Space Between Us 5
Me disculpo por no publicar este capítulo la semana pasada, pero tuve que transcribir todo desde un cuaderno y debo decir que lo odie. Jamás volveré a escribir a mano nunca más.
Me disculpo por las faltas de ortografía y redacción que se puedan filtrar mis revisiones y quiero agradecer enormemente a quienes siguen y comentan esta humilde historia, alimentan a la musa en crisis y en abstinencia.
AU Itasaku Post Masacre Universo Naruto/Boruto Canon Divergente
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Tres meses después...
Las vacaciones de verano ya habían terminado, pero Aito estaba demasiado entusiasmado por todo lo que había aprendido. Había pasado la mayor parte del tiempo entrenando y dividiendo su tiempo entre su madre, Kakashi o ambos.
Había visitado a los amigos de su madre y habían salido una vez de la Aldea, visitando la Aldea de las Aguas Termales para pasar un fin de semana con el tío Naruto y la tía Hinata.
Había comenzado a aumentar sus reservas de chakra gracias a la meditación y Kakashi le había enseñado jutsus de fuego que le habían tomado un par de semanas completar, pero que había logrado con éxito.
Su cumpleaños número siete lo había celebrado en casa de la tía Ino, rodeado de niños pequeños, todos hijos de los amigos de su madre.
Era principios de Septiembre cuando se dio comienzo a un nuevo año en la academia y ya se sentía algo aburrido.
-¿Es necesario que vuelva a clases? - le preguntó a su madre esa mañana mientras la veía preparar el desayuno. Ella se dio vuelta de golpe para enfrentarlo.
-¡¿Qué?! - casi había gritado. Aito se encogió ante la interrogante. - ¿Es en serio? - Sakura cambió el enfoque nivelando su voz con frustración.
-Lo siento. - se disculpó Aito al ver a su madre molesta.
-No te disculpes, pero tampoco voy a permitir que creas que eres superior a tus compañeros, porque has tenido un poco más de entrenamiento que ellos. - le dio la espalda apoyando las manos abiertas contra la encimera de la cocina, evitando empuñarlas y hacer un desastre. Miró sin ver la superficie blanca del mueble y continuó.
- Kakashi y yo te hemos entrenado para que puedas controlar tu nueva habilidad, no para que dejes de ir a la academia. Sé que eres muy inteligente, quizás demasiado para tu propio bien, pero no voy a permitir que te saltes el entrenamiento básico ni mucho menos voy a dejar que te aísles. No me importa si te aburres, pero te vas a graduar junto a tus compañeros, te guste o no. - había una determinación nueva en las palabras de Sakura y no quería que su hijo viera las lágrimas contenidas en sus ojos.
No sabía por qué, pero las palabras de su hijo habían dolido. ¿Quizás era algo Uchiha? se preguntó. Era inevitable que fuesen superiores al resto en casi todo, haciéndoles propensos a aburrirse cuando se trataba de ir a un ritmo normal. Sasuke lo había sido y estaba segura que Itachi también.
Ambos habían sido genios a una corta edad, haciéndoles imposible comprender las limitaciones del resto. Aún recordaba las crueles palabras de Sasuke antes de los exámenes chunin y no quería que Aito se convirtiera en un arrogante.
-Lo siento... - lo oyó murmurar y se dio la vuelta para mirarlo. Se corazón se apretó al verlo cabizbajo, pero tenía que ser fuerte.
-Está bien, pero no quiero escuchar nada sobre este tema otra vez. - se volvió hacia la comida a medio terminar.
-Está bien – dijo arrepentido y eso fue todo.
Luego de esa conversación, Aito no volvió a mencionar el tema y Sakura se sintió agradecida. En cambio, volvió a sumergirse en los libros, haciéndola sentirse orgullosa de tener un hijo tan comprensivo.
Era casi mediados de Septiembre, cuando Sakura recordó que se acercaba el cumpleaños de Kakashi. Rara vez lo celebraba, pero quería darle una sorpresa en agradecimiento por todo el apoyo que le había dado con Aito.
Decidió hacerle una cena con Saurio a la sal y una sopa de miso con berenjena, sus comidas favoritas. Lamentablemente no existían nuevas ediciones de Icha Icha que regalarle.
