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Dic 10, 2011 : Formato arreglado

Texto – Pensamientos / Sueños

Texto - Recuerdos

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Mi vida se ha vuelto estresante, así que casi no tenía ganas de escribir. Los exámenes me han tenido loca y han pasado demasiadas cosas como para contarlas. Pero decidí dejar de ser floja y ponerme a tipear de una buena vez, así que acá está el nuevo capítulo. Si es que aún están ahí?

Lo sientooooooooo! m(_ _ )m vuelvaaaaan! T.T

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Capítulo 4

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Horas más tarde, Misao se encontró a sí misma parada frente a un edificio que era la pesadilla de cualquier claustrofóbico. Policías iban de aquí para allá, algunos deteniéndose lo suficiente como para dirigir una mirada curiosa en dirección a la joven antes de seguir su camino. Misao estaba exhausta por culpa de todo lo que había tenido que correr (toda una maratón por el Aoiya, incluyendo una espectacular carrera de obstáculos para salir del restaurante sin que la viera Okina). La chica estaba cansada, estaba molesta, estaba cocinándose dentro del kimono y definitivamente NO estaba de humor para aguantar al engreído lobo de Mibu.

Misao había buscado por cuanto lugar se le ocurrió, incluyendo un par de madrigueras de ratones y el tejado, pero ni rastros de Okon. Y así, después de casi una hora de echar chispas de lo molesta, y en proceso de buscar detrás de un reloj, la Okashira por fin había caído en la cuenta de que se le estaba haciendo tarde. Y ella sabía bien que Saitou era capaz de regresarla por donde vino si es que llegaba aunque sea un minuto tarde. Ni hablar de eso, Misao quería terminar con todo este asunto lo más pronto posible, así que (de mal humor, dando de tirones a la ropa y maldiciendo a Okon en el proceso) se había puesto el kimono. Era eso o el vestido, así que el menor de los males ganó por el momento.

Misao comenzó a caminar hacia la entrada principal, con los ridículamente pequeños pasitos que ahora sabía eran necesarios para no irse de cara al suelo. Inconscientemente, la pregunta de cómo le hacía Kaoru para perseguir a Yahiko e incluso pelear mientras embutida dentro de un kimono apareció en su mente. Algo más para pensar luego, entonces.

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Saitou, cómodamente sentado en su silla, encendió un cigarrillo. El reloj marcaba incesantemente los segundos y mostraba sólo 3 minutos antes de las 5. El lobo se levantó de su asiento y se dirigió hacia la puerta de su oficina, al tiempo que sacaba una llave de su bolsillo, la cual colocó en el correspondiente agujero de la cerradura. Un ligero sonido de pasos podía ser escuchado acercándose rápidamente por el corredor. Saitou sonrió socarronamente y devolvió la llave a su bolsillo.

"Soy un hombre ocupado" Dijo el lobo mientras regresaba a su silla, sin siquiera molestarse en mirar a la persona a la que se dirigía. "No tengo tiempo para perder esperando a comadrejas"

Misao apretó los puños. Tomando una bocanada de aire para apaciguarse, dio un paso dentro de la habitación y calmadamente cerró la puerta de un portazo que retumbó por todo el edificio y provocó el grito de '¡Terremoto!' en algún lugar del segundo piso.

"¿Qué demonios quieres Saitou? Más vale que tengas una buena razón para hacerme venir hasta aquí. Soy una mujer ocupada, para que te enteres" dicho esto, Misao procedió a caer con la mínima cantidad de gracia posible en una silla.

Saitou levantó una ceja, sorprendido de verla fuera de su usual atavío. "Eso dicen" respondió con un tono de falso interés que prácticamente bordeaba en el insulto. "¿Y ese trapo? ¿Nueva técnica para atrapar a Shinomori, o simplemente te cansaste de lucir como niño?" Dijo Saitou añadiendo un insulto real al tono insultante. Como era de esperarse, ni siquiera pestañeó cuando un kunai se clavó en la madera de su silla, a milímetros de su oreja izquierda. Su única respuesta una sonrisa más insultante aún que sus palabras.

