Capítulo 4.
Sin que se lo viera venir (aunque debió de haberlo hecho), Wakabayashi comenzaba a recibir las consecuencias de sus imprudentes acciones. En esos momentos, el novio de la doctora Del Valle, Dion Chastain, había hecho acto de presencia en el FC Bayern Campus para "limpiar su honra de hombre" y las cosas no se veían muy bien para el guardameta.
– ¡Tú, desgraciado! –espetó Dion, a gritos, al tiempo en que lanzaba un derechazo a la cara del japonés–. ¡Deja a mi novia en paz!
– ¡Ey, tranquilo! –Genzo, sin mucho esfuerzo gracias a sus hábiles reflejos, contuvo el puño de Dion cual si se tratara de un balón de fútbol–. Antes de sacar conclusiones apresuradas, primero averigua si lo que se dice sobre nosotros es cierto.
– ¡No trates de verme la cara de idiota! –replicó Dion, sin bajar el volumen de su voz–. ¡Sé bien que mi novia te gusta, le has coqueteado descaradamente en mi presencia!
De reojo, Wakabayashi vio que Schneider arqueaba ambas cejas en un gesto interrogativo y maldijo por lo bajo. Más tarde iba a tener que enfrentarse a los cuestionamientos de su capitán, aunque por el momento debía enfocarse en calmar a Chastain.
– No te voy a negar que me porté de manera inapropiada con la doctora en el hospital mientras me atendía, pero de ahí a que tenga algo con ella hay un tramo muy largo –aseguró Genzo. "No tanto, si me lo propongo", pensó–. Este reportaje está sacando las cosas de contexto, yo no conocía a Lily hasta hace un par de semanas.
– No la conoces pero ya la llamas por su nombre –gruñó Dion, mientras zafaba su puño de la mano del portero–. ¿Qué significan estas fotos entonces? ¡Ni siquiera sabía que Lily te vino a ver al entrenamiento!
– No tiene por qué informarte de todo lo que hace, que seas su novio no te convierte en su dueño –replicó Wakabayashi, después de lo cual se arrepintió de haber dicho eso, pues se suponía que tenía que tranquilizar al tipo, no encenderlo–. No sé cuántas veces he comentado esto ya y no sé cuántas más lo tendré que decir, pero todo es un malentendido, ella sólo vino a darme recomendaciones médicas y los periodistas que estuvieron ese día decidieron inventarse un cuento por alguna razón que sólo ellos saben.
– No te creo ni una sola palabra –amenazó Dion–. Ya te lo dejé bien en claro, que no trates de verme la cara de idiota.
– Tal vez a mí no me creas, ¿pero qué tal a ella? –cuestionó Genzo–. ¿Qué es lo que te ha dicho la doctora sobre estas fotos?
Esta pregunta, sorpresivamente, tomó a Dion con la guardia baja. Genzo y Karl pudieron ver cómo el asombro inundaba las facciones del médico y lo dejaba sin palabras. Wakabayashi había soltado la pregunta con la finalidad de saber qué pensaba Lily sobre el escándalo, por lo que no esperó la reacción que tuvo el otro.
– Bien, eh, no le he preguntado, a decir verdad –confesó Chastain al fin.
– ¿Me estás diciendo que primero viniste a golpear a Wakabayashi antes de tratar este asunto con Lily? –inquirió Karl, atónito–. ¿No se te ocurrió pensar que tal vez primero tuviste que haberlo platicado con ella?
– No se me ocurrió –fue la ofuscada respuesta de Dion–. Me volví loco al ver esas fotografías y lo primero que se me vino a la mente fue que tenía que partirle la cara a este tipo, pero supongo que sí, debí de haber hablado con Lily antes de venir aquí.
Schneider y Wakabayashi intercambiaron una mirada entre ellos que decía algo como: "¿Puedes creer lo que hizo este estúpido?", antes de volver a enfocar la atención en Chastain. Al menos éste se había quedado tan perplejo que dejó por un momento sus deseos de golpear al guardameta.
– Bien, ahora que te has calmado, quizás estés más dispuesto a escucharme –acotó Wakabayashi–. Te aseguro que lo que ha publicado ese tabloide es falso, la doctora Lily y yo no tenemos ningún tipo de relación, casi no nos conocemos y ésa es la verdad. Me parece que lo mejor que puedes hacer es preguntárselo tú mismo y confiar en ella, no te está engañando conmigo.
"Al menos por el momento".
Dion continuó en silencio, analizando las palabras que Genzo acababa de decirle. Por un lado, no quería creer en él, estaba seguro de que sus intenciones con Lily no eran tan inocentes como aseguraba que lo eran, pero por otro lado tenía que reconocer que el japonés tenía razón, Dion estaba dando por hecho las cosas sin siquiera haber hablado primero con su novia y Lily nunca le había dado motivos para desconfiar de ella. ¿Por qué habría de empezar ahora?
– Mira, te juro que si al final resulta que me estás engañando, te romperé las manos sin remordimiento de conciencia –amenazó el médico.
– Lo cual no te va a costar mucho trabajo –suspiró Schneider, resignado–. Ahora que ya cumpliste con amenazarlo, ¿podrías irte ya? Estamos por comenzar un entrenamiento y ni siquiera sé por qué los policías no han venido a sacarte, con el escándalo que estás haciendo.
Mientras lo decía, Karl se giró en busca de alguien que pudiera ayudarlo y a unos cuantos metros vio a los guardias que habían intentado detener a Chastain; el Káiser les hizo entonces una seña contundente y los hombres se apresuraron a llegar hasta donde estaban discutiendo Genzo y Dion, con la intención de llevarse a este último. Chastain, una vez que se le hubo pasado el coraje, supo que podría meterse en problemas si no desaparecía cuanto antes así que prefirió ceder y dejarse conducir hasta la salida sin armar más alboroto.
