Dices que te Olvidaré
Capítulo IV
"Cartas marcadas"
por: Jenny Anderson.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, ella es inmensamente rica, yo no, esto es sin fines de lucro solo de entretenimiento.
Notas: Esta es una reedición del fic original. Si ya lo habías leído antes, te encontrarás con que lo estoy corrigiendo en cuestión de ortografía y de argumento. Gracias por empezar a leerme o por haberme leído alguna vez.
Beta: La maravillosa Nande_chan que no sé la razón por la que aún no me manda a freír chongos a la China.
Palabras: 4,431
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Yo era un hombre de hojalata
Que anhelaba un corazón,
Sin saber que lo tenía
Hasta que ella lo rompió.
[El hombre de hojalata – Raúl Ornelas y Lazcano Malo]
Es verdad que por mucho que te repitas que algunas cosas son realmente posibles y que intentes imaginar miles de escenarios que te pueden estar esperando en algún momento de tu vida, realmente nunca puedes estar preparado para que algunas cosas ocurran. Por supuesto sabes que son cosas que pasan todos los días, y a pesar de que sabes de que las probabilidades de que te pasen también a ti son altas, cuando suceden no estás preparado ya que "no es posible que te pasen a ti". En el fondo, y a pesar de lo que tu mente pueda decirte, el corazón te pide esperar otra cosa, te pide mantener la esperanza hasta el final.
Y tú por supuesto que te repites una y otra vez que no debes mantener la esperanza, incluso te crees preparado para esos escenarios que duelen, te dices más de una vez que eres una persona lógica y no emocional. Pero cuando la realidad se presenta, cuando te das cuenta que en el fondo de tu ser, en alguna parte de tu mente, se mantenía oculta la esperanza y los sentimientos se adueñan de tu ser, sabes que realmente no estás preparado para hacerle frente. Que no eres tan lógico como te habías creído y que puede que los sentimientos te derriben por primera vez.
Taiki sabía que las probabilidades de que Mizuno hubiera encontrado a una persona para compartir su vida eran altas, imaginar un rostro cubierto de sombras no ayuda cuando te topas con el de carne y hueso; por supuesto no esperó que confirmarlo doliera tanto, no era sólo el que ella estuviera con alguien, era que ese alguien se supone que pertenecía a alguien más. A diferencia de Yaten, Taiki le había reconocido inmediatamente, y aunque no lo hubiera hecho, Seiya se había encargado de decir en voz alta lo que él ya sabía. Y lo que su mente trataba inútilmente de procesar.
El hombre de cabellos oscuros que caminaba de la mano de la joven y que la miraba de aquella manera era sin suda el príncipe de la Tierra, y a juzgar por la escena antiguo novio de la princesa de la Luna. ¿Cómo había pasado eso? ¿Cómo había podido Serena Tsukino permitir que aquello estuviera pasando? Era irracional y lo sabia, pero en ese momento Taiki sintió rabia contra la princesa de la Luna.
¿Dónde estaba y por qué había permitido eso?
Amy comenzó a sentirse incomoda, y no pudo evitar hacer una mueca de disgusto mientras buscaba a quien fuera que la estuviera mirando. Empezaba a creer que jamás se acostumbraría a saber que alguien la miraba con intensidad, y seguramente con reproche.
Los tres pares de ojos que estaban fijos en su figura la sorprendieron, haciéndola separarse de Darién y comenzar a formar una sonrisa de bienvenida para los jóvenes, pasando por alto el contenido de aquellas miradas. Se dijo mentalmente que todo era obra de la sorpresa y que no era posible que ellos la estuvieran mirando con decepción. No supo la razón, pero rehuyó la mirada de Taiki y decidió mirar a Yaten, parecía una apuesta mucho más segura.
Darién dirigió su mirada a quién fuera que le estaba quitando la atención de su novia, sorprendiéndose de encontrar a los hombres en aquel lugar, los recordaba por supuesto. Eran los chicos Kou, no se acordaba exactamente sus nombres, pero Serena había hablado de ellos durante meses, por lo que Darién ya sentía que los conocía, sin embargo no pudo evitar la tensión que la visión de aquellos jóvenes generó en su cuerpo. Si ellos estaban ahí era posible que significara que había un nuevo enemigo. Y no estaba seguro de que, estando las cosas como estaban, fueran el mejor equipo contra las fuerzas del mal.
