Harry Potter fue fundada por J.K. Rowling.

DC Comics fue fundada por Malcolm Wheeler-Nicholson.

Cross de FXRobalino.

Puede ser un Cross: Harry Potter/Marvel o Harry Potter/DC (O se pueden usar las tres).

Fem-Harry puede ser transportado a alguno de esos universos o uno donde estén conectados, pero sin que tengan una comunicación, más allá de lo que se ve en los libros de Harry Potter. (Es decir: La Reina de Inglaterra no puede mandar o mantener el Instituto Internacional del Secreto, ella es una Muggle y no sabe, ni debe saber nada)

Fem-Harry es una Reina (Tomado de la historia de FXRobalino Harry Potter: El Retorno del Rey), es un ser muy poderoso en niveles mágicos y tiene el alma de un animal de gran cantidad de magia, en su interior.

Fem-Harry debe tener chicas de ambos lados, las obligatorias (de Harry Potter) son: Hermione, Padma, Daphne y Susan.

Si se decide trabajar con DC son: Starfire y Blackfire.

Los magos deben de ser poderosos. Los magos deben de estar, a un nivel de amenaza aceptable, para no ser menos.

Fem-Harry y las chicas, deben de ser un grupo neutral, enfrentando a héroes y villanos.

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25: Comienza 1993: Conversaciones Secretas.

Para asombro de Ginny y Clarisse, las cartas para el segundo y tercer año, respectivamente, llegaron a la casa de J'onn J'onzz, una semana antes de volver al colegio, así que sería perfecto, para que las chicas fueran a comprar sus útiles escolares de ese año, y además de todo, fueran a ver a los Weasley, pues Ginny volvía, finalmente a la normalidad.

Y como solía ser: un Ankh de luz, apareció y de él, surgió el Dr. Destino, estirando sus manos, hacía ambas chicas. —Vengan: vamos al Callejón, para que Ginny se reúna con su familia, que la está esperando allá. Luego, iremos a comprar lo que necesiten.

Clarisse sonríe. —Gracias, Doc. —la chica extiende su mano, tomando una de las manos del Dr. Destino y Ginny hace lo mismo, antes de que la luz del Ankh, sea demasiado para ambas, y tengan que cerrar los ojos. Cuando los abren de nuevo, están afuera de la pared, que separa al Caldero Chorreante, del Callejón Diagon.

La Kryptoniana-Amazónica, tocó la pared con su varita, y la pared se hizo a un lado, al cruzar, las adolescentes pelinegra y pelirroja, no pudieron evitar sonreír, ante su buena suerte, pues al atravesar la pared, los Weasley estaban allí, caminando, para hacer las compras del siguiente año.

— ¡Mamá, papá, volví! —dice Ginny sonriente, haciendo que todos los Weasley se giren, y la miren sorprendidos.

— ¡GINNY! —sus hermanos corren en estampida hacia ella, abrazándola y besándole las mejillas.

—La trajiste de vuelta —dijo la señora Weasley, abrazando a Clarisse, quien agradeció tener súper fuerza, o en caso contrario, sus huesos hubieran sido aplastados, por el agradecimiento de la matriarca de la familia Weasley. —Gracias por haberla ayudado.

—Gracias a ustedes, por confiar en mí —dijo Clarisse sonriente.

—Por cierto, Clarisse, ya tengo el dinero —informó el Dr. Destino, haciendo que la chica asintiera, mientras caminaban hacía Flourish & Blotts. —Entonces, ¿Cuáles son los libros de este año?

—Los libros de los cursos electivos, Doc. En mi caso, son dos: Cuidado de Criaturas Mágicas y Runas Antiguas. Y como clase extracurricular, tomaré Arte —dijo la pelinegra, peinándose el cabello con su mano derecha.

—Runas, esa puede ser una materia muy importante. Buena idea, el haberla tomado —dijo el hombre del casco dorado, mientras que Clarisse asentía. —Y podrías llegar a ser una restauradora de arte, como tu madre. Aunque... creí que buscarías ser reportera, como tu padre o Iris.

