NOTA: FELIZ AÑO NUEVO, ESPERO QUE LOS POCOS QUE ME LEEN LES GUSTE ESTE CAPITULO, AVISÁNDOLES QUE ESTE FANFIC NO SERA MUY LARGO PERO YA TENGO PLANEADO ESCRIBIR OTRO DE ESTA PAREJA, OBVIO ESCRIBO PARA SACARME PURAS IDEAS DE LA CABEZA XD Y QUE CONSTE QUE ME GUSTA EL OBAMITSU PERO ESTA ´PAREJA SE CONVIRTIÓ EN MI ADORACIÓN, SIENTO QUE ES MAS REALISTA (LO DIGO DESPUÉS DE LEER EL MANGA)
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CAPITULO V
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Mitsuri se encontraba sentada en el piso de la habitación que le habían asignado, mirando la puerta corrediza con mucha insistencia.
Se erizo al escuchar unos pasos y ver cómo Rengoku entraba con futón en mano.
Trago con dificultad tratando de calmar la vergüenza que la invadía.
-Muy bien, creo que esto será suficiente - dijo al extender el futón.
-Lamento esto...- repitió por quinta vez ese día.
-No tienes que preocuparte.
-Y-Yo ¡tratare de pagar este favor!
- Lo mejor sería que luego de que sanes entrenes como es debido - su entusiasmo la hizo reír por lo bajo.
- Rengoku San – llamó alegremente, siguiendo con la mirada las manos del chico quien arreglaba lo que sería su cama esa noche- creo que este accidente es algo que nunca te hubiese sucedido.
- Supongo que no - dijo pensativo - trato de estar alerta a muchas cosas.
- ¿Acaso no hay algo que te distraiga lo suficiente?
La pregunta hizo que el susodicho la mirase con seriedad para luego volverse al futón que terminaba de arreglar.
- Creo que no - respondió seco, sorprendiéndola.
¿Habrá dicho algo malo? Se preguntó sintiendo esa tensión rara entre ambos.
-P-Por cierto - exclamó tratando de cambiar el tema- en el hospital diste mis datos personales... ¿Inventaste alguno?
-Veamos…- dijo mirando el techo para luego sonreír - tienes 19 años, tu cumpleaños es el 1 de junio, pesas alrededor de 56 kilos, tu tipo de sangre es A y pareces no ser alérgica a algún alimento debido a tu apetito. No tienes mascota, pero te gustan los gatos y los niños, también tienes una fuerza física admirable por lo que una lesión de ese tipo debió ser muy severa para hacerte llorar. - se volvió a ella - ¿Falta algo más?
Mitsuri quedo estupefacta por unos segundos, solo para que luego sintiera como sus ojos estaban a punto de soltar lágrimas. Su maestro era muy observador con ella y se fijó en muchos detalles. Su corazón amenazaba con salírsele del pecho conmoviéndose.
Sin pensarlo mucho ella decidió responderle.
- El maestro Rengoku… tiene 20 años, su cumpleaños es el 10 de mayo, su tipo de sangre es O, no parece tener alergias a ningún alimento, su comida preferida es la que contenga batata dulce, no tiene mascota pero ama a los animales y a su pequeño hermano haciéndose cargo de él y de su hogar completamente cuando se quedó sin sus padres, es muy fuerte y es... Una de las personas que más admiro.
La sorpresa invadió la expresión del joven quien la miro directamente.
-Sabemos mucho uno del otro - sonrió cansado después de un incómodo silencio.
- H-Hemos estado juntos mucho tiempo – respondió a su sonrisa ruborizándose mientras miraba una de sus manos en su regazo.
- Tu tipo de sangre y peso lo sé debido al último torneo interno que realizamos- sonrió- era necesario tener esos datos de los alumnos.
-Es verdad...- dijo entendiendo que era esa la razón por la que lo recordaba
-Ese evento fue divertido.
- ¡Tienes razón! - respondió mitsuri sonriente.- ¿Recuerdas el raspado de fresa ese día? - pregunto emocionada.
-¡Estaba delicioso!- le secundo con entusiasmo.
-Senjuro tendría que haberlo probado.
-Ese día tuvo que asistir a clases – dijo cruzándose de brazos tratando de hacer memoria- pero…¡Deberíamos ir los tres!
-¿Crees que encontremos al dueño del establecimiento? Parece que solo trabaja en festivales.
-¡Eso tiene arreglo, lo buscaremos!
Ambos rieron al imaginarse buscando en toda la ciudad a un anciano por sus raspados. Durante aquel largo año Mitsuri podía recordar cada tontería que hacían juntos y era una de las razones por las cuales lo amaba.
