Capítulo 3.

Muy a su pesar, Lily se sintió muy molesta por lo ocurrido con Shuzou Wakabayashi y, como era de esperarse, culpó a Genzo. Ella no tenía idea de por qué su padre (si de verdad era su padre) había sacado como conclusión que ellos eran pareja, pero Lily estaba dispuesta a averiguarlo y, si esto se debía un error, obligaría a Genzo a corregirlo. Cuanto antes se hiciera cargo de esto, mucho mejor, para evitar que el asunto escalara a un nivel en donde ya no pudiera detenerse. La joven pensó en si sería conveniente hablar de este episodio con Dion, ya que después de todo él era su casi prometido, pero tras analizarlo a detalle Lily llegó a la conclusión de que hacer eso no sería muy prudente, estaba casi segura de que Dion iría a reclamarle a Wakabayashi y lo último que necesitaba era que se armara otro escándalo.

Así pues, el siguiente sábado Lily aprovechó que el Bayern Múnich, el equipo de fútbol al que pertenecía Genzo Wakabayashi, tendría una práctica de puertas abiertas para darse una vuelta por el FC Bayern Campus y tratar de hablar con él. No estaba segura de que fuese una buena idea buscarlo ahí, pero al menos sería un terreno neutral para ambos. Lily seguía sin saber qué tanto habría investigado Shuzou sobre ella antes de abordarla, pero se imaginaba el peor escenario posible y por eso no le pareció prudente intentar contactar al portero en otro sitio menos público. Además, si bien tenía otras maneras de localizarlo, Lily no quería usarlas porque eso implicaría involucrar a terceras personas, personas a las que tendría que dar explicaciones y, mientras menos gente se involucrara en ese asunto, mucho mejor.

Genzo pensó que estaba alucinando cuando vio a la doctora Del Valle entre un grupo de aficionados que vestían camisetas del Bayern y que contemplaban el entrenamiento desde una distancia prudente. Él quiso convencerse de que la distinguió de entre las demás personas debido a que era la única que no llevaba puesto algo alusivo al equipo, pero la realidad era que no había manera en la que Wakabayashi no pudiera notar su presencia. Sin embargo, sí creyó que era poco probable que Lily estuviese ahí por él, debido a la forma tan seca en la que cortó su conversación la última vez, por lo que no hizo el intento de acercarse. Así pues, fue mucho su asombro cuando ella aprovechó una pausa reglamentaria para aproximarse a Genzo con tanta naturalidad como pudo.

– Doctora Del Valle, creí que me dijiste que esperabas que nunca nos volviéramos a ver –comentó Genzo, cuando Lily estuvo lo suficientemente cerca–. Que quede claro que no me desagrada que no se haya cumplido tu deseo, pero sí me asombra mucho.

– Y no nos habríamos vuelto a ver si no fuera por culpa de tu padre –respondió Lily, enfurruñada, al tiempo en que se detenía a un par de metros de donde se encontraba parado él; tan molesta estaba que no le importó comenzar a tutearlo.

– ¿Mi padre? –Wakabayashi frunció el entrecejo–. ¿Qué tiene que ver él contigo?

– Es lo mismo que yo quiero saber –reclamó ella, hablando tan bajo como podía–. Fue a buscarme al hospital hace algunos días porque tiene la idea, no sé cómo fue que sucedió, de que soy tu novia. ¿Quieres hacerme el favor de explicarme eso?

– ¿Qué? –Genzo se puso repentinamente serio–. ¿Estás segura de que era mi padre?

– ¿Él se llama Shuzou Wakabayashi? –cuestionó ella, a su vez–. ¿Y viaja en un automóvil de lujo color gris oscuro con un chófer llamado Jin?

– Sí, es mi padre –bufó el guardameta–. A ver, explícame con detalle qué fue lo que sucedió.

Lily le narró entonces su encuentro con Shuzou, sin omitir la manera tan hostigadora que él tuvo para abordarla. Conforme iba escuchando, la expresión de Genzo se endurecía cada vez más y ella pudo notar que él estaba enojado. Más que eso: estaba furioso. Sólo por eso Lily creyó que él, efectivamente, no sabía nada del asunto y le dio cuanto detalle pudo recordar.

– Lamento mucho lo sucedido, doctora –dijo Genzo, cuando ella acabó de hablar–. No esperaba que esto se me fuera de las manos.

– ¿O sea que tú sí sabías que había una posibilidad de que tu padre me fuera a buscar? –Ella alzó una ceja.

– No, la verdad es que no pensé que llegaría a ese extremo –suspiró él–. No era para tanto, sobrepasó el límite. Te diré la verdad: lo que pasó fue que mi cita me acusó con mi padre de tener ya una novia y de hacerle perder el tiempo.

– Lo cual me parece perfectamente comprensible, ese día me quedé esperando a que ella estrellara sus tacones de aguja en alguno de tus pies –reclamó Lily–. Lo que no entiendo es por qué tu padre creyó que tenía que hacer algo al respecto con esa supuesta novia tuya.

– Gracias por los buenos deseos. –Genzo esbozó una sonrisa sarcástica–. Déjame continuar para que lo comprendas: mi cita me acusó, mi padre me preguntó quién era esa chica a la que hice pasar por mi novia y, al parecer, al no creerme cuando le dije que simplemente me acerqué a una desconocida por estupidez, decidió tomar cartas en el asunto y quiero suponer que eso incluía investigar lo que pudiera sobre ti. Lo ha hecho antes con otras personas, así que no veo por qué tú habrías de ser la excepción, pero te aseguro que no sabía que él llegaría al extremo de querer hablar contigo.

En ese momento, la expresión de furia de Lily cambió a otra muy distinta, una mezcla de sorpresa y preocupación, tras lo cual se quedó callada durante unos momentos, como si intentara recordar algo o como si se hubiera dado cuenta de que cometió un error y pretendiera analizar qué tan graves serían las consecuencias.

– ¿Y cómo supo que era yo esa desconocida a la que hiciste pasar por tu novia? –preguntó Lily, al fin. Lo que sea que estuviera pensando, se lo guardó para sí misma–. A menos que tu cita me haya tomado una fotografía sin que me diera cuenta, no veo cómo fue que tu padre lo averiguó.

