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Dic 10, 2011 : Formato arreglado

Texto – Pensamientos / Sueños

Texto - Recuerdos

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Capítulo 5 a la vista! Disculpen la demora, es que mi vida se puso en mi contra estos últimos mesecitos...

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Capítulo 5

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*CRASH*

*BANG*

Sonidos de alboroto. Tan usuales en la vida de los habitantes del Aoiya como el aire. Para gente normal, esos sonidos eran indicación de alguna gran pelea, situaciones peligrosas o terribles sucesos. Pero estas tres ninjas difícilmente podían ser consideradas gente normal.

"¡VUELVAN ACA!" Gritó una linda chica de largos cabellos oscuros trenzados, con toda la fuerza de la que eran capaces sus pulmones. O por lo menos, era usualmente linda. Por el momento... digamos que ojos desorbitados e intenciones de asesinato no hacen maravillas por el cutis.

"¡Pero Misao-chAAAAAAAN!" Okon fue rudamente interrumpida por la apremiante necesidad de esquivar un vegetal volador. Su querida camarada, mejor conocida como Omasu, se hallaba igualmente ocupada esquivando alimentos.

Una pobre silla se encontraba bloqueando el camino de la enojada Okashira hacia sus victi... quiero decir, compañeras ninjas. O lo estaba, hasta que fue eliminada de la escena en... digamos...ah, forma permanente. Osea, fue tirada por la ventana.

"¡Pero fue por una buena causa! ¡Ahh!"

"¿Y no se te ocurrió PREGUNTAR primero?"

"¡Vamos! ¡Sólo eran un montón de -¡Ouch! ¡Ouch!- trapos viejos!"

"¡ESOS TRAPOS ERAN TODA MI ROPA!"

"¡Pero es la excusa -¡Abajo! ¡Cuidado con el florero!- perfecta para comprar ropa -*CRASH*- nueva!"

"¿Y quién dijo que yo quería ropa nueva?"

"¡Pero si compraste ese vestido!"

"¡Porque TODA mi ropa estaba mojada!"

"Pero seguro que podemos resolverlo como personas razonables, ¿no? Que estás haciendo? No, no, no, no, detente, detenteeeeeeeeee ¡Aieeeeeeeeeeee!"

La verdad, alguien debería haberlas detenido. Pero nadie estaba tan demente como para marchar directo a la línea de fuego. De hecho, toda persona había desaparecido en un radio de 8 metros de la escena del combate. ¿Ninjas valientes? Por supuesto. ¿Ninjas suicidas? Ninguno a la vista, muchas gracias.

Y pensar que había sido una conversación tan inocente. Misao se había clamado lo suficiente como para preguntarle de manera casi civilizada a Okon acerca del paradero de su ropa. El asunto se había ido rápidamente en picada en el momento en que la ninja había respondido alegremente con una palabra usualmente buena y agradable: caridad.

Toda. Su. Ropa. Regalada. A. La. Caridad.

De no ser por el hecho de que ellas eran las que se encontrabas temiendo por sus vidas, Okon y Omasu hubieran encontrado la actual situación bastante divertida.

*CRASH*

Bueno, es normal que en toda familia haya problemas. Pero ni esta era una familia normal, ni sus problemas tenían nada de convencionales.

"¡Misao, cuidado con eso!"

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Las calles de Kioto estabas reventando con el movimiento de sus habitantes. La gente se mezclaba, cada quien absorto en sus quehaceres diarios, al tiempo que algunos saludaban con un ligero movimiento de cabeza al hombre alto que era reconocido como una de las personas de negocios más exitosas de toda la ciudad.

Bueno, era una reputación ganada a pulso. Hechos eran hechos, y él era un hombre de hechos. Y toda su experiencia como líder definitivamente estaba rindiendo frutos. Durante el periodo del Bakumatsu, el Aoiya había sido sólo una fachada para los Oniwabanshuu. Luego, se había convertido en su único refugio al tener que adaptarse a la era Meiji, porque los ninjas también tienen que alimentarse. Después de eso, había evolucionado en una mezcla entre hobby y base de operaciones del grupo. Cuando Aoshi decidió asumir la dirección del Aoiya, también decidió transformar al restaurante en parte activa de los negocios 'clandestinos'. Y vaya que funcionó. Ahora el clan tenía conexiones en todos los altos círculos de sociedad, donde a menudo debían realizar investigaciones, y podían indagar tanto como fuese necesario sin levantar sospechas. Diablos, ¿acaso Aoshi Shinomori no era, modestia al demonio, genial?

