Space between Us 3
Muchas gracias a quienes han dejado reviews y leen esta historia. Partió como un proyecto más de una pequeña idea que no podía sacarme de la cabeza y debo decir, que rápidamente se convirtió en uno de mis favoritos.
Les dejo el tercer capítulo de esta humilde historia y quería avisar que no podre publicar nuevos capítulos hasta enero, asi que les deseo una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo anticipado junto a sus seres queridos y que el nuevo año sea todo lo que ustedes desean.
Atte. MIsatoNara
Sin más distracciones, que lo disfruten.
AU Itasaku Canon Divergente
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Kakashi le aseguró que estaría en su casa a las seis: podría ver a Aito entrenar y luego cenar.
Sakura sintió que parte de la tensión que había almacenado desde ayer, se disipaba. Aun así quedaba la peor parte; su hijo era un niño taciturno, pero cualquiera que interpretara su silencio como desinterés, se llevaría una enorme sorpresa.
Era demasiado observador, demasiado perspicaz. Su silencio era la manera en que reconocía el mundo y sus habitantes. La lectura era como los comprendía. Siempre observador y paciente, sabría que no habría forma de ocultarle el cambio que había ocurrido en él.
Sería fácil hacerle entender lo peligroso de su nueva habilidad despertada, pero ella no sería su madre si no supiese que Aito buscaría respuestas con ella o en otro lado sino le decía la verdad.
Nunca habían hablado de su padre, porque él conocía sobre su adopción. Fue imposible acallar los rumores a medida que Aito crecía y se vio obligada a permanecer con él muchas veces en el hospital, donde todos sabían que ella se había hecho cargo de un bebé abandonado durante tiempos de guerra.
Hablarle de su padre, cuando se suponía que no sabía sobre su madre, la obligaría a revelar una verdad para la que no estaba preparada.
Aito no se lo perdonaría jamás y cuestionaría, no sólo sus acciones, sino que se vería obligada a contarle sobre su origen y quién era realmente su padre. Y eso la llevaría inevitablemente a contar sobre lo que había hecho y en quién se había convertido.
Ella conocía una verdad a medias y aún no le interesaba realmente cómo habían sucedido las cosas. Ella lo había amado por quien era en ese momento y lo amo más cuando le dio lo único que la había mantenido unida después de su muerte. A veces, incluso creía que aún lo amaba.
No se hacía ilusiones con la existencia de Sasuke de manera intermitente en la aldea. Tarde o temprano, él conocería a su hijo y no habría mentira creíble que le permitiera ocultar su ascendencia. Había un temor oculto de que Sasuke se enfureciera y le hiciera daño.
En el mejor de los casos, le exigiría explicaciones que no sabría cómo dar. Una parte de ella a veces deseaba gritarle al mundo la verdad y permitirle a Aito saberlo todo y si Sasuke lo deseaba, permitirle ser parte de su vida. Seguía siendo sangre de su sangre y el único pariente vivo que tenía.
Pero también la agobiaba otra pregunta ¿la perdonaría por haberse acostado con su hermano, aquel que había odiado toda su vida por haber matado a toda su familia?
Y si la perdonaba ¿sería parte de la vida de Aito?
Cuando decidió tenerlo, había pensado sólo en el futuro próximo. No había calculado la enormidad de su existencia y todo lo que tendría que enfrentar. Había sido egoísta al traerlo a un mundo que no estaba preparado para él, pero ¿quién podía culparla?
Su hijo la sacó de su ensoñación al llamarla.
-Madre. - él la estaba mirando con curiosidad. Había estado haciendo katas en el patio trasero de su humilde hogar.
-Lo siento. - se disculpó. Lo amaba más que a su propia vida y aun así le había mentido toda su existencia.
-¿Qué vamos a hacer? - preguntó concentrado en el semblante triste de su madre. Él no era tonto, era un niño, pero reconocía las expresiones de su madre como su propia palma y sabía que había algo que la estaba angustiando.
-¿Sobre qué? - preguntó Sakura. Se había tensado, pensando en el futuro truncado de su amigo.