– Yo tampoco lo sé, pero ya me encargaré de investigarlo –aseguró él–. No quería que esto sucediera, lamento que hayas tenido que pasar un mal rato por culpa de mi estupidez, créeme que no tuve algo que ver en lo que mi padre ha hecho, al menos no de manera directa.

– No sé por qué, pero te creo –suspiró Lily–. Te ves muy indignado y honestamente no creo que seas tan buen actor.

– ¿Vas a estar atacándome todo el día, doctora? –Él la miró con picardía–. No es que me moleste, pero no quisiera pensar que lo haces para ocultar la atracción que hay entre nosotros.

– Si no dejas de lado esa coquetería idiota, yo voy a estrellarte unos tacones de aguja en los pies–. Muy a su pesar, Lily enrojeció–. ¡Estamos hablando de algo serio! Y ya te dije que tengo novio y que me voy a casar con él algún día, no estoy coqueteando contigo ni me siento atraída por ti, sólo quiero que me asegures que tu padre me va a dejar en paz.

– Y yo me lo estoy tomando muy en serio, de verdad. –Genzo alzó las manos en un gesto de apaciguamiento–. Sólo no quiero que mi enojo me consuma y estoy buscando la manera más estúpida de ignorarlo. Estoy furioso por el hecho de que haya ido al hospital a molestarte, por no mencionar que ha invadido también mi privacidad.

– Por eso te dije que lo mejor que podías hacer era hablar directamente con él y dejarle las cosas en claro –comentó la médica–. Mira nada más en qué líos me has metido por tu indecisión.

– No soy una persona indecisa, puedes estar segura de eso –replicó Wakabayashi–. Y te juro que arreglaré este problema con mi padre, él no volverá a incomodarte.

– Ya te dije una vez que no es bueno jurar en vano, Wakabayashi –lo contradijo Lily, aunque después sonrió–. Menos mal que él no tiene intenciones de convertirme en tu futura esposa, de lo contrario ya estaría empezando con el pie izquierdo porque no fui precisamente cortés con tu padre.

Genzo la miró y esbozó una sonrisa curiosa, como si hubiera pensado en algo que al final prefirió no decir en voz alta. Lily se sintió repentinamente incómoda, como si hubiese dicho algo indebido (y probablemente así había sido) y rogó para poder terminar cuanto antes con esa conversación.

– Se lo tendría merecido –comentó él–. Estoy de acuerdo en que no debió de haberse acercado a ti, mucho menos en la manera en la que lo hizo.

– La verdad, no me sorprende tanto su comportamiento ahora que sé que es tu padre –suspiró Lily–. Se nota a quién saliste en temperamento, ambos tienen una idea equivocada de cuál es la mejor manera de acercarse a una persona que no conocen: uno cree que haciéndola pasar por su novia es aceptable, mientras que el otro prefiere mandarla investigar. Déjame y te digo que a ambos les faltan unas buenas lecciones sobre comportamiento social, lo cual es bastante grave si tomamos en cuenta que, por su estatus económico, deberían de saber comportarse mejor.

Wakabayashi se rio otra vez, sin molestarse en no llamar la atención; a pesar de que se sentía furioso con Shuzou, a todas luces se veía que predominaba la felicidad sobre su estado de ánimo, no sólo porque Lily le gustaba sino también porque le agradaba su personalidad. Una parte de él trató de advertirle que estaba pisando terreno peligroso, pero la ignoró por completo. Para Genzo no representaba un problema que Lily tuviese novio, él siempre conseguía lo que quería, tal y como ella ya lo había dicho antes.

– Oye, yo no habría hecho lo que hizo mi padre –protestó él, de buen humor–, eso va más allá de lo moralmente permitido.

– ¿Y de verdad la moral te detendría al momento de tratar de conseguir algo que quieres? –replicó ella–. Ya te lo dije, me da la impresión de que eres de los que no se cansan hasta obtener lo que desean.

– Nunca lo he negado, pero tengo mis límites –aseguró Genzo.

– ¿Ah, sí? –Lily enarcó una ceja en actitud de duda.

– Por supuesto –asintió Wakabayashi–. Yo te habría mandado investigar, pero me habría asegurado de que nunca te enteraras de eso.

– Cínico. –Lily se mordió los labios para no concederle una sonrisa–. No sé cómo es que tus compañeros te soportan.

– Es broma. –Él volvió a reír–. No te lo tomes en serio.

Si bien ellos intentaron pasar desapercibidos, lo cierto es que más de una persona se dio cuenta de que Genzo Wakabayashi, quien habitualmente se mantenía alejado de cualquier persona del sexo femenino, estaba hablando muy animadamente con una mujer. Aunque al comienzo pareció que ella estaba reclamándole por algo, conforme fue pasando el tiempo la interacción que tenían se volvió diferente, la joven se notó menos enojada y a él evidentemente le gustaba que estuviera cerca, incluso se reía más de lo que estaba acostumbrado a hacer. Al menos, estaba claro para las personas que mejor conocían al portero que la chica con la que hablaba le gustaba y mucho.

– ¿De verdad Wakabayashi está hablando con una mujer? –comentó Junguang Xiao, el astro chino del Bayern–. ¿O es que ya me hizo efecto la hierba verde que me encontré en los vestidores?

– Si así fuera, entonces nos hizo efecto a los dos, porque sí es él quien está charlando con una chica –replicó el sueco Stefan Levin–. Aunque quizás es alguna fan que le está pidiendo un autógrafo.

– Llevan hablando más de diez minutos –aclaró Xiao–. Yo no creo que sea una fan.

– ¿Les estás contando el tiempo? –preguntó Stefan, asombrado.

– ¿Qué te puedo decir? Han llamado mi atención. –Xiao se encogió de hombros.

– No es una fan, aunque tampoco creo que lo conozca –intervino entonces Karl Heinz Schneider–. Y si ella lo conoce, me lo ha ocultado bien durante mucho tiempo.

– ¿Sabes quién es esa mujer, Schneider? –cuestionó el chino, curioso.

