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Dic 10, 2011 : Formato arreglado

Marzo 2018 - Reviviendo

Texto – Pensamientos / Sueños

Texto – Recuerdos

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2018 - Han pasado años y muchas cosas han cambiado. Mi forma de ver la vida sobretodo. Necesito saber que aún están ahí. Quiero continuar con esto hasta el final. Me estoy divorciando y no quisiera olvidar esa hermosa forma de ver el amor que alguna vez tuve. No, no es una pena, todo está bien. Pero si para mí no funcionó, para A/M si funcionará, he dicho! Por favor dejen sus comentarios.

Este capítulo tiene casi 28 páginas en MSWord. Eso es casi el triple de mis capítulos usuales. ¡Disfruten!

Sólo una pista sobre Ryo. Me encanta el chocolate, pero cuando estoy deprimida lo amo aún más.

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Capítulo 23

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Aoshi se sentó en el dojo. Sin decir palabra, sacó un quemador de incienso y lo miró fijamente. Decidiendo que no iba a funcionar para lo que tenía en mente, lo puso a un lado y miró fijamente hacia el horizonte.

Unos momentos después, el hombre sacudió violentamente la cabeza, como intentando sacar de ella a la fuerza un pensamiento persistente.

Era un idiota. Un burro. Un total imbécil. Un...bueno, ya se hacen a la idea.

El ex Okashira había intentado entrenar, pero fallado miserablemente. Intentó meditar, pero su mente lo traicionó de la manera más vil y despiadada.

Se puso de pie y camino por todo el dojo diez, veinte, treinta veces. Empezó a hacer un kata pero se tropezó en uno de los movimientos más básicos. Intentó usar sus kodachi de madera, pero sus manos no parecían resistir el peso.

Con un movimiento súbito, Aoshi pareció decidirse, se sentó de golpe en el suelo y cerró los ojos tan fuerte que tuvo que dolerle.

Inhala, exhala...

Si la meditación simple no funcionaba, entonces era momento para medidas extremas.

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"La situación se ha vuelto muy inquietante. También han atacado Kyushuu y Narita, además de la ciudad que lleva mi apellido, Kobe. Me he visto forzado a crear un plan de batalla. Antes, había pensado que si los Oniwabanshuu no participaban de esta tonta confrontación, nos iban a dejar en paz. Obviamente eso no sucedió. Resulta que no podemos estar fuera, esto ya no es una confrontación tonta. Los otros clanes ninja desean nuestra posición como guardianes del palacio de Kyoto. Peleamos o morimos. Los ninjas no creen en prisioneros.

"No más pescar en el río… no más salir a comprar dulces al mercado. Mis días los paso dentro de estas cuatro paredes y sólo salgo para entrenar y dormir. Vaya, si hasta como aquí, las reuniones las hacemos aquí- Debería empezara decorar mi oficina para que se vea más acogedora... Aún si salgo de la oficina, no salgo del Aoiya. Estoy en una jaula dentro de otra. Ahora ya sé cómo se sienten las palomas que cría Ayumi-san...aunque espero que por lo menos a mí no me usen para la cena uno de estos días. Espero.

"Mina acaba de llegar con mi almuerzo. Conversamos sobre su juventud y me dijo que estaba muy agradecida porque la hubiera entrenado. Me dijo que me debía la vida. Tonterías. Si no hubiera aprendido todo tan bien, si ella no fuera la espectacular mujer que es...entonces ningún tipo de entrenamiento hubiera sido suficiente. Yo no fui la que se quedó despierta toda la noche durante una semana creando y practicando esa hermosa patada de doble giro sólo para poder mostrarle a mi maestro que estaba dispuesta a ser entrenada. Yo no fui la que luchó sola con tres hombres, herida, y aun así venció. Ella no me ha contado la historia, pero he escuchado suficiente de los hombres que estuvieron ahí en ese momento. Cada vez que le pregunto, ella sólo responde: 'Hice lo que tenía que hacer. No fue nada, en serio'.

"Estoy orgulloso. Orgulloso de ese corazón fuerte que no busca alabanzas.

"Cuando ya se iba, la detuve y le dije "Gracias". Me dedicó una de esas hermosas sonrisas suyas y se inclinó de esa manera tan educada que adoro y odio al mismo tiempo. ¿Qué diría ella si supiera que no lo estaba agradeciendo por la comida, sino sólo por ser ella misma y estar ahí?

"Todo a mi alrededor parece estar cayéndose a pedazos. Todos me miran en busca de soluciones que no tengo. 'El Okashira debe saber' dicen los jóvenes. 'El Okashira debe decidir' dicen los viejos. Un líder es sólo un líder cuando tiene a alguien a quién guiar. Quiero decir '¡Déjenme en paz, no lo sé todo!" Hay veces en que ya no puedo más con todo esto. ¿Acaso han olvidado que sólo soy humano? Quiero gritar, chillas y simplemente dejar de ser tan serio por sólo una hora...pero no puedo. No lo hago. Mientras tenga a Mina cerca NO lo haré.

"Es eso por lo que le agradecí".

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Misao se enjugó una lágrima. Ser Okashira era un trabajo difícil. Hasta que llego Aoshi, claro. Uno tendía a volverse un poco maniático del control, ¿no? Cuando eres la goma que mantiene todo en su sitio... ¿Pero acaso ella no lo estaba haciendo también? De manera diferente, claro, pero... ¿Por qué Aoshi no la tomaba en serio? ¿Porque no estaba enfrentando las cosas que él había tenido que enfrentar? ¡Discuuuuuuuuuulpame por tener una vida masomenos normal! Pero esa tenía que ser la razón.

Ella lo había visto tan... en shock...cuando lo acusó de mentirle. En shock y destrozado, si es que podía permitirse pensar algo así.

Había dolido. Había dolido tanto que no era posible siquiera empezar a explicarlo. Ella había estado tan feliz pensando en el diario de Kobe-sama... Qué absolutamente idiota de su parte pensar que Aoshi pensaba de la misma manera que Kobe. Kobe tenía a Mina en el cerebro, Aoshi tenía un par de hojitas de té y quizá por ahí alguna raicita.

Misao colocó la mejilla en la mesita, justo junto al diario de Kobe. Los kanjis para 'No puedo. No lo haré' quedaron justo frente a sus ojos. La chica se movió ligeramente y se encontró frente a frente con el kanji que decía 'NO LO HARÉ.

"Un líder es sólo un líder cuando tiene a alguien a quién guiar, ¿uh? ¿Y qué pasa cuando no quieres ser guiados? ¿Entonces qué, Kobe-sama?

La chica movió la cabeza y giró todo el cuerpo hasta caer cual fardo en el suelo. "Él aún ve a la niña. Pero aún soy ella. También soy la líder. Soy ambas, pero no puedo definirme como una ni otra. Soy Misao, pura y simple. ¿No puede entenderlo acaso? ¿O no quiere hacerlo?

La mujer volteó el rostro hacia la ventana. De pronto, se sentó de golpe. Ahí, en la base, había otro tubito pequeño. Misao corrió hacia él desesperada, se tropezó con la mesa baja, se resbaló con uno de los diarios y cogió el tubo al tiempo que caía como en cámara lenta.

*PUM*

"Hoy a las 12, la mansión del canciller se calentará. Debe suceder. Mi parte del plan está yendo extraordinariamente bien jefa'

¿Qué tipo de líder era? Aquí la tenías lloriqueando sobre sus sentimientos mientras Kouga arriesgaba la vida en una misión. Si lo atrapaban, podía morir. Y aun así, él había aceptado ir, porque la Okashira lo había enviado. Y estaba haciendo su parte- ¿Y la parte de ella? Había sido SU idea, no había marcha atrás. ¡Este NO era el momento para sentimientos tontos ni para sentirse herida!

Aoshi parecía haberse dado cuenta demasiado tarde lo que había dicho, de esa forma tan 'habla, luego piensa' que parecieran compartir los hombres. Seguro él estaba en el dojo. Si ese era el caso, entonces el idiota seguro se estaba culpando a sí mismo. Esa manía que tenía el hombre era irritante, pero a veces conveniente, había que admitirlo.