-Ahora. - ella suspiró y le dedico una sonrisa mientras se ponía de pie.
-¿En qué quedamos la última vez? - se acercó a su lado con las manos en las caderas.
-Uso avanzado de chakra. - la puso al día.
-Cierto. Entonces hoy terminaremos con eso. Subirás por el tronco y permanecerás cinco minutos boca abajo. Debes concentrarte, ya que será el mismo principio para caminar sobre el agua, incluso para disipar genjutsu. - Aito asintió, animándose al oír la palabra genjutsu. Puso un pie sobre el árbol y tardó medio minuto en dar el paso siguiente para pararse paralelamente al tronco vertical.
Sakura lo observó permanecer impasible mientras realizaba la acción, un paso a la vez y quedó colgando boca abajo con los ojos cerrados. El tiempo pareció ralentizarse antes de que lo observará dejarse caer de pie sobre el suelo. Se veía algo cansado, pero sabía que había heredado su control del chakra, dominando rápidamente la técnica.
-¿Cómo te sientes? - le preguntó ella aún distraída. Estaba pensando una forma de sacar el tema de su Sharingan sin revelar nada sobre su origen.
-Hay un calor en mis piernas, pero no duele. - trató de explicarse. Sakura asintió mecánicamente con la cabeza y prosiguió.
-Debes seguir practicando. El chakra debe fluir naturalmente a tus manos y pies, porque será la base de cualquier habilidad ninja que aprendas. Lo usarás en todo momento desde ahora, por lo que te cansaras mucho más. Para aumentar tus reservas, te enseñaré una técnica de meditación. - ella se sentó en el engawa y cruzó sus piernas.
Aito la observó posicionarse y cerrar los ojos.
-Imítame. - le pidió ella. Él copió su postura a su costado. - Ahora vas a visualizarte haciendo todo lo que hemos hecho hasta ahora. Sentirás que el chakra fluye por tu cuerpo y deberás contenerlo. - él asintió y comenzó.
Diez minutos después, Sakura hizo la pregunta que había estado dando vueltas en su mente.
-¿Cómo te sientes? - preguntó cautelosa.
-Cansado. - respondió él. Sakura se mordió el labio.
-Lo sé. Me refiero a Toshio. - su pecho se apretó ante la visión del chico inconsciente y quebrado. Aito abrió los ojos y la miró silencioso por un momento que pareció demasiado largo.
-Nunca podrá ser ninja. - dijo de pronto. No era una pregunta, él ya lo sabía. Sus ojos negros se humedecieron y ella supo que estaba sufriendo. Su corazón se saltó un latido cuando destellaron a rojo ante el dolor de su mejor amigo.
Lo vio pestañear y sostenerse la cabeza, ella se preocupó inmediatamente.
-¿Te duele? - le preguntó angustiada.
-No sé qué me pasa. Lo veo cayendo y me duele la cabeza. - había cerrado los ojos y estaba doblado sobre sí mismo. Los orbes verdes también se llenaron de lágrimas reprimidas y lo abrazó contra su pecho.
-No dejará de doler... - susurró ella sobre su cabeza.
-¿Por qué? - preguntó él de pronto, alejándose de su abrazo. El carmesí destello contra el sol del atardecer y el corazón de Sakura lloró al ver al ver el reflejo de Itachi en él.
No supo qué responder. El recuerdo de su padre sumado a la angustia por esos ojos rojos, realmente no sabía cómo explicarle. Estaba a una fracción de romperse frente a su hijo, cuando varios golpes sobre la puerta la hicieron reaccionar.
-Lo siento... - dijo apenas en un susurro y se puso de pie rápidamente. Sabía que estaba huyendo de su propio hijo, pero reconoció que era demasiado pronto. Limpiándose las lágrimas desbordadas se apresuró a abrir.
-¡Yo! - la saludo Kakashi del otro lado, sus ojos estaban arrugados por la sonrisa oculta bajo su máscara. Su expresión se llenó de preocupación al verla con los ojos llenos de lágrimas. Los labios de Sakura temblaron y el hombre se puso nervioso. - Sakura... - dijo envolviendo su cabeza con un brazo mientras la sostenía contra su pecho.
