Harry Potter fue fundada por J.K. Rowling.

DC Comics fue fundada por Malcolm Wheeler-Nicholson.

Cross de FXRobalino.

Puede ser un Cross: Harry Potter/Marvel o Harry Potter/DC (O se pueden usar las tres).

Fem-Harry puede ser transportado a alguno de esos universos o uno donde estén conectados, pero sin que tengan una comunicación, más allá de lo que se ve en los libros de Harry Potter. (Es decir: La Reina de Inglaterra no puede mandar o mantener el Instituto Internacional del Secreto, ella es una Muggle y no sabe, ni debe saber nada)

Fem-Harry es una Reina (Tomado de la historia de FXRobalino Harry Potter: El Retorno del Rey), es un ser muy poderoso en niveles mágicos y tiene el alma de un animal de gran cantidad de magia, en su interior.

Fem-Harry debe tener chicas de ambos lados, las obligatorias (de Harry Potter) son: Hermione, Padma, Daphne y Susan.

Si se decide trabajar con DC son: Starfire y Blackfire.

Los magos deben de ser poderosos. Los magos deben de estar, a un nivel de amenaza aceptable, para no ser menos.

Fem-Harry y las chicas, deben de ser un grupo neutral, enfrentando a héroes y villanos.

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22: La Cámara de los Secretos.

Durante el próximo desayuno, Madame Pomfrey, ingresó junto al Dr. Destino, Owl, John Constantine y Zatara Zatanna, seguidos por los alumnos que habían sido petrificados, pero que ahora estaban bien.

Al ver a estas personas, los maestros, y especialmente Dumbledore, desenfundaron sus varitas, pero esperaron.

Todos se levantaron de sus sillas, y aplaudieron, al ver a los atacados, ahora en un perfecto estado de salud; además de que los hijos de Muggles y los Mestizos, estaban felices al ver, que algunos de los héroes de la Liga de la Justicia, estaban allí mismo, en el colegio.

—Debo reconocer, que yo misma me sentía perdida, sobre cómo resolver este caso. —Dijo Madame Pomfrey. —No sabía cómo podría auxiliar a nuestros alumnos, y acepté la ayuda, que una alumna me propuso. Gracias a estas personas, aquí presentes, hemos logrado sacar a sus compañeros de su estado petrificado.

—Poppy —dijo Dumbledore, acercándose a ella. — ¿Cuál fue la alumna, que te comunicó con estas personas?, ¿y quiénes son ustedes? —John y Zatara se presentaron por sus nombres, no así, los otros, quienes se presentaron por sus identidades heroicas.

—Me encontraba perdida, Albus —dijo Poppy. —Y esta señorita de Ravenclaw, me dijo que tenía algunos amigos de su familia, quienes podrían auxiliarnos.

—Madame Pomfrey, profesores —dijo el Dr. Destino, dando un paso al frente. —Estuve hojeando diversos libros, y creo haber comprendido, lo que pasó. Además de los testimonios de los alumnos. —El Dr. Destino, pronunció un hechizo en griego, y elevó sus brazos al cielo, enseñando los recuerdos de los alumnos petrificados, todos hablando: o de serpientes o de dos grandes ojos amarillos. —A riesgo de equivocarme, pero estaría casi seguro de que se trata de un Basilisco. —Todos lanzaron chillidos. —Estuve investigando sobre esta así llamada Cámara de los Secretos, pues la hija de nuestros amigos, nos habló sobre ella. Y lo que he descubierto, es que solo se abrirá mediante el idioma de las serpientes, el Pársel. Si el Basilisco estuviera rondando el colegio, alguien ya lo hubiera visto, quizás también hubiera sido petrificado o quizás no, pero el personal del profesorado, hubiera tenido un testimonio o quizás, varios de ellos.

—Estuve empleando esto —dijo Owl, sacando de su Owl-Belt un pequeño aparato alargado. —Permite ver con rayos X. Y he encontrado algo extraño: esta es una institución mágica, y literalmente todo usa magia, en mayor o menor medida. Y, aun así, el edificio presenta, una extensa red de cañerías. Si esta criatura también es mágica, ¿no tendría sentido, que la criatura pudiera aumentar o encoger su tamaño, y trasladarse por las tuberías?, ¿o alguno de los pacientes, podría hablarnos de una serpiente de diez metros, reptando por los pasillos del colegio? —los pacientes se miraron entre sí, y negaron con la cabeza. —Pero todos hablaron, sobre los ojos amarillos y como luego de eso, no recordaban más, sino despertar en la enfermería. Pero siempre, había algo extra:

Justin Filch-Fletcher, lo vio a través de Nick-Casi-Decapitado.

