Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beta & Colaboradora: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn. ¡Gracias por todo!


Capitulo 5.

El único sonido que había era el de las cámaras al dispar cinco veces por segundo, Edward y Bella no hicieron otra cosa más que mirar a su alrededor, notando finalmente los rostros familiares de amigos que los observaban sorprendidos.

—Ven conmigo —finalmente Edward salió del trance inducido por Bella, la tomó de la mano mientras el sonido de las cámaras continuaba disparando frenéticamente hacia ellos.

Atravesaron rápidamente a toda la multitud, Bella pudo escuchar vagamente a sus amigas hablarle e intentar saber que estaba pasando, pero Edward no se detuvo en ningún momento ni soltó su mano.

—¿Qué acaba de pasar? —cuestionó Alice, estupefacta mirando a Jasper. Lauren a su lado no dejaba de observar el lugar donde habían desaparecido ambos tomados fuertemente de la mano—. ¿A dónde fue Edward? ¿A dónde se fue esa chica?

—¡Jasper, sube al escenario e intenta arreglar esto! —Gritó Lauren en voz baja—. ¡Responde las preguntas, haz algo! ¡Lo que sea, ve, ve!

—Amo a esta empresa —murmuró Diego sonriéndole a Bree.

Mientras Jasper subió al escenario a intentar suavizar los aires, Edward y Bella entraron rápidamente al hotel.

—¿Bella? —Jake, que en ese momento iba saliendo de ahí con Renata. Los miró se detuvo abruptamente y Edward a su lado se tensó.

—¿Jake? —preguntó levantando una ceja con arrogancia al tiempo que una pequeña sonrisa se formaba en sus labios, asintiendo susurró—. Renata.

Edward bufó enfadado, mirándola.

—¿Edward? —murmuró Jake admirado mientras este solo le devolvió la mirada fastidiado. Jake dio un último vistazo a sus manos unidas, y finalmente murmuró—. Hasta luego, Bella.

Renata le sonrió con altanería y ambos se alejaron.

—¡Suelta mi mano! —gruñó Bella, sacudiéndose el toque de Edward.

—¿Quién era él? —exigió levantando una ceja y mirando fijamente a Bella. Ella respiró con fuerza, y a regañadientes respondió, claramente furiosa.

—Mi novio.

—¿Disculpa? —exclamó Edward, frunciendo los labios.

—Ex. Ex novio —aclaró poniendo los ojos en blanco con los brazos cruzados.

—Bien —asintió—. ¿Me vas a explicar ahora lo que pasó allá afuera?

—Lo siento —respondió Bella, sin poder explicar sus acciones.

—¡Ah! ¿Así que solo te disculpas, no es cierto?

—¿Qué más puedo hacer? —cuestionó Bella—. Sucedió de repente. Algo me pasó en ese momento y bueno… ocurrió lo demás.

—¿Eres consciente de la manera en la que acabas de humillarme? —exclamó Edward, señalándose a sí mismo—. Durante la presentación de un proyecto internacional, frente a mi cliente, la empresa, mi equipo.

Bella frunció el ceño, y levantó un dedo en su dirección acusadoramente.

—¡Fue por tu culpa, tu empezaste este juego! —Edward se agarró el puente de la nariz, molesto—. Si no hubieras dicho anoche que era tu prometida…

—Tenemos que irnos —ordenó Edward interrumpiéndola, mientras caminaba apresuradamente hacia la salida, Bella lo agarró del brazo.

—¿A dónde vas? Te estoy hablando…

—Tenemos que irnos —dijo Edward entre dientes.

—…además, no voy a ir a ningún lado contigo —finalizó Bella, retándolo con la mirada a contradecirlo.

—Si tú lo dices —asintió, alejándose de ella rápidamente. Fue en ese momento cuando supo la prisa de Edward por huir de ese lugar, los periodistas pronto la localizaron y una mirada de reconocimiento la hizo empezó a correr tras Edward.

X – X – X

—Mira… lo mejor que puedo hacer es desaparecer por unos días —sugirió Bella, mientras observaba a Edward manejar por las concurridas calles de Estambul—. De mi casa a la floristería, de la floristería a mi casa. ¡No lo sé! ¿Qué piensas?

Edward suspiró, y detuvo su coche abruptamente.

—Hagámoslo de esta manera —ordenó Edward, mirándola fijamente—: los periodistas van a descubrir todo sobre ti, ¿de acuerdo? Así que te llevaré a casa, no hablaras con nadie, no se lo dirás a nadie, ni siquiera a tus amigas. Vas a cerrar todas tus redes sociales —Bella lo miraba angustiada y acelerada—, y a las ocho de la noche vendrás a mi oficina.

—No.

—Mira, ya hemos hablado de esto. Llevaremos a cabo un contrato. Dentro de dos meses, Lauren se va a casar, así que vas a fingir ser mi novia ese tiempo.

—¡Te dije que no! ¿No te acuerdas? —gritó Bella, enojada.

—Te daré tu beca a cambio —exclamó Edward alzando la voz, mientras la miraba enfadado.

—No quiero tu dinero ni nada —empezó a quitarse el cinturón de seguridad mientras lo miraba—. Y ya sabes lo que voy a decir. ¡No quiero volver a ver tu cara! —gritó Bella mientras se bajaba del coche.