-No puedo... - sollozo silenciosamente mientras se aferraba a la chaqueta verde oscura.
-Tienes que tranquilizarte, Sakura. Aito no debe verte así. - le dio unas palmadas sobre la coronilla intentando calmarla.
-¿Madre? - se escuchó la voz de Aito desde fuera. La mujer en sus brazos se congeló mientras se recomponía alejándose.
-Voy enseguida. - contestó, tratando de infundirle seguridad y calma a su voz. La vio restregarse los ojos para alejar el llanto. Kakashi se guardó las manos en los bolsillos y siguió con su vista el sonido de la voz del chico.
Aito apareció un segundo después por la puerta abierta que daba al patio trasero y Kakashi se congeló también, estupefacto.
El Sharingan de Aito lo paralizó: era la viva imagen de Itachi a su edad. Aunque él era de los pocos que habían conocido al Uchiha cuando era muy joven, y todos los demás estaban muertos ahora: el Sandaime, el Yondaime, Danzo, todos los Uchiha, y aunque había unos pocos que podrían atestiguarlo, sería imposible ocultar la verdad con esos ojos inconfundibles.
Era imperativo que Aito aprendiera a controlar su Sharingan.
-¿Hokage Sama? - los ojos del niño se abrieron grandes al verlo.
-Aito chan. - Kakashi salió de su estupor y le dedicó una sonrisa que se marcó sobre su máscara. - No me digas así, llámame Kakashi. - apretó el hombro de Sakura al pasar a su lado y acercarse al chico.
-Kakashi Sama. - dijo Aito. El nombrado hizo una mueca.
-Trabajaremos luego en eso. - murmuró al detenerse frente al niño, se puso de cuclillas frente a él. - ¿Te duele la cabeza? - le preguntó.
Aito frunció el ceño ante la pregunta y miró a su madre de pie cerca de la puerta, ella estaba seria cuando se giró hacia ellos. La vio sonreír forzadamente mientras se acercaba y afirmaba con la cabeza.
Aito volvió sus ojos hacia el Hokage y respondió con firmeza.
-Sí. ¿Cómo lo sabe? - preguntó curioso.
-Por tus ojos. - el niño se tocó el párpado inferior con los dedos, como si con ese gesto pudiese saber a qué se refería.
-¿Mis ojos? - cuestionó lleno de inocencia y Sakura se mordió la mejilla interna para contener la pena que la inundó.
Kakashi se puso de pie y tomó el hombro del niño, empujándolo suavemente hacia el engawa.
-Ven. - lo invito con él y se sentaron en el borde del pasillo de madera oscura. El niño lo imitó y se sentó también con los pies colgando hacia abajo. Kakashi acarició su cabeza con cariño -Te voy a mostrar algo. Sakura ¿me podrías traer un espejo? - la nombrada estaba de pie junto a la puerta trasera y los miraba a ambos con dolor velado en su rostro.
Ella asintió mecánicamente antes de desaparecer dentro de la casa. Kakashi fijo su atención en el niño otra vez y tomando un profundo suspiro, ordenó sus pensamientos y comenzó.
-Tus ojos han cambiado. - habló en voz baja y suave, casi como si fuese un secreto. -Hace mucho tiempo existían personas únicas que poseían los mismos ojos únicos que tú ahora, pero todos ellos murieron y pensamos que nunca volveríamos a ver unos ojos así. - la mente de Kakashi estaba trabajando horas extras para contarle una historia creíble.
-¿Murieron? ¿Cómo? - preguntó horrorizado. Sakura, quien acababa de regresar, se congeló ante la pregunta. Kakashi la miró un segundo antes de seguir.
-Sí. - tendió la mano para recibir el espejo, la mano de Sakura tembló cuando se lo entregó. - El cómo, no importa. Sólo debes saber que tus ojos han cambiado y debemos mantenerlos en secreto. Son ojos especiales y hay gente muy mala que sólo quiere robarlos, por lo que comenzaremos un entrenamiento especial sólo para esconderlos de ellos. - puso el espejo frente al rostro de Aito y la boca del niño se abrió de la impresión.