Durante unos segundos nadie se movió, se mantuvieron quietos, como intentando asimilar lo que estaban viendo, el primero en romper aquella quietud propia de una fotografía fue Yaten, quien avanzó un paso hacia la pareja.
Amy hizo lo propio avanzando hacia los jóvenes y siendo imitada por su novio, mientras que Seiya y Taiki seguían quietos en la acera, sin saber qué decir ni a dónde mirar. Seiya no quería que la esperanza que había comenzando a sentir inflándose en su estómago alcanzara proporciones mayores, antes que nada necesitaba saber cómo se encontraba Bombón, tenía la liguera certeza de que la joven princesa estaba sufriendo mucho al perder a su "querido" Darién.
X – X – X
Serena observó las dos carpetas que tenía sobre la mesa mientras sentía cómo los ojos se le llenaban de lágrimas. Por un momento había acariciado la fantasiosa idea de salir de Japón, de lograr una beca que la llevara fuera de toda aquella pesadilla en la que estaba viviendo.
Pero la realidad la había golpeado en el rostro de nuevo, ella no era Amy Mizuno, la alumna modelo que podía tener las mejores calificaciones y tantas actividades extra que tenía que ser imposible tener una vida social, ella era simplemente Serena Tsukino, estudiante promedio que podía conseguir ser trasferida a otra universidad dentro del territorio japonés pero que no podía aspirar a ir al extranjero.
¿En qué había estado pensando? Su inglés aunque mejorando aún distaba mucho de la perfección como el de Amy, Mina o Rei, ella no era buena en los idiomas, y solo se estaba dejando en ridículo una vez más.
¿Cómo había creído realmente que podía quedarse con Darién? ¿Cómo demonios no se había dado cuenta que ella era muy poca cosa para él? No pudo evitar el llanto que le ganó la partida ni la rabia que la inundó, ¿siempre iba a ser así? ¿Iba a encontrar día sí y otro también todas las cosas por las que Darién la había dejado? Golpeó la mesa con el puño, sin importarle el dolor, solo queriendo sacar toda la rabia que sentía dentro.
¿Por qué si ella era tan poco cosa para él, él la había ilusionado de aquella manera? ¿Por qué le había permitido creer? Recordó con dolorosa claridad todas las veces que las chicas y por supuesto la mismísima Amy le dijeron que debía de cambiar, que debía de ser más responsable, se recordó a sí misma, tonta e ilusionada pensando que aquellas cosas eran tonterías, cosas secundarias que no tenían nada que ver con el amor que Darién, sentía por ella. Que el amor verdadero jamás exigía sacrificios ni pedía cambios.
¡Qué idiota! Y ahora estaba ahí llorando ya que no era siquiera capaz de salir huyendo como quería, la realidad le demostraba lo que ella había estado demasiado ocupada ignorando, era demasiado ordinaria como para que alguien extraordinario como Darién se quedara con ella.
Lo único que tenía a su favor era que se trataba de la reencarnación de la princesa de la Luna, pero se había comprobado una y otra vez que ella, salvo por el Cristal de Plata, no tenía ningún punto de comparación con Serenity, la joven perfecta que había estado destinada a gobernar el Milenio de Plata.
Podía haberse ahorrado tantas lágrimas si no hubiera rescatado a Luna aquella mañana o si simplemente no se hubiera enterado de quién había sido ella en su vida pasada, habría sido más fácil todo si no le hubieran permitido construir tantos castillos en el aire. Si desde un principio la hubieran dejado imaginar un futuro dentro de sus verdaderas posibilidades.
Miró de nuevo las carpetas con amargura, por supuesto ellas no tenían la culpa, como tampoco la tenía la universidad, había sido ella, que había olvidado cómo ser realista, o puede que nunca hubiera aprendido a serlo.
¿Cómo iba a lograrlo si a las 15 años le habían dicho que toda su vida sería como un sueño?
Se limpió las lagrimas con las manos, por mucho que quisiera quedarse llorando bajo las mantas el hacerlo no iba a hacer que las cosas se arreglaran mágicamente, ni le ayudarían con el sentimiento de derrota que se había instalado en su cuerpo. Era momento de que aprendiera a ser fuerte, si no lo hacía ella al parecer la vida se encargaría de enseñarle. Ya había derramado muchas lágrimas, no quería derramar más, tenía que ser otra, debía de ser otra.
Ahora tenía que tomar una decisión entre dejar Tokio e instalarse en Miyazaki o en Kazawa, sabía que ambas universidades pedirían lo mejor de ella, sabía que estaría igual de ocupada que en la de Tokio, por lo que la verdadera pregunta era ¿cuál estaba lo suficientemente lejos como para sanar?