Edward se bajó detrás de ella.

—Oye, mírame. ¡Ya estoy cansado de tus estúpidas decisiones! ¿Está claro?

Bella se detuvo y se enfrento a la creciente furia de Edward Cullen, que palabra tras palabra no dejaba de apuntarle con el dedo.

—¿Sabes qué? Tengo ganas de demandarte por millones de dólares, y te verás obligada a trabajar para mí toda tu vida —sus ojos verdes ardían con furia mientras la observaba.

—Qué mala persona eres —Bella lo miró sorprendida.

—Ahora mismo, no le puedo explicar nada a la prensa sobre esto, así que vas a fingir ser mi novia. Esto pasó por tu culpa, me humillaste, así que serás responsable de todo esto —La vena de la frente de Edward resaltaba con su furia, al igual que su color pálido pasó a ser rojo a causa de la ira.

—¡Te pedí perdón! ¿Qué más quieres de mí? —gritó Bella, mirándolo a los ojos.

—Vas a venir a mi oficina a las ocho de la noche —ordenó Edward, aun sin poder controlar el volumen de voz.

—¡Te odio, Edward Cullen!

—¡Nuestros sentimientos son mutuos, señorita!

Bella jadeó enfadada y se alejó de él rápidamente, mientras Edward subía a su coche enfadado y sin dejar de observarla se marchó.

X – X – X

Bella llegó a su casa entrando sigilosamente, solo de pensar en enfrentar a su tía su corazón se aceleraba de los nervios… escuchó el ruido de una puerta en el piso inferior y corrió rápidamente a las escaleras, escondiéndose detrás de la pared.

La tía Maggie iba saliendo, justo en el momento en el que Angela iba entrando a la casa, mascullando sobre lo que ocurrió en la conferencia. Notó rápidamente a Bella, tratando de esconderse detrás de la pared de las escaleras; inmediatamente, Bella le hizo señas de negación y Ange observó a la tía Maggie en shock.

—¿Qué hizo Bella? —Preguntó Maggie, mirándola con sospecha.

—¿Qué hizo Bella? ¿Qué hizo, que dijo, que pasó? ¿Dónde está Bella?

—No lo sé, niña —dijo la tía Maggie mirándola con confusión—, probablemente en la floristería.

—Sí —aseguró rápidamente—, probablemente en la floristería… o en alguna otra parte.

—Ay, Ange. ¿No puedes hablar bien, hija mía? —preguntó, mientras salía de la casa con el ceño fruncido, Ange empezó a reír con la risa cargada de nervios—. Juro que algún día me volverán loca todas ustedes.

Ange cerró rápidamente la puerta detrás de ella y miró a Bella con la boca abierta.

—¡Oh por Dios, Bella! ¡Te has convertido en un fenómeno en las redes sociales! —gritó por lo bajo, mientras buscaba rápidamente en su celular.

—¡Ay, Ange! Estoy en muchísimos problemas —gimió, mientras se pasaba las manos por la cara. Bella abrió la boca y los ojos de par en par en cuanto Angela le puso el celular en la cara, mostrándole una foto de ella y Edward Cullen besándose en primera plana.

—¡Estás bromeado! —gritó en voz baja, mientras se tapaba la boca con las manos.

—Sí, estas en problemas —asintió Angela—. Te besaste frente a las cámaras con un hombre que no amas. Estoy esperando una explicación.

—¿Qué puedo decir? Lo besé, algo sucedió.

—Ay —suspiró Angela, mirándola con los ojos brillosos—. Tú también te enamoraste de lo guapo que es y lo besaste —pronto su semblante de puso serio—. Deberías haberlo besado cuando las cámaras estuvieran apagadas.

—¡Ange! —exclamó Bella con seriedad. Justo en ese momento escucharon la voz de la tía Maggie afuera—. ¡No te atrevas! ¡No le vayas a decir nada!

Bella se escondió rápidamente detrás de la puerta mientras Angela se interpuso en la entrada, mirando fijamente a Maggie.

—¿Qué pasa? ¿Se te olvidó algo?

—Bella no fue a la floristería —murmuró Maggie frunciendo el ceño—. ¿Está adentro?

—Bella no está, no está en casa —Maggie aún la miraba con sospecha—. El clima está tan agradable, que ella decidió ir a caminar. Yo también saldré —murmuró atropelladamente Ange, mientras intentaba escapar del interrogatorio.

—¡Espera un minuto! ¿Qué me estás ocultando de Bella?

—No te podría ocultar nada a ti, de verdad.

—Bueno, está bien, entonces vamos a llamarle, a ver donde está Bella.

—Pero vamos a arruinar su estado de ánimo.

—No —murmuró Maggie, mientras buscaba su celular. Angela iba a empezar a protestar cuando sintió el peso de un objeto siendo colocado suavemente en su bolso, supo entonces que tal vez podrían salvarse de la tía Maggie. El celular de Bella comenzó a sonar.

—Ange, ¿por qué tienes el celular de Bella? Está sonando en tu bolso.

—Bueno… el celular de Bella… —empezó a reír, mientras sacaba el celular de la bolsa—, yo lo tengo…

—¿Por qué?

