Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Capitulo Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn. Eres la mejor.
Capitulo 3.
Al subir a su coche, Edward ya no quería pensar más en el día espantoso que acababa de tener, afortunadamente se había deshecho de la insoportable mujer, y finalmente su vida seguiría su curso, manejó tranquilamente hasta su oficina, al tomar su saco de la parte de atrás del asiento, resopló con disgusto al ver el pequeño bolso blanco olvidado en un rincón.
«Por supuesto, los problemas con esa chica nunca terminan», pensó con fastidio. Sin embargo, no puedo evitar sonreír, mientras la curiosidad tocaba su puerta, abrió lentamente el bolso encontrando un libro de bolsillo, y el arma del crimen, el labial rosa con el que había pintado su coche, sacudió suavemente la cabeza mientras observaba el labial, pero le llamó más la atención su cartera, abriéndola lentamente recordó sus palabras…
—Esto es probablemente un error sobre la beca. ¿Puedo saber tu nombre?
—No, no puedes saber mi nombre, porque no mereces saber mi nombre.
Cerrando la cartera, suspiró y la guardó en el bolso, respetar su decisión era lo menos que podía hacer después de haberle cancelado la beca. Rodó los ojos al notar que su celular también había sido olvidado, así que juntó todas sus partencias y bajó del coche con ellas en la mano.
X – X – X – X – X
—Bella, ¿por qué andas esposando a extraños? —Le recriminó Rosalie—. ¿Y si te demanda?
Bella suspiró cansada, mientras continuaba masajeándose la muñeca.
—No sé, perdí el control —respondió fastidiada—, que agradezca que solo le puse unas esposas. ¡Además, es un hombre muy desagradable, está obsesionado con el control! Quería darle una lección.
—Intentando darle una lección, terminaste tomando el curso de cómo pasar un día completo con Edward Cullen —se burló Leah.
Angela y Rosalie empezaron a reír mientras Bella las observaba con el ceño fruncido.
—Es cierto —asintió Rosalie—. ¿Y cómo fue tu día?
—¿Cómo crees que estuvo? Fue horrible, por supuesto.
—Es muy lindo —comentó Rosalie, sus ojos azules brillando. Bella abrió la boca para protestar, pero Angela ya se encontraba saltando.
—Chica alta —le dijo a Rosalie—, estoy contigo, cuando lo vi, sentí que muchos corazones empezaron a brotar de mi. Es un hombre muy guapo.
Rosalie asintió de acuerdo, mientras chocaba los cinco con Angela, Leah a su lado no podía dejar de sonreír
—¡No esperaba que fuera tan guapo! —chilló Rosalie.
—¿Viste sus ojos? —Angela suspiró
—Ojos, estatura, físico… —Rosalie no podía ni siquiera decidir qué era lo más hermoso, mientras Bella las miraba con cara de asco.
—… y además ese cabello color cobrizo —añadió Angela.
—¡Chicas! —exclamó Bella, con ojos molestos—. ¿Qué están diciendo? ¡No sean tontas!
Angela la miró arrepentida, pero pronto el arrepentimiento se transformó en enojo.
—¡Nos tenias muy preocupadas, Bella! —La señaló con su dedo acusador—. Te llamamos muchas veces y no contestabas. Si no fuera por la aplicación instalada en tu celular, nunca te habríamos encontrado.
Bella se llevó una mano a la cabeza, mientras gemía.
—¡Celular! ¡Mi celular! —Pisoteo con fuerza el piso mientras se mordía el labio—. ¡Mi celular y mi bolso se quedaron en su coche! ¿Qué pasa si Jake me llamó?
—Por supuesto que te llamó Jake —bufó Rosalie—, él es nuestro mayor problema.
Angela le hizo señas para que no siguiera hablando.
—Entonces tenemos que ir a Art Life, ¿eh? —preguntó Leah levantando la vista de su celular.
—¡Nunca más haré cosas impulsivas! ¡Nunca! —juró Bella. Se giró y empezó a caminar en la dirección opuesta seguida de Leah.
—Ella definitivamente volverá a actuar impulsivamente —le susurró entre risitas Angela a Rosalie.
X – X – X – X – X
—Hermano, ¿Quién es esta chica? —Preguntó Jasper—. ¿Por qué no le llamas?
Edward, cruzado de brazos, no dejaba de pensar en una solución.
—Ella me odia —contestó.