– Sí, la conozco –aceptó el alemán–. Aunque nunca me ha mencionado que conozca a Wakabayashi; de él no me sorprende que no haya abierto la boca, ya sabemos que todo hay que sacárselo con tirabuzón, pero sí esperaría que ella me tuviese más confianza.

– Deja el misterio y cuenta de una vez lo que sabes –farfulló Levin.

– No sé mucho todavía, pero iré a resolver este misterio ahora mismo –replicó Schneider.

Sin esperar respuesta por parte de los otros dos, el Káiser de Alemania se dirigió al sitio en donde Wakabayashi continuaba hablando con la doctora Del Valle; conforme se fue acercando a ellos, Karl se dio cuenta de que parecían estar platicando de un tema que no querían que fuese del conocimiento general, pues charlaban en voz muy baja y con palabras clave, o al menos así le pareció al alemán. Cuando Genzo y Lily notaron su presencia, ambos lo miraron con similares expresiones de angustia en el rostro, como si Schneider los hubiera pillado haciendo algo prohibido.

"¿Y a estos dos qué les pasa?", pensó el Káiser. "No sólo parece que se conocen, sino que además lo hacen desde hace mucho tiempo, actúan como un par de cómplices del mismo crimen o como si de verdad estuvieran saliendo".

– Hola, Lily, no sabía que ibas a venir a este entrenamiento. –Karl decidió saludar primero a la chica–. Ha sido una verdadera sorpresa verte aquí, aunque me hubiera gustado que me hubieses avisado.

– Fue algo inesperado, Karl. –Lily sonrió a manera de disculpa–. Sólo pensaba venir de rápido a resolver un pequeño asunto urgente con el señor Wakabayashi, por eso no consideré necesario avisarte.

– ¿Conoces a la doctora Del Valle, Schneider? –preguntó Genzo a su vez, confundido.

– Sí. Y no sabía que tú la conocías también –replicó Karl.

– Yo sí estaba enterada de que ustedes dos se conocen, por cierto –se burló Lily, señalándolos a ambos.

– Sería el colmo que no lo supieras. –Schneider frunció el ceño–. ¿Qué clase de "pequeño asunto urgente" tienes con Wakabayashi, Lily?

– No es algo importante, Karl –respondió Lily, con una sonrisa que interpretó lo que realmente quiso decir: "No es algo que sea de tu incumbencia".

– A mi parecer sí es importante –replicó Karl, a quien la actitud nerviosa de la mujer le resultó sospechosa–. Llevan un rato hablando y llamando la atención de todo mundo, si no fuera importante no te habrías tomado la molestia de venir hasta acá.

– No estamos llamando la atención de todo el mundo, ¿o sí? –Lily respingó.

– No le hagas caso, dice eso para fastidiar y/o para que le digamos la verdad.- se apresuró a intervenir Genzo–. No es complicado de explicar, Schneider, la doctora ha venido a verme en relación a una consulta que me dio hace algunos días.

Wakabayashi no había querido contarle acerca de su accidente a su capitán porque sabía que iba a burlarse de él sin piedad. Sin embargo, no se le ocurrió una mejor forma de evitar que Schneider siguiera presionando a Lily que echar la bomba sobre sí mismo.

– ¿Fuiste al hospital, Wakabayashi? –preguntó el Káiser al susodicho–. ¿Tuviste un accidente o te lesionaste al estornudar?

– Yo diría que fue lo primero –comentó Lily.

– Sí, Schneider, fui al hospital porque tuve un pequeño accidente –bufó Genzo, enojado por el comentario burlón de su amigo–. Me cayó una caja de libros en el hombro y fui al hospital, en donde la doctora me atendió y ahora ella ha venido a asegurarse de que estoy siguiendo el tratamiento que me dio.

– ¿Te cayó una caja de libros? –Karl alzó las cejas–. ¿Sabes acaso lo que es un libro? Vaya, eso es nuevo.

– Qué gracioso, Schneider. –Genzo contuvo los deseos de golpearlo.

– No te enojes, es una broma –se disculpó Karl con una sonrisa burlona, tras lo cual tomó una actitud más seria–. Debiste habérnoslo comentado para que el cuerpo médico te hiciera una valoración más exhaustiva, Wakabayashi.

– Yo le dije que no era necesario –se apresuró a contestar Lily–. Fue un golpe ligero y las radiografías salieron bien, así que no había caso de hacer un escándalo mayor.

– Y sin embargo, has venido hasta acá para saber si está siguiendo su tratamiento, a pesar de que sólo tuvo un golpe ligero –recalcó Schneider.

– La doctora es muy profesional y cuida bien de sus pacientes –replicó Genzo, con mucha formalidad–. Me sorprende que no lo sepas, Schneider.

"Están cubriéndose mutuamente las espaldas", razonó Karl, mirando alternativamente a uno y a otro. "¿Por qué? Ésa es la pregunta. Los conozco lo suficiente a los dos para saber que no me lo van a decir directamente, así que tendré que esperar a que ella se marche para empezar a presionar a Wakabayashi".

– Sí, sé que es muy profesional –cedió el alemán–. Aún así, me sorprende que no me hayas avisado, Wakabayashi, ésta es del tipo de cosas que no se le deben de omitir a tu capitán.

– Eres mi capitán, no mi padre –protestó Genzo, aunque después se mordió la lengua al ver que Lily hacía un gesto de mofa por la mención del señor Wakabayashi–. Además de que quería evitar tus burlas, pero está bien, lo tendré en cuenta para la próxima ocasión, si es que llega a haber una.

– Conociéndote, la habrá –sentenció Schneider, tras lo cual se dirigió a la doctora–: Ya que estás aquí, ¿por qué no te quedas al resto del entrenamiento, Lily? Quedé de reunirme con Elieth al terminar.

– Es una oferta tentadora, pero tengo cosas por hacer. –Ella mostró una sonrisa tensa–. Gracias de cualquier manera, de todas formas ya hablé todo lo que tenía que hablar con Wakabayashi.

– Espero que ésta no sea la última vez que charlemos, doctora –señaló Genzo, con una media sonrisa.

– Ya veremos –bufó Lily–. Sospecho que, aunque no lo quiera, nos vamos a volver a ver, Wakabayashi. Karl, dile a Eli por favor que voy a llegar más tarde, cambié turno en el hospital para poder venir aquí hoy.