La sonrisa en ambos no desaparecía hasta que se miraron el uno al otro directamente provocando otro silencio que fue interrumpido por los pasos de Senjuro quien se acercaba con un par de sabanas.
- Así puede abrigarse más - dijo ruborizándose cuando se acercaba a Mitsuri - veo que ya hicieron las pases.
-¿Las pases? - preguntaron al unísono.
-E-Es...Estaban muy extraños - dijo mirando el piso al sentarse de rodillas frente a ellos - no parecían los mismos...
Mitsuri parpadeo sorprendida por lo perspicaz del pequeño haciéndola sonreír con calma y atraerlo con un brazo para poder abrazarlo.
-Perdona por haberte preocupado.
-Creo que hemos andado demasiado ocupados con otros asuntos - escucho la voz de Rengoku quien acaricia los cabellos de Senjuro cuando este se separaba un poco de Mitsuri.
-¿No duele mucho? - pregunto mirando su brazo vendado.
-Estoy bien – respondió jactándose de su fuerza.
-En ese caso - dijo el mayor de los hermanos poniéndose de pie - es mejor dejarla descansar. Ordenaré las cosas y cerraré el dojo.
- Está bien - sonrió mitsuri con cariño hasta que lo vio desaparecer. Fue cuando giro su cabeza hacia su lado y notó la mirada curiosa de Senjuro -¿Pasa algo?
Tras unos segundos de silencio pudo preguntar
-Señorita Mitsuri… le gusta mi hermano ¿no es así?
La susodicha palideció de inmediato.
-¿Q-Que?
-¿Le gusta?
-¿P-Porque dices algo así? ¡E-Él es especial para mí pero…!
-Veamos – dijo casi pensativo – suele mirarlo con la misma expresión como cuando ve postres.
Mitsuri sabía que si no se controlaba gritaría histérica al verse descubierta de una forma tan humillante.
-¡No es así!
- ¿No le gusta?
-¡No lo veo como quisiera comerlo!
-Si, lo hace- dijo inocentemente haciéndola ruborizar hasta las raíces de su cabello- ¿Vivirá con nosotros si todo sale bien? – preguntó sonriente.
-No es lo que piensas… - dijo ya angustiada.
-¿No lo quiere?
-¡Senjuro, amo a tu hermano, pero es solo que…!
Calló al saber lo que acababa de decir, ver la expresión sonriente y triunfante del chiquillo frente a ella no fue nada comparada con la figura que pudo apreciar al fondo de la habitación. Ahí tras la puerta corrediza pudo ver la silueta alta que indudablemente era de su maestro. Lo había escuchado.
Su labio inferior tembló y gimió en desesperación ¿Qué demonios acababa de hacer?
Pudo ver como la silueta se iba de ahí sin hacer ruido. ¿Cómo podría verlo a la cara? ¿Qué esperaba que él hiciera?
Senjuro seguía sonriendo y diciendo cosas sobre guardar secretos haciéndola asentir sin entender nada en realidad.
Se despidió de ella mientras Mitsuri intento inútilmente dormir y no fue hasta muy entrada la madrugada que logro hacerlo.
Al día siguiente intentó arreglar su ropa lo mejor que pudo, después de haber despertado con su kendogi abierto exponiendo sus pechos. Con una sola mano colocaba su cabestrillo para evitar seguir moviendo el hombro.
Intentó aplacar su cabello debido a que no podría realizarse sus trenzas características. Por lo menos, se dijo, nadie había entrado y la había visto de aquella forma tan vergonzosa. Ni siquiera podía dormir como una dama.
Su cabello llegaba hasta la cintura pero era molesto en esta ocasión.
Esperaba poder cambiarse y bañarse como era debido aunque primero debía volver casa.
Su rostro se ruborizo mientras arreglaba su futon y se ponía de pie.
Después de lo de anoche debía salir y encarar lo que sea que encontraría de ahora en adelante. Por lo menos, ahora que estaba lesionada tendría un pretexto para no asomarse por semanas.
Salió lentamente corriendo la puerta y cerrándola tras de sí, tratando de hacer el menor ruido pero fue su estómago el que rugió antes haciéndola suspirar.
Tenía hambre de nuevo, pero lo mejor sería despedirse y poder regresar a su casa.
- El desayuno está listo -dijo la voz que la paralizó - iba camino a despertarte, puedes...-
Se detuvo justo cuando ella giro y se quedó observándola detenidamente.