– ¡Por que nos peleamos! —Exclamó Angela abruptamente—. Nos peleamos, así que le quité el celular y me fui corriendo —explico. Bella, detrás de la puerta, hacía gestos de aprobación a la historia de su amiga—… ¡Corrí, corrí, corrí, corrí! Entonces vi un taxi, me subí y llegué a casa.

—¡Espera! ¿Por qué se pelearon?

—Bueno, es que le llamo demasiado. Y le envío muchos mensajes sin sentido. Resulta que ella ya se cansó de mí. Y le dije que ya no le iba a llamar y fue ahí cuando le quité su teléfono y me fui corriendo.

—Muy bien —asintió Maggie mirándola estupefacta—. Mi cabeza da vueltas con toda esta información —extendió la mano hacia Ange—. Ahora dame ese celular.

—Oh.

Angela ocultó rápidamente el celular detrás de su espalda.

—¡Ange! Dame ese celular —gruñó la tía Maggie mientras forzaba a Ange a soltar el celular de sus manos. Finalmente lo consiguió, bastante frustrada Maggie apretó el celular en las manos, mientras Ange la observaba irse con una sonrisa tensa.

—¡Oh, Bella! —exclamó Angela, cerrando la puerta detrás de ella—. Nunca le ocultas nada a tu tía. ¿Qué te está pasando?

—¡Se llevó mi celular! Ahora sabrá todo —gimió—. ¿Qué voy a hacer?

X – X – X

—Jasper, ¿Cómo es que no sabes quién es esta chica? —preguntó Lauren, mirándolo fijamente. A su lado Alice, lo observaba con los brazos cruzados.

—Jasper, mira, si sabes algo, por favor, ¿puedes decirnos? —murmuró Alice.

—Su primer nombre es Bella, y su apellido es Swan —susurró, encogiéndose de hombros—. No tengo otra información acerca de ella.

Bree empezó a carraspear discretamente, haciendo evidente que alguien se acercaba a su pequeño círculo.

—No quiero escuchar una sola palabra de ninguno de ustedes —Edward los miró fijamente a cada uno—. Bree, toma la lista de pendientes y ven a la sala de juntas.

—Está bien, Señor Edward —asintió Bree, mientras lo observaban alejarse de ellos.

—Ni siquiera me miren —murmuró Jasper, alejándose hacia su propia oficina.

—Admiro a este hombre, de verdad —asintió Diego—: él nunca mezcla el amor y el trabajo. Es como un superhéroe.

Lauren observó a Diego parpalotear a su lado.

—Diego —exclamó Alice con molestia—, ¿por qué estás todo el tiempo a lado de nosotras?

—Bueno… porque…

—¡Vete!—susurró Alice, haciendo correr rápidamente a Diego.

—Bree, cariño, yo llevaré el documento —Lauren extendió la mano tomando la carpeta, Bree asintió aliviada de no tener que enfrentar a Edward.

Entrando decidida a la sala de juntas donde se encontraba Edward, Lauren lo miró trabajar tranquilamente.

—¿Qué fue lo que pasó hoy, Edward? —preguntó Lauren, tirando el documento en la mesa frente a él. Este suspiró, y la miró fijamente.

—¿Con qué derecho preguntas esto, Lauren? —sus ojos azules llamearon—. Si lo haces como socio de la empresa, hoy en una reunión lo responderé. De lo contrario…

—Está bien —asintió Lauren, cruzándose de brazos—, pero, ¿eso cambiará tu respuesta? Quiero saberlo. ¿Quién, qué poder, que mujer puede hacer que Edward Cullen haga esto con un cliente tan importante?

—Me doy cuenta que esta curiosidad proviene del trabajo —Edward asintió pensativo, observándola con su cabeza recargada ligeramente en una de sus manos.

—Edward —los ojos azules de Lauren lo perforaron—, ¿Quién es esa mujer? ¿De verdad estás enamorado de ella?

—Lauren, si quieres hablar de trabajo, te escucharé. Y no es así…

—Y si no, entonces vete. Está bien —asintió apretando los labios con fuerza—. Después de la reunión, a pesar de todo lo sucedido, nos reunimos con el cliente y se fue satisfecho. Una de las cosas que llamó más la atención de la prensa fue que los clientes recogerán cestas de fruta de sus huertos por su propia cuenta.

—Perfecto. ¿Hay algo más que deba saber? —comentó Edward, claramente aburrido.

—Recientemente, muy a menudo, me hago esa misma pregunta.

—Entonces no —Edward asintió mientras enfocaba toda su atención en la computadora frente a él.

—No —negó Lauren claramente molesta ante la actitud despectiva de Edward.

—Gracias.

Lauren de giró y salió rápidamente de la oficina.

X – X – X

Eran las ocho en punto cuando Bella iba cruzando con paso firme y decidido la puerta que daba acceso al interior de Art Life Architecture. Todo estaba parcialmente oscuro y en silencio, el corazón de Bella retumbaba suavemente mientras caminaba hacia el único lugar iluminado dentro de la empresa, finalmente vio a Edward parado de espaldas a ella en la terraza.