El Káiser le aseguró que así lo haría y entonces Lily se retiró tan rápido como pudo sin que pareciera demasiado obvio que le urgía marcharse. Karl notó que Genzo no le quitó la mirada de encima hasta que ella hubo desaparecido de su campo de visión y eso activó sus alarmas.

– ¿Me vas a decir exactamente qué tipo de relación tienes con ella, Wakabayashi, o tendré que sacártelo a la fuerza? –preguntó Schneider entonces.

– No me creerías si te dijera que en realidad acabo de conocerla –suspiró Genzo–. Mi padre no me creyó, así que no veo por qué lo harías tú.

– ¿Qué? –Karl lo miró confundido.

– Es una historia que no es larga pero que se está enredando cada vez más. –A pesar de estas palabras, el portero sonrió–. Aunque eso no es algo que me moleste, siendo sincero.

– Déjate de misterios y di ya de dónde la conoces –lo amonestó Schneider.

– También yo quisiera saber eso, Schneider –objetó Wakabayashi–. No sabía que es amiga tuya.

– No sólo es amiga mía, también lo es de Elieth –aclaró el alemán–. De hecho, la conocí a través de ella, han sido muy cercanas desde que eran niñas.

– ¿De verdad la Peque la conoce? –se sorprendió el japonés–. ¿Y por qué no me la había presentado alguno de ustedes dos?

Elieth Shanks no era otra que la novia del Káiser de Alemania y, también, amiga cercana de Wakabayashi, así que fue una sorpresa para éste saber que Elieth conocía muy bien a la doctora Del Valle. Si la médica era amiga de Elieth, para Genzo sería mucho más fácil el encontrársela otra vez, aunque tuviera que convencer primero a Eli para que lo ayudara con eso.

– ¿Tal vez porque no sabíamos que te interesaba conocerla? –fue la respuesta de Schneider–. Además, cada vez que Meine Kleine o yo queremos presentarte a alguno de nuestros amigos, tú siempre desapareces o pones algún pretexto para que no lo hagamos, ya entendimos que no te interesa ser social y lo respetamos.

– Hubieras podido decirme que tienes de amiga a una mujer tan peculiar –insistió Genzo e ignoró su crítica–. No habría dejado pasar la oportunidad.

– ¿De verdad crees que nosotros somos adivinos como para saber que ella te podría gustar? –bufó Karl–. Tienes que decirme qué rayos sucedió en esa consulta, tu interés por Lily es sorprendente, sobre todo porque es la primera vez que te veo tan entusiasmado por una mujer.

Por respuesta, Wakabayashi se encogió de hombros y se encaminó hacia su portería, para dar por terminada así la conversación; como el entrenamiento estaba por reanudarse, Karl no podría continuar presionándolo, así que tuvo que dejarlo pasar por esa vez. Schneider suspiró, pero no se sorprendió por el resultado, ya sospechaba que Genzo no soltaría ni media palabra en la primera ocasión en la que lo interrogara.

"Pero ya habrá otras oportunidades para hacerte hablar, Wakabayashi", pensó Karl. "Si no lo consigo yo, seguro que Elieth sí".

Sin embargo, a pesar de sus intenciones, probablemente Schneider habría terminado olvidando el asunto, pues Lily no regresó a las instalaciones del FC Bayern Campus y Genzo no volvió a hablar de ella, así que Karl llegó a la conclusión de que, efectivamente, la relación entre esos dos era meramente profesional. El alemán llegó a considerar la posibilidad de comentar el asunto con Elieth, pero se dijo que, si Lily no lo hacía, él no tendría por qué hacerlo. Xiao y Levin se quedaron con la duda de que ése en realidad fuera el fin de la historia y creían que el portero ocultaba algo grande con respecto a esa doctora, pero si Wakabayashi no le soltó prenda a Schneider, a quien le tenía mucha confianza, mucho menos lo iba a hacer con los otros dos así que tuvieron que conformarse con esa versión, sin saber que muy pronto el asunto se tornaría mucho más interesante.

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Esa misma tarde, Wakabayashi fue a visitar nuevamente a su padre y le reclamó por haber ido a acosar a Lily al hospital. Lo que verdaderamente lo enfurecía era el hecho de que Shuzou hubiera llegado al extremo de investigarla para averiguar su nombre y sus horarios para después hostigarla como si ella fuese una criminal o como si hubiera hecho algo imperdonable; además, Genzo no sabía cómo fue que Shuzou descubrió que la doctora Del Valle era la mujer indicada, ya que él no se la describió ni le dio detalles para que lo supiera, para eso el hombre habría tenido que enviar a alguien a que los espiara para captarlos juntos en el momento preciso. Era esta invasión a su privacidad (y a la de la médica) la que lo tenía tan molesto, pues el que Shuzou no le creyera a su hijo cuando le dijo que no la conocía no lo enojó tanto, Genzo sabía que después podría utilizar eso a su favor.

– No sé qué te hace pensar que puedes invadir así la privacidad de otras personas –reclamó Genzo a su padre–. Estoy acostumbrado a que lo hagas conmigo, pero no tenías por qué hacerlo con ella.

– No me dejaste otra opción –aseguró Shuzou, sin confirmar que efectivamente los mandó a seguir a ambos–. Si hubieras sido sincero desde el comienzo, no habría llegado a ese extremo.

– ¡Fui sincero con respecto a ella! –exclamó Genzo, furioso–. ¡Y aunque no lo hubiese sido, no tenías por qué hostigarla!

– Admito que no tomé la decisión correcta –cedió Shuzou, aunque de manera parcial–. Se lo dije a ella y te lo repito a ti: así es como hacía las cosas en Japón y he olvidado que en Alemania es diferente.

– Eso sigue siendo acoso en Japón, padre, que allá tengas más poder para pasar eso por alto no cambia el concepto –replicó Genzo, mordaz–. La diferencia es que aquí la gente no te va a permitir esas arbitrariedades.

– Cuida el tono con el que dices tus palabras, Genzo –lo amonestó Shuzou–. De cualquier manera, no es tan grave lo que hice como lo que hiciste tú de mentirme. Sí conocías a esa mujer desde antes, la manera en la que te has molestado porque me atreví a investigarla me confirma que hay algo más, no te sulfurarías así por una desconocida.

