Dices que te Olvidare
Capítulo III
"Destino: La tierra"
por: Jenny Anderson.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, ella es inmensamente rica, yo no, esto es sin fines de lucro solo de entretenimiento.
Notas: Esta es una reedición del fic original. Si ya lo habías leído antes, te encontrarás con que lo estoy corrigiendo en cuestión de ortografía y de argumento. Gracias por empezar a leerme o por haberme leído alguna vez.
Beta: La maravillosa Nande_chan que no sé la razón por la que aún no me manda a freír chongos a la China.
Palabras: 3,612
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Solo quedan las cenizas, del fuego de tu amor
y el dolor inmenso de tu adiós.
[Devuélveme el amor – Luis Miguel]
Haruka la miró fijamente, era la misma voz, pero no era la misma Serena. No era solo el cabello corto o las ojeras que enmarcaban sus ojos, tampoco la palidez que se había adueñado de su piel, era algo más que la Sailor del viento no lograba precisar.
Tal vez lo más impactante fuera la mirada, no estaba ahí la chispa de alegría que Serena solía lucir sin importar la situación, o el brillo de la determinación por ser feliz, los ojos se veían apagados, del mismo azul de siempre pero infinitamente diferentes.
Y a pesar de todas esas señales que gritaban que nada estaba bien, aun así era capaz de decir que estaba bien; sin embargo, con la sonrisa y el maquillaje no era capaz de saber que tan grave era el daño.
—¿Estás bien? —preguntó Michiru, quien al igual que Haruka no habría podido pasar por alto las señales del cambio en su princesa.
—Mejor que nunca —declaró ampliando la sonrisa, en un intento que esperaba no fuera infructuoso, de verse mucho mejor de lo que se sentía.
Por supuesto que había acariciado la idea de no presentarse, de hacerse una bola en la cama abrazando a Luna, hasta que dejara de sentirse miserable, encerrarse en su departamento hasta que todo dejara de doler. Pero no había sido capaz de hacerlo, una parte de ella, no quería preocupar de más a sus amigas, a pesar de que no estaba del todo segura sobre lo que sentía con respecto a ellas, la otra parte simplemente se negaba a dejarse caer, si salía de eso, si demostraba que era fuerte, tal vez, solo tal vez, Darién podría volver a enamorarse de ella.
A pesar de eso, se negaba a mirar hacía el lugar donde sabía que se encontraban Darién y Amy; no sabía si sería capaz de seguir en pie si los veía juntos, no tenía idea de cual sería su reacción, si se pondría a llorar, si gritaría o simplemente se quedaría de pie como una tonta con la vista fija en ellos hasta que alguien le hablara y la hiciera salir de aquel mal sueño. Pero también se negaba a verlos, ya que debajo de todo el dolor, debajo de la tristeza, había algo con lo que no estaba acostumbrada a tratar, sentía ira, ganas de lastimarlos, deseos de venganza. Y aquello por supuesto que la asustaba. ¿Cómo podía pensar siquiera lastimar a Darién cuando lo amaba con todas sus fuerzas? Tenía miedo de hacer algo de lo que se arrepentiría el resto de su vida, algo le decía que de era normal, que de alguna manera tenía que lidiar con todo eso.
—Vamos —dijo evitando mirar aún a donde se encontraba Darién—. ¿No se supone que esto es una fiesta?
No soportaba la mirada de todos puesta en ella.
—¿Dónde estuviste? —preguntó Rei acercándose a ella, pero Serena camino hacia donde se encontraba la comida evitando el toque de la joven.
No quería que la tocara, si lo hacía no iba a poder aguantar mucho y seguramente terminaría derrumbándose y llorando en el hombro de su amiga; tampoco quería acercarse mucho, ya que seguramente preguntaría si ellas lo sabían y si era así desde cuándo. Y realmente no quería saber más de lo que ya sabía.
—En el hospital —contestó.
No paso desapercibido el gemido medio ahogado en la garganta de Mina y Rei.
—No hice ninguna tontería si es lo que están pensando —dijo entonces sí, fijando la mirada en la de Darién, había preocupación en aquellos ojos y quiso creer que no todo estaba perdido, que aquella era una fase, solo una crisis, y desvió la mirada rápidamente sin mirarlo realmente—. Tuve principios de neumonía, ya saben como es mi madre y quiso que estuviera en el hospital hasta estar bien.