"Irasshai!" El alegre rostro de Sae salió al encuentro del genial *cof, cof* hombre, dándole la bienvenida. Era difícil imaginarse a esta mujer como la 'loca-entrometida-que-vive-para-hacerle-la-vida-imposible-a-una' de la que Misao se había estado quejando unos días antes.

Aoshi sólo hizo un movimiento con la cabeza a manera de saludo y dejó que Sae lo condujera a una mesa aislada, donde un hombre ya estaba sentado. Mientras se acercaba, el joven pudo ver el brillo en los ojos de aquel con el que se iba a reunir, mientras que éste miraba a una linda mesera que pasaba por allí cerca. Como se notaba que Akira Miyamoto era amigo de Okina.

Ojos azules iniciaron, casi inconscientemente, el estudio del hombrecito en cuestión. Más bajo que alto, algo encorvado, con posiblemente unos 60 años a cuestas. Su rostro era redondo y jovial, su peinado a la antigua haciendo juego con su ropa tradicional japonesa, la cual desentonaba con la incómoda ropa oriental con la que a Aoshi se le había ocurrido vestirse ese día.

"Miyamoto-san?"

"Ah, Shinomori-san, si es que no me equivoco" Un movimiento de cabeza por toda respuesta. "Nenji me ha contado mucho sobre usted. ¡Oh! ¿Pero donde están mis modales? Tome asiento, tome asiento por favor"

Aoshi pestañeó un par de veces. ¿Nenji? Ese nombre le era familiar, pero de donde... ah, claro. Era el nombre real de Okina, era de suponerse que sólo alguien tan viejo como él lo recordaría. Y eso que alguna vez había sido bien conocido, casi legendario. Keshiwazaki Nenji, uno de los mejores ninjas del Oniwabanshuu. Un nombre algo difícil de asociar con cierto anciano pervertido con moñito rosado en la barba.

Mientras el anciano le daba rienda suelta a su lengua, Aoshi se acomodó en su asiento. En mi juventud blah, blah; recuerdo que blah, blah; mi nieto blah, blah. Momento de ponerse cómodo, agarra un par de almohadones extra, ¿quieres? Esto puede que tenga para rato. Oh, y quizás ya era tiempo de comenzar a practicar cómo dormir con los ojos abiertos. Aoshi había querido intentarlo desde hacía ya un tiempo.

"...es por eso que quería proponerle un trato" ¿eh? De acuerdo, de acuerdo, entonces la práctica tendrá que esperar. ¿Trato? ¿De que estaba hablando Miyamoto? Aoshi estaba confundido. Okina no había mencionado nada por el estilo.

"Quería tratar este asunto directamente con usted, , es por eso que le dije a Nenji que no le informara del verdadero motivo de esta reunión. Como sabe bien, soy un mercader, pero también soy un hombre viejo. Me hubiese gustado que mi nieto heredara mi negocio, pero él es un hombre pacífico, y ser mercader es una ocupación peligrosa. Ya sé que suena tonto, pero no puedo decirle cuántas veces he estado a punto de ser asesinado sólo porque algún político corrupto deseaba monopolizar el mercado. No quiero que mi nieto viva temiendo por su vida. Es por eso que decidí hablar con usted, puesto que Nenji me dijo que era usted quien estaba a cargo del Aoiya"

Aoshi asintió con la cabeza, alentando silenciosamente al viejo a proseguir. Ya se estaba formando una idea de la dirección que esta conversación estaba tomando. Así que escuchó, y descubrió que no se equivocaba. Y también descubrió que la idea le agradaba bastante.

La proposición de Miyamoto era bastante simple. Y curiosamente conveniente. Bonita combinación, si le preguntaban. Miyamoto deseaba convertirse en administrador de restaurantes. Y proponía abrir sucursales del Aoiya por todo Japón. Era algo que Aoshi había querido hacer desde tiempo antes, pero no se había atrevido por creer la idea muy arriesgada. Sin embargo, con el dinero de Miyamoto y su colaboración, sería sin duda un éxito. Miyamoto tendría la paz que buscaba y él... momento, momento!

"¿Miyamoto-san, está consciente de las implicaciones de este trato?" preguntó Aoshi, sintiéndose invadido por la duda. Como amigo del otro fósil, era casi un hecho que supiese acerca de los Oniwabanshuu, pero... ¿y si no? Esas sucursales también serían inevitablemente bases para el grupo ninja, y eso no era exactamente algo que se pudiese mantener en secreto... mucho menos al socio de negocios de cuyo dinero dependía todo.

Y también estaba el pequeño detalle de Misao. Aoshi casi se había olvidado de su posición de consejero y colaborador del Okashira. Okashira siendo Misao, claro. No le quedaban dudas de que la chica aceptaría tan ventajosa proposición, pero aun así era necesario consultarle primero. Y de paso evitar terminar convertido en colador por una comadreja furiosa. Suya era la última palabra, después de todo.

Miyamoto le dirigió una mirada confundida, por lo cual Aoshi decidió explayarse algo en el tema.

"Puede no ser tan... seguro como lo espera. Ladrones, asaltantes..." Aoshi escogió cuidadosamente sus palabras. Tampoco era necesario decirle todo al viejo. Sólo en caso de que no supiese nada. Y si es que sabía, entonces le sería fácil deducir el verdadero significado de lo que el ninja quería decir.

Los ojos de Miyamoto se dilataron en comprensión y luego se echó a reír. Con una ceja levantada como única expresión, Aoshi decidió esperar a que el anciano terminara su momento feliz. Cuando éste continuó por más de un minuto, el joven se vio tentado de cortarle la risa de un golpe al viejo. Estaba casi a punto de llevar a cabo su plan cuando un papel cuidadosamente doblado llegó a interrumpirlo. Ojos azules viajaron del papel al aún risueño viejo y de regreso. Dioses, las cosas eran mucho más fáciles cuando aún era legal cortar a la gente en trocitos...

Luego de haber desdoblado el papel mecánicamente, no podemos decir que Aoshi haya estado en verdad sorprendido al encontrar un antiguo sello imperial casi riéndose de él desde su lugar en medio de la hoja. Y bueno, ¿cómo rayos se supone que él iba a saber que Miyamoto era un ex–miembro de los Oniwabanshuu?

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Luego de bastantes ruegos, súplicas, gritos y uno que otro *cof, cof* plato roto, Misao finalmente se había calmado. ¿Ya para qué? No había nada que la chica pudiese hacer, si es que no contamos ir de casa en casa buscando sus ropas. Además, había que admitir que las otras onimitsus habían hecho un magnífico trabajo. Acaso a ella no le gustaban las bromas también?

Suspiro. Así que aquí estaba Misao. Comprensiva, calmada y despojada de ropa. También en proceso de balancear su adolorido cuerpo sobre esos aparatos del infierno llamados geta. Ajustando la bandeja que cargaba para que el té no se le derramase encima de nuevo, la joven emprendió su camino hacia su oficina. Caminar le era doloroso, doloroso era respirar y, maldita sea, pestañear no lo era menos. Digamos que este no era un buen día para Misao Makimachi, y mis condolencias para la infortunada persona que se cruzara en su camino.

"¡Makimachi-san!" Una voz masculina se oyó. Una ALEGRE voz masculina. Misao dio bruscamente la vuelta, dispuesta a desquitar sus frustraciones del día con la persona que se atrevía a estar feliz en tan terrible día para ella.

"¡Qu...!"

Una geta cayó al suelo, mientras que su gemela se mantenía en aire, aproximándose también al piso. La bandeja salió volando junto con las delicadas tacitas de porcelana y la tetera llena de té caliente.

Una imagen borrosa apareció en lugar de la persona culpable de semejante reacción, y el desconocido recogió tazas, tetera y bandeja sin derramar ni una gota de té. Sonriendo, buscó con la mirada a la joven Okashira, y su sonrisa se amplió casi imperceptiblemente cuando la encontró de cabeza abrazada a de una de las vigas del techo como si su vida dependiera de ello.

La segunda geta cayó con sordo *PLINK* al suelo.

Misao no estaba del todo consciente de su posición. De lo que SI se daba cuenta, sin embargo, era de que Seta Soujiro, el más fuerte Jupongatana de Shishio se encontraba tranquilamente pardo en medio del corredor.

"Ara... gomen Makimachi-san. Me dijeron que podría encontrarla aquí. No fue mi intención sorprenderla" Las palabras sonaban bastante sinceras, de no ser por la enorme sonrisa que aún llevaba pegada al rostro y que parecía extenderse cada vez más. ¿Que acaso no le dolía la cara?

"¿...ue...tu...?" fue lo único que atinó a pronunciar Misao. Sabía que sonaba como una idiota, pero las palabras simplemente se negaban a salir.

"¿Que estoy haciendo aquí?" movimiento de cabeza frenético por parte de la joven.

Sin que el hecho de que su interlocutora estuviese colgada como mono del techo pareciera importarle mucho, el siempre sonriente joven empezó su explicación.

Saitou había reclutado a Soujiro de la misma manera en que antes lo había hecho con Cho. El lobo se encargaría de sus problemas con la policía y, a cambio, el Tenken lo ayudaría. A decir verdad, Saitou tenía una visión bastante simple de las cosas. Quien mejor que un antiguo miembro de una organización secreta con ganas de conquistar al Japón para ayudar a deshacerse de otras?

¿Y QUE tenía eso que ver con ella, preguntan? Bien... curiosamente, el personaje sonriente debajo suyo acababa de ser asignado como nexo entre la base Oniwabanshuu y la policía. Razones de seguridad y todo eso. Misao fue visiblemente calmada por esta historia. Saitou era un bastardo de los peores, pero incluso él no le confiaría semejante misión al primero que pasara.

"Osea que si Saitou necesita ayuda, tu vienes. ¿Y dónde te encontremos nosotros si queremos contactar a Saitou?" preguntó Misao, ligeramente mareada. La joven movió la cabeza de un lado a otro en un intento de librarse del sonidito en sus oídos. Mucho tiempo de cabeza puede tener ese efecto en las personas. Ahora, ¿cómo exactamente iba a hacerle para bajarse de su 'percha' sin desnucarse, teniendo en cuenta que estaba embutida en un kimono?

Tan concentrada estaba en su pequeño problema que casi y no escucha las siguientes palabras de Soujiro.

"¿Encontrarme? Bueno, ¡en la habitación que me asigne, por supuesto!" fue la feliz respuesta del Tenken. Completa con carita feliz y sonrisa de oreja a oreja.

*¡PUM!*

Bueno, por lo menos ese era un problema menos.

Soujiro hizo una mueca de dolor, apenas manteniendo un ojo abierto. Eso debió haber dolido.

Moviendo los ojos hacia arriba, casi como si quisiera mirar su propio cerebro por dentro, Misao consiguió fijarlos en la figura parada casi sobre ella. Sin decir palabra, la joven movió un brazo con dificultad y pescó una geta de abajo suyo. Ouch.

"Makimachi-san, daijobu ka?"

Misao le dirigió una de sus famosas miradas asesinas por toda respuesta. ¿Bien?¿ BIEN? ¿Qué tipo de pregunta estúpida es esa? ¡Acabo de caerme del condenado techo! ¡Por supuesto que no estoy bien, pedazo de animal! Misao estaba a punto de compartir sus alegres pensamientos con el preocupado joven cuando de pronto recordó que el Tenken había venido a hablar con la Okashira (osea: ella) y en su lugar había encontrado... bueno, definitivamente no cualquier cosa que se hubiese imaginado, eso es seguro.

¿Se puede saber por qué este tipo de cosas siempre le pasaban a ella? Linda primera impresión como Okashira que acababa de hacer. Forzándose a ignorar el dolor que la asaltaba por todas partes, Misao se levantó, determinada a poner las cosas en orden. Antes de que algo peor sucediese.

"Estoy bien. Vamos a mi oficina para que me digas exactamente que es esa payasada de que te tengo que asignar un cuarto" dijo la joven, mientras tomaba la bandeja.

Soujiro pestañeó ante el cambio de actitud. Su sonrisa regresó casi inmediatamente sin embargo, y se dispuso a seguir a Misao.

"¡Detrás de usted!" dijo el chico en una voz cantarina que casi hace que Misao le arroje la bandeja, con todo y tetera hirviendo, en la cabeza.

Esto va a ser divertido, fue su último pensamiento antes de comenzar a caminar detrás de ella.

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"¡Listo! ¡Por fin terminamos!" suspiró Omasu secándose el sudor de la frente. Okon asintió con la cabeza, mientras terminaba de barrer los últimos vestigios de lo que alguna vez fuera una olla. Les había tomado casi una hora el regresar la cocina a su condición original. Algunos objetos de menos, es cierto, pero eso no era nada fuera de lo común. De hecho, era casi una ocurrencia semanal.