—¡Caramba! ¿Por qué te odia? —Jasper sin duda estaba asombrado.
—Buena pregunta, lo sabremos en un momento —asintió Edward, mientras cogía su teléfono—. Bree, ¿puedes decirle al Sr. Newton que prepare un informe presupuestario y que venga a mi oficina?
Mientras Edward esperaba la llegada del Sr. Newton, su teléfono sonó.
—Sr. Edward–habló la recepcionista—, hay una mujer aquí que quiere verlo, pero no quiere dar su nombre. Dice que usted la conoce.
—¿No quiere dar su nombre? —Preguntó Edward, levantando una ceja—. Sí, la conozco. Dile que espere cinco minutos.
—Está bien, Sr. Edward.
La puerta de la oficina se abrió con un pequeño golpe de anticipación, al ver entrar al Sr. Newton Jasper sintió pena por él.
—Sr. Edward —murmuró mientras lo observaba con cierto miedo reflejado en sus ojos
—Michael, entra y toma asiento —respondió Edward señalando el sillón frente al escritorio donde se encontraba recargado con los brazos cruzados.
—Michael, hemos cancelado becas en el extranjero —afirmó Edward con tono tranquilo, como la calma antes de la tormenta—, ya no las pagamos. ¿Tú lo hiciste?
—Sí —asintió Michael. Jasper que fingía revisar unos planos sentado a un lado de Michael, sentía la peligrosa tensión en la oficina.
—¿Por qué? —preguntó Edward, con aquellos ojos verdes mirando fijamente a Michael.
—Nos pidió que limitáramos algunos gastos en el presupuesto…
—¿Qué gastos solicité limitar?
—Gastos innecesarios —contestó Michael encogiéndose de hombros. Jasper a su lado negó con incredulidad ante su respuesta.
—Gastos innecesarios —asintió Edward—. Es decir, alquileres de coches innecesarios, viajes innecesarios, papelería innecesaria… Esos son gastos innecesarios, Michael. ¡NO LAS BECAS!
Jasper al escuchar el tono de voz de Edward subir, dejó los planos en la mesa y empezó a levantarse rápidamente.
—Sí, las escuelas están fuera de mi alcance, por lo tanto, yo…
—Jasper, siéntate por favor —murmuró Edward, Jasper lo miró con cierta renuencia, pero tomó asiento otra vez.
—No lo pensé —susurró Michael, mirándolo con arrepentimiento.
Edward asintió, apretando los labios.
—¿Qué quieres decir con que no lo pensaste, Michael? ¡¿Cómo puedes tomar esa decisión sin consultármelo?! —exclamó Edward, sus ojos verdes ahora destellando y las puntas de sus orejas rojizas.
X – X – X – X – X
Definitivamente habían transcurrido más de cinco minutos, Bella estaba dando vueltas por la sala mientras sacudía la cabeza con molestia. Rosalie, Leah y Angela vieron el momento exacto en el que la paciencia de Bella se fracturó.
—Mira —comentó Rosalie tocando el hombro de Angela—, volverá a actuar impulsivamente.
Bella se dirigió a la recepción, con paso firme y decidido.
—Dijiste cinco minutos —exclamó—, pasaron cinco minutos, no puedo esperarlo más, voy a pasar.
Bella se alejó rápidamente, pasando la recepción y dejando de fondo las quejas de sus amigas, observó todo a su alrededor, mirando unas escaleras decidió subirlas sin saber a dónde ir exactamente, al llegar a la parte superior reconoció a la asistente de Edward y se acercó a ella.
—Disculpa —Bree levantó la vista al escuchar su voz y sonrió.
—¡Ah! ¡Hola! —asintió.
—Hmm… ¿Dónde está la oficina del Sr. Cullen? —preguntó Bella sonriendo.
—Deja que te ayude —asintió Bree, colocándose las gafas y levantándose de su silla—. Él está justo del lado opuesto.
Bella se giró observando la puerta que al parecer era de la oficina de Edward Cullen.
—¿No te habían despedido hoy en el parque? —preguntó Bella señalando a Bree, mientras la miraba con confusión.
—Sí, me despidieron —contestó riendo—. Pero en nuestra empresa, incluso si te despiden sigues trabajando, hasta que llegue el nuevo asistente. Y también debo enseñarle a esa persona todo lo que sé… Oh, es cierto, el Sr. Edward dice que no sé nada, pero no importa.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro —asintió Bree.