"Que forma tan interesante de hacer negocios, comadreja" una nubecita de humo salió de sus labios proveniente del cigarrillo en su mano izquierda, al tiempo que utilizaba la derecha para desencajar el cuchillo. Dándole vueltas, levantó sus ojos dorados hacia Misao. "¿Es esa manera de tratar a un potencial socio de negocios?"

Al escuchar las palabras de Saitou, Misao se sentó de nuevo en su silla (de donde había saltado porque de pie se apunta mejor), tragándose las ganas de lanzar otro cuchillo. Necesitaba la cooperación de la policía, lo cual significaba que, desgraciadamente no podía transformar la cabeza de Saitou en alfiletero. Aún. "Ajá, como sea. ¿qué es lo que Kouga no pudo responder? Te mandé todos los detalles"

"No hago negocios con subordinados. Estás proponiendo una alianza secreta, supongo que sabes el significado de la palabra secreto" Saitou dijo, sacando de un cajón un paquete de papeles que Misao inmediatamente reconoció como aquellos que Kouga le había llevado al lobo, y los mismo con los que Okina la había 'ayudado' unos días antes.

"¡Claro que sé el significado de la palabra! ¿O por qué crees que te mandé un paquete lacrado? ¡Ni siquiera Kouga sabía el contenido, sólo las generalidades! ¿Yo que culpa tengo de que seas tan vanidoso que no confíes ni en tu sombra?"

Saitou mantuvo su cara aburrida, mirando ocasionalmente hacia su reloj de bolsillo. La comadreja se estaba volviendo predecible. Un poco de originalidad vendría bien.

"Tú tampoco deberías, y quizás ya es hora de que aprendas, comadreja pulgosa. Cualquiera podría haber leído la información en ese paquete y haberlo lacrado nuevamente. Cierra la bocota, que sabes bien que es verdad. Y ya deja de mirarme así, tu mirada de odio es patética" Otros dos kunai, de los cuales uno cortó limpiamente la colilla del cigarrillo en su mano antes de clavarse en algún punto de la pared. Saitou levantó una ceja. Vaya, vaya, por lo menos algo útil había estado haciendo con su tiempo la comadreja.

"Te das cuenta de lo que estas proponiendo, ¿verdad?" Su tono cambió por completo, sin rastros de burla. Misao pestañeó varias veces, sorprendida por el cambio.

"Claro que sí. Los Oniwabanshuu podrían ser una gran ayuda para la policía. Todas nuestras conexiones están allí esperando usadas, y definitivamente no estoy dispuesta a dejar que sea el mejor postor quien lo haga. Aún si eso significa trabajar contigo"

Saitou asintió con la cabeza, divertido por el intento de mirada sarcástica de la chica. Distraídamente comenzó a pasar las páginas del grueso reporte. "Y pensar que tiene sentido" Allí iba de nuevo el tonito burlón.

"Y se puede saber QUÉ significa eso?"

"Significa que parece que finalmente pusiste a trabajar tu cerebro. Y compórtate como si fuese verdad, antes de que cambie de opinión" dijo el policía casualmente, sacando otro cigarrillo de su bolsillo. Oh, podía escuchar muy bien las amenazas murmuradas y toda la sarta de palabrotas dirigidas hacia él, asumiendo que a la chica con más pelo que cerebro le importase si es que la escuchara o no. Posiblemente no, pero ese no era su asunto. Hacía ya mucho tiempo que tenía a alguien para divertirlo de esta manera.

Calmadamente, el policía encendió un fósforo y con él su cigarrillo. Y luego, tiró el paquete en el tacho de basura. Seguido por el fósforo aún encendido.

La mandíbula de Misao se desencajó de su rostro. "Q...QUE DEMONIOS CREES QUE ESTÁS HACIENDO!" ¿Ese chillido salió de su garganta? Ajap, a juzgar por la mueca de dolor de Saitou, parece que sí. ¡Pues ojalá y se le hubiesen reventado los tímpanos al bastardo! ¡Misao había trabajado duro en esa cosa! ¡Era una de sus mejores ideas hasta el momento! ¡Y estaba entre las llamas como cualquier basura! ¡Estaba más que molesta!