Si realmente estaba arrepentido (no que el tipo realmente se fuera a disculpar ni nada por el estilo), entonces ella estaba dispuesta a olvidar todo lo que había pasado. No diría nada sobre el asunto. Misao odiaba no hablar bien las cosas y resolverlas, pero este no era el momento para ser terca.

Sólo hasta que terminara la misión y Kouga regresara sano y salvo a casa. ¡ENTONCES ya vería el teinómano!

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"¿Sabes? En serio debe haber una razón para reaccionar ASÍ"

"¿En serio? No me digas. Y yo que pensaba que ese tipo de cosas pasaban todos los días"

"Claro, los ninjas congelados pierden el control todo el tiempo, ¿No lo sabías?

"¡Oh vaya, no lo sabía! ¡Eso explica taaaaaaaantas cosas!"

Ok, estoy ya se estaba poniendo pesado. Y más de un poco irritante. Además, no ayudaba en nada que la conversación fuera sobre ÉL, frente a ÉL. Y que los participantes fueran un cuarteto de personas muertas, mira tú.

"Lo próximo será que la va a encerrar para evitar que la vean los hombres. Hasta que sea lo suficientemente mayor para poder ver hombres, claro. Ni un minuto antes" Hannya dijo la última frase con un ligero movimiento de cabeza, como si estuviera totalmente de acuerdo con la idea.

"¿Cómo crees que sabremos que ha llegado ese fatídico momento?" Chillo Shikijou, cogiendo a Hannya del brazo compulsivamente, con una mirada trágica en el rostro.

"Obvio, ¡cuando aparezca la primera cana!" Contestó Beshimi, sin perder un momento Lo cual fue realmente un logro, considerando la mirada asesina que Aoshi le estaba enviando.

Aoshi ya sabía que era un idiota. ¿Acaso no podían dejar de restregárselo?

"¡Nop!" Contestaron cuatro voces en perfecto unísono.

Maldición, había olvidado que en los sueños no existían pensamientos privados.

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Misao ingresó al salón de entrenamiento con sentimientos encontrados. Parte de ella estaba gritando con furia y pensando en las formas más creativas y definitivas para usar un kunai. La otra parte estaba pensando racionalmente, recordando el motivo por el cual se encontraba ahí. Pero racional o no, había algo en lo profundo de su mente que la hacía sentir rara.

Enfrentémoslo, ver que el hombre reaccionada a cualquier cosa era ya suficiente para decretar feriado nacional. Ver que TÚ eras la causa era otra cosa totalmente diferente.

Por supuesto, el hombre se las había arreglado para insultar su capacidad de cuidarse a sí misma y su habilidad para tomar decisiones, todo de una sola. Pero como su líder (osea: Ella -persona importante. Él - pobre idiota) ella quería hablarle.

¿Conversación? Ajap, escucharon bien. Misao había cambiado de opinión. No importaba si tenía que torturarlo primero, le iba a sacar algunas respuestas. Sería agradable que él recordara, aunque sea de vez en cuando, que la okashira era ELLA. Y si la había considerado una parodia de líder esa misma tarde, ¿qué? Era lo que había y, parodia o no, tendría que vivir con ello. La chica estaba luchando consigo misma sólo para poder acercarse, tragándose su orgullo y enojo en beneficio de los Oniwabanshuu.

Y ahí, en la esquina más lejana de la habitación, estaba la causa más reciente de sus dolores de cabeza (Sou-kun eres culpable del resto). Le estaba dando la espalda, pero no era de genios saber que estaba meditando.

*Ronquido*

¿Qué demonios? ¡Nooooooooooo! ¡Ay por favor!

Misao se acercó cuidadosamente al hombre sentado. El sonido no se repitió. Ella se acercó más. Aún nada. Ya casi estaba a su lado y él no había reaccionado para nada. Misao arqueó una ceja. ¿No se supone que siempre estaba alerta en todo momento? Sólo la idea de que el poderoso cubo de hielo estuviera en brazos de Morfeo era suficiente para hacerle olvidar que se encontraba molesta con él. Casi, pero no.

Misao miró a su mentor de arriba para abajo. Aoshi estaba tieso como una tabla aunque su cabeza tendía a inclinarse ligeramente hacia un lado. La chica se mordió el labio mientras pensaba. Claro, aquí estaba ella, estresada por su actitud, permitiendo que su mente traicionera desarrollase toda clase de conjeturas ridículas sobre mil y tres razones que pudieron causar su forma de actuar. Él había parecido dolido cuando lo acusó de mentir, pero quizás eso sólo fue su ego. Después de todo, eso había sido casi un insulto a su maravillosa persona, y frente a Sou-kun, ¡ni más ni menos! Aparentemente, la pataleta había pasado y el rey del hielo se sentía nuevamente en paz consigo mismo. Para estar durmiendo y ni siquiera notar su presencia, Aoshi tenía que estar realmente seguro que todo en el mundo estaba bien y era felicidad. Mariposas, pajaritos cantando, ese tipo de cosas. Quizás hasta estuviera soñando con el paraíso del té, el muy insoportable.

Misao jamás sabría que, si hubiera hecho caso a su mal humor y a sus ganas de patearlo con fuerza (que quería, oh como quería), el hombre frente a ella ni se hubiera inmutado ni despertado de su profundo sueño, dándole pues la oportunidad perfecta de venganza. Ah, tales oportunidades casi siempre se pierden...una pena.

Luego de algunos largos minutos, una sonrisa socarrona apareció en los labios mordidos de Misao. Quizás cuando lo viera la mañana siguiente ella actuaría como si nada hubiera pasado. Quizás era mejor así

Asintiendo fuertemente con la cabeza y con una sonrisa que definitivamente hubiera preocupado a Aoshi de haberla visto, la chica se dio media vuelta con fuerza y salió del salón de entrenamiento, destino fijo en mente.

Al demonio con la conversación, era hora de la acción.

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"Que'ate aquí y haces lo que te dijeron" le dijo un hombre bastante grande con una voz que arrastraba ligeramente las palabras.

Kouga asintió rápidamente, su expresión emocionada pero dubitativa.

Una vez que el hombre desapareció entre las sombras, la expresión del shinobi se endureció. Esto era.

Miró a la antorcha apagada que llevaba en la mano y al pequeño barril junto a él. Con un movimiento rápido, saltó sobre la pared y cayó sin ruido al otro lado. Abrió el barril y vertió cuidadosamente su contenido al otro lado del edificio. Unas flores que se veían muy caras parecieron marchitarse y morir sólo por la proximidad al oscuro líquido. Flores extranjeras hermosas, frágiles y de bello aroma. ¿Rosas? ¿Lavandas?

Kouga suspiró. Siempre le habían gustado las flores. Tomando una decisión, cortó uno de los más bellos capullos.

Sin pensar más en el resto de plantas, cogió con fuerza el barrilito y lo escondió bajo unos arbustos. Luego, saltó a la rama de un árbol cercano y desapareció entre el follaje.

Un par de segundos después, un guardia apareció por la esquina y cruzó el jardín en busca de movimientos sospechosos. Ya que no vio nada raro, continuó su inspección.

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Misao entró a la casi vacía estación de policía pisando fuerte, muy fuerte.

"Disculpe, señorita...¡Hey! ¡Señorita! ¿A dónde va? ¡Señorita!"

El largo camino hacia el lugar de trabajo de Saitou había resultado en una Misao cansada, con frío y muy molesta. Había salido del Aoiya de forma calma y digna, pero mientras más pensaba sobre su estúpido subordinado (Ja! ¡Toma eso, idiota!) roncando como si todo en el mundo fuera lindo, más molesta se ponía. ¡Encima después que ella hubiese tomado la magnánima decisión de perdonarlo!

Claro, el prospecto de visitar al lobo tampoco la alegraba mucho que digamos.

"¡Señorita! ¡Ey, señorita!" La chica finalmente hizo caso del pobre hombre corriendo tras ella. Sólo entonces se dio cuenta de que sus pasos hacían eco en el tenebroso silencio del edificio.

Disculpe, ¿Se encuentra el Capitán Saitou? El hombre pestañeó al escuchar la pregunta. Obviamente no era común que vinieran mujeres bonitas a buscar al tenebroso capitán.