Observó los croquis y los tiempos de viaje, mientras que la universidad de Kanazawa tenía un plan de actividades extracurriculares mayor que la de Miyazaki, era la universidad de Miyazaki la que ponía más tierra entre ella y Darién, 1,372 km lejos de Tokio, 17 horas y 56 minutos.
La decisión había sido tomada.
X – X – X
Rei detestaba aquellas corazonadas con las que a veces despertaba, esa sensación de alerta permanente que se instalaba en su cuerpo y la mantenía tensa durante todo el día, lo peor era que el fuego sagrado seguía sin mostrarle nada y ella ya no sabía si aquella corazonada tenía algo que ver con el cambio de Serena, con las posibles repercusiones de lo que Darién y Amy habían hecho o con la cantidad de pendientes que tenía de la universidad y que estaba retrasando en un intento de salir con sus amigas e intentar aparentar una normalidad que hacía semanas habían perdido.
Se habían citado aquella tarde-noche para darle una sorpresa a Mina, habían citado a Amy más como cortesía por la historia que compartían que porque realmente lo desearan, y a Serena esperando que ahora no pudiera poner ninguna excusa para evitarlas, como venía haciendo en los últimos días.
Pero en ese momento, en la pequeña plaza donde se habían quedado de ver sólo se encontraban ella y Lita y ya estaba comenzando a pensar que al final serían sólo ellas quienes visitarían a la rubia en aquella casa productora para felicitarla.
X – X – X
—Mizuno —dijo Yaten una vez que se encontró con la chica.
—Chicos —saludó ella con genuina emoción por verlos de nuevo—, ¿cuándo han llegado? —preguntó.
—¿Qué los trae por aquí? —La voz de Darién era formal, no era que quisiera ser grosero con los jóvenes, les estaba tremendamente agradecido por la ayuda que le habían brindado a las chicas y sobre todo a Serena durante la pelea contra Galaxia, pero no podía evitar el sentir que el que aquellos tres hombres estuvieran ahí era símbolo de peligro y era mejor estar prevenidos si es que habían llegado a la Tierra huyendo de nuevo de un enemigo.
—Vacaciones —dijo Seiya—, queríamos saber cómo estaban yendo las cosas en la Tierra.
Taiki notó cómo tras las palabras de Seiya la postura rígida del príncipe se había perdido, y a pesar de que no había adoptado una postura relajada que dijera "bienvenidos", al menos parecía una postura que toleraba su visita.
—A las chicas les va a dar mucho gusto verlos —dijo Amy sin perder la sonrisa.
—Aparentemente hay muchas cosas de las que ponernos al corriente. —La intención de Taiki no era sonar como lo había hecho, pero no había podido evitarlo.
Tanto Yaten como Seiya ocultaron la sorpresa que su tono les había generado. Amy simplemente bajó la vista un momento antes de encararlo de nuevo, tenía que recordarse que casi todas las personas que la conocían a ella y a sus amigas sabían que Darién y Serena habían estado saliendo antes, que tenía que hacer frente a chismes y deducciones, y estaba empezando a creer que jamás se acostumbraría a ese tono entre sorprendido y decepcionado y viniendo de Taiki, a quien admiraba y respetaba por su inteligencia, por alguna extraña razón dolía aún más.
—Como saben pocas cosas en la vida se mantienen inalterables —dijo ella buscando la mano de Darién, era mejor pasar por aquella escena pronto, en ese momento el encuentro con aquellos hombres y antiguos aliados había dejado de parecerle agradable.
Darién había notado el cambio en la postura y en el tono de Amy, sabía que lo que esos chicos tuvieran que decir al respecto de su relación era poco o nada importante, al menos en lo que a el respectaba, sin embargo no podía dejar de reconocer que para las sailors ellos eran amigos y supuso que aquello sería otro de esos tragos amargos, como el que habían pasado la víspera de Navidad en el templo.
Seiya no pudo evitar entrecerrar los ojos al mirar de cerca las manos unidas de aquellas dos personas, sentía una necesidad apremiante de ver a Serena y saber cómo todo eso la había afectado, recordaba la manera en que hablaba de "su Darién" y el completo amor que sentía por él, no creía que esos años hubieran hecho algo para que el amor se esfumara. De pronto estaba más que seguro que no había sido su deseo de ver a Serena lo que lo había hecho sentir que le llamaba, estaba seguro de que ella le había llamado cuando todo eso había pasado pero, ¿cuánto tiempo hacía de eso?
