Dices que te Olvidare
Capítulo II
"La llamada"
por: Jenny Anderson.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, ella es inmensamente rica, yo no, esto es sin fines de lucro solo de entretenimiento.
Notas: Ésta es una reedición del fic original. Si ya lo habías leído antes, te encontrarás con que lo estoy corrigiendo en cuestión de ortografía y de argumento. Gracias por empezar a leerme o por haberme leído alguna vez.
Beta: La maravillosa Nande_chan que no sé la razón por la que aún no me manda a freír chongos a la China.
Palabras: 3,544
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Y la verdad yo ya no sé,
Cómo se vive sin ti. OV7 – Desbaratándome
Las estrellas se encuentran a kilómetros de distancia, solitarias, iluminando la bóveda celeste desde su nacimiento hasta su muerte. Muchas personas observan el cielo en espera de que esa estrella, la más brillante, le conceda su deseo; si ruegas lo suficiente, dicen que pueden hacer milagros. Que incluso te pueden conceder el amor.
Las estrellas fugaces, por otro lado, según la creencia popular llevan en su estela la fortuna para la primera persona que las mire pasar, como si su único motivo para existir fuera el de recorrer la galaxia concediendo deseos; lo cierto es que las estrellas fugaces son demasiado solitarias y no recorren el universo para cumplir deseos —a pesar de los casos de la gente que jura que su deseo fue concedido por una estrella fugaz—, su misión es mucho más importante que hacerte ganar la lotería, recorren el universo con un mensaje mucho mejor: Esperanza.
Si algo tan hermoso puede brillar en las noches más oscuras, significa que las cosas no están tan mal como las imaginas, y cuando la desesperación ha llegado a su límite y te parece que no puedes más, detente un momento y escucha, ahí alguien esta susurrando ¡ánimo! Así que no te rindas, no importa qué tan herido esté tu corazón, no importa qué tan oscuro te parezca el camino, las estrellas siempre están ahí para acompañarte en tu peregrinar, aunque no las veas.
—¿De nuevo escribiendo Seiya? —preguntó Taiki entrando a la habitación, donde el chico sentado en un fino escritorio garabateaba desde hacía horas, a veces eran poemas, otras eran canciones y a veces largas cartas, todos tenían la misma musa: Serena Tsukino, la joven cuyo brillo Seiya era incapaz de olvidar.
—Si las mandaras, sería mejor —dijo Taiki mirando las hojas esparcidas por el escritorio.
—¿Para qué? —preguntó Seiya, fijando aquellas pupilas azules en las de su hermano.
No era como si él pudiera hacer algo, su Bombón tenía novio y jamás había dado el más mínimo indicio de que él pudiera reemplazarlo en su corazón. Serena lo quería solo como amigo, así se lo había dicho en el momento de la despedida y él no tenía de otra más que respetar aquella decisión. Por mucho que le pareciera injusta.
No era como si no lo hubiera intentado, como si no le hubiera dicho que se había enamorado de ella, y que quería tener una oportunidad de reemplazar al tal Darién en el corazón de su Bombón.
—Para que seas libre.
Seiya no dijo nada, simplemente sonrió, no era del conocimiento de sus hermanos que él sí se lo había dicho a la rubia, pero que Galaxia le había quitado su oportunidad. Al menos sabía que Serena lo sabía, no se había quedado con su amor encerrado en el cuerpo, lo había intentado y había perdido.
—Ella solo me quiere como amigo.
—Seiya…
—Ella tiene a su príncipe, Taiki y así es como debe ser.
—Pero, Seiya...
—Pero nada, Taiki, Bombón ya tiene a quién querer y no importa si a veces, cuando cierro los ojos, la escucho llamándome.
—Tal vez te llama.
—Vamos Taiki, el soñador soy yo, tú eres el realista.
—Me pregunto, ¿qué es lo que según tú, soy yo? —dijo Yaten entrando a la habitación.
—El amargado, por supuesto.
Yaten no pudo evitar poner los ojos en blanco ante las palabras de su líder.
—Prefiero ser amargado que estar llorando por los rincones cual alma en pena.
—Chicos —intervino Taiki consciente de lo rápido que se podía generar una discusión entre ese par.
—Seiya empezó.
—No, yo me limite a contestar tu pregunta Yaten, eso me pasa por ser educado.
—Seiya —dijo Taiki en ese tono que tenía que le hacía sonar como todo un hermano mayor, tanto Yaten como Seiya sonrieron ante eso.