Volvió a palpar su párpado inferior con curiosidad y luego miró a su madre.
-¿Es cierto, Madre? - le preguntó a ella. Sakura sólo pudo asentir en silencio, y conteniendo el dolor, se acercó al lado de su hijo y se sentó, apoyando una mano sobre su hombro.
-Sí, mi amor. - espero que Kakashi explicara un poco más antes de decir algo.
-¿Sabes lo qué es un doujutsu? - pregunto el hombre mayor. Aito asintió.
-Estoy leyendo un libro sobre eso. Existen muchos, pero Konoha sólo ha tenido Hyuga y Uchiha, pero los Uchiha ya no existen. - comentó recordando lo leído.
-Bueno, eso es cierto. Lo que quiero decir, es que tus ojos son un Kekkai Genkai, se activan al sufrir un trauma, un evento doloroso. - Sakura desvió la mirada, conteniendo otro sollozo.
-Por Toshio... - dijo el niño en voz baja y pensativa.
-El dolor de creer que habías perdido a tu amigo fue lo que despertó tus ojos. Yo te ayudaré a conocerlos y usarlos, pero este entrenamiento sólo debe quedar entre nosotros tres: Tú, tu madre y yo. ¿Entiendes lo qué digo? - Kakashi necesitaba confirmar que Aito entendía parte de la situación.
-S... sí... - vaciló un poco antes de responder. Ya no estaba observando su reflejo, sino que estaba cabizbajo mirando hacia su regazo con el espejo hacia abajo.
-Aito, mírame. - le pidió. El chico tardó un poco en obedecer. -Yo tuve los mismos ojos una vez. - agregó el Hokage y llamó inmediatamente la atención del niño que había perdido un momento atrás.
-¿De verdad? - preguntó ahora lleno de curiosidad. -¿Puedo verlos? - le pidió esperanzado.
-Ya no los tengo, pero sé cómo se usan. - el niño arrugó el pliegue de piel sobre su nariz confundido.
-No entiendo. - agregó mirando entre los ojos grises del hombre mayor sentado frente a él.
-Hay cosas que aprenderás con el tiempo. Aquí estaremos tu mamá y yo para explicarlas, pero mientras tanto, vamos a trabajar en controlar tus emociones para que tus ojos no se vuelvan rojos sin que tú lo sepas. Debes controlar el cambio. - el niño parecía tener muchas dudas y se reflejaban en sus contornos tensos, pero se mantuvo centrado y asintió.
-Está bien. - dijo a cambio y Kakashi hizo un gesto afirmativo con la cabeza y continuó.
-El cambio lo activa el recuerdo del accidente de tu amigo y se anuncia con una punzada aquí. - le tocó la sien con dos dedos. Aito movió su cabeza afirmativamente, pero no dijo nada. - Cierra los ojos. La primera lección, es visualizar el accidente, controlando el dolor que te provoca. - lo vio cerrar los ojos, pero su expresión se arrugó ante tus palabras. -Sé que es difícil, pero es la única manera. Debes desvincular el dolor del recuerdo y para eso, tendrás que volver a recordar una y otra vez el accidente, hasta que ya no sientas la punzada en tu cabeza. Es la única forma, Aito. - Sakura lo miró a los ojos grises y él vio el dolor crudo en su semblante pálido mientras trataba de ocultarlo.
Ella no conocía nada sobre el entrenamiento para controlar el uso básico del Sharingan y lo aprendería viendo sufrir a su hijo una y otra vez. Volvió su vista a Aito, y lo vio sostenerse la cabeza mientras su rostro se contraía de angustia.
-Suficiente. - exigió Sakura. No soportaba ver sufrir a su hijo y lo abrazó contra su pecho. El niño soltó la angustia del recuerdo, estallando en sollozos amortiguados contra su madre. -Lo siento, Kakashi sensei. - se disculpó por su intervención y desvió su mirada llena de vergüenza.
