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CAPÍTULO 6: La profanación
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Era mediodía.
Tohma había salido a un almuerzo de negocios, así que tenían vía libre.
Tatsuha, con un aplomo avasallador que provenía de su grandísima cara dura, se dirigió con decisión al escritorio de la secretaria que custodiaba la puerta del despacho, santuario donde se guardaba la información que él tanto ansiaba obtener.
- Buenos días, Hiroe - (NORMA DEL MANUAL DEL BUEN SEDUCTOR: Apréndete el nombre de todas las chicas que puedan prestarte algún servicio en alguna ocasión, no importa que no las hallas catalogado como objetivo) - Cada vez que la veo está usted más guapa – Dijo, poniendo su cara de ligar.
Tal y como esperaba, la secretaria le miró con una sonrisa bobalicona en su cara, sonrojándose un poco.
- Oooooooooh, es usted un zalamero, Tatsuha-san.
- En absoluto, lo digo muy en serio. El otro día se lo comentaba a mi cuñado, "Tienes una secretaria monísima, oniisan, no podrías tener una mejor tarjeta de presentación"
- OH JO JO JO JO. ¡Por favor, Tatsuha-san! Va usted a hacer que me sonroje – En realidad, la chica estaba ya roja hasta las orejas.
- ¿Pero por qué no lo voy a decir, si es verdad? Jijiji – Tomó la mano derecha de la chica y la sostuvo entre las suyas – Sólo hay que fijarse, por poner un ejemplo, en esta piel tan suave. Tiene usted una piel de princesa, Hiroe – Y la pobre ingenua volvió a soltar una risotada nerviosa. Ya la tenía, la chica había perdido por completo de vista el mundo que la rodeaba.
Tatsuha siguió enjabonándola durante unos minutos más. De los inofensivos comentarios sobre el maravilloso estado de su piel, su pelo y sus pestañas, pasó gradualmente a otros más subidos de tono sobre la turgencia de sus labios y la firmeza de su escote. A este último, la joven reaccionó con una gran turbación.
- Oh, Tatsuha-san, pero si yo no tengo. . . casi nada. . . – Dijo, bajando la vista y tapándose instintivamente el escote con la mano.
- ¡Ah! Pero más vale poco y bien puesto, ¡es lo que yo siempre he dicho! Jejeje – En realidad, Tatsuha siempre decía que donde hubiera abundancia para agarrar, que se quitasen las melindres. De hecho, Hiroe era una chica de extremada delgadez, y a él le gustaban un poco llenitas; llevaba el pelo corto, y Tatsuha sentía debilidad por las largas melenas; vestía con sobriedad y pulcritud, cuando al joven Uesugi lo que le molaban eran las minifaldas y los tacones de vértigo. En definitiva, la callada y eficiente secretaria de Tohma no coincidía para nada con el perfil de chica que podía interesar a Tatsuha, pero en ese momento la cuestión era atontar a Hiroe tanto como fuera posible.
La conversación siguió por aquel camino, de modo que la pobre inocentona no se dio cuenta para nada de que, mientras aquel guaperas la cubría de halagos, el pequeño Suguru avanzaba a gatas por el suelo cruzando la sala, quedando tapado por el escritorio, hasta alcanzar la puerta del despacho.
Cuando Tatsuha vio que su compañero de correrías alzaba la mano para alcanzar el pomo de la puerta, se sentó en la mesa con un gesto chulesco, tapándole con su propio cuerpo de la vista de la secretaria, a la que dedicó la más seductora de sus sonrisas.
El leve chasquido de la puerta al abrirse fue sofocado por una repentina tosecilla que asaltó al benjamín de los Uesugi. Finalmente, Suguru consiguió entrar en el despacho y volver a cerrar la puerta tras de sí.
FASE A completada. Inicio de la FASE B.
Tres segundos después, el teléfono que había encima del escritorio sonó.
- Vaya, disculpe, Tatsuha-san – Con visible fastidio, la secretaria contestó – Despacho de Seguchi Tohma. Dígame. . . Ah, es usted, Fujisaki-san – Desde dentro del despacho, Suguru había llamado con su móvil a la extensión del teléfono de Hiroe.
- Hiroe, no sabe cómo lamento interrumpirla, estaría usted almorzando. . .
- No pasa nada, no pasa nada (Jodido mocoso. . . © ¿Necesita algo, Fujisaki-san?
- Pues verá Hiroe, soy un estúpido. He perdido una carpeta llena de partituras y las necesito urgentemente ¿No se las habrán traído a usted? Estaba seguro de habérmelas dejado en nuestro estudio, pero allí no están.
- Pues no, no me han traído nada.
- Oh, ¿sería tan amable de echar un vistazo, por favor?
- Pero es que nadie me ha. . .
- Por favor, por favor, por favor. Ya no sé dónde más buscar – Suplicó, con desesperación.
- Está bien. Espere un segundo, por favor – Dejó el auricular encima de la mesa, con el ceño fruncido y una mueca de disgusto. Malditos músicos, no sabían donde tenían ni la cabeza – Discúlpeme un momento Tatsuha-san, enseguida estoy con usted de nuevo – Y se giró para rebuscar entre los compartimentos del enorme fichero que había detrás de ella, evidentemente, sin éxito.
Tras dos minutos de búsqueda infructuosa (Porque la chica quería quitarse aquel asunto de delante lo antes posible, pero si las malditas partituras andaban por allí y ella no las encontraba, encima se la iba a cargar) dejó la cosa por imposible, dispuesta a mandar a la mierda a Suguru y a seguir flirteando con Tatsuha, a ver si aquella noche había suerte y podía darle una alegría al cuerpo, que hacía ya tiempo que no caía nada. Y con lo bueno que estaba el cuñado de su jefe. . .
Cuando se dio la vuelta, sintió como si el suelo se hundiera bajo sus pies. Tatsuha había desaparecido, y con él, sus esperanzas de poder fardar ante sus amigas de haber echado un polvo glorioso con uno de los chicos más guapos de Japón. "Oh, maldita sea. ¿Por qué siempre tiene que pasarme lo mismo? T.T" Claro, Tatsuha se había marchado porque le había hecho esperar, y si hay algo que disguste a los hombres, es que les hagan esperar. Maldito Fujisaki. . . Había sido culpa suya "Ojalá tuviera en mis manos las jodidas partituras para metérselas por el ojete (1)"
Volvió a coger el teléfono para informar al crío asqueroso de que no había encontrado nada.
- Fujisaki-san, lamento comunicarle. . . TUUUUUUT – No había nadie al otro lado de la línea, la llamada se había cortado – AIIIIIIIIIIIIIIIII ¡Maldito sea! – Gritó, en su frustración. El niñato repelente aquel le chafaba el ligue y encima no tenía ni siquiera la cortesía de esperar a que le contestase. Le hubiera gustado estrangularlo con sus propias manos.
Pero el enfado no le duró mucho, pronto fue sustituido por una nube de beatífica resignación. La pobre Hiroe, como sufrida y eficiente secretaria que era, se encontraba entre ese reducido número de personas que soportan con estoicismo que sus esperanzas de diversión se desvanezcan ante sus narices. ¿Cómo soportar si no, por ejemplo, organizar una noche de fiesta con sus amigas y tener que cancelarla en el último momento porque a su jefe le pegue por hacer inventario un viernes por la noche?
Tristemente, volvió a sentarse, desenvolvió el sándwich que estaba a punto de comerse antes de que llegara Tatsuha, y lo mordió con desgana.
-.-.-
- ¡Muy bien, enano! ¡Has estado fantástico! – Exclamó, olvidándose de que no debía hacer ruido y levantando una mano para que Suguru chocara esos cinco.
- ¡Te quieres callar, imbécil! Nos va a oír.
- Perdona, perdona. . .
- Déjate de tonterías. Tú busca por la estantería que yo intentaré mirar en el ordenador.
Una vez hecha la distribución de tareas, cada uno se dispuso a iniciar su labor. Suguru se sentó en la silla de su primo y encendió el ordenador. Evidentemente, una vez inicializado, se le requirió una contraseña para iniciar la sesión, así que empezó a probar con la lista de palabras que tenía preparada, entre las cuales se encontraban el nombre de Nittle Grasper al revés, la fecha del cumpleaños de Tohma, el título de todas las novelas de Yuki, el nombre de Yuki, el nombre real de Yuki, la fecha del cumpleaños de Yuki. . .
Mientras tanto, Tatsuha la había emprendido con la estantería llena a rebosar de libros, ficheros, fotografías, premios y demás, que cubría casi toda la pared izquierda del despacho. Había un montón de papeles que registrar en busca de alguna información sobre el paradero de Ryuichi, y no podía dejarse nada. Las pistas podían encontrarse en cualquier sitio: dentro de aquel enorme carpesano lleno de contratos, en aquella pequeña carpeta naranja, entre las páginas de aquel libro. . .
La búsqueda continuaba y continuaba, siempre infructuosa. La gran cantidad de sitios en los que tenía que mirar y el nulo resultado que estaba consiguiendo, a pesar de lo afanoso de su inspección, le iban poniendo cada vez más nervioso, y los ruiditos que hacía intermitentemente el ordenador cada vez que Suguru introducía una contraseña errónea le crispaban todavía más los nervios. ¡Mierda! Ya sabía él que lo mejor hubiera sido mirar en la agenda de Tohma. Pero claro, eso lo tenía Hiroe, y hubiera sido demasiado arriesgado intentar robarla.
Para descargar una pequeña parte de su ira, tiró con fuerza de un enorme y pesado álbum de fotos, provocando con ello la catástrofe. . .
Empezó a hojear el álbum, distrayéndose de vez en cuando encontraba alguna foto en la que saliera Ryuichi. Poco a poco, su humor iba mejorando, tanto, que no se dio cuenta de que la estantería estaba oscilando peligrosamente, adelante y atrás, adelante y atrás. . . hasta que fue demasiado tarde.
- ¡UAAAAAAAAAAAA! – La estantería finalmente se desequilibró hacia delante, amenazando con aplastar al joven Uesugi bajo ella. Por suerte, Tatsuha tuvo los reflejos suficientes como para dejar caer el álbum de fotos y alzar los brazos para pararla antes de que el estante superior le diera en la cabeza.
Como era tan alto, la estantería se quedó quieta formando un ángulo de cuarenta y cinco grados con la horizontal. CRAS, PLAF, CATACRACK¡¡¡ Libros, carpetas, cerámicas y todo lo que había en la estantería del horror cayó al suelo con el estruendo propio de un bombardeo.
- ¡¿Pero qué haces, animal?! – Suguru se puso de pie de un salto, con tanto ímpetu que, al intentar avanzar hacia Tatsuha, chocó con el monitor del ordenador, tirándolo también al suelo, con el agravante de que, como el chico estaba en pleno intento de caminar hacia delante, dio un traspié cuando el susodicho monitor cayó al suelo y. . . CRRRRRRRRRAC. . . lo pisó y se cargó la pantalla. . .
-.-.-
Tohma volvía de su almuerzo sonriente, como era habitual en él. Acababa de comer con el manager de un nuevo grupo que pretendía que la NG Records se encargara de la producción.
Se trataba de un grupo de jovenzuelos que tocaban cancioncillas sencillas, sin ninguna complicación musical, muy bailables, ideales para el repertorio de una orquesta, de esas que suelen convertirse en la "canción del verano". Eran temas simplones cuya única aspiración era sacar a la gente a bailar un rato y a hacer el indio, más alguna que otra lenta para acaramelar a las niñas.
El plato fuerte de aquel grupillo era, sin duda, el cantante: un mozalbete de veinte años, guapísimo, cuyo atractivo físico era tan destacable como su absoluta falta de sesera. Les había acompañado durante la comida y, escuchándole, Tohma llegó a la conclusión de que se hallaba frente a uno de esos individuos que suelen estar más preocupados por la ropa que van a ponerse que por el repertorio del concierto. Era el letrista del grupo, y sus composiciones resultaban todavía más carentes de sentido incluso que las de Shindou. Escribía cositas del tipo "La vida al revés, ya ves lo que es / Y mientras te tengo en la cabeza / reír para ti, llorar porque sí / metido en un lío que no veas." (2)Y similares.
Seguramente su primer disco tendría mucho éxito, venderían copias como churros, y después su carrera se terminaría tan rápido como había empezado.
Amable y elegantemente, Tohma le había aconsejado al manager que se buscara otra productora. Que explotara a aquellos niñatos algún otro, él no tenía necesidad de vender material de segunda categoría.
- Buenas tardes, Hiroe. ¿Alguna novedad? – Saludó, alegremente, a su secretaria.
- No, Seguchi-kun, ningún mensaje. . . urgh.
- ¿Se encuentra mal, Hiroe? La encuentro un poco mustia.
- No señor, no es nada. No se preocupe – La chica no es que se encontrara mal, es que aún estaba alicaída, pobre. . .
Sin preocuparse más por ella, Tohma siguió caminando hasta su despacho, abrió la puerta y. . .
Y se encontró a Tatsuha sujetando la estantería vacía, rodeado de cosas rotas y papeles desperdigados por todas partes, más a Suguru, blanco como el papel, con un pie hundido en el monitor de su ordenador que, inexplicablemente, también estaba en el suelo.
La sonrisa de Tohma no languideció, se quedó petrificada en su cara, sus músculos se quedaron petrificados, sus ojos se abrieron desmesuradamente ante aquel desastre, un extraño tic se apoderó de su ceja izquierda.
No dijo nada, ninguno de los tres dijo nada durante diez segundos, no se movieron, casi no respiraban. Hasta que. . .
-.-.-
El despacho de Mika estaba justo debajo del de Tohma.
A aquellas horas, todavía no había cruzado palabra con su marido. Se habían encontrado por un pasillo, pero ella le había girado la cara con un aire digno y ofendido. Todavía estaba enfadada por lo de la noche anterior.
Ella había comido en su despacho, como tenía por costumbre, y ahora se estaba llevando tranquilamente a los labios una tacita de café mientras seguía revisando documentos.
¡¡¡MAL NACIDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS!!!
Mika se llevó tal susto al oír aquel grito de conciencia sublevada, que incluso había hecho temblar la estructura del edificio, que estuvo a punto de tirarse todo el café por encima. A la pobre se le pusieron los pelos de punta y el sorbito de café que tenía en la boca le salió por la nariz.
Enseguida su mente dedujo lo que había pasado. No era momento de pensar en enfados ni en dignidades, tenía que actuar, y rápido.
Salió como una flecha del despacho, poniéndose en serio peligro de acabar con un esguince corriendo pasillo abajo con esos taconazos de aguja, y dejando una estela de humo tras de sí.
Derrapando, se detuvo frente a la puerta del ascensor. Golpeó furiosamente el botón, repetidas veces. "Vamos, vamos, vamos. . . ¡A la mierda! ¡No tengo tiempo de esperar!"
TAC TAC TAC TAC. Echó a correr escaleras arriba como alma que lleva el diablo, armando un escándalo con los tacones, y dejando pasmado a un empleado que se cruzó con ella. El estupor del pobre hombre tenía dos motivos:
A.- Ver a tu jefa subiendo por las escaleras a trote cochinero ya es bastante para dejar a cuadritos a cualquiera.
B.- Como Mika, para darse más prisa, iba subiendo los escalones de dos en dos, la falda se le había ido arrugando y subiendo, de modo que ahora la llevaba casi por el sobaco e iba por ahí a la carrera enseñando el tanga.
Por fin, y resoplando, Mika llegó hasta la entrada del despacho de Tohma. Allí, a parte de un escándalo espantoso, se encontró con Hiroe paralizada frente a la puerta y llorando de terror.
En cuanto la vio, la pobre chica se abalanzó sobre su brazo, para suplicarle entre sollozos "Por favor, señora Seguchi, snif, haga algo. ¡Los va a matar! Snif, snif. ¡Le digo que los va a matar!"
- No se preocupe. Yo me ocupo – Contestó ella, con fría eficiencia, y sacudiéndose a la chica de encima.
Mika penetró por fin en el despacho, y allí se encontró exactamente con lo que esperaba encontrarse.
CLONK!! – AAAAAI – CLONK!! – AAAAAI – CLONK!!
Tohma tenía sujetos a Suguru y a Tatsuha por el pelo, y les daba cabezazos el uno contra el otro, con todas sus fuerzas. Totalmente inútiles resultaban los esfuerzos de los pobres chicos por escabullirse de sus manos. En un principio se habían retorcido y doblado para conseguir soltarse, pero ahora estaban ya tan mareados que no eran capaces de hacer nada más que gritar de dolor.
- ¡Os mataré, pequeños bastardos! ¡De esta juro que os mato! ¡OS MATOOOOOOO! – Gritaba Tohma, con los ojos ardiendo y mostrando una enorme dentadura en la que todo eran colmillos.
Mika echó un vistazo al desastre del despacho, suspiró, y corrió a separar a su marido de los chicos antes de que tuvieran que lamentar alguna desgracia.
- Tohma, Tohma, por dios, cálmate. Les vas a hacer daño – Dijo Mika, al tiempo que inmovilizaba a su marido con una llave de lucha libre, pasando los brazos por delante de los hombros de Tohma y juntando las manos tras su nuca.
- ¡Eso es lo que quiero! ¡Suéltame ahora mismo! –Gritaba él, forcejeando.
- Tohma, tranquilízate, piensa que sólo son unos niños. . .
- ¡No son unos niños! ¡SON UNOS MONSTRUOS! ¡Suéltame, suéltame para que pueda acabar con ellos! – Para entonces, Tatsuha y Suguru habían corrido a esconderse tras el escritorio.
- Tohma, por dios, piensa en mi padre, el disgusto que se llevaría. . .
- ¡Pero si le voy a hacer un favor a tu padre! ¡Mika, suéltame!
- Está bien, amor, no quería llegar a esto, pero tú me has obligado – Y colocando una rodilla en el centro de la espalda de su marido, tiró de él hacia atrás, haciendo que Tohma se doblara de una manera poco natural y dolorosa.
- AAAAAAAAAAAIIIIIII – Después de cinco segundos en esta postura, a Tohma ya se le habían pasado las ganas de matar a nadie – Arf, arf, arf – Resopló, cuando Mika por fin le soltó.
- ¿Ya estás más tranquilo, amor? – Le preguntó, acariciándole la cabeza maternalmente. En vez de contestar, Tohma le dirigió una mirada cargada de resentimiento – Veo que sí, perfecto. Entonces, amor. . . - Mika se giró para mirar, esta vez, a los dos chicos, que asomaban las cabezas por el borde del escritorio – . . . deja que tu mujer se encargue de esos dos. Yo sé lo que hay que hacer para meterlos en cintura.
Instintivamente, Suguru y Tatsuha se abrazaron.
-.-.-
- Ven cariño, ya verás como te gusta, jujuju – Mika conducía a su marido de la mano por el pasillo, dando alegres saltitos delante de él. Tohma le seguía enfurruñado, aunque su cara de fastidio iba pasando gradualmente a la de sorpresa a medida que bajaban pisos y giraban esquinas.
- ¿A dónde me llevas?
- Aaaaaaaah, es una sorpresa.
- Mika, mira que no estoy para bromas. . .
- Venga, tontín, que te va a gustar.
- Hn. . .
Y así siguieron avanzando, hasta que Mika, igual de risueña que al principio, se detuvo frente a una puerta.
- ¡Aquí es! – Anunció, alborozada.
- ¿Aquí? – Tohma estaba ya completamente desconcertado. ¿Por qué demonios le llevaba su mujer hasta los servicios del primer piso? "Pues si lo que quiere es hacer travesuras, no tengo el cuerpo para ruidos, hn."
- Sí, ya verás, jijijiji.
Mika abrió la puerta de los lavabos e invitó a Tohma a acercarse para ver. No sin cierto recelo, Tohma obedeció. Cuando vio lo que su esposa había preparado para él, todo su amor por ella renació con una nueva llama más brillante y ardorosa que nunca y su cara se iluminó con una sonrisa llena de ternura.
- Oooooh, querida, tú si que sabes.
Allí estaban los dos chicos, ambos ataviados con delantales, guantes de goma y pañuelos en la cabeza. Tatsuha estaba arrodillado en el suelo junto a un cubo lleno de agua jabonosa, frotando las baldosas con un cepillo, mientras que Suguru estaba de pie, armado con una escobilla y una botella de lejía, por lo visto a punto de entrar en uno de los urinarios.
- ¡Tohma! – Le gritó a su primo, señalándole con la escobilla - ¡Ninguna cláusula de mi contrato te autoriza a hacer esto!
- Lo que dice tu contrato, querido primo, es que me perteneces hasta que cumplas los dieciocho.
- Ya se lo dije yo, pero el pequeño repelente no se lo acababa de creer. Frota fuerte Tatsuha, te he dicho que quiero que brillen. Entonces, ¿qué? ¿Te gusta mi sorpresa?
- Oh, cariño, me encanta. ¿Ya sabes otra cosa? – Rodeó con el brazo la cintura de su mujer y la atrajo hacia sí. La cintura cedió al abrazo doblándose como un junco – Mmmmmm, te pones muy sexy cuando explotas a los empleados.
- Oh, jojojojo, Tohma, no digas tonterías, vas a hacer que me ruborice – Contestó, borracha de felicidad, cubriéndose con las manos las mejillas arreboladas (NOTA: No está acostumbrada a que su marido le diga cosas bonitas)
- Lo digo muy, cariñito. Vamos, te invito a un café y unas pastitas – Y dando la vuelta, sin soltar a Mika, se dispuso a marcharse.
- ¡Eh, tortolitos! ¿Y nosotros cuando nos llevaremos algo a la boca? ¡Todavía no hemos comido!
- ¡Cuando acabes comerás! Y si tienes hambre te aconsejo que te des prisa, que después de estos os quedan los lavabos de diecisiete pisos más – Rugió Mika, para volverse inmediatamente a ronronear sobre el hombro de su marido - ¿Me llevarás a la cafetería francesa del centroooooo?
- A donde tú quieras, gatita.
- Meeeeeeeeew.
Cuando los tortolitos volvieron a dejarles solos en los servicios, Tatsuha
tiró con rabia el cepillo dentro del cubo de agua.
- ¡Esto es humillante! ¡Se va a enterar la bruja esa! ¡Se lo voy a contar a mi padre y. . . y. . .!
- ¿Y qué va a hacer, castigarla sin paga? – Le cortó Suguru, con sarcasmo. Tatsuha hubiera querido contestarle algo hiriente e igualmente sarcástico, pero no se le ocurrió nada – Bien. . . – Prosiguió Suguru, con aire solemne - . . . ha llegado el momento de que cumplas tu parte del trato.
- Ah, sí, vale. A ver enano, ¿qué quieres?
Tatsuha se esperaba que Suguru le pidiera que le ayudar a perder la virginidad, a descubrir alguna técnica de crecimiento rápido, a ser tan irresistible como él, o algo así. Por eso se quedó de piedra al escuchar el deseo que el pequeño teclista expuso con voz clara y grave.
- Quiero entrar en el estudio de Tohma y tocar su piano.
La frase se quedó flotando en el aire del servicio durante unos segundos, sin que Tatsuha se atreviera a contestar.
- ¿Queeeeeeeeeeeee? – Preguntó por fin, sin acabar de creérselo.
- Quiero entrar en el estudio de Tohma y tocar su piano – Repitió Suguru, exactamente igual que antes.
- Pero. . . pero vamos a ver, enano, ¿puedes pedirme lo que quieras, y a ti sólo se te ocurre decir que quieres tocar un piano?
- Exacto – Respondió, imperturbable.
- Pero hombre, ¿no quieres algo un poco más divertido? Yo qué sé, chicas, dinero, que finja que soy tu amigo delante de la gente. . .
- No.
- ¿Quieres que te presente chicos, tal vez? – Preguntó Tatsuha, como último recurso, empezando a desesperarse.
- No.
- Bueno, pues mira, enano, lo del piano no va a poder ser. Seguchi quiere más a ese piano que a mi hermana. Diría que lo quiere incluso más que a su pito. La última vez que me acerqué a él casi me rebana el pescuezo sólo porque le hice un arañazo de nada (Esta es, por supuesto, la versión de Tatsuha sobre lo sucedido) Vas a tener que pedirme otra cosa.
En la cara de Suguru se dibujó una expresión entre el despreció y la indignación.
- Ya veo, así que yo me juego el pescuezo por ti, y tú, en cambio, no eres capaz de arriesgarte lo más mínimo ni aunque sea para cumplir tu palabra. Debería habérmelo imaginado.
- Oye, ¿qué quieres decir?
- Pues que se te ve a la legua que eres un chulillo barato al que se le va toda la fuerza por la boca. Ya sabía yo que no serías capaz de hacerlo.
- ¡Yo no soy ningún bocazas!
- Ya, ya lo veo, me lo acabas de demostrar.
- Enano, te lo advierto, no me provoques. . .
. Ui ui ui, qué miedo me das. No te preocupes, ya me encargaré yo de que todo el mundo se entere de que super-Tatsuha es un gallina. Puede que incluso me pase por el Cyberia cuando tú te hallas ido y se lo comente a las chicas.
Al oir eso, Tatsuha se abalanzó sobre Suguru y le agarró por el delantal, levantándolo del suelo, mirándole amenazadoramente.
- ¡Enano, te estás pasando! – Impertérrito, Suguru continuó con lo que estaba diciendo.
- Será interesante ver la cara que pondrán cuando les cuente que te meas de miedo delante de tu cuñado. . .
- GRRRRRRRRRR, ¡Está bien, maldito enano chantajista! ¡Lo haré! Escupió Tatsuha, soltando a Suguru.
- Perfecto, ya sabía yo que entrarías en razón. Hasta luego, entonces – Añadió, quitándose el delantal y los guantes de goma.
- Pero. . . Oye, ¿a dónde crees que vas?
- Estoy muy ocupado. No tengo tiempo para perderlo fregoteando – Contestó, dirigiéndose a la puerta. Por lo visto, estaba decidido a largarse.
- ¿Pero de qué vas? ¿No te habrás creído que voy a comerme este marrón yo sólo, no?
Suguru, que ya estaba en la puerta, se detuvo un momento para girarse y mirar durante unos segundos a Tatsuha con una cara totalmente inexpresiva.
- Eres mi esclavo, ¿no? Pues ala, a frotar – Respondió, como si se hubiera visto obligado a aclararle a Tatsuha la cosa más obvia del mundo.
Y se largó.
(1) El ojo del culo, hablando claro.
(2) Por favor, por favor, que me perdonen los posibles fans aquí presentes de Fran Perea, pero es que la tentación era demasiado fuerte para resistirla XD
¡AL FIIIIIIIIIIIIIIIN! ¡AL FIN LO HE TERMINADOOOOOOOOO! Después de tantas noches sin poder escribir pq tenía que estudiar, de tantas lagunas de inspiración, por fin lo he acabado. No me lo puedo creer, estoy llorando de emoción T.T
Uf, uf, bueno, al menos espero que os haya gustado.
Yuki: Ya no me quieres. Es eso, ¿verdad? BUAAAAAAAAAA
Mochita-chan: Espero que te hallas seguido riendo.
Cerdo Volador: ¡Oh, sí! Y si lo consigues, dime donde, que yo también quiero un traje de Kumagoro.
KlOuNdY-cHrOnO: (Hija, que nombre más complicado) Ya está, ya se han acabado los putos exámenes de mierda que desequilibran a las pobres mentes y a las almas sensibles. Aquí tienes el nuevo capi. Espero que lo hayas disfrutado.
Bbp: ¡Qué alegría encontrar a otra fan de Mika y TOhma! ¿Verdad que son la pareja perfecta, tan monos y tan malos los dos? XD
Rikku-Tomoe: Ya ta, ahora ya lo puedes leer. ¿Contenta? Ah, y recuerdos de Nobu-chan XD
Ari-chan: Tranquila, a mi también me ha pasado alguna vez eso de que un rw que he dejado desaparezca. Se ve que de un tiempo a esta parte el ff no va muy fino. Gracias de todos modos.
Grin: Tu rw también desapareció? Cagundena, me estoy cabreando ¦lt;/p>
Aráis-Nobutada: Qué bonito es ver a una fan de Suguru que le defiende con tanto ardor. El pobre chiquitín se lo merece. Y gracias por desearme suerte¡¡
Forfirith-Greenleaf: Aquí tenemos otro nombre que desafía mis habilidades como mecanógrafa. ¿Qué te ha parecido el deseo de Suggy-chan? Te lo esperabas? Jujuju
Rurouni Andrea: Pues no sabes cómo me alegro de que te hayas animado a leerlo. Espero que este capítulo no te haya decepcionado. Saludos¡¡¡
Nat-chan: Ah, que no sades de qué mail te hablo? Ups, vaya. Bueno, entonces no debía de ser importante. Ya sabes, espero que a ti también te haya gustado.
Deraka: Ejem, sí, claro. . . es hat, por supuesto. El problema, como tu bien dices, es que Suguru andaba trompa perdido y no sabía lo que decía. . .
SUGURU: ¡Y una leche! La culpa es tuya, que eres una inculta de mierda.
VASLAV: Tú calla, niño TOICH
SUGURU: Jolines, siempre pegan al más pequeñito. No hay derecho, snif T.T
VASLAV: En fin, no le hagáis caso. El problema es que hasta ahora me ha dado pereza corregirlo (perraca q es una) y ahora no estoy en mi ordenador y no tengo el texto original. Ya lo cambiaré. Gracias por la advertencia, ups.
Bueno, señoras y señores, ahora me veo obligada a dejarles para acudir a mi cita con el señor Camui Gackt. Ha insistido en que nos reunamos para aliviarme de mi estress con un buen masaje. . . o por otros medios. JOOOOO JOOOOOOO JOOOOO
P.D.: Ah, sí¡ Se me olvidaba. Alguien me preguntó qué significaba "Capar". Bueno, pues capar a alguien significa castrarlo. Os imagináis, pobre Tatsuha, qué trauma? XDDDDDDDDDD
Y ahora sí que me despido. Hasta el próximo¡¡¡