Aito se encargó de invitarlo a cenar al día siguiente y se tomó unas horas en el hospital para retirarse antes y preparar todo.
Eran casi las ocho de la tarde cuando se escucharon los golpes en la puerta. Aito se apresuró a abrir mientras Sakura hacia los últimos arreglos en la mesa. El chico llevó al mayor hacia la cocina.
-¡Sorpresa! - dijo Sakura apuntando con las manos abiertas el banquete dispuesto y Kakashi casi se tropezó ante la vista.
-Sakura... - murmuró el hombre impresionado. No se lo había esperado para nada y le conmovió que se hubiesen preocupado tanto.
-Feliz cumpleaños, Kakashi Sama. - dijo Aito a su lado envolviendo su mano con la suya más pequeña y los ojos de Kakashi se arrugaron de felicidad. Aunque se encargó de esconderla muy bien detrás de su máscara.
-Muchas gracias, Aito Chan. - le acarició el cabello con suavidad. Sakura se acercó a su lado y lo abrazó, sobresaltándolo.
-Feliz cumpleaños, Kakashi... - la voz femenina fue amortiguada contra su pecho cubierto por el abrigo verde standard. Las manos enguantadas envolvieron la espalda de Sakura, extendiendo el momento íntimo unos segundos más. Ella se soltó demasiado pronto para su cordura.
-Gracias, a los dos. - sus ojos oscuros se suavizaron ante el evidente cariño que ambos le tenían. La mano de Sakura tomó la suya y lo llevó a la mesa.
-Espero que te guste lo que preparamos, son tus favoritos. - se sentaron los tres a la mesa y luego de agradecer la comida, disfrutaron del banquete.
Eran cerca de las diez cuando Sakura subió a acostar a su hijo y Kakashi se quedó lavando los platos a pesar de la negativa de su anfitriona. Estaba sentado en el sofá de la sala cuando Sakura se dejó caer a su lado con dos botellas de sake en las manos. Las dejó sobre la mesita y sacó dos vasos pequeños del bolsillo de su sudadera.
-Ahora celebramos como adultos. - agregó con una sonrisa. Llenó cada vaso y le tendió uno a él. Kakashi lo recibió y se descubrió el rostro para regalarle una sonrisa a la mujer. -Por un año más de vida al mejor hombre en mi vida. - dijo chocando su copa con la suya y beber el contenido de un trago.
-¿Y Aito? - preguntó imitando su acción y bebiendo todo el contenido de un trago.
-Aito es el amor de mi vida, Kakashi. - le mostró la lengua mientras volvía a rellenarlos. El hombre sonrió y aceptó el siguiente.
-Gracias por esto, Sakura. - dijo de pronto, el tono serio la tomó por sorpresa antes de sonreírle.
-Gracias a ti, por todo lo que haces por nosotros. - le apretó la mano libre con confianza. Kakashi la miró un momento antes de reunir las palabras para hacerle aquella pregunta que lo había estado atormentando desde que se enteró de la verdad de Aito.
Sakura no pareció notar su incertidumbre y vacilación mientras volvía a rellenar los vasos de sake.
-Sakura. - la nombró con tono solemne, ella fijó sus ojos verdes en él.
-¿Sucede algo? - siguió el movimiento de su mano mientras daba un sorbo a su bien.
-Hay algo que quería preguntarte. Es algo delicado y entendería si no quieres hablar de ello. - comenzó a quitarse los guantes uno alzó por uno para liberar sus manos, que de pronto sintió demasiado aprisionadas. Ella levantó las cejas rosadas indicando que tenía toda su atención y lo instaba a continuar.
El hombre trago con dificultad, antes de reunir el coraje suficiente.
-¿Cómo sucedió? - preguntó soltando un suspiro.
-¿Qué cosa? – ella frunció el ceño y Kakashi soltó una carcajada que desvaneció la presión innecesaria. Le dio una palmada en el hombro a la mujer a su lado.
-Lo de Aito. ¿Cómo conociste a Itachi? - Sakura se sonrojó y bajó la vista.
-Es extraño. - dijo Sakura pensativa. -Tsunade Shishou nunca me preguntó sobre Itachi. - los ojos verdes se volvieron vidriosos y lejanos.