Colin Creevey, a través de su cámara de fotos.

La gata lo vio en el reflejo del agua.

Jeremy y Angelina, lo vieron a través de un espejo que Angelina llevaba en su mano, en ese momento.

—Pero sigue estando la pregunta —dijo el profesor Flitwick. — ¿Quién lo hizo?, ¿Quién ha abierto la Cámara de los Secretos?

—Alguien que hable Pársel, sin duda —dijo Snape, y todos miraron a Alex, quien se sonrojó.

— ¡Yo no he sido! —gruñó Alex Potter.

Hagrid se levantó, tan rápido que tumbó la silla, asustando a todos. — ¡Los gallos han aparecido muertos, y el canto del gallo es mortal para el Basilisco!

—Claramente: el heredero de Slytherin, no quería que hubiera ningún gallo, cuando él liberara al Basilisco —dijo el profesor Kettleburn, el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.

Albus miraba a todos, con enfado. Especialmente a Clarisse Kent, pues esto era su culpa. Por su culpa, estos alumnos fueron despetrificados y ahora, Alex no tenía toda la presión mediática, que tuvo encima anteriormente.

Su plan para que Alex lo fuera a buscar, cuando estuviera por sufrir un colapso nervioso y que juntos buscaran la Cámara, para que así Alex pudiera presenciar, cuan grandioso era él, Albus Dumbledore, acababa de ser destruido, por estos malditos héroes mágicos y por la mocosa Kent.

— ¡Lo tengo! —dijo repentinamente Clarisse, sonriendo. — ¡Si hubo un incidente hace cincuenta años, tal y como lo dicen los documentos, que el Dr. Destino acaba de leer, y si la niña sufrió una muerte espantosa, entonces quizás siga allí, como un fantasma!

— ¡Myrtle la llorona! —dijeron los profesores.

— ¿Dónde? —preguntó John Constantine.

—Baño femenino del tercer piso —contestó Clarisse.

—Señorita Kent, caballeros, dama —ordenó la profesora McGonagall, siendo seguida por su alumna y los héroes mágicos.

Cuando llegaron, Myrtle les contó, que escuchó la voz de una persona, de un chico y que después, vio dos ojos amarillos.

Minerva se acercó, y encontró algo muy especial, era el poco común tallado de una serpiente en el grifo.

Alex entonces, fue quien les ayudó a abrirlo, usando el Pársel y asintió.

Los maestros descendieron y tuvieron que llamar a Alex, así que él fue bajado, por el Detective Marciano, mientras que no notó como Clarisse, literalmente volaba detrás suyo, hasta la antesala, que estaba cerrada, por una puerta de hierro, que Alex ayudó a abrir.

Ahora se hallaban en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia.

Clarisse sacó su varita y avanzó por entre las columnas decoradas con serpientes. Los pasos de todos, resonaban en los muros sombríos. Iban con los ojos entornados, todos estaban dispuestos a cerrarlos completamente al menor indicio de movimiento.

Les parecía que las serpientes de piedra los vigilaban desde las cuencas vacías de sus ojos.

Snape fue el primero en verlo, el primer en echar hacía atrás la cabeza, para poder ver el rostro gigantesco que la coronaba: era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba casi hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo. — "Salazar Slytherin" —susurró.

— ¡Miren por allí! —gritó de repente, la profesora Sprout, y todos se acercaron, reconociendo a una alumna de once años, cabello rojo y de ojos cerrados, de piel pálida, que sujetaba un extraño diario.

—Señorita Weasley, ¿pero, ¿cómo llegó hasta aquí? —preguntó una incrédula y asombrada Minerva McGonagall.

—Yo la traje —dijo una voz detrás de todos, haciendo que se giraran, con varitas o poderes, listos para usarlos. —No se preocupen. No despertará —dijo una voz suave. Era un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado contra la columna más cercana, mirándole. Tenía los contornos borrosos, como si lo estuvieran mirando a través de un cristal empañado.

— ¿Y quién eres tú? —preguntó Snape, con la varita en alto y haciendo muecas, debido al repentino dolor de la Marca Tenebrosa. — ¿Cómo llegaste hasta aquí?

— ¿Eres un fantasma? —preguntó Clarisse dubitativa.

El extraño adolescente, negó con la cabeza. —Soy un recuerdo —respondió Ryddle tranquilamente— guardado en un diario durante cincuenta años. —Ryddle señaló hacia los gigantescos dedos de los pies de la estatua. Allí se encontraba, abierto, un pequeño diario negro.

—Tenemos que sacarla de aquí. —dijo el profesor Flitwick, apuntando de un lado a otro. —Hay un basilisco... Podría llegar en cualquier momento.

—No vendrá si no es llamado —dijo Ryddle con toda tranquilidad.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó, entrecerrando los ojos, mientras que Minerva y Sprout, le apuntaban a él, pero Clarisse y Alex, jamás habían dejado de apuntarle al muchacho.

La sonrisa de Ryddle se hizo más evidente. —He esperado este momento durante mucho tiempo, Clarisse Kent, antiguamente... Potter, hermana del supuesto Niño-Que-Vivió —dijo Ryddle. —Quería verte. Y hablarte.

—¿Cómo ha llegado la niña a este estado? —preguntó el Dr. Destino, hablando despacio y mirando a Ginny.

—Bueno, ésa es una cuestión interesante —dijo Ryddle, con agrado—. Es una larga historia. Supongo que el verdadero motivo por el que Ginny está así es que le abrió el corazón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible. Estoy hablando por supuesto, del diario —respondió Ryddle—. De mi diario. La pequeña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas: que sus hermanos se burlaban de ella, que tenía que venir al colegio con túnica y libros de segunda mano, que... —A Ryddle le brillaron los ojos. —... pensaba que el famoso, el bueno, el gran Alex Potter no llegaría nunca a quererla... porque él mismo la despreció. —Mientras hablaba, Ryddle mantenía los ojos fijos en Alex, solo para pasar a Clarisse. Había en ellos una mirada casi ávida. —Fue muy molesto, tener que oír las tonterías de una niña de once años —siguió—. Pero me armé de paciencia. Le contesté por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso. Ginny, simplemente, me adoraba: —su sonrisa creció, y cuando volvió a abrir la boca, de su garganta surgió la voz de Ginny Weasley, aterrando a los maestros. —Nadie me ha comprendido nunca como tú, Tom... Estoy tan contenta de poder confiar en este diario... Es como tener un amigo que se puede llevar en el bolsillo... —Cuando volvió a hablar, su voz retornó a la normalidad. —Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña señorita Weasley. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a la señorita Weasley con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma...

—¿Tu alma? —preguntó Zatanna, con un hechizo, en la punta de la lengua. John asintió, mientras que él mismo, extraía un frasco pequeño, de uno de sus bolsillos.

—Ginny Weasley abrió la Cámara de los Secretos. Ella retorció el pescuezo a los gallos del colegio y pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los cuatro sangres sucias y el gato del Squib. Por supuesto, al principio ella no sabía lo que hacía. Fue muy divertido. Me gustaría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario... Se volvieron mucho más interesantes: Querido Tom —recitó, con la voz de la propia Ginny, contemplando las horrorizadas caras de todos—, creo que estoy perdiendo la memoria. He encontrado plumas de gallo en mi túnica y no sé por qué están ahí. Querido Tom, no recuerdo lo que hice la noche de Halloween, pero han atacado a un gato y yo tengo manchas de pintura en la túnica. Querido Tom, Percy me sigue diciendo que estoy pálida y que no parezco yo. Creo que sospecha de mí... Hoy ha habido otro ataque y no sé dónde me encontraba en aquel momento. ¿Qué voy a hacer, Tom? Creo que me estoy volviendo loca. ¡Me parece que soy yo la que ataca a todo el mundo, Tom! —explicó Ryddle. —Y entre sus anotaciones, leí sobre tu hermano y sobre ti, y quería llegarlos a conocer. Alex Potter y su hermana olvidada, y adoptada: Clarisse Kent.

—¿Y por qué querías conocernos? —preguntó Clarisse, la ira lo embargaba y tenía que hacer un gran esfuerzo para mantener firme la voz.

—Bueno, verán: Ginny me lo contó todo sobre ustedes, Clarisse —dijo Ryddle—. Toda la fascinante historia. —Sus ojos vagaron por la cicatriz ya borrosa, el vago recuerdo en forma de rayo que Clarisse alguna vez, llegó a tener en la frente, y su expresión se volvió más ávida. —Quería averiguar más sobre ustedes, pero especialmente: hablar contigo, conocerte si era posible. Le pedí a Ginny, que creara un circulo rúnico, muy especial. Uno que me dejaría ver y escuchar, y que lo colara en una clase que ella supiera, tendrían los Gryffindor y Ravenclaw de segundo año. Y entonces, pude verlo. Vi al mocoso, a Alex Potter —Ryddle gruñó e hizo una mueca de asco. —Un mocoso con una de las peores calificaciones de todo el colegio, que solo bromea, que no se pone serio en sus trabajos... Que se va pavoneando, sobre ser El-Niño-Que-Vivió. Le pedí algo de información sobre ti, y todo tuvo sentido: Una eminencia del pociones, encantamientos y transformación. Una chica que fue hecha a un lado, por Albus Dumbledore. —Ryddle sonrió. —La-Niña-Que-Vivió, vino hasta mí. —Todos estaban listos, para atacar a Ryddle. —Me llevó mucho tiempo, encontrar la Cámara de los Secretos. La encontré, en mi sexto año. Decidí dejar un diario, conservándome en sus páginas con mis dieciséis años de entonces, para que algún día, con un poco de suerte, sirviese de guía para que otro siguiera mis pasos y completara la noble tarea de Salazar Slytherin. —Empuñó la varita de Ginny y escribió en el aire.

Tom Sorvolo Ryddle.

Agitó su mano y las letras cambiaron.

Soy Lord Voldemort.

— "¿Ven?" —susurró—. Es un nombre que yo ya usaba en Hogwarts, aunque sólo entre mis amigos más íntimos, claro. ¿Crees que iba a usar siempre mi sucio nombre Muggle? ¿Yo, que soy descendiente del mismísimo Salazar Slytherin, por parte de madre? ¿Conservar yo el nombre de un vulgar Muggle que me abandonó antes de que yo naciera, sólo porque se enteró de que su mujer era bruja? No. —Ryddle abrió la boca y silbó... pero Clarisse, Alex y en menor medida Snape, comprendieron lo que decía. — «Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts» —Todos se volvieron hacia la estatua. El gigantesco rostro de piedra de la estatua de Slytherin se movió abría la boca, más y más, hasta convertirla en un gran agujero. Algo se movía dentro de la boca de la estatua. Algo que salía de su interior.

— ¡Doc., portal! —Clarisse y Dr. Destino, comenzaron a mover sus manos y un anillo blanco, se formó ante ellos. — ¡Haremos que el Basilisco, llegue a Apokolips, que caiga en uno de sus pozos de fuego solar!

—Entendido —dijo Dr. Destino.

Para el asombro de todos, apareció un lugar lejano, y lo que parecía ser un cráter, lleno de fuego, y era tan brillante, que no podían mirar fijamente.

Ryddle abrió su boca, pero los maestros de Hogwarts, hizo que no pudiera hablar, y advertir la trampa al Basilisco, el cual cayó irremediablemente, al pozo de fuego, donde se quemó y murió. — ¿Qué está haciendo? —pensó Ryddle horrorizado, cuando vio a Clarisse agarrar el diario. — ¡NO LO HAGAS! —Intentó moverse, pero lo petrificaron. El trozo de... recuerdo, vio como el diario que lo mantenía con vida, se carbonizaba, en las llamas solares, y él mismo desapareció.

Ginny Weasley despertó y la llevaron hacía la superficie del colegio, y después recorrieron sus pasillos, hasta la enfermería, donde la Sra. Pomfrey, quien le dio una poción, calmante.

La niña, con lágrimas en los ojos, habló sobre el diario y los maestros lo especificaron todo.

Cuando Clarisse supo que la niña estaba fuera de peligro, y que todos los estaban esperando, en el Gran Comedor, ella, junto a John, Zatara, Doctor Destino y Owl, fueron hacía allí.

En el mismo momento en el que entraron, Hermione, Daphne, incluso Parvati y Padma, así como Susan, se acercaron a Clarisse, para preguntarle, qué había pasado.

Muchos otros, empezaron a preguntar, Clarisse levantó su mano y todos se silenciaron, pronunció un hechizo, en una lengua actualmente muerta, y llevo sus manos a su cabeza, con los pulgares en la frente, y los dedos, índice, corazón, anular y meñique, en la parte trasera de la cabeza. Luego, llevó sus manos al frente, y un humo blanco se formó, Clarisse alejó sus manos, lentamente.

Allí, entre sus manos, se formó una nube de humo o polvo dorado, Clarisse extendió sus manos, y todos fueron rodeados por aquel polvo, y pronto, la imagen se fue aclarando, viéndolo todo, desde el punto de vista de la pelinegra de ojos verdeazulado.

Los vieron ir a la Cámara de los Secretos, descender y atravesar la puerta interna acorazada de la cámara. Se maravillaron, ante todos los decorados del lugar.

Dumbledore abrió los ojos, al ver a Tom Ryddle allí. Extrajo su varita mágica, y arrojó un Finite Incantatem no-verbal, pero para su horror, no pasó nada. No podía permitir, que la verdad, sobre Voldemort saliera a la luz, o sino, él jamás podría auxiliarlo a volver al buen camino. — ¡Señorita Kent, lo mejor será hablar de esto, en mi oficina! —dijo, con una expresión de horror. Pero Clarisse solo lo miró desafiante, y no hizo nada.

Alguien gritó de horror, al descubrirse que fue el mismísimo Voldemort, quien los había estado atacando.

Entonces, se horrorizaron, cuando vieron a Voldemort hablar Pársel y entendieron, que la boca de la estatua de Salazar Slytherin, eran en realidad la madriguera del Basilisco.

Todos quedaron boquiabiertos, al ver como Clarisse y el Dr. Destino, abrían un portal y como el Basilisco, caía en un pozo de fuego, y después destruían el diario, de la misma forma.

—En representación, de todos los maestros de Hogwarts, —dijo Minerva. —Por favor, acepten este premio, por su ayuda a nuestros alumnos.

—Es lo que hacemos, señora —dijo Owl/Thomas Wayne sonriente, y agarrando el premio, en representación del resto de la Liga. —Salvamos vidas. Gracias por esto. —Todos los alumnos aplaudieron, y los hijos de Muggles y mestizos, estuvieron tomándose fotos, con los miembros presentes de la Liga de la Justicia Oscura.

—Las clases de las próximas tres semanas, se cancelan. La docencia ha aceptado, que todos necesitamos un descanso, después de todo lo ocurrido —dijo Minerva sonriente, haciendo que todos aplaudieran. —Y me complace decirles a todos, que los Aurores vendrán mañana, debido a que Gilderoy Lockhart, ha sido encontrado como un ladrón intelectual, de todas sus obras, y actualmente, se encuentra encerrado, en la torre oeste del séptimo piso, en la oficina del profesor Flitwick.

Antes de que los miembros de la Liga de la Justicia Oscura, se fueran, se encontraron con los padres de Ginny Weasley, y escucharon cuan preocupada estaba la señora Weasley.

Ginny dejó de sonreír, dejó de comer, estaba encerrada en su habitación, y eso no la ayudaría, en palabras de John Constantine, quien llamó a J'onn J'onzz y conversó con él, por una larga media hora, antes de ir a buscar a los padres de Ginny Weasley, y conversar con ellos, a puerta cerrada.

La sorpresa de Clarisse fue grande, cuando John notificó, que llevarían a Ginny a la nueva casa de J'onn, donde él esperaba poder ayudarla, gracias a su telepatía. Se decidió que la niña viajara, cuando el año escolar, cerrara del todo.

Los celos llenaron a Alex Potter, porque su hermana y esa tal Liga de la Justicia Oscura, se estaban llevando todo el crédito por vencer al basilisco.

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Dumbledore se sentó en el suelo, mientras respiraba pesadamente, y miraba la destrucción de su oficina.

No comprendía, como todo había salido tan mal. Se suponía que tendría que ser Alex, quien se interesara en resolver el misterio de la Cámara de los Secretos, para así poder limpiar su nombre.

Se suponía que Alex fuera a buscarlo, para que le ayudara y orientara, pero la maldita mocosa de Clarisse Kent, se había adelantado, había llamado a esos magos, ellos habían despetrificado a las víctimas, y habían resuelto el asunto, matando al Basilisco y quemando el diario, el cual sí era un Horrocrux, como él tanto lo había pensado.

Además, esos tipos y la mocosa Kent, habían enseñado los recuerdos de lo ocurrido en la Cámara. Y era su culpa, que, en estos momentos, no solo el personal del profesorado y el personal estudiantil, supieran de la existencia de un ser humano, detrás de la persona de Lord Voldemort.

Entonces, apareció repentinamente, una edición especial del Profeta.

Albus agarró el diario con curiosidad. Sus ojos se abrieron y frunció su ceño, antes de gritar, liberar su magia, y causar una destrucción aún mayor, entre los restos de su oficina.

El humano detrás del Monstruo: Tom Sorvolo Ryddle Gaunt.

Y lo peor de todo lo allí escrito, fue que cada palabra, era real. ¿Cómo consiguió el Profeta, la biografía de Tom Sorvolo Ryddle?

Eso era algo, que Albus no comprendía y solo lo hizo enfurecerse más.

Seguramente, cuando todos lo leyeran, habría muchos Mortífagos desertores.