Esa era una de las cosas que les quedaba de la Tierra, Taiki se seguía comportando como su hermano mayor, a pesar de ser Seiya el líder del pequeño equipo. Era casi como si mientras no estuvieran como guerreras, tanto Seiya como Yaten, aceptaran el rol de pequeña familia que habían tenido que llevar en la Tierra.
—No te sulfures Taiki, te van a salir arrugas.
Yaten no pudo contener la carcajada ante las palabras de Seiya y la expresión de Taiki. ¡Su reino por una cámara fotográfica para inmortalizar el momento! Detuvo su carcajada ante su pensamiento, un pensamiento demasiado terrícola para su gusto.
—Muy chistoso, solo digo que con las cosas en paz, ¿no crees que es un buen momento para regresar a la Tierra?
Tanto Seiya como Yaten lo miraron asombrados.
—¿Tú crees? —preguntó Seiya, mirando entonces a Yaten.
Yaten simplemente se encogió de hombros.
—Si la princesa nos da permiso, ¿por qué no? —dijo Yaten comenzando a caminar hacia la salida de la habitación—. Si de esa manera se te va a quitar el complejo de alma en pena, puedo tolerar la idea de ir a la Tierra.
—Es una buena oportunidad Seiya, no hay nada que perder.
Seiya asintió lentamente, Taiki tenía razón, no había ya nada que perder. ¿Qué era lo peor que podía encontrar? Serena casada con Darién era una idea que tenía asumida desde hacía mucho tiempo, él simplemente quería corroborar que su Bombón fuera feliz.
—Hay que hacerlo lo antes posible, antes de que Yaten cambie de opinión.
Pero ambos sabían que no lo haría, no era solo Seiya quien se había convertido en Alma en pena.
X – X – X
Reiko Kamiya tenía ya 20 años como enfermera, había visto muchas cosas y sabía que tenía que estar ya familiarizada con algunas escenas, pero no lo estaba. Siempre sentía que se le estrujaba el corazón cuando llegaba alguien joven.
El caso de esas dos semanas era una joven que habían salvado de morir congelada, no podía tener más de 20, y lo que a Reiko más le podía era que no había nadie que hubiera reportado su desaparición, y no llevaba consigo ninguna identificación que les ayudara a dar con sus familiares.
Había estado entrando y saliendo de la inconsciencia desde que el médico la había declarado fuera de peligro, y la fiebre le hacía visitas regulares, pero todos los estudios indicaban lo mismo, la joven estaba físicamente sana.
Reiko la había escuchado delirar algunas veces, murmurando cosas sobre utopías y palacios; cuando estaba consciente, la joven se dedicaba a mirar a un punto en la pared e ignorar todo lo que pasaba a su alrededor, como si estuviera muy lejos de ahí.
Reiko estaba casi segura que a aquella chica le habían roto el corazón. Era doloroso ver a una muchacha tan bonita y joven en esa situación. Reiko se animó pensando que aquella chica descubriría que no era para tanto, que pronto encontraría el verdadero amor. Que se daría cuenta que lo que estaba pasando era solo un bache y que tenía todo un futuro prometedor que la esperaba.
X – X – X
Mina llamó nuevamente al teléfono de Serena y otra vez el exasperante mensaje de En este momento no puedo contestarte, pero deja tú mensaje… la saludó, ya había perdido la cuenta del número de mensajes que le había dejado a su amiga, cada uno más impaciente y lleno de pánico que el anterior.
Pero Serena o bien no quería contestar, o tenía el móvil apagado o —y la posibilidad aterraba a Mina— le había pasado algo y no tenía el móvil con ella.
Observó el timbre y procedió a llamar una vez más.
—Ya le dije a usted y sus amigas que la señorita Tsukino no está desde hace dos semanas.
Mina controló el impulso de decirle a aquella señora —la vecina gruñona, como le habían apodado— que se metiera en sus asuntos y las dejara a ellas preocuparse por Serena, por lo que simplemente observó a la mujer con su mejor sonrisa amable, que según Lita de amable tenía poco y solo era escalofriante.
—Tenía la esperanza que hubiera regresado ya —dijo.
—La muchacha iba a pasar unos días en la montaña, jovencita, lo sé ya que me informó que no era necesario que le diera una vuelta a su gatita, así que deje de estar aporreando el timbre y póngase a hacer algo de provecho.
Si Mina no había terminado gritándole a la mujer era simplemente porque sabía que efectivamente Serena estaba planeando un viaje a las montañas con ellas, sus amigas, aprovechando las vacaciones de invierno para pasar un tiempo juntas, ya que debido a los estudios habían estado separadas. Unos días juntas antes de navidad.
Luna estaba con los padres de Serena y Mina no tenía ni las fuerzas ni el valor para ir por la gatita y explicarle todo lo que estaba sucediendo, incluso se lo había ocultado a Artemis, pero estaba segura que era solo cuestión de tiempo para que este fuera a buscar a Luna y entre los dos se enteraran de todo lo que estaba pasando.
—¿Dónde te has metido Serena? —preguntó mirando con preocupación la puerta cerrada del departamento de su amiga.
X – X – X
Había estado soñando, pero no era capaz de recordar con claridad qué era lo que había soñado, abrió los ojos sintiéndose levemente desorientada, y la sensación se incrementó conforme su vista se posaba en los objetos que la rodeaban.
Aquella no era su casa, no olía al desayuno que su madre preparaba ni escuchaba los pasos de su padre en el pasillo; tampoco era su departamento, su habitación tenía las paredes rosas y no blancas y definitivamente no estaba tan iluminada.
Le costó un tiempo verdaderamente vergonzoso darse cuenta del lugar donde se encontraba, y un tiempo aún más largo para hurgar en sus recuerdos para tener una idea de la razón por la que se encontraba en un hospital.
Se arrepintió inmediatamente cuando los recuerdos llegaron a su mente y los sentimientos volvieron a golpearla con fuerza: la conversación con Darién fresca en su memoria, la destrucción de sus fotos, la lluvia.
Aquella sensación de que no quedaba nada ni nadie en el mundo para seguir respirando.
—Al fin has despertado. —Serena tardó en enfocar a la mujer mayor que le sonreía con simpatía.
Por un momento quiso devolver la sonrisa, pero le fue imposible hacerlo. ¿Por qué iba a sonreír cuando se sentía tan miserable?
X – X – X
Lita y Rei compartían un té en completo silencio en una pequeña cafetería que quedaba de paso al edificio donde Serena había elegido su departamento, esperaban a Mina, ya que había sido el turno de ella para ir a tocar la puerta de Serena. Se iban turnando para hacerlo, como las llamadas; Rei había aprendido a detestar el buzón de voz.
—Si al menos tuviéramos una idea de donde se encuentra —dijo Lita.
—Esa niña tonta, está pasando por todo esto sola. —Eso era lo que más le dolía, se suponía que eran sus amigas y no habían corrido en su auxilio. Rei sabía que los motivos que habían tenido en su momento para no ir con Serena eran válidos, pero estaba completamente enfadada consigo misma por no haber mandado todos esos motivos a Timbuktu y correr a decirle a Serena que no estaba sola, que ella estaba ahí para lo que necesitara.
Ahora sentía que era muy tarde, que Serena pensaba que ella era también una traidora.
—Rei… —comenzó Lita, pero Rei la silenció con una mirada cargada de ira.
—No, Lita —dijo—. ¿Cómo pudimos hacerle eso a Serena?
—Nosotras no… fue decisión de…
—Nosotras lo sabíamos y no fuimos capaces de hacer nada más que callar, somos tan culpables como ellos.
Lita bajo la mirada a sus manos
—Tienes razón —dijo con dolor, en su momento la decisión le había parecido la más sensata, hasta que Darién hablara con Serena, ahora no estaba segura de nada—. Espero que regrese pronto.
—Tiene que hacerlo —agregó Rei rápidamente.
—¿Y si no lo hace? —preguntó Lita.
—Jamás seré capaz de perdonarme.
Mina salió del edificio de departamentos con la mirada baja y el cuerpo ligeramente encorvado, sin duda alguna todo en ella gritaba "derrota" a quien la observara, como era el caso de Darién, quien observaba a la guardiana de Venus desde la seguridad de su automóvil. Se sentía completamente frustrado, sabía que era su culpa el que Serena no pudiera ser localizada y por un momento había acariciado la idea de ir a pedir ayuda a Haruka y demás guardianas, pero ya sabía que aquello era inútil, solo esperaba que donde quiera que Serena estuviera pudiera curar sus heridas.
Mina por supuesto que notó el automóvil de Darién aparcado a unos cuantos metros de donde ella se encontraba, pero hizo caso omiso del mismo, sin ánimo para intentar comprender el proceder del hombre, simplemente dirigió sus pasos a la cafetería donde sabía que sus dos amigas la estarían esperando.