"¿Okon?" continuó Omasu, cejas fruncidas en pensamiento.

"¿Ajá?"

"¿Crees que hicimos mal? Quiero decir, con Misao-chan"

Okon apoyó la escoba contra la pared, y frunció las cejas en una imitación casi exacta de la expresión de Omasu.

"Realmente no sé" *Suspiro*

Ambas mujeres permanecieron de pie por varios minutos, pensando en los eventos del día.

"Aunque creo que entiendo por qué se enojó" Admitió Okon.

"Su reacción fue bastante más calmada de lo usual, ¿no crees? Sólo dos horas de gritos y una cantidad limitada de destrucción sólo en la cocina. Creo que está perdiendo su toque"

"Bueno, es que ha estado bajo mucha presión últimamente. El estrés hace cosas extrañas. Quizás sólo estaba cansada"

"Estrés, ¿uh? Quizás tengas razón..." Omasu acarició ligeramente su barbilla con un dedo, pensando en las palabras de Okon. "Quizás deberíamos hacer algo para ayudarla"

Okon miró a Omasu. Omasu le regresó la mirada. Sonrisas idénticas comenzaron a formarse en sus rostros.

Los eventos recientes y, más importantes aún, las recientes amenazas, fueron olvidadas en tiempo récord. Las dos damas bien intencionadas pero increíblemente propensas a meterse en líos continuaron con sus labores del día, intercambiando palabras a una velocidad digna de admiración.

Bueno, dicen por ahí que dos cerebros funcionan mejor que uno, ¿verdad?

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Misao estaba apretando los brazos de la silla tan fuerte que la madera ya estaba comenzando a moldearse a sus dedos. Obviamente dicha forma de desahogo no le estaba ayudando mucho que digamos con su frustración, porque le entraron unas ganas locas de estrellar su cabeza contra la mesa que tenía enfrente. Una y otra vez. Gritando hasta que sus pulmones reventaran.

Estaban en la oficina de la Okashira. A alguien se le había ocurrido re-modelarla a la manera occidental, a pesar de la construcción tradicional japonesa del Aoiya, con una gran mesa de cedro destinada al Okashira situada justo frente a la puerta. Detrás de dicha mesa, y casi a punto de desaparecer en medio de un enorme sillón acolchado, la joven jefa de los ninjas estaba sentada mordiéndose los labios y contando hasta 10.

"Déjame ver si te entendí" dijo la chica respirando hondo. "A ti te asignaron para ser nuestro enlace con la policía" Soujiro asintió con la cabeza. "¿Y pretendes quedarte a vivir aquí?" Soujiro asintió de nuevo, sonrisa firmemente en su lugar.

"Y la razón es..."

"Bueno, Saitou-san pensó que sería mucho más fácil el hacer mi trabajo si es que vivía aquí. También dijo que debería aprovechar mi estancia para aprender la forma de vida de los Oniwabanshuu. Después de todo, ¡vamos a ser compañeros de trabajo!"

Nota mental: asesinar al niño sonriente apenas se presente la oportunidad. Recibir en su casa a un vagabundo que casualmente resultaba ser un ex-asesino... Al parecer los hábitos de Kaoru eran contagiosos.

La Okashira de los Oniwabanshuu se puso a calcular mentalmente los pro y contras de la situación. Tenía la cabeza ladeada y un dedo bajo la barbilla, el cual golpeaba rítmicamente sin cesar. Mientras tanto, Soujiro se apoderó de la tetera, sin preocuparse para nada del hecho de estar siendo ignorado.

"No estoy segura acerca de que vayas a aprender nada, pero ya que eres un vagabundo, no te voy a negar un lugar donde vivir" Misao dijo en voz derrotada. ¿Alguien explíqueme por qué tenía la impresión de que se iba a arrepentir de su decisión?

Soujiro movió la cabeza en señal de conformidad, aun sonriendo. "Arigatou, Makimachi-san"

"Hey, de nada. Además, puedes ayudar en el restaurante mientras estés aquí" respondió Misao, sonriendo feliz cuando el Tenken estuvo de acuerdo. Pobre hombre no sabía en lo que se estaba metiendo.

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Fin del capítulo 5

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Gracias a todos aquellos que dejaron comentarios para los capítulos anteriores. Los quierooooooooo! T-T (llanto desconsolado)

Verito-chan