– Está bien, ya me voy, no quería causar problemas –aseguró el médico, aunque Karl estaba seguro de que sí había querido causar líos–. Me dejé llevar por el enojo, no era mi intención interrumpir su entrenamiento, no pensé bien en lo que hacía.
– Entiendo que te sientas molesto, pero a la próxima espera a que la persona a la que quieras golpear acabe primero su turno laboral –manifestó Schneider.
– Yo diría que primero te asegures que sea verdad que te están engañando –añadió Wakabayashi–. Que has hecho tanto escándalo por nada.
Chastain, por respuesta, le lanzó una mirada fúrica que hizo creer a los otros dos que olvidaría su decisión de tomarse las cosas con calma, pero se mantuvo firme y se marchó sin despedirse; los guardias se apresuraron a darle alcance y lo tomaron de ambos brazos, a pesar de que el médico no tenía intenciones de resistirse.
– No sean tan duros con él –ordenó Karl, a la distancia–. Aceptó irse por las buenas y sin romperle las manos a nuestro portero estrella.
– Podrías esforzarte un poco más en ocultar tu sarcasmo, Schneider. –Genzo frunció el ceño.
– Y tú podrías esforzarte un poco más en no ser tan cínico, Wakabayashi –contradijo el alemán–. Ahora sí, sin excusas ni pretextos vas a decirme qué rayos pasa entre Lily y tú… en cuanto acabe el entrenamiento, que ya hemos perdido bastante tiempo con este pleito.
Sólo la férrea determinación del capitán del equipo y de Rudy Frank Schneider, el entrenador, consiguió que los jugadores se aplicaran a sus labores sin detenerse en cuchicheos y ambos hicieron tan bien su trabajo que para el final del día casi se había olvidado el tema (o, al menos, todos fingieron haberlo olvidado). Sin embargo, cuando Karl ya había cantado victoria, tras concluir las prácticas sin más incidentes fuera de lo común, un asistente le avisó que Elieth, su novia, había ido a visitarlo y el alemán casi pudo adivinar a qué había ido ella al FC Bayern Campus.
"Debió de haber visto la noticia y viene a hablar con Genzo", pensó Schneider, después de pedirle al asistente que hiciera el favor de llevarla hasta donde ellos estaban. "Es seguro que ella no se quedará callada ante ese reportaje, sobre todo porque involucra demasiado a Lily". El Káiser decidió no poner a su amigo sobre aviso, cualquier cosa que Elieth quisiera reclamarle la tendría bien merecida, a juzgar por la manera tan errática en la que Wakabayashi estaba manejando el asunto.
Tal y como Schneider lo predijo, a los pocos minutos apareció Elieth, agitando su larga y rizada melena rubia mientras se acercaba con paso enérgico y decidido, sosteniendo con una mano una hoja de periódico. Genzo la vio venir y durante un instante se preguntó si sería capaz de correr lo suficientemente rápido para perderla de vista, pero después se dijo que eso sólo empeoraría las cosas, así que se resignó a su suerte y se mantuvo a la expectativa, mientras guardaba sus aditamentos con parsimonia. Al menos ya había pocas personas en el campo así que pocos serían los que verían la escena que Elieth estaba a punto de protagonizar.
– ¡Genzo Wakabayashi! –exclamó ella, cuando estuvo lo suficientemente cerca para hacerse oír–. ¿Quieres decirme qué carajos es esto?
– Hola, Peque, me da gusto verte –respondió Genzo, ignorando la hoja de papel que su amiga agitaba de manera acusadora–. ¿Puedes aclarar de qué me estás hablando?
– No te hagas el tonto. –Elieth señaló el reportaje en la hoja de periódico–. ¿Qué carajos has hecho y por qué la prensa cree que tienes un romance oculto con mi mejor amiga?
– Créeme, yo también quisiera saberlo –suspiró Wakabayashi, teatralmente–. No es mi culpa si los reporteros están tan hambrientos de noticias que confunden un intercambio de palabras con un coqueteo intenso.
– En eso tengo que darte la razón, no sería la primera vez que pasara –comentó Schneider, como quien no quiere la cosa–. Pero aun así sabemos que hay algo que no nos estás diciendo, Wakabayashi, te conocemos bien y por eso lo aseguramos.
– ¿De verdad? –Genzo fingió demencia–. ¿Y qué es exactamente eso, Schneider?
– Dímelo tú –replicó Karl, encogiéndose de hombros–. Deja ya de hacerte el tonto.
– Quiero saber la verdad, sin mentiras, sin justificaciones, sin pretextos –demandó Elieth a su vez, con el ceño fruncido–. Lily me ha contado ya su versión de los hechos, ahora quiero conocer la tuya porque no me queda duda de que tú has tenido la culpa de todo.
– Gracias por tenerme en tan buen concepto, Peque –farfulló Wakabayashi.
Sin embargo, Genzo sabía que sus amigos no lo dejarían en paz hasta que no les narrara cómo fue que ese malentendido se había vuelto tan grande, así que no tuvo más remedio que acceder a sus exigencias. Al menos, el que los dos estuvieran ahí demandando una explicación le ahorraría el tener que repetir la historia más veces de las que deseaba, no era como si le agradara contarle a todo el mundo que había sido un idiota con dos chicas a las que no conocía. A pesar de que Elieth ya estaba enterada de una parte de los hechos, se sorprendió mucho cuando pudo comprobar que, efectivamente, Wakabayashi no había tenido más intención que la de usar a Lily para quitarse a una Candidata de encima y además coquetearle en el proceso (sin embargo, Elieth no entendía bien el motivo de esto último). Schneider no dejaba de repetirse que Genzo era un idiota y que era increíble que Lily no le hubiera puesto un alto todavía, pero se abstuvo de hacer comentarios hasta que Wakabayashi no hubiese acabado.