—No. Quiero algo más tranquilo, Doc. —contestó Clarisse, mientras ingresaban a la librería. —Buen día, caballero. —saludó al encargado, quien tenía el ceño fruncido, mientras la veía sacar la lista. —Necesito...

—Quítate de en medio —dijo el dependiente con impaciencia, haciendo a Clarisse y al Dr. Destino a un lado. Se puso un par de guantes muy gruesos, cogió un bastón grande, con nudos, y se dirigió a la jaula de los libros monstruosos, metiendo el bastón entre los barrotes para separarlos, y agarrar uno desprevenido, entregándolo a la chica. — ¡No pienso volver a pedirlos, nunca más! ¡Ha sido una locura! Pensé que no podía haber nada peor que cuando trajeron los doscientos ejemplares del Libro invisible de la invisibilidad. Costaron una fortuna y nunca los encontramos...

—También necesito: "El Diccionario del Hechicero" y "Expresiones del Arte Mágico" —el hombre asintió, revoloteó entre los libros, y volvió para entregarle los libros a la chica.

—Comenzando el tercer año, las clases se vuelven algo pesadas —advirtió el hombre. — ¡Y ni hablar de quinto año! Clases como Arte Mágico o Arte Muggle, te serán muy útiles, para des estresarte. Así mismo, ten cuidado con las Runas: son poderosas y te otorgarán grandes poderes mágicos, pero un solo error caligráfico, o todo podría acabar muy mal.

La chica le enseñó una sonrisa al hombre, mientras se sonrojaba. —Muchas gracias, caballero.

—Serán treinta galeones —dijo el vendedor. El Dr. Destino abrió su mano, y las monedas literalmente cayeron, desde la palma de su mano, a la palma del vendedor. —Gracias. —murmuró asombrado, por la magia del hombre.

Ambos salieron de la tienda, y comenzaron a conversar, sobre distintos tipos de magia, hasta que escucharon...

— ¡Clarisse! ¡CLARISSE! —Al girarse, vieron a Hermione y Susan, acercándose a ambos.

—Llevaré tus libros, Clarisse, disfruta tu tiempo con tus amigas —dijo el Dr. Destino, mientras desaparecía.

—Hola, chicas —saludó la pelinegra sonriente, recibiendo un abrazo, primero de una y luego de la otra. Pero su sonrisa se borró, ante la seria mirada de ambas jóvenes. — ¿Qué ocurre? —Susan le enseñó el periódico. «Dementores el Hogwarts», decía. — ¿Dementores? —repitió, antes de leer mentalmente, sobre lo que era un Dementor y sobre el escape de Peter Pettigrew de Azkaban, y como actualmente, el Ministerio había lanzado a la mitad de los Dementores, a Hogwarts, para proteger el colegio, así como proteger a Lily y Alex Potter, pues creían que Peter Pettigrew, un reconocido Mortífago, podría estar en el colegio, para intentar dañarlos a ambos. —Y yo que esperaba, tener un año más normal.

— ¡Hey! Puedes contar con nosotras —dijo Susan sonriente.

— ¿Lo sabes, ¿verdad? —preguntó Hermione, al ver la mirada de la chica de ojos verdeazulado.

—Lo sé. Créanme que lo sé. —Dijo Clarisse, cruzándose de brazos, cerrando sus ojos y suspirando.

— ¡CLARISSE, ESPERA! —gritó Hermione, siguiendo a la pelinegra, que comenzó a caminar. Susan fue con ella.

— ¡Clarisse, Hermione, Susan! —gritó Daphne Greengrass, pero no la escucharon.

—Ve con tus amigas, cariño —dijo una sonriente Eleonor Greengrass, logrando que Daphne sonriera, y siguiera a las chicas.

Daphne, Hermione y Susan, se internaron en el Callejón Knockturn, asustándose un poco, pero sin dejar de seguir a su amiga, y sin entender lo que buscaba. La vieron detenerse ante una tienda de varitas y entrar allí.

— "¿Varitas Ktasdeus?" —susurró Daphne, quien miró a Hermione y Susan. Se miraron e ingresaron en la tienda.

— ¡Clarisse! ¿Qué sucede? —preguntó Hermione, Clarisse se veía sorprendida.

—No creí que me seguirían —admitió la pelinegra. —Hola Daphne, no te vi. —Su voz, sonó mucho más alegre, al saludar a la rubia de ojos azules, provocando los celos, de la pelirroja y la castaña.

— ¿Por qué entraste aquí? —preguntó Susan, algo intimidada por la forma en la cual la tienda estaba casi en penumbras, a diferencia de la tienda de Ollivander.

—Creo que siempre es posible, que... Pettigrew, solo sea el primero de varios Mortífagos, en escapar —dijo Clarisse. —Y lo mejor, será tener una forma de... luchar. —Sus amigas, solo la veían probar una varita, tras otra. —Las varitas de los fabricantes del callejón Diagon, el Mercado Carkitt y el Callejón Horizont, trabajan con el permiso expreso del Ministerio de Magia, y nuestras varitas tienen un hechizo, que dará una notificación, a alguien dentro del Ministerio, si usamos magia por fuera del colegio. Incluso si es en un caso de vida o muerte. Pero las varitas del callejón Knockturn, están en contra de la ley. Pero es poder y el poder siempre hará, que aquellos que desean el poder mismo, vean hacía otro lado: por esto, es que existe el Callejón Knockturn. ¿Y si este tipo es solo el primero?, ¿y si nos atacan en la calle?, no podríamos ni tan siquiera, usar un simple Expelliarmus, porque nos acabarían arrestando a nosotros. Por eso, estoy aquí. —Y finalmente, agitó aquella varita, que estaba en sus manos, siendo rodeada por un aura azul.

—El propietario adecuado de la varita de álamo temblón es a menudo un consumado duelista, o está destinado a serlo, ya que la varita de álamo temblón es una de las más adecuadas para la magia marcial. Un infame y secreto club de duelos del siglo XVIII, que se hacía llamar Las lanzas de plata, tenía fama de admitir solo a aquellos que poseían varitas de álamo temblón. —Dijo el vendedor. —Las varitas con núcleo de espina del monstruo del Río Blanco producían hechizos de fuerza y elegancia. Son 10 Galeones. —Clarisse extrajo de su bolsillo, las diez monedas de oro, pagando por la varita.

Cuando salieron de allí, y regresaron por el camino, Clarisse escuchó a Draco Malfoy, y a su padre, conversando con un hombre. —No toques nada, Draco. —Pronunció, quien ella creía, era Lucius Malfoy.

Creía que me ibas a comprar un regalo.

Te dije que te compraría una escoba de carreras —le dijo su padre, tamborileando con los dedos en el mostrador.

¿Y para qué la quiero si no estoy en el equipo de la casa? —preguntó Malfoy, enfurruñado. —Alex Potter tenía el año pasado una Nimbus 2.000. Y obtuvo un permiso especial de Dumbledore para poder jugar en el equipo de Gryffindor. Ni siquiera es muy bueno, sólo porque es famoso... Famoso por tener esa ridícula cicatriz en la frente... —Draco hizo una pausa. —A todos les parece que Potter es muy inteligente sólo porque tiene esa maravillosa cicatriz en la frente y una escoba mágica...

Me lo has dicho ya una docena de veces por lo menos —repuso su padre, con un claro cansancio en su voz. —, y te quiero recordar que sería mucho más... prudente dar la impresión de que tú también lo admiras, porque en la clase todos lo ven como el héroe que hizo desaparecer al Señor Tenebroso... ¡Ah, señor Borgin!

¡Señor Malfoy, ¡qué placer verle de nuevo! —respondió el señor Borgin. — ¡Qué honor...! Y ha venido también el señor Malfoy hijo. Encantado. ¿En qué puedo servirles? Precisamente hoy puedo enseñarles, y a un precio muy razonable...

Hoy no vengo a comprar, señor Borgin, sino a vender —dijo el padre de Malfoy, con enfado.

¿A vender? —Preguntó el señor Borgin, ahora con un tono de voz, menos alegre.

Usted habrá oído, por supuesto, que el ministro está preparando más redadas —empezó el padre de Malfoy, sacando un pergamino del bolsillo interior de la chaqueta y desenrollándolo para que el señor Borgin lo leyera. —Tengo en casa algunos... artículos que podrían ponerme en un aprieto, si el Ministerio fuera a llamar a...

Pero me imagino que el Ministerio no se atreverá a molestarle, señor.

Aún no me han visitado. El apellido Malfoy todavía inspira un poco de respeto, pero el Ministerio cada vez se entromete más. Incluso corren rumores sobre una nueva Ley de defensa de los Muggles... Sin duda ese rastrero Arthur Weasley,ese defensor a ultranza de los Muggles, anda detrás de todo esto... —Clarisse tuvo que hacer uso, de toda su voluntad, para no dar media vuelta y congelarle la cara a Malfoy padre, con su aliento helado, y después estrellarle la cara contra el suelo. —Y, como ve, algunas de estas cosas podrían hacer que saliera a la luz...

¡Ah, la Mano de la Gloria! —dijo el señor Borgin, olvidando la lista del padre de Malfoy y encaminándose hacia donde estaba Draco—. ¡Si se introduce una vela entre los dedos, alumbrará las cosas sólo para el que la sostiene! ¡El mejor aliado de los ladrones y saqueadores! Su hijo tiene un gusto exquisito, señor.

Espero que mi hijo llegue a ser algo más que un ladrón o un saqueador, Borgin —repuso fríamente el padre de Malfoy.

Y el señor Borgin se apresuró a decir: —No he pretendido ofenderle, señor, en absoluto...

Aunque si no mejoran sus notas en el colegio —añadió el padre de Malfoy, aún más fríamente—, puede, claro está, que sólo sirva para eso.

No es culpa mía — replicó Draco—. Todos los profesores tienen alumnos enchufados. Esa Hermione Granger...

Vergüenza debería darte que una chica, que no viene de una familia de magos te supere en todos los exámenes —dijo el señor Malfoy bruscamente, y nuevamente, Clarisse tuvo que buscar formas de calmarse. Suspiró y contó hasta veinte, en su cabeza.

En todas partes pasa lo mismo —dijo el señor Borgin, con su voz almibarada—. Cada vez tiene menos importancia pertenecer a una estirpe de magos.

No para mí —repuso el señor Malfoy, resoplando de enfado.

No, señor, ni para mí, señor —convino el señor Borgin.

En ese caso, quizá podamos volver a fijarnos en mi lista —dijo el señor Malfoy, lacónicamente. —Tengo un poco de prisa, Borgin, me esperan importantes asuntos que atender en otro lugar. —Pasaron los minutos y regatearon, dejando la visita de Borgin, para dentro de dos semanas. —De acuerdo —dijo el señor Malfoy en el mostrador—. ¡Vamos, Draco! Que tenga un buen día, señor Borgin. Le espero en mi mansión mañana para recoger las cosas.

Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos. Pero afortunadamente nosotros también tenemos nuestra propia cámara secreta debajo del suelo del salón. —Se le salió a Draco.

Quédese los buenos días, señor Malfoy, y si es cierto lo que cuentan, usted no me ha vendido ni la mitad de lo que tiene oculto en su mansión. —gruñó Borgin, cuando ambos Malfoy salieron, y se alejaron lo suficiente.

Bajo el suelo del salón. Gracias, Draco —pensó Clarisse sonriente, como si acabara de ganarse la lotería, mientras caminaba hacía el Callejón Diagon, hacía la oficina de correos. Al llegar, se encontró con al menos trescientas lechuzas, desde unas muy grandes y grises hasta mochuelos, esperan para enviar mensajes. Están separadas por un código de colores, dependiendo de cuanta rapidez requiere la carta que quieres enviar.

Clarisse tomó un pergamino y una pluma, escribiendo a la Oficina de Aurores: Kingsley y a la directora del Departamento de Seguridad Mágica: Amelia Bones. Les contó todo lo que escuchó, decir a Malfoy padre y Malfoy hijo.

Además, gracias al hombre que atendía la tienda de correos, pudo extraer su propio recuerdo y colocarlo en un frasco.

No le importó, tener que pagar algo extra, con tal de que el recuerdo y la carta, llegaran a su destino.