Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beta & Colaboradora: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn. ¡Gracias por todo!


Capitulo 6.

Bella observó a Edward manejar tranquilamente, mientras ella se colocaba el cinturón de seguridad.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, mirándolo con el ceño fruncido. Edward la miró rápidamente, antes de volver a mirar a la carretera.

—Acordamos que llegaríamos juntos a la oficina en las mañanas, según el contrato.

—Bueno, pero… ¿Cómo sabes dónde estaba la floristería? —cuestionó Bella mirándolo con incredulidad. Edward apretó la mandíbula y Bella levantó las manos sorprendida por su actitud hosca—. Está bien, está bien, no te haré más preguntas —Edward no pudo evitar sonreír levemente mientras Bella miraba molesta la carretera—. Pero una persona normal por lo menos saluda, o dice hola. Me hiciste quedar mal enfrente de las chicas, les dije que estábamos comprometidos.

—No sabía, la próxima vez saludaré —comentó Edward.

—Ajá… claro que sí, seguro —asintió Bella rodando los ojos— ¿Y entonces a dónde vamos? ¡Son las siete de la mañana!

—A mí casa.

—¿Disculpa?

—Si alguien te pregunta donde vivo, debes saberlo —explicó, mirándola de reojo, Bella bufó cerrando los ojos—. Tienes una flor en el pelo.

Bella intentó quitar la flor de su cabello, pero Edward extendió rápidamente la mano hacía ella.

—Espera, espera… —murmuró suavemente deslizando su mano sobre los suaves rizos color chocolate, Bella se quedó inmóvil y lo observó con sorpresa. Edward sostuvo la pequeña florecita entre sus dedos, mientras se la ofrecía a Bella.

—Quédatela. —respondió ella mientras se acomodaba el cabello. Edward suspiró; sin decir una palabra, bajó la mano aun con la flor en su mano, se miraron por un segundo antes de que Bella apartara la vista mientras rodaba los ojos.

La casa de Edward Cullen sin duda era enorme, para Bella, llamarla casa sería probablemente un chiste, era como una mansión o quizá una hacienda, estaba rodeada de vegetación y bellos arbustos finamente podados, tenían incluso una enorme piscina, Bella no dejaba de apreciar todo boquiabierta hasta que…

—¡¿Tienes caballos?! —exclamó, con los ojos iluminados mientras se detenía a mirar las caballerizas a unos cuantos metros de distancia.

—Sí —asintió Edward acercándose lentamente a ella.

—Eres la persona más afortunada del mundo, ¿sabes eso? —no podía dejar de sonreír emocionada de ver a lo lejos tales bellezas—. ¿Puedo ir a verlos?

—Tenemos prisa, la próxima vez puedes verlos. —masculló Edward, dándose la vuelta.

—Que malo eres —susurró Bella, mientras suspiraba y lo seguía a regañadientes. Caminaron unos cuantos metros aun más, pasando una casa despejada y bonita. Todo ahí era bonito y lujoso, pero agradable con el medio ambiente.

—Por aquí —señaló mientras seguía el camino que los dirigía a la siguiente casa, sin embargo, en lugar de seguir de largo Edward entró, y suspirando asintió en respuesta a la pregunta no formulada de Bella.

—Asombroso —susurró, admirando todo el lugar. La mayor parte de la estructura era de madera lujosa, en el centro de la casa el techo estaba despejado llenándolo así de iluminación natural, al fondo observaba lo que era la cocina mientras que a su izquierda estaba lo que parecía ser el interior de la casa.

—¿Qué?

—Es una casa tan cálida, no como tú —explicó Bella mientras seguía caminando. Edward sonrío en respuesta, mientras se quitaba las gafas.

—¿Quieres café?

—Sí. —Edward entró a la amplia cocina mientras Bella seguía mirando a su alrededor.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó, tomando unas tazas de debajo de la larga encimera que dividía la cocina del resto de la casa.

—¿Para qué preguntas? Antes del contrato, ya sabías todo sobre mí —Bella se acercó, sentándose en los taburetes mientras lo observaba preparar su café.

—¿Tienes hermanos? —respondió Edward.

—No. ¿Y tú?

—No. —Suspiró, antes de continuar con las preguntas—. ¿Padres?

—No. ¿Y tú tienes?

—¿Qué les paso a tus padres?

