Nota: espero que pasen felices fiestas navideñas y que este capítulo sea del agrado de las pocas personas que me leen de verdad me encanta sus opiniones.
Tratare de actualizar la otra semana antes de año nuevo haciendo el otro capítulo un poco más largo.
Feliz navidad!
CAPITULO III
Suspiro derrotada mientras terminaba de quitar la cáscara de una manzana con el cuchillo.
-Mi hermano tiene razón...- escuchó murmurar a su lado – Mitsuri san se ve triste.
La mencionada miro al pequeño niño a su lado quien se mostró preocupando haciendo que soltase el cuchillo y lo estrechara fuertemente entre sus brazos
-¡Senjuro eres adorable! ¡Gracias por preocuparte!- dijo enternecida por él. Le encantaba ver lo dócil que era.
Sintió como unos golpecitos en su brazo eran señal que lo soltara así que lo hizo.
-Lo lamento, a veces no mido mi fuerza - se sonrojo arreglando el delantal que estaba sobre su uniforme de Kendo el cual portaba desde esa tarde.
-Mitsuri San - dijo agitado mirándola ruborizado - e-es que usted me presiona demasiado a sus... - miro en dirección de su pecho
Mitsuri volvió a disculparse, en realidad solía dar muestras de afecto sin darse cuenta del problema que podía causar.
Aunque desde hace tres días... las interacciones con el mayor de los Rengoku habían cambiado.
Tratando de poner orden en su corazón roto, no quería quedarse a solas con Rengoku, por lo que decidió no mostrarse tan efusiva con él, quería controlar esas reacciones para decirle a su mente que era un caso perdido. Por supuesto era un cambio que todos en el dojo notaban ya que sin darse cuenta siempre solía abrasar a su maestro.
Recapitulando su comportamiento... había sido atrevida en su ignorancia por sus sentimientos, solía tirarse encima de él cada vez que podía y ahora, después de todo lo que había ocurrido la vergüenza le impedía realizarlo.
Hace dos noches había llegado a su casa y por primera vez en un año él la había abrazado. Era algo que no olvidaría nunca... Se sintió demasiado bien sentirlo cerca sin que ella tuviese que dar el primer paso.
-Mitsuri San ¿Qué ocurre?- pregunto Senjuro preocupado al verla llorar con una mueca cómica.
-¡Nada!- sonrió aún con lágrimas - estoy cortando una cebolla.
Senjuro miro la manzana mal cortada y negó con su cabeza debido a la poca creatividad que tenía para hacer una broma.
-Talvez… yo debo encargarme - dijo quitándole el cuchillo con delicadeza.
Era tan joven, se dijo Mitsuri, solo tenía once años y era muy maduro para su edad, tranquilo, elegante y hábil para tareas domésticas y no así para el combate de espadas. Era tan distinto a Rengoku san pero al mismo tiempo era su versión más pequeña.
-¿Tengo algo en el rostro?- pregunto dándose cuenta de su insistente mirada.
-¡Eres tan lindo!- dijo al abrazarlo con fuerza y dejándolo sin aire de nuevo.
-M-Mitsuri san- intento soltarse pero solo pudo separarse cuando ella lo liberó haciéndolo toser - la tarta de manzana estará lista en un rato ¿Porque no va con mi hermano?
-¡E-Estoy esperando a los demás! - se excusó rápidamente.
Su respuesta pareció sorprenderlo.
- Pero mi hermano está solo... A usted le gusta estar con él ¿Acaso te hizo algo?
Se ruborizo hasta las raíces del cabello. ¿Había sido tan obvia antes? Prácticamente Senjuro se dio cuenta de cómo aprovechaba su tiempo merodeando a su maestro incluso antes de saber que estaba enamorada.
-¡No!- sonrió tratando de verse despreocupada - además... No creo que importe que no esté ahora junto a Rengoku san.
Durante aquellos días podía sentir su mirada sobre ella pero en cuanto está le correspondía, Rengoku solo sonreía alegre y despreocupado
-Te equivocas...- murmuró Senjuro sorprendiéndola- mi hermano está muy preocupado por ti.