Sintiendo su presencia, Edward se giró y la observó por un segundo antes de echarle un vistazo a su reloj en la muñeca.

—¿Quieres algo de tomar? —preguntó. Bella negó a suavemente aun mirándolo, él asintió mientras colocaba su propia bebida en el balcón, Bella se recargó sobre este mientras Edward se alejaba para servirle una bebida pese a su negación.

—Regla número uno —empezó, al mismo tiempo que ella suspiraba y cerraba los ojos—: Te comportaras como mi novia durante dos meses.

—¿Por qué? —exclamó Bella, mientras Edward caminaba hacia ella.

—¿Qué? ¿Cómo que por qué? —extendió su mano entregándole una copa de cristal.

—¿Por qué voy a fingir ser tu novia? —Cuestionó mientras colocaba la copa a un lado—. ¿Para separarlos?

—Sí.

—¿Y si no se separan?

—Se van a separar —afirmó Edward, mirándola mientras el aire soplaba suavemente.

¿Y si no se separan? —repitió Bella, acomodándose el cabello.

—No te preocupes, el contrato no se va a extender. En dos meses todo termina y ya no me volverás a ver.

—¿Y si ellos rompen antes de los dos meses?

—Cuanto antes se separen, más rápido terminará.

—¿Estás haciendo todo esto para que Lauren regrese contigo? —los ojos de Bella brillaban con curiosidad, mientras Edward suspiró, ignorando su pregunta.

—Cuando termine el contrato cubriré tus gastos universitarios. Tus boletos para el vuelo a Italia, gastos de manutención, todo eso lo pagaré.

Bella exhaló, mientras se alejaba de Edward dándole la espalda.

—No iré a Italia. No voy a ir —negó, tragando el nudo en su garganta, se giró para observarlo—. Es decir, no quiero tu dinero. De todos modos, no quiero nada de ti.

—¿Entonces qué quieres?

—Nada —Bella negó suavemente, sonriendo falsamente—. Como arruiné todo y te humillé, entonces arreglaré las cosas —Edward alzó la ceja con suspicacia— y así, ayudaré a una persona enamorada a reunirse con su amada. Dos meses pasarán volando, luego me iré y dejaré tu vida.

—No puede ser así, debe haber un beneficio para ambas partes en el contrato. Como fue culpa mía que no recibieras tu beca, gracias a mi volverá. El tema no está sujeto a discusión.

—Entonces dame un trabajo —sugirió Bella—. Trabajaré aquí estos dos meses.

—¿Sabes lo difícil que es conseguir un trabajo en mi empresa? —Edward alzó las cejas—. Además, ni siquiera te graduaste de la universidad.

—Gracias a ti no pude graduarme — Bella lo miró con furia. Edward asintió, apretando la mandíbula mientras la observaba recoger su bolso.—Como tú digas —continuo Bella—, puedes demandarme si quieres, y te pagaré con una compensación: ¡Trabajando para ti toda mi vida! ¡Buenas noches!

Bella empezó a caminar hacia la salida rápidamente, Edward la siguió.

—Espera…

Bella continuó caminando, pasando por la sala de juntas.

—¿Puedes esperar? —repitió Edward, Bella se detuvo abruptamente, suspirando. Edward señaló el asiento a un lado de ella—. Toma asiento —no se movió—, por favor.

Edward movió el asiento para que Bella se sentara, mientras esta coloco su bolso en la mesa con fastidio.

—Con un currículum como el tuyo, solo podrías trabajar como mi asistente —comentó Edward, mientras caminaba para sentarse en el extremo opuesto a Bella.

—Está bien, lo haré. Pero quiero agregar algo —Edward se inclinó hacia atrás en su asiento, esperando que continuara—: No me vas a ofender.

—¿Cómo?

—Eres una persona demasiado fría y despiadada. No me vas a ofender. No me humillarás en público. No me lastimarás.

—Continua —asintió Edward.

—Tú sigue —indicó Bella en su lugar, recargándose en la silla.

—Bueno —suspiró Edward, mientras se levantaba de su asiento metiendo las manos en las bolsas de su pantalón—. Regla numero dos: cuando quiera, ya sea de noche o durante el día, siempre estarás a mi lado. Dentro de la ciudad, o fuera de la ciudad —Edward se acercó lentamente a Bella—, estarás conmigo en eventos, y cuando te pida algo, no harás preguntas.

—¿Por qué? —preguntó, levantando una ceja y viéndolo desde abajo.

—¿Qué? ¿Por qué "qué"? —exclamó Edward frustrado, mirándola mientras colocaba las manos en el escritorio y se inclinaba frente a ella.

—¿Por qué no haré preguntas?

—Porque no me gustan las preguntas. ¡Y haces muchas preguntas! ¿Quieres agregar algo más?

—Lo hay —asintió Bella, mientras Edward apretaba los dientes—. Los sábados no trabajaré, no me reuniré contigo. Pase lo que pase, no me llamarás los sábados ni preguntarás donde estoy.

—Bien.

—Quiero agregar algo más.

—Estoy escuchando —murmuró Edward, mientras se erguía y observaba a Bella levantarse y pararse frente a él.

—No me tocarás.

Edward bufó con incredulidad, antes de responder.