"Ah...no señorita. El Capitán Saitou ya se fue esta noche. ¿Hay algo con lo que quizá yo pueda ayudarla? Voz sexy, pose interesante, sonrisa ganadora.

"No gracias. Es un tema privado" respondió Misao, maldiciéndose mentalmente a sí misma por olvidar que nadie trabajaba hasta las 8 pm, ni siquiera el policía psicópata. Ni cuenta se dio de la mirada perpleja que le dirigió el oficial.

"¿Fue a casa?" preguntó la chica, algo distraída.

"Ah...si, eso creo..." respondió el oficial de policía, aún pasmado.

"Gracias" Misao dio la media vuelta y dejó al pobre oficial en estado de shock.

Tenía que encontrar a Saitou antes de las 11 o la vida de Kouga estaría en juego...tres horas. Mucho puede hacerse en tres horas, ¿verdad? Siempre que el lobo no viviera en una madriguera bajo tierra, podría encontrarlo, ¿verdad? Con eso en mente, Misao empezó a caminar más rápido.

"Hey" el oficial no se dio la vuelta para responder a su compañero.

"¿Saitou-san no está casado?" le soltó de pronto.

"¿Y yo qué sé? Difícil pensar que una mujer se casaría con él... ¡espera! Ahora que lo pienso, sí, creo que si está casado. ¿Por?" preguntó el recién llegado.

"Esa dama de allí, entro de pronto buscando al Capitán"

"Eeeh? ¿A esta hora?

"Bueno, usualmente se va tarde a casa, ¿no? Hoy fue una excepción, y él siempre insiste en que nos alejemos de su oficina, y parecía que ella conocía el camino..."

"Eso no es TAN difícil de saber...esperaunmommento, ¿qué intentas decir?"

"No lo sé..."

"¿No creerás...?

Los dos oficiales se miraron uno al otro.

*silbido* "Quién lo hubiera pensado..."

"A algunas mujeres les gustan los hombres peligrosos"

"Cierto, cierto. ¿Por qué crees que me convertí en policía? Creí que una pistola mejoraría mi imagen"

"¿Sabes que ni me preguntó dónde vive?"

"Woah...entonces quizás llegue a meterse allá a la fuerza"

"Quizás...parecía molesta por algo"

"Vaya amorío tormentoso"

"Yep. ¿Una taza de café?"

"Claro".

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Los faroles en las calles estaban encendidos, el sol se había ocultado hacía ya media hora. Como Oniwabanshuu, Misao no tenía miedo de andar sola de noche. No sólo le patearía el trasero a cualquier intento de ladrón, sino que su entrenamiento le permitía escuchar incluso el más ligero sonido. Y esa era la razón por la que Aoshi la frustraba sin límites. El bendito hombre era una sombra con uniforme.

Soujiro había mencionado una o dos veces que Saitou vivía en la parte norte de la ciudad. Misao, en toda su infinita inteligencia (nótese el sarcasmo) había olvidado pedir la dirección en la estación de policía. Claro de Soujiro había mencionado el lugar un par de veces, pero nunca había dicho exactamente DONDE era que estaba. La parte norte de la ciudad era bastante grande, comprenderán.

De todas maneras, ¿seguro que un hombre alto con ojos feos, mal carácter y una katana llamaría la atención? ¿no?

Esa parte del pueblo era bastante bonita, llena de lindas casas y calles rodeadas de árboles. Esto hizo que Misao pestañeara. Bonito y Saitou no eran palabras asociables.

Sin embargo, un lugar así debería estar lleno de gente honesta, ansiosos por dar direcciones a una pobre comadrejita perdida. Problema, en la calle no había ni un alma.

Misao empezó a caminar sin rumbo, mirando las placas en las puertas, pero la de Saitou no parecía estar en ningún lado. Bueno, la de Goro Fujita. La chica se detuvo bajo un farol y miró a su alrededor con ojos enormes. Su cabeza se movió rápidamente de un lado para el otro a su alrededor.

*sniff* *sniff*

Su naricita vibró mientras seguía un rastro invisible en el aire. El rastro la llevó a una gran puerta de madera sin placa. Era una casa con prístinas paredes blancas a su alrededor. El olor era ligero, pero definitivamente era el de ese asqueroso tabaco que le gustaba tanto a Saitou. Misao se acercó a la puerta, aun oliendo.

¿Debería tocar? Quizás. Pero... ¿y si no era el lugar correcto? ¿Pero el tabaco...? Saitou no era el único fumador de Japón, pero esta podría ser su casa... Dm…. Decisiones, decisiones. 'No importa, echaré un vistazo' ¿De casualidad has escuchado hablar sobre la propiedad privada? ¿Cuándo se volvió tan antipática su yo interior?

Aún se encontraba pensando sobre qué hacer cuando se abrió la puerta y salió una mujer con un pequeño farol de aceite, seguida por un perrito aún más pequeño. Misao retrocedió de un salto y la mujer sólo la miró sorprendida.

"Vaya, hola. ¿Buscas a alguien?" Preguntó la mujer mientras colgaba el lamparín en un pequeño clavo sobre la puerta y lo encendía. Era una mujer de mediana edad, con grandes ojos negros y cabello oscuro amarrado en un moño desordenado pero elegante. Quizás tan alta como Megumi, pero sin esa disposición altanera que caracterizaba a la doctora.

"¡Listo! Se ve mucho más iluminado, ¿verdad?" Misao miró a su alrededor. De hecho, la pequeña lamparita de aceite sí consiguió que la calle se viera más iluminada y había eliminado las sombras de las esquinas. Que mujer tan considerada.

Dicha mujer considerada la estaba mirando con una mirada amable, pero inquisitiva. ¿Ah? ¡Oh!

"Bueno, yo...erm...Si, yo estaba...pero no hay problema, seguro usted ni lo conoce. No, claro que usted no iba a conocer a ese idiota...erm... quiero decir... Mejor me voy..." Misao balbuceando a niveles insospechados, su especialidad. Quizás había imaginado el olor del tabaco, o quizás venía de la casa de al lado, o quizás el abuelo de esta dama gustaba de fumar, o... Bueno, ¡mil cosas!

El perrito mordió la basta del kimono de Misao. Sin notarlo, Misao hizo una reverencia rápida y se dio la vuelta, llevándose consigo a la terca mascota. La chica se detuvo y agitó el kimono, pero el peludito no se dio por enterado y no tenía intención de soltarla. De nuevo, Misao agitó el kimono. Nada. Otra vez. El perrito parecía feliz de volar de un lado al otro pegado al kimono.

"¿Lo ves Tokio? Ese chucho tiene buena nariz cazadora. Puede reconocer a una comadreja a millas de distancia".

El pequeño animalejo recientemente insultado como chucho dio un ladridito y soltó la tela, saltando en el aire y moviendo su pequeña colita, o mejor dicho, su pequeño traserito, al dueño de la voz.

Misao se quedó petrificada ante la escena frente a ella.

"Dudo muy sinceramente que llegue a la adultez con ningún tipo de sentido del olfato si es que sigue expuesta a tus cigarrillos".

*guau* *guau*

"Le gustan" dijo el policía, moviendo uno de dichos cigarrillos en círculos sobre la cachorrita, quien volvió a ladrar y empezó a correr tras la estela de luz.

Finalmente, Misao reaccionó.

"¡TU!"

El perrito ladró y se escondió entre las piernas de Saitou.

"Si comadreja, yo. Realmente no pensabas que yo vivía en la estación de policía, ¿o sí?

"¡Ara!" Dijo Tokio dando una palmada. "¿Entonces este es el idiota que estabas buscando? Pasa, pasa. Eres la Oniwabanshuu no Okashira, ¿verdad?

Misao se quedó sin habla. Todo ese enojo que había causado la burla de Saitou murió inmediatamente al recordar que: No. 1: acababa de comportarse como una perfecta idiota frente a una mujer que ni conocía. No. 2: Había llamado al hombre a su lado un idiota. Lo que no era nada extraño, ¡PERO!...No.3: ¡La mujer conocía al idiota!

De no ser porque Tokio la estaba empujando ya hacia la puerta, Misao hubiera hecho un hoyo y se hubiera enterrado solita.