-No te preocupes, lo entiendo. Pero será mejor que no lo envíes a la academia durante unos días. - ella entendió la implicación de eso e hizo un gesto afirmativo. - También te aconsejo que le pases un libro sobre Kekkai Genkai. - se giró hacia un lado y observó el sol esconderse en la distancia.
-Gracias, Kakashi sensei... - su voz era apenas audible, pero para él fue fuerte y clara. Le dedicó una sonrisa oculta y se inclinó hacia atrás, apoyando los codos sobre el suelo.
-No hay nada que agradecer y deja de llamarme sensei, por favor. - ella hizo círculos reconfortantes sobre la pequeña espalda de su hijo.
-Iré a hacer la cena. ¿Te quedarás a comer con nosotros? - le preguntó ella mucho más tranquila ahora.
-Sabes que nunca rechazaría una comida gratis. - le guiño un ojo y se enderezó, limpiando sus manos de polvo imaginario sobre sus muslos. Una sonrisa jocosa iluminó los rasgos del hombre mayor.
-No cambias. - le sonrió ella de vuelta, poniéndose de pie. Aito también se levantó con ella. - Ve a lavarte el rostro y me ayudas con la cena. - el niño asintió silencioso mientras se restregaba los ojos y entraba en la casa.
Kakashi y ella se miraron un momento. Un agradecimiento tácito pasó entre ellos antes de que ella se girará para volver dentro. El hombre mayor soltó el aliento que estaba conteniendo y permaneció un momento más sentado.
Sakura había madurado más rápido que cualquiera de sus compañeros de academia. Un hijo te hace eso, se dijo. La muerte también, se recordó.
Poniéndose de pie, se metió las manos en los bolsillos y regresó dentro. Se detuvo al ver a su ex alumna favorita, ahora una mujer, de pie junto a su hijo. Una sonrisa triste se ocultó bajo su máscara y sintió una punzada de celos.
Negando con la cabeza alejó el pensamiento y se acercó a la pareja dispareja.
-¿Qué vamos a comer hoy? - preguntó mirando por sobre el hombro femenino.
-Madre está haciendo Yaki Udon. Hokage Sama. - el chico se veía entusiasmado mientras ayudaba cortando repollo.
El hombre mayor se sentó a la mesa en el centro de la cocina y esperó. Sakura le sirvió un té verde y lo dejó frente a él. Ni siquiera prestó atención cuando se bajó la máscara, y la enganchó bajó su barbilla para beber con comodidad.
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Los siguientes días fueron complicados para Sakura. Todas las tardes fue Kakashi quien recibió a Aito fuera de la academia, tratando de aligerar un poco de la carga de su mejor ninja médico, e Iruka no se impresionó por eso.
-Hokage sama. - dijo Iruka con una sonrisa y una inclinación de cabeza.
-Iruka. - lo nombró. -Deja de llamarme así, por favor. - una sonrisa incomoda se marcó bajo la máscara de tela oscura.
-No podría ser de otra manera. - comentó el director de la academia ninja. Aito salió por la puerta principal en ese momento.
-Kakashi sama. - lo saludo el chico de seis años. -Nos vemos mañana, Iruka sensei. - le dedicó una inclinación de cabeza y se posicionó a un costado del sexto Hokage.
Kakashi le dedicó una sonrisa educada a su ex compañero de academia.
-Nos vemos, Iruka. - se giró hacia Aito con las manos en los bolsillos. - Vamos. - echó un vistazo alrededor y no se perdió las miradas curiosas de los demás chicos. Tenía que reconocer que era extraño ver al Hokage en la academia; él no era como el Sandaime.
Miró la hora, Sakura llegaría mucho más tarde hoy. Echó un vistazo al niño a su lado y volvió a sorprenderse por el parecido tan familiar, incluso en la genialidad. El niño era un prodigio, igual que su padre.
Soltó un suspiro y decidió presionarlo mucho más este día. Su madre no estaría para frenarlo y sabía que él podía soportarlo. Había avanzado a pasos agigantados estas últimas semanas.
Cuando Sakura regresó a casa esa noche, Aito ya estaba durmiendo. Encontró a Kakashi sentado en sofá de la sala, había una taza humeante sobre la mesa de café y tenía una copia de Icha Icha Paradise abierta en la mano.