—Tengo que agregar ese elemento esencial. Sobre todo, después de lo que sucedió hoy —acordó él.

—No me abrazarás, no vas a tomarme de la mano. Hasta que yo lo permita, no me puedes tocar —Bella se inclinó en el escritorio tomando la carpeta del contrato—. Regla número tres —continuó leyendo, mientras se alejaba de Edward, caminando hacia la terraza—: No le diré a nadie sobre nuestra relación y el contrato —Edward suspiró y la siguió, mientras Bella se recargaba en el balcón—, solo mi madre lo sabrá… ¡Es imposible! Este artículo no puede suceder. Esto… no puede ser, porque necesito contarle sobre esto a mí tía y mis amigas, no les oculto nada.

—No puedes decirle nada a nadie —negó Edward, acercándose a ella—, ni a tu familia, ni a tus amigos.

—¿Por qué? —Bella alzó la voz, mientras lo miraba fijamente. Edward rodó los ojos.

—¿Por qué haces demasiado esa pregunta?

—¿Por qué no puedo decirle a nadie? —volvió a cuestionar, aun sin entender sus razones.

—Porque los secretos se extienden muy rápidamente. Por lo tanto, si queremos mantener esto en secreto no le puedes decir a nadie.

—Saben muy bien cuanto te odio —explicó Bella—, ¿Cómo puedo convencerlas de que me comprometí contigo en un día?

—Di que fue un amor a primera vista —sugirió Edward.

—¿Amor a primera vista? —preguntó con incredulidad. Edward asintió en respuesta—. De todos modos, ¿por qué lo tiene que saber tu mamá?

—Eso es por tu propio bien —aclaró Edward—. Si cree que estamos realmente comprometidos, ella te va a destruir.

—Nadie puede destruirme —respondió, ladeando la cabeza mientras Edward sonreía con burla. Bella suspiró y se acomodó el cabello revoloteado por el aire—. Si no puedo decirle a nadie, entonces tú tampoco puedes. Así de fácil.

—Bien, pero te vas a arrepentir de esa decisión.

—Ya estoy lo suficientemente arrepentida de todo, especialmente ahora —replicó Bella, mientras Edward la observaba de una forma casi intensa. Bella suspiró, cansada—. ¿Por qué estás jugando a este juego? ¿Para qué? ¿Por qué no te paras frente a Lauren y le dices: "déjalo, y ven, quédate conmigo" o cosas así?

Edward la miró fijamente, jugueteando con un lapicero en sus manos.

—¿Tienes más preguntas?

Bella suspiró, y le arrebató el lapicero de las manos, mientras firmaba el contrato rápidamente, empujó la carpeta contra el pecho de Edward, este colocó delicadamente su mano sobre la suya tomando el contrato, Bella retiró su mano enseguida. Edward sonrió suavemente mientras la veía alejarse.

X – X – X

Bella trató de entrar a su casa sin hacer ruido, pero para su mala fortuna, su tía la estaba esperando en la cocina y tan pronto como llegó le habló.

—¿Estás haciendo un pastel en medio de la noche? —preguntó Bella, mientras se paraba en la entrada de la cocina, mirando a su tía batir unos huevos en un bol.

—¿Qué debería cocinar, chuletas? Sí, estoy haciendo un pastel.

Bella la miró con sospecha.

—¿Podrías pasarme el azúcar? —preguntó suavemente su tía, Bella asintió y se acercó a ayudarla—. ¿Cómo fue tu día?

Bella tragó el nudo de nervios que tenía atorado en su garganta.

—Tía, me comprometí.

Maggie, quien únicamente sabía que se había besado con Edward Cullen, intentaba sonreír y no llorar al mismo tiempo.

—Ah… Ah… ¡Estoy muy, muy, feliz por ti! —exclamó, mientras seguía batiendo rápidamente la mezcla en sus manos. Bella la miraba boquiabierta—. ¿Quién es este joven afortunado? ¿Quién?

—Edward Cullen —susurró Bella.

—¡Oh… Oh…! Te felicito mucho —asintió con exageración—. ¿Y ya lo sabe Jake?

—Jake y yo nos separamos —explicó Bella.

—Ah… tomaste la decisión correcta —Maggie siguió añadiendo ingredientes a su mezcla, sus manos temblando del estrés. Bella la miraba cada vez más preocupada al ver aquella calma tan alterada.

—¿No vas a decir nada? —preguntó suavemente Bella.

–¿Cómo te crié? ¡Debes tomar tus propias decisiones! ¡Tienes que ponerte de pie por tu cuenta! ¿De acuerdo? No dejes que nadie te presione, toma decisiones por ti misma.

Bella asintió, mirándola aun con preocupación.

—Eras muy pequeña, ¿te acuerdas? —susurró Maggie—, cuando insististe que irías en sandalias a la escuela, en pleno invierno. ¿Y te dije algo sobre eso?

—No, no lo hiciste —negó Bella—, dijiste que era mi elección.

—Así es —afirmó con vehemencia su tía—. ¿Y ahora esperas que me moralice? Te comprometiste, y solo me queda felicitarte.

—¿Eso es todo? —preguntó Bella, con los brazos cruzados.