El portero estuvo a punto de protestar y de repetir que Lily no era su novia y que apenas la conocía, pero se preguntó si obtendría algo con eso. Shuzou estaba empeñado en creer que ellos sí eran pareja, así que Genzo decidió que primero tenía que saber por qué su padre estaba tan seguro de lo que decía.

– ¿Sólo por eso es que crees que ella y yo estamos juntos, por mi reacción? –cuestionó Genzo–. ¿No crees que sólo puedo estar enojado porque invadiste la privacidad de una mujer que me gusta y a la que ya no me puedo acercar tranquilamente porque no me va a creer que mi padre la tiene catalogada como algo que no es?

– Te lo creería, si no fuera porque tú no te detienes ante ese tipo de inconvenientes, nunca te ha importado lo que yo haga o deje de hacer –replicó Shuzou–. Además, hay otros detalles que hacen tambalear tu historia, Genzo.

– ¿Qué detalles? –preguntó él.

– Esa joven aseguró que sólo te ha visto una única vez, cuando fuiste a consulta por ese accidente del que no me has hablado, cuando los dos sabemos que no fue así –señaló Shuzou–. Al menos en dos ocasiones afirmó que ésa fue la primera vez que te vio, no mencionó el episodio del centro comercial. ¿Por qué habría de mentir en ese punto?

– No lo sé –admitió Genzo, confuso–. No veo razón alguna para que lo haya ocultado, pero no es suficiente para confirmar tus sospechas.

– Tal vez, pero también es cierto que te defendió en un punto –insistió el señor Wakabayashi.

– ¿La doctora me defendió? –Esta declaración sorprendió todavía más al portero–. ¿Cómo?

– Le reclamé porque no me hablaste de tu accidente, no como queja hacia ella sino como comentario de padre, pero aun así esa mujer me hizo saber que, siendo mayor de edad, no es tu obligación contarme todo lo que te pasa –respondió Shuzou.

– Eso pudo habérselo dicho a cualquiera –recalcó Genzo, aunque experimentó una ligera emoción–. Seguramente se lo ha de comentar a cualquier padre excesivamente controlador.

"Lo cual es bastante probable, aunque no me queda claro por qué ella omitió mencionar la escena del centro comercial", pensó él. "No había razón para que lo hiciera, como no sea que haya sentido mucha vergüenza, aunque eso explica por qué se puso nerviosa cuando le mencioné que mi padre sabía que nos habíamos visto antes, seguramente se dio cuenta de que su mentira fue descubierta".

"O tal vez también siente atracción por ti y no lo quiere admitir", fue el pensamiento que cruzó veloz por su mente. "Si ella tiene novio y le gusta otro hombre, mentirá para ocultarlo".

– Podría aceptar eso –admitió Shuzou, tras analizarlo–. Incluso podría creer que lo dijo porque estaba molesta, creo que pensó que la iba a secuestrar.

– No quiero preguntar por qué la doctora llegó a creer que la ibas a secuestrar. –El portero frunció el ceño.

– Ideas suyas, dijo algo de que viene de un país en donde la cosa más tonta que puede hacer alguien es subirse al auto de un desconocido. –Shuzou se encogió de hombros–. Como decía, podría aceptar esa explicación, pero no mencionó el regalo que le diste.

– ¿Regalo? –cuestionó Genzo, sin entender–. ¿Qué regalo?

– Te vieron hablando con ella hace algunos días, afuera del hospital en donde trabaja, y tú le entregaste algo que ella tomó –aclaró Shuzou, sin importarle en lo más mínimo que se estuviera delatando–. Una tarjeta o algo similar.

– Para que pudieras estar tan enterado de eso, tendrías que haber enviado a alguien a que me siguiera para que después te pasara esa información. –Genzo esbozó una sonrisa torcida–. Ya lo sospechaba pero te negabas a reconocerlo, no puedo creer que hayas caído tan bajo.

– ¿Le diste un regalo o no? –Shuzou ignoró el reclamo de su hijo.

– Si lo hice o no, no es algo que te interese, pero ya estás enterado de eso, así que no entiendo para qué lo preguntas –respondió Genzo–. ¿Qué es lo que quieres que te diga, que le di un obsequio porque es mi novia? No fue así como sucedieron las cosas, pero piensa lo que quieras.

"No me va a creer, independientemente de lo que le diga", analizó el joven. "Se ha hecho una historia en su cabeza y no va a aceptar otra versión, sin importar si esa otra versión es la verdadera. En todo caso, ¿tiene sentido seguir peleando por esto? Tardaré mucho en convencerlo y quizás al final ella acabe convirtiéndose en mi novia, sería tiempo gastado en vano".

Fue un estúpido pensamiento fugaz, hecho sin una segunda intención real, pero tras esto a él se le empezó a formar otra idea en la mente: ¿Y si intentaba conquistar a Lily? No podía negar que la joven le gustó desde que la vio y mientras más hablaba con ella, más atraído se sentía hacia su persona y no negaba que le desagradaba la idea de que Lily estuviese con el doctor Chastain. Ésa era la primera vez que una mujer le interesaba así y daba la mala suerte que ya estaba comprometida, ¿no era una injusticia?

"La mala suerte no existe para mí, yo me forjo mi propia suerte", se dijo Genzo. "No veo motivo por el cual no pueda conquistarla, estoy seguro de que ella también se siente atraída por mí".

¿En qué se basaba Wakabayashi para asegurar esto? Probablemente en nada, pero el que Lily lo hubiera defendido le hacía creer que sí, aunque aun suponiendo que esto fuera verdad, el que ella se sintiera cautivada por Genzo no indicaba que estaría dispuesta a dejar al novio con el planeaba casarse para irse con él. Sin embargo, este detalle tan insignificante no fue algo que le preocupara al portero.

– ¿En qué estás pensando, Genzo? –preguntó Shuzou, repentinamente–. Has sonreído con complacencia, como si te hubieras salido con la tuya.