-Lo siento, Sakura. De verdad. Si no quieres hablar de ello, lo comprendo. - le aseguro él mientras apretaba el hombro femenino tratando de reconfortarla.
-No, está bien. Nunca se lo he dicho a nadie y... - presionó sus manos juntas y se acomodó en el sillón doblando las piernas desnudas a un costado.
-Recuerdas aquella misión, la de encontrar a Sasuke. - mencionó y Kakashi asintió.
-Cuando nos separamos. Te fuiste sola y no supimos nada más de ti. En aquel momento pensé que habías regresado a Konoha por tu cuenta, pero cuando volvimos aquí unas semanas después, tú no estabas y Tsunade casi me asesino. - Kakashi sonrió, recordando los improperios que le dedico la mujer mayor cuando habían regresado sin su alumna. -Apareciste dos meses después... -
-Fue ese mismo día en realidad... - comenzó Sakura.
Flashback
Estaba sentada junto a la ventana mirando el jardín trasero. El sol ya había desaparecido en el horizonte, pero aún no oscurecía del todo, cuando escuchó el ruido de la puerta principal cerrarse de forma abrupta.
Se alejó de la ventana y fue hacia la puerta. Su estómago gruñó, ya debía ser hora de la cena y estaba hambrienta. Se ajustó el obi del haori masculino que llevaba sobre el pantalón oscuro y salió silenciosamente de la habitación. Las voces apagadas desde la planta baja le indicaron que habían llegado juntos.
Bajo la escalera y echó un vistazo a la sala de estar antes de dirigirse hacia el fondo de la casa. Aunque no había hecho ruido, sabía que ellos sabían que ella estaba allí, aun así los observó desde el umbral de la puerta y los vio de pie a ambos hablando en voz aún más baja que antes.
Ambos llevaban sus capas abrochadas hasta el cuello, indicando que la temperatura fuera ya había descendido bastante. Sólo el hombre pez pareció notarla cuando le echó un breve vistazo y creyó ver algo parecido a un asentimiento.
El Uchiha por otro lado estaba de espaldas, pero no volteó a verla. La mesa al centro de la cocina estaba llena de bolsas y supuso que habían traído comida a juzgar por el aroma que inundaba el aire. Titubeó un momento antes de entrar.
-Hola Hoshigaki san, hola Uchi... - los saludo, pero Itachi se giró bruscamente y antes de que siquiera pudiese verle el rostro, salió de la cocina. Sus ojos verdes se enfocaron en la bolsa de papel que llevaba en la mano cuando pasó por su lado. Ella se quedó estática unos segundos, siempre preocupada de no hacerlos enojar.
-¿Qué sucede, Gatito? - preguntó Kisame con una media sonrisa al verla tan quieta mirando el piso. Ella pareció salir de su estupor fijando su vista en él. -La cena está servida. - agregó cuando ella no dijo nada, lo vio rodearla y salir de la habitación también.
La dejaron sola en la cocina. Sola como todo el día y todos los días desde que estuvo aquí. Se frotó los ojos mientras su estómago volvía a gruñir de hambre. Tratando de distraerse, se enfocó en las bolsas sobre la mesa.
Tallarines y verduras salteadas, sopa miso, calamar frito, brochetas de pulpo, una caja con dango, sake y té.
-Excelente dieta... - dijo sarcástica mientras sacaba un plato y se servía una porción de tallarines y verduras junto a un calamar.
Después de varios días en aquella casa podía reconocer los gustos de ambos hombres: sake para Kisame y té con dango para el Uchiha. Puso agua a hervir y miró los tipos de té que había comprado esta vez. Se decantaba por los verdes y blancos con sabores frutales o florales.
Era demasiado extraño conocer el gusto de un genocida, se dijo mientras un escalofrío le recorría la espalda. La tetera comenzó a silbar y la retiró del fogón para preparar un té blanco con naranja. Dejó que la bebida soltara su esencia y se sirvió una taza mientras daba unos mordiscos al calamar empalado. Su mente comenzó a vagar.
Llevaba al menos dos semanas aquí, no sabía con exactitud cuántos, porque según los escucho, estuvo inconsciente los primeros días. No le habían pedido hacer ni decir nada. Simplemente la obligaron a permanecer encerrada.