Saitou pestañeó sorprendido cuando vio que la pequeña chiquilla comadreja estaba mirándolo con rabia. Y no su usual miserable imitación de mirada de enojo, sino una expresión que podría incluso compararse con la legendaria mirada 'Vas-a-morir' de Battousai. Vaya, vaya, así que de pronto la miniatura mostraba los dientes, ¿uh? Quizás todo ese tiempo junto a Shinomori le había servido para algo, después de todo.

"Ya lo había leído. La idea es buena, por más imposible que parezca. Quizás hasta valga la pena" dijo el ex-Shinsen. Cuando no obtuvo ninguna respuesta de la airada señorita, decidió elaborar. "CONFIDENCIALIDAD comadreja. Quiere decir que no dejas tus secretos tirados para que cualquiera los encuentre. Y ya para con la cara larga, que tenemos una alianza que establecer"

El hombre no había vivido tantas guerras y conflictos sin aprender una cosa o dos por el camino. Se había enfrentado a los oponentes más peligrosos y a las peores situaciones. Pero incluso el lobo de Mibu tenía que admitir que no había nada más aterrador que una mujer molesta. Sus años casado con Tokio se habían encargado de hacerle aprender bien la lección.

Misao pestañeó un par de veces aun temblando un poco de la rabia. ¿Qué fue lo que dijo? La joven sacudió la cabeza con fuerza varias veces, intentando comprender las palabras del lobo. De pronto, su ánimo se volvió más ligero. Seguro, aún quería desmembrarlo por haber botado su trabajo, pero por lo menos ahora sabía que todo ese trabajo no había sido en vano. Además, siempre quedaba la venganza, ¿no?

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Un par de horas después, el trato estaba cerrado. Misao tenía que admitir que la actitud de negocios de Saitou lo hacía bastante más fácil de aguantar.

Desgraciadamente, esa actitud estaba relacionada sólo con los negocios. Lo cual significaba que, una vez terminados, el lobito podía regresar tranquilamente a hacerle la vida imposible.

La joven ninja se encontraba camino a su casa. Casi distraídamente, pateó una piedra del camino, y casi pierde la sandalia en el proceso. Misao estaba aliviada de que Saitou no hubiese hecho más comentarios acerca del kimono. El primero había sido suficiente, muchas gracias. Claro que eso no quita el hecho de que el lobo parecía a punto de soltar una carcajada cada vez que miraba el atavío.

Divertido. Misao pateó otra piedra del camino. ¿Por qué demonios todo el mundo encontraba su cambio divertido? Extraño, bueno, ¿pero divertido? Ya les mostraría. ¡Ya no era una niña pequeña! ¡NO estaba jugando a vestirse con la ropa de mamá! ¿Y por qué rayos pensaba el ojos feos ese que todo era por Aoshi? ¡Argh!

Misao pateó aún otra piedra que se atrevió a cruzarse en su camino. Y, esta vez, su geta la acompañó. Directamente hacia el lago.

Maldición.

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Movimientos perfectamente coordinados, uno después del otro, llenos de gracia, ejecutados casi sin esfuerzo. Era una rutina que había practicado hasta perfeccionarla. Sólo el sudor en su frente traicionaba verdaderamente cuánta concentración requería la perfección.

Al final de cuentas, era esto lo que lo hacía sentirse en paz consigo mismo. No la pelea, sino el ARTE. Del cual se había alejado luego del asunto con ShiShio, en un intento de redimirse en el templo, negándose siquiera a entrenar. Pero no importaba cuántas horas se pasara en el templo, o cuanto meditase, siempre seguía sintiéndose igual. Así que meditaba aún más. Luego, se dio cuenta de que ESE era el problema. Había estado viviendo en el pasado, constantemente reviviendo los recuerdos que tan desesperadamente quería olvidar.