-Y-Yo... bueno... quería...- solo quería huir de aquel lugar y más al ver la mirada del joven de cabellos dorados.
-Hermano -escucho llamar a Senjuro que se acercaba a ellos y que igual al mayor se sorprendió al verla - ¡Su cabello es impresionante!- soltó sin reparo haciéndolo sonrojar.
-¿Qué?
-¡Su cabello es sumamente largo y rosa!
La situación de pronto le pareció cómica, sobretodo al ver el rostro sorprendido del pequeño por lo que se echó a reír junto a Kyojuro quien parecía tener su mismo sentido del humor
- Creo que pensamos igual -sonrió a su hermano - el cabello de Mitsuri es precioso.
Con lentitud, ella tomo un mechón de su cabello. Era la primera vez que alguien decía que era precioso. Se ruborizo encantada por ese cumplido e incluso ver la admiración de Senjuro era muy grata. Cómo adoraba a ese par de hermanos.
-Deberías usarlo así más seguido - dijo Rengoku girandose - vamos a desayunar.
El pequeño Senjuro asintió secundando a su hermano mayor mientras mitsuri los seguía.
Era tanta su felicidad que pasó de largo el hecho que su maestro actuaba normal a pesar de su confesión de amor.
Y no pudo evitar sentirse cómoda de nuevo la probar sus alimentos. Sobre todo porque al igual que Rengoku podía servirse hasta seis veces seguidas.
El menor suspiraba mirando como ambos comían de más haciendo que sonriese un poco apenada.
-Lo siento mucho Senjuro.
-Esta bien señorita Mitsuri - respondió -por lo menos con eso sabemos que está bien de salud.
La susodicha se sonrojo.
-Le dije a Senjuro que tu apetito solo suele desaparecer cuando estás enferma o triste.
-Si, o como la vez que fingió comer menos- el pequeño sonrió - solo provocó que se desmayara en un entrenamiento.
¿Cómo olvidarlo? Se dijo Mitsuri recordando que solía comer menos por apariencia y por las críticas que recibía siendo una mujer.
Era juzgada hasta por la cantidad de alimentos que ingería y fue al estar con los hermanos Rengoku que se sintió cómoda para portarse como era en realidad.
-Siempre eh visto esa cualidad impresionante - dijo Rengoku enérgico - es increíble el combustible que intenta conseguir tu cuerpo para mantener tu fuerza física.
-Siempre eh pensando eso -sonrió encantada de encontrar aceptación- gracias por la comida.
Ayudo a levantar la mesa y lavar los utensilios lentamente aunque los hermanos querían negarse.
-Quiero ayudar, sino me sentiré una inútil- insistió convenciéndolos.
Lo hacía lento con una sola mano pero sonrió satisfecha de esa convivencia. Aunque su maestro actuará como si nada pasara... después de todo ¿No era eso lo mejor? Kyojuro Rengoku no correspondía sus sentimientos y actuar de esa forma le daba un poco de descencia, pero aun así desde el fondo de su cabeza una parte de ella deseaba que algo le hubiese incomodado. Era como si sus palabras no importarán en absoluto.
Un nudo en su garganta volvió a formarse hasta que escucho la voz que la asustó.
-¿Es el dolor otra vez? Por eso no quería que hicieras esto - señaló su trabajo haciéndola aspirar por la nariz.
Mitsuri sabía que no podía llorar de una forma femenina como otras mujeres, normalmente moqueaba mucho, su cara enrojecía y su expresión no era algo que acentuara sus mejores rasgos.
Kyojuro sonrió como lo haría con su hermano pequeño dando un par de palmaditas a su cabeza.
-No es eso - dijo limpiando su nariz avergonzada.
-Entonces...¿Es respecto a que me amas? - pregunto sin delicadeza paralizándola.
Debía verse graciosa, se dijo, estaba ahí de pie sintiendo sus manos heladas mientras su boca era incapaz de cerrarse.
-Mitsuri - sonrió amistoso - tu cualidad es amar a los demás, es algo de la cual estoy orgulloso como tú maestro.
-¿Qué?- parpadeo sorprendida del disparate que acababa de decir.
Había confundido totalmente su confesión. Era su oportunidad de fingir alguna tontería que esté creyese, una parte de ella se alegró pero otra muy en el fondo decía que era inútil.
Vivir suspirando por alguien a largo plazo sería más doloroso que escuchar de su boca el rechazo el cual le ayudaría a seguir adelante.
Le costaría estar junto a Senjuro y Rengoku pero sería lo mejor ¿Estaría dispuesta a verlo casarse algún día? ¿Estar con otra mujer? No, se dijo, no podría pero en estos momentos aunque llorase por él podría superarlo y desearle lo mejor.
Amaba cada rasgo de Kyojuro y si conocía a alguien extraordinario que lo hiciese feliz tendría que demostrarlo aceptando aquello.
-Rengoku San...- llamo desviando su mirada - no es lo que crees... En realidad yo te...
-¡Hola hola! - dijo la voz que los interrumpió.
-¡Buenos días Shinobu! - saludo un Rengoku sonriente.
Mitsuri suspiro derrotada al volver a ver lo bien que se llevaban esos dos sin mencionar lo bien que se miraban juntos.
Su humor se hundió aún más por eso, pero al final trato de controlar sus celos y pedir a Shinobu que la acompañaste a su casa para poder cambiarse, después de todo era algo que no podía pedirle a su maestro.
"Eso quisieras" dijo su mente traicionera haciéndola sonrojar.
-¿Estás bien?- pregunto una Shinobu que caminaba a su lado por la calle - perdona por no venir más temprano, tenía que arreglar un par de asuntos.
-¡Al contrario, muchas gracias! -dijo entusiasta porque después de todo la pelinegra era una persona amable.
Aun así, el pequeño mal entendido con su maestro le dio la pauta de lo que debería hacer para sanar.
-Menos mal que llegue - sonrió- Kyojuro es capaz de seguirte a casa ¿Sabías que me hizo prometer cuidarte? Como si lo necesitarás.
Mitsuri presiono su puño sano y paro de caminar haciendo que la pelinegra hiciera lo mismo.
-¡Lo amo!
-¿Que? - parpadeo varias veces sin comprender.
-¡Amo a Rengoku san! - cerro sus ojos sintiendo que su rostro se calentaba - no importa lo que sientas por él, se lo diré por lo menos y se que… debes pensar que soy una amiga horrible pero necesito hacerlo.
Tomo aire tratando de mantenerse tranquila. Shinobu la odiaría, de eso estaba segura pero esperaba poder convencerla de que necesitaba decirle todo a su maestro.
-¿Estás...? ¿Estás enamorada de Kyojuro? - pregunto haciendo que Mitsuri levantara su mirada a ella encontrándose con una expresión pálida y horrorizada -¡¿Has perdido la cabeza!?
-¡Sé que lo amas! - dijo suplicante -¡Pero yo...!
-¡Yo no estoy enamorada de él! - soltó sorprendiendo a la pelirosa- ¿En qué estás pensando? Sabes que estamos hablando de Kyojuro ¿Verdad?
-¿No sientes nada por él?
- ¿Es por eso que has actuado raro estos días? - puso la mano en su cintura de forma severa haciéndola sonrojar -Mitsuri, ¿De verdad quieres meterte en esto? Rengoku es sumamente distraído para cosas de ese tipo...
-Perdona... Pensé que tú y él...
-Nos conocemos desde hace mucho - sonrió con tristeza. - pero solo es eso, le tengo mucha admiración ¿Estás segura que no confundes esos sentimientos? Eh visto que igual le admiras.
-¿Quién no lo haría? - respondió con ahínco- él es amable, responsable, fuerte y positivo en todo lo que hace, a-además - agrego ruborizada - es muy bueno en la cocina.
La última frase hizo reír a Shinobu.
- Eso es seguro - agrego - pero sería extraño verlo en una relación sería, después de todas las desgracias que han pasado en su vida no me sorprende que esté más centrado en cuidar su dojo y a su hermano.
-L-Lo sé... Pero por lo menos... Quiero que él lo sepa.
-Tuvo muchas conocidas que lo intentaron Mitsuri - dijo con más tristeza.
-¿Que?
-No eres la primera que lo intenta – murmuró - Rengoku es excéntrico pero es muy apuesto y eso atrae a las chicas.
Mitsuri se ruborizo asintiendo. Estaba de acuerdo que la apariencia de su maestro era sin duda muy atrayente.
-¿Estás dispuesta a aceptar su respuesta? - pregunto preocupada - no quiero desanimarte por todo pero debes ser realista.
- N-No importa -. Dijo tras unos segundos de pensarlo - quiero que lo sepa, y si su respuesta no es la que deseo, debo aceptarla.
La miro con total decisión. Ella no se echaría atrás, no ahora. Él era un desafío que iba a superar.
Shinobu sonrió con cariño.
- Muy en el fondo deseo que tengas éxito.
El halago la hizo sonrojar y llenarla de una pequeña esperanza.