Mentía por supuesto, su madre no sabía nada, ella creía que esos días que no habían sabido nada de ella, había estado de vacaciones en las montañas con sus amigas, no había tenido ganas de ir a casa, pero tampoco quería regresar a su departamento y recordar aquel día. Luna por supuesto que se dio cuenta que algo pasaba, y tuvo que contarle más o menos lo que había pasado, sin ganas de entrar en detalles, soltándose a llorar mientras lo hacía, posiblemente por eso la gatita no había preguntado más.
—Estábamos preocupados por ti. —Serena cerró los ojos al escuchar la voz de él, sintiendo de nuevo aquellos sentimientos encontrados con lo que estaba lidiando desde que despertara en el hospital. No entendía qué le estaba sucediendo.
—No tenían por qué, sé que no lo creen, pero realmente sé cuidarme bien sola —dijo mirando a Darién por primera vez desde que llegara al templo.
No observó el rostro del resto ante su, para nada, disimulado reproche, solo tenía ojos para Darién. No podía creer aún que todo el amor que sentía por ella realmente se hubiera convertido en nada, no podía ser cierto cuando ella lo miraba y aún sentía las mariposas en el estomago. Se veía igual de guapo que siempre.
—Nunca hemos dudado de eso.
Serena dejo de mirar a Darién para mirar ahora a Amy, la rabia que sintió la desconcertó por un momento, afortunadamente pudo mantener su expresión lo más neutra posible; Amy, por su parte, no pudo evitar los celos que aquel pequeño intercambio había generado en su persona, no quería que Darién se preocupara por Serena nunca más.
—Ya lo creo Amy —dijo Serena para dejar de mirar a la pareja y mirar al resto—. Vamos chicas, ¡qué empiece la fiesta!
Dijo mientras iba hacia el Karaoke que era también una tradición. Mina se apresuró a ir con ella para comenzar a cantar juntas, Darién sonrió agradecido de que todo hubiera sido tan fácil, que no hubieran reclamos ni batallas. Haruka y las guardianas exteriores estaban incluso demasiado aturdidas y preocupadas por su princesa como para pensar en hacer un reclamo a Darién.
Y Serena, Serena quería simplemente cerrar los ojos y que todo terminara siendo solo una absurda pesadilla.
X – X – X
Los sentimientos no son algo con lo que estuviera acostumbrado a tratar, cuando se ha nacido para ser una guardiana otras cosas pasaban a segundo termino, y entre ellas se encontraban las emociones.
Había protegido a su planeta desde que tenía memoria, y como una guerrera destinada a servir y proteger a su princesa, sus deseos y necesidades habían pasado a un segundo término. No reconoció en su momento aquella emoción presente en su pecho, ni lo mucho que su mirada buscaba aquella otra, hasta que estuvo en su planeta.
Primero fue como un zumbido molesto, algo que su cerebro le informaba que faltaba pero que no era capaz de precisar, después había llegado la añoranza, el quedarse durante minutos enteros quieto rememorando, dándose cuenta de todas las cosas que su mente había catalogado sobre ella.
Podía recordar perfectamente el aroma de su perfume, la manera en que sus ojos cambiaban dependiendo de la situación, la modulación de su voz dependiendo de lo que quería transmitir, el cosquilleo en su mano cuando recordaba los breves momentos en que había llegado a tocarla, la sonrisa que se dibujaba en su rostro cuando pensaba en ella.
Quiso, cuando se dio de aquello, haber sido un poco más como Seiya, haber construido muchos recuerdos de la chica; pero aquello era algo con lo que no debía siquiera soñar, el tiempo que pasa jamás se recupera y él no tenía manera de volver en el tiempo y construir más momentos para esas horas solitarias.
Y ella era justamente el motivo oculto tras sus acciones, por supuesto que se preocupaba por Seiya, y estaba convencido que su líder necesitaba un cierre, pero no era solo eso lo que lo había llevado a sugerir el viaje a la Tierra. Era simplemente para saber si podría tener una oportunidad con ella si volvía, porque el "¿Y si?" no le daba tregua.
Necesitaba saber si Amy Mizuno podía amarlo.
X – X – X
Amy se removió inquieta en su lugar, era verdad que ninguna de ellas le había dicho nada ni lanzando ningún reproche, pero no tenían que hacerlo, todo estaba escrito en sus miradas, había incredulidad, rabia, descontento, reprobación.
¿Es que acaso pensaban que ella había planeado todo eso? ¿Qué no había derramado innumerables lágrimas intentando convencerse de que lo que sentía por Darién no era nada? ¿Creían que realmente no había luchado con uñas y dientes contra su propio corazón para que las cosas no llegaran a donde habían llegado?