—Eso es todo —asintió su tía, con una sonrisa tensa—. ¿Bella? Invita a Edward Cullen a cenar esta noche, ¿de acuerdo? Haré una comida especial. ¿Qué le gusta?

—Ni siquiera lo sé —respondió, encogiéndose hombros, mientras ajustaba el papel de hornear en el molde donde Maggie acababa de vaciar la mezcla para el pastel.

—Por supuesto que no lo sabes —sonrió su tía—, apenas lo conociste ayer.

—No, antier —corrigió Bella aun entretenida con el molde del pastel.

—Sí, bueno, antier —asintió Maggie—. Entonces, lo haré a mí gusto. Bien… las chicas te estuvieron esperando hasta tarde, pero ya se fueron. Ange ya está adentro durmiendo, no la despiertes.

—Bueno, la dejaré dormir —susurró Bella—. Tía, tengo algo más que decirte.

—Dime, mi alma.

—Empezaré a trabajar con Edward, quiero decir… ya no podré ir a la floristería.

—Oh —Maggie no se esperaba esa noticia, la decepción apoderándose de sus facciones—. Bueno.

—Entonces… Me iré a dormir —Bella jugueteo nerviosamente con sus manos—. Me llevaré mi celular.

—Claro, claro —asintió su tía, mientras Bella extendía la mano para agarrar el celular que estaba en la encimera de la cocina—. Ange lo tenía en su bolso.

—Buenas noches, tía.

—Buenas noches, mi alma —respondió Maggie.

Bella se retiró lentamente, conteniendo la respiración, aun esperando que se desatara alguna tormenta.

X – X – X

Edward iba llegando a su casa, cuando encontró a Sirius ladrándole enfadado a Stefan, que lo esperaba con un sobre en las manos.

—Bienvenido —dijo Stefan, con una sonrisa—. Todavía me sigue ladrando, nunca le gustaré.

Edward continuó observándolo, con las manos dentro de sus bolsillos.

—Como ya llegaste, entonces me iré —Edward asintió en respuesta con una pequeña sonrisa, Stefan extendió la mano—. Este archivo es para ti.

—¿Qué es? —preguntó, tomando el sobre. Stefan suspiró.

—Tu madre quería que buscara información sobre la Señorita Bella, respecto a su lugar de trabajo, lugar de residencia, y he incluido algunas fotos, preparé el mismo dossier para ti.

—Lo entiendo –asintió Edward, apretando los labios.

—Entonces, buenas noches —se despidió Stefan.

—Buenas noches —respondió, mientras tomaba asiento en el sillón cercano, abrió el sobre. Dentro se encontraban unas fotos de Bella y sus amigas, una foto de una Bella sonriente con los ojos brillantes y un birrete sobre su cabeza lo miraron, Edward sonrió suavemente.

Al otro lado de la ciudad, el corazón de Bella se oprimía mientras leía detenidamente el contrato que horas antes había firmado, era imposible para ella creer todo lo que había pasado en apenas un par de días, información y fotos de ella besando a Edward Cullen circulaba por todo internet y ahora tendría que fingir ser novia de alguien que detestaba.

X – X – X – X – X

Al día siguiente, Bella se encontraba desde temprano en la floristería, sintiéndose extrañamente esperanzada mientras terminaba la decoración de uno de sus ramos de flores. Si algo amaba Bella era aquella paz y tranquilidad que le brindaba el estar rodeada de flores en sus jardines.

—¡Buenos días! —corearon Ange, Leah y Rosalie mientras se acercaban a ella.

—Buenos días —susurró Bella, mirándolas confundida, siguió acomodando las flores pacientemente.

—¿Nos estás evitando? —cuestionó Angela, mientras Rose y Leah la miraban con sospecha.

—¿Qué están haciendo ustedes aquí? —replicó Bella—. No podía dormir. Y tenía pedidos, así que decidí hacerlos antes de ir a trabajar.

—¿Trabajar? —exclamó sorprendida Rosalie, mientras miraba a Leah y Ange con sorpresa, quienes estaban igual que ella—. ¿Dijiste trabajo? ¿Conseguiste un trabajo?

Bella suspiró, las observó y señaló una mesa en el jardín.

—Siéntense allá, se los contaré.

Las chicas tomaron asiento susurrando entre ellas, mientras Bella pensaba en la mejor manera de empezar con la mentira, se sentó frente a ellas mientras la observaban detenidamente.

—Sí… así que empecé a trabajar —empezó Bella, las tres asintieron rápidamente—. Trabajaré con Edward.

La sonrisa de las chicas se borró tan pronto Bella dejó ir las palabras. Leah a su lado parecía haberse quedado en pausa.

—¿Edward? ¿Edward Cullen? —preguntó Angela. Leah bufó, negándose a creer lo que escuchaba. Rosalie, sin embargo, se quedó callada.

—Chicas, Edward y yo estamos comprometidos —Rosalie empezó a toser, mientras que Leah y Angela la miraban boquiabiertas.

—Bella, cariño —susurró Ange, mientras extendía las manos para tomar entre las suyas las manos de Bella—, fue por lo que pasó en la graduación, ¿verdad? —Bella suspiró y se alejó de Ange—, porque tu beca fue cancelada, no pudiste terminar el último año y no fuiste a Italia, porque Jake ha estado muy distante contigo… Tienes demasiado estrés encima.

Leah y Rose asintieron rápidamente, mientras miraban con preocupación a Bella.

—Cariño, cierra la floristería y vamos al psicólogo —continuó Ange.

—Sí —asintió Rose.

—Estoy bien —exclamó Bella con una sonrisa—. De verdad, estoy muy bien. Nos comprometimos ayer.

—¡¿Estás loca?! —gritó Angela—. ¿Quién se compromete en un día? ¡¿Qué está pasando contigo?!

—Y, de todos modos —añadió Rosalie confundida—. ¿Por qué no sabíamos de tu compromiso?

—Decidimos eso entre nosotros ayer, después de besarnos —respondió Bella, sonriendo dulcemente.

—¿Te amenazó? —cuestionó enfadada Leah, asintiendo rápidamente—. Te amenazó, ¿verdad?

—¡No seas tonta! —bufó Bella—. ¿Amenazarme mí? De ninguna manera.

—Mírame, Bella —habló Rosalie, su semblante delicado serio—, si él te amenazó o algo así, sabes que toda mi familia tiene hasta siete abogados a tus pies, destruiremos a Edward Cullen.

—Lo sé, lo sé —asintió Bella rápidamente—. Cálmate, les explicaré… Todo empezó cuando Jake terminó conmigo.

—¡¿Terminó contigo ese imbécil?! —chilló Angela.

—¡Deberías haberlo dejado antes de que él te dejara a ti! —exclamó Leah enfadada—. ¡Ojo por ojo, diente por diente!

Rosalie y Angela asintieron con vehemencia ante las palabras de Leah, empezando a parlotear acerca de venganza.

—¡Basta, chicas! dijo Bella, mirándolas sorprendida. –esa parte no es tan importante. Como dije, cuando Jake me dejó… me volví loca, y entonces fui a besar a Edward. ¡Y en ese momento me pasó algo! ¡Un rayo estalló en mi cabeza o algo así!.. Fue muy agradable.

Angela empezó a sonreír tontamente.

—¿Qué era eso, exactamente como se sentía? —cuestionó Rose, mirándola con sospecha mientras su lado de abogada salía a la superficie.

—Como… Amor —respondió Bella, encogiéndose de hombros. Angela suspiró y Rose a su lado le lanzó una mirada de confusión—. Y Edward también piensa lo mismo. Ayer todo el día no pudimos separarnos.

—¡Aww, mi querida Bella! —suspiró Ange con ojos soñadores y la sonrisa tonta adornando sus labios—. Esto es como lo que dicen por ahí… que del odio nace el amor. Ahora te entiendo.

Bella asintió rápidamente, sonriendo.

—¡Ange! —dijo Leah, mirándola con seriedad—. El odio no da paso al amor, porque para empezar, no hay amor.

Rosalie asintió en apoyo a Leah.

—¡La niña dice que se enamoró! ¡Esto es amor! —defendió Ange, mientras señalaba a Bella.

—Sí, esto es amor —afirmó Bella—. ¿Por qué no podría ser?

—¡Amor, dices! —Bufó Rosalie—. ¡Algo me está pasando, me voy a enojar! —se ventiló suavemente con sus manos—. Ange, estamos hablando de algo serio, tienes que ser razonable.

—¡Entonces habla lógicamente, vamos!

—¿Dónde está tu anillo? —preguntó Leah, mirando sus manos con una ceja levantada. Bella abrió la boca sin decir nada por un momento.

—¡Oh! Todo sucedió inesperadamente, lo comprará más tarde. ¿Cómo iba a saberlo? —suspiró Bella, sonriendo—. ¿Quieren un poco de té? Tomemos un trago. ¡Steve! ¿Podrías traernos un poco de té?

A lo lejos, sin que las amigas se percataran, un taxi se estacionó. Lauren observó el lugar donde trabajaba la supuesta novia de Edward, sus ojos azules brillaron con curiosidad mientras la observaba platicar con sus amigas.

—Té fresco para ustedes —murmuró Steve, colocando las tazas frente a las chicas.

—Gracias–asintieron las cuatro, sonriendo.

Bella levantó su taza suavemente tomando un sorbo, Rosalie aclaró su garganta incómodamente.

—Mi querida Bella… No estarás haciendo esto para regresar a la universidad… —Bella la miró fijamente—... No lo harías. Lo sabemos, lo sabemos. Pero si no lo hiciste por eso… ¿Fue por dinero?… ¿Por qué?

—No digas tonterías. ¿Qué dinero? No me importa el dinero.

—¡Tienes una abuela muy rica! —afirmó Leah apresuradamente—. Tu tía puede pedirle dinero para tus estudios.

—¡Si! —animó Ange sonriendo—. Si quisieras, tu abuela podría comprarte un castillo en Italia.

—Totalmente de acuerdo —murmuró Rose.

—Mhmm… —musitó Bella, mientras jugueteaba distraídamente con su taza—. Prometieron que no hablarían de mi abuela, ni para pedirle nada…

—Bella, lo sentimos mucho —susurró rápidamente Rosalie—. ¡Pero también queremos ayudarte!