—No te concierne —susurró Bella, negando suavemente, mientras tomaba la taza de café frente a ella.

—Bien —asintió Edward, sintiendo la incomodidad de Bella—. ¿Tienes novio?

—Hasta ayer, tenía. Pero como te habrás dado cuenta, nos separamos —exclamó Bella con incredulidad—. ¿Tienes novia?

—¿Vives sola? —preguntó Edward, ignorando su pregunta anterior.

—No, vivo con mi amiga, se llama Angela.

—¿Quién te crió?

—Mi tía —respondió con una pequeña sonrisa malévola, bebido un sorbo de café—, quien, por cierto, hoy te está esperando para cenar.

—Dile que tengo cosas que hacer.

—No digas tonterías —Bella lo miró con el ceño fruncido—. ¿Qué podría ser más importante que tu novia? No me hagas esto, ya tengo muchos problemas.

Edward rodeo la encimera, deteniéndose frente a Bella.

—De acuerdo, tal vez pasaré a tomar un café.

—Eso es imposible —negó Bella—, porque mi tía ya está preparando la comida, comeremos lo tradicional de Mardin.*

—¿Mardin? —cuestionó Edward, con una ceja levantada mientras se sentaba en el taburete a lado de Bella.

—Soy de Mardin —respondió entrecerrando los ojos—. ¿No leíste la información sobre mí?

Edward suspiró, tomando su taza entre las manos.

—Lamentablemente, no como alimentos grasos y con alto contenido en colesterol.

—Entonces, comerás lechuga —sugirió Bella, restándole importancia, mientras lo miraba con una sonrisa torcida, Edward no pudo evitar devolverle la sonrisa, suspiró negando suavemente.

—¿Quieres dar un paseo por la casa?

—Sí, quiero —asintió Bella, aun mirándolo con altanería, empezó a caminar mientras Edward la observaba. Bella iba saliendo de la casa, cuando sus ojos se abrieron con sorpresa al ver ante ella un enorme perro negro, este comenzó a ladrarle, pero ella no hizo más que sonreír.

—¿Qué pasó, amigo? Espera —susurró Bella mirando al perro con las manos levantadas frente a ella—. Todo está bien. ¿Me estás ladrando? —le preguntó suavemente, mientras se acercaba a él, sin embargo, Edward llegó corriendo a donde estaba parada.

—Sirius —murmuró, tomando suavemente del brazo a Bella indicándole que no se acercara.

—¿Se llama Sirius? —preguntó, aun sonriendo. Ignorando la advertencia de Edward, Bella se agacho mirando más de cerca al perro—. Hola.

Sirius finalmente se había calmado y dejó que Bella le acariciara la cabeza suavemente, Edward se sentó en los escalones de la entrada de su casa. Mientras extendía la mano acariciando a su perro, Bella se sentó a su lado, mirando aun maravillada a Sirius.

—Siéntate, hijo —susurró Edward, mientras Sirius lo miraba atentamente, haciendo lo que Edward indicara—. Bien hecho —asintió, Bella siguió acariciando la cabeza suave y peluda de Sirius—. Realmente no le gustan los extraños.

—Tengo una buena relación con los perros —murmuró Bella, sonriendo miró a Edward—, porque crecí en un área donde había muchos de estos —explicó.

Estuvieron unos cuantos minutos más mimando a Sirius antes de que decidieran irse, mientras caminaban hacia la salida, el celular de Edward empezó a sonar.

—Es mi mamá, te pregunto una última vez… ¿Le digo la verdad o no?

—No, no le digas —negó Bella, cansada de que le volviera a preguntar lo mismo.

—Como quieras —asintió, mientras contestaba el celular—. ¿Mamá?

—Edward, ¿por qué no contestas mis llamadas, bebé? ¿Es verdad lo que escuché? ¿Quién es esa chica?

Bella no tuvo que esforzarse mucho para escuchar la conversación, parada a un lado de Edward, la voz alta y clara de su madre sobrepasaba la bocina.

—Es mi prometida, mamá —Bella lo miró con los ojos abiertos, mientras escuchaba la risa histérica del otro lado del celular.

—¿Qué prometida? ¿Con quién te comprometiste? ¿Estás comprometido con una florista cuando hay tantas opciones en tu vida? Podrías haber elegido a Lauren —Exclamó Esme, elevando la voz. Edward sonrió mirando a Bella mientras negaba suavemente—. ¡Mira nuestro árbol genealógico, Edward!