Ni Lita ni Rei tuvieron que preguntar nada, en cuanto vieron la postura de la joven supieron que Serena no había regresado, estaban compartiendo una mirada cargada de desesperación cuando observaron el auto de Darién pasar.
Fue Lita la que se animó a hablar.
—Él y Amy van a partir rumbo a EUA en enero.
—Qué conveniente —murmuró Mina.
Fue el único comentario que las jóvenes compartieron.
X – X – X
Serena entendía todo lo que le decían sobre lo afortunada que había sido por no morir congelada en una de las calles de la cuidad, de los peligros de salir en una noche de diciembre sin abrigo. Una parte de ella se escandalizaba por su olvido, por lo cerca que había estado de que las cosas se convirtieran en una verdadera tragedia.
Otra parte de sí misma, que no reconocía aún como propia, parecía casi sentir que las cosas no hubieran ido a más, Serena sabía lógicamente que era normal que estuviera deprimida y dada su historia con Darién que lo que ella estaba pasando no era un simple rompimiento. Pero lo sentía mucho más que eso, como si una parte le faltará, y es que no era fácil hacerse a la idea de que todo lo que había soñado y por lo que había luchado jamás existiría.
Y no sabía del todo cómo se sentía, estaba muy dolida por la traición de Darién y Amy, sabía que en el mundo esas cosas pasaban, pero jamás imaginó que le pasaría a ella, jamás creyó que tendría que ver cómo el hombre de su vida se iba con una de sus amigas. Quería pelear, tener la oportunidad de volver a enamorar a Darién y ser felices como lo habían sido al inicio de su relación, pero sentía que en ese caso solo mendigaría algo que Darién ya no quería darle.
Tampoco sabía qué hacer ni dónde ir, ya que ahora todos los lugares en los que podía pensar estaban demasiado llenos de Darién como para ser un buen lugar.
Había construido toda su vida entorno a Darién y ahora que él fallaba, ella no sabía qué tenía que hacer.
—¿Dónde estás Seiya y por qué tardas tanto? —murmuró hacia la ventana.
Reiko observó a la pálida jovencita que se pasaba las horas mirando hacia la ventana y contestando con monosílabos cuando alguien le preguntaba algo, todo en la postura de la joven hablaba de tristeza, pero lo que más inquietaba a la enfermera era la mirada celeste que de vez en vez se alejaba de la ventana para mirar a su alrededor.
Había desesperanza en aquellas pupilas azules, pero también algo más que Reiko no lograba descifrar, como si fueras visto al mismo tiempo por dos personas diferentes, una demasiado devastada como para que la mirada brillara y la otra demasiado dura, como si los golpes de la vida hubieran sido demasiados. Eran raras las ocasiones en que las pupilas de la joven se tornaban así de frías, pero Reiko se había dado cuenta de que pasaba. Que era como si los ojos de la joven su tornaran en dos témpanos de hielo y en esos momentos no podía evitar sentir temor.
Era la mirada de alguien que no tenía ya nada que perder.
—Cuando era joven tomé un curso de belleza, y yo siempre he creído que un cambio de look ayuda a comenzar de nuevo, tal vez te sea más fácil si eres capaz de mirarte al espejo y no verte de la misma manera en que fuiste ingresada.
—¿Cortarme el cabello? —preguntó la rubia cubriendo con sus palmas su característico y ya muy desecho peinado.
—Puede ser algo por dónde empezar.
Serena lo pensó un momento antes de asentir, tenía que ser más fuerte, tenía que dejar a la Serena Tsukino que se había derrumbado ahí y ser capaz de salir de aquel hospital como una nueva Serena, tenía que hacerlo ya que la otra Serena no sería capaz de seguir sin Darién.
X – X – X
La reunión por navidad era ya una tradición entre ellas en el templo Hikawa. Amy había esperado no tener que asistir, a pesar de que ninguna de sus amigas le había reprochado lo que había pasado, sentía la desaprobación de cada una de ellas en sus miradas; estaba agradecida de que el año siguiente estudiaría fuera de Japón, estaba convencida que lo que necesitaban era un tiempo lejos y que cuando volvieran a verse volverían a ser tan amigas como habían sido antes, y seguramente Serena ya habría superado todo.
Aunque la principal razón de que se encontrara ahí con Darién era por las sailors exteriores, Haruka, Michiru, Setsuna y Hotaru eran también invitadas tradicionales y Darién pensaba darles la noticia de su rompimiento con Serena en persona, a pesar de que eso significaba enfrentarse a la furia de las mujeres.
No ayudaba mucho a la situación que Serena siguiera sin dar señales de vida, ella la había buscado, había utilizado todos los artilugios a su disposición como Sailor Mercury, pero no había conseguido nada, la energía de Sailor Moon era simplemente imposible de rastrear. A diferencia de Mina y las otras, a Amy aquella información la tranquilizaba, que no era ninguna bruja y por supuesto que estaba preocupada por Serena, pero si la rubia estaba bloqueando su energía y por lo tanto su ubicación, entonces eso quería decir que se encontraba bien y que simplemente necesitaba tiempo.
—Buenas noches.
Amy no pudo evitar la tensión que se apoderó de su cuerpo al escuchar la voz de Haruka, a diferencia de Darién ella no estaba preparada aún para enfrentar a aquellas mujeres, por supuesto que sabía desde el momento en que se había visto atraída a Darién que todo sería difícil, pero no estaba lista aún para miradas llenas de furia y desprecio.
—Buenas noches.
Escuchó que contestaban las otras chicas, y supo que era imposible que Haruka y compañía no notaran que algo estaba pasando, las voces de todas se escuchaban extrañas.
—¿Dónde está Cabeza de Bombón? —preguntó Haruka al no ver a su joven líder en ningún lugar de la habitación.
Darién dio un paso adelante, mientras Rei y Lita compartían una mirada de angustia, sin embargo fue Mina quien habló.
—Aún no llega, ya sabes como es.
Cuatro pares de ojos se posaron sobre la figura de Mina, cada uno de ellos parecía estar preguntando "¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurre responder eso?" y ella misma se lo preguntaba, había sido un impulso nacido de no sabía exactamente donde.
Michiru supo que pasaba algo en ese momento, no era solo la mirada que momentos antes compartieran las jóvenes, o la ausencia de Serena, era algo que se respiraba en el ambiente, en la manera en que Darién parecía estar a la defensiva y Amy parecía intentar fundirse con la pared.
—Necesito hablar con ustedes —dijo Darién.
—¿De qué? —Se apresuró a decir Hotaru.
Y entonces Michiru ya no tuvo dudas, algo malo estaba pasando.
—Es sobre Serena —dijo el hombre.
—¿Qué pasa con ella? —Nadie más, salvo Hotaru, escuchó el temblor en la voz de la Sailor del tiempo.
—Ella y yo decidimos terminar nuestra relación.
El silencio que siguió a aquella declaración hablaba de la gravedad de la misma, la más desconcertada de todas era Setzuna, quien no apartaba la mirada de Darién.
—Pero… ¿por qué? —dijo Hotaru.
Darién aspiró aire visiblemente antes de darle una mirada a Amy, quien se había acercado a su lado durante el silencio.
—Ya no sentíamos lo mismo… —El bufido de Rei le quitó toda la veracidad a las palabras del hombre—. Además yo me he enamorado de otra —continuó Darién como si Rei no lo hubiera interrumpido—, y hemos empezado una relación.
Haruka dio un paso al frente, Hotaru se llevo las manos a la boca sin poder creer lo que escuchaba, y Setzuna cerró los ojos como si de esa manera aquello no fuera a ser real, Michiru clavó la mirada en Amy intuyendo la razón por la que la joven se había comportado como lo había hecho.
—¿Quién? —preguntó Haruka.
Y se notaba en su tono la fura contenida.
—Amy —contestó una voz a sus espaldas, bien conocida por todos lo que estaban ahí—. Pero no debes preocuparte Haruka, estoy bien.
Serena Tsukino se encontraba en la puerta, cabello corto y sonrisa cortés. Tan diferente que costaba reconocerla.
Notas de la autora.
Lento, lento pero va tomando forma. No se preocupen que pronto llegara Seiya.
Gracias a todos por su apoyo en especial a: Ei-chan, Sehren Kou, Silver Moonlight-81, Neo-gaby, Elizabeth, RoxyWatson, Mireya, July, Seshyjak, Amanda, GabYxA, Sailor Alluminem Siren, N lupin Tonks, Vickymoon, Amber Bellum, Sams Brok, KittyBadillo, Sereyandrew301, Rinkalukushi Mafer Chiba y a todos lo que dedican su tiempo a leerme y no dejan constancia.
De verdad muchas gracias, sin ustedes "Dices que te olvidaré" jamás habría sido lo que es.