No estaban siendo justas, ella también había llevado su parte de sufrimiento con todo eso, también era una sailor y por lo tanto sabía lo importante que era el futuro, no había hecho nada de eso a propósito, simplemente había pasado, se había enamorado de Darién y no había podido evitarlo. Le dolía enormemente ver cómo se estaban separando como grupo, le dolían las miradas de las mayores, pero le dolían mil veces más las de las sailors interiores. Nunca había sido buena haciendo amigos, y perder a sus mejores amigas de esa manera también la estaba matando, pero tampoco podía hacer nada con lo que sentía por el hombre, en el corazón no se mandaba y ella mejor que ninguna lo sabía.
Por supuesto, una parte de ella no se arrepentía, no importaba lo mucho que aquello le estuviera doliendo o lo mucho que sintiera que una parte de sí misma le era arrancada al separarse de sus amigas. Darién era lo mejor que le había pasado en la vida, y su amor, aunque inconveniente, no era algo de lo que se sintiera avergonzada; que la llamaran traidora si querían, ella estaba junto al hombre que amaba y que la amaba, y si ellas pensaban que aquello era imperdonable, entonces que no la perdonaran.
—¿Estás bien? —preguntó Darién llegando junto a ella en el patio del templo, donde había huido a protegerse de las miradas hirientes de las mujeres en la casa.
—Ellas no lo entienden —murmuró escondiendo el rostro en el pecho de su novio, aspirando su aroma en un intento de tranquilizarse, de dejar de sentirse atemorizada.
—Sabíamos que sería así —le dijo él, depositando un beso en su cabeza.
—El saberlo y el vivirlo son dos cosas diferentes, saber que reaccionarían así no quiere decir que no me duela.
Darién la abrazó fuertemente, notando en las palabras de su novia la desesperación. No que él no estuviera pasándola mal, aquellas mujeres, bien o mal, también eran sus amigas y le dolía, por supuesto, que lo miraran como lo hacían; sin embargo, lo único que le había quitado el sueño había sido Serena y ella parecía estar tomándolo mucho mejor de lo que había pensado, por lo tanto, las otras no le importaban demasiado.
—Solo dales tiempo amor, ellas terminarán entendiendo.
—Realmente no quiero perderlas.
—No pienses en eso —le dijo abrazándola con fuerza para reconfortarla, sabía que posiblemente pasara mucho tiempo para que comprendieran y que era posible que aquella amistad nunca pudiera ser reconstruida.
—Es solo que me siento tan miserable.
—No amor, no digas eso. Sé que no es lo mismo, pero aquí estoy, te amo y nunca dejaré de hacerlo.
—Lo sé —contestó ella levantando el rostro antes de tomarlo por la nuca y jalarlo hacia ella para compartir un beso, realmente se sentía completamente amada entre sus brazos, y sabía que era imposible que fuera malo cuando se sentía tan correcto; lo sentía por Serena, pero ese era su cuento de hadas ahora.
Serena maldijo a su vejiga que la había sacado de la sala, y a quien quiera que manejaba el destino, lo último que habría querido presenciar era cómo el amor de su vida y una de sus mejores amigas se besaban de aquella manera. No existían palabras que describieran lo que sentía en ese momento, lo tonta que se sentía por haber albergado esperanzas y lo mucho que aquella escena estaba dañándola.
Cerró los puños a sus costados, ella no merecía aquel dolor, no era justo que ellos fueran felices cuando ella se sentía tan vacía y miserable.
—Arriba ese ánimo amor, es navidad.
Escuchó las palabras de Darien antes de regresar a donde estaban las chicas, y deseó tanto poder hacer algo para que él sintiera solo un poco de todo el dolor que ella sentía en ese momento, se detuvo antes de abrir la puerta, respirando lo más profundo que podía para ahuyentar las lágrimas.
Tomando una decisión en ese momento, tenía que irse lo mas lejos posible o no sobreviviría.
X – X – X
Hotaru había disfrutado siempre de la navidad, le encantaban los adornos, el intercambio de regalos, la comida. Sin embargo, aquella navidad se había trasformado en un desastre, no era siquiera capaz de describir lo que estaba sintiendo en ese momento y no era capaz de imaginar lo que seguramente su princesa estaba sufriendo.
No podía entender siquiera cómo era posible que Darién y Amy hubieran hecho lo que habían hecho, la traición no era solo contra Serena, sino contra el planeta entero, contra las obligaciones que el príncipe tenía para con su gente.