Lo había superado. Lo cual, según había descubierto, no era lo mismo que haberlo olvidado. Y, esta nueva rutina le gustaba más que un calambre en la pierna o dejar de sentir su trasero luego de más de 4 horas sentado en el templo. Misao tenía razón, a veces se le daba por exagerar las cosas.

Aoshi se detuvo en mitad de una patada. Misao había ido constantemente al templo a servirle té, tratando de comenzar una conversación con él. Al principio, la ninja había sido una molestia, quitándole tiempo que podía haber sido utilizado en más meditación. Vamos, ahora que lo pensaba... eso sonaba algo más que masoquista, ¿no? Ahora Aoshi se daba cuenta de que esos momentos con Misao habían sido los únicos momentos en los que se había sentido en paz en ese tiempo. De alguna manera, Misao no se había rendido aun cuando casi ni le dirigía la palabra y había... bueno, la verdad Aoshi no tenía idea cómo le había hecho, pero él había aprendido a escucharla, sin importar lo que tuviera que decir. Y Aoshi había descubierto que Misao tenía más entendimiento de lo que pasaba a su alrededor del que todo el mundo creía. Sí, había sido toda una sorpresa.

Aoshi se sentó en el suelo. Ya llevaba un par de horas entrenando, así que decidió echarse en el piso, su respiración aún bastante acelerada por el ejercicio. Y hablando de Misao, Aoshi se preguntaba cómo habría ido su reunión con Saitou. Okina le había dicho a dónde había desaparecido la joven justo antes de comenzar a entrenar. Conociendo a Saitou y, más importante aún, conociendo a Misao, Aoshi tenía la ligera impresión de que la reunión había sido todo menos pacífica.

"¿Aoshi-sama?" El aludido volteó el rostro hacia la dueña de la voz. Misao, vestida para entrenar y cargando un maniquí de entrenamiento apareció ante sus ojos.

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Misao había regresado al Aoiya de in increíble mal humor. Había tenido que recuperar la geta (la cual era propiedad de Omasu, quien la asesinaría creativamente si es que algo le pasaba a la sandalia), para lo que había tenido que acercarse al rio... razón por la cual había terminado con las medias mojadas. En pleno otoño. Eso, junto con sus varias mil y una desgracias durante el día, hicieron que Misao se pusiera su ropa de entrenamiento casi sin pensarlo. Por supuesto, Aoshi tirado en el piso no había estado en la ecuación original.

"Misao" dijo el hombre, dando a conocer que la había escuchado. Ya que no tenía ganas de levantarse, Aoshi se quedó cómodamente desparramado en el suelo.

Misao dejó el maniquí junto a la puerta y se sentó a su lado. No era necesario ser un genio para darse cuenta de que estaba bastante molesta, ni adivino para saber la razón. Pero claro que escuchar la historia siempre es interesante.

"¿Qué tal te fue?" Directo al punto. Una actitud bastante... 'Aoshi', por falta de términos que le vayan bien.

"¡NO tienes idea de lo mucho que ODIO a ese hombre!" Yyyyyyyyyyyyyyy... aquí vamos. Aoshi escuchó pacientemente mientras que la joven narraba la historia, agradeciendo seguir echado en el suelo y no sentado a su costado. Misao tenía la manía de mover las manos para enfatizar sus historias, y un ojo negro no estaba entre sus planes, muchas gracias.

Aunque Aoshi tenía que admitir que se sintió bastante admirado una vez que la joven describió su plan, y por qué había ido a la oficina del lobo en primer lugar. Ya antes se lo había descrito en líneas generales, pero al escuchar ahora todos los detalles... bueno, eso explicaba bastante bien por qué Misao se había convertido en poco menos que una zombi un par de semanas antes. Seguramente por quedarse despierta hasta tarde pensando en esa alianza.

Misao detuvo su narración antes de llegar al incidente en el río. Por supuesto que también había editado ciertas partes conteniendo un lobo, comentarios acerca de cierto kimono y el uso de kunai, sólo para hacer la historia apta para todo público. Ya había tenido suficiente vergüenza por un día. Luego de terminado el cuento, Misao procedió a desparramarse en el suelo justo con Aoshi lo había hecho. Su mano derecha terminó en contacto con el brazo izquierdo de él. Misao decidió dejarlo ahí, su piel rozando la de él se sentía bien. Y ya que Aoshi no decía nada... claro que eso pudiera deberse a que realmente a él no le interesaba si lo tocaba o no, pero una tiene que tomar cualquier oportunidad que se presente, ¿no?

