---------------------------------------------------------
CAPÍTULO 4: You can leave your hair on
---------------------------------------------------------
A las 23:20 horas de la noche, y llegando tarde para mantenerse fiel a sí mismo, Tatsuha llegó a casa de Suguru. El otro hacía exactamente veinte minutos que le esperaba en el portal, muerto de frío, así que ya os podéis imaginar lo contento que estaba.
Tatsuha paró la moto delante de él y levantó la visera de su casco.
- Eeeeeeei, que requeteguapo me vienes.
- Hn, ¿qué pensabas? ¿Que vendría en pijama?
Para la ocasión, Suguru se había llevado a casa ropa que normalmente sólo se ponía en los conciertos y que, por consiguiente, solía descansar en el inmenso guardarropa de NG Records. Llevaba unos pantalones de cuero negro y un jersey de lycra de cuello subido, del mismo color, que le quedaba muy bien y le hacía parecer un poco más mayor. Todo ello completado con una gabardina de piel negra.
- Sí, ya veo que eres un chico muy fashion – Respondió Tatsuha, en tono burlón - Aunque no sé de qué me extraño, siendo primo de Tohma. . . – Y sin más preámbulos, se sacó otro casco que llevaba colgando del brazo y se lo tiró a Suguru sin avisar. El resultado fue que el casco fue a impactar justo en el estómago del pobre chico.
- Ouch. ¡A ver si tienes más cuidado!
Tatsuha puso los ojos en blanco.
- Aaaaaaai, igual de flojucho y quejita que su primo también.
- ¡Ya está bien! ¡Para de decir que soy igual que Tohma! Parece que no sepas hacer nada más.
- Anda, deja de remugar y sube, enano.
- No me llames enano, imbécil.
No sin dificultad, Suguru consiguió subirse a la moto, sentándose detrás de Tatsuha.
BRRRRRRRRRRRRRRRRUMMMMMMMMMMMM
Sin darle tiempo ni siquiera a agarrarse a su espalda, Tatsuha arrancó, saliendo disparado calle abajo. Poco faltó para que Suguru saliera volando por detrás de la moto.
- ¡ESPERA, ANIMAAAAAAAAAL! ¡AÚN NO ME HE PUESTO EL CASCOOOOOOOOOOOO!
-.-.-
Diez minutos más tarde llegaron a un local del que salía el sonido atronador de música de baile, más el bullicio de mucha, muchísima gente. También había una larga cola de personas que esperaban para entrar, soportando estoicamente el frío de la noche. Tatsuha aparcó la moto justo delante de la puerta.
- Oye, aquí pone que no se puede aparcar.
- Bah, no te preocupes por eso. ¿Te pongo una escalera? Jejeje – Se burló, mientras inclinaba la moto para que Suguru pudiera bajar sin romperse la cabeza.
- Vete a la mierda ¬¬
- Ui ui ui, ¿qué diría tu primo si te escuchara utilizar semejante lenguaje?
- Diría que es por culpa tuya, que eres una mala influencia.
- Seguramente. JUAAAAAAA JUA JUA
Haciendo caso omiso de la cola de todos los que esperaban para entrar, Tatsuha se dirigió directamente hacia la entrada, seguido por el desconcertado y temeroso Suguru.
- Eeeeeeeeeeeh, Kosakuuuuuuuuuuuuuu.
- Vaya, vaya, vaya. Pero mira quien ha venido – Saludó alegremente el inmenso vigilante de la discoteca.
- ¡Kosaku! ¡Cómo te he echado de menos!
- JEJEJE ¡Y yo a ti, gamberro! – Tatsuha y el gorila se abrazaron con entusiasmo y muy poca sutileza, dándose tales palmadas en la espalda que, cualquiera que no les oyera, pensaría que se estaban dando una paliza – Hm, ¿y este?
- Este, es. . . es un amigo.
- Ya veo – El segurata se agachó para que su cabeza quedara a la altura de la de Suguru – Oye. . . tu cara me suena. ¿Has venido antes por aquí?
- ¿Yooooo? No, no, que va – "GLUB ¿Y ahora qué hago?" Le vinieron a la cabeza las palabras de Tohma "Sobretodo, procurad pasar desapercibidos en los lugares públicos. No deis pie a que la gente os reconozca"
- No, no ha venido nunca. Por eso le he traído, porque no se puede venir a Tokio sin pasar por el CYBERIA (1). ¿A que no? ¿A que podemos pasar? Jijiji – Tatsuha sonrió a su mastodóntico amigo enseñando todos los dientes – Además, no vamos a beber, ya lo sabes.
El segurata le sonrió en plan "padrazo" y le revolvió el pelo.
- Anda, pasad – Dijo, retirando el cordón que cortaba el paso.
El interior de la discoteca era la representación alegórica del caos: La música estaba tan alta que se corría un serio riesgo de salir de allí con un trauma acústico, un número incontable de personas llenaban la pista, apretujados, intentando bailar; tres camareros sudaban detrás de la barra intentando atender las peticiones de los clientes que se agolpaban frente a ellos, pidiendo las consumiciones a gritos todos a la vez, y el conjunto de luces de colores (bastante hortera, por cierto) que parpadeaban al compás de la música hacía que el conjunto resultara mareante.
- ¡OYE, ¿A TI TE GUSTA ESTE SITIO?! – Preguntó Suguru, sorprendido. Era necesario hablar a gritos si pretendías que alguien te oyera.
- ¡NO, QUE VA! ¡AHORA PASAREMOS A LA SALA VIP!
A codazo limpio, Tatsuha fue abriendo camino entre la marea humana, llegando a una puerta metálica custodiada por otro gorila al que, por supuesto, Tatsuha también conocía. Después de intercambiar un saludo parecido al del empleado de la puerta, pero más breve debido a que allí era mucho más difícil hablar, la puerta metálica se abrió también para ellos, dando paso a una sala que no parecía pertenecer al mismo local.
Allí la música estaba a un volumen mucho más decente, más adecuado para la conversación; no había luces de colores, sólo una tenue iluminación en tonos lilas; la decoración se componía de varias mesas cercadas por sofás tapizados en cuero y había muchísima menos gente. Además, la que había iba mucho mejor vestida que la de la sala que acababan de abandonar y se movían por allí dentro como si el local fuera propiedad suya. Se notaba que se sabían pertenecientes a otro status.
- Muy bien, enano – Le dijo Tatsuha, agarrándole por un hombro – Acabamos de entrar en mi territorio. No me dejes en mal lugar.
- Hn, me parece mucho más probable que seas tú el que me deje en mal lugar a mí.
- Ya lo veremos. . .
- KYAAAAAAAAAAAA ¡TATSUHAAAAAAAAAAA!
Cuatro camareras, con escotes bajísimos y faldas cortísimas, corrían hacia ellos presas de una emoción indescriptible y aleteando los brazos. Las cuatro a la vez se lanzaron a abrazar el cuello de Tatsuha.
- Tatsu-chaaaaaaaaaaaan. ¡Cuánto has tardado en volver! Nos tenías abandonadas.
- Siiiiiiiiiiiii, ya no nos quieres. ¿Es que alguna zorrita de Kyoto te ha hecho sentar la cabeza?
- JAAAAAAAAA JA JA JA JAAAAAAAA ¿Pero qué dices, reina? Si sabes perfectamente que yo sólo os quiero a vosotras – Por lo visto, el amigo Tatsuha era el gallo de aquel gallinero – A ver chicas, que os voy a presentar a alguien. Oye tú, ¿dónde te has metido? Ah, estás aquí.
Sintiéndose inmensamente pequeño y miserable, Suguru se había quedado rezagado y con la cabeza gacha detrás del "pachá" que le había arrastrado hasta allí, muerto de vergüenza y de envidia. Y odiando a todos los presentes por no hacerle ni puñetero caso. Tatsuha le agarró por el cuello de la chaqueta y le pegó un estirón para obligarle a ponerse a su lado.
- Este es mi amigo Suguru – Dijo, pasándole el brazo sobre los hombros como si fueran los mejores amigos que pudieran existir en el mundo entero - ¿Verdad que es adorable? Suguru, saluda a las chicas, hombre.
- OHHHHHHHHHHHHH, ES UN AMOOOOOOOOOOOOOR – Corearon cuatro voces cantarinas.
- ¿Ah que sí? Y además es todo un caballero. De los que ya no quedan, ya lo veréis. Venga Suguru, que te las voy a presentar – Suguru, rojo hasta la punta de las orejas, hubiera deseado que se lo tragara la tierra – Esta es Keiko. . .
- Holaaaaaaaaaaa
- Esta es Sayaka.
- Holaaaaaaaaa.
- Y estos dos bombones de aquí son Hikaru y Haruko – Finalizó, señalando a dos gemelas teñidas de rubio.
- Ho. . . ejem. . . hola – Saludó, sin atreverse a levantar la vista del suelo.
- Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
- Venga preciosas, que tengo un montón de cosas que contaros. ¿Quién de vosotras nos va traer unas copitas?
- ¡Yoooooooooo!
- ¡No, yo!
- ¡Nada de eso! ¡Voy yo!
- Jejejeje, tranquilas nenas. Haremos una cosa, que cada una nos traiga su bebida favorita y otra copa para ella ¿De acuerdo?
- Siiiiiiiiiiiiiiiiiii – Y las cuatro periquitas salieron a la carrera hacia la barra.
Mientras las chicas iban a por las consumiciones, Tatsuha, que seguía rodeando a Suguru con el brazo, puso rumbo hacia una mesa libre mientras le siseaba a su compañero en el oído.
- A ver si alegras esa cara, joder, que parece que te den miedo las chicas – Le riñó.
- ¡No me dan miedo! Es sólo que. . . sólo que. . .
- Sólo que no has tenido a una mujer tan cerca en tu vida. Si ya lo sabía yo.
- ¡Eso no es cierto!
- Ya sabía yo que me ibas a dejar en mal lugar. . .
- Oye, chulo barato, yo soy tanto o más capaz que tú de hablar con chicas. Como si tuviera algún secreto.
- Pues a ver si es verdad, porque de momento no se te está notando nada – Dijo, a modo de desafío, lo que hizo que a Suguru se le hinchara el pecho de indignación – Graaaaaaaaaacias cariños míos – Las chicas habían vuelto, cada una con tres copas en una bandeja – Cómo me. . . nos cuidáis.
Entre risitas y grititos de júbilo, las cuatro camareras colocaron las bebidas en la mesa y luego se sentaron junto a ellos, tras una breve, aunque no por ello menos violenta, discusión sobre quién debía sentarse al lado de Tatsuha. Suguru, por su parte, miraba los vasos con cara de extrañeza.
- Creía que no íbamos a beber – Le susurró a Tatsuha, el cual le miró con una mezcla de burla y menosprecio en su cara.
- Me juego lo que quieras a que tampoco has bebido alcohol en tu vida – De nuevo, Suguru se vio herido en su orgullo.
- ¡Claro que sí que he bebido! – Mentira. No ha bebido nunca - Lo que pasa es que. . . es que no me gusta. Eso. Eso es, no me gusta.
- Oh, vaya por dios, Suguru. ¿De verdad no te gusta lo que nos han traído las chicas? – Dijo Tatsuha, con voz alta y melodramática, asegurándose de que todas ellas le oyeran.
-¿QUEEEEEEEEEEEEE? ¿No te gusta lo que te hemos traíiiiiiiidooooooo? – Como era de esperar, Suguru se vio acosado por cuatro estridentes voces lastimeras y cuatro caritas tristes que le miraban con lagrimitas en sus cuatro pares de ojos.
- Sí, sí, sí. Claro que me gusta. ¿Quién ha dicho que no me gusta, jejeje?
- ¡Bien! Entonces vamos a hacer un brindis ¿Por qué queréis brindar, preciosas mías?
- POR SUGURUUUUUUUUUUU
- Entonces, ¡un brindis por Suguru! ¡Va, hasta el fondo! – Gritó Tatsuha, alzando su vaso. Las chicas le acompañaron con el mismo entusiasmo y Suguru, que le miraba con odio, desprecio, rabia, asco y ganas de meterle una ostia, se vio obligado a unirse al brindis, levantando tímidamente su vaso.
- Sa. . . salud.
CLINK CLINK CLINK CLINK CLINK
Las copas chocaron, las chicas rieron, Tatsuha rió todavía más, y todos ellos vaciaron sus vasos sin ninguna dificultad, volviendo a dejarlos sobre la mesa con un fuerte golpe. Mientras tanto Suguru, que ni siquiera se había llevado la copa a los labios, esperaba, agazapado sobre sí mismo, que nadie se fijara en él y continuaran ignorándole como hasta entonces. Pero no fue así.
- ¿Qué pasa, Suguru? ¿No bebes?
- Bueno, es que. . .
- ¿Te pedimos algo más suavecito? ¿Una limonada, tal vez? ¿Un vasito de leche? – Tatsuha había vuelto a arrojar frente a él el guante del desafío. No le quedaba más remedio que recogerlo.
- No, no hace falta ¬¬ Ya, ejem, ya me lo bebo, urgh – Y, mirando con temor su vaso durante un último momento de duda, se lo llevó repentinamente a la boca, tragando la bebida como si le fuera en ello la vida, mientras las chicas coreaban "¡Su-gu-ru, Su-gu-ru, Su-gu-ru!" – Aaaaaaaaaaargh – Cuando se lo acabó, la cara se le puso toda roja, después pasó a verde durante unos instantes, para acabar poniéndose más blanco que el papel. "Urgh, creo que voy a vomitar"
- ¡Sí señor! ¡Sí señor! ¡Esto se anima! ¡Venga, otro brindis, esta vez por Sakuma!
- ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIII! ¡SAKUMA KAWAAAAAAAAAI!
"Maldito sea T.T"
Como por arte de magia, su vaso volvió a estar lleno, y tuvo que hacer otra vez de tripas corazón y bebérselo de nuevo de un trago, como dictaba el ritual del brindis. La segunda copa entró con algo más de facilidad que la primera, dejándole una sensación de calor en el estómago y la cabeza algo turbia. Durante unas décimas de segundo, la conversación se escuchó atenuada, y las siluetas de sus compañeros de mesa se vieron ligeramente desdibujadas.
- Y, ¿de qué conoces a Tatsuha, Suguru? – Preguntó una de las gemelas, acercándose a él y apuntándole de lleno con sus enormes pechos.
- Pues. . . em – El pobre Suggy-chan intentaba encontrar una respuesta satisfactoria, pero el verse avasallado por aquel escote y ese muslamen que se restregaba contra sus piernas le estaba desconcentrando – Vamos juntos al instituto – Dijo finalmente, con la nariz casi metida en el canalillo de la camarera.
Se hizo el silencio en la mesa. Sorprendido, levantó la vista y vio que las chicas le miraban muy serias y extrañadas, mientras que Tatsuha parecía tener ganas de asesinarle ahí mismo.
- Tatsuha nos dijo que estudiaba medicina – Dijo, por fin, una de las que estaban sentadas al lado del pequeño Uesugi. De modo que esa era la razón de aquella sorpresa general. . .
- Em, si. . . claro. .. vamos juntos al Instituto de Medicina. Allí, en Kyoto.
- Aaaaaaaaaaah – Corearon las cuatro, y Tatsuha le miró como diciendo "No ha estado mal eso, enano. No te mataré. . . todavía"
- Y ahora, dinos tú por quién brindamos, Suguru – Dijo alegremente la otra gemela, que decidió cambiarse de sitio y hacerle la competencia a su hermana en eso de restregarse contra el azorado chico.
- Pues. . . no. . . no sé. . . jujuju. . . – Suguru, con las mejillas encendidas, la cabeza que le pesaba y una extraña sensación de alegría en el cuerpo, empezaba a encontrar la mar de divertido eso de estar rodeado de carne por todos lados y lo de mantener aquella conversación tan estúpida en aquel bareto que, en un principio, le había causado horror. De repente, estaba completamente dispuesto a dejarse tratar por un peluche por aquellas chicas que le agasajaban y a decir cuantas tonterías fuesen necesarias para que la cosa continuase por aquel camino. Oh sí, estaba la mar de contento. Hasta Tatsuha empezaba a caerle simpático. . . - ¿Puor quién quierues bruindar tú?
-.-.-
3:45 am. RESIDENCIA SEGUCHI
Los chicos llevaban toda la noche en paradero desconocido. Mika estaba preocupada, no se fiaba ni un pelo de lo que pudiera estar haciendo su hermano. Seguro que había organizado algún desastre de los suyos y, lo que era peor, muy probablemente había mezclado a Suguru en él.
Varias veces había sugerido el ir a buscarles, pero Tohma, empecinado en probar que su idea era buena, petara quien petara, insistía en que no había nada de que preocuparse mientras fingía estar tranquilo.
- Vamos querida, no seas histérica. Ya sabes que cuando Tatsuha decide largarse por ahí de juerga siempre vuelve tarde – Decía mientras leía, ya por cuarta vez, el mismo artículo del periódico.
- Ya, pero es que. . . tengo un mal presentimiento.
- Ja ja ja. Anda Mika, relájate, que cuando no tienes de qué preocuparte, te lo inventas – Y, sin darse cuenta, volvió a mirar el reloj.
Al final Mika, herida en su orgullo por que su marido se burlara de sus desvelos (y eso que estaba convencida de que él sabía que tenía razón) había decidido no insistir más y dejar que Tohma siguiera haciendo como que no pasaba nada. Que sufriera en silencio si eso era lo que quería hacer. Seguro que él estaba incluso más preocupado que ella.
Y no le faltaba razón.
A las 5 de la madrugada estaban los dos estirados en su cama, cada uno en su lado como si el otro no estuviera allí. Mika tenía los ojos abiertos en la oscuridad y Tohma, que le daba la espalda, fingía dormir. Pero su mujer sabía perfectamente que estaba despierto, pensando en lo mismo que ella. Ya le había visto demasiadas veces hacer ver que dormía como para no darse cuenta de cuando era puro cuento.
Al final, retiró la sábana con un movimiento enérgico, fue hasta el armario, lo abrió, se quitó el camisón, quedándose en braguitas, y empezó a vestirse.
- Voy a buscarles.
- . . . . . . . . . . . . . .Vale. . .
Se metió en su coche. Recordó que Yuki le había comentado, cuando ella le preguntaba que qué tal se portaba Tatsuha en su casa, "Pues casi no le he visto. Anoche se fue al antro ese del Cyberia y volvió a las tantas, así que aún está durmiendo. Este sólo viene aquí a comer, dormir y a mear"
Como esposa de Tohma Seguchi que era, Mika tenía conocimiento de la existencia y ubicación de todos los locales que conformaban la vida nocturna de Tokio, así que salió del garaje y puso rumbo al Cyberia, con aquel mal presentimiento incordiándola todavía.
El segurata que había saludado Tatsuha en la puerta quedó tan intimidado por el aire de autoridad que desprendía aquella mujer tan guapa y tan alta, que la dejó pasar sin hacer cola ni pedirle ninguna explicación, y la informó con actitud solícita del paradero más probable del chico por el que preguntaba. Incluso la acompañó él mismo, haciendo camino entre el gentío, hasta la sala VIP. Dejó a Mika en la puerta, hizo una reverencia, leve, pero una reverencia, y se despidió.
La puerta de la sala se abrió para Mika, que entró segura de encontrarse con algo vergonzoso que la hiciera desear, otra vez, haber sido hija única. De todos modos, ni en sus peores conjeturas se había imaginado algo como lo que se encontró al entrar en la sala.
En el pequeño escenario de un karaoke, Suguru, con la cara roja como un tomate, se desgañitaba "cantando" You can leave your hair on (2), mientras dos ordinarias con los pelos amarillos se balanceaban al compás de la música y le hacían coros. Por su parte, Tatsuha, estaba bailando encima de una mesa, sin ropa de cintura para arriba, y con otras dos ordinarias vitoreándole. Había empezado a quitarse el cinturón de una manera que él debía de creer sensual. Por lo visto, estaba haciendo su propia versión del streaptease.
La idea de Mika al entrar era agarrar a aquellos dos por el pescuezo, sacarlos de allí y llevarlos a casa inmediatamente, pero antes decidió que mejor sería ir a la barra a pedirse un copazo, para coger fuerzas.
- You can leeeeeeeeeeeeeave your hair oooooooooooooooon¡¡¡¡¡ - Graznaba Suguru, mientras el whisky llenaba su vaso. Mika apoyó los codos en la barra y dejó caer la cabeza sobre sus manos, murmurando "No puede ser, no puede ser. . ."
- ¿Conoce usted a esos dos chicos, señorita? – Preguntó el barman, cerrando la botella.
- Sí – Respondió, con la cara aún escondida bajo las manos. Entonces levantó la cabeza y el camarero pegó un respingo al ver la expresión de su rostro – Pero ellos van a desear no haberme conocido nunca ¬¬
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
(1) Sí, le he puesto el mismo nombre que el de la discoteca de Lain XD
(2) Ya sabéis, la canción del streaptease que se marca la Basinger en Nueve semanas y media.
Bueno, pues ya he finiquitado el cuarto. Uf, no sabéis lo que cuesta sacar a Suguru de marcha. Y después de haber caído en manos de Mika, creo que no le van a quedar ganas de volver XDDDDDDD
Vale, voy a pasar a contestar unos cuantos rw:
Nat-chan: Como siempre, tus deseos se han visto satisfechos XDDDDD Por cierto, avísame si te ha llegado la contestación a tu mail pq tuve unos cuantos problemillas. De no ser así, vuélvemelo a enviar y te contesto.
Cerdo Volador: Eres un Ryuichi???? Y vas por ahí disfrazada de conejo???? XDDDDD Pues ten cuidado de no caer en mis manos, o te achucharé hasta que te pongas azul. . .
Aráshi-Nobutada:(Mierda de editor que no escribe las barras ¬¬)Soy una autora consentida?Por qué??? Ah, y sobre lo que me has comentado, yo te recomiendo no tener miedo a probar cosas nuevas XDDDDDDDD
Grin: Sí, sí, Salieron todos los "jas", no te preocupes XD
Rikku-Tomoe: No, si yo la perola ya la perdí hace mucho tiempo. . .
Yukii: Donde está mi niña, q ya no la veo nunca por el msn??? T.T
El resto no los comento por la sencilla razón de que tengo 5 minutos para acabar de editar esto, pero muchísimas gracias a todos por vuestros rw, tanto en este como en otros fics. Seguidcomentándomevuestras sugerencias, que me encantan, y no os preocupéis, que yo tomo nota de todo.
BESITOS¡¡¡¡