"Oh, disculpa mis malos modales. Mi nombre es Tokio. Aunque mi apellido tiende a cambiar" Misao estaba algo mareada. Tokio…Tokio… ¿dónde había escuchado antes ese nombre?

Tokio le guiñó un ojo "El idiota es mi marido".

Saitou hizo un sonido como 'juh!' en respuesta, pasando el peso de un pie al otro y permitiendo que el perrito viera a Misao por entre sus piernas y por sobre un zapato.

"¿Es...es...posa?"

"Oh, realmente odio cuando obtengo esa reacción. ¿No podrías proyectar una imagen más amable?" dijo Tokio gesticulando a su esposo para que se moviera y así poder hacer entrar a la catatónica comadreja. "... ¿Qué estoy diciendo?... ¡Claro que no podrías!... ¡Hombres!" Tokio rezongó la última parte en voz lo suficientemente alta como para que la escuchara el lobo. Luego, lo enfrentó directamente y le sacó la lengua en juego.

Saitou se quedó detrás para cerrar la puerta mientras su esposa secuestraba a la comadreja.

"¿Amable? ¿Acaso no ha aprendido nada en todos estos años? ¿Qué tiene de divertido ser amable? ¡Mujeres!" La perrita ladró mostrando su acuerdo y le gruñó a la pierna. "Exacto."

El lobo llevó su cigarrillo a los labios, inhaló y botó las cenizas hacia un lado antes de caminar de regreso a la casa mientras movía el cigarrillo de un lado al otro para que la cachorra lo siguiera.

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"¡Es tan bueno conocerte por fin!" Misao de pronto se encontró ya sentada en una cómoda sala. La chica levantó una ceja como respuesta al comentario.

"Y saber que tu nombre es Misao-san. Hasta el momento, sólo te he conocido como "comadreja". Tokio no pudo evitar la gotita que le apareció al ver la mirada furiosa que Misao dirigió hacia la puerta.

"Oh, ni le hagas caso. Tiene la antipática costumbre de comparar a las personas con animales, especialmente mujeres. Aunque Okita-san era el 'cachorrito'... Justo ahorita, yo debo ser la 'gorrión antipática'. ¿Gorrión? Eso sonaba algo tierno... ¿Estaban hablando del mismo Saitou, en serio?

"Claro que lo eres. Ese tipo de pájaro antipático que simplemente no deja que nadie duerma los fines de semana." Tokio sólo le sonrió y fue hacia la cocina mientras su esposo se sentaba.

Así que... ¿Qué haces aquí comadreja?" Que amable. ¿Cómo era que se la arreglaba para decirlas cosas tan...antipáticamente? Las cosas habían pasado casi demasiado rápido para que Misao las pudiera seguir, y la chica aún estaba intentando descubrir si había ingresado a algún tipo de mundo paralelo en donde Saitou estaba casado y vivía como un ente no-Saitou.

"Oye, ninja floja, despierta" la colilla del cigarrillo de Saitou rebotó en la cabeza de Misao. Con todo y cenizas incluidas.

"¡QUE...RAYOS...!"

"Sólo dime por qué estás aquí. ¿No es suficiente molestarme en la estación?

"Para tu información, fui allí primero y un policía me dijo que no estabas, así que tuve que venir. ¡No es que me muriera de ganas de entrar a la guarida del lobo!"

Saitou soltó un quejido. Y esos dos idiotas estaban de guardia justo hoy...quien sabe qué historia crearían...

"Basta con eso, ¿quieres?" Dijo Misao, con una venita apareciendo en su frente. Luego inspiró profundo y continuó. "Hoy a medianoche, habrá un incendio en la mansión del ministro Británico de asuntos exteriores"

"Hajime, qué te..." La voz de Tokio detrás de Saitou se detuvo abruptamente cuando su esposo levantó un poco la palma de su mano. Misao intentó no mostrar ninguna reacción ante tal aparentemente sumisa acción. Tokio colocó la bandeja de té en la mesita baja y se sentó junto a Saitou, con las manos modestamente colocadas.

Fue sólo cuando su esposa terminó de sentarse y acomodarse que Saitou habló nuevamente. "Así que tienes tu información comadreja. De acuerdo, enviaré a un equipo y..."

"De eso quería hablarte. No envíes a nadie. No hagas nada hoy" Misao tragó saliva al ver la mirada que Saitou le lanzó.

"Por fin te volviste loca, comadreja. Lo último que necesito es que ese cerdo se cocine en mi jurisdicción" ¡Maldición! DE VERDAD necesitaba que Saitou NO hiciera nada. Los ojos de Misao encontraron los de Tokio.

"Piensa que cortarlo en pedacitos sería mucho mejor" dijo plácidamente la mujer. Erm...no era el tipo de ayuda que Misao estaba buscando...

"Lo llamo 'incentivo para el trabajo'. Me gustan las chuletas de cerdo" le respondió Saitou a su esposa, quien puso los ojos en blando pero sonrió a su respuesta. Luego, el hombre se volteó hacia la chica.

"Dime comadreja. ¿Qué pasa? ¿Ah? ¿Estaba acaso DISPUESTO a escucharla? ¡Vaya, Tokio-san era una hacedora de milagros! ¡Y eso, sin decir casi nada! Misao inhaló profundo y miró a Saitou a los ojos.

"No te preocupes por el cerdo Britá...digo... ¡ministro Británico de relaciones exteriores!" Misao le dirigió a Saitou una mirada molesta. ¡Grr ese hombre! ¡Miren lo que le hizo decir! "En fin, no estará dentro cuando suceda. Lo único que necesito es que no haya policías alrededor"

"¿Si te das cuenta que es imposible que NO envíe a nadie?

"Después de una hora más o menos, envíalos. Dame una hora". Fue mitad petición, mitad ruego. Saitou la miró sin expresión.

"Linda será la reacción de la gente de relaciones diplomáticas"

"Con ESO estoy contando" Saitou levantó ambas cejas al oír esto. Colocando sus codos en la mesa, el lobo puso su barbilla sobre los dedos entrelazados.

"Un plan, ¿eh? ¿Quién lo habría dicho...?" Misao inspiró fuerte e intentó no enfurecerse.

Saitou la miró insistentemente, esperando su reacción. Cuando no hubo ninguna, asintió para sí mismo. Al parecer la comadreja estaba aprendiendo.

"Pues quién lo iba a decir... Te escucho. Cuéntamelo todo comadreja. Soy todo oídos"

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Ryo miró a su alrededor y suspiró. Aquí estaba, sentado en un espléndido sofá, servido por una hermosa mujer y rodeado por la crema y nata de la sociedad en Kyoto. Y para ser sinceros, estaba increíblemente aburrido. La atmósfera era tiesa, la mesera lo miraba como si se tratara de un delicioso bollito de carne, el tea era insípido y todas esas personas a su alrededor eran un montón de idiotas, traidores, presumidos y ladrones.

Le traía recuerdos.

Allí en una esquina, había un grupo de mujeres que reían y jugaban con sus faldas demasiado infladas, aparentemente muy interesadas en alguna conversación insulsa en la que era necesario batir mucho las pestañas. Eran una mezcla de mujeres extranjeras y japonesas. Un par de Inglesas y una Francesa, si no se engañaba. En general, no era un grupo de mujeres feas, pero... Lo habían presentado hacía una hora. Predeciblemente, las extranjeras sólo le habían sonreído amablemente y conversado sobre el clima. Eso fue hasta que salió a la luz, casi sin pensarlo y totalmente por accidente, el hecho de que era soltero. La siguiente media hora había sido una de esas tramas extrañas y teatrales que sólo las mujeres podrían explicar. Las damas extranjeras habían sido bastante más amables, al tiempo que dejaban bien en claro que no estaban buscando en él un potencial marido. Eso lo alivió, pero su alivio duró poco. De alguna manera, alguna de las mujeres se las había arreglado para hacer conocer la noticia a todas las mujeres japonesas jóvenes. Cómo, cuándo y dónde, Ryo ni enterado. Pero de pronto se vio rodeado de mujeres, desde casi adolescentes hasta casi cuarentonas.

Ryo se sentía como un objeto. Los susurros lo seguían mientras cruzaba la sala.

