocupar un lugar donde no se sintiera acorralada, pero su madre la regañó porque a ella le gustaba mantener las cosas en el lugar que corresponde.
Como siempre le gusta, le gusta tener el control de las cosas.
Por eso, nuevamente está sentada al lado del hombre a quien debería tratar como un "padre" y frente estaba el lugar que utilizaría la mujer que estaba muy alegremente sirviendo la comida, al menos esperaba comer algo delicioso para sobrellevar el mal rato…
Pero solo recibió una tortilla de huevo con un vaso de agua. Tal vez, esperó mucho por parte de su madre.
—¿No hay arroz para mí?—preguntó un poco decepcionada al darse cuenta que su madre le había servido casi un buffet al hombre.
—Sí, pero no te voy a servir nada más porque parece que en los días en los cuales no estuve te estuviste descuidando un poco—no entendía a qué se refería y parece que la mujer lo noto por su expresión—. Has subido de peso.
Inconscientemente empezó a morderse la uña del dedo pulgar mientras que con su otra mano apretaba con fuerza su falda. Estaba aguantando las ganas de decir algo, pero antes de siquiera abrir la boca, fue interrumpida por las risas de su padrastro.
—Tiene razón—dijo el hombre disfrutando de su café—, el otro día su habitación olía a…¿cómo se llama esa cosa? ¿taiyaki?
¿Su habitación? ¡¿Él había entrado a su habitación?! ¿Cuándo? ¿Por qué? ¡¿Por qué?!
Empezó a morder la piel al costado de su uña, dolía, pero no era para nada parecido al dolor que sentía en su pecho gracias a su acelerado corazón. Sentía miedo del hombre y al mirarlo de reojo le causaba aún más desconfianza. Era un tipo viejo con un probable sobrepeso, pero aun así su madre le daba veinte platos de arroz porque él si se lo merecía; estaba tan viejo que se le estaba formando una calva al centro de su cabeza de huevo, aunque aún le quedaba algo de pelo canoso alrededor y algo de bigote bajo la nariz.
Pero en lo que se fijó, era en como sus malditos ojos negros miraban sus piernas. Instintivamente arregló su falda intentando bajarla un poco más, pero falló, estaba a nada de sacarse su gran chaleco beige para colocarlo sobre sus piernas, pero eso dejaría a la vista sus brazos y no quiere pasar por ese disgusto de nuevo.
Mordió aún más fuerte su piel hasta que la hizo sangrar.
—¡Hotaru!—gritó su madre al sentarse frente a ella—, te dije que dejaras de morderte las uñas, las señoritas no hacen eso.
Señorita…
Se acomodó en la silla con un poco de incomodidad, intentó ignorar las dos miradas que tenía sobre ella, pero su mano tembló un poco cuando tomó los cubiertos para comer la única comida que iba a recibir por ahora. Va a seguir con su plan, si come rápido, más rápido se podrá ir.
—Y, ¿cómo te ha ido en la escuela? ¿Alguna nota que deba saber?—preguntó la mujer con la mirada más intimidante que puede dar. Ambas comparten el mismo tipo de ojo y color, pero jamás sabrá cómo dar una mirada que fuera como una daga al corazón como las que daba su madre.
—Mañana me darán la nota de la evaluación de matemáticas de la semana pasada.
—Espero que haya sacado la puntuación perfecta, era un simple repaso.
Quería evitar hablar sobre su vida escolar ahora, solamente asintió mientras cortaba un trozo de tortilla y la masticaba lo más rápido posible. Quería irse.
—Cariño, nuestra Hotaru es muy inteligente—el hombre colocó su mano sobre la de Aru que estaba sobre la mesa mientras le daba una especie de caricia—, seguro le fue bie…
Golpeó la mano del hombre sin pensarlo, se arrepintió después de darse cuenta que la había cagado. La sonrisa de su madre desapareció tan pronto como escuchó el choque de su palma contra la del hombre y menos mal que había soltado el cuchillo antes de hacer eso.
—Lo siento…
—Fujiwara Hotaru—llamó la atención la mujer con un tono de voz aterrador—, si no empiezas a ser más amable, no le vas a agradar a nadie.
Eso era todo.
Siempre ha sido muy respetuosa con su mamá, aunque más que respeto era el miedo que sentía hacia la mujer y ahora no era la excepción, aunque estuviera a nada de estallar de la rabia, se levantó de la mesa tomando lo servido casi sin tocar y agradeciendo por el desayuno para retirarse a dejarlo en la cocina.
—¿No vas a comer más?—preguntó el hombre como si realmente le preocupara.
—No, creo que voy a comer menos para bajar de peso—quiso decirlo con sarcasmo, pero sabía que eso complicaría las cosas, así que solamente sonrió falsamente—. Me iré a la escuela, gracias.
—Espero que llegues a tiempo después de clases.
No supo a qué se refería su madre con eso, sintió un poco de miedo al pensar que tal vez su madre hablaba sobre sus escapadas, pero no había forma en que lo supiera. O sea, su padrastro pudo haberse dado cuenta y haberlo mencionado, pero ¿cómo podría probarlo? Todos los días dejaba con seguro su puerta y cuando regresaba todo estaba como corresponde.
¿Se le había pasado algún dato importante?
No le dio mucha importancia, hizo un movimiento de cabeza antes de dirigirse al segundo piso directo a su habitación. Fueron los 5 minutos más largos de toda su vida y, aunque quisiera tirarse a llorar, no podía o al menos dentro de esa casa, no se daría el lujo de llorar.