Sin embargo, lo que más preocupaba a la sailor de la destrucción no era el futuro de la Tierra, era la mirada perdida de su princesa. Era una mirada opaca, la misma mirada que había visto en Neherenia, la de alguien que no tenía absolutamente nada por qué luchar y aquello la aterrorizó.
Por un momento, quiso abrazarse a Michiru y dejar que la mujer le dijera con su voz cálida que todo estaría bien, pero Hotaru sabía que no era así, lo estaba viendo en ese momento en los ojos de su princesa, sabía que lo que se avecinaba era la peor prueba que ellas tendrían que enfrentar, se lo decían todos sus sentidos, y sin darse cuenta comenzó a llorar.
¿Por qué sus poderes no le habían advertido?
—No dejes que ella te vea así, no te culpes —dijo Michiru llegando a su lado.
—¿Cómo no hacerlo si no la reconozco?
—Todo tiene su razón de ser, estoy segura de que todo saldrá bien.
Hotaru negó con la cabeza, mirando fijamente a Michiru
—¿Qué razones puede haber para esto? —preguntó pensando en su amiga Rini y en lo mucho que dolía solo pensar que si aquello no se solucionaba, si Darien y Serena no seguían juntos, jamás la volvería a ver.
—Ten fe Hotaru, ten más fe que yo y Haruka.
Hotaru cerró los ojos, tal como imaginaba, aquel todo saldrá bien de Michiru era una de esas mentiras piadosas que tanto se decían, no había manera de que algo saliera bien.
X – X – X
No era como si él quisiera volver a la Tierra, había asumido desde hacía tiempo que no importaba en dónde se encontrara, no podría hacer algo con sus sentimientos. Por supuesto, la gente a su alrededor parecía pensar que si se alejaba, si ponía años luz de distancia, lo que sentía en algún momento menguaría.
Él no lo creía, ahí tenia a Seiya como la prueba de que no siempre el tiempo y la distancia traían consigo al olvido, pero si eso era lo que necesitaba, lo haría.
—Realmente no necesitan acompañarme, puedo ir solo.
Yaten no pudo evitar el bufido que salió de sus labios antes las palabras de Seiya.
—¿Cuántas veces vas a decir lo mismo? Hemos dicho que te acompañaremos y eso es lo que haremos.
Seiya observó a Yaten y éste simplemente rodó los ojos molesto por aquella mirada.
—Nuestra princesa nos ha dado permiso. ¿Qué esperas pues para correr tras Conejo? —dijo solo para molestar y que Seiya no lo siguiera mirando de aquella manera.
Seiya abrió la boca para replicar, pero la voz de Taiki se le adelantó.
—¿Van a comenzar a discutir o comenzaremos el viaje?
Seiya y Yaten compartieron una mirada y comenzaron a reír.
—Será mejor que nos pongamos en camino, antes de que alguien comience a molestar por no estar cumpliendo la agenda —dijo Seiya.
—Retrasarnos en la agenda… toda una catástrote —añadió Yaten con una sonrisa.
Taiki simplemente lanzó un suspiro y siguió a los otros dos, es mejor que piensen que todo se debe a su agenda y no a la desesperación que siente por poder verla cuanto antes.
X – X – X
Serena observó los papeles que tenía sobre el escritorio, tenía pensado pedir ser transferida a cualquier parte para poder comenzar a intentar olvidar, no era que no lo estuviera intentando, era que simplemente no podía hacerlo en esa ciudad tan llena de recuerdos, ni con las chicas llamándola cada media hora para "conversar".
Se había negado a hablar de aquello, no era simplemente demasiado doloroso como para decirlo en voz alta, es que no era capaz de entender sus emociones. Cada que pensaba en Darién y Amy, cada que cerraba los ojos y los miraba besándose, sentía ganas de lastimarlos, de hacerlos pagar por cada una de sus lágrimas y por todo lo que estaba perdiendo. Quería que se arrepintieran, quería vengarse.
Después de todo, no solo estaba perdiendo a Darién, estaba perdiendo un sueño, una familia, un reino, un final feliz. Por eso necesitaba irse, para ser capaz de evocar los recuerdos de su relación con Darién sin sentir el lacerante dolor en el pecho, ni esas ganas de verlo sufriendo. Necesitaba irse para encontrarse, ya que en esos momentos no se reconocía.
Había guardado todos los regalos del hombre en cajas, cada que sus manos tocaban una carta o un peluche no podía evitar sentirse completamente estúpida por recordar el momento en que se lo había dado y por no poder evitar las lágrimas. Había roto algunas cartas en un arranque de ira, y muchas más que habían sobrevivido a aquella tarde ya hacía un mes, cuando Darién le dio la noticia.