—Disculparás que nos parezca un poco chocante, pero los tres fuimos testigos de la idolatría de Conejo por el hombre aquí presente, verlo de tu mano es… bueno, un poco más que una sorpresa —dijo Yaten mirando las manos entrelazadas de la pareja.
Amy supuso que aquello era cierto, los tres, pero sobretodo Seiya, habían sido testigos de lo mucho que Serena quería a Darién y de lo mal que lo había pasado en aquella época, sin embargo las cosas ahora eran diferentes. Y ella debía recordarse que había luchado con uñas y dientes para no quererlo, que a pesar de lo que todos pensaban, ella no era la bruja del cuento.
Darién no pudo evitar el sentimiento que aquella frase, "la idolatría de Conejo", había despertado en él, no era una especie de ogro sin sentimientos y era completamente consciente de lo que él había significado para Serena. ¿Quién mejor que él para saber lo mucho que Serena lo quería? Sin embargo, no estaba dispuesto a dejarse juzgar por nadie más que no fuera Serena, por lo que inmediatamente adoptó un gesto duro, haciéndoles saber a aquellos chicos que era un tema que no toleraría discutir en su presencia.
Amy tenía otra opinión.
—Serena y Darién decidieron dar por terminada la relación —dijo intentando que su voz sonara lo más estable posible, había estado dando el mismo discurso a todos lo que los miraban, pero no estaba segura de que Serena no fuera a contarle, al menos a Seiya, verdaderamente cómo habían pasado las cosas, se encontró de pronto deseando que ellos no lo supieran—. Él y yo comenzamos a salir hace tres meses.
Darién mantuvo la expresión, no estaba de acuerdo en que Amy siguiera justificándose frente a ellos, ya hablaría después con ella, ahora simplemente apretó la mano de la joven, esperando ser capaz de trasmitir confianza, él estaba ahí para apoyarla.
Taiki no pudo entender cómo era que Serena había permitido eso, ¿cómo había dejado libre al príncipe? ¿No podía haber esperado a que él estuviera ahí y pudiera pelear por el amor de Amy? Yaten y Seiya intercambiaron una mirada de incredulidad, pero no preguntaron más.
Lo hecho, hecho estaba.
X – X – X
Mina se limpió el sudor de la frente mientras escuchaba al director de cámaras dar nuevas instrucciones, imaginaba que grabar una película o un drama para tv era más o menos lo mismo, repetir desde diversos ángulos hasta el agotamiento.
Sin embargo, y a pesar de lo agotada que se sentía, estaba contenta. Si bien aquella solo era una participación en un video de uno de los grupos de moda, había logrado cantar algo del estribillo y esperaba que aquello terminara de impulsar su naciente carrera como cantante.
Rei y Lita la esperaban en la sala de espera de la casa productora, habían esperado el tiempo que les pareció prudente antes de abandonar la plaza y dirigirse a la productora donde sabían Mina se encontraba. La misma Mina les había dicho que aquel era el último día de grabación, así que la estaban esperando para ir a festejar porque ese fuera el primero de los muchos trabajos de la sailor del amor.
Mina llevaba el cabello húmedo debido al sudor, una sudadera rosa y unos pants del mismo color, junto con una sonrisa completamente radiante, su atuendo nada tenía que ver con el elegante y sexy vestido que llevara en la grabación, pero realmente no aguantaría los tacones un momento más y lo único en lo que podía pensar era en una taza de chocolate caliente y un sueño reparador. Desde siempre había sabido que la carrera a la que quería dedicar su vida era demandante y no tenía derecho a quejarse por agotamiento, sobre todo cuando le faltaba mucho para llegar a ser lo que ella quería.
Se sentía muy egoísta por estar feliz de que sus sueños comenzaran a tomar forma, cuando los de Serena se habían desbaratado; Mina no era ninguna tonta y había estado consciente de que aun cuando Serena no esperaba sacrificio de su parte, ellas no iban a poder dedicarse a su sueño si tenían que ser las guardianas de Tokio de Cristal.
Y el hecho de sentirse tan libre la hacía sentir la peor de las amigas, Darién era el príncipe de la Tierra, con su matrimonio se convertía en Rey y se encargaría de la Tierra. Y ellas… ellas a pesar de saber que nunca dejarían a la Tierra desprotegida, ya no tenían que vivir por ella.