"¿Escuchaste?" Es bastante rico"

"Su madre era japonesa, pero a él casi ni se le nota..."

"¿A quién le importa eso? ¡Es muy guapo!"

Seguro está buscando esposa, y si no...Ay pero que digo, ¡claro que busca esposa! O lo hará, en cualquier caso".

Ryo se esforzó por mantener su rostro sin expresión. Amablemente, presentó sus excusas al dueño de casa y salió del lugar.

No, no iba a pasar. No iba a caer en esa trampa azucarada creada por mujeres que odiaban su herencia mixta pero amaban su dinero.

Ryo había nacido en Japón. Crecido en Inglaterra. En ese tiempo cuando sus padres se habían establecido allá, Japón había sido una novedad, algo exótico de lo cual hablar. Su madre había sido una mujer muy bella, de una raza exótica. Ryo la recordaba sentada modestamente junto a su esposo, quien nunca la dejaba sola en las fiestas, sin importarla opinión de los otros hombres. Quizás porque sabía que detrás de todos los murmullos de admiración y comentarios amables existían amenazas ocultas, desdén y hasta odio.

Su padre había sido un viajero, uno de esos hombres ricos que dejan sus hogares en busca de aventuras. Seguro pueden imaginarse la historia. Se quedó en Japón por casi diez años, hasta que llegó una carta anunciando la muerte de su padre. Luego, tomó a su esposa y a su hijo de 5 años y se los llevó a un país completamente desconocido.

Pensándolo bien, había sido toda una experiencia.

De no ser por las miradas recelosas. De no ser por los murmullos al pasar. De no ser porque si madre se rehusaba a salir sin su padre.

Si no fuera por Elizabeth.

Hay que dejar el pasado atrás, ¿verdad?

Sólo asegúrate de no enamorarte nunca más.

"Chocolate Necesito chocolate" Murmuró Ryo caminando calle abajo.

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Tokio acompañó a Misao a la puerta. Ya era bastante tarde, por lo menos las 11.

"¿Te llevas la lámpara de aceite?" Dijo Tokio gesticulando hacia el gancho sobre la puerta, con una voz que daba el hecho por sentado.

Misao lo pensó un poco. "No, mejor no. Iré por los tejados. Será más rápido." Tokio asintió a la respuesta y Misao pestañeó. Por lo menos había esperado algo de preocupación. Pero la mujer parecía tranquila con su decisión. Raro, teniendo en cuenta que no era todos los días que la gente se paseaba por ahí sobre los tejados.

Tokio rio al ver la expresión de Misao. "Tantos años viviendo con Hajime me han enseñado a no sorprenderme de nada. Además, eres una ninja y Hajime confía en ti. ¡Eso es suficiente para mí!

"¿Ese policía psicópata? ¿Confiar en mí? ¡Ja!" Misao se quedó sin aliento por su propio arrebato y se tapó la boca con ambas manos.

La esposa del acusado se rió de lo lindo. "¿Policía psicópata?" ¡Esa es nueva!" Al ver el rostro mortificado de Misao, rió de nuevo. "Sé muy bien lo que la gente piensa sobre Hajime. De hecho, es un hobby que tengo, averiguar todos sus apodos. Mi vocabulario no adecuado para damas se ha expandido horrores, te lo puedo asegurar"

Misao sonrió con gesto de disculpa. "Demo, Tokio-san… Realmente no creo que 'confianza' sea un término que aplique aquí".

"Te pidió ayuda" Tokio detuvo a Misao con un gesto antes de que la chica pudiera siquiera abrir la boca. "De acuerdo, la exigió. Viene a ser lo mismo. Tú propusiste una alianza que él pudo rechazar. Y no se habría arrepentido para nada de hacerlo, y lo sabes".

Bueno, eso era cierto. Misao tenía que admitir que Saitou podría haber rechazado su oferta de la manera más alegre (erm...no, no alegre, ese hombre NUNCA era alegre)...bueno, antipática posible (sep, eso era) y punto.

"Hey Tokio. Coge a tu chucho". Dijo una voz detrás de la mujer.

Dicha mujer giró inmediatamente, manos en posición, justo a tiempo para atrapar a la cachorrita que llegaba volando. Y llegaba volando feliz, es más.

Tokio no parecía para nada sorprendida. La cabeza de Misao giró de su plácida compañera acariciando a la perrita hacia la puerta shogi donde desapareció el lobo.

"¡Vaya semejante IDIOTA!" Se enojó Misao.

"Oh, no le hagas caso" dijo Tokio con calma.

*guau* *guau* estuvo de acuerdo la perrita.

"¿Pero...acaso no te enoja? ¿Y si se hubiera lastimado? ¡Eso fue simplemente cruel!" Misao volvió a taparse la boca con las manos.

Tokio sonrió. "Hajime es así. Me preocuparía que cambiase, en serio. Se ve y actúa como un lobo malvado, pero yo confío en él. Sé que se aseguró de que yo estuviera lista, midió la distancia, midió la fuerza del lanzamiento y le dio un par de palmaditas en la cabeza a Sora antes de lanzarla".

Gotita por parte de Misao. Eh… No se supone que lances a tus mascotas por los aires...

"Además, a ella le gusta" La pequeña Sora lanzó otro ladridito, como confirmando las palabras de Tokio. "Si no fuera así, Hajime hubiera dejado de hacerlo tras la primera vez. Sólo espero que deje de lanzármela una vez que haya crecido..." Continuó la mujer con una voz que revelaba que ya se había resignado.

Misao acarició la cabecita de la cachorrita, mientras Sora hacía su mejor esfuerzo para lamer la mano sobre su cabecita. Fue en ese momento que Misao notó un gran pedazo calvo detrás de una de las orejitas, así como una cicatriz.

"La encontré hace unos días bajo un arbusto, afuera" Explicó Tokio. "Estaba muy débil. Esa cicatriz estaba a medio sanar y la pobrecita se veía medio muerta. Así que la recogí. Aunque le agrada más Hajime". La mujer puso los ojos en blanco y luego se rió.

*guau*

"Animal loco" dijo Tokio con cariño bajando a la cachorrita y acariciando de nuevo su cabecita. Y eso mismo había pensado Misao.

"Tokio-san... ¿Y Eiji-kun?" Dijo Misao de pronto, recordando al chico resentido que Saitou había acogido durante la época de ShiShio.

"¡Ara! ¡Había olvidado que lo conocías!" Dijo Tokio con rostro de disculpa. Curiosamente, esa mujer parecía saber todo lo que Saitou hacía. "Ahora está en Yokohama, entrenando en la escuela de policía allá"

"¿Escuela de policía?" Realmente no parecía que el chico tuviera materia de policía, a decir verdad.

"Oh, no está siguiendo el entrenamiento de policía aún. Tiene un trato con Hajime. Si entrena allá por un año y logra herir a mi esposo de cualquier manera, entonces Hajime le permitirá unirse al grupo de policías con katana. Si no, entonces el grupo regular".

Eh…

"Debería regresar en unos 4 meses masomenos. Hasta entonces, estoy encargada de pulir la espada de su hermano todos los días y asegurarme que Saitou no la bote." Continuó pacíficamente Tokio. Al ver el rostro confundido de Misao, explicó. "Hajime amenazó con botarla, diciendo que era un trozo de acero oxidado y bueno para nada. Asumo que eso le dará a Eiji-kun un buen motivo para intentar moler a golpes a Hajime o hacerle caer al suelo, aunque sea".

"Yo… Me alegro. Es decir, ¡no porque tenga un motivo para golpear a Saitou! Quiero decir, Eiji-kun era tan taciturno antes...y realmente espero que pueda lastimar a Saitou…...pero de una buena manera...eh..." Claro, mézclate con sus propios pensamientos, dale.

Tokio sonrió malévolamente. "Una herida. Eiji-kun obtiene entrar en el equipo de policías de katana y yo obtengo un kimono nuevo y una cena en un restaurante caro." Calmadamente, añadió. "Claro, puede que Hajime corte a Eiji-kun en pedacitos sólo por no tener que comprarme nada, pero...nah, no creo."

Eh...en opinión de Misao, eso bien podía suceder. ¿Y cómo es que la mujer podía hablar tan calmadamente sobre el tema?