– Ya decía yo que Lily no había venido a verte por una cuestión médica –comentó Karl, cuando el otro terminó su explicación–. Sí es verdad que es profesional, pero eso ya rayaba en lo extremo. Supongo entonces que vino a reclamarte por el hecho de que tu padre la estuvo acosando.
– Básicamente sí, pero no era algo que quisiera decirte en ese momento, Schneider –asintió Genzo–. Sobre todo porque eso habría importunado a la doctora.
– No me cabe duda de que eres un idiota, Wakabayashi –bufó Elieth, enojada–. ¿Y todavía te quejas de que te tengo en mal concepto? Mira los líos que le has causado a la pobre Lily por tus caprichos de niño malcriado.
– No lo voy a negar –admitió Genzo, con pesar–. Sé que hice mal y me he disculpado con la doctora, no sé qué más puedo hacer, como no sea recompensarla económicamente pero algo me dice que con eso sólo conseguiré ofenderla más.
– Por supuesto que la ofenderías y mucho –replicó Elieth–. No todo se arregla en esta vida con dinero, para que lo sepas.
– Pero sin duda que podrás aclarar este lío antes de que tenga sus consecuencias severas –terció Karl, con seriedad, mientras señalaba la nota del periódico.
– Oh, es demasiado tarde para eso –gruñó Elieth–. Consecuencias de ese chistecito ya las hubo.
– ¿Ah, sí? –preguntó Genzo, con interés–. ¿Cuáles?
Tanto él como el Káiser se preguntaron si Elieth ya se habría enterado de lo ocurrido en la mañana con Dion. En teoría, el chisme no había escalado lo suficiente como para que saliera del FC Bayern Campus, pero no era algo que pudiera asegurarse al cien por ciento. Sin embargo, lo que Elieth les comentó fue algo que los desconcertó por completo a los dos.
– La consecuencia más directa, Genzo, es que Lily ha terminado momentáneamente con Dion –contestó la francesa, cruzada de brazos–. Por culpa de este maldito artículo, por supuesto.
– ¿Qué? –exclamó Wakabayashi, quien sintió una emoción difícil de explicar y de ocultar–. ¿Lo estás diciendo en serio?
– ¿Cuándo ocurrió eso? –preguntó Schneider, confundido–. Es decir, él vino en la mañana a pelear con Wakabayashi precisamente a causa de ese reportaje, pero se marchó tranquilo y convencido de que todo era un error. ¿Cómo es que fue a reclamarle a Lily por esto?
– Oh, es que no fue él quien terminó con ella, fue Lily la que lo mandó al cuerno –replicó Elieth–. Sí me enteré de esa visita que Dion les hizo, la misma Lily me lo contó, estaba tan enojada que me habló en cuanto se enteró y me confirmó que había terminado su relación con él por culpa de este malentendido. Y bueno, no es que haya sido una ruptura definitiva, ella simplemente está demasiado enojada con él por su falta de confianza como para quiera seguir siendo su novia de momento.
Elieth continuó explicando lo ocurrido, pero Genzo dejó de prestarle atención. La parte dominante de su personalidad, la que lo impulsaba a obtener todo aquello que deseaba, le decía que había llegado su gran oportunidad y que sería un tonto si la dejaba escapar.
"Al final, siempre consigo lo que quiero y la buena suerte está de mi lado, las cosas no podrían estar saliéndome mejor".
¿Pero qué había sucedido exactamente? ¿Cómo fue que Lily terminó su noviazgo con Dion? La cuestión no era tan complicada como podría creerse: cuando Lily llegó al hospital esa mañana, de inmediato se dio cuenta de que la mayoría de sus compañeros de trabajo habían visto la nota del periódico que hablaba de su supuesto romance con Genzo Wakabayashi, o al menos había escuchado hablar de ella pues, aunque aquéllos le hablaban con cierta normalidad, en sus miradas podía verse que la juzgaban interiormente. Sintiéndose contrariada, la joven se dirigió a su consultorio y se asombró mucho cuando vio que en lugar de Dion estaba Jean Lacoste, un galeno que solía hacer suplencias cuando alguno de los médicos de Urgencias no se presentaba a laborar. Sin que Lily lo pidiera, una enfermera le comunicó que el doctor Chastain había tenido que salir de urgencia y que por eso el doctor Lacoste estaba en su lugar.
– ¿Qué? –exclamó Lily, angustiada–. ¿Por qué hizo eso, qué ha sucedido? ¿Dijo algo el doctor Chastain?
– No, doctora –negó la enfermera–. Cuando yo llegué ya estaba el doctor Lacoste y el jefe me informó que el otro médico había tenido que ausentarse de manera repentina.
Lily presintió que la enfermera estaba ocultándole algo, pero no sabía qué. No pasó mucho antes de que uno de los conserjes (el mismo que compadeció a Dion) le avisó que el doctor Chastain había salido abruptamente porque fue a defender su honor. Tras este comentario, Lily fue directamente a hablar con el jefe, quien le confirmó que Dion había pedido permiso para ir a partirle la crisma al desgraciado que quería interponerse en su relación.
– Obvio es que tenía que dejarlo ir –puntualizó el hombre–. Era una cuestión de honor.
"¿Cuestión de honor?", pensó Lily, furiosa. "¡El honor bien se lo puede meter por donde mejor le quepa! ¿Cómo carajos se atrevió Dion a ir a reclamarle a Wakabayashi? ¡Ni siquiera me ha preguntado si algo de lo que dice ese reportaje es cierto!".
La joven tuvo que hacer un gran esfuerzo para comportarse de manera normal y dar atención médica sin que se le notase la rabia que se acumulaba en su interior. No sólo su novio no había tenido la cortesía de hablar con ella antes de ir a hacerle un escándalo a Wakabayashi, sino que además el personal del hospital, compañeros que antes la respetaban, ahora la miraban y trataban de manera diferente, como si ella fuese una mala mujer que hubiera estado jugando con dos hombres. Obviamente, no todos la tenían en este concepto, había personas que no creían que Lily fuese de esa clase de mujeres, pero los que sí lo creían eran los suficientes como para que la doctora se sintiera incómoda. Y el que Dion no le hubiera dado el beneficio de la duda realmente no la ayudaba.