-Siento llegar tan tarde, Kakashi sensei. - dijo la mujer soltando un suspiro de cansancio. Echó un vistazo al reloj de pared, eran pasadas las diez de la noche.
-Buenas noches, Sakura. - cerró el libro, dejándolo sobre la mesa. Sakura se dejó caer en el sofá frente a él.
-¿Aito? - preguntó mientras se soltaba el cabello.
-Está durmiendo. - sus ojos grises siguieron el gesto de la mano que sacudía la cabellera rosa con gracia femenina. Desvió su vista hacia la taza humeante frente a él. -¿Quieres un té? El agua acaba de hervir. - le ofreció de pronto.
-Eso sería maravilloso. - ella sonrió con los ojos velados. Kakashi se puso de pie y caminó hacia la cocina, fue inevitable fijar nuevamente su vista en ella, se estaba quitando el sweater holgado que llevaba. Sus ojos viajaron rápidamente al parche de piel expuesta de su vientre cuando ella acomodó su blusa, cubriéndose casualmente. Kakashi regresó su vista a la taza en su mano y se reprendió por su desliz.
Volvió a la sala de estar con la taza caliente, dejándola frente a ella, volvió a su posición anterior en el sofá.
-Ya está hecho. - agregó tomando su propia taza. Sakura fijo sus ojos verdes sobre su rostro oculto.
-¿Qué cosa? - preguntó ella.
-El Sharingan de Aito. Hoy hicimos las últimas pruebas, fue capaz de activarlo y desactivarlo a voluntad. Aún quedan algunas molestias, pero lo peor ya pasó. - los ojos de la mujer frente a él se iluminaron y se llenaron de lágrimas al mismo tiempo.
-Gracias a Kami. - susurró, dejándose caer hacia atrás. Se frotó los ojos con cansancio.
-No te apresures, Sakura. Ahora viene el entrenamiento de sus habilidades innatas. Jutsu de fuego y Genjutsu no son fáciles de dominar. - su expresión se ensombreció de pronto.
-¿Nunca acabará? - preguntó ella, inclinándose de pronto hacía adelante y sosteniendo su rostro entre sus manos y los codos apoyados sobre sus muslos. Kakashi reconoció la derrota.
-Realmente lo siento, pero no. No, si quieres que sea capaz de defenderse solo. No, si quieres que sea un shinobi. No, si quieres hacer de él un ser autosuficiente cuando tú ya no estés. - el sollozo que escapó de su garganta fue contenido apenas. El corazón de Kakashi se apretó, decidiendo si acercarse o no a ella.
Sabía que necesitaba contención, entrenar a Aito había puesto a prueba las mejores intenciones de ella como shinobi, pero sobretodo como madre. Había tenido que usar su chakra curativo para aliviar las constantes migrañas de su hijo después de cada entrenamiento. Y esto era sólo el principio.
-Demonios... - maldijo el hombre silenciosamente y se puso de pie para sentarse en el apoyabrazos del sofá de Sakura. Se quitó el guante y envolvió sus hombros desnudos, dándole contención. Ella se giró hacia él, envolviendo sus brazos alrededor de su torso y hundió su rostro contra su camisa oscura. Un escalofrío lo recorrió cuando su aliento caliente traspasó la tela delgada y acarició la piel de su abdomen.
Te tensó ligeramente mientras daba palmaditas suaves sobre la cabeza rosa.
-Gracias por estar aquí, Kakashi sensei. No sé qué haría sin ti. - la voz femenina salió amortiguada y ronca. El hombre inspiró profundamente.
-Deja de llamarme sensei, Sakura. - no quiso que su voz saliera tan dura, pero no sería sincero consigo mismo sino admitía que lo irritaba. Ella se sintió insegura ante su tono y levantó el rostro para mirarlo.
-Lo siento. - se disculpó y él vio sus ojos rojos fijos en su rostro. Había sombras oscuras sobre sus mejillas pálidas y no pudo contener el sentimiento cálido que inundó su estómago al verla tan vulnerable.
Se inclinó sobre el rostro femenino, pero se contuvo antes del último instante. Sus labios cubiertos se presionaron contra la amplia frente de su ex alumna y se quedaron allí un largo tiempo. Su antebrazo abrazó la cabeza rosada con ternura.
-Deja de disculparte... - susurró contra su piel. Sakura cerró los ojos sintiéndose confortada por este hombre que había estado en los momentos más difíciles de su vida.
No dijo nada mientras se dejaba abrigar por su calidez. Se sintió fría cuando él se alejó de ella bruscamente.
-Creo que es demasiado tarde. - se sacudió el cabello gris con los ojos cerrados. - Deberías descansar. - agregó a continuación, se rasco la nuca algo incómodo.
-¿Quieres quedarte? - preguntó ella somnolienta mientras se ponía de pie. -Hay una habitación extra. - la solicitud fue inocente para ella, pero el pecho del hombre se apretó.
-No. - se apresuró a responder. - No. - se repitió tragando con dificultad. Se recompuso rápidamente. - No te molestes, tengo algo que hacer antes de regresar a casa. Shikamaru me estrangulará con su Kage Mane si no reviso los documentos pendientes. - soltó una risita extraña rascándose la mejilla.
-Entiendo. - susurró ella. Lo vio mirar alrededor evitando su rostro y frunció el ceño, confundida por su actitud.
-Le daré un día de ventaja a Aito, mañana deberías quedarte en casa con él. - agregó antes de desaparecer en una nube de humo.
Sakura se frotó los ojos, pensando en sus palabras y afirmando con la cabeza mecánicamente, tomó la taza ahora tibia de la mesa y subió al segundo piso, dando un sorbo largo del té mientras caminaba directamente hacia su habitación.
A la mañana siguiente comprendió las palabras de su ex sensei: Aito se veía horrible, estaba ojeroso, pálido y analizando sus reservas de chakra, notó que no se habían recuperado del todo durante la noche. Al parecer el Sharingan consumía demasiado de su portador y no pudo evitar preguntarse cómo lo habría logrado Itachi.
-Nos vamos a quedar en casa. - anunció Sakura entrando en la cocina. Aito se estaba atando el delantal de cocina a la espalda, se quedó quieto unos segundos.
-Tengo que ir a la academia y luego entrenar con Kakashi sama, Madre. - su semblante demacrado estaba serio.
-Hoy no. Kakashi sensei tiene trabajo pendiente. No olvides que es el Hokage. Además... - se inclinó sobre su hijo y desató el nudo que acababa de hacer. -Yo también necesito un descanso. Después de desayunar, volveremos a la cama un rato más. - le dedico una sonrisa llena de amor y besándolo en la frente, lo empujó sutilmente lejos de la encimera de la cocina.
El niño frunció el ceño, observando con extrañeza a su madre moverse por la cocina. Se sentó a la mesa y esperó, la vio sacar la leche del refrigerador, batir huevos y poner mantequilla en el sartén. Quince minutos después, dejó una torre tambaleante de pancakes esponjosos frente a él junto con una taza de leche tibia.
-¿Pancakes? - preguntó con los ojos brillantes. Su madre rara vez los preparaba y sólo en ocasiones especiales. Ella le sonrió, colocando un cuenco con fresas en el centro de la mesa. Le siguió una botella con jarabe y un frasco de nata montada. Ella se sirvió un café negro, antes de acomodarse en el cojín frente a él.
-Estamos celebrando. - la taza de su madre tintineo cuando la chocó contra su leche. - Kakashi sensei me dijo que lo lograste. - le regaló una sonrisa de ojos brillantes y Aito se sonrojo al ver a su madre feliz.
Como para enfatizar su logro, encendió su Sharingan en un parpadeo y luego lo apagó.
-Ya casi no duele. - comentó con voz suave y Sakura no pudo evitar inclinarse por sobre la mesa y darle un beso húmedo sobre la mejilla.
Aito gruñó ante lo repentino y brusco del gesto, pero debajo de su fingida molestia estaba sonriendo.