¡No te ilusiones!, Se dijo mentalmente, ya sabía que él era muy apegado a sus alumnos y era tan malditamente amable y encantador que no era personal. Ella no era especial.
-Senjuro... No creo que...
-Mitsuri san… no será que esta planeando dejarnos… ¿verdad?
-¿Dejarlos?- pregunto sorprendida
-Mi hermano... lo menciono- le miró con tristeza.
-¿Que? ¿De dónde saco esa idea?
El pequeño volvió su vista a su quehacer haciendo que Mitsuri sintiese un enorme peso en su pecho. Adoraba a ese niño y verlo triste era algo que no podía soportar, por lo que se acercó a abrazarlo desde atrás con delicadeza, frunció el ceño molesta por el comentario, pero cerró sus ojos tratando de trasmitirle tranquilidad al pequeño.
-Yo no haré tal cosa, solo estoy un poco pensativa estos días.
-¿De verdad solo es eso?
-¿Te eh mentido alguna vez?
-Omitir la verdad también es una forma de mentir… es lo que dice mi hermano.
Mitsuri sonrió con cansancio debido a la astucia del niño.
-Quédate aquí Senjuro – dijo fingiendo estar en calma - iré hablar con tu hermano.
-Pe-pero...
- Solo espera aquí, ya vuelvo.
Salió de la cocina dirigiéndose al dojo inflando sus mejillas debido a la molestia que sentía. Esta vez tendría que escucharla.
-¡Rengoku San! - dijo la correr la puerta y ver vacío el salón principal.
-¡Estoy aquí! - respondió una voz tras un muro en la esquina, cerca de los vestidores.
Mitsuri camino a pasos apresurados solo para que fuese recibida por un montón de armaduras y espadas de madera.
-¡Perfecto, me ayudarás a moverlos de acá! - sonrió entusiasta - eres la indicada.
Mitsuri agarró como pudo el material que su maestro le había dado. Sujetándolo con fuerza con ambos brazos.
-¡Rengoku san!- le llamo mientras esté estaba entretenido mirando el resto de cosas que se encontraban en un baúl.
- ¿Que sucede? - pregunto distraídamente
-Necesitamos hablar.
-Ya lo estás haciendo – dijo sin mirarla.
- ¡Le has dicho a Senjuro que los dejaré! - soltó molesta sabiendo que si no iba al grano esto se volvería más difícil.
Pasaron varios segundos en silencio hasta que el joven respondió
- Solo dije que era una posibilidad - respondió sin inmutarse haciéndola enfadar aún más.
-¡Yo nunca eh hablado de esa posibilidad! – Agregó – es solo un niño no es necesario decir esas…
- No, pero tarde o temprano lo harás y Senjuro se ha encariñado contigo.
Mitsuri lo miro impotente, tanto así que su impulso hablo por ella.
-¿Y tú Rengoku San? ¿No vas a extrañarme?
La pregunta hizo que el susodicho girará y la mirara sorprendido.
Se puso de pie y se cruzó de brazos frente a ella.
-Entonces es verdad que te iras -afirmo en tono serio, pero con una expresión neutra.
-¿Cómo has sacado esa conclusión? Nunca dije eso pero pareces estar muy seguro de mi decisión.
-Mitsuri -suspiro cansado- ¿Que va a pasar el día que quieras casarte?
-¿Ca-casarme? - repitió sintiendo su rostro ruborizado mirándolo, deseando ser tan insolente y decirle que deseaba quedarse con él y con Senjuro -P-Pues...
- Te irás.
-¡Casarme no impedirá que siga entrenando!
-¿No será así? - alzo una ceja estudiándola con detenimiento.
-¡No¡ ¡Me gusta este lugar, y me gusta tu...! - se detuvo al ver su rostro tenso - tu dojo... Rengoku San.
Guardaron silencio por varios segundos, Mitsuri no se atrevía a levantar su rostro, estaba tan avergonzada al saber que casi se le confiesa.
- Yo solo...