Así pues, cuando Dion regresó al hospital, más de dos horas después de que se hubo ido, Lily estuvo a punto de gritarle estas quejas a la cara, pero se tuvo que aguantar hasta que Jean se ofreció a hacerse cargo de la atención médica para que la pareja pudiera tener unos minutos a solas. Lily se llevó entonces a su novio al cuarto de descanso de los médicos y sin esperar a que éste hablara, le preguntó por qué demonios había decidido ir a reclamarle a Genzo en vez de preguntarle a ella qué era lo que estaba sucediendo. Sí, era obvio que ya había visto el reportaje y no, no le había causado ninguna gracia, ni eso ni averiguar por boca de terceros que su novio había ido al FC Bayern Campus a crearle bronca a Wakabayashi. Dion se dejó caer en uno de los sillones que había en el lugar mientras que Lily permaneció parada delante suyo, actuando como juez y abogado defensor.
– Tienes que entender, estaba muerto de los celos –respondió Dion, confundido por la reacción de ella–. ¿Qué harías tú si al abrir el periódico ves una noticia que asegura que tu pareja actual está saliendo con otra persona?
– Preguntarle qué está pasando antes de ir a reclamarle al "tercero en discordia" –aseguró Lily, enérgica–. ¿Por qué carajos no confiaste en mí?
– ¡Claro que confío en ti, en quien no confío es en él! –exclamó Chastain, exasperado–. ¿Qué esperabas que hiciera? El tipo vino aquí a coquetear descaradamente contigo, tú pediste atenderlo expresamente y después aparece esta noticia en el periódico, ¿querías que no me enojara por eso?
– Te recuerdo que el mismo día de la consulta te conté que él fue el tipo que me acosó en el centro comercial y que por eso quise atenderlo, para ver si mostraba algo de vergüenza al volver a verme –arguyó Lily, igual de exasperada que él–. ¿Ya se te olvidó o es que convenientemente prefieres ignorarlo? ¿O simplemente no me creíste esa vez?
Dion no había olvidado esa charla que tuvo con su novia en cuanto Genzo hubo abandonado el servicio de Urgencias. Tal y como ella acababa de decirlo, en ese entonces Lily le informó que justamente fue Wakabayashi quien le hizo aquella mala pasada en el centro comercial y que por eso mismo quiso ser ella quien lo atendiera, para ver su expresión de vergüenza al verla como su doctora, pero esto a Dion le había parecido una excusa extraña y se preguntó si había algo más que Lily no le estuviese contando. Así pues, cuando vio la nota en el periódico, él no pudo evitar creer que su novia le había mentido y simplemente se dejó llevar por los celos y la desconfianza. Sin embargo, Dion no se dio cuenta de esto hasta que Schneider se lo hizo ver con mucho tacto.
– Sé que actúe mal y que debí de haber hablado contigo antes de ir a reclamarle a Wakabayashi –reconoció Dion, fastidiado–, pero trata de ponerte en mi lugar.
– No, no debiste haber hablado conmigo antes de ir a reclamarle a Wakabayashi porque ni siquiera debiste haber considerado esa opción –replicó Lily, con las manos en las caderas–. Si confiaras en mí, no tendrías deseos de agarrar a golpes a nadie.
– Tú no lo entiendes, se trataba de mi honor. –Dion enrojeció, algo muy raro en él–. ¡Un periódico de tiraje nacional mostró a mi novia coqueteando con otro hombre!
– ¡A tu novia que te ha sido fiel siempre! –gritó Lily–. ¡A tu novia que nunca te dio motivos para dudar de ella! ¿Cómo es posible que creas en lo que dice un extraño en vez de creerle a tu novia? Y ése es el problema contigo, Dion: cuando se trata de fidelidad, siempre aceptas sin titubear lo que dice alguien más en vez de creerme a mí.
– No seas exagerada, no siempre es así –protestó Dion, poniéndose en pie.
– ¿Ah, no? –lo retó Lily–. Constantemente se sueltan rumores de que algún jefe me invitó a cenar y tú te enojas antes de averiguar si es cierto o si yo he aceptado esa invitación; lo mismo pasa con compañeros de trabajo que son amables conmigo, siempre das por hecho que están flirteando y te importa un carajo que yo te diga que no hay por qué temer. No es ésta la primera vez que haces caso de rumores de otras personas en vez de confiar en mis palabras, simplemente ésta es la primera vez que el chisme se hizo tan fuerte. Sin la confianza que deberías de tenerme por el simple hecho de ser tu pareja, no se puede construir una relación de verdad.
– ¿Qué tratas de decir con eso? –preguntó Dion, muy serio.
– Que por el momento no estoy segura de querer seguir siendo tu novia –contestó ella–. Ya me cansé de que no confíes en mí.
– ¿Estás terminando conmigo? –Chastain estaba atónito y dolido.
– No estoy terminando contigo –replicó Lily–. Sólo voy a tomarme un tiempo.
Tras decir estas palabras, la joven dio la media vuelta y salió de la habitación. Dion quiso ir tras ella, pero sabía que si lo hacía sólo conseguiría enojarla más, si había algo que a Lily enfurecía era hacer una escena en público, sobre todo en esos momentos en donde ya había recibido suficiente atención, así que eligió permitir que se marchara. Quizás debía dejarla en paz un par de días mientras se le pasaba el coraje y después de ese tiempo Dion intentaría acercarse de nuevo a ella.