Bella se río sin poder evitarlo.

—¡Y luego mira a esa chica! ¡Te lo ruego! —continuó Esme, aun alterada. Bella rodó los ojos, antes de que se le helara la piel ante las siguientes palabras de su madre—. ¿Quién es esa chica parada a tu lado?

Edward sonrió, mientras observaba a los lejos a su imponente madre, mirándolos fijamente. Bella no hizo otra cosa más que mirarlo horrorizada.

—Mi prometida, mamá.

—¿Esa es tu mamá? —susurró Bella, Edward asintió aun sonriendo.

—Quiero conocerla ahora mismo. —exigió Esme. El corazón de Bella latía desbocado, mientras pinchaba salvajemente a Edward en las costillas.

—Bien, pero solo tenemos quince minutos.

Edward empezó a caminar hacia la primera casa que habían pasado cuando llegaron. Bella se rehusó rápidamente.

—¡Espera, espera! —gruñó mientras lo seguía—. ¿Puedes detenerte un momento? ¡No me dijiste que vivías con tu mamá!

Edward la ignoró, y siguió caminado.

—Escucha, por favor. ¿Podemos hablar? —Suplicó Bella, ansiosamente—. ¿No crees que es demasiado pronto?

—Ven.

—¡Es demasiado pronto! —insistió Bella entre dientes. Tan pronto como se acercaron a la casa, Bella empezó a sonreír nerviosa, definitivamente iba a suceder.

—Edward, Señorita Bella. Pasen, por favor —asintió en la entrada Stefan, dándoles la bienvenida.

—Madre —saludó Edward, sentándose en el sillón largo mirando fijamente a Esme, que se encontraba sentada en el sillón principal, sus elegantes rizos cobrizos no se movieron ni un milímetro mientras observaba a aquella chica pasar suavemente a su lado y sentarse junto a Edward.

Esme exhaló lentamente, cerrando los ojos. Bella le hizo señas discretas a Edward para que la presentara, pero este tan solo se encogió de hombros y le cedió la palabra a ella. Bella apretó los dientes antes de calmarse y suspirar.

—Hola, mucho gusto, me llamo Bella.

Esme cerró los ojos con más fuerza al escuchar la voz de aquella florista.

—Tenemos diez minutos, madre —comentó Edward. Esme abrió rápidamente los ojos y lo miró fijamente, ignorando la existencia de Bella.

—Edward, nunca voy a aceptar tu compromiso con esta chica.

—¿Disculpe? —preguntó Bella, mirando a la madre de Edward y después miró a este sonreír abiertamente.

—¡No lo tomes como algo personal! —exclamó Esme, sacudiendo su mano en su dirección, aun sin poder mirarla—. Nuestra familia, nuestras tradiciones, nuestros hábitos, nuestras costumbres… ¡Lo sabes todo muy bien, Edward!

—No hay nada que hacer, mamá. Nos hemos comprometido —respondió Edward, aun sonriendo. Esme lo miró boquiabierta y con una expresión de horror en sus facciones.

—¿Con una florista? —repitió Esme, señalándola despectivamente.

—Soy una diseñadora floral —se defendió Bella—, y sí, también trabajo en una floristería.

—Con una chica que no conocemos —continuo mientras seguía ignorándola y mirando a Edward.

—¿No me conoce? Le acabo de decir quién soy —Bella miró a Edward, quien solo las miraba divertido—. Soy Bella. Bella Swan.

—Y no tiene educación —murmuró Esme para sí misma, mientras extendía una mano intentando ocultar la presencia de Bella.

—No estoy sin educación, Señora… o algo así —exclamó Bella, pacientemente, Esme estremeció al escucharla hablar—. Estaba a punto de terminar mis estudios en Arquitectura Paisajista, pero gracias a su hijo todo eso se vio perdido.

Esme se levantó rápidamente sacudiendo su cabeza, sin soportar un segundo más el parloteo de la florista.

—¿Vas a decir algo? —le preguntó Bella a Edward, claramente molesta con la situación. Edward negó suavemente apretando los labios.

—Te lo dije—murmuró encogiéndose de hombros. Bella lo miró con furia.