Vio cómo su maestro volvía a darle la espalda regresando si atención al baúl.
-La respuesta es sí.
-¿Que?
-Preguntaste algo al principio, acabo de decir que si y lamento lo que le dije a Senjuro, me disculpare con él.
Su corazón amenazó con salírsele del pecho ¡Lo amaba demasiado! Aunque solo fuese un cariño de maestro a alumno no podía evitar llenar su cabeza de fantasías por esas palabras. ¡Él de verdad la extrañaría!
-Rengoku San...- murmuró de pronto sintiendo que debía expresar todo su amor pero fue interrumpida por el gruñido de su estómago. No había comido nada aún y deseaba esconderse en algún agujero por la vergüenza.
Kyojuro se echó a reír y la miro más animado.
- Eh comprado unos Mochis de una nueva pastelería ¿Quieres probar?
-¡Si!- sonrió alegre olvidando todo el ambiente tenso.
No importaba, se dijo, no podía estar enojada mucho tiempo con él debido a su adorable comportamiento. Además la comida alegraba su dia.
-Buenos tardes...- escucharon una voz por lo que mitsuri decidí adelantarse y salir.
-Buenos tardes – sonrió sabiendo bien que el visitante no podía ver su rostro.
-Déjame ayudarte - exclamó la persona frente a ella.
-No debes preocuparte por eso.- dijo moviendo los artículos de su línea de visión.
Frente a ella había un joven de estatura media, cabello lacio oscuro, mirada tranquila de ojos extravagantes uno parecía más turquesa que el otro sorprendiéndola.
-¡Que ojos más lindos! - soltó sin reparo sorprendiéndolo y provocando que retrocediera avergonzado halándola sin querer hacia él, haciendo que las cosas cayeran al piso con ella sobre el recién llegado.
-¡Lo lamento tanto! - se disculpó acercándose -¿Estás bien?
Noto como el joven frente a ella estaba rojo del rostro mirándola directamente a sus pechos que ahora estaban descubiertos debido a que se había corrido su kendogi hasta revelar su sostén rosa.
No pudo evitar gritar haciendo que kyojuro se acercara corriendo al lugar encontrándose con la extraña escena.
-¡¿Quién eres?!
-¡Rengoku San! - dijo rápidamente poniéndose de pie y moviendo sus manos para llamar su atención - fue mi culpa, yo hice que todo cayese, pude haberlo lastimado, pero no fue mi…
Tras unos segundos noto que su maestro estaba tenso mirando sus pechos tan abiertamente como el otro sujeto, haciéndola balbucear nerviosa pero su movimiento fue más rápido que ella ya que Rengoku agarró los extremos de su kendogi y las cerró de golpe.
- Cúbrete - ordenó mirando directamente al recién llegado.
- M-Me presento - aclaro su garganta - soy Iguro Obanai. Se supone que nuestros dojos tendrán un encuentro esta semana, solo venía acordar la hora y...
- Claro - sonrió neutral, casi con incomodidad sorprendiendo a Mitsuri - ven, puedes pasar por aquí.- señaló su pequeña oficina al fondo.
Iguro Obanai se inclino con mucha seriedad mientras Mitsuri llamo su atención.
-¡Lo siento mucho! - sonrió apenada - soy Mitsuri Kanroji, estudiante de este dojo, espero no haberte lastimado.
Noto como el joven desvió la mirada ruborizado y asintió con su cabeza haciéndola reír pero de pronto sintió un aura extraña tras ella.
Se giro y noto la sonrisa tensa de Rengoku quien al pasar a su lado le ordenó arreglar su uniforme nuevamente.
-S-Si- asintió sosteniendo con más fuerza el kendogi de la parte superior.
Este asintió con seriedad y se alejo con el invitado.
Por un segundo, pudo percatarse que su maestro estaba molesto por algo y aquello era muy extraño en él.
¿Sería acaso que le fue desagradable verla así? ¿La vería como una sinvergüenzas sin decoro?
Decidió correr a los vestidores y arreglarse como era debido, después de todo, la clase de ese día iniciaría dentro de poco.