—Esto es personal —murmuró Bella. Los ojos de Bree brillaron
—¡Por supuesto!
—Aparentemente a las dos no nos gusta mucho Edward Cullen —Bree miró por todos lados antes de suspirar y mirar a Bella que continuó hablando—. ¿Tienes alguna sugerencia de, por ejemplo, que es lo que más le molesta? Escucha, entraré a su oficina por cinco minutos y me iré. Lo haré enojar y eso es todo.
—¿Hacerlo enojar? Es muy fácil, el Sr. Edward se enoja por todo, ni siquiera tienes que esforzarte.
—No, no, no así —susurró Bella con las manos levantadas frente a ella—. Mira, piensa en esto: quiero decirle algo, que se asiente en su alma, que no pueda soportarlo, que se ponga nervioso.
—Oh, no no —murmuró Bree sonriendo—. Nunca lograras ponerlo nervioso. Nunca. Él es como de acero. Es inteligente, disciplinado, duerme menos, trabaja mucho, piensa demasiado.
Bella miró abatida sus pies, suspirando.
—Pero…–murmuró Bree entrecerrando los ojos—, tienes que señalarle un error —susurró—, nunca lo encontrarás. Pero,si lo encuentras, simplemente lo destruirás. Se fijará en eso, porque está obsesionado con eso, él es muy obsesivo.
Bella sonrió con triunfo, la evidente victoria brillando en sus ojos.
—Dices que encuentre su error —afirmó Bella.
—Pero no lo encontrarás —se burló suavemente Bree, riendo.
X – X – X – X – X
Jasper y Edward se encontraban en una suave discusión cuando tocaron la puerta.
—¡Adelante!
La puerta se abrió y Edward se quedó congelado en su lugar viendo como detrás de Bree se encontraba parada aquella morena que le había arruinado todo su día. Jasper se giró mirando boquiabierto la escena frente a él.
—Michael —habló Edward, sin apartar la vista de la chica—, continuemos más tarde.
Michael se levantó saliendo rápidamente, mientras Jasper incomodo se levantó después de él.
—Bueno… yo también me voy.
Bella suspiró, mirando a Edward, sin saber cómo romper la mirada, rápidamente sus ojos vagaron por toda la oficina, pero al regresar a Edward este aun la seguía observando.
—Mi bolsa se quedó en tu coche —murmuró Bella, mientras se mordía suavemente el labio inferior.
—Sí —asintió Edward levantando levemente las cejas. Inclinándose por el bolso blanco que estaba sobre la mesa frente a él, se lo entregó a Bella—. Por cierto, por lo que le hiciste hoy a mi coche, tu pintura de labios se quedará conmigo.
Edward levantó su mano, mostrándole su labial con una sonrisa torcida.
—Y tengo mucha curiosidad —comentó—: ¿Qué ibas a escribir?
Bella sonrió con burla.
—Lo dejo a tu imaginación.
Se colgó su bolso, y se dio la vuelta buscando la salida. Antes de poder llegar a la puerta escucho la voz de Edward retumbar detrás de ella.
—No cancelé tu beca. Mi CEO la canceló, me acabo de enterar, es decir, esto no fue mi error.
Bella se giró rápidamente, levantando una ceja.
—¿Esto no fue tu error? —exclamó.
—No afirmó Edward con fuerza —arruinar la vida de un estudiante, el primero de un grupo en ganar una beca, no es para nada mi estilo.
—¿Has corrido a tu CEO? —preguntó Bella, cruzándose de brazos.
—¿Porqué?
—Curiosidad. ¿Despediste a tu CEO por este gran error?
—¿Quieres que lo despida? —cuestionó Edward con incredulidad.
—¡Por culpa de tu error, ahora mi vida está arruinada! —gruñó Bella, señalándolo con un dedo, para este punto, tan solo medio metro de distancia los separaba—. Mi vida ha dado un vuelco, no sé si lo puedes entender. ¡Quiero que alguien salga y acepte que cometió error! ¡Eso es todo!
—¿Quién? —Gritó Edward—. ¿Mi CEO ahora debe venir y pedirte perdón?
—Aquí solo veo a una persona cometiendo errores, y ese es Edward Cullen. Si Edward Cullen no es consciente del error de su CEO, significa entonces que es error de Edward Cullen. Incluso si él lo sabe, esto es un error de Edward Cullen.
