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CAPÍTULO 7: El piano
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Al día siguiente, por la tarde, dijeron que se iban al cine. Tohma y Mika se sintieron complacidos y aliviados de que los chicos hubieran decidido, al fin, dedicarse a un pasatiempo inofensivo (Espacialmente porque la película escogida no era pornográfica, como se habían temido en un primer momento). Aún así, Mika le comentó a su marido la posibilidad de enviar a Sakano con ellos. Tohma lo meditó unos segundos, pero al final dijo que Suguru nunca le perdonaría una humillación como esa y que el pobre Sakano no se merecía semejante castigo.
Dijeron que irían a ver una película que ya había visto los dos (Bueno, Tatsuha la había visto. Suguru se había leído el libro), por si luego tenían que responder a alguna pregunta comprometedora, y en vez de ir al cine pusieron rumbo a la humilde morada del matrimonio Seguchi.
Como Tatsuha tenía llaves, no tuvieron problema para entrar. Mika se las había dado para no tener que estar pendiente de él cuando volvía tarde por las noches.
De donde, por descontado, no tenía llaves, era del estudio de Tohma, pero el pequeño Uesugi se las ingenió para solucionar eso. No sería una miserable cerradura lo que le detendría a él¡ja!
Después de que tuviera lugar La Catástrofe, Tohma intensificó las medidas de seguridad en torno a su pianito del alma: Cambió la sencilla puerta de madera de cerezo del estudio, que era igual que el resto de las puertas del interior de la casa, por otra el doble de gruesa y con cerradura blindada. Estuvo a punto de instalar un sistema de alarma con contraseña pero Mika le dijo que hiciera el favor de no ser paranoico. De todas maneras todo aquello era excesivo, ya que después de haber estado a punto de perder la vida a manos de Seguchi, a Tatsuha le quedaron más bien pocas ganas de volver a entrar en aquella horrible, horrible habitación.
De todos modos, ahora que se veía forzado a ello, Tatsuha no tardó en torear las medidas de seguridad de la fortaleza. Gracias a su afición a la serie McGyber, un chicle mascado y una tarjeta de crédito que le había birlado a Mika (una Visa Oro, presumiblemente), no tardó más de veinte minutos en inutilizar la flamante cerradura blindada.
Abrió la puerta y, cautelosamente, los dos chicos se introdujeron en la estancia. Suguru parecía que estuviera entrando en una iglesia, a punto de postrarse ante la Virgen María y hacerle una ofrenda floral, mirando a todos lados con la boca abierta.
La verdad es que el interior del estudio era realmente impresionante. Se trataba de un cuarto relativamente pequeño (si lo comparamos con el resto de habitaciones de la casa) con las paredes forradas del material que se suele utilizar para insonorizar y una moqueta verde. Por el leve movimiento del suelo bajo sus pies pudieron deducir que también contaba con tarima flotante. Allí dentro Tohma atesoraba dos teclados electrónicos, un sampler, un ordenador conectado a una enorme mesa de mezclas, varios altavoces distribuidos estratégicamente para crear sonido envolvente, estanterías repletas de partituras, un violín, un violín eléctrico y, en el centro, presidiendo la estancia, el precioso piano de cola.
Todos aquellos tesoros por los que cualquier músico hubiera vendido su alma no causaron demasiada impresión a Tatsuha. El dedicó inmediatamente toda su atención a un objeto colocado en una de las estanterías y que había sido el motivo por el que entró en el estudio la primera vez.
Se trataba de una foto que se habían hecho los miembros de Nittle Grasper durante su primera gira, hacía ya diez años, en una habitación de hotel. Salían los tres sentados en una cama y en pijama. Tohma estaba en el centro de la foto y, la verdad, estaba exactamente igual: el mismo corte de pelo, la misma cara de no haber roto un plato en su vida, la misma sonrisa. . . Tatsuha se preguntó si su cuñado habría hecho algún pacto con el diablo a lo Dorian Gray (1) para no envejecer jamás. Tratándose de Seguchi, no le hubiera extrañado nada. Llevaba un pijama azul de tela satinada y estaba sentado en la cama con las piernas cruzadas y los brazos sobre los hombros de sus compañeros. Noriko llevaba toda la cabeza cubierta de rulos. Vestía un camisón de tirantes francamente escaso, con un estampado de corazoncitos. Por la postura tan rara en la que estaba, todo parecía indicar que ella había sido la encargada de preparar la cámara, activar el temporizador y que, por alguna razón, no le había dado tiempo a colocarse bien. Parecía estar a punto de perder el equilibrio y caerse. Ryuichi estaba a la derecha de Tohma, arrodillado sobre la cama. Tampoco es que hubiera cambiado mucho, sólo que llevaba el pelo un poco más largo y recogido en una coleta que no hacía más que resaltar lo despeinado que estaba. Él llevaba unos pantalones de algodón color naranja y una camiseta de la gira del grupo. Sostenía un pequeño conejo de peluche rosa al que levantaba la patita izquierda para hacer que saludara a la cámara. Tatsuha estaba enternecido, tenía ganas de achuchar a Ryuichi y no soltarle jamás de los jamases.
Al cabo de un rato, Tatsuha salió de su ensoñación al darse cuenta de que en la sala había un silencio absoluto. Miró hacia atrás por encima de su hombro y vio que Suguru estaba sentado en la banqueta frente al piano con todo el cuerpo en tensión, mirándolo como si él fuera Indiana Jones y el instrumento el Santo Grial y que, si lo tocaba con sus miserables e indignas manos, perpetraría una horrible profanación por la cual sería castigado con una maldición que acabaría con su vida y con la de sus hijos, y con la de los hijos de sus hijos. . .
- Bueno¿qué¿No tenías tantas ganas de tocar?
¿Eh? – Suguru dio un respingo, interrumpiendo de golpe la misteriosa conversación telepática que estaba manteniendo con la tapa del piano.
Tatsuha volvió a dejar la foto en su sitio (Qué remedio, T.T) y fue hasta la banqueta para sentarse al lado de Suguru.
- Hemos venido hasta aquí para que tocases¿no? Pues venga – Y sin ninguna ceremonia, levantó la tapa que cubría las teclas con tan poco cuidado que le dio un golpe, lo que hizo que Suguru soltara un gritito ahogado al ver tratar aquella maravilla con tan pocos miramientos.
Una vez descubiertas las teclas, Tatsuha se le quedó mirando con cara de "Venga, arráncate de una vez", pero Suguru, tembloroso, no era capaz de hacer nada más que mirar alternativamente a Tatsuha y a las teclas, a las teclas y a Tatsuha.
- Bueno, pues empezaré yo – Dijo el pequeño Uesugi, en vista de que su compañero parecía haber quedado paralizado – Yo también sé tocar una cancioncita¿sabes? A ver si me acuerdo – Puso los dedos sobre las teclas y, con mucho torpeza, empezó a tocar el tema de El golpe.
Cuando terminó se volvió hacia Suguru, reclamando silenciosamente su aplauso. El chico le miró con una sonrisa forzada.
- Em. . . Está muy bien, Tatsuha, pero tienes que tocar más suelto, con más fluidez.
¿Fluidez?
- Sí, que las notas se sucedan con más naturalidad, no tan forzado. Así¿ves? – Y repitió la cancioncita que acababa de tocar su amigo, esta vez interpretada a la perfección.
¡Bien, muy bien¿Ves como no muerde?
El pobre Suguru se sonrojó al darse cuenta de que Tatsuha, en un inesperado arranque de sensibilidad, había hecho todo aquello para que él se animase a poner los dedos sobre el piano.
¡Va, toca otra¡Toca otra!
Un poco más envalentonado por esa insistente petición, Suguru se sentó más derecho en la banqueta y, tras pensar en algún tema que le pudiera gustar a Tatsuha, acabó decidiéndose por En el Jardín Luminoso (2) Cuando acabó, su interpretación fue recompensada por otro caluroso aplauso.
¡Bien¡Muy bonita! Tocas muy bien, enano – Ante ese comentario, Suguru sonrió complacido, aunque con algo de melancolía ensombreciendo esa sonrisa.
¿Sabes cómo consiguió Tohma este piano?
¿Uh? Pues no. . . Lo habrá comprado¿no?
- No – Suguru acarició las teclas con la punta de los dedos – Cuando él era pequeño, en casa de Tohma tenían un piano de media cola. Era muy bonito y sonaba muy bien. Cuando Tohma tenía doce años, un financiero americano vino a Japón a hacerles una visita. Sus padres le dijeron que tocara algo para su invitado, y aquel hombre quedó tan impresionado que, cuando regresó a su país, encargó hacer este piano especialmente para él y se lo regaló para agradecer a los Seguchi su hospitalidad. . . – A estas alturas de la historia, Suguru ya había dejado de sonreír – . . .y yo heredé el otro piano.
Alzó la cabeza y su mirada se cruzó con la de Tatsuha, cuya expresión revelaba que él no entendía qué importancia puede tener el ser el dueño de un piano o de otro. Seguramente él lo habría interpretado como que lo que le daba rabia a Suguru era tener un piano de segunda mano y seguramente estaba pensando que era un envidioso de mierda.
- No es el hecho de tener un piano regalado lo que me molesta. Es que parece que yo no pueda tener nada que no haya tenido antes Tohma. – Dijo, malhumorado – Y tampoco es que me dé rabia que él sea tan irritantemente bueno en todo lo que hace, es que eso me condena a mí a ser siempre "el primo que no da para tanto". No importa lo bueno que yo sea ni lo que consiga, él siempre habrá conseguido más. No me importaría si Tohma fuera una persona completamente ajena a mí, pero como es mi primo, parece que lo mío siempre se quede en nada.
- Ah. . . – Tatsuha miró al techo, pensativo, y puso las manos detrás de la cabeza – Pues. . . a mí me gusta más como tocas tú que tu primo – Suguru parpadeó un par de veces ante esta extraña salida.
- Em. . . Tatsuha, sin ningún ánimo de ofender, pero. . . ¿Qué sabes tú de esto?
- Nada de nada. Yo sólo sé lo que me gusta.
Esta vez fue Suguru el que se quedó pensativo. Bueno, pese a que estaba claro que él no tocaba mejor que su primo, bien mirado, el juicio de Tatsuha era completamente válido. Pese a ser un profano en la materia, no rechazaba de plano la música clásica, sencillamente se limitaba a disfrutar de lo que le gustaba de una manera completamente visceral, sin consideraciones intelectuales ni técnicas. Después de todo, tampoco es que supiera nada del tecno y también le gustaba ¿Por qué no fiarse de su opinión?
¿Toco otra? – Dijo alegremente.
¡Sí¡Otra!
- Vale. Mira, esta es la última que me he estudiado para el examen – Se concentró, inspiró profundamente, y empezó.
Después de una introducción sencilla, Tatsuha se vio sorprendido por una catarata de notas brotando del instrumento, llenando la habitación, haciendo que el cuerpecito de Suguru se balanceara adelante y atrás, trasladándose todo él en la dirección en la que se movía la música, haciendo que sus manos se movieran más deprisa de lo que Tatsuha hubiera pensado que era posible.
Le miró detenidamente. Suguru parecía haberse transformado. Tenía una expresión concentrada, pero no esa cara de estrés que ya le era tan familiar, sino de estar disfrutando intensamente con lo que hacía, incluso parecía. . . feliz, algo que ya había llegado a pensar que Suguru no podría ser jamás, siempre tan amargado y preocupado por todo. Tatsuha no lo sabía, pero el cambio en Suguru se debía a que ahora sí que estaba disfrutando de tocar, ya que por una vez lo hacía sin tener que demostrarle nada a nadie ni estar pendiente de dónde se equivocaba, siempre pensando "A Tohma le hubiera salido bien". Se trataba simplemente de pasarlo bien, de hacer que la música sonara y recrearse en la belleza de la pieza.
Por su parte, Tatsuha seguía asombrado por la nueva expresión de su amigo. Suguru tenía que ser, por fuerza, un genio, independientemente de lo listo o lo virtuoso que fuera. Nadie que no fuera un genio podía desprender el encanto que emanaba en esos momentos su pequeño cuerpo. Incluso había dejado de parecerle pequeño. De repente, Suguru le parecía mucho más adulto, mucho más dueño de sí mismo, hasta (y aunque fuera imposible) parecía más alto. Estaba taaaaaaaaaan guapo. . .
¿Uh? O.O – Suguru dejó de tocar de repente, al sobresaltarse por encontrar la cara de Tatsuha a escasos centímetros de la suya, sonriéndole de oreja a oreja con los ojos medio cerrados.
- Dame un besiiiiiiiiiii. . . – Dijo, acercándose más a él y frunciendo los labios.
¿Queeeeeeeeee¿Qué estás. . .? UAAAAAA – PUM? Los dos cayeron al suelo cuando Tatsuha se abalanzó sobre él todavía poniendo morritos y los brazos abiertos de par en par. Al parecer no había recordado que la banqueta no tenía respaldo y que Suguru no hubiera sido nunca capaz de resistir semejante embestida.
- AAI ¿Pero qué haces, animal? – El pobre chico luchaba por zafarse de los fuertes brazos de Tatsuha quien, sin dejar que el insignificante detalle de la caída le distrajera de lo que estaba haciendo, había aprovechado para abrazar (y con ello, inmovilizar) a Suguru.
- Mmmmmmmm. . . ¿Sabes que eres muy guapo?
¿De qué estás hablando¡Suéltame ahora mismo! Umpf – Suguru se retorcía como una larva tratando de salir de debajo del cuerpo de Tatsuha, que le había atenazado los brazos rodeándolos con los suyos.
- No hasta que me des un beso.
¿Tú de qué vas¡No pienso darte nada! – Gritó, y como vio que le era completamente imposible mover los brazos para escapar, pasó a intentarlo moviendo las piernas, a ver si así podía salir de debajo de aquel cafre. Pero el resultado fue justamente el contrario al perseguido, ya que Tatsuha lo aprovechó para colocarse entre sus piernas y empezar a darle problemas de verdad.
- Vamos Suggy-chan, relájate. ¿Por qué te cuesta tanto disfrutar de la vida? – Dijo con voz melosa y acariciándole el cuello con los labios, lo que hizo que a Suguru se le pusieran los pelillos de punta.
- Aaaaargh. Pues será porque no estoy disfrutando en absoluto. ¡Suéltame, degenerado!
- Suggy-chan, guapo, no disfrutas porque no te relajas. Libérate de todas esas reglas de conducta que tú mismo te impones y pásalo bien – Y antes de que Suguru pudiera darse cuenta, ya tenía la camisa desabrochada (Algo realmente impresionante, sobre todo si tenemos en cuenta que Tatsuha lo ha hecho con una sola mano, puesto que con la otra le sigue sujetando. Pero bueno, ya conocemos el talento natural que tiene el chico para desvestir a la gente XD)
- Ah-aaaaah. Por favor Tatsuha, déjame. No quiero hacer esto – Lloriqueó Suguru, que se había dado cuenta de que la cosa iba muy en serio.
¿Cómo sabes que no quieres, si no lo has probado nunca? – Respondió, mientras se ocupaba de desabrocharle el pantalón. Ese comentario ofendió a Suguru. Todos sabemos que a ningún chico le gusta que se hagan este tipo de insinuaciones sobre su virginidad.
¡En cualquier caso, no quiero probarlo contigo¡Mierda, he dicho que me sueltes! AAAAAAAAAH
Sin que Suguru mismo pudiera saber cómo había pasado, sus pantalones salieron volando junto con la camisa de Tatsuha. Para esto es evidente que aquel malvado monje había tenido que soltar al chico, pero esta libertad duró muy poco. En cuanto Tatsuha vio que Suguru intentaba ponerse en pie para ir en busca de sus pantalones, volvió a echársele encima, desplazando el ataque hacia su ropa interior.
- Ah, arf, umpf. Tatsuha, por lo que más quieras, déjame en paz. Por favor. . .
- No te preocupes, Suggy-chan. Seré muy bueno contigo. Ya verás lo bien que lo pasas – Y él pasó a meterle la lengua en la oreja.
Suguru, que seguía con sus súplicas, maldiciones, jadeos e intentos de huída, estaba ya completamente desnudito, y a Tatsuha sólo le quedaba bajarse la cremallera del pantalón para poder empezar a divertirse. Dos décimas de segundo después, Suguru pasó del nerviosismo al pánico al notar los indecentes, descarados, completamente inapropiados avances de Tatsuha en su cuerpo.
¡No, no, no¡Tatsuha, de verdad, no quiero¡No quie. . . UAAAAAA¡Tatsuha, me haces dañoooooooo!
- No te preocupes, cariño. Sólo será un momento, enseguida dejará de dolerte. . . – Decía, mientras seguía moviéndose y acompañando sus palabras de besitos y caricias sobre la cara, tensa y sudorosa, de Suguru.
En realidad, Tatsuha estaba siendo muy dulce, pero Suguru no estaba lo bastante receptivo como para apreciarlo. Después de todo, le estaban OBLIGANDO a perder la virginidad. No es que eso le importara, pero sí que fuera en el suelo de un estudio, forzado por un maldito, estúpido, pervertido, sinvergüenza, desequilibrado monje que no había echo más que darle problemas desde el mismo instante en el que entró en su vida. ¿Cómo se atrevía Tatsuha a destrozar su primera vez de una manera tan burda y grotesca? Y además, hacía mucho daño. . .
- Tatsuha. . . de verdad, ah. . . quiero que me suelt. . . ah, ah. . . no, no quie. . .
- Vamos, tranquilo, tranquilo. Ya verás como no es nada y en un moment. . . Oh-oooooohhh – Tatsuha no pudo acabar la frase porque el que había empezado a pasárselo muy, pero que muy bien, era él – Ohhhhh, sí. . .
¡TATSUHAAAAAA, QUIERO QUE ME SUELTES!
- Mmmmmm, Suggy-chan, eres delicioso. . .
¡ME DUELE, TATSUHA, ME DUELE¡AAAHHHHH, DÉJAME, DÉJA. . .!
El grito quedó a medias colgado del aire. Súbitamente, Suguru había dejado de gritar, de forcejear, e incluso de moverse. Estaba completamente quieto y silencioso, inerte.
Tatsuha estaba tan subyugado por aquel maravilloso placer, tan asombrado de lo que le estaba haciendo disfrutar el cuerpecito del que hasta hacía nada consideraba un repelente insoportable, que tardó unos dos segundos en darse cuenta de la parálisis de Suguru.
Algo desconcertado, paró de moverse. ¿Habría renunciado Suguru a escapar y había decidido que la única salida era dejarle hacer? Eso hacía que la cosa perdiera toda la gracia. ¿Qué diversión podía haber en follarse a un palo de escoba? Además, él quería que Suguru también participase y se lo pasara bien.
Levantó la cabeza y le miró a la cara. Se asustó un poco, porque Suguru no mostraba expresión alguna, sencillamente miraba al techo con los ojos muy abiertos, los labios apretados y el resto de la cara, como si fuera de mármol. Ostras¿y si le había hecho daño de verdad, o le había provocado un trauma o algo así?
- Suguru¿estás. . .?
¡OOOOOOOOOH, TATSUHAAAAAA- El pobre Tatsu-chan se llevó tal susto que estuvo a punto de salir de allí corriendo con los pantalones por los tobillos. Tal vez lo hubiera hecho de no ser porque Suguru se acababa de enganchar a él como una garrapata abrazándole el cuello y apretando las piernas alrededor de su cintura ¡TATSUHA SIGUE¡NO PAREEEEEEES!
Tatsuha empezó a moverse otra vez, más por coacción que por excitación, y cuanto más vigorosamente se movía, más fuerte gritaba Suguru. Bueno, al menos ya no tenía que preocuparse por si le estaba haciendo daño, aunque tanto berrido al lado de la oreja empezaba a ser molesto.
¡MÁS TATSUHA¡MÁS, MAAAAAAAAAAAAAS!
¡Joder con el niño¿Es que no veía que ya no había manera de empujar más fuerte? Tanta exigencia de más y más estaba empezando a estresarle. A ver si al final el que no iba a poder pasarlo bien iba a ser él. No había manera de concentrarse con tanto chillido y tanta presión.
Al final, para hacerle callar, acabó tapándole la boca con la suya. Resultó ser una idea muy buena porque Suguru colaboró en el beso activamente, metiendo la lengua hasta el fondo de la boca de Tatsuha, enredándola con la suya, vertiendo en el interior de aquella boca sus gemidos de placer, arañando con fiereza su espalda. . .
Entonces fue cuando Tatsuha pudo volver a disfrutar de lo que estaba haciendo (Tanto grito de "Maaaaaaaas, maaaaaaaas!" había comenzado a hacerle pensar que no estaba a la altura de la situación. Todo un trauma.). Sus movimientos dentro del cuerpo de Suguru se hicieron menos bestias y más precisos, concentrándose en excitar aquellos puntos que sabía que harían enloquecer de placer a su nuevo amante, y el resultado fue sorprendente. Suguru echó la cabeza hacia atrás, separando sus bocas, emitiendo gemidos de intensa satisfacción. Tatsuha, encantado con esa nueva actitud, respondió con más besos sobre su cara (Mmmmmm, tenía una piel tan suave. . .), sus hombros, su pecho, lamiendo aquellos pezoncitos color rosa. . . y Suguru reaccionaba acariciando las piernas de Tatsuha con los pies, empujando sus nalgas para obtener más, aunque ahora son pedirlo a gritos, arqueándose y temblando de una manera que hacía que Tatsuha se volviera loco de deseo.
Llegó un momento en el que no pudo más. Se agarró desesperadamente al pelo de Tatsuha y arqueó la espalda, tanto como ésta dio de sí, al tiempo que todo él se estremecía.
¡Oh, siiiiiiiiiiiiiii! – Tatsuha sintió en su estómago y su pecho como el placer de Suguru se derramaba en una vigorosa explosión, del mismo modo que pudo sentir él mismo el escalofrío que acababa de recorrer aquella pequeña espalda, arrastrándole con él a uno de los orgasmos más intensos que había tenido en toda su joven e intensa vida (Y uno de los que más trabajo le había costado XD).
¡Ah-aaaaaaaah! – Pesadamente, jadeando, dejó caer la cabeza sobre el pecho de Suguru, que también estaba resoplando. Una vez se le hubo aclarado la vista y la mente, se le ocurrió pensar que pesaba mucho como para quedarse a reponer fuerzas encima de Suguru, así que se echó a un lado y se desparramó junto a su amigo, con los brazos extendidos sobre la moqueta verde, mirando al techo.
- Uau. . . Qué pasada.
¿Ves? Ya te lo había dicho – A Tatsuha se le cerraban los ojos de cansancio.
- Sí, jijiji. . . – Rió Suguru, como si acabara de hacer una travesura. De repente, con un salto desproporcionadamente ágil para el esfuerzo que acababa de realizar, se sentó a horcajadas sobre las caderas de Tatsuha ¿Lo hacemos otra vez! – Propuso, del mismo modo que piden los niños volver a montar en la montaña rusa nada más acabar el trayecto.
- Ó.Ò
(1) El retrato de Dorian Grey Novela de Oscar Wilde que cuenta la historia de un joven, famoso por su belleza, que vende su alma al diablo a cambio de que envejezca su retrato en vez de él.
(2) La canción que siempre toca Miki Kaoru (Utena)
Madre mía, lo que he tardado en acabar este capítulo. Siento mucho el retraso. Malos rollos personales han afectado a la inspiración.
Bueno, espero que os hayáis quedado contentas con el revolcón, que me lo estabais pidiendo en cada capítulo como bestias hambrientas de carne XDDDDDDDD. Esta es la primera escena lemon propiamente dicha que escribo. Espero que me haya quedado decente (la autora se sonroja). Sólo por curiosidad¿os esperabais esta reacción por parte de Suggy-chan? XDDDDDDDD
Por cierto, que me e emocionado con la avalancha de rw que me llegaron en el capítulo anterior. Muchas gracias a todos, de verdad. Me animáis mucho. Paso a comentarlos?
Yuki: La primera, sí señor?
Nat-chan: Ya lo creo que se está transformando, y de qué manera? XDDDDD Si es que este Tatsu-chan es una influencia nefasta, juju.
Rikku-Tomoe: Hija, que mal perder tienes, que mal perder.
Mochita-chan: Otra fan de Tohma, UEEEEE. Tohma-maniacos al poder?
Gaby: Si, el shok de encontrar su despacho en ese estado debió de ser tremendo. Espero que este capi también te haya gustado.
Chibi-poio: Espero que te hallas reído también con este capítulo, pero espero también no haberte causado muchos problemas en casa. Ya sé lo que es eso de desternillarse frente a la pantalla y que te miren con caras raras, jeje.
Daniela Lynx: Bien, querida Daniela, tu pregunta ha quedado contestada, XD. La de Gaku-chan, desgraciadamente, no puedo responderla. No me está permitido revelar mis fuentes, jujuju.
Rurouni Andrea: De verdad que lo siento esto de tardar tanto entre capí y capi, pero cuando las cosas no quieren salir, no salen, por más que uno se empeñe. Aix. . .
KlOnDy-ChRoNo: ¿Lo habré escrito bien? Otra que quería un poco de SxT. Espero haber cubierto tus expectativas.
AráshiNobutada: Y otra que quería parejita?Te han mirado muy mal tus hermanos esta vez?
Tenshi-Lain: ¿Sois una o dos? Bueno, en cualquier caso, gracias a todos.
Deraka: Chica, pedazo rw que te ha salido? Muy agradecida, de verdad, me vas a hacer enrojecer (la autora enrojece) Por favor, dime que este no se te ha hecho corto, que casi me muero con estas nueve paginillas de word? Lo de la doncella victoriana me hizo mucha gracia XD Supongo que Tatsuha inspira menos compasión porque se busca lo que le pasa, pero también es buen chico el pobre. Como ves, poco le faltó a Tohma para llegar a lo de la valla electrificada XDDDD Menos mal que está ahí Mika para poner un poco de orden en esta casa de locos. Y YA HA HABIDO LEMON, HA HABIDO LEMON? Por cierto, habrá fiesterita esta vez? Con cubatitas? XD
P.D.: La clave del ordenador de Tohma es ViVa/El/CuLo/De/EiRi!