—Ay —suspiró Esme, saliendo a tomar aire fresco mientras se apoyaba en Stefan—. Su manera de hablar, su comportamiento, su ropa, su cabello, su forma de caminar…

—¿Qué hay de malo en mi comportamiento? —exclamó Bella mirando a Esme ofendida, se levantó rápidamente del sillón y miró a Edward furiosa—. ¡Ya es suficiente! Está bien, habla. ¿Puedes decirle la verdad? —Edward ni se inmuto—. Señora, en realidad su hijo y yo no estamos comprometidos. ¡Puede relajarse, respire!

Esme se giró rápidamente. Stefan a su lado, los miraba asombrado.

—No estamos comprometidos —repitió Bella—, solo fingiremos estarlo durante dos meses. Eso es todo, hasta que Lauren se case.

—¿Cómo? —preguntó Esme, acercándose rápidamente a Edward—. ¿Hiciste esto para poner celosa a Lauren?

—Sí, así es. Hasta que se separen —asintió Bella rápidamente—. No soy su nuera, y no lo seré nunca. No se preocupe —tomó furiosa su bolso del mueble.

—Tu… ¿Todavía amas a Lauren? —Esme miraba ilusionada a Edward, sin embargo, este no le respondió. Se levantó rápidamente siguiendo a Bella.

Antes de salir por la puerta, Bella se giró y miró a la madre de Edward.

—Cambie de lugar estas orquídeas —murmuró, señalando el florero a un lado de la puerta de cristal—, se marchitarán aquí.

—Solo tú lo sabes, no le digas nada a mi padre —Comentó Edward mientras salía por la puerta, miró a Stefan—, lo mismo para ti.

Edward siguió rápidamente a Bella, que caminaba furiosa delante de él.

—¡Qué cobarde eres! ¿Te gustó la forma en la que tu madre me humilló, verdad?

—Te lo advertí.

—Casi me da un ataque al corazón por la ira —masculló Bella, pero este tema a Edward le interesó bastante.

—¿Tienes problemas cardiacos? —cuestionó, mirándola fijamente. Bella se giró, observándolo con incredulidad.

—Es solo un decir, significa que pasé por mucho estrés.

—Esta semana irás a un examen completo del cuerpo —respondió Edward.

—¿Qué? No voy a ir, especialmente porque lo dices tú.

—Debo estar seguro de que la persona a mi lado goza de buena salud.

—¿Le tienes miedo a las enfermedades o algo así? —preguntó Bella, mientras subían al coche.

—Esta semana irás a un examen completo —ordenó Edward—, está escrito en el contrato, léelo si quieres.

X – X – X

Bree abrió los ojos de par en par al observar a Edward y Bella entrar al edificio. Corrió rápidamente a la oficina de Jasper, donde se encontraba hablando con Alice.

—¡Llegó el Señor Edward y viene con Bella! —susurró apresuradamente. Ambos levantaron la mirada sorprendidos. Alice miró con incredulidad como la pareja se quedaba detrás de los cristales del interior de la oficina, claramente acalorados en una discusión—. Me pregunto de qué estarán hablando —murmuró Bree con nerviosismo. Diego, que estaba parado inmóvil detrás de Jasper, sonrió.

—No creo que esté diciendo nada más que ordenes —dijo, haciendo reír a Bree.

Jasper rodó los ojos, y su mirada de enfocó en Alice, que seguía mirando a Edward con desconcierto.

—¿Qué le hiciste a tu cabello hoy? Se ve diferente. —comentó. Alice lo miró sorprendida, tocándose rápidamente su corto y deslumbrante cabello negro.

—No, no le hice nada. Solo lo peiné —Sonrió claramente nerviosa de que Jasper hubiera notado algo en ella, añadió rápidamente—. ¿Se ve mal?

—No, no lo dije por eso —negó Jasper, frunciendo el ceño—. Simplemente se ve diferente.

—Como sea —murmuró Alice, señalando discretamente a Bella—. ¿Qué está haciendo ella aquí, Jasper?

—Honestamente, no tengo idea. Sé lo mismo que tú.

Alice apretó los labios, y empujando a Diego a un lado, se acercó más a él.

—Tenemos que alejar a esa chica de Edward—susurró, mientras que el rubio no hizo otra cosa más que suspirar—. ¿Me estás escuