Capítulo 5.
Quedaba más que claro que Wakabayashi, por el momento, no pensaba corregir el error del reportaje de Blind, no mientras fuese beneficioso para sus planes. Al portero le convenía que la gente pensara que la doctora Del Valle era su novia, pues así convencería a su padre de que su mentira era real. Esto, sin embargo, le trajo consecuencias indeseables a Lily, consecuencias que Genzo no previno y de las que no habría de enterarse sino hasta mucho después.
Las cosas no marcharon mejor en los días siguientes para Lily, pues en el hospital ya predominaba el rumor de que ella había estado jugando indistintamente con el portero del Bayern Múnich y con el médico francés. Nadie se atrevió a decirle algo directamente a la cara, pero las miradas de desdén y los cuchicheos a sus espaldas le hicieron ver a la mexicana que había caído de la gracia de muchas personas. Y aunque Dion no hizo público que ellos habían terminado, Lily sabía que no lo propagó a los cuatro vientos para que él no se viera como un cornudo abandonado y no por protegerla a ella. A pesar de esto, Lily trató de actuar como si no le afectaran las murmuraciones y se enfocó en su trabajo para mantener la mente alejada de sus problemas, aunque era muy difícil conseguirlo cuando las enfermeras (algunas, no todas) la trataban como si fuese una prostituta.
Sin embargo, Lily se aferraba a la esperanza de que Genzo pronto hiciera una declaración pública en donde desmintiera que ella era su novia; los rumores se calmarían una vez que él anunciara que ellos no eran más que amigos, aunque era verdad que no se detendrían por completo, pero la mexicana esperaba poder recuperar algo de tranquilidad. Cada vez que Lily le pedía esto a Wakabayashi, lo cual ocurría un par de veces al día, cuando menos, él respondía que estaba buscando el mejor momento para hacerlo y que le tuviera paciencia. Ella presentía que Genzo estaba poniéndole pretextos, pero no tenía más remedio que aguantar, esperando que pronto llegara el momento en el que se aclarara ese asunto.
Para su desgracia, en vez de esto, Blind sacó otro reportaje en donde se revelaba que la doctora de Wakabayashi tenía un "segundo frente" en el hospital, uno de los médicos que también trabajaba ahí, tras lo cual estalló el escándalo a nivel regional. Ahora había cada vez más personas que miraban a Lily de reojo y constantemente se dejaban ver reporteros en el hospital que buscaban tomarle fotografías o entrevistarla, lo que ocurriera primero, tras lo cual las peticiones de Lily se convirtieron en exigencias: o Genzo aclaraba la situación o ella tendría que tomar cartas en el asunto. El problema fue tan serio que el mismo Schneider tuvo que empezar a presionar también para que el portero al fin hiciera algo, a lo cual después se unió Elieth, quien consideraba que la situación estaba llegando a un punto imposible.
– Ni siquiera sé por qué estás haciéndote el tonto, Wakabayashi –le había dicho Karl–. No tienes por qué darle tantas vueltas al asunto, simplemente di que ustedes no se ven en plan romántico y ya, no necesitas una conferencia de prensa magistral.
– Si digo algo inadecuado, sólo empeoraré la situación –replicó Genzo, a quien el problema le convenía pues con eso conseguía que Lily le hablara muy seguido y gracias a eso había logrado establecer una amistad más estable con ella–. Te aseguro que en cuanto encuentre las palabras correctas aclararé este malentendido.
Muy a su pesar, Schneider tuvo que darle la razón: un paso en falso y el asunto se iría al carajo. Así pues, él tuvo que permitir que Genzo hiciera las cosas a su modo, pero sin quitar el dedo del renglón: cada mañana, antes de comenzar el entrenamiento, Karl le recordaba que seguía teniendo ese asunto pendiente, cuestión que a Wakabayashi fastidiaba más de lo que quería reconocer.
A pesar de esto, Genzo decidió poner un mensaje corto en Twitter, en donde aseguraba que la doctora Del Valle no estaba saliendo con dos personas a la vez; este mensaje, muy a su pesar, no ayudó a disminuir los rumores, pues más bien parecía que él lo había dicho por compromiso y por querer encubrirla. Lily, ya desesperada a esas alturas, grabó un vídeo que subió a su Instagram en donde aseguraba que a Wakabayashi sólo lo conocía desde hacía poco y que apenas eran amigos, pero poca gente la tomó en serio. Fiel a la sociedad misógina, los aficionados del equipo, y aun los que no lo eran, no aceptarían ninguna declaración que no proviniese de Genzo y que fuese más larga que las pocas palabras que él había puesto en Twitter. Así también, hubo personas que pretendieron sacarle alguna confesión a Dion, pero éste había pedido sus vacaciones justo en la época en la que el asunto empeoró y no fue posible localizarlo en ninguna parte, ni siquiera Lily sabía en dónde podía contactarlo.
No todo fue negativo en este tiempo, sin embargo, ya que Genzo tomó la costumbre de visitar a Elieth y a Lily cuando sabía que las dos se encontrarían en su departamento, con la planeada finalidad de seguirse granjeando la confianza de la doctora. Estando Elieth presente, Lily bajaba más las defensas que cuando veía al portero a solas, así que éste aprovechaba para hablar con ella y favorecer la convivencia. Si bien Elieth miraba a Wakabayashi con desconfianza cada vez que se presentaba a la puerta del apartamento con alguna cosa en manos (ya fuese una botella de vino, una caja de bombones finos o de chocolates caros, incluso en alguna ocasión llevó comida), al final de cuentas él era su amigo y no tenía razones para sospechar, por lo que permitió que siguiera visitándolas. Lily no parecía sentirse incómoda en presencia de Genzo y hasta daba la impresión de que él empezaba a caerle bien, pero mientras Wakabayashi sabía que ella le gustaba más cada día, no estaba del todo seguro de que Lily correspondiera plenamente ese sentimiento.
Así estaban las cosas el día en el que Genzo decidió invitar a Lily a ver una película para distraerla y continuar con su plan de conquistarla. Para evitar que ella se negara por temor a que los vieran juntos, el joven planeó aprovechar la azotea de un edificio antiguo de Múnich, desde la cual se veía perfectamente la fachada del inmueble vecino, mucho más alto; la idea, pues, era que la película se proyectase en dicha fachada, creando así un cine privado e íntimo. Además, para prevenir también que alguien lo reconociera, Wakabayashi fue a buscar a Lily al hospital usando una chaqueta con capucha, la cual se colocó para ocultar sus facciones, y decidió esperar a la doctora en la misma zona en donde había hablado con ella algunas semanas atrás (que fue el mismo sitio en donde Lily también charló con Shuzou, aunque eso el joven no lo sabía).
En cuanto la vio aparecer, Genzo se dio cuenta de que la mexicana lucía muy cansada y una punzada de remordimiento lo asaltó, aunque su parte egoísta se encargó de suprimirla casi de inmediato. Lily lo vio entonces y le sonrió desde lejos, aunque no hizo ningún gesto que delatara que ella lo había reconocido. La doctora pasó de largo junto a él y Genzo la siguió a pocos pasos de distancia, como si no se conocieran y simplemente fuesen en la misma dirección. Él se aseguró de llevar la cabeza inclinada, con el rostro oculto lo mayor posible por la capucha, para que nadie pudiera identificarlo.
– ¿Llevas mucho tiempo aquí? –preguntó ella, como quien no quiere la cosa.
– No mucho –negó Wakabayashi, con parsimonia.
– Ya veo –dijo Lily–. Me ha sorprendido verte aquí, ¿necesitas algo?
– Sólo quería preguntarte si tienes algo qué hacer hoy, doctora –contestó Genzo; sin esperar a que ella respondiera, agregó–: Me gustaría invitarte a un cine privado.
– ¿A un cine privado? –cuestionó Lily, con sorpresa.
– Sí. Estoy consciente de que no podemos ir a una sala pública, así que se me ocurrió algo más personal –explicó el portero–. ¿Qué dices?
– Hmm. –Ella lo meditó unos segundos–. Digo que eso se parece mucho a una cita.
– Tal vez –admitió Genzo, quien no pudo evitar hacer una mueca debido a lo perceptiva que era ella. "De verdad que no se te escapa ni una, doctora", pensó–. Pero también puede ser una salida informal entre dos buenos amigos.
Lily continuó caminando sin contestar y sin girarse a verlo; Wakabayashi llegó a pensar incluso que ella se marcharía sin decirle algo más, pero después de un rato la escuchó suspirar.
– La verdad es que no me caería mal el distraerme un rato, he tenido un día terrible –susurró la joven–, pero no me siento muy bien y tal vez sería mejor que me fuera a descansar.
El tono con el que Lily pronunció estas últimas palabras preocupó a Genzo, quien la rodeó para quedar frente a ella y examinarla con detenimiento; sólo así pudo darse cuenta entonces de que Lily lucía peor de lo que esperaba, su rostro estaba colorado, tenía los ojos vidriosos y la expresión de alguien que va a desmayarse en cualquier momento. En un acto reflejo, Wakabayashi le puso la mano en la frente y sintió que la piel de la doctora estaba muy caliente.
– Estás ardiendo en fiebre –comentó Genzo, preocupado–. ¿Te han dejado salir así del hospital?
– Bueno, no es como si a la gente que trabaja ahí le importara cómo se sienten los médicos –replicó Lily–. Muchas personas creen que nosotros no somos humanos y que no tenemos derecho a enfermarnos. No te preocupes, estaré bien, bastará con que tome algo para la fiebre y me vaya a dormir. En serio lo siento, pero tendré que rechazar tu invitación.
– Eso no importa ahora. ¿Estás segura de que sólo eso necesitas? –El portero la miró con escepticismo–. ¿No crees que te hará falta algo más?
– ¿Y qué puedo hacer? ¿Ir al hospital? –preguntó ella, con sarcasmo, aunque después suavizó su tono–. Soy doctora y sé qué hacer, Wakabayashi, esto no es tan grave, sólo necesito irme a casa ya.
La joven metió la mano en su bolso para buscar algo, seguramente las llaves de su automóvil. A pesar de saber que era mala idea que los vieran juntos en un mismo vehículo, Genzo estaba consciente de que era peor permitirle manejar en ese estado, así que en cuanto Lily sacó las llaves, él se las quitó.
– Te llevaré –anunció, decidido–. No estás en condiciones de manejar.
– No creo que sea buena idea –murmuró ella, pero no hizo el intento de recuperar sus llaves.
– Hay tres opciones aquí, doctora –señaló Genzo–: Una, te puedes ir sola, que no es recomendable porque las probabilidades de que tengas un accidente son altas y entonces sí que tendrás que ir al hospital, y no en calidad de médico; dos, te llevo en mi automóvil, lo cual me parece una opción poco razonable porque la prensa ya lo tiene identificado y si te ven en él, se acabó; tres, te llevo en un taxi, que considero que es la peor de todas porque así es seguro que al menos el taxista nos verá y nos identificará. Así pues, viéndolo fríamente, la última opción me parece la mejor, que es que te lleve en tu auto.
– Ésas son cuatro opciones, no tres. –Lily rio débilmente–. ¡Sí que se te dan mal las matemáticas! En fin, hay una quinta opción: que me vaya sola en taxi, que era lo que pensaba hacer antes de encontrarte.
– Tal vez eso habría sido lo mejor si no nos hubiésemos visto, pero no me quedaré tranquilo si dejo que te marches sola –rechazó Genzo–. ¿Puedes caminar por tu cuenta?
– Claro que sí. Estoy enferma, no ebria –asintió Lily, tras lo cual echó a andar de nuevo–. Creo que no tengo suficiente energía para discutir contigo, vámonos ya antes de que alguien nos vea.
Así pues, sin perder más el tiempo, Lily condujo a Genzo hasta donde estaba aparcado su vehículo; él la siguió muy de cerca, por si acaso ella tambaleaba y necesitaba darle un soporte, pero la joven mantuvo el equilibrio hasta que llegaron al auto. Wakabayashi se subió al asiento del conductor, mientras ella se acomodaba en el del pasajero, cerró los ojos y suspiró de alivio de manera inconsciente, tal vez porque se sentía más segura de lo que quería admitir.
– Odio hacer comparaciones, pero Dion no se habría mostrado tan preocupado por mí –comentó Lily–. Él es de los que creen que los médicos debemos ser inmunes a las enfermedades.
Wakabayashi no respondió, básicamente porque no supo cómo hacerlo, y al poco rato se dio cuenta de que Lily había caído en el estupor que acompaña a la fiebre, así que se limitó a conducir en silencio, preguntándose si debía detenerse en alguna farmacia a comprar algún medicamento. No se le pasó por la mente que Lily debía tener algo en su departamento, así que en cuanto vio una botica se detuvo para adquirir algo que pudiera ayudarla. Él, que no sabía mucho de medicinas, compró todo lo que le sugirió la farmacéutica, incluyendo un termómetro, y volvió al automóvil en menos de cinco minutos, por lo que Lily ni siquiera notó que se habían detenido. Ella no despertó ni cuando Genzo estacionó el vehículo en uno de los cajones correspondientes al departamento 7 y él tuvo que moverla suavemente para despertarla.
– Por un momento olvidé en dónde estaba –manifestó Lily, confundida–. Válgame, hacía mucho que no bajaba tanto las defensas con alguien con tan malas intenciones.
– No he sido tan malo, doctora, ten consideración –replicó Genzo, aunque de buen humor.
Por fortuna, no se toparon con alguien en el camino hasta el apartamento y en cuanto Lily entró, se dirigió directo a uno de los mullidos sillones de la sala, se quitó los zapatos y se dejó caer en él.
– Dijiste que tomarías algo para la fiebre –le dijo él, con voz autoritaria–. ¿Cuándo piensas hacerlo?
– Fastidias más que Elieth, caramba –bufó ella, sin hacer el intento de moverse–. No he sido tan mala, Wakabayashi, ten consideración.
Genzo esbozó una media sonrisa por el hecho de que ella lo hubiese remedado y se felicitó por haberse detenido en la farmacia, pues no le habría gustado el tener que revolver todos los cajones y recovecos del apartamento en busca de un medicamento para la fiebre. En vez de eso, Wakabayashi abrió una caja de sobres para preparar té con un medicamento antipirético que le vendió la farmacéutica y puso agua a calentar; mientras esperaba, le envió un WhatsApp a Elieth para avisarle que Lily estaba enferma y preguntarle si había la posibilidad de que llegara antes para cuidarla. Elieth respondió que todavía tardaría una hora, cuando menos, y le pidió que contactara a una vecina para que estuviera al pendiente de Lily, pero Genzo le aseguró que no sería necesario y que se haría cargo.
– Toma esto, te sentirás mejor – le dijo Genzo a Lily, una vez que el té estuvo listo–. No sé mucho de medicamentos, pero la mujer de la farmacia me aseguró que esta bebida te ayudará.
– ¿No dijiste que eras tan malo en la cocina que se te quemaba hasta el agua? –inquirió Lily, incorporándose para tomar la taza que él le ofreció, la cual despedía un curioso aroma de fármacos mezclados con limón.
– Así es. Tuve que ir con el vecino a pedir que me la calentara –replicó él, muy serio, lo que le arrancó a ella una sonrisa.
– Gracias por preocuparte, pero ya hiciste mucho con traerme hasta acá, ya puedes irte –murmuró ella, tras beber la mitad del contenido de la taza–. Con esto será suficiente para que me sienta mejor.
– Le dije a Elieth que esperaré a que ella regrese –aclaró el portero–. Tardará una hora, más o menos.
– ¿Le avisaste que estoy enferma? –cuestionó Lily, asombrada–. No era necesario que lo hicieras, no es para tanto.
– A mí me parece que sí –la contradijo Genzo, al tiempo en que tomaba asiento en la parte del sillón en donde ella tenía apoyados los pies–. Creo que deberías de tomar algo más, no sabes qué te está causando ese malestar.
– No estoy enferma de algo grave, si es lo que estás tratando de decir –negó ella–. Simplemente creo que es el estrés, he estado bajo mucha presión por el asunto que ya conoces y creo que eso ha tenido su vía de escape a través de un cuadro febril. En cuanto descanse un poco me sentiré mucho mejor, estoy segura.
La mexicana no había dicho esas palabras con la intención de hacer sentir culpable a Genzo, incluso su tono de voz fue neutral, pero él volvió a experimentar el sentimiento de culpa que tuvo cuando la vio en la calle, aunque en esta ocasión esa sensación no desapareció.
"¿Te estás dando cuenta de lo mucho que esto la está afectando a ella? Para ti resulta benéfico, pero a todas luces la doctora la está pasando mal, no quieres aceptar que estás siendo muy egoísta".
– Bien, tú eres la médica y sabrás qué es lo mejor para ti –aceptó Wakabayashi–, pero al menos deja que me haga cargo de ti mientras llega Peque. No soy experto cuidando enfermos, de hecho es algo que casi nunca he hecho, pero quisiera hacer algo por ti.
– No estoy segura de que sea buena idea –afirmó Lily, cuyo rostro seguía estando enrojecido por la fiebre, o eso creía el joven.
– ¿Por qué no? –preguntó él.
– Porque sé que no tienes buenas intenciones –suspiró ella, sin darse cuenta real de lo que estaba diciendo–. Nunca las has tenido, eso me ha quedado claro desde hace mucho.
– No sé por qué dices con tanta seguridad –reclamó Genzo, dolido–. Es cierto que no me porté bien en un inicio, pero he enmendado ese error. Además, hemos estado en contacto frecuente en las últimas semanas y has llegado a conocerme lo suficiente como para saber que no tengo malas intenciones contigo.
– En muchas ocasiones, puedes llevar años frecuentando a una persona y después descubres que no la conoces tanto como creías –musitó Lily, con la mirada fija en el piso–. Y te sale con cosas que te sorprenden.
– No estás hablando de mí, sino de Chastain –afirmó Genzo, con las cejas arqueadas.
– No es sorpresa, ¿verdad? –Ella sonrió con amargura–. Siempre lo consideré como una persona centrada y coherente, alguien que no se dejaría llevar por rumores, pero no ha sido así.
– Por lo poco que sé, las personas no se comportan con coherencia cuando están enamoradas –comentó Wakabayashi–. O eso es lo que he sacado como conclusión tras ver a Schneider durante tanto tiempo. A él lo conozco desde antes de que estuviera con Eli y puedo comprobar que estando soltero dijo e hizo cosas que no sostuvo después cuando ya era su novio. A Chastain debe pasarle igual, la gente cambia al enamorarse.
– Supongo –reconoció Lily, antes de darle otro sorbo al té–. Pero tampoco es que cambie tanto.
Ella se acabó la bebida y dejó la taza en una mesita cercana, tras lo cual volvió a acomodarse en el sofá, cuidando de no molestar a Wakabayashi con sus piernas. Ambos se quedaron callados durante un momento, sin saber bien cómo retomar la conversación; al final, fue Lily la que se animó a hacerlo.
– Siento mucho haber sonado tan resentida, sobre todo porque te has portado de lo más atento conmigo –comentó, sin mirarlo–. Pasa que hasta hace un par de meses tenía mi vida establecida y asegurada, sabía lo que quería hacer y los pasos que debía seguir para conseguirlo y ahora todo se está tambaleando sin que pueda evitarlo. Y ni siquiera sé qué hice para que esto sucediera.
– No creo que hayas hecho algo, doctora –replicó Genzo, con cautela–. En muchas ocasiones la vida nos arroja a pruebas que no esperábamos, justo cuando teníamos la falsa sensación de que todo estaba bajo control. Es la manera que tiene de decirnos que somos ingenuos y que, si ella quiere, nos puede mandar al demonio en un instante.
– Lo que tratas de decir es que la vida es una perra y lo tenemos que aceptar, ¿verdad? –Lily rio débilmente–. Tiene usted toda la razón, señor Wakabayashi, no tenía idea de que fueras tan sabio.
– No lo soy –negó él, con una expresión tan seria que ella no se atrevió a comentar algo más.
Lily se dio cuenta de que Wakabayashi parecía estar luchando una batalla consigo mismo, como si quisiera decir algo que en realidad no quería decir o que no debía decir.
– Pero tienes razón al decir que la vida es una desgraciada –prosiguió él, con menos seriedad que antes.
– Por eso es que, si te pega una vez, hay que darle duro dos veces –soltó Lily–. ¿No es así?
– Exactamente así es, doctora –aprobó Genzo, con una media sonrisa.
Sin que pudiera evitarlo, Lily comenzó a titiritar por el efecto de la fiebre y susurró que tenía frío; Wakabayashi se levantó entonces a buscarle una manta, la cual encontró en un clóset del pasillo gracias a sus indicaciones y, tras arropar a Lily con ella, volvió a ocupar su lugar.
– ¿De verdad vas a quedarte hasta que Elieth llegue? –preguntó Lily, en un murmullo.
– Sí –respondió Genzo–. Quiero asegurarme de que vas a estar bien.
– Gracias –dijo ella en voz muy baja, antes de quedarse dormida.
Genzo no contestó y se limitó a quedarse en silencio, pensando en lo que había hecho y en lo que quería hacer después. Estaba consciente de que muchos de los problemas de la doctora los estaba causando él, pero no quería dar un paso atrás y corregir sus errores, pues eso significaría que Lily volvería a los brazos de Dion y Wakabayashi definitivamente prefería cortarse una mano antes que permitir que eso sucediera. Sin embargo, por más que él se había esforzado por acercarse a ella, todavía no podía asegurar que Lily lo quisiera como Genzo deseaba y eso estaba frustrándolo mucho.
A su parecer, no habían pasado más de cinco minutos (aunque en realidad fueron cuarenta y cinco) desde que Lily se quedó dormida hasta que se escuchó que alguien introducía una llave en la cerradura de la puerta principal y segundos después Elieth abrió la puerta; su expresión de preocupación desapareció para dar paso a una de suspicacia cuando vio a Lily dormida en el sillón con Genzo sentado a sus pies. Wakabayashi conocía muy bien a su amiga como para saber que algo en esa escena la había molestado y se dio cuenta de que ella había leído sus intenciones.
– Bienvenida –saludó Genzo–. Tardaste menos de lo que esperaba.
– Gracias. Me apresuré en acabar mi trabajo cuanto antes –contestó Elieth-. Aunque, por lo que veo, conseguiste hacerte cargo de la situación bastante bien.
– Hice lo que pude. –Él se encogió de hombros.
Elieth se acercó a Lily para revisarla y vio que la fiebre había disminuido, por lo cual la despertó para sugerirle que se diera una ducha para acabar de normalizar su temperatura. Lily obedeció sin protestar y se levantó para dirigirse al baño, no sin antes darle las gracias a Genzo por haberla acompañado.
– Me agrada saber que también puedo confiar en ti –expresó Lily, con una sonrisa sincera.
– Y a mí me agrada que sepas eso. –Genzo asintió con la cabeza.
En cuanto Lily se hubo metido al baño, Elieth, que se había contenido mientras ella estuvo presente, se giró para ver a Wakabayashi con suspicacia y comenzar con su interrogatorio.
– ¿Qué es exactamente lo que pretendes con mi mejor amiga, Genzo Wakabayashi? –cuestionó ella, sin preámbulos–. Y no me vayas a mentir porque me voy a enojar muchísimo.
– ¿Por qué crees que tengo una segunda intención, Peque? –Genzo se mantuvo muy tranquilo–. Sólo he querido acompañarla porque me preocupo por su bienestar, no sé por qué eso te hace sospechar.
– Precisamente porque tú no eres de los que se preocupan por alguien –respondió Elieth–. No eres un mal tipo, pero sí eres pésimo enfermero, eres de los primeros que salen corriendo en cuanto alguien cercano a ti se pone mal. ¿Qué es, si no es una segunda intención, lo que te hizo actuar diferente con Lily?
Wakabayashi se quedó callado, pensando en si debía contestar con la verdad o no. Ambas opciones eran malas, pues si mentía Elieth se daría cuenta, pero si decía la verdad tampoco saldría bien parado. Así pues, ¿cuál sería la mejor opción?
– Ella me gusta –confesó Genzo, sin rodeos–. Creo que es del tipo de mujer que puede ofrecer algo que es más valioso que el dinero, de esas mujeres que no se ven con frecuencia. Y lo sé porque, a últimas fechas, he tenido que tratar con muchas.
– Espero que estés consciente de que Lily no está soltera. –Elieth hizo una mueca–. Bueno, estrictamente hablando ahora sí lo está, pero no será por mucho tiempo, ella y Dion tienen planes a futuro que se han quedado momentáneamente pausados pero los retomarán en cuanto sean capaces de hablarse otra vez.
– Vamos, no puedes creer que de verdad ella quiere casarse con él –replicó Wakabayashi–. A mi parecer, no se ve que esté muy enamorada.
– Ah, ¿y crees que de ti sí se va a enamorar? –objetó Elieth, con burla–. ¿Qué te hace decirlo con tanta seguridad? No sé si no te has dado cuenta, pero hacer que Lily te quiera es una de las pocas cosas que no puedes conseguir haciendo un berrinche de niño rico.
– Pensé que recibiría más apoyo por tu parte –reclamó Genzo, con el entrecejo fruncido–. Se supone que somos amigos.
– Oh, por favor, no me salgas con eso. –Elieth puso los ojos en blanco–. Muchas veces quise presentártela y siempre te negaste a ir a las reuniones en donde ella estuvo presente, así que ahora te aguantas. Muchas de esas reuniones, por cierto, ocurrieron mucho antes de que Lily aceptara salir con Dion, así que ahora te jodes, él ya te ganó.
Por un momento, Elieth creyó que Wakabayashi iba a responderle con un agravio, pero en vez de eso él esbozó una sonrisa desafiante. "Pruébame", parecía decirle, lo cual resultaba desconcertante, aunque él era Genzo Wakabayashi y siempre solía obtener lo que se proponía.
"Pero Lily no es un objeto por el cual puedas pelear, idiota", pensó Elieth.
– Admito que tienes razón en eso, yo me lo busqué por no querer aceptar tus invitaciones –comentó él, al fin, sin asomo de sarcasmo–. Tú me preguntaste cuáles son mis intenciones con la doctora y te he contestado con la verdad, que era lo que buscabas.
– Lamento si fui muy dura, Genzo, pero sabes que por mucho que te quiera, no voy a permitir que le perturbes la existencia en un momento en el que ya no puedes hacer nada –suspiró Elieth–. Es muy tarde ya para intentarlo siquiera
– Supongo que lo es –cedió él, aunque esta vez no parecía estar siendo sincero–. Bien, creo que ya no tengo nada qué hacer aquí, así que me retiro.
– Gracias por hacerte cargo –agradeció Elieth, quien después se quedó callada durante unos segundos antes de seguir–: No hay algo de malo en que seas amigo de Lily, siempre he creído que ustedes dos podrían llevarse muy bien.
Genzo asintió con la cabeza e hizo un gesto de despedida con la mano, para no tener que decir lo que estaba pensando: que una simple amistad no le iba a ser suficiente y no planeaba conformarse con eso.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Menos de dos semanas después, Genzo cumpliría 28 años y Shuzou Wakabayashi quería hacer de ello una oportunidad para conocer mejor a su supuesta futura nuera. Le había dado mucho tiempo a Genzo, a su parecer, para que estabilizara su relación con la joven y la concientizara de que tarde o temprano tendría que pasar por el escrutinio de Shuzou, así que el cumpleaños del portero era la excusa perfecta para volver a hablar frente a frente con Lily Del Valle. El problema radicaba, por supuesto, en que ella no tenía ni idea de que iba a ser la futura nuera de Shuzou Wakabayashi.
Genzo, que había estado temiendo esto desde hacía tiempo, se puso a considerar sus opciones; en honor a la verdad, él nunca creyó que para cuando su padre quisiera hablar con Lily, ella todavía no habría aceptado estar con él (así de grande era su ego), de manera que el joven tendría que improvisar. Wakabayashi estaba consciente de que hacía malabares con un número cada vez mayor de pelotas y que estaba en riesgo de que se le cayera una que propiciara el desplome del resto, pero no estaba dispuesto a renunciar a esas alturas del partido. Así pues, tras mucho analizarlo, resolvió que la mejor opción sería ser sincero con la doctora (en parte, al menos) y pedirle que fingiera ser su novia en la reunión que su padre organizaría para su cumpleaños. Para ese entonces, Lily ya estaba de acuerdo en que Shuzou era un hueso duro de roer, así que tal vez aceptaría aparentar que era la pareja de Genzo por sólo una noche.
Sin embargo, cuando Wakabayashi le expuso su idea, la doctora no se mostró muy convencida; él había ido a verla a su departamento, en una tarde en la que sabía que Elieth estaría con Schneider, para poder hablar con confianza, pero Genzo no lograba convencer a Lily y temía que esos dos se aparecieran en algún momento y le arruinaran los planes. Según Lily, su pretexto para negarse a la petición de Wakabayashi era que había tenido un encontronazo con Shuzou que seguramente éste recordaría y que le haría pagar, pero Genzo sospechaba que Lily simplemente no quería fingir ser su novia y en cierto modo no podía culparla por ello.
– Sólo será por esa noche –insistió Genzo–. No te lo pediría si no fuera tan importante, ya conoces cómo es mi padre.
– Precisamente por eso es que no sé si sea buena idea que aparente ser tu novia –rebatió Lily–. No creo ser santo de su devoción, él mismo me dijo que soy muy insolente.
– Precisamente por eso es que quiero que me ayudes. –Wakabayashi iba improvisando sobre la marcha–. Lo haré fastidiar al mostrarle que elegí de pareja a alguien que se sale de sus estándares.
– Hmm. –Lily caviló–. Seguramente hay muchas otras chicas que tampoco entran en sus estándares y que no dudarían en ayudarte.
– No tengo tantas amigas como crees, doctora –replicó Genzo–. Puedo contarlas con los dedos de una mano y todas están comprometidas, casadas o tienen un novio famoso.
– Como Elieth, supongo –completó Lily.
– Exacto –sonrió el portero, con complacencia–. Tú eres la única amiga que conozco que no tiene pareja, al menos por el momento. Prometo que sólo será por esa noche, después haré una declaración pública en donde aclararé que no estamos juntos; con eso, Chastain entenderá que nunca tuvimos algo más que una amistad y mi padre creerá que hemos terminado, así los dos saldremos ganando.
Lily se quedó callada, pensando en qué hacer. Ciertamente que no le hacía daño actuar como novia de Wakabayashi por una noche, pero su instinto le lanzaba una señal de advertencia de que no lo hiciera. Muchas cosas podían salir mal, como que alguien propagara la información de que ellos efectivamente estaban juntos y que eso empeorara su situación. Después de todo, Shuzou había malinterpretado lo que ocurrió en las veces que Lily habló con Genzo y, a su vez, un reportero de Blind malinterpretó la escena que ellos protagonizaron en la única ocasión que la doctora había ido al FC Bayern Campus para hablar con el portero. ¿Qué le garantizaría que no sucedería lo mismo en esa dichosa fiesta?
– Mira, Wakabayashi, la verdad es que tu plan me suena bastante coherente, pero temo que no resulte –confesó Lily, con sinceridad–. ¿Qué tal si alguien que esté presente en esa reunión decide hacer público que me has presentado como tu novia ante tu padre? Por menos nos metimos en un lío, con esto sería el acabose.
– Sí, entiendo que eso pueda ser un problema –admitió Genzo, pensativo–. Podría pedirles a los invitados que dejen sus teléfonos móviles junto con sus abrigos en la entrada y que los recojan al salir.
– ¿Realmente harías eso? –Lily alzó las cejas, sorprendida.
– ¿Por qué no? –cuestionó él, a su vez–. Es una petición razonable, en estas épocas a muy poca gente le agrada la idea de ser grabada con un teléfono móvil para que después el vídeo termine en Internet, además de que corta cualquier intento de conversación con otra persona.
– Hablas como si de verdad te interesara socializar, puedo apostar a que eres de los que hacen precisamente lo contrario, es decir, que usas el teléfono como medio de escape –se mofó ella, con sorna–. Pero ya que lo pones así…
– Por favor, sólo será por esa noche –repitió Genzo, consciente de que la joven estaba por ceder–. Y te aseguro que me encargaré de que nadie lo sepa.
– ¿Así como te has encargado de negar las declaraciones de Blind? –replicó Lily, con acidez.
Esto tomó a Genzo con la guardia baja y no supo cómo responder. Un sentimiento de culpa, el mismo que estaba acosándolo desde hacía semanas, volvió a molestarlo con mucha fuerza y por un instante estuvo a punto de abandonar su estúpido plan y cortar con algo que no estaba funcionando. Sin embargo, al parecer Lily se sintió culpable a su vez de haberle hablado con rudeza y suavizó su tono de voz.
– Discúlpame por haberte contestado de esa forma, es que de verdad que me frustra que lo que yo haga con respecto a ese tema no sirva de nada –continuó la mexicana–. Tengo que depender de ti para eso y no me agrada que te tardes tanto en aclarar la situación, aunque entiendo que estás muy ocupado y que tienes otras preocupaciones en la mente.
– No tienes por qué disculparte, no has dicho más que la verdad –rebatió Wakabayashi–. Te doy mi palabra de que me encargaré de eso en cuanto pase esta reunión.
– Eso espero –suspiró Lily–. Pero sin importar cuánto trates de convencerme, no estoy segura de que aceptar ser tu novia por una noche sea lo adecuado.
– ¿No hay manera en la que pueda convencerte? –preguntó Genzo, desalentado.
– Tengo que pensarlo bien, con sus pros y sus contras –objetó ella–. Cuando no estés presionándome para que te dé una respuesta.
– Entiendo. –Genzo se dio cuenta de que no iba a conseguir lo que deseaba, al menos no en ese momento, y decidió ceder–. Te daré tiempo para que lo pienses.
– Gracias –aceptó Lily–. Te avisaré en cuanto haya tomado una decisión.
Sin embargo, él tuvo la impresión de que no lo haría y que ella simplemente faltaría a la reunión, pero no puso objeciones. Si algo había aprendido en el tiempo que llevaba tratando a la doctora Del Valle era que a ella no la podía obligar a hacer lo que él quería. Le había costado trabajo, pero Genzo había comprendido al fin que sí había personas que se negaban a darle todo lo que les pedía y que no podía enojarse ni presionarlas a cambiar de parecer, era una situación nueva para él pero no había algo que pudiera hacer al respecto.
"¿Hasta dónde piensas seguir con esto?", se preguntó Wakabayashi, una vez que hubo dejado el aparamento de Lily. "Es evidente que ella no ha caído ante ti y cada vez es más difícil que lo haga. ¿Vas a acosar indefinidamente a alguien que no está interesado en estar contigo? ¿Qué tan patético estás dispuesto a ser con tal de ver cumplidos tus caprichos?".
– No tengo ni la menor idea de lo que significa el término "darse por vencido" –se respondió a sí mismo, en voz alta–. Y no pienso averiguarlo ahora.
A pesar de esto, debido a su indecisión que sonaba a negativa, Genzo tuvo que usar el plan B y decirle a su padre que Lily probablemente no iría a la reunión porque estaba muy ocupada, pero que haría lo posible para asistir. Shuzou miró a su hijo con suspicacia y se preguntó qué estaría tramando, pero tuvo que reconocer que el trabajo de la doctora Del Valle era peor que un amante exigente. Aun así, esperaba que ella pudiera tomarse cuando menos diez minutos para ir a la celebración y hablar con su suegro.
– Ya te había pedido que no la presionaras –gruñó Genzo entonces.
– He esperado suficiente, creo que no es necesario que lo haga más –replicó Shuzou, sin alterarse.
– Lo peor que puede pasar es que no venga y ya –dijo el portero–. Y, siendo así, pues no quedará más remedio que seguir insistiendo.
Shuzou no comprendió que esas palabras no las dijo Genzo por él, sino por sí mismo.
A la celebración de cumpleaños también fueron invitados Karl y Elieth, como amigos que eran del festejado. Aun sabiendo que despertaría ciertas sospechas, Wakabayashi les pidió que no llevaran sus Smartphones, pues les serían recogidos a la entrada del recinto en donde se organizaría el evento. Genzo tuvo que contener sus ganas de preguntarle a Elieth si Lily le había comentado si acudiría o no, porque eso desencadenaría preguntas por parte de la francesa que él no estaba dispuesto a responder. Además, tal y como el portero ya sospechaba, la médica no dio señales de vida y no confirmó ni negó su presencia en el evento, así que él tuvo que resignarse a la posibilidad de que ella lo dejase plantado.
"Sin embargo, ella es muy cortés como para hacer algo así", razonaba el japonés. "No es de la clase de personas que simplemente dejaría una invitación sin responder". Así pues, si antes del día de su cumpleaños Lily no le avisaba a Wakabayashi que no iría, era seguro entonces que sí asistiría, aunque no lo expresara abiertamente. Aferrado a esa esperanza, Genzo le envió el mismo día de la reunión la localización de la mansión en donde vivía su padre, para que Lily no pusiera de pretexto que no supo en dónde se llevaría a cabo la fiesta.
Al anochecer del día 7 de diciembre de ese año en curso, Genzo se encontró a sí mismo frente al espejo acomodándose la corbata, tal y como había hecho justo antes de su última cita con una Candidata, el día que vio a Lily por primera vez. Él no pudo evitar notar que la vida era un ciclo constante que se repetía de vez en cuando sólo por fastidiar. "Aunque las cosas no son iguales hoy", pensó Wakabayashi. "Porque ésta es la primera vez que realmente deseo que mi Candidata se presente, aunque ella no sea una Candidata ni busque serlo". Cuando acabó de pelearse con la corbata, el joven se dispuso a seguir adelante con la farsa y se dirigió a la planta baja de la mansión de sus padres, consciente de que en el fondo esperaba que todo le resultara según sus deseos.
– Al fin apareces, pensé que tendría que mandarte traer a la fuerza. –Shuzou no lo recordaba, pero le había dicho estas mismas palabras a Genzo justo antes de su desastrosa cita con Saori, aunque también añadió unas nuevas–: Esperaba que, por ser tu cumpleaños, estuvieses más dispuesto a cooperar.
– Lo estoy, papá, aunque no lo creas –señaló Genzo, más nervioso de lo que quería admitir.
Al iniciar la fiesta, Genzo ya estaba en el salón principal junto a sus padres. Se sentía realmente extraño, como si fuera una figura que estuviera a la venta o como un niño de diez años que todavía necesitara de papá y mamá para brillar en sociedad, aunque ambas cosas resultaban ser ciertas. A pesar de esto, él se dijo que valdría la pena tolerar ese bochorno si al final la doctora Del Valle se dignaba a hacer acto de presencia. Cuando ya todos los presentes llevaban una copa de licor en la mano, Shuzou hizo tintinear su copa para llamar la atención hacia él y hacia su hijo.
– Amigos míos, les agradezco que hayan acudido a esta reunión, hecha para festejar que Genzo llegó soltero a su cumpleaños número veintiocho. ¡Felicidades, hijo mío! ¡Me gustaría tanto que estuvieras ya casado! –expresó Shuzou, de manera teatral.
Genzo, como pudo, soportó la vergüenza y consiguió esbozar una sonrisa. Al menos, Shuzou respetó el deseo de su hijo menor de no invitar a gente extraña y había aceptado convocar a personas cercanas a él, entre las que se encontraban Schneider y Elieth, como ya se había mencionado, por lo que el comentario de Shuzou fue recibido como broma y no como una acotación ácida. Karl y Elieth esperaron a que se acabara el teatro para acercarse al portero y felicitarlo con cariño sincero, preguntándole después por qué había insistido tanto con la regla de dejar los teléfonos portátiles a la entrada de la mansión, a lo que Genzo contestó con una evasiva. La pareja presentía que algo raro estaba ocurriendo ahí, pero no insistieron en el punto y después Elieth cambió el tema.
– Lily me comentó que la invitaste, pero no me confirmó si vendría o no –dijo Elieth–. No se veía muy convencida de hacerlo, aunque no me dijo por qué, supongo que teme que alguien malinterprete el que esté en la fiesta de cumpleaños del hombre que supuestamente es el causante de que ella terminara con Dion.
– Debe ser eso –asintió Genzo, sin comprometerse, sorprendido también de que Lily no le hubiera hablado a Elieth acerca de la idea de hacerse pasar por su novia ante Shuzou–. No puedo culparla, realmente.
– Menos mal que estás consciente de esa situación –alabó Schneider–. Ella es una buena chica, pero me parece que se presiona demasiado.
Si ni siquiera Elieth sabía si Lily aparecería en algún momento, significaba entonces que probablemente no lo haría. Wakabayashi se resignó a la situación, probablemente Lily se arrepintió a última hora o quizás nunca encontró la manera de decirle que no quería ir. En cualquier caso, él ya había aceptado la realidad de su destino cuando Elieth se le acercó una media hora después, con el desconcierto marcado en el rostro, y le avisó que Lily estaba afuera de la mansión, sin decidirse a ingresar.
– ¿Cómo sabes que está aquí? –preguntó Genzo, atónito.
– La he visto por una de las ventanas, incluso le hice señas para que entrara – respondió la francesa–. Pero ha negado varias veces con la cabeza, aunque tampoco se ha ido, así que supongo que está tratando de agarrar valor. Lo cual no me queda claro el por qué, ni que te la fueras a comer.
– Voy a buscarla –resolvió Wakabayashi–. Gracias por avisarme.
– Trátala bien, no vayas a propasarte –le advirtió Elieth.
– No lo haré –prometió él.
El joven llegó a temer que Lily se hubiese marchado ya, pero al salir por la puerta principal la vio sentada en una de las muchas fuentes que había en el jardín que rodeaba la mansión. A su lado había un paquete y ella balanceaba las piernas en el aire, como si fuera una niña que esperara a que alguien la invitara a entrar a la fiesta de cumpleaños de un vecino. Genzo se acercó a ella con paso despreocupado, sin saber qué esperar, pero entonces Lily lo vio y le mostró una sonrisa ligera, lo que a él le produjo alivio.
– Buenas noches, doctora –saludó él, con mucha cortesía–. Me da gusto ver que decidiste venir.
– Buenas noches, señor Wakabayashi –respondió ella, con el mismo nivel de educación bromista–. Todavía estoy considerando la opción de regresar por donde vine.
– ¿Por qué? –preguntó Genzo, al tiempo en que se sentaba en la fuente, a su lado.
– Porque sigo creyendo que esto no es buena idea –suspiró Lily, con la vista fija en el cielo–. ¿De verdad tu padre está esperando que venga?
– Le dije que tenías mucho trabajo y que tal vez por eso no lo harías –explicó Genzo–. Aunque sigue aferrado a la idea de que al final puedas venir.
– Ya veo. –Lily bajó la mirada hacia el paquete que tenía a su lado, lo tomó y se lo entregó al portero–. Te compré un obsequio, aunque te conozco tan poco que no estaba segura de qué traer.
– No era necesario que lo hicieras –aseguró Wakabayashi, sorprendido, aunque recibió el paquete con mucho gusto–. Suficiente haces ya con haber venido, ése es mi regalo.
– No es cortés presentarse a una fiesta de cumpleaños sin un presente real –sonrió la doctora, avergonzada–. Como dije, no es la gran cosa, así que no importa.
Genzo se quedó callado porque estaba analizando sus opciones. No sabía si ella había ido para hablar con su padre o si sólo estaba ahí para entregarle el obsequio e irse, pero en cualquiera de los dos casos, se notaba que Lily no se sentía cómoda estando ahí. Wakabayashi estaba por decirle que no era necesario que fingiera ser su novia cuando ella dejó de balancear las piernas y estabilizó su postura.
– Bien, hagámoslo, qué más da –anunció Lily–. No puede ser tan malo.
– ¿Hablas de ir con mi padre? –preguntó Genzo, asombrado–. ¿De verdad vas a hacerlo?
– Sí, qué más da –repitió ella–. Pero te advierto que si comienza a preguntar tonterías, como cuándo nos casaremos o algo similar, me iré de inmediato.
– Trataré de desviar el tema, si llega a darse el caso –ofreció Wakabayashi, consciente de que iba a ser muy difícil esquivar ese asunto.
– Muy bien –aprobó Lily–. Vamos de una buena vez.
Ella se puso en pie y él pudo ver entonces que llevaba puesto un largo abrigo oscuro, debajo del cual se visualizaba el borde de un vestido de fiesta y Genzo se preguntó de qué color sería, aunque seguramente lo averiguaría en cuanto entraran a la mansión. En un acto de caballerosidad poco habitual en él, Wakabayashi le ofreció el brazo y Lily se colgó de él, tras lo cual él la condujo hasta una entrada accesoria y poco conocida de la residencia, una que llevaba al estudio de su padre. Genzo no creía que Shuzou estuviera ahí, pero con eso evitaría que los asistentes a la reunión los viesen entrar, incluyendo a Schneider y a Elieth. La puerta del estudio no estaba cerrada con llave y la pareja pudo entrar sin problemas; una vez dentro, Lily se quitó el abrigo y dejó al descubierto un vestido de fiesta azul oscuro que se adaptaba muy bien a las curvas de su cuerpo. Ella se dio cuenta de que Genzo la miraba con admiración y fingió que no se percató de ello, aunque su rostro enrojeció ligeramente.
– ¿Sabes? He pensado que lo mejor que podemos hacer es pedirle a mi padre que venga a verte aquí –sugirió Wakabayashi–. Estamos alejados del alboroto de la fiesta y pocas personas te verán hablar con él.
– Me parece una idea acertada –asintió Lily–. Gracias.
– Ponte cómoda, por favor. –Genzo le mostró un sillón antes de retirarse–. Volveré pronto.
Lily obedeció y se dispuso a mirar con detenimiento la habitación, analizando cada detalle y adorno. Se notaba que el dueño de la casa tenía muchísimo dinero, tanto que ya no sabía qué hacer con él, lo que favorecía que el lugar estuviese decorado con excesivo lujo y refinamiento. A pesar de que en sí la combinación era de buen gusto, Lily se sentía incómoda entre tanta opulencia y se dijo que no podría vivir en una familia como ésa.
"Desperdician el dinero a lo tonto", pensó Lily, mientras admiraba una costosa escultura de mármol que estaba ubicada a un lado del sillón en donde estaba sentada. "A menos que el señor Wakabayashi sea un amante apasionado del arte, no veo razón de tener una figura tan cara en un sitio así".
A ella le pareció que el portero acababa de irse cuando la puerta que conectaba el estudio con el resto de la mansión volvió a abrirse y por ella entraron Shuzou y Genzo. Lily se puso en pie de un salto y mantuvo su expresión seria, a pesar de que tenía unas ganas de locas de reírse como histérica.
"Tal vez así creerán que estoy loca y entonces estos dos me dejarán en paz", pensó, lo que incrementó sus deseos de reír.
– Buenas noches, doctora Del Valle, me da gusto que haya podido acudir a la fiesta que he organizado para mi hijo –comenzó Shuzou, con más seriedad de la que esperaba.
– Buenas noches, señor Wakabayashi –contestó ella–. Sólo podré estar aquí una media hora, espero que comprenda que mi trabajo es muy exigente; si me he dado el tiempo de venir ha sido porque Genzo me ha dicho que usted ya sabe sobre, eh, pues, lo nuestro…
– Sí, me lo ha contado ya –asintió Shuzou–. Y quiero mantener una charla con usted sobre eso.
Genzo y Lily intercambiaron una mirada preocupada. ¿Con qué cosas iba a salir Shuzou ahora? Ya era demasiado tarde para retractarse, sin embargo, por lo que los dos pusieron una sonrisa ensayada.
– Escucharé lo que me tenga que decir –aseguró Lily–. Supongo que se relaciona con el hecho de que no fui muy cortés con usted la primera vez que lo vimos, le ofrezco una disculpa por haber sido grosera.
– En realidad fui yo el que actuó desconsideradamente, doctora, así que soy yo el que se disculpa –replicó Shuzou, sorprendiendo a los otros dos–. Usted tuvo razón al decir que hice mal por querer obligarla a subir a mi automóvil para hablar conmigo. Aunque, efectivamente, fue usted muy insolente, quiero suponer que mucha de esa insolencia vino del miedo que le ocasioné, parecía que quería secuestrarla más que querer mantener una charla tranquila.
– Eh, pues, sí, algo así –confesó Lily, asombrada–. No esperaba que alguien creyera que esos métodos son socialmente aceptados, ni en este país ni al otro lado del mundo.
– Evidentemente no. –Shuzou se echó a reír de buena gana–. No le voy a mentir, esperaría que Genzo hubiese escogido a una mujer más manejable que usted, alguien más tranquila y sumisa.
"¿Manejable? ¿Qué soy, un auto o un shampoo?", pensó Lily, indignada, aunque se quedó callada.
– Sin embargo, tras mucho pensarlo, llegué a la conclusión de que mi hijo no habría durado casado más de dos años con una joven así –continuó Shuzou, quien, si se dio cuenta de la indignación que causó en Lily, la ignoró–. A él le gustan los retos ciertamente y además necesita a alguien con su mismo temperamento fuerte para que le ponga un alto de vez en cuando.
– No creo que exista una mujer así, señor Wakabayashi, y si existe, dudo mucho que pueda controlar a alguien como Genzo –objetó Lily, tras lo cual se mordió la lengua por no haber podido quedarse callada.
– Tal vez, pero tú te acercas bastante a esa descripción –contradijo Shuzou–. En cualquier caso, ya he visto con mis propios ojos que él se comporta diferente con alguien que le pone límites; en los últimos meses, he notado que Genzo ha sido menos caprichoso y egocéntrico, ya no se comporta como si todos debieran estar a su servicio.
– ¡Ey, que nunca me he portado así! –protestó el aludido, aunque su padre lo ignoró.
– Sé que esa actitud suya es en gran medida culpa mía, lo reconozco –continuó Shuzou–. Lo malcrié demasiado y le di todo lo que deseaba, ni siquiera fui capaz de obligarlo a elegir una esposa porque no quería presionarlo, así que me sentí muy agradecido cuando supe que había alguien que estaba dispuesta a corregir los errores que cometí con él. Cuando la conocí, doctora Del Valle, pensé que usted sería la mujer menos adecuada para convertirse en la esposa idónea para él, pero ahora sé que Genzo no podría haber escogido a alguien mejor, la prueba de ello es que él ha cambiado para bien desde que está a su lado.
Estas palabras tuvieron un efecto muy extraño en Lily, al parecer de Shuzou: la joven se puso pálida y apretó la boca, como si estuviese conteniendo algún insulto. Así también, el hombre vio el pánico reflejado en los ojos de la mexicana y esto lo desconcertó más que cualquier otra cosa. Durante los siguientes segundos nadie habló, el silencio era tan espeso que costaba respirar en él y Shuzou se preguntó qué había hecho mal para que el ambiente cambiara tan drásticamente en un dos por tres.
– Lo siento mucho –exclamó Lily al fin, angustiada–. Por favor, discúlpeme, pero no puedo seguir con esto.
– ¿Pero qué…? –empezó a decir Shuzou.
– ¡De verdad lo siento! –gritó ella una última vez, antes de abrir la puerta que daba al jardín y salir después a toda prisa.
– ¿Qué está sucediendo, Genzo? –demandó saber Shuzou, pero éste no se detuvo a darle explicaciones.
– Después hablamos –respondió Genzo, tras lo cual tomó su abrigo y se marchó en busca de la doctora.
Ésta avanzaba a tropezones, pues los tacones se le atoraban en el pasto húmedo y frío, aunque ni por eso disminuyó la velocidad de su andar; además, se le había olvidado el abrigo y el frío le cortaba la piel, pero ni así quiso regresar por él, pues sentía que se encontraba al límite de su determinación y si volvía a ver la expresión de Shuzou, esa determinación se le iría al cuerno.
"No debí venir", se lamentó Lily, luchando para no tropezarse. "Arribé con la esperanza de que Shuzou Wakabayashi me gritara que no me quiere como nuera para que me hiciera a la idea de que no puede haber algo entre Genzo y yo y, en vez de eso, me encontré con una cálida bienvenida a la familia Wakabayashi. Esto tiene que ser una broma muy jodida".
– ¡Lily, espera! –gritó Genzo, a pocos metros detrás de ella–. ¡Explícame qué ha pasado allá adentro!
– ¡No voy a explicarte nada, con un carajo! –gritó Lily, a su vez, pero él no la escuchó porque llevaba el viento en contra.
Wakabayashi le dio alcance con un par de zancadas y le puso una mano sobre el hombro izquierdo para obligarla a pararse. Lily sentía las piernas acalambradas por estar luchando contra el terreno, por lo que se detuvo aunque no quería hacerlo.
– Vas a enfermarte otra vez si te expones así al frío –masculló Genzo con cautela, al tiempo en que se quitaba su propio abrigo para ponérselo a ella en los hombros–. ¿Qué es lo que te pasa, Lily? Todavía no sé qué de todo lo que dijo mi padre te ha ofendido tanto.
– Él no me ha ofendido, no ha sido eso –contestó ella, en voz baja; aunque estaba furiosa, tenía tanto frío que no protestó por lo que el otro estaba haciendo–. Al contrario, ha sido tan cortés a su manera que me he sentido mal precisamente a causa de eso.
– ¿Por qué? –Esto confundió aún más al portero.
– Porque nosotros no somos pareja ni lo vamos a ser. –Lily lo encaró–. Tu padre ha dado un discurso bonito de que está agradecido de que yo vaya a formar parte de su familia, ¡y tú y yo ni siquiera somos novios! No me parece correcto que lo engañemos así, ¿por qué simplemente no le dices la verdad? Cuéntale que nosotros no estamos enamorados y que sólo somos amigos.
– No quiero hacerlo –negó Genzo, enérgico–. No quiero decirle ninguna de esas cosas.
– ¿Qué dices? –Lily creyó no haber escuchado bien–. ¿Por qué no?
– No quiero decirle que no estoy enamorado de ti, porque sí lo estoy –confesó Wakabayashi, decidido a no seguir ocultando lo que sentía–. Decirle a mi padre que no es así sería mentir. Lily, llevo mucho tiempo buscando la forma de hacerte entender que me enamoré de ti desde la primera vez que te vi y que de ninguna manera pienso renunciar a ti. Quiero que estés conmigo, no como amiga sino como algo más que eso.
– ¿Pero qué clase de broma es ésta? –comenzó a decir Lily, aunque ya no pudo continuar por lo que ocurrió a continuación.
Sin titubear ni darle tiempo a que huyera, Genzo la tomó por la cintura y la besó en los labios. Durante un segundo Lily no supo qué hacer, la mente se le quedó en blanco y no acertó a moverse, pero después su cuerpo reaccionó antes que su cerebro, cerró los ojos y permitió que Genzo la besara con ardor durante varios segundos que parecieron eternos y, al mismo tiempo, demasiado cortos. Cuando él se separó, hubo un momento en el que todo estuvo en sitio, un momento en que todo parecía ser perfecto y Wakabayashi creyó que obtendría el resultado que esperaba, pero entonces el tiempo volvió a andar y la realidad se dejó caer con todo su peso.
– ¿Qué es lo que sucede contigo? –protestó Lily, indignada, al tiempo en que lo empujaba con fuerza–. ¡Te dejé en claro muchas veces que yo no estaba interesada en ti de esa manera!
– ¡Sé que lo dijiste, pero tampoco es como si pudiera evitar lo que siento por ti! –replicó él, frustrado porque las cosas no le estaban resultando como quería–. ¡Que me hayas dicho que no una vez, no significa que me vas a decir que no toda la vida!
– ¡Pues sí, eso es lo que un "no estoy interesada en ti" significa! –Lily lo miró con mucha rabia; ella se detuvo abruptamente al caer en la cuenta de algo, algo que hizo incrementar su indignación–. ¿Es por esto por lo que te has tardado tanto en desmentir que estamos juntos? ¿Querías que la gente lo creyera?
– No voy a negar que esa idea pasó por mi mente –admitió Genzo, tratando de que su respuesta no sonara tan cínica para que ella no se sulfurara más.
Lily no era del tipo de persona que descargara su rabia y frustración contra otros a través de ataques físicos, pero en esta ocasión sintió que estaba más que justificado hacerlo, por lo que se acercó a Wakabayashi y lo abofeteó en la mejilla izquierda. Éste, que había sufrido una fractura de un hueso de la cara hacía varios años antes, sintió una descarga de dolor que sabía que tenía bien merecida.
– ¡Eres un cabrón! –A pesar de que Lily dijo la última palabra en español, Wakabayashi entendió que se trataba de un insulto–. Sabes que tengo novio, que estaba pensando en casarme con él y que la pausa que le di a mi relación era sólo momentánea, ¿por qué no fuiste capaz de respetar eso? ¡Te pedí muchas veces que aclararas este malentendido y tú sólo estuviste jugando conmigo, riéndote a mis espaldas!
– Reconozco que eso no estuvo bien –aceptó el portero, mientras contenía las ganas de sobarse la mejilla golpeada–. Además, no estaba riéndome de ti, simplemente usé las cosas a mi favor. Sin embargo, admito que debí de haber evitado ese escándalo y no aprovecharme de él.
– ¡Hiciste mucho más que aprovecharte de eso! –continuó la doctora–. ¿Por qué crees que puedes hacerme cambiar de parecer si te esfuerzas lo suficiente?
– ¡Porque es así como consigo lo que quiero, a base de no darme por vencido! –gritó Wakabayashi; él no quería exaltarse pero se sentía muy dolido por el rechazo–. ¡Yo quiero estar contigo y Chastain no va a impedírmelo!
– ¿Y qué hay de lo que yo quiero? –arguyó Lily–. ¿Alguna vez te detuviste a pensar en si tu plan o lo que sea que haya sido esto podía afectarme de alguna manera? ¿En si de verdad yo quería estar contigo? Mi vida ya estaba arreglada desde antes de conocerte y de repente llegas con la creencia de que tienes el derecho de cambiarla a tu beneficio sin preguntarme si estoy de acuerdo o no. ¿Crees que eso es justo para mí? ¿Cómo puedes decir que estás enamorado de mí si ni siquiera te importa lo que siento?
Genzo se quedó callado porque no supo qué argumentar. El peso de esa realidad, que él se había negado a ver, lo golpeó con fuerza demoledora. Una cosa era esforzarse para obtener algo en el fútbol, en su vida cotidiana en donde no salían afectadas otras personas, pero en el caso del amor no era tan sencillo y acababa de darse cuenta de ello. Lily, a su vez, al ver que él daba un paso hacia atrás, se dejó ir con toda la rabia que llevaba acumulada durante semanas, prácticamente desde que el artículo de Blind le vino a afectar la existencia.
– Eres muy egoísta, Genzo Wakabayashi –exclamó ella–. Con tal de obtener lo que deseas, no te detienes a considerar que lastimas a otras personas. ¿Cómo puedes asegurar que sientes algo por mí, cuando no te importa arruinar lo que tanto trabajo me costó construir? Antes de conocerte el personal del hospital me respetaba, me gané ese respeto a base de trabajo, pero ahora hay camilleros, enfermeras y otros médicos que creen que soy una arrastrada a la que le gusta jugar con los hombres, piensan que estoy contigo y con Dion porque no sé cuál de los dos me conviene más. ¡Y la prensa no es mucho mejor! Me acusan a mí de causar el alboroto, jamás te han puesto a ti como el acosador que has sido y jamás lo harán por el hecho de que eres hombre y futbolista profesional, a ustedes nunca los atacará la prensa si pueden evitarlo. ¿Tienes una idea del daño que me has hecho? Me costó mucho labrarme una reputación, no sólo por ser mujer sino también por ser extranjera, cosa que esperaría que tú entendieras bien por haber pasado por lo mismo, fue mucho trabajo el que tuve que hacer para que se me reconociera como profesionista responsable y tú lo echaste a perder con tu capricho de querer poseerme como si fuera un objeto. ¿Y así te atreves a decirme que estás enamorado de mí? ¿De verdad crees que voy a aceptar tus sentimientos, cuando no te importó hacerme daño?
Desde el interior de la casa provenía el sonido típico de una reunión, de personas riendo y charlando, de la música que amenizaba el ambiente, pero ambos se sentían tan ajenos a ella como podían estarlo dos personas que estuvieran viviendo en Afganistán. Genzo, por primera vez en su vida, no tenía palabras para contrarrestar las acusaciones arrolladoras que la doctora acababa de hacerle. Aunque Lily en más de una ocasión le había comentado a Wakabayashi que había sufrido desdén y rechazo por parte de sus compañeros de trabajo, él simplemente no consideró que esto fuese importante. No podía negar, aunque quisiera, que ella tenía razón: él no se detuvo a meditar en las repercusiones que Lily podría sufrir por causa de este lío.
– Lo siento, he cometido un error grande –soltó el portero, después de un silencio prolongado.
– Muy, muy grande –exhaló Lily, agotada.
– Ojalá me creas cuando te digo que nunca fue mi intención lastimarte –aseguró Genzo, muy serio.
– Es probable que no –reconoció Lily, cabizbaja–. Al menos no lo hiciste de manera consciente, pero es peor cuando lastimas a alguien porque simplemente no te importa lo que esa persona siente.
Ambos se miraron a los ojos, cada uno dolido por una cuestión diferente. Cualquier cosa que pudo haber habido entre ellos se había roto y parecía imposible que fuese capaz de repararse.
– Mañana mismo aclararé este malentendido –aseguró Wakabayashi–. Tomaré toda la responsabilidad.
– Haz lo que quieras –resopló Lily, tras lo cual le dio la espalda–. Ya me da lo mismo.
La joven se quitó el abrigo con rabia y se lo arrojó a Genzo, antes de empezar a caminar a paso veloz hacia la salida; Wakabayashi no hizo el intento de seguirla, pues sabía que hacerlo sería totalmente inútil. En vez de eso, él la miró marcharse, mientras sentía en el paladar el regusto amargo de su primera gran derrota.