¿En la calle? Sí. ¿En el bus? Sí. ¿En cualquier lugar menos su casa? Mil veces Sí.
Se miró en el espejo un momento. Arregló su cabello como todos los días, con dos mechones sueltos adelante cubriendo su cara redonda y con dos mechas de pelo tomadas atrás sobre su pelo suelto para que no se viera desordenado.
Arregló su falda arrugada por sus propias manos y luego el corbatín en forma de moño que usaba porque según su madre era el más femenino de todos.
Porque tenía que ser una maldita señorita.
[...]
Antes de que su última clase haya terminado, recibió un mensaje de Mikey diciendo que durante la noche había una reunión de la ToMan que como miembro honoraria no puede asistir, pero que la invita para que hablara con Pah-Chin para que se encargue de su entrenamiento.
No tenía ánimos de ir, no sabía si era una opción negarse, pero con su madre presente iba a ser imposible escaparse y con lo sucedido en la mañana estaba muy agotada mentalmente.
Cuando el timbre sonó anunciando la salida. Tomó sus cosas dispuesta a ir a la biblioteca para seguir estudiando. Tenía que pasar al menos dos horas ahí antes de ir a su casa, pero sus ánimos estaban bajo cero y por un momento pensó en ir a su casa caminando, tomando aquel tiempo en el recorrido; pero aún no quería encontrarse cara a cara con su madre. Mientras más pudiera aplazar ese encuentro, mejor aún.
Al momento de poner un pie dentro de la biblioteca se sorprendió con lo que veía. Todas las mesas estaban ordenadas al centro, decoradas con cintas de colores y con varios libros sobre ellos y grupos de niños andando por ahí.
—¿Qué sucede?—le preguntó a la asistente de la secretaría de la biblioteca que pasaba por su lado.
—La biblioteca estará cerrada mañana y hoy porque se le está prestando a la escuela asociada para los más pequeños.
Sinceramente, es el peor miércoles de su vida. Aru agradeció la información y se dio la vuelta para ir a su casa, estaba condenada a ese encuentro.
A menos que…
En lugar de dirigirse rendida hacia la salida en dirección a su hogar, subió hasta el tercer piso directo al salón del club de teatro, siempre ha sido el lugar al cual puede recurrir cuando lo necesita y esperaba que le dieran un espacio como muchas veces lo han hecho.
Yura le había comentado que estos días estarán revisando el guión, así que no habría problemas si le dan un espacio en la mesa para que ella pueda terminar algunas tareas.
—Yurakachan—llamó a su amiga con aquel apodo que le dio una vez cuando pequeña, sonriendo cuando vio a la chica de pelo cereza sentada sola en una esquina del salón revisando unos papeles—, ¿no hay nadie más hoy?
—La tesorera con el secretario llegarán un poco más tarde y Takano aún sigue en el extranjero. Así que mientras tanto estoy trabajando sola. ¿Qué haces aquí?
—La biblioteca no estará disponible ni hoy ni mañana, así que, ¿me darías un lado?—preguntó señalando la silla desocupada a su lado, a lo que la chica sonrió mientras asentía.
Aru le había comentado a Yura sobre lo que había sucedido durante la mañana y, en todas las clases que compartieron, la chica de dos coletas estuvo al pendiente de su amiga porque se había preocupado por ella. Sabe que la castaña ha podido vivir con las críticas de su madre y con la falta de respeto a su espacio personal de su padrastro casi toda su vida, por lo que ahora estaba sorprendida porque Hotaru se haya sentido tan afectada.
Tal vez algo más había sucedido y no se lo había contado, pero tampoco quería presionarla, estaba conforme con que haya confiado en ella y ahora esté sentada a su lado un poco más tranquila.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes Chifuyu—dijo alegremente Yura, llamando la atención de Aru quien había estado metida sacando sus cosas de su bolso.
Cuando ella levantó la mirada, no evitó sorprenderse y asustarse al ver al chico rubio de ojos celestes que había alcanzado a reconocer en la reunión de la ToMan. Nuevamente maldijo su memoria que se le había olvidado este detalle, se supone que con las precauciones que ha tomado no debería por qué reconocerla, pero ¿y si lo hace?
Yura la miró de reojo, sabiendo que se le había olvidado este detalle. Intentó actuar con normalidad, pero no podía cuando veía a su amiga moverse inquieta en su lugar y Chifuyu le miraba curioso mientras tomaba el asiento justo frente a la castaña.
—Tú eres…—dijo el chico señalando a la chica frente suyo, lo que la hizo temblar en su asiento—, tú eres la presidenta del club, ¿verdad?
Mierda, peor que la descubrieran, era que la confundieran con Takano.
—No, ella es solo una amiga que suele venir—dijo Yura entre risas nerviosas—. De vez en cuando viene, así que no te preocupes por ella.
Aru solamente asintió esperando que aquella respuesta mantuviera al chico conforme, así evitaba también mencionar su nombre, no era difícil asociar Hotaru con Aru, era lo último que se mencionaba y obviamente era lo que se le iba a quedar en mente.
—Es un gusto entonces—dijo el chico con una sonrisa—, soy Chifuyu Matsuno. Es un gusto conocerte…
Pero le estaba exigiendo demasiado a su suerte.
—Un gusto, soy Hotaru Fujiwara.
Yura se aguantaba la risa al ver como su amiga estaba sufriendo con esto, por lo que distrajo al rubio con temas del club para que no intentara sobre analizar el nombre de la castaña. Aru tal vez hubiera escapado en una situación así, pero estaba tan agotada que ya no le importaba si ese tal Chifuyu descubre su identidad.
Este miércoles no podía ser peor.