El sonido de Sora gruñendo a un grillo regresó a Misao al mundo real.

"Este… Tokio-san, debo irme." Misao hizo una reverencia a la mujer adulta.

"Cuídate y regresa cuando quieras." Misao le sonrió y permaneció en su lugar hasta que Tokio-san cerró la puerta.

o-o-o-o-o-o

Tokio cerró la puerta del cuarto. Su esposo la miró y apagó el cigarrillo tras hacerle señas para que se acercara.

"Estará bien Tokio, deja de preocuparte tanto"

La mujer suspiró y se sentó junto a él, con la cabeza apoyada en su hombro. "Es una misión muy peligrosa. ¿Podría intentar hacerlo de otra manera, no? Si Misao-san no tiene cuidado, podrían matarla".

"Podrían violarla Y matarla." La cabeza de Tokio subió cual impulsada por un resorte a mirar a su esposo.

Peligros adicionales de ser una mujer." Explicó. Entonces, su voz se suavizó un poco. "Ella lo sabe muy bien, te lo aseguro" O por lo menos Saitou ESPERABA que ese fuera el caso. O de lo contrario, las cosas podían salir muy, pero que muy mal.

"Es tan joven" La cabeza de Tokio regresó a su almohada humana.

"Es una ninja" fue la respuesta.

"Podría fallar"

"Oh, sí podría. Es una posibilidad Tokio. Deja de golpearme." Saitou cogió el puño que lo golpeaba y lo masajeó hasta que la mano se relajó nuevamente.

"A pesar de Shinomori, o quizás por él... Definitivamente no gracias a él...la comadreja ha aprendido mucho." Por lo menos ya salió de bajo su sombra. El resto depende de ella."

Tokio sonrió apoyada en la suave tela de la yukata de su marido. Eso era lo más cercano a un cumplido que Hajime le daría a cualquiera. Sí, la posibilidad de falla existía, pero si Saitou estaba dispuesto a dejarla hacerlo de todas maneras, entonces es que creía en Misao-san y en su capacidad para vencer las adversidades.

Saitou pestañeó cuando se dio cuenta que su esposa le había quitado uno de los guantes y se encontraba en esos momentos jugando con su mano. Era una costumbre de ella. A él no le molestaba mucho, era sólo que siempre sentía las manos muy frías en ese primer momento. Saitou miró a su esposa cuando ella le besó la palma de la mano. Y luego, una sonrisa malévola.

"Claro que podría estar equivocado y resultar que la comadreja es tan incompetente como se ve. ¡Ouch!. Es una posibilidad Tokio. ¡Ouch!. De acuerdo, entonces no lo es y jamás me equivoco. ¡Ouch!. Para mi mala suerte tenías que encariñarte con esa comadreja. ¡Ouch!. ¡Qué hace falta para que dejes de morderme!

Tokio empezó a sonreír, dientes aun firmemente unidos a su mano.

"No, no voy a cocinar de nuevo"

*mordida* * mordida*

"...de acuerdo, lo haré"

o-o-o-o-o-o

Misao miró a su alrededor. Había decidido ir por los techos pero...las casas en esa parte de la ciudad estaban muy alejadas unas de otras. Tendría que caminar un poco antes de poner en marcha su plan.

La chica empezó a caminar, sentidos ninja en alerta. Como Oniwabanshuu, era capaz de escuchar hasta el más ligero de los sonidos. Pero Tokio-san la había sorprendido, ¿no?

Tokio-san… La idea de un Saitou casado a un ser humano parecía demasiado extraña para ser verdad. Especialmente si dicho ser humano era una mujer buena y amable. Al principio había parecido que era demasiado buena para querer a semejante hombre. Luego fue obvio que no era sino un complemento perfecto para el lobo. Pero cuando la mujer dejó de hablar tras un mero gesto de su esposo...Misao no había sabido qué pensar, hasta que Tokio-san habló de nuevo, esto es. Sólo en ese momento la chica se dio cuenta que no había sido la acción de una esposa sumisa. Hasta ese momento y hasta que Misao terminó de hablar sobre sus planes, Tokio-san intervino muchas veces, a menudo con opiniones opuestas a las de su esposo e incluso burlándose de él en ocasiones. Esa NO era la forma de actuar de una esposa sumisa.

Era la forma de actuar de una esposa en sintonía con su esposo.

Aunque sonara extraño, tenía sentido. Esos dos estaban en sintonía. Tokio-san sabía absolutamente TODO lo que Saitou había hecho y, un par de veces durante la conversación, Misao había sentido que Tokio-san sabía algunas cosas de las que ella misma ni se había dado cuenta, ¡pero Tokio-san no había estado ahí en esos momentos! No estuvo enfrentando a ShiShio ni en las batallas con Enishi… La confianza que él le tenía era así de grande. Y ella también confiaba en él. Tokio-san probablemente lo había conocido con el mismo temperamento antipático o peor, si es que fue durante la época del Bakumatsu.

¿No se supone que el amor cambia a la gente? Erm...esto es, si alguien como Saitou era capaz de amar a alguien...

Misao se detuvo en seco. Estaba siendo injusta, ¿verdad? Sólo porque sabía muy en el fondo que tal tipo de hombre SI eran capaces de amar justo como cualquier mortal, porque también eran humanos, aunque intentaran ocultar su humanidad detrás de una katana. Pero se necesitaba de una mujer extraordinaria, la CORRECTA para lograr la hazaña.

Ella no era extraordinaria. Y tampoco había sido la correcta.

Molesta con el hecho de que todo parecía hacerla pensar en el cubo de hielo (y que ese último pensamiento en particular había dolido bastante), no se dio cuenta de que estaba rodeada hasta que fue muy tarde.

Tres hombres con miradas libidinosas. Misao apretó los dientes y maldijo a Aoshi nuevamente por distraerla (esto tenía que ser SU culpa, ¡obviamente!) Una mirada rápida reveló que ya se encontraba en otro lado de la ciudad y que podría haber saltado a un techo mucho tiempo antes,

Borrachos, los tres. Sin embargo, ese no era motivo para subestimarlos. Sus cuerpos parecían de alguna manera acostumbrados al ejercicio y sus posiciones no eran las usuales de estoy-borracho-y-con-las-justas-me-mantengo-en-pie. Bien, veamos...primero, había que eliminar al que tenía detrás. Una vez que ese estuviera fuera de combate, sólo tenía que aprovechar la primera oportunidad para saltar a cualquier techo y listo.

No era vergonzoso evitar una pelea innecesaria.

¡Ey, señorita!" ¿Qué hace una linda chica fuera tan de noche, ¿uh?!Urgh. ¡Un tipo feo!

"¿Te vienes con nosotros?" ¡Qué rayos, este era más feo todavía!

"¡Venga, vaos!" No tan feo hasta que abrió la boca y mostró que le faltaban algunos dientes. ¡Argh!

Una venita apareció en la frente de Misao. "No me voy a ningún lado, ¡asquerosos!" Al mismo tiempo, Misao cambió de posición de tal manera que podía verlos a los tres.

"¡Hey! ¡Tiene energía!" El tipo dijo esto casi salivando. ¡Caramba! ¿Por qué era que últimamente sólo había hambres raros a su alrededor? Últimamente como... ¿digamos en los últimos dos años?

"Ninguna mujer de su edad caminaría de noche sin una escolta... ¿Quizás está regresando de un encuentro ilícito, ne? La mirada sucia del tipo fue suficiente para hacerla querer reventarle todo lo reventable. Pero aún no, sólo un poco más...

"Una mujer de noche es una mujer DE la noche. Ya saben lo que dicen." Genial. ¿Y cuándo fue que se convirtió en reacia seductora de idiotas? Malditos prejuicios...

Sólo un poco más, ya casi, ya casi... Aún no podía romperles las narices...

"Ven aquí nena" Dijo uno de ellos (el sin dientes) y empezó a acercarse peligrosamente cerca.

¡Listo!

Misao pateó al hombre que se acercaba y lo mandó a volar. Desgraciadamente, no cayó contra el otro hombre que tenía detrás, como había planeado. ¿Qué? ¿Incluso la fuerza de gravedad estaba en su contra? ¿Qué era esto? ¿Día de fastidiar a Misao?