Edward no hacia otra cosa más que mirarla con los brazos cruzados, con una sonrisa tensa adornando sus labios.
—¿Tienes la autoridad para auto-despedirte por este error a cambio de mi futuro perdido? —lo retó Bella mirándolo fijamente. Edward no pudo responder ante eso—. Esa es la respuesta que yo esperaba —murmuró, la observó girarse con rabia y empezar a caminar hacia la puerta dando pasos apresurados con sus largas piernas.
—Si quieres, aun puedo devolverte tu beca —exclamó antes de que ella pudiera salir de la oficina. Bella se detuvo y se volvió a girar, esta vez riendo con incredulidad.
—¿Eso es todo? Entonces, me devuelves mi beca y mi vida volverá a la normalidad en un instante. ¡Qué fácil crees que es todo!
Bella lo observó con desprecio un segundo antes de terminar de hablar.
—¡No quiero! ¡No quiero nada de ti! —se giró rápidamente y salió por la puerta. Edward tardó un segundo en reaccionar antes de apretar la mandíbula y seguirla.
Bella iba bajando apresuradamente las escaleras cuando escuchó la voz de Edward retumbar detrás de ella.
—¿Siempre eres tan orgullosa? ¡Entiendo cuanto deseas graduarte! —exclamó Edward mientras seguía bajando las escaleras rápidamente tras ella.
—Llamé muchas veces, envié correos electrónicos, llegué a tu puerta —gritó Bella, llegando al piso inferior sin percatarse que había personas que los observaba desde sus escritorios—. Les dije: "¡Seré expulsada de mi universidad, por favor no cancelen mi beca!" ¡Ni una sola una persona me escuchó! ¿Cómo estoy segura de que eso no volverá a suceder? ¿Cómo se puede culpar el orgullo de una persona después de esto? ¡Quédatelo!
Edward tenia la mandíbula apretada, y las manos fuertemente colocadas en sus caderas mientras la observaba girarse y seguir alejándose. Sacudiendo la cabeza, volvió a seguirla rápidamente.
—¡Espera un minuto! —susurró acercándose a ella, notando que todos en la oficina lo observaban detrás de las paredes de cristal—. ¡Espera, espera!
Edward la tomó del brazo antes de que siguiera caminando. Bella se giró mirándolo enfadada.
—Escucha… —pero antes de poder continuar vio a Alice salir de su oficina mirándolo sorprendida y con disgusto. Colocó con frustración las manos sobre su cadera—… escucha, te garantizo que no habrá problemas ¿De acuerdo? ¿Qué dices?
Bella no podía más que observarlo con los labios entreabiertos.
—Lo mejor que podemos hacer —continuo Edward— es empezar de cero, me pedirás disculpas por lo que hiciste hoy…
—¡¿Qué?! —gritó Bella mirándolo estupefacta—. Perdón, ¿pedirte disculpas? ¡¿Soy yo quien debería disculparse?!
Edward apretó los dientes y la miró sin decir nada.
—¡Está bien! —Bella levantó las manos con redención y los ojos llameantes—. ¡Te pido disculpas!
—De acuerdo —asintió Edward.
—Pero aquí, frente a todo tu equipo vas a admitir que todo lo que pasó hoy fue tu error —exclamó señalándolo con el dedo acusadoramente.
—¡Yo no me equivoqué! —gritó Edward, el color claro de sus ojos verdes furiosos chocando con el oscuro color café llameantes de Bella.
—¡Entonces no me disculpo!
—¡Mira, mira! Estás realmente loca.
—¡Y tú eres un robot insensible que no acepta sus errores!
—¡¿Robot?! —gritó Edward mirándola sorprendido.
—¡Robot! —afirmó Bella. Percatándose en ese momento que lo separaban escasos 20 cm de distancia, dándose cuenta que en el calor de la pelea se habían acercado tanto si querer.
La tensión en la oficina en ese momento era capaz de cortarse con un cuchillo, Bella se giró y salió rápidamente chocando con Jasper en el camino a recepción. Todos miraban asombrados la escena y Edward solo se encontraba parado en el mismo lugar sin moverse.
Empezaron los suaves susurros.
—¿Escuché todo bien?
—¿Esa chica acaba de enfrentar a Edward Cullen?
—¡Esa chica, sea cual sea su nombre, es mi ídolo ahora!
Edward reaccionó en ese momento, mirando fijamente a todos empezaron a dispersarse rápidamente.
—¡Vamos, entren! —Alice los apuró, saliendo del trance aun sorprendida ante lo que había presenciado, Alice seguía mirando estupefacta a Edward, quien sintiendo la impotencia aun recorrer todo su cuerpo, sin decir una palabra se giró y subió rápidamente las escaleras directo a su oficina.
X – X – X – X – X
—¡Edward Cullen! ¡Si tan solo cayera en mis manos ese tal Edward Cullen! —gruñó Maggie, mientras las chicas la miraban sorprendida, no era muy común ver a la tía Maggie enfadada—. ¿Por qué fuiste a esa conferencia? ¡No piensas en lo absoluto, Bella!
—Tía, ya me olvidé de esa conversación —susurró abatida, mientras pasaba inconscientemente la mano por la marca rojiza de las esposas en su muñeca.
—Además, no venimos aquí para esas charlas —añadió Leah, mirando con simpatía a Bella—, somos tu familia y no dejaremos de apoyarte.
Angela y Rosalie asintieron rápidamente, mientras se fundían las cuatro en un abrazo. Maggie las miraba de lejos con una sonrisa, la amistad de sus chicas sin duda era algo muy especial.
—Me voy a casa —anunció la tía Maggie en cuanto las escuchó cuchichear en silencio—, traje comida, ahí está en la cocina.
—Gracias, tía —sonrió Bella parándose rápidamente para despedirla—. Y gracias por la comida. No vemos mañana.
—Buenas noches y recuerda, Bella, la vida es corta, no sigas pensando en cosas tristes.
—Buenas noches, tía —asintió Bella, mientras la tía Maggie salía de la terraza.
—Bee —murmuró Angela en cuanto Bella cerró la puerta—, mañana tengo un trabajo como azafata.
—¿Sí? —contestó, sonriendo mientras Angela se paraba frente a ella, con ojos suplicantes.
—¿Podrías ir por mí? —Antes de que Bella pudiera abrir la boca, Ange se encontraba ya suplicando con las manos juntas frente a la cara de Bella—. Por favor, por favor, por favor, por favor.
—Iría, pero mañana me voy a reunir con Jake… —Bella la miró abatida y con pena—. De lo contrario iría, en serio.
—¡Eres la mejor amiga del mundo! —Canturreó Angela ahora sonriendo y dando saltitos por la terraza—. ¡Te quiero mucho, gracias!
—Dije que no iría, voy a salir con Jake —susurró Bella mirándola con confusión, Angela frunció el ceño y se alejó con un puchero. Entonces pasó a suplicarle a Leah y a Rose, pero ninguna podía cubrirla, bueno, con Leah no se contaba ya que definitivamente el perfil no encajaría en lo absoluto.
—¿Hola, Jake? —contestó Bella su teléfono con una enorme sonrisa en el rostro.
—¿Nos podemos ver?
—¿Ahora? —exclamó sorprendida Bella—. Claro, claro, nos vemos
Colgó el celular con una sonrisa de oreja a oreja, mientras sus amigas la miraban en silencio sin decir nada. Bella abrió su bolso para guardar su celular y frunciendo el ceño, sacó una caja de plástico que definitivamente no había guardado ahí.
—¿Qué es esto? —les preguntó mostrándoles el objeto—. ¿Cómo llegó esto aquí? ¿Ustedes compraron esto?
—Yo no lo compré —murmuraron Rosalie y Leah al mismo tiempo.
—Yo tampoco —negó Ange.
—¿Entonces quién…? ¡Oh, no! —exclamó, cerrando los ojos con disgusto.
—¡Sí! —chilló Ange al mismo tiempo que Leah negaba con la cabeza incrédula.
—¡Mira! Humillaste tanto a ese hombre, lo lastimaste y él te compro un botiquín de primeros auxilios —los ojos verdes azulados de Rosalie brillaban con ternura.
—¡No solo es guapo, sino también es romántico!
—Es moralista y arrogante, Ange —respondió Bella, rodando los ojos y guardando la caja—. ¡Me voy, nos vemos!
X – X – X – X – X
Edward se encontraba en la terraza de su oficina, sin duda era difícil poder sacarse de la mente todos los sucesos acontecidos durante el día, riendo para sus adentros tomó en sus manos las esposas que descansaban en la mesa.
—Me dijeron que estarías aquí —saludó Lauren, entrando a la terraza mientras miraba a Edward con una sonrisa, sus ojos azules satisfechos de verlo con las esposas de su invitación en la mano.
—Vaya, estás en la oficina a estas horas de la noche. Me sorprendiste —contestó Edward, olvidándose de las esposas en sus manos.
—¿Por qué? ¿No soy la publicista de esta empresa? —cuestionó Lauren, mientras se acomodaba su cabello rubio a un lado.
—Tienes un compromiso mañana —puntualizó Edward, levantando una ceja—, pensé que no querrías estar aquí esta noche. Esposas —murmuró mientras agitaba su mano, mostrándoselas. Levantó una ceja en su dirección—. Demasiado ambicioso.
—Fue idea de Emmett —respondió Lauren, encogiéndose de hombros.
—¿Cuál? ¿Las esposas o el compromiso? Porque, al parecer, Emmett tiene muchas ideas. Pero estoy segura que la mayoría está influenciada por su amistad cercana con Riley Biers.
Lauren empezó a reír
—¿Ese es tu problema? Trabajo. Competencia. Riley. Te digo que me acabo de comprometer y esa es tu respuesta.
—Los que hacen lo que quieren hacer sin preguntar, generalmente no escuchan lo que quieren escuchar, Lauren.
—Déjame decirte algo, Edward —respondió acercándose—, al menos uno de nosotros hizo algo. Él ha tomado una decisión. No se detuvo a esperar. No fingió que el tiempo no fluía, que la vida no pasaba.
Edward asintió ante sus palabras, con las manos metidas en su pantalón de vestir. A Lauren le molestaba esa tranquilidad.
—¿Y entonces? ¿Vendrás al compromiso?
—Si estás segura que el compromiso se va a llegar a cabo, puedes estar segura de que iré.
—Emmett es un buen hombre, Edward —contestó Lauren, rodando los ojos—. Un mar sin olas, no como tú.
Edward le dedicó una sonrisa torcida
—Ya sabes cómo soy, realmente no me gustan los festejos. Pero no te preocupes, nunca faltaría al tuyo.
Lauren asintió, dándole un beso en la mejilla, se despidió. Edward la observó irse en silencio, sin inmutarse.
X – X – X – X – X
—¿Jake? —preguntó Bella, observándolo sentado en el parque sonreírle al celular.
—¿Bella? —preguntó, cerrando rápidamente su celular y mirándola—. ¡Bienvenida!
Se levantó rápidamente y Bella se acercó para darle un beso en los labios, pero se congeló en el momento en el que Jake evadió el beso dándole un abrazo y beso en la mejilla.
—De hecho, eres bienvenido —contestó Bella, mirándolo con confusión mientras él le apretaba con cariño las mejillas—. ¿Cómo estás?
—¡Muy bien! El vuelo se retrasó un poco. ¿Tu como estas?
—Muy bien, estaba un poco triste porque no podríamos vernos hoy, pero es bueno que hayas llamado —Bella jamás espero un reencuentro tan incómodo—. Te ves muy bien. Estas muy emocionado y feliz.
—Estoy bien, Italia me ha hecho muy bien. Estoy emocionado —contestó sonriendo, señalando el camino—. ¿Vamos?
—Han pasado meses desde que no nos vemos —comentó Bella, aun sonriendo, no sabía qué hacer sus manos, en otro tiempo, el ya estaría tomándole la mano con cariño—. Me tomé tres días libres en el trabajo para verte.
—¿Ahora llamas a la floristería un lugar de trabajo?
—Trabajo ahí la mayor parte del tiempo —susurró Bella con timidez—. ¿Cómo debo decirle? ¿Pasatiempo?
—No, no lo sé, Bella. No te graduaste de la universidad, eso me molesta.
—No lo abandoné, Jake —murmuró ahora con un semblante serio—. Puede que no me haya graduado de la universidad, pero volveré a tomar los exámenes para la universidad estatal.
—¿Eso sería comenzar los 4 años? —preguntó con desdén.
—¿Qué puedo hacer, Jake? Ir a Italia es mi sueño, y para lograrlo haré todo lo posible, lo haré. Además, puedes regresar, como dices que no hay trabajo. ¿Qué pasa si lo hacemos juntos? ¿Cómo lo habíamos planeado?
Jake suspiró incomodo, mirando a todos lados mientras se cruzaba de brazos frente a Bella. Decidieron entonces sentarse a hablar, pasados veinte minutos Jake aun no podía dejar de hablar de lo maravilloso que era Italia.
—No podremos vernos mañana, Bella —comentó Jake, mientras Bella lo miraba casi con horror.
—¿Por qué?
—Por asuntos familiares, muy privados.
—¿Desde cuándo los asuntos de tu familia se volvieron personales? ¿Estás bien? —Jake la miró, preocupado—. No, de verdad, ¿estás bien? Porque desde que nos encontramos estas actuando de manera extraña. Algo está mal contigo.
—No. Bueno, hay un tema importante que quiero hablar contigo, pero ahora no es el momento.
–Bueno —asintió Bella—. ¡Mira! Hay una mujer ahí sentada sola que no me ha quitado la mirada de encima desde que llegamos. ¿La conozco? No, no lo creo. ¡Mira, ni siquiera aparta la mirada!
—Mejor nos vamos, ¿qué te parece? —preguntó Jake, riendo nerviosamente.
—Bueno —asintió Bella—. Nos vemos pasado mañana.
Jake la rodeo con sus brazos en un abrazo de despedida.
—Nos vemos.
Bella, confundida más que nunca en su vida, se despidió y se marchó a su casa, sabía que algo no andaba bien, no quería creerlo, pero lo sabía.
Al llegar a casa, Bella encontró a Ange arreglándose y pintándose las uñas.
—¿Por qué te arreglas el cabello? —Preguntó Bella sonriendo—. ¿Habrá una fiesta después de la tienda mañana?
—No, no iré a la tienda —murmuró abatida Ange—. No puedo llamar para pedir permiso, así que supongo que me van a despedir. Tengo el otro trabajo como azafata y la paga es muy buena, si no voy no me vuelven a llamar.
Bella suspiró, antes de mirarla con una sonrisa
—Vale, iré por ti. De todos modos, no veré a Jake.
—¡Bee! ¿En serio? ¡Solo te faltan alas! —gritó feliz Ange, mientras la miraba sonriendo.
—Dijiste que era fácil, así que dime los detalles. Probablemente pueda hacerlo sin problemas.
—No, nada complicado. Los llamaré de último momento para que no encuentren un reemplazo.
Al día siguiente, Angela se encontraba gritando afuera de la habitación de Bella.
—¡Falda negra, camisa blanca, tacones y cabello recogido! ¿De acuerdo?
—¡Vale, de acuerdo!
—El cliente parece ser una mujer. Le puedes ofrecer ensalada de frutas, té con jazmín, simplemente no hables, ella ama la paz.
—No tenía falda negra–murmuró Bella mientras salía con un vestido negro ajustado a su cuerpo que la abrazaba como una segunda piel, este tenía una abertura que le llegaba un poco más arriba de la mitad del muslo—, simplemente me pondré una pequeña camisa blanca sobre el vestido. ¿Ves?
—¡Por supuesto! —Sonrió Ange—. ¡Te ves muy bonita!
Bella agitó sonriente la coleta alta que se había realizado levantando todo su rizado cabello y dejando unos mechones sueltos en la parte delantera para complementar su peinado. Se colocó rápidamente unos tacones de aguja altos color negro.
X – X – X – X – X
Como cualquier mañana para Edward, esta no podía más que empezar con trabajo, sentado en la cómoda sala despejada de su casa con el portátil enfrente y Sirius, su fiel amigo canino a un lado de él.
—Jasper, te voy a decir algo —contestó por teléfono—, la mujer de ayer en la oficina… que estaba en el hotel, y luego llegó a la oficina.
—Sí. ¿Qué hay de ella?
—Averigua su nombre, dirección, teléfono.
—¿Para qué? —preguntó Jasper, sorprendido.
—Me llamó la atención.
—Sí —se burló Jasper—, es una chica muy bonita.
—Me preocupa el tema de la beca, Jasper —murmuró entre dientes Edward—. Es sobre la beca.
—Bien, bien. La voy a encontrar, no te preocupes. Te informaré cuando la encuentre.
—Muy bien.
Edward decidió que era momento de desayunar con sus padres. Al llegar a la mesa en el jardín, ambos ya lo estaban esperando, apenas fue capaz de tomar un poco de jugo antes de que su madre empezara con la inquisición.
—Edward —susurró suavemente—, Lauren no nos invitó al compromiso, ¿sabes?
—Sí —asintió—, solo vendrá un círculo muy pequeño de amigos.
—Hmmm… —Esme lo miró con sospecha y el Sr. Anthony con evidente sorpresa—. ¿Tu irás?
—Sí —asintió.
—¡Acaban de romper! —Exclamó Esme— ¿Dónde encontró a ese tal Emmett?
—Es bueno que vayas —asintió el Sr. Anthony apartando la mirada de su portátil—, Lauren es socia del Holding, y podrán haber terminado su relación sentimental pero la laboral continua.
—Si estuvieran casados, administrarían la empresa muy bien los dos juntos —comentó Esme, ajustando suavemente su sedoso y reluciente cabello cobrizo, pero a diferencia que el de Edward, este era mucho más oscuro.
—Mamá —advirtió Edward, mirándola de reojo.
—¡Está bien, me callaré! —levanto las manos, y fingió cerrar con llave sus labios—. Acabamos de perder a nuestra novia ideal para ti, es todo lo que quería decir —añadió rápidamente ante la mirada de fastidio de Edward.
—Fue un gran error que terminaran —añadió el Sr. Anthony asintiendo suavemente—. Siempre digo que un error conduce a otros errores.
Edward con los labios apretados, claramente aburrido de la charla de sus padres, decidió entonces retirarse de la mesa sin apenas haber tocado sus alimentos.
X – X – X – X – X
Para fortuna de Bella, el trabajo se veía bastante sencillo conforme la mujer le iba explicando todo lo que habría que hacer. Bella no podía dejar de admirar el enorme avión privado con una gran sonrisa en sus labios.
Una vez iniciado el vuelvo, soltó el cinturón de seguridad y se levanto del asiento ubicado en la pequeña cabina para azafatas, lista para cumplir su tarea. Preparó eficazmente un poco de fruta, se vio al espejo arreglando todo correctamente y entonces caminó sonriente con la bandeja.
Sucedió tal cual ocurre en las películas, en ese momento sintió su corazón detenerse pero su sangre corría salvajemente por sus venas, justo antes de poder extender la mano para colocar la bandeja, se dio cuenta que no era nada más y nada menos que Edward Cullen, sentado leyendo tranquilamente un periódico.
«¡Edward Cullen!».Gritó internamente Bella. No sabía si darse la vuelta y esconderse, o quizá tirarle la bandeja de la fruta en la cabeza. Suspirando y tomando valor del aire que fluía a su alrededor, Bella extendió rápidamente la mano, aun escondida detrás del asiento de Edward, y colocó la bandeja con el tazón de frutas y se alejó corriendo.
«¡No puede ser él, no puede ser él!», Bella cerró con fuerza los ojos al llegar rápidamente a la cabina de azafatas y se sentó respirando entrecortadamente.
Edward no hizo más que observar con el ceño fruncido el tazón de frutas, que contenía una fuerte cantidad de fresas mezclada con lo demás. También se sorprendió ante el poco trato de la azafata, usualmente se quedaban para ver que más requería.
—¿Disculpa? —preguntó en voz alta, mirando detrás de él a las cortinas que se movían ubicando a la persona dentro de la cabina—. ¿Disculpa? —volvió a repetir, ahora un poco molesto.
Bella cerró rápidamente la suave cortina blanca, para su propia desgracia, empezó a observar todo borroso, su respiración se encontraba más errática que segundos antes, cerró fuertemente los ojos al escuchar la voz de Edward más cerca ahora, a escasos centímetros de ella.
Escuchó con fuerza como la cortina se abría de un tirón, al mismo tiempo que un bufido cargado de incredulidad salía de la boca de Edward.
—¿Esto es una broma? —exclamó, mirándola furioso—. ¿Qué estás haciendo aquí?
SURPRISEEEE.
¿Qué les ha parecido? OMG. Parece que el destino no deja de unir a este par.
Y por si se lo preguntan, el próximo capitulo está de infarto, y nuestra querida Annie lo sabe muy bien. Privilegios de ser la mejor beta.
Vale, que el grupo del fic está en proceso, y en nada les invitamos a unirse.
Por favor, dejen su review :c me encanta leerlas. Ahora no tengo mucho que decir, pero Annie y yo estamos trabajando duramente en darles el mejor contenido que podamos. :') Lo único que pedimos a cambio es su apoyo, que compartan la historia.
Görüşürüz! 3
Con cariño, América.