¿Realmente solo llevaba un mes sin Darién?
Al menos ya había dejado el infantil deseo de que el hombre regresara a su lado, aunque realmente una parte de ella aún esperaba verlo aparecer en su puerta completamente arrepentido buscando una segunda oportunidad.
No sabía exactamente cómo sentirse cuando se daba cuenta de que si eso sucediera realmente no dudaría ni un segundo en dejarlo entrar de nuevo a su vida, a pesar de todo el dolor que estaba padeciendo.
Esa era también una de las razones por las que quería irse, no soportaba saberse tan débil, y había una voz interna que le decía que si Darién regresaba lo que tenía que hacer era destruirlo, pagarle exactamente con la misma moneda. Y ella había comenzado a temerle a esa voz.
Sus ojos se toparon entonces con una de las pocas fotografías que habían sobrevivido a la purga, sonrió al observar el rostro alegre del joven que la saludaba desde el papel.
"Seiya, ojala estuvieras aquí, te necesito tanto."
Jamás se había sentido tan perdida como en esos momentos.
X – X – X
La Tierra, aspiró lo más profundo posible y sintió aquellas diferencias que le decían que estaba en un planeta extranjero, que aquellos aromas y aquel aire era diferente al de casa y sin embargo para él, era como si cada uno de aquellos aromas le dijera "bienvenido", y fue consciente de lo mucho que había echado de menos aquella atmósfera y de lo en casa que se sentía en ese momento.
El escenario no era desconocido, se trababa de la misma azotea de la que se habían despedido unos años atrás, no parecía tampoco que hubiera muchos cambios. El sol estaba comenzando a ocultarse manchando todo el cielo de aquel tinte naranja, el mismo con el que ellos habían dicho adiós.
—¿Por dónde comenzaremos a buscar? —dijo Yaten mirando a Taiki, sin poder evitar la mueca de molestia, el aroma, la atmósfera todo le decía que ya no estaba en casa y era un recordatorio de su fracaso.
—Creo que lo mejor será buscar a Hino.
Yaten quería que primero intentaran recuperar el auto, estaba seguro de que podrían ponerse en contacto con el que fuera su representante y conseguir antes que cualquier cosa un lugar dónde alojarse y algo con qué moverse, pero Taiki y Seiya tenían otra idea y por otro lado, según Seiya, era mucho más saludable caminar.
No que ellos lo necesitaran realmente, pero decidió guardar silencio y seguirlos, eso sí, con una gafas de sol cubriendo su rostro. Conforme más caminaban Yaten notaba que algunas mujeres a su alrededor los señalaban, sin duda preguntándose si acaso eran ellos los cantantes que habían decidido retirarse en la cúspide de su carrera.
Fue entonces cuando sus pupilas observaron unas figuras conocidas, no era que él hubiera tratado mucho a Mizuno, o que la chica hubiera hecho el intento de acercarse a él, pero la recordaba con bastante claridad y estaba seguro que se trataba de ella, al que no lograba identificar del todo era al hombre que caminaba junto a ella con las manos entrelazadas, lo había visto antes por supuesto, pero no lograba poner un nombre a aquel rostro.
—Es el novio de Bombón.
Yaten despegó la mirada de la pareja para observar a Seiya. ¿El novio de Conejo? Iba a preguntar si es que estaba seguro cuando los ojos de Seiya se abrieron al máximo demostrando así su shock, regresó la mirada a la pareja que compartía un abrazo y un liguero beso en los labios, antes de mirarse fijamente. Yaten reconoció la mirada en los ojos de la mujer. Era la misma mirada que Seiya ponía cada que pensaba en su Bombón.
Aparentemente aquel viaje iba a resultar mucho más interesante de lo que había imaginado.
Nota de la autora:
Al fin llegaron los chicos y se acomodan algunas cosas para que comience el drama, espero les guste.
Gracias a todos por su apoyo en especial a: Seshyiak, edi-kou, Moni, Val, Sorciere Blanc, Mireya, Ei-chan, Elizabeth, Sailor Alluminem Siren, Natalia Kido, Lul, Amynaoko, Noemi, Tanita Love, Sheccid Tsukino, Silver Moonlight-81, neo-gaby, Joy, Cecilia, Pola Kaiou, Anniky. Y los que se han pasado y dedican su tiempo a leerme sin dejar constancia.
De verdad mil gracias, sin ustedes "Dices que te olvidaré" jamás habría sido lo que es.