Lo que debió ser una pelea rápida y fácil se convirtió en una lucha.

Al parecer Misao había estado caminando largo rato. Casi no podía sentir sus extremidades a causa del frío, y éstas no le respondían como debían. Se dio cuenta de esto demasiado tarde.

"¡Suéltame, pedazo de idiota!" Sus kunai estaban dentro del kimono. Usualmente los llevaba dentro del obi, pero en su apuro por salir del Aoiya no loa había puesto en la funda oculta dentro de la faja. Por lo menos aún los tenía. ¡Ahora, si tan sólo pudiera alcanzarlos! ¿Cómo pudo ser tan descuidada?

Ellos eran fuertes, pero ella era una ninja. Forcejear no la ayudaría, así que cuando dos de los hombres la cogieron por los brazos, utilizó eso como palanca para saltar hacia atrás trazando un círculo, logrando patear a ambos tras las rodillas. La sorpresa e inesperada caída hizo que uno de los hombres soltase su brazo derecho, pero el otro no lo hizo y se la llevó con él al suelo. En un intento desesperado por recobrar su libertad (sólo un salto y saldría de ahí, ¡vamos!), Misao giró en el aire y cayó con el codo a pocos centímetros de la ingle del hombre, en el bajo estómago, donde desgraciadamente el dolor no sería igual. Maldición, calculó mal.

Y luego pudo ver su rostro (dolorosamente) sonriente.

¡Mierda! ¡No había calculado mal! ¡Él le había leído los movimientos!

"¡Perra!"

*BAM*

Misao se tambaleó hacia atrás por la fuerza del golpe. Su nariz empezó a sangrar. Por el momento, decidió ignorar la caída de sangre que salía de su fosa nasal derecha. El tipo la había soltado y eso era lo que importaba. AHORA sí que apuntó y pateó con toda su fuerza, asegurándose que ese pedazo de basura no tuviera descendientes en el futuro cercano.

Misao se puso de pie de un salto y metió una mano en el kimono, buscando su kunai. Pero con todo el forcejeo, el pequeño bolso se había movido de lugar y ya no era tan simple sacarlo. Los dedos de Misao buscaron por sobre su pecho y torso superior. Cuando ya casi se había rendido, sintió la familiar tela. Cerró la mano y empezó a sacarla.

Había pasado un minuto. Pero aparentemente fue suficiente. Segundo error del día. O de la hora, ya que realmente, su día entero había sido un desastre.

Dos brazos fuertes la agarraron bruscamente por detrás. "Vaya que tienes energía. ¿Qué estabas buscando, eh? Deja ver..."

Una mano se movió. Misao forcejeó en vano. Él parecía no haber notado la bolsa de tela en su mano derecha. Maldito pervertido. La mano tocó. El 'abrazo' era brutal y la chica casi no podía respirar. Las manos de Misao estaban sujetas a los lados y la chica centró toda su atención en abrir la bolsa con una sola mano. La mano manoseó. A Misao casi se le cae la bolsa al sentir el toqueteo ávido de esa mano asquerosa. Pero se forzó a concentrarse en la tarea que debía cumplir con una mano. La mano apretó. FUERTE.

Misao vio rojo. Finalmente, la bolsa se abrió y la chica casi sonrió. En un segundo, sacó un kunai y penetró la parte del cuerpo más cercana a ella con toda la fuerza de la que fue capaz.

Mientras el borracho gritaba de dolor, Misao empezó a correr hacia la casa más cercana, sólo deteniéndose para recoger al vuelo la pequeña bolsa. El Kimono era un estorbo para correr y, junto con sus extremidades adormiladas, la causa de sus movimientos tan erráticos. ¡Estúpida cosa!

Se agachó un poco sin dejar de correr y cortó la parte inferior del estúpido kimono, exponiendo sus piernas casi hasta los muslos.

Llegó a su meta. No había sido una carrera larga, pero se sintieron como mil y cuatro horas. Misao rezó mentalmente, esperando que cualquier divinidad despierta o de turno no fuera de esas que les gustase dormir durante sus deberes, o si no estaría en un gran problema. Los dos otros hombres la seguían, lo que significaba que la chica sólo tenía una oportunidad. Si fallaba, la cogerían antes de siquiera tocar el suelo.

Casi no podía sentir las piernas. La distancia era demasiado corta para lanzarles kunai. Ahora o nunca.

La pequeña chica se concentró con todas sus fuerzas y saltó. Y casi no lo logró. Sus piernas se sentían como de plomo, pero sentía la adrenalina en sus venas y logró caer, algo torpemente, en el tejado.

"Oye, ¡perra!"

Misao abrió la bolsa y sacó los otros cuatro kunai que quedaban dentro.

"HAAAAAAAAAAAAA!" Toda la furia que sentía sirvió para alimentar la fuerza con la que lanzó los kunai, los que terminaron en lugares muy específicos de los cuerpos en la calle con tal fuerza que uno terminó contra la pared y no se veía tan bien como Soujiro.

Misao se sacó las geta que, de alguna manera habían permanecido en sus pies durante toda la acción y empezó a saltar por los tejados, con los zapatos en la mano.

o-o-o-o-o-o

Misao no estaba en el Aoiya. Y ya era bastante tarde.

La meditación no había funcionado. En lugar de limpiar su mente, parecía que su deseo de encontrar paz había sido tan fuerte que, luego del episodio con sus cuatro camaradas dementes, habladores y bastante muertos, su mente parecía haber alcanzado la cima del no pensar y se había desconectado con tan buenos resultados que sólo había despertado unos minutos antes.

Ese tipo de cosa sólo había sucedido antes una vez. Aoshi sabía muy bien que ese tipo de meditación era comúnmente conocida como "Muerte en vida" y que el nombrecito NO debía tomarse a la ligera. La mente se desconectaba del cuerpo de forma gradual y, lo que empezaba como una persona durmiendo de forma normal terminaba como un cuerpo que casi ni respiraba, incapaz de sentir incluso acero caliente penetrando su piel. Nada externo podía despertar a la persona en meditación e intentarlo se consideraba extremadamente peligroso. La única forma de que esa persona despertara era que él mismo lo decidiese.

Pero ya que sólo se podía entrar en ese estado al tratar de escapar de algo... Aoshi recordaba que eso había sucedido una sola vez. Sí, sólo una vez una persona había sido capaz de despertar de ese sueño vacío. Los otros habían muerto en su sueño profundo.

Pero él había despertado con un fiero deseo de ver a Misao De arreglar las cosas. ¿Fue eso lo que lo hizo regresar luego de sólo unas horas? si de algo estaba seguro era de que Misao lo odiaba. o por lo menos, que ya no era de sus personas favoritas.

¿A quién intentaba engañar? ¡Misao probablemente estaba decidiendo con qué ingredientes marinar los pedacitos que quedaran de él luego de enfrentarlo! Y si, si la chica se lo proponía, era bastante capa de lograrlo. Y él la dejaría.

¿Acaso él no había luchado también por espero como Okashira al inicio? ¿No había encontrado consuelo en las personas que creyeron en él?

Se había comportado tan mal como esos viejos que lo habían menospreciado con ojos llenos de desprecio.

La idea de que Misao lo odiara de la misma manera que él había odiado a esos viejos lo hacía sentirse incómodo. Preocupado. HERIDO.

"Simplemente nunca dijiste la verdad"

¿La verdad? ¿Y cuál era esa verdad que lo hizo perder el control y confrontar a Seta? ¿Y que hizo que sintiera tanta desesperación como para gritar que confíe en él? La verdad que lo había hecho comportarse como un verdadero imbécil, sin considerar los sentimientos de ella.

Sin importar lo que pasara, Misao siempre había creído en él. Incluso luego de que casi matara a Okina, incluso después de que le dijera tan fríamente que no quería verla nunca más, incluso después de todo, ella lo había recibido de regreso. Quizás haya sido por lealtad o por sus sentimientos no correspondidos, eso no importaba. Ella estuvo ahí para él.