Un par de minutos pasaron en silencio, sin que ninguno se moviera. De pronto, Aoshi se sentó, mirando a la joven a la cara.

"Se acabó el descanso" dijo al tiempo que se levantaba.

"¿Ah?" fue la inteligente respuesta de la señorita, que se estaba preguntando que bicho le habría picado al exOkashira.

"Viniste a entrenar, cierto?" Misao contestó que sí con la cabeza, aún bastante confundida.

"Entrenemos entonces" dijo él, ofreciéndole su mano.

La expresión de Misao pasó de confundida a lucir como si hubiera tenido una epifanía, completando el cuadro con una de sus famosas sonrisas de oreja a oreja. A Aoshi le gustaba verla sonreír, tanto ahora como cuando era una niña. La pequeña ninja tomó la mano que le ofrecían y se dejó levantar del suelo.

"No has entrenado conmigo desde que regresaste. ¿Por qué ahora?" Una pregunta perfectamente inocente. Y al mismo tiempo peligrosa. Aoshi no estaba seguro, la idea simplemente había aparecido de pronto y antes de que se diera cuenta, ya había salido de sus labios. Nop, no pasó por su cerebro en ningún momento, es más, Aoshi mismo se enteró casi al mismo tiempo que Misao. Pero tenía algo que ver con escucharla hablar sobre su horrible día, algo que ver con 'hacerla sonreír'... Bueno, funcionó, ¿no? Misao había sonreído, aunque ahora lo estuviese mirando con una mirada confundida, con esos ojos al parecer sin fondo... inmensamente azules...

"¿A...Aoshi-sama?" ¿Se puede saber por qué la estaba mirando así? Misao sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Sus ojos lucían casi... bueno... ¿dulces? Y estaban a punto de hacer que su cerebro hiciese corto circuito si no dejaba de mirarla de esa manera. Misao sacudió mentalmente la cabeza a esos pensamientos. ¿Hola? Te estás olvidando de él, ¿recuerdas? ¡No te dejes derrotar por una mirada! ¡NO importa cuánto quieras!

"Parecías necesitar la distracción" Aoshi pestañeó tan pronto como las palabras dejaron su boca. Eso tampoco había pasado por su cerebro primero... bueno, pero era la verdad, por lo menos. "¿Y bien? ¿Aceptas el reto?"

Una sonrisa desafiante apareció en el rostro de Misao al oír esas palabras "¡Ohhhhhh! NO sabes lo que estás pidiendo"

Una de sus cejas se levantó a la respuesta. "Segura de ti misma, por lo que veo"

"¡Ajap! ¡Aquí voy!"

Otra hora después, Misao se encontró a sí misma nuevamente desparramada en el suelo, como cuando encontró a Aoshi. Quien, dicho sea de paso, estaba tirado a justo a ella, pero sin lucir ni la mitad de cansado.

"Maldita sea. ¡Me duele todo el cuerpo! Sólo a mí se me podía ocurrir entrenar contigo el día después de entrenar 7 horas seguidas. Recuérdame asesinar a Okon y a Omasu más tarde. A Sae también, dicho sea de paso"

"Has mejorado en tus habilidades, aun estando con el cuerpo tan rígido. No veo la razón para quejarte" Misao se esforzó por levantar un brazo, antes de dejarlo caer sobre el hombro de Aoshi, demasiado cansada como para golpearlo como se debe.

"Para tu información, tengo todo el derecho del mundo para quejarme, y tú lo estás haciendo sonar como si estuviese lloriqueando, que NO es el caso"

Aoshi pestañeó. Vaya, al parecer Misao estaba algo más estresada de lo que parecía (lo cual probablemente significaba que uno de estos días iba a reventar). Aunque a decir verdad, el joven no tenía ni idea de qué era lo que había dicho para que ella se molestase (había estado a punto de decir que estaba tiesa como una tabla, eso si hubiera causado problemas). Las mujeres son así de raras. Corrección: Misao era Misao. Y eso era suficiente explicación para él.