Era egoísta y lo sabía, pero no era capaz de evitar el alivio que sentía, ni de sentirse culpable cuando miraba a Serena; Minako sentía que más que perdiendo, Serena había ganado la libertad de vivir su vida ahora sí como ella quisiera. Solo esperaba que su amiga se diera cuenta de eso pronto.
Sonrió al observar a Rei y Lita esperándola, sin poder hacer nada por aquella dolorosa punzada de realidad que le decía que así eran ahora las cosas, que Serena y Amy estaban evitándose entre sí y que por un tiempo, Mina esperaba con todas sus ganas que no muy largo, solo eran ellas tres.
—¡Felicidades! —dijeron Rei y Lita al mismo tiempo
Mina corrió a su encuentro abrazándolas con fuerza, y se prometió mentalmente que siempre estaría ahí para sus amigas sin importar lo que pasara, que no permitiría que el grupo que eran actualmente se disolviera, que ella siempre tendría un momento para ellas.
X – X – X
Serena observó su reloj de pulsera, si salía en ese momento de su departamento sabía que seguramente no encontraría a sus amigas en la plaza comercial, pero era casi seguro que pudiera alcanzarlas en la productora.
Se quedó mirando el avanzar del segundero, mientras decidía qué era lo que tenía que hacer, no pensaba decirles nada de sus planes hasta que ya fuera imposible seguir callando, no tenía pensando regresar a Tokio hasta estar segura de que había olvidado a Darién por completo, y no tenía idea de cuánto tiempo le tomaría. No sabía si podía dominar en algún momento aquellas extrañas emociones que se apoderaban de su cuerpo sin que ella les diera permiso.
Era como estar en guerra con una parte de sí misma, una parte que no quería resignarse a lo que había pasado, que no solo necesitaba enfrentar a la pareja, sino que quería lastimarlos de la misma manera en que la habían lastimado. No sabía cómo lidiar con todo eso, ya que nunca había sentido algo parecido.
Ni siquiera cuando Beryl había hecho que ella luchara contra Endymion o cuando Neherenia le quitó una a una las personas que más quería y las encerró en aquellos odiosos espejos; necesitaba encontrarse de nuevo, necesitaba encontrar una manera de ser feliz con esas nuevas circunstancias, a pesar de que esa parte de sí misma le dijera que nunca podría, que si no era con Darién jamás lo lograría.
Negó con la cabeza y se dispuso a tomar su bolso, salir de su departamento y vestirse con su mejor sonrisa, no iba a permitir que su tristeza y amargura le echaran a perder los últimos días con sus amigas. No iba a permitir que Darién le quitara todo.
X – X – X
Darién, observaba a los jóvenes por el retrovisor de su automóvil al tiempo que intentaba discernir lo que sentía por ellos. No le gustaba la manera en que lo miraban, pero una parte de sí mismo le decía que era más a causa de su propia consciencia que de la mirada real de los chicos, excepto tal vez por esos ojos azules que lo miran como si quisieran fulminarlo.
No le extrañaba, de lo que Serena y las propias chicas le habían contado, aquellos jovencitos habían creado un vinculo importante con Serena, él mismo recordaba cómo aquel joven había coqueteado con ella frente a él, como si no estuviera presente. Claro que Serena no parecía saber lo que el chico le había querido decir; por una parte estaba molesto ante el recuerdo, por otra pensaba que tal vez su llegada era lo que Serena necesitaba para de alguna manera superar lo que había pasado.
Serena se resignó a su suerte cuando al bajar del taxi se dio cuenta de que el coche de Darién estaba aparcando cerca de la productora; por unos segundos pensó que lo mejor era dar media vuelta, que realmente no tenía la fuerza suficiente como para hacer frente a la "feliz pareja", pero entonces miró a las personas que estaban bajando del automóvil y no lo piensó. Cuando se dio cuenta su cuerpo ya se había lanzado hacia delante, atravesando imprudentemente la calle y abrazándose a la persona que había estado llamando durante todo ese tiempo.
—Estás aquí, estás aquí.
Repitió sin ser consciente, escondiendo el rostro y las lágrimas en el pecho del hombre, apretándolo contra sí con todas sus fuerzas, lo había necesitado tanto. Y realmente no podía creer que estuviera de nuevo con ella.
Seiya la abrazó de vuelta con fuerza, con desesperación. Una muda disculpa por haber tardado tanto en llegar, por no haberse dado cuenta de que ella lo necesitaba con aquella urgencia. Algo dentro le dolió al sentir la manera en que los dedos de ella se clavaban en su piel y vio toda la desesperación que el llanto dejó salir.
Yaten miró la escena frente a él con ojo crítico, no se necesitaba ser un gran investigador para saber que aquel "decidieron terminar su relación" fue solo una verdad a medias, podía sentirlo en el llanto de Conejo, y no pudo evitar rodar los ojos ante aquella muestra de debilidad. ¿Y entonces si no te querían debías derrumbarte? Quiso sacudir a la joven, decirle que no era el fin del mundo y que si estaba actuando de esa patética manera entonces no era de extrañar que no la quisieran, y que incluso se debería sentir afortunada, porque al menos durante un tiempo su amor había sido correspondido.
Taiki no pudo evitar apretar los puños a sus costados con más fuerza de la necesaria, con tanta que las uñas se le estaban enterrando en las palmas, estaba seguro de que cuando abriera sus puños sus dedos estarían adoloridos, pero no le importaba. Durante todo ese tiempo había sentido pena por Seiya, por tener que ver a la princesa de la Luna felizmente enamorada y posiblemente casada. Y ahora, ella estaba en los brazos de su hermano y si Seiya jugaba bien sus cartas, podía al final de todo quedarse con la chica mientras que él se quedaba con un simple sueño que no había llegado a ningún lado.
¿Qué era una simple estrella fugaz comparada con el príncipe de la Tierra?
Mina, Lita y Rei se detuvieron fuera de la productora ante la imagen que las recibió, una parte de ellas completamente llenas de alegría por ver a sus amigos luego de esos años, la otra sintiendo angustia al escuchar el llanto de Serena. Serena no les había permitido ver su dolor, se había mantenido de alguna manera lejana, sin dejar que ninguna de ellas intentara darle un poco de consuelo, y ahora estaba ahí, balbuceando cosas que no llegaban a entender, demostrando lo que todas ellas sabían, Serena estaba sufriendo mucho más de lo que les había permitido ver.
Darién observó la escena sin saber qué era lo correcto, una parte de él, la que siempre había salido en defensa de Serena, sentía la necesidad de apartar al joven de ella, abrazarla y ofrecerle el consuelo que necesitaba, sabía que su sentir era incorrecto y que lo único que haría comportándose de esa manera sería herir aún más a su exnovia. La otra parte simplemente quería entrar en su automóvil y perderse en la carretera sin preocuparse nunca más por lo que le pasara a Serena Tsukino. Amy decidió por él cuando lo tomó de la mano y lo llevó de regreso al automóvil.
—Es mejor dejarlos —le dijo y Darién supo por el tono de su voz que aquella escena a ella la había lastimado mucho más.
—Ya tendrás oportunidad de ponerte al día con ellos —respondió.
Amy simplemente asintió con lentitud, sin perder de vista la escena que habían dejado en la acera y sin poder evitar sentirse molesta con Serena, ¿no podía ser feliz por todo y no robar el protagonismo de un reencuentro por una vez en su vida?
Taiki observó su partida con más amargura de la que nunca había sentido antes, y se permitió por un momento clavar sus pupilas llenas de furia en la figura que en ese momento se acurrucaba en los brazos de Seiya, la envidia no era un sentimiento con el que estuviera familiarizado, pero ahí estaba invadiendo todo su cuerpo, deseando tener la oportunidad que ahora se le presentaba a Seiya y que a él se le había negado. Era egoísta y lo sabía, pero no podía evitar el sentimiento, las ganas que tenía de tomar a la princesa de la Luna por los hombros y obligarla a luchar, a recuperar al príncipe.
Como si escuchara los pensamientos de Taiki, Seiya abrazó a Serena con más fuerza y le susurró palabras de consuelo al oído, prometiéndole en silencio su incondicional apoyo, prometiéndose a sí mismo, no soltarla hasta que el corazón de ella hubiera sanado por completo.
No pensaba abandonarla jamás.
Nota de la autora:
Ahora sí, ya están en la tierra todos los personajes ahora sí, que comience el drama.
Gracias a todos por su apoyo en especial a: Sady0329, seshyiak, Tanita Love, Natalia Kido, Black Lady, Amynaoko, Paola Kaiou, Yelitza, Keisa, Sailor angel7, silver moonlight-81, cecilia. Y los que se han pasado y dedican su tiempo a leerme sin dejar constancia.
De verdad mil gracias, sin ustedes "Dices que te olvidaré" jamás habría sido lo que es.