La casa estaba protegida por chakra y ella tenía sus tenketsus bloqueados, haciéndola completamente vulnerable. Si huía, estando ellos aquí, sabía que la perseguirían y la atraparían. Así que se resignó a ser su prisionera tratando de obtener información, algo completamente inútil hasta el momento.
Estaban en medio de la nada, rodeados de bosque con picos montañosos a lo lejos y un río en algún lugar cercano, parecía ser una casa de seguridad. Una madera floja cediendo bajo un peso la sacó de sus cavilaciones. Era el Uchiha.
Sakura lo miró entrar a la cocina y moverse por el espacio. Sacó una taza del armario y se detuvo junto a ella, sirviendose de la misma tetera de porcelana que había preparado antes. Ella permaneció inmóvil y no se atrevió a mirarlo al rostro, pero notó que se había duchado por las gotas de agua que gotearon sobre la mesa.
Llevaba una camisa holgada y un pantalón negro standard con el cabello atado sobre su hombro, iba descalzo. Se sirvió y se fue. No la miró, no le habló, era como si ella no existiera en aquella casa y eso la molestó.
¿Por qué la tenían aquí?
Kisame era quien le dirigía la palabra de vez en cuando y aun así sólo la ignoraba la mayoría del tiempo. Estaba segura de que este encierro prolongado la iba a enfermar y sin su chakra para curarse, no sabía lo qué sucedería con ella.
Quizás debería hablar con el hombre pez y rogarle por un tiempo fuera de la casa mientras ellos estuvieran cerca. No la habían tratado mal, pero tampoco había sido un día de campo.
Observó su comida a medio comer y alejó el plato; había perdido el apetito. Igualmente decidió guardarlo, porque sabía que más tarde le daría hambre. Además, Kisame solía acabar con todas las sobras. Lo había aprendido de mala manera un día que decidió dejar la cena para más tarde y no había encontrado nada hasta el desayuno del día siguiente.
Luego de guardarla, volvió a la mesa y se sirvió más té. Había oscurecido hace poco y faltaban algunas horas para irse a dormir, quedarse un tiempo más fuera de su habitación, evitaría que se sumiera en la miseria.
Su mente divago hacia sus amigos, preguntándose dónde estarían y si la extrañarían. Con pesar reconoció que si no hubiese discutido con ellos, quizás no estaría en esta situación.
Habían formado un equipo de rastreo para ir tras Sasuke luego de que las noticias de la muerte de Orochimaru llegaran a la Aldea. Llevaba un par de días reuniendo información sobre su paradero cuando una enorme explosión en la distancia los alerto de una gran batalla. Preocupados por la situación, decidieron buscar el origen. Toda la evidencia encontrada apuntaba directamente al Uchiha desertor.
Se dividieron en grupos de dos para buscar en los alrededores, no podía estar muy lejos. Ella estaba ansiosa y discutió con Kakashi en su desesperación por llegar a Sasuke, imaginándose lo terriblemente herido que debía estar.
Molesta, abandono a su ex sensei, yendo directamente hacia el pueblo más cercano. Aunque su control de chakra era perfecto, aún no había entrenado habilidades sensoriales que le permitieran sentir firmas de chakra lejanas, por lo que se movió por las calles principales del pueblo buscando firmas cercanas.
Se concentró en las alteraciones anormales de chakra. Todas las personas, incluso los animales y plantas, poseían chakra, aunque no hicieran uso de él, por lo que era fácil reconocer cuando alguien tenía reservas más altas de lo normal. Se sobresaltó al sentir un leve aroma familiar.
-Sasuke... - susurró abriendo los ojos grandes y mirando en todas direcciones, pero no vio a nadie que reconociera. Una chica de cabello rojizo y lentes pasó a su lado en dirección contraria.
Con la decepción plasmada en el rostro siguió caminando por el pueblo. Dos firmas de chakra se destacaron en la distancia, eran poderosas por lo nítido que podía captarlas e iban en dirección noroeste. No lo pensó dos veces en ir tras ellas.
Rápidamente se vio fuera del pueblo y dentro de un enorme bosque. Los árboles estaban apretados, haciéndolo denso y oscuro, casi no entraba la luz del sol entre el espeso follaje de las copas que se apretujaban unos con otros. Aun así no se detuvo, lo único que importaba eran las firmas de chakra que se movían cada vez más adentro. Corrió para no perderlas.