—Pero siempre están conmigo, las quiero muchísimo. ¿Eso no es suficiente? —preguntó Bella.

—También te queremos mucho —asintió Rosalie, haciendo un pequeño puchero mientras Angela miraba a Bella con ternura.

—¡Y ahora también amas a Edward Cullen! —Ange suspiró y la miró con ojos soñadores.

—Sí —Bella sonrío imitando la postura de Ange.

—Es como el príncipe de un cuento de hadas: romántico, rico, guapo. Y te ama. Ustedes son el uno para el otro.

—Me estoy volviendo loca en este momento —gimió Rosalie mirando a Leah—. ¿Qué está diciendo ella? Habla con lógica, Angela.

Ange rodó los ojos.

—¡Lo hiciste para poner celoso a Jake! —Leah señaló triunfante a Bella—. De lo contrario, ¿Por qué te habrías comprometido en un día? Querías poner celoso a Jake.

—Mira… Edward insistió mucho —Bella sonrió tontamente, cual adolescente enamorada—. No lo sé, parecía estar loco. Es muy cariñoso, sensual, romántico —Bella juntó sus manos junto a su pecho y suspiró—… Y entonces dijo: ¡Casémonos de inmediato! ¡Ahora mismo! —abrió los ojos fingiendo sorpresa—. Le dije que necesitaba reducir la velocidad, que primero nos comprometiéramos.

Rosalie y Leah la miraron con cara de póquer, mientras que Ange se encontraba saltando entre las nubes rodeadas de corazones.

—¿Qué? —exclamó Bella a la defensiva—. Esto pasa en las películas, van a Las Vegas, se casan y regresan en dos días. ¿Creen en eso, pero no me creen a mí?

—¡Yo te creo! –dijo Ange, extasiada, sonriendo de oreja a oreja.

—¡Les dije que es muy cariñoso y romántico!

—¿Edward Cullen es muy romántico? —repitió Leah, sin poder creérselo. Rosalie abrió ligeramente la boca, cuando vio el carro descapotable de Edward estacionarse a un lado en la calle, ocultando su sonrisa, observó a Bella sin decir nada.

—Él no es para nada lo que parece —explicó Bella con voz dulce—, ¿cómo te lo explico? Es un hombre muy atento y amable. Escucha, si lo conocieras, te gustaría.

Edward las observaba desde su coche, con las gafas oscuras puestas y una pequeña sonrisa tirando de sus labios.

—¿Nos encantaría conocerlo? —preguntó Rose con una sonrisa maliciosa—. ¡Entonces preséntanoslo, acaba de llegar! Veamos qué lindo, cariñoso y educado es.

Las tres se giraron al mismo tiempo, Angela con evidente felicidad, Leah con sorpresa y Bella lo miró en estado de shock.

—¡Ha llegado! —chilló Ange.

—¿Edward? —preguntó Bella confundida y con voz temblorosa.

—¡Vamos, vamos, tráelo! —animó Rosalie, sonriendo de par en par. Bella asintió nerviosa.

—Ya vengo —se levantó rápido de la mesa, corriendo a la salida, sus tacones repiqueteando suavemente contra el pavimento.

—¡Cuñado! —gritó Ange sonriendo, alzando su mano y saludando con euforia.

—¿Qué cuñado? —murmuró Leah, entre dientes.

Edward, sin embargo, se giró a verla mientras se reía suavemente. Su camisa polo negra contrastando con su piel blanca. Bella llegó rápidamente a la puerta del copiloto, sosteniendo su pequeño bolso azul con fuerza, lo miró con una sonrisa enorme producto de su nerviosismo.

—¿No nos presentarás, Bella? —preguntó Leah, mientras las tres miraban confundidas como su amiga se subía al coche.

—¡Vuelvo en un momento! —asintió Bella con una sonrisa. Se giró en seguida para mirar a Edward con cara de angustia—. Déjame presentarte a mis amigas. ¡Nos iremos de inmediato!

Edward la miró de reojo, antes de arrancar su coche con velocidad saliendo de ahí haciendo chillar las llantas mientras se alejaban dejando atrás a Angela, Leah y Rosalie sorprendidas, pero sin duda no mas sorprendidas que Lauren, que observó todo el intercambio desde el taxi donde se encontraba sentada mirando como realmente Edward había encontrado una novia y se había comprometido, Edward, quien nunca había puesto el mínimo esfuerzo en su relación y la había dejado marchitar pese a sus constantes intentos por salvar su relación. Sintió su corazón oprimirse en su pecho mientras el coche desapareció a lo lejos.


¡Merhaba! / ¡Hola!

NOTA IMPORTANTE: Annie y yo, hemos decidido actualizar los días jueves. El aviso completo se encuentra en el grupo de Facebook, el cual espero de verdad que puedan unirse. Se llama "La Estrella del Robot" el link esta en mi perfil. Pero igualmente se los dejo por aquí:

https /www facebook com/groups/511389629898448/?ref=share (Recuerden agregar los puntos y listo)

Quisiera agradecerles por sus comentarios en el capitulo anterior, de verdad que me llenan el corazón :') Espero que el capitulo de hoy les haya gustado y los esperamos en el grupo.

görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.