Esa tenía que ser la primera vez que le había respondido a Aoshi de esa manera. Al parecer había varios beneficios en este asunto de olvidarse del hombre allí presente. Ahora que Misao ya no tenía que preocuparse por su reacción, simplemente reaccionaba. Y el reaccionar naturalmente se sentía bien. Por supuesto que no había nada de qué preocuparse en primer lugar porque Aoshi nunca reaccionaba a nada, pero igual se sentía bien. Y ayudaba al sentimiento que el exOkashira acabara de hacerle un cumplido (en esa extraña, torcida forma que le era habitual). Quizás finalmente Aoshi se estaba dando cuenta de que tan buena ninja era.

"Debes entrenar más" O quizás no...

"No que había mejorado bastante?" preguntó Misao, con la boca formando una pequeña 'o' en confusión.

"Para alguien que entrena sola, sí. A partir de ahora, entrenarás conmigo" dicho esto, Aoshi se sentó. Nuevamente, estaba diciendo la verdad. Misao SI había mejorado bastante. Y para seguir diciendo la verdad, él había disfrutado el pequeño entrenamiento. Mucho mejor que entrenar con tu sombra, eso de seguro. Además, Aoshi ya había olvidado que tan gratificante podía ser enseñar a otros las artes marciales.

"¡GRACIAS!" Aoshi apenas tuvo tiempo para pestañear antes de que cierta joven de cabello oscuro se abalanzara sobre él (lo que casi lo regresa al piso) y lo abrazara por el cuello (lo que casi lo asfixia). Casi inmediatamente, Misao lo soltó y salió corriendo hacia la puerta, dolor de cuerpo olvidado por completo.

"¡No te arrepentirás!" ya lo único visible de ella era el final de su trenza. La misma Misao de siempre, al parecer.

Aún un poco azul por la falta de oxígeno, Aoshi se sentó derecho de nuevo e intentó regresar su respiración a la normalidad. Ahora, si tan sólo pudiese explicar por qué se había quedado tan embobado frente a Misao en ese momento...

Misao era bonita. Eso Aoshi lo sabía. Y no había para qué negarlo, porque cualquiera con ojos podía darse cuenta. La forma en que su rostro se iluminaba cuando sonreía la hacían verse hermosa... epa! Momentito ahí! ¿Cuándo fue que su mente había decidido reemplazar 'bonita' con 'hermosa'? Estaba hablando de Misao, ¡por el amor de Kami! ¡Ni siquiera debería considerarla de esa manera!. A no ser que su cerebro ya lo hubiera hecho y no se hubiera molestado en informarle... ¡Tiempo! ¡Tiempo! ¡Él NO había pensado nunca y NO pensaría jamás en Misao de forma romántica, jamás! Apreciativa, sí, ¿pero romántica? ¡Ni hablar!

Aoshi meneó su cabeza todo el camino al cuarto de baño. Tenía bastante en qué pensar.

Hay algunas cosas que simplemente uno no hace. Como por ejemplo sentarse solo sin ninguna distracción cuando estás intentando olvidarte de algo. O pensar por horas cuando hay algo en lo que preferirías no pensar. Pero al parecer Aoshi aún no había aprendido su lección.

Mientras más pensaba, más parecía sumergirse en la tina.

Esa noche, fue el turno de Aoshi de descubrir que NO se puede respirar bajo el agua.

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Fin del capítulo 4

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geta: sandalias de madera

Kami: Dios

Kunai: los cuchillos de Misao

Ahora que ya regresé al mundo de los vivos (bueno, algo así), me pondré a traducir el siguiente capítulo para postearlo lo antes posible. Y a ver si de paso se me ocurre como terminar el capítulo 22 en inglés... toy bloqueada T-T

Déjenme una review!, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii? (con voz chillona de niña de 5 años)

Verito-chan