– No, padre, no es eso –negó él, cambiando radicalmente su actitud previa–. Es sólo que ya me cansé de fingir que la doctora no es mi novia; veo que, por más que lo intenté, no logré convencerte. Quería que la dejaras en paz, pero ahora sé que no lo conseguiré mintiéndote.

– Conozco bien lo manipulador que eres, es difícil que puedas engañarme –replicó Shuzou, quien se mostró aliviado porque al fin su hijo dejó de actuar–. Sabía que intentabas hacerme creer lo contrario para que dejara en paz tu relación con esa mujer.

– Ésa siempre ha sido mi intención, sí –habló Genzo con mucha seriedad–. No me gusta que la acoses así, no le hablado de mi familia y comprenderás que no causa una buena impresión que su suegro le haga ese tipo de jugarretas.

– Ya te dije, eso es culpa tuya. –Shuzou se negó a aceptar nuevamente la responsabilidad por su desliz–. Pero está bien, tienes razón, no volveré a molestarla, aunque a partir de ahora tendrás que ser honesto conmigo. ¿Estamos?

– Es un trato –asintió el portero–. Yo mismo la traeré aquí cuando se sienta lista, por lo pronto deja de concertarme citas con otras mujeres porque eso nos incomoda a ambos.

– Lo haré, siempre y cuando vea que llegas a algo más en serio con tu doctora –acordó Shuzou–. Pero si veo que pasa el tiempo y que no sucede algo relevante entre ustedes, volveré a ponerme en contacto con mis socios, que no creas que hay tantas opciones a esposa como tú crees.

"Hay más de las que me gustaría", pensó Genzo, pero se abstuvo de decirlo en voz alta.

– Gracias –fue lo que respondió–. Sólo danos tiempo a ambos de definir si nos queremos lo suficiente como para casarnos, es un paso importante.

– Como quieras. –El señor Wakabayashi se encogió de hombros–. No entiendo por qué el amor es tan importante para tu generación, en la mía era muy aceptable que los matrimonios se hicieran por conveniencia.

Genzo sonrió muy complacido, su truco le había resultado mejor de lo que esperó. Con hacerle creer a su padre que la doctora Lily sí era su novia, Genzo no sólo había decidido que la conquistaría para que fuese una realidad, sino que también tenía el doble propósito de impedir que aquél siguiera concertándole citas con posibles Candidatas que el portero jamás aceptaría. Todavía era demasiado pronto para asegurar que Lily lo haría cambiar con respecto a su idea de no querer casarse, pero por lo menos estaba seguro de que quería intentar tener algo romántico con ella.

Lo que nunca se le pasó por la cabeza fue preguntarse si Lily también deseaba lo mismo.

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La bomba estalló un par de días después de que Lily visitara a Genzo en el FC Bayern Campus. Si no lo hizo de manera inmediata, fue porque los culpables estuvieron buscando la manera de comprobar la información que poseían, pero al resultar imposible de verificarla, ellos decidieron seguir adelante con su plan original. Así pues, sin previo aviso, la edición matutina de Blind, un periódico deportivo de alto tiraje en Alemania, sacó un artículo de primera plana, ilustrado con varias imágenes tomadas del entrenamiento que tuvo lugar dos días atrás.

"¿NUEVO ROMANCE EN LA META DEL BAYERN MÚNICH?

Todo parece apuntar a que el amor ha llegado a la portería del equipo más laureado de Alemania, el Bayern Múnich. Hace un par de días, se le vio a Genzo Wakabayashi, reciente adquisición del equipo, en compañía de una misteriosa mujer. Si bien ambos intentaron pasar desapercibidos y actuar como un par de desconocidos, para los que tuvimos la suerte de verlos quedó en evidencia que había algo entre ellos. Conociendo la naturaleza reservada del guardameta, ha sido una sorpresa que a él no le haya importado el exponerse tan libremente con una mujer que podría ser su pareja, o quizás es la forma en la que Wakabayashi ha querido dar a conocer que por fin va a dejar las filas de la soltería…".

El artículo venía acompañado de algunas fotografías de Genzo hablando con Lily, riéndose con ella y disfrutando de su compañía, o al menos eso era lo que aparentaban las imágenes. Además, también se mencionaba que no se sabía quién era ella, ningún reportero consiguió identificarla, por lo que se suponía que la joven no era famosa. La nota en sí no pretendía ser amarillista, pero el tono con el que fue presentada no daba pie a que se le diera una interpretación diferente. Los rumores no se hicieron esperar y más porque quien los ocasionaba era alguien considerado como un soltero eterno y codiciado.

La reacción que el artículo tuvo en varios de los involucrados fue diferente, de acuerdo a su situación: al doctor Dion Chastain, novio actual de la doctora Del Valle, la noticia le cayó como un balde de agua fría. Él llevaba tres meses planeando la mejor manera de pedirle matrimonio a Lily y leer en el periódico que ella estaba viéndose con otro hombre a escondidas fue un golpe muy grande. Dion tuvo que releer la nota varias veces para convencerse de que no era una broma sino algo muy real. Una parte de su cerebro le decía que algo no cuadraba en esa historia y que Lily no era del tipo de mujer que jugara con dos hombres a la vez, que preguntara primero antes de darlo todo por perdido, pero sus celos fueron más fuertes y al médico no le hicieron falta más datos para convencerse de que su novia iba a cambiarlo por otro.

– ¿Cómo has podido hacerme esto? –farfulló el hombre, sumamente dolido.

Él acababa de llegar al hospital para iniciar su turno en el servicio de Urgencias y estaba tomándose un café mientras veía las noticias del día, en espera de que llegaran pacientes, cuando se topó con la nota. En ese momento agradeció que se encontrara a solas, pues no habría podido ocultar su humillación.

Dion conocía a Lily Del Valle desde hacía cuatro años y llevaba un año exacto de ser su novio, pero Chastain ya estaba seguro de que ella era la mujer con la que anhelaba casarse; de hecho, eso lo supo desde la primera vez que la vio, aunque Lily no sintió el golpe del amor a primera vista, él tuvo que insistir más de lo necesario para que le diera una oportunidad. Debido a esto, Dion no podría asegurar que Lily quisiera casarse tanto como lo buscaba él, pero al menos estaba convencido de que ella lo amaba lo suficiente como para decirle que sí. Sin embargo, tras ver ese artículo, el médico de origen francés se daba cuenta de que en realidad Lily no lo amaba tanto como él creía.

– Lo siento de verdad, doctor Chastain. –Un empleado de limpieza, que seguramente ya había leído el artículo, le puso una mano en el hombro para confortarlo–. Así son todas las mujeres bonitas, nos cambian por uno mejor en cuanto lo ven.

El médico le lanzó tal mirada de enojo que el otro rápidamente retiró la mano y se retiró por donde llegó. Dion se negaba a aceptar que Lily le hubiera jugado una mala pasada, pero tenía que reconocer que la actitud que tomó Wakabayashi en Urgencias había sido de lo más extraña, descaradamente había coqueteado con ella sin importarle que fuese su médico. Además, estaba el hecho, más extraño aún, de que ella le pidió a Dion que le permitiera atender al portero, con lo cual mostró un interés peculiar por él. ¿Eso significaba que ellos ya estaban juntos y que esa supuesta lesión había sido un mero pretexto para que Genzo fuera a verla a su lugar de trabajo?

"Ya estoy empezando a divagar", se dijo Dion, mientras respiraba varias veces para mantener la calma. "Antes de sacar cualquier conclusión, debo hablar primero con ese crétin (cretino)".

Lo más sensato habría sido esperar a que terminara su turno para ir a buscar a Wakabayashi (mentira, lo más sensato habría sido no sacar conclusiones precipitadas), pero Dion no creyó que fuese capaz de soportar tanto tiempo, así que salió de su consultorio y se dirigió a toda prisa a la oficina del jefe médico de turno para pedirle que le permitiera ausentarse por ese día de sus labores. Dion había pensado decirle que había tenido una emergencia familiar, algo que ocultara parcialmente su humillación, pero en cuanto el jefe lo vio, éste le lanzó una mirada de compasión tal, que Chastain no pudo contenerse más.

– Doctor Müller, necesito que me permita ausentarme por un par de horas–. pidió Dion, sin detenerse en cortesías tontas como saludar–. Hay un asunto que debo resolver con urgencia.

– ¿Qué problema tiene, doctor Chastain? –preguntó el hombre, con curiosidad.

– ¡Tengo que ir al FC Bayern Campus a partirle la cara a ese tipo que quiere robarme a mi novia! –exclamó Dion, casi a gritos.

Con esa frase, Dion los había condenado a Lily y a él a ser el centro de atención de las habladurías del hospital por los próximos meses.

Elieth Shanks, a su vez, al leer la noticia escupió su café. Ella era amiga de toda la vida de Genzo Wakabayashi y de Lily Del Valle, pero a ambos los había conocido por separado, en épocas distintas y en lugares diferentes, de manera que ellos nunca se habían cruzado ni por error. A la joven francesa le parecía curioso que Genzo y Lily estuvieran en su círculo cercano pero que sus órbitas planetarias fuesen siempre paralelas, nunca destinadas a encontrarse por pertenecer a ambientes distintos, y era algo que Elieth había aceptado a pesar de considerarlos a ambos como amigos muy íntimos, incluso cuando resultó que Karl Heinz Schneider, su actual novio, también era amigo de esos dos. La pareja había intentado hacer que Wakabayashi y Lily se conocieran, pero nunca habían conseguido que los dos coincidieran en algún punto así que dejaron de tratar. Y cuando por fin habían aceptado como un hecho consumado que ellos nunca se conocerían, Wakabayashi hizo algo inesperado que de manera abrupta lo metió de lleno en el camino de la doctora Del Valle. ¿No era esto exasperante, cuando menos?

La noche previa a la publicación del ya mencionado reportaje, Elieth y Lily habían pasado un par de horas charlando acerca de la forma tan patética en la que la médica se había topado con Genzo Wakabayashi y la cadena de malentendidos que se suscitaron a raíz de eso, algo que a Elieth había hecho enfadar mucho. A ella le parecía muy difícil de creer que su amigo de toda la vida pudiera comportarse tan patán, pero tampoco había razones para dudar de la versión de Lily, así que Elieth tuvo que reconocer que había sido Wakabayashi el que actuó mal y, por consecuencia, debía hacérselo saber.

– Voy a hablar con él muy seriamente, me va a oír –le había prometido Elieth a Lily, tras escuchar su historia–. Alguien tiene que jalarle las orejas a ese idiota.

– No, por favor, no lo hagas –solicitó Lily, preocupada–. No me gustaría que este escándalo pasara a mayores, suficientes problemas he tenido ya.

Por consideración a su mejor amiga, Elieth había asegurado entonces que se mantendría callada, pero tras ver el reportaje del periódico se dijo que no podría sostener su ofrecimiento. La francesa esperó hasta que Lily saliera de bañarse y se arreglara para entrar a su habitación con el periódico en mano, el cual agitó airadamente.

– ¿Ya viste esto? –preguntó la francesa–. Si no lo has hecho dale un vistazo, sin duda que te interesa.

– ¿Qué cosa? –preguntó Lily, extrañada–. No he tenido tiempo de ver las noticias, planeaba verlas más tarde.

Elieth no contestó y se limitó a tenderle la hoja del periódico a su amiga para que ésta la viera, tras lo cual pudo notar cómo Lily empezaba a enrojecer hasta ponerse de una coloración casi violácea.

– ¿Pero qué carajos? –exclamó ella, muy indignada–. ¿Por qué han publicado esto? ¡Yo no estaba coqueteando con él, sólo fui a reclamarle por el hecho de que su padre me fue a acosar al hospital!

Su amiga se contuvo a tiempo de decir lo que estaba pensando: sí, ella podía creer que Lily no estuviese coqueteando con el portero, pero no podía decir lo mismo de éste, ya que la actitud y la mirada que Genzo tenía en cada una de las fotos no dejaban lugar a dudas, claramente la doctora no le era indiferente.

"Me va a oír, no voy a permitir que juegue así con ella", se dijo Elieth, por quién sabe cuánta ocasión, antes de responder a su amiga.

– Esto se está haciendo cada vez más grande y todo es culpa de Genzo –manifestó Elieth–. ¿No te diste cuenta de que los fotografiaron?

– Si me hubiese dado cuenta, no habrían publicado esto –replicó Lily, frunciendo el entrecejo.

– Ya, no te enojes conmigo, sólo pregunté por preguntar –pidió Elieth, conciliadora–. Desgraciadamente, ahora que esto ha salido en la prensa sólo Genzo va a poder detenerlo, nadie te creerá si tú dices que no estás saliendo con él.

– Primero su padre y ahora esto –bufó Lily, al tiempo en que se cubría el rostro con las manos–. ¿Cómo fue que este malentendido se ha hecho tan grande?

Elieth la abrazó y le prometió que se haría cargo, que hablaría con Wakabayashi para forzarlo a aclarar la situación. Lily, a su vez, agradeció el apoyo, aunque no estaba convencida de que fuese una buena idea el permitir que su mejor amiga tratara de interceder en su favor.

– Yo debería de poder hacerme cargo de esta situación, soy una mujer adulta –alegó.

– Sí, nadie niega eso, pero estás subestimando a Genzo –aseguró Elieth, con un suspiro–. Yo lo conozco mejor que tú y sé qué hay que hacer para forzarlo a actuar, de otra manera no lo hará. Confía en mí, deja que me haga cargo de la situación.

– Está bien –concedió Lily, tras meditarlo un momento–. De verdad que no me agrada molestarte con esto, pero veo que se está saliendo de control, si es que no lo ha hecho ya.

Ninguna de las dos quiso decir en voz alta lo que estaban pensando: si ese lío había llegado hasta la prensa, era porque ya estaba en un punto en el que no sería posible detenerlo.

Ajeno a esta plática y a la bomba que se le avecinaba, Wakabayashi comenzó el entrenamiento del día con la determinación de siempre, sin que algo diera a entender que se había operado un cambio emocional en él. Fue Levin el que dio a conocer la noticia del artículo de Blind a sus compañeros, con lo cual la atención de éstos se enfocó de inmediato en el portero. Fiel a su forma de ser, Genzo supo mantener una expresión inmutable cuando vio la noticia, aunque por dentro sintió una satisfacción que rayaba en lo malsano.

"No puedo decir que esto me moleste; todo lo contrario, me beneficia más de lo que esperaba", pensó, aunque se cuidó bien de no externar este pensamiento a los demás.

– ¿Y bien, Wakabayashi? –preguntó Schneider, el único que se atrevería de cuestionar directamente al portero (además de Xiao, quizás)–. ¿Vas a seguir negando que hay algo entre Lily y tú?

– De que hay algo, hay algo, las fotos no mienten –añadió Xiao, alzando la página de periódico–. ¿Nos vas a contar de una buena vez o sacamos nuestras propias conclusiones?

– No hay algo entre ella y yo –aseguró Genzo, con calma–. Al menos, no todavía.

– ¿Qué quieres decir con "no todavía"? –Karl frunció el ceño–. ¿Sabes que ella tiene novio?

– No tengo nada que contar –repitió Wakabayashi y lo ignoró-. Las fotos pueden darse a muchas interpretaciones, pero ella sólo estaba dándome indicaciones médicas en esos momentos.

– Sí, ya me imagino qué tipo de indicaciones –se burló el chino–. Yo también quiero una médica que me atienda así.

– Ni siquiera sé por qué están haciendo tanto alboroto, fue algo sin importancia –agregó Genzo, con desinterés–. Lo malo de ser soltero es que la gente creará cuentos sobre ti y sobre cualquier persona de la misma edad que se te acerque, sea hombre o mujer, sea soltera o no.

– Eso es cierto –comentó Levin–. A mí me han hecho lo mismo.

– Entonces no sé por qué se cuestionan si esa nota es cierta o no. –Wakabayashi zanjó la cuestión–. Como Schneider ha dicho, ella tiene pareja y no soy yo, por lo que no vale la pena seguir indagando en el tema.

Sus palabras fueron tan contundentes que los convenció casi a todos de que no estaba interesado en la doctora. Casi a todos. Mientras que la mayoría de los jugadores se fueron retirando lentamente para comenzar el entrenamiento, una vez que quedaron convencidos de que no había más por averiguar, Schneider se acercó a Wakabayashi como si fuese a comentarle algo sobre el juego, cuando en realidad quería aprovechar el momento para hablar de otra cosa.

– Dime la verdad, Wakabayashi, ¿qué está pasando entre Lily y tú? –exigió saber–. Como te advertí, ella es amiga mía y no me agrada la manera en cómo se están distorsionando las cosas, puede llegar a tener problemas con su novio y eso no me gustaría.

– Esto ha sido un malentendido, ya lo dije muchas veces –contestó Genzo–. No tengo malas intenciones con ella.

Lo cual, desde su punto de vista, era verdad. Sin embargo, Schneider comentó algo que llamó la atención del portero, es decir, lo de que Lily podría llegar a tener problemas con su novio por culpa del reportaje. Eso era algo que Genzo no le pasó por la mente y no era que realmente le importara qué opinaba Chastain, pero se preguntó qué pensaría Lily al respecto. Y justo estaba por preguntarle a Karl qué opinaba sobre eso cuando se escuchó un ruido proveniente de uno de los extremos del campo, el que estaba más alejado de en donde se encontraban Wakabayashi y Schneider. El alemán se giró para ver qué sucedía y bufó en cuanto averiguó el origen del escándalo.

– Justamente lo que te decía, Wakabayashi –adujo–. Ése de ahí es Dion Chastain y, si no sabes todavía quién es él, pronto lo vas a averiguar.

Iba a Wakabayashi a responder que por supuesto que sabía quién era él, pero optó por quedarse callado y se limitó a ver cómo Dion esquivaba a los guardias de seguridad (los cuales nunca sirven para nada en estas historias) para después dirigirse directamente a donde se encontraba él.

– ¡Tú, desgraciado! –espetó Dion a gritos, al tiempo en que lanzaba un derechazo a la cara del japonés–. ¡Deja a mi novia en paz, no permitiré que me la quites!

Genzo vagamente alcanzó a pensar en que quizás a eso se estaba refiriendo Schneider cuando comentó lo de tener líos con el novio de Lily, pero ya era tarde para remediar la situación.