"Aunque no entiendo por qué debo ser yo el que se disculpe, si no he hecho algo malo", pensó Chastain, enojado. "¡Es a mí al que están tratando de cornudo y sin embargo fui el que salió regañado!".
El hombre no quería admitir que el verdadero error fue no confiar en su novia en el momento en el que más se puso a prueba su relación. Si se hubiera tomado cinco minutos para hablar con Lily, seguramente otra cosa muy distinta habría pasado, pero ese pequeño error habría de llevar el asunto por un camino diferente.
En cualquier caso, Lily estaba tan furiosa y alterada que esta vez fue ella la que pidió permiso para ausentarse y el jefe se lo concedió a regañadientes, muy seguramente porque pensaba que, siendo ella la culpable de la supuesta infidelidad, no merecía un descanso. Lily estaba consciente de que muchos de sus compañeros la veían como la villana del cuento pero no le importó, en cuanto el jefe le dio permiso de retirarse, se marchó directamente al departamento que compartía con Elieth, desde donde le llamó a ésta para avisarle de lo ocurrido. Elieth, a su vez, se las arregló para ausentarse momentáneamente de su propio trabajo e ir a confortar a su amiga, enterándose así de que Lily había puesto pausa a su relación con Dion. Al principio, la francesa consideró que su amiga había sido demasiado radical, pero cuando Lily le explicó sus motivos, tuvo que darle la razón.
– La confianza es un punto importante en cualquier relación –detalló Lily–. Sí, estamos de acuerdo en que ese maldito reportaje puede confundir a cualquiera, pero nada le habría costado a Dion el preguntarme a mí qué pasaba antes de querer ir a partirle la progenitora a Wakabayashi.
– No puedo contradecirte en eso –suspiró Elieth–. Dion actuó como un troglodita muy desconfiado.
Una vez que Lily estuvo más calmada, Elieth le dijo que volvería a su trabajo, aunque en realidad se marchó al FC Bayern Campus para abordar a Wakabayashi. Cuando Elieth le habló a Genzo sobre lo ocurrido entre Dion y Lily, no tenía más intenciones que reclamarle por sus acciones y hacerle ver que había lastimado a la chica, pero si la rubia hubiese sabido que esto sólo empujó al japonés a seguir adelante con sus planes, seguramente se lo habría callado.
– De verdad que me siento terrible por esto, Peque –aseguró Genzo a su amiga, cuando ésta acabó de narrar lo que sabía–. No pensé que el asunto iría tan lejos.
– No, eso ya lo sabemos bien, que tú no piensas –replicó Elieth, con dureza–. Por tu bien, espero que busques una manera de corregir esto, a ver si das una rueda de prensa o algo similar para aclarar que ustedes no están saliendo.
– Lo haré –aceptó Wakabayashi, tras un ligero titubeo–. Estoy pensando en qué puedo decir que se escuche convincente.
– Y por el momento mantente alejado de Lily –añadió ella–. No sea que los vuelvan a ver juntos y entonces vayan a pensar que ya están planeando la boda.
– Me encargaré de tenerlo vigilado –aseguró Schneider a su novia–. Al menos en el tiempo en el que está aquí.
– Hablan como si fuera un perro que es incapaz de comportarse –protestó Genzo, con el entrecejo fruncido.
– Pues actúas como uno –replicó Elieth, sin inmutarse.
En ese momento, Karl le preguntó a su novia, seguramente para distraerla, si cancelarían los planes de esa noche, a lo que Elieth le respondió que no, que su cita seguía en pie. Ella comentó que había sugerido a Lily quedarse en casa para apoyarla pero ésta se negó, asegurando que estaría bien y que no necesitaba que la cuidaran. Fue así como Wakabayashi se enteró de que la doctora Del Valle vivía con Elieth y de que se encontraría sola esa noche, lo cual, una vez más, resultaba más que beneficioso para sus planes.
"No hagas lo que estás pensando hacer, ya deja a la pobre chica en paz", le susurró su conciencia.
Lo cual era un buen consejo, pero Genzo no estaba dispuesto a escucharlo.
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Lily se había pasado el día leyendo para mantenerse alejada de las redes sociales, que hervían con la noticia de la nueva novia de Genzo Wakabayashi, la cual, por alguna extraña razón, resultaba ser ella. ¿Por qué alguien decidió creer que Lily era pareja de Wakabayashi y, peor aún, redactar un artículo sobre eso? Ella no lo comprendía, pero no estaba de humor para investigarlo ni para ver falsedades, además de que no era del tipo de persona que se pelea con desconocidos por Internet, de manera que apagó su teléfono y se enfrascó en un libro sobre la Segunda Guerra Mundial, "La guerra no tiene rostro de mujer", escrito por un reciente premio Nobel, Svetlana Alexsiévich. Cuando la habitación quedó a oscuras gracias a la desaparición de la luz diurna y le impidió continuar leyendo, Lily decidió darse un baño para después buscar algo para comer en el refrigerador. Elieth se había marchado una hora antes, tras haberle insistido en que podía cancelar su cita si así lo deseaba, pero Lily no quería que ella dejara plantado a Schneider por su culpa, de manera que la animó a irse. Además, la doctora en verdad quería estar sola y reflexionar sobre lo sucedido con Dion, que buena falta le hacía.
– Nada como un buen baño para sentirse mejor –suspiró Lily con satisfacción, mientras se secaba el cabello frente al espejo de su habitación–. Ahora veré si quedó algo del espagueti a la parmesana que Eli y yo preparamos ayer, eso de no comer bien en todo el día ocasiona que en la noche tenga tanta hambre como un tiranosaurio.
Ella acababa de vestirse cuando un ruido sordo proveniente del balcón de la sala llamó su atención, como si alguien estuviera lanzando piedras. La joven se rio al pensar en que eso sólo ocurría en las películas y dio por hecho que seguramente habría algún pájaro en el balcón, por lo que no le tomó importancia, pero entonces los ruidos se hicieron más frecuentes y Lily decidió echar un vistazo para ver qué ocurría. Al hacerlo, pudo darse cuenta de que las piedras venían de abajo, cosa que la sorprendió pues, aunque no estaba en un sitio tan alto, sí era lo suficiente como para que quien estuviese tirando las piedras tuviera que hacer mucho esfuerzo. Los ruidos se detuvieron cuando ella abrió la puerta corrediza y al asomarse vio que, tres pisos más abajo, había un hombre recargado contra un automóvil, quien miraba insistentemente hacia su balcón.
– No pensé que funcionaría eso de lanzar piedras hacia la ventana de alguien –gritó Genzo Wakabayashi, con total descaro–. Siempre he creído que es un recurso de película bastante estúpido.
– Esto tiene que ser una broma –masculló Lily–. ¿Qué estás haciendo aquí?
– He acudido a visitarte para darte una ofrenda de paz, doctora –respondió el portero, al tiempo en que alzaba un paquete grande–. Supe de buena fuente que esta noche necesitabas compañía, así que decidí venir.
– ¿Pero cómo rayos supiste en dónde vivo? –cuestionó Lily, atónita–. ¡Espero que no hayas hecho lo mismo que hizo tu padre de mandar a investigarme!
– Nada de eso, lo prometo –aseguró Wakabayashi, muy serio–. Ha sido Elieth quien me lo ha contado.
– ¿Conoces a Elieth? –preguntó Lily, aunque después se corrigió–: Claro que la conoces, eso ya lo sabía. En fin, que eso no importa, ¿ella te ha pedido que vinieras a verme?
– No –contestó Genzo–. Sólo me dijo que ibas a estar sola y supuse que querrías un amigo con el cual hablar.
– ¿Y dónde está ese amigo, que no lo veo? –cuestionó ella, tras lo cual cedió con un suspiro–. Sube antes de que alguien te vea y haga otra historia con esto; el número de apartamento es el 7.
Sin esperar a que Lily lo repitiera, Genzo subió los tres pisos con grandes zancadas y en menos de cinco minutos ya estaba delante de la puerta del departamento número 7. Antes de que él pudiera tocar el timbre, Lily abrió y lo invitó a pasar; ambos se quedaron en el pasillo que conectaba la sala con el área de comedor; el paquete que Wakabayashi llevaba en las manos despedía un olor delicioso y Lily no pudo evitar salivar un poco.
– Sigo sin creer que de verdad estés aquí –dijo ella, a manera de saludo–. ¿A qué has venido, en serio?
– Mira, me enteré por casualidad de que terminaste con tu novio por culpa de esa infame nota periodística y he sentido la necesidad de venir a disculparme –explicó Genzo, con sinceridad–. De alguna manera o de otra, eso ha sido culpa mía.
– Sí y no –reconoció Lily–. Sí fue culpa tuya pero también ha sido de Dion. En vez de concluir inmediatamente que el periódico decía la verdad, debió de haber hablado primero conmigo.
– Schneider se lo hizo notar –señaló Genzo, con sutileza–. Creo que de verdad no lo consideró antes de buscarme.
– O sea que sí fue a armarte pleito –bufó Lily, decepcionada–. Tenía la ligera esperanza de que fuese una broma.
– Lo lamento en verdad –repitió el japonés.
– No te preocupes, no es asunto tuyo y no quiero incomodarte con esto –suspiró la doctora–. En fin, si sólo has venido a disculparte, otra vez, puedes quedarte tranquilo, en esta ocasión no voy a acusarte de algo.
– No sólo vine a eso. –Wakabayashi alzó el paquete–. Supuse que traer comida sería una manera adecuada de mostrar mi buena fe. No te mentiré diciendo que yo la preparé, mis habilidades culinarias son prácticamente nulas, pero sí la he conseguido en un buen restaurante, he comido varias veces ahí.
– Tengo que admitir que huele muy bien –admitió Lily–. Se me hizo agua la boca en cuanto me llegó el aroma, justo estaba por buscar sobras de comida en el refrigerador.
– No será necesario –sonrió él–. Te la dejaré y me iré para que la disfrutes a solas.
– Oh, vamos, si estás esperando a que te invite a compartirla conmigo –replicó Lily, al tiempo en que tomaba el paquete y lo llevaba a la mesa del comedor–. Trajiste demasiada comida para una sola persona.
– No se te escapa una, ¿verdad?. –Genzo sonrió con displicencia.
– Rara vez –le respondió ella, con un dejo de burla.
Así pues, en poco tiempo ambos estaban sentados a la mesa, compartiendo la deliciosa comida que Wakabayashi había llevado: salmón a la plancha con limón, camarones asados, ostiones a la mantequilla, verduras al vapor e incluso papas fritas. Lily, que no había probado alimento en casi todo el día, comió con muchas ganas durante los primeros minutos, sin importarle mantener la cortesía delante del portero, aunque curiosamente éste se veía bastante satisfecho y divertido. Una vez que ella sació su hambre, la conversación comenzó a fluir sin muchas interrupciones.
– Reconozco que ésta es una buena ofrenda de paz –comentó Lily–. Las flores y los chocolates están sobrevalorados. No, corrijo: las flores están sobrevaloradas, los chocolates están bien.
– Tomaré nota de eso –señaló Genzo, en tono de broma–. ¿Ya te sientes mejor? Me dio la impresión de que no te agradó mucho descubrir que era yo quien arrojaba rocas a tu ventana.
– No te lo tomes como algo personal, fue un día horrendo –suspiró la doctora–. Además, de todas las personas que podrían haber venido sin avisar, tú eras la última a la que esperaría.
– ¿No sería mi padre el último al que esperarías ver? –cuestionó él.
– No, no me asombraría que hubiese investigado mi dirección tras ver esa sarta de mentiras que publicó el periódico –replicó Lily, tras lo cual tomó un sorbo de su bebida–. Lo que me recuerda que me ha parecido extraño que no haya intentado contactarme de nuevo, pensé que con este escándalo sería de los primeros en acosarme para decirme algo como: "Ya sabía yo que usted me estaba mintiendo".
Wakabayashi se metió un trozo de pescado en la boca para evitar responder. Él sí sabía la razón por la cual su padre ya no había molestado a la doctora, pero obviamente no iba a decírsela a ella. Sin embargo, no pudo evitar esbozar una sonrisa burlona, pues Lily había hecho una imitación bastante acertada de Shuzou.
– Sólo lo has visto una vez, pero aun así ya tienes una idea muy aproximada de cómo actuaría él, doctora –señaló Genzo.
– Eso quiere decir que, efectivamente, sí sería capaz de hacer lo que dije –musitó Lily.
– De que es capaz, lo es, pero no debes preocuparte por eso ahora –aseguró Wakabayashi–, pues lo he convencido de que te deje en paz.
– ¿De verdad? –exclamó ella–. Me da mucho gusto escuchar eso, te lo agradezco.
– No tienes por qué. –Él se encogió de hombros.
– Y gracias también por la comida, no era tu obligación preocuparte por mí –continuó Lily–. Sobre todo porque tienes motivos para estar ofendido dado que mi novio fue a molestarte hasta tu lugar de trabajo.
– Tenía sus razones. –Wakabayashi hizo una mueca–. Probablemente yo habría hecho lo mismo de haber estado en su lugar y de cualquier manera no ha sido culpa tuya. ¿Lo conoces desde hace mucho?
– Unos cuatro años, más o menos, pero sólo tenemos uno de ser novios –contestó ella, mientras daba cuenta de los últimos camarones.
– ¿Y con sólo un año de ser novios ya sabes que quieres casarte con él? –preguntó Genzo, tratando de ocultar el sarcasmo en su voz–. Debes de haberte enamorado a primera vista.
– La verdad es que no creo en esa tontería del amor a primera vista –replicó Lily, enérgica, ignorando las intenciones del otro–. No es más que una estupidez inventada por los cuentos de hadas, nadie puede enamorarse de otra persona con sólo verla.
"Te sorprenderías de lo mucho que te equivocas, doctora", pensó el guardameta.
– ¿Y entonces qué te ha llevado a afirmarme tan categóricamente en tantas ocasiones que el doctor Chastain es el hombre de tu vida? –inquirió Wakabayashi, sin molestarse esta vez por ocultar la ironía.
– Yo nunca dije que él sea el hombre de mi vida. –Lily se atragantó–. Y sinceramente, ésa es una pregunta muy personal que no me interesa compartir contigo.
– De acuerdo. –Él supo que no le quedaba más remedio que ceder–. ¿Al menos puedo preguntar qué es lo que tienen en común ustedes dos?
– Supongo que sí –asintió ella, tras lo cual se puso a cavilar un momento–. Aparte de que somos médicos y nos desenvolvemos en el mismo medio, tenemos en común que los dos provenimos de minorías: yo soy latina, mexicana para más señas, y la madre de Dion es una refugiada de Argelia. Ha sido difícil para ambos hacernos un lugar en el hospital y que la gente deje de vernos como personas de bajo nivel, no nos ayudan nuestras nacionalidades ni el color de la piel.
– Aunque no lo creas, sé lo que es eso –soltó Wakabayashi, casi sin pensar–. La discriminación es una pesada piedra que tienes que cargar sobre la espalda y de la que nadie te advierte al llegar aquí. Por mucho que Alemania haya avanzado en cuestiones de discriminación, sigue habiendo mucha xenofobia entre sus habitantes.
– Triste, pero cierto –afirmó Lily, mirándolo a los ojos–. No puedo creer que tú te hayas sentido igual.
– ¿Por qué no? –cuestionó Genzo–. Soy japonés en un país europeo, ¿realmente esperabas que hubiera sido diferente?
– No, tienes razón –reconoció la mexicana–. También debió de haber sido difícil para ti.
Ése fue el momento exacto en el que Lily bajó sus defensas con Genzo y comenzó a ser más abierta. Presintiendo que para conseguir que ella hablara sobre sí misma, él tendría que hacerlo primero, Wakabayashi le contó sobre su relación con su padre y cómo éste decidió, de buenas a primeras, que tenía que hacerse cargo personalmente de la vida amorosa de su hijo menor, para lo cual se mudó a Alemania tras heredar la empresa a su hijo mayor. A Lily le parecía absurdo que Genzo permitiera que Shuzou se inmiscuyera tanto en su vida personal, pero después tuvo que admitir que el señor Wakabayashi no iba a aceptar que su hijo lo dejara de lado en una cuestión tan importante.
– Aun sin conocer cómo es la cultura japonesa, puedo decir que no habrías logrado deshacerte tan fácilmente de tu padre, es un hueso duro de roer, yo misma lo comprobé –aceptó Lily–. Y si a eso le añades que se mudó a Alemania sólo por ti, definitivamente no sería posible quitártelo de encima así como así.
– Exactamente, doctora. –Genzo le dio la razón–. Ya vas entendiendo cómo está el asunto.
– Lamento haber dicho que deberías de tener el valor de enfrentarte a tu padre –soltó Lily–. No tenía idea de que fuera tan persistente, queda claro que no es fácil señalarle que no estás de acuerdo con sus ideas y eso no es por falta de valor, simplemente es muy terco.
– Me alegra que hayas podido ver las cosas desde mi perspectiva, aunque sea un poco –sonrió Wakabayashi–. Pero también es cierto que yo debería de dejar de darle vueltas al tema del matrimonio arreglado y expresar directamente que no quiero seguir adelante con eso.
– Buena suerte –deseó Lily, con expresión de falsa tragedia–. La vas a necesitar.
– Seguro que sí. –Él se echó a reír–. Gracias.
Tal y como Wakabayashi lo esperaba, Lily habló entonces de su familia, de su vida en México y de cómo sus deseos de superarse la empujaron a mudarse a Alemania en busca de nuevos horizontes; a pesar de que ella no dio muchos datos, Genzo pudo darse cuenta de que su vida había sido muy diferente a la suya, en el sentido de que la doctora había batallado mucho más que él para ganarse un papel estelar en el escenario de sus sueños. A Genzo, que era japonés, no le había ido tan bien al llegar a Alemania debido al racismo, pero desde que supo poner en su lugar a sus acosadores, las cosas le marcharon mejor de lo que cabría esperar; por el contrario, para Lily las cosas no se resolvieron de una manera tan simple, pues ella no podía golpear a sus perseguidores y además le jugaba en contra el ser mujer, una desventaja que Genzo no tenía. Sin embargo, aun cuando ella no contó demasiado, Wakabayashi pudo comprobar que la doctora Del Valle tenía una férrea voluntad muy parecida a la suya, gracias a la cual había alcanzado sus metas, lo que hacía que su interés por Lily incrementara conforme más hablaban, esa mujer tenía algo que no poseían las Candidatas y que valía más que todo el dinero que éstas tenían.
– Siento que, de una manera o de otra, te has salido con la tuya, Wakabayashi –señaló Lily en algún momento.
– ¿A qué te refieres, doctora? –preguntó Genzo, desconcertado–. ¿Qué hice esta vez?
– Hablo de que, a pesar de que te dije que no saldría a cenar contigo para conocernos mejor, es exactamente eso lo que acabamos de hacer –respondió Lily, señalando los platos vacíos–. Bien jugado, Wakabayashi, bien jugado, no capté tus intenciones hasta que ya fue demasiado tarde, ya para entonces me había acabado la mitad de la comida y de ninguna manera iba a dejar que te comieras todos los camarones tú solo.
– Te juro que no tenía esa intención. –Wakabayashi soltó una carcajada alegre. "No recuerdo cuándo fue la última vez que me reí tanto", pensó, antes de continuar–: De verdad sólo quería levantarte el ánimo, después de todo soy el responsable de que estés teniendo tantos problemas en tu vida personal.
– Ya te he dicho que no jures en vano –suspiró Lily–. Da lo mismo, vamos a fingir que te creo, me la he pasado tan bien que no me molesta que al final hayas conseguido lo que te propusiste. Sin embargo, sí quiero que algo te quede bien en claro: no te veo más que como un amigo potencial; aunque yo haya terminado con Dion, ha sido sólo por un periodo corto de tiempo, en lo que me replanteo algunas cosas y se me pasa el coraje. Como te dije alguna vez, tenía planes de casarme con él y no van a desaparecer sólo porque he hecho un berrinche, no soy tan inmadura, sólo quiero algo de tiempo para reflexionar.
– Entiendo. –La expresión de Genzo fue imposible de descifrar para ella–. Yo no tengo segundas intenciones ocultas, aunque no lo creas, y acepto el que quieras que seamos amigos. Después de todo, tenemos amigos en común y tarde o temprano habríamos acabado conociéndonos.
Sin embargo, los pensamientos del portero eran muy diferentes a las palabras que acababa de pronunciar en voz alta. "Acepto el reto, doctora", se dijo él. "Ya veremos hasta dónde llega tu determinación, he decidido que te quiero para mí y así será, siempre consigo lo que me propongo".
– Sí, eso es verdad, seguramente habríamos coincidido tarde o temprano en algún lugar –asintió Lily, quien se veía aliviada por el hecho de que Genzo se hubiese tomado tan bien el asunto–. No obstante, por alguna razón tú nunca aceptaste las muchas invitaciones que Elieth te hizo para que nos conociéramos, siempre me dijo que estabas demasiado ocupado para asistir.
– Y lo estaba –mintió Genzo, avergonzado por enterarse de que Elieth lo había quemado con Lily en más de una ocasión–. Pero de haber sabido que te conocería, habría encontrado la manera de asistir a alguna reunión.
– Ay, por favor, no exageres –se rio ella, de buen humor–. Los dos sabemos que no es cierto.
Tras mirar su reloj, Wakabayashi concluyó que era el momento de retirarse, había hecho sus cálculos y creía que Elieth no debía tardar en regresar y él no quería encontrársela, ni tampoco a Schneider. Ese par lo conocía muy bien y sabría que Genzo no había tenido una actitud tan inocente al buscar a Lily en su departamento, por lo que lo mejor sería que ellos no lo vieran ahí para que no soltaran algún comentario inadecuado. De por sí, Lily ya sospechaba de él y no había necesidad de incrementar esas sospechas. Así pues, una vez que hubo pasado el tiempo suficiente de sobremesa, el guardameta dijo que ya era tarde y que se retiraba para dejarla descansar. Lily no opuso resistencia y le agradeció una vez más que se hubiera tomado tantas molestias por ella.
– No tienes por qué agradecer, después de todo ya somos amigos, ¿no? –replicó Wakabayashi–. Espero que no te moleste si intento contactarte después.
– No me molesta, ciertamente. –Ella se encogió de hombros.
– En ese caso, ¿por qué no intercambiamos números de WhatsApp? –sugirió él, con inocencia fingida–. Así podemos comunicarnos más frecuentemente.
Lily lo pensó un momento y después asintió, tras lo cual procedió a darle su número al japonés y éste hizo lo propio. Una vez que hubo obtenido todo lo que se propuso conseguir esa noche, Genzo se marchó pensando en que cada vez estaba más cerca de lograr su objetivo principal.
Notas:
– Elieth Shanks es un personaje creado por Elieth Schneider.
– Jean Lacoste es un personaje creado por Lily de Wakabayashi.