Aoshi de pronto sintió una presencia acercándose por la derecha, justo a la vuelta de la esquina... Una figura saltó desde el techo vecino hacia el jardín… Y entonces la luz de luna dejó que Aoshi pudiera ver lo que sucedía

Una Misao desaliñada. Su kimono estaba desgarrado, se podía ver su pecho hasta la parte superior de sus senos y un poco más. Bajo el obi el kimono estaba en peores condiciones todavía, exponiendo sus piernas hasta los muslos. La chica se movió y Aoshi pudo ver un gran hematoma morado que ya se estaba formando en su seno derecho. Otro movimiento reveló una gran hinchazón en su mejilla izquierda. Además de sangre en su nariz y en su labio superior.

Misao se secó molesta la sangre y se quedó de pie

Aoshi se quedó quieto donde estaba. Una Pelea. Había estado en una pelea.

Ella estaba temblando y ahora se sorprendió de ver que él también estaba temblando. Temblando con las ganas de cortar en pedacitos a quien sea que le haya hecho esto a Misao.

Una partecita interna se preguntó qué tan mal habría terminado su oponente. Y otra parte, casi demasiado pequeña para ser notada, se preguntó cómo una persona tan golpeada y hecha porquería podía verse tan bien.

"¡MALDICIÓN!" La voz de Misao salvó a Aoshi de reconocer a la segunda vocecita. La chica cayó al suelo y lo golpeó un par de veces con los puños. El movimiento hizo que su escote se abriera un poco más y que el kimono se le subiera por las piernas.

Aoshi tragó saliva pero forzó a sus ojos a separarse de esas piernas largas. Lo que fue algo difícil hasta que vio su rostro. En un instante todo por debajo de su rostro desapareció cuando Aoshi vio que había una lágrima que caía por su mejilla. Era una lágrima de frustración. Él lo sabía por la forma en que ella se estaba mordiendo el labio inferior y por la forma por la que seguía golpeando el suelo ligeramente con su puño y por la forma en que sus brazos temblaban y... Oh, que los Dioses ayudaran a quien sea que le haya hecho esto, porque si Aoshi los encontraba... y lo HARÍA. Era un ninja, después de todo.

Pero ellos podían esperar. No eran importantes ahora. Sólo Misao lo era. Solo ella.

Aoshi se detuvo. Sus ojos enormes, bajó la vista hacia sus manos y las encontró en ajustados puños. Tan ajustados que la sangre ya no circulaba.

Sus ojos regresaron a la pequeña figura en el jardín. Un paso. Otro. Otro más. Sólo un par más y ella lo vería.

"¡Misao-chan!"

Aoshi se detuvo y sólo pudo, congelado y sin poder hacer nada, cuando Seta llegó corriendo desde dentro del Aoiya. El chico se detuvo a un par de pasos de Misao, quien lo miró con ojos llenos que lágrimas a punto de caer. Misao no se veía sorprendida, pero la forma en que se estaba mordiendo el labio inferior indicaba que estaba haciendo todo lo posible por no llorar.

Aoshi se forzó a sí mismo sólo a ver mientras Seta se agachaba frente a ella y, con manos sorprendentemente firmes, tomó ambas partes de su kimono y cerró el escote. Se veía algo tan íntimo, como si Seta no sintiera vergüenza de tocar a una mujer... De tocar a MISAO en particular. Y ella no se quejó. Seta luego se sacó el gi y lo colocó sobre los hombros de Misao, quien le dedicó una sonrisa aguada.

Una sonrisa que Aoshi hubiera matado porque estuviera dirigida a él en ese momento.

"Maldición" dijo Misao.

"Aa." Dijo Seta, sentado tan cerca que sus rodillas casi se rozaban, pero sin hacer ningún movimiento para acercarse más.

"Los atrapé. Empotré a todos esos feos a la pared, ¿sabes?" La chica miraba a la camisa de Seta, pero sus ojos no estaban concentrados en ella.

"Buen trabajo". Él no parecía notar nada, así como muchas veces antes parecía no notar muchas cosas.

"Seh. Sí que lo fue". Misao aspiró fuerte.

Se miraron el uno al otro. Por una vez, Soujiro no tenía ninguna expresión en el rostro. No preocupación, ni pena ni nada.

Las siguientes palabras de Misao fueron dichas en una voz pequeña y tentativa. "¿Puedes abrazarme un momento?"

La única respuesta de Seta fue abrir los brazos. Misao inclinó su cuerpo hacia adelante y de lado, hacia él.

"Me siento molesta conmigo misma. Mientras más lo pienso, más molesta me siento" Misao tomó un puñado de pasto. "Pero esto no se volverá a repetir"

Soujiro acarició ligeramente el cabello de ella. "Misao-chan…"

"…...No. Sólo déjame quedarme así un momento, ¿sí?" Nada de preguntas por favor

Aoshi miró el tierno cuadro que tenía frente a sí. Y vagamente notó que nuevamente no sentía los puños. Dolía. Realmente dolía. Que ella hubiera buscado refugio en Seta...No, en otro hombre... ¿Las cosas hubieran sido diferentes si él hubiera llegado primero? ¿Si no se hubiera quedado parado como idiota por tanto tiempo?

"simplemente nunca dijiste la verdad"

La voz de Misao resonó en la mente de Aoshi. Y de pronto, tuvo la respuesta.

"La verdad es...que...tengo celos" Su voz fue demasiado queda para poder escucharla y sonaba increíblemente sorprendida. Y quizás derrotada. Pero no existía duda de que era la verdad.

Y esa comprensión hizo que todo cayera en su lugar. Por qué sentía hormigueos en la columna cada vez que Misao lo acariciaba, por qué se tensaba tanto cuando ella lo abrazaba. Por qué había olvidado respirar cuando ella lo besó en la mejilla. Por qué había estado dispuesto a hacer cualquier cosa para alejarla del camino de Seta.

La tela sobre sus ojos había caído.

Y de esa manera, Aoshi se fue del jardín, mareado.

o-o-o-o-o-o

Misao se puso tiesa en brazos de Soujiro. Él la soltó un poco, conociendo la razón.

"Creí sentir... No, no es posible..." No, no Aoshi, no ahora, por favor. De pronto se dio demasiada cuenta del estado de su kimono. Y su posición con Sou-kun.

"Entonces no lo fue" Los ojos de Misao se abrieron de par en par, reconociendo lo que Soujiro quiso decir. Lo cogió fuertemente de la camisa y lo miró.

"Si era, ¿verdad?" La voz era pequeña, incierta. Decir que sí significaría aceptar demasiado. Ella no estaba lista para eso. Aún no. Ni siquiera se atrevía a mencionar un 'él' Eso lo haría demasiado real, demasiado pronto.

"Si no quieres, no lo era." Depende de ti Misao-chan.

Misao lo abrazó salvajemente, como a un salvavidas.

"Miénteme"

La única respuesta del chico fue colocar sus manos en ambos lados del rostro de ella y forzarla a mirarlo.

Misao evitó sus ojos y miró hacia otro lado. Soujiro apretó más el rostro, de tal manera que ella no podía mover la cabeza. Sólo que sus ojos se rehusaban a verlo.

La sacudió primero lentamente, luego un poco más fuerte cuando pasaron los segundos y no hubo reacción. De pronto, las manos de Misao volaron al rostro del chico, y lo cogió exactamente como él lo hacía.

"¡Miénteme!" La chica colocó su frente contra la de él, mirándolo de una forma desesperada, con las narices casi tocándose. "Enfrentaré la verdad mañana, ahora no puedo. Por favor..."

Soujiro la jaló hacia sí, abrazándola fuertemente contra su pecho.

"Fue el viento, Misao-chan. Sólo el viento"

Al escuchar los cambios en respiración que indicaban llanto, Soujiro recordó a otra mujer que había llorado contra su pecho hacía mucho tiempo.

Misao no pudo leer el ki. Sólo sentir su presencia, y eso no era suficiente para entender lo que estaba sucediendo. Sin embargo, tendría que enfrentarlo eventualmente. AMBOS tendrían que enfrentarlo.

Ojalá el par de idiotas no esperaran hasta que fuera demasiado tarde.

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Fin del capítulo 23

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Por favor dejen un review para saber que siguen por ahí! Falta poco para alcanzar a la versión en inglés y ya tengo el nuevo capítulo en camino. Hay alguien? T-T