No supo cuánto tiempo avanzó, pero su mente sólo estaba enfocada en una cosa: está era su oportunidad de ver a Sasuke nuevamente. Si la última información era correcta, Orochimaru estaba muerto, por su mano y Sasuke no tenía ninguna razón para no regresar a casa.
'¿Cierto?' pensó mientras esquivaba ramas y avanzaba entre los árboles, hasta que lo vio: dos capas negras con nubes rojas se deslizaban silenciosas entre follaje espeso en la distancia.
-Akatsuki... - dijo casi sin aliento. Uno era inconfundible; alto, ancho y azul. - Hoshigaki Kisame. - y su compañero no era otro que la pesadilla de Sasuke. - Uchiha Itachi – los llamo por sus nombres mientras repasaba mentalmente toda la información que existía sobre ellos en el libro Bingo: dónde estuviera él, también estaría Sasuke.
Aceleró el paso desesperada por no perderlos de vista, fue descuidada e imprudente, pero no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde.
Creyó ser sigilosa mientras se mantenía a distancia. Su ansiedad se filtraba en olas de sudor por su piel húmeda y fría. Si no se calmaba la iban a descubrir y sería el final, no podía enfrentarse a dos Akatsuki sin importar quiénes fueran.
Mantuvo un ritmo constante, así como una distancia segura de tres metros entre ellos, ocultándose entre las sombras proyectadas de los árboles. Ellos parecían completamente ajenos e indiferentes a su persecución.
De pronto el espacio se abrió a la luz del atardecer, cegándola momentáneamente mientras veía a los dos hombres dar un salto en la distancia. Sin querer perderlos de vista aumentó la velocidad, ese fue su error.
Un enorme tronco bloqueaba el camino, rápidamente alimentó sus pies de chakra adicional y dio un salto para esquivarlo, pero fue demasiado largo o, quizás, demasiado corto; no había nada más que un espacio vacío de más de dos metros de largo entre su bosque y el siguiente.
Si no hubiese sido tan imprudente, podría haberlo sorteado sin ningún problema, pero distraída por ellos y el tronco, había calculado mal.
El pánico la inundó mientras veía a ambos Akatsuki tocar suelo firme y girarse hacia ella, observándola con rostros inescrutables.
-Mierda... - murmuró. No sólo la habían descubierto sino que no tenía donde caer, donde sostenerse: bajo ella sólo había insondable negro.
Todo ocurrió en cámara lenta; el salto, Hoshigaki y el Uchiha observándola impasibles mientras estaba suspendida en el aire durante milésimas de segundos que parecieron minutos interminables antes de precipitarse hacia la negrura.
'Bueno, supongo que esto es todo...' se dijo mentalmente. No había razón para alterarse, soltó el aire abruptamente, cerró los ojos y se dejó llevar.
Cuando volvió en sí, estaba en una habitación desconocida, con ropa que no le pertenecía y sellos supresores de chakra en sus manos y tobillos. Estaba intacta, pero desde entonces sus días se volvieron monótonos y muy solitarios.
-¿Qué pasa, Gatito? - la voz grave del hombre tiburón la sacó de sus cavilaciones. Sakura pareció tardar en reconocerlo.
-¿Qué? - preguntó distraída para verlo de pie frente a ella, mirándola con el ceño ligeramente arrugado y una sonrisa de dientes afilados. Se había abstraído tanto que no escuchó a un tipo de más de seis pies de alto y que pesaba más de cien kilos acercarse...
Se enderezó sobresaltada al verlo dejarse caer bruscamente en el asiento frente a ella y comenzar a revisar cada una de las bolsas de comida. Llenó un plato hasta el borde y sacó una de las botellas de sake. Ella no pudo esconder la mueca.
-¿Qué? - la cuestionó él, llenándose la boca de comida.
-¿Vas a beber mientras comes? - finalmente le preguntó después de un largo momento de silencio en los que él no le quitó los ojos negros, pequeños y redondos de encima.
-No veo cómo eso es de tu incumbencia, meñique. - sin ningún rastro de molestia, haciéndola soltar el aliento que no sabía que estaba conteniendo. Lo observó tomar otra botella y dejarla frente a ella en la mesa con un golpe sordo. -Saca dos vasos, gatito. - agregó, dando un sorbo de su botella. Una orden implícita.
Ella lo fulmino con la mirada mientras se ponía de pie y sacaba dos vasos. De alguna manera sabía que no le haría daño, sino ya lo habrían hecho. Pero aunque no sabía por qué estaba aquí, no iba a tentar su suerte con alguien como Hoshigaki.
Estaba completamente sola, sin una gota de chakra y junto a los dos Akatsuki más peligrosos en el medio de la nada, estaba obligada a controlar su temperamento que tendía a filtrarse de vez en cuando. Aunque a este hombre en particular parecía divertirlo más que molestarlo.
Dejó los vasos bruscamente sobre la mesa y regresó a su asiento. Hizo una mueca cuando lo vio devorar la comida como si no hubiese comido en un mes. Él fijó sus extraños ojos sobre ella y lleno ambos vasos hasta el borde.
Sakura siguió el movimiento de su mano con interés hasta que dejó el vaso frente a ella. Luego tomó el suyo y lo bebió de un trago, llenándolo de nuevo con un solo movimiento. Sus ojos no se apartaron de los suyos y se sintió en la necesidad de excusarse.
-Tengo diecisiete años, aún soy menor de edad. - argumento molesta.
-¡Ja! Eres menor de edad para beber, pero no para matar a sangre fría, ¿eh, Gatito? - se burló. La expresión de Sakura se endureció ante sus palabras. -No te parece gracioso eso… - agregó desafiante.
Ella pasó de enojada a estupefacta en un segundo, pero ocultó su temor desviando su atención al vaso servido como si fuese una serpiente a punto de morderla.
-Bebe. - le ordenó él mientras vaciaba su segundo vaso. -No te matará y mi me hará más fácil soportarte. - se burló de ella otra vez, pero la irritación fue evidente.
Sakura tomó el vaso lleno y lo miró vacilante unos segundos antes de vaciarlo de un trago también y dejarlo rápidamente sobre la mesa.
-¡Mierda! - murmuró quejándose ante lo amargo del licor. Agradeció que fuesen vasos de Shot.
-No te preocupes, meñique. El primero siempre sabe mal en comparación con el segundo. El décimo ni siquiera lo vas a sentir. - soltó una carcajada sonora que lleno el espacio con su profunda voz.
-No me interesan tus experiencias con el licor. - dijo despectiva. Cada vez lo soportaba menos. - Ya lo he probado. - le informó desafiante. Los ojos negros del hombre la atravesaron mientras rellenaba los vasos nuevamente.
-Entonces. ¿De qué te quejas? - gruñó sin un sólo rastro de la falsa jocosidad de antes.
Sakura reconoció el desafío y no dijo una palabra más. En cambio miró fuera de la ventana como distracción: ya era de noche. Miró la hora sobre el reloj de pared, eran pasadas las nueve, casi las diez.
Kisame vacío la última botella y no pudo negarse al último vaso. Se sentía mareada y ligera. Sabía que eso era peligroso, porque no tenía chakra con el que quemar el alcohol o con el que defenderse. Había intentado beber lentamente, porque Kisame rellenaba su vaso cada vez que lo dejaba sobre la mesa.
Una sonrisa diabólica adorno la boca del hombre cuando volteo la botella, ahora vacía, sobre su vaso. Aún tenía sed y no quedaba nada de alcohol en casa.
Sakura se removió incómoda sobre su silla. No le había vuelto a dirigir la palabra y ella estaba bien con eso. Era inútil intentar aprovecharse de alguien como Kisame para sacarle información, tenía una resistencia sobre humana para el alcohol, casi superando a su Shishou.
'Sin alcohol, se acabó la fiesta' se dijo a sí misma mientras se ponía de pie tambaleante, lista para irse a su habitación. El vaso vacío golpeando la mesa haciendo vibrar la madera, la congeló.
-No me gusta beber solo. - su voz salió profunda y casual, pero había una advertencia implícita bajo ella. Sakura se quedó completamente quieta con la estupefacción aumentando dentro de sus entrañas. -Ya que los tuyos son responsables de privarme de mis compañeros de bebida, te quedas. - le ordenó.
Ella trago con dificultad al ver el terreno peligroso en el que se movía. El miedo que la inundó la obligó a disculparse.
-Lo siento... - murmuró mirando la superficie de la mesa, pensando en todas las personas muertas a causa de su organización y el miedo se diluyó junto con la precaución. -En realidad... - volvió a ponerse de pie. - En realidad no lo siento ¿sabes? - sus palmas golpearon la mesa bruscamente mientras lo enfrentaba.
-No, no lo siento. ¡Así como tampoco lo voy a sentir cuando se los lleven a ustedes! - grito enderezándose en toda su pequeña estatura. Valor líquido inundándola, sus rodillas chocaron contra la silla que se volcó con un ruido ensordecedor.
-Así que el gatito tiene garras después de todo. ¿Eh? - había burla en el tono del Akatsuki, pero su postura reflejaba desafío cuando extendió su espalda encorvada y su boca se torció mostrando sus dientes afilados.
-Kisame. - una voz de barítono grave llamó la atención de ambos, pero el nombrado no hizo ningún gesto de quitarle los ojos de encima. Sakura se congeló, levantando la vista para ver al Uchiha de pie bajo el marco de la puerta.
No la estaba mirando a ella, sino que tenía los ojos ónix fijos en la nuca del hombre tiburón. La sonrisa del hombre azul se acentuó aún más al ver el temblor en la mujer.
-Vete. - dijo Itachi, los ojos fijos en ella ahora. La estaba echando y la ira que se había desvanecido al verlo, volvió a la superficie con mayor intensidad.
-Hablas. - increpó al Uchiha. El ceño del hombre de cabello largo se frunció con profundidad ante su descaro, pero no respondió. Sus ojos negros la observaron y ella continuó con la renovada ira burbujeando junto al valor líquido recorriéndole las venas.
-Claro... ¡Ahora hablas! - arremetió levantando las manos en el aire y aumentando el volumen de su voz. -Llevo dos semanas aquí y esa es la primera palabra que cruzas conmigo. ¿No? – se quejó en voz alta.
-Ocho días. - la corrigió con voz grave sin apartar sus ojos de ella y sin ninguna expresión en el rostro. Kisame seguía sentado con la misma sonrisa burlesca y demoníaca en el rostro también mirándola.
-¿Eh? - se interrumpió confundida por un momento. -Ya, ese no es el punto... - todo el valor líquido filtrándose en oleadas y desinflándola lentamente. -¡Aaggr! - grito inteligible cerrando los ojos un momento.
-¿Por qué mierda sigo aquí? ¿Qué quieren de mí? - le grito a cada uno, rostro deformado y completamente alterada.
-Nada. Eres la mascota que recogimos en el bosque. - Kisame fue quien respondió, fue despectivo y burlesco y algo dentro de Sakura se rompió.
Se enderezo cuadrando sus hombros mientras alineaba su columna, de una patada empujó la silla hacia atrás haciéndola estrellarse contra el mueble de la cocina. Mecánicamente alejó su vista de ambos y rodeo la mesa para salir.
-Suficiente, Kisame. - escuchó la voz del Uchiha cuando pasaba por el costado del hombre azul. Ella no aportó los ojos verdes ardientes de los negros hasta que lo perdió de vista. Cuando llegó a su habitación no pudo evitar azotar la puerta contra el marco.
"Eso fue infantil" comentó una voz femenina.
-Déjame en paz. - dijo Sakura, sus dientes rechinaron. -Estaba perfectamente bien. No tengo porqué escucharte burlándote de mí. - agregó apretando los puños.
"Somos lo mismo... " La voz omnipresente no oculto su desprecio.
-Sí, como no... ¡Vete! - se frotó los ojos mientras se dejaba caer sobre el borde inferior de la cama.
"Si vuelves a gritar así, van a pensar qué estamos locas" soltó un bostezo.
-Me importa una mierda lo que piensen ellos. - dijo entre dientes apretados casi al punto de la ruptura.
"Que lenguaje" murmuró la otra con desdén.
-Déjame en paz. - le ordenó metiendo sus dedos entre su cabello rosado. -He tenido suficiente por hoy. Déjame dormir, por favor... - no quería rogarle, pero estaba desesperada.
El silencio fue liberador mientras se dejaba caer de espaldas sobre el colchón, fijaba su mirada en el techo de la habitación y veía el mundo dar vueltas hasta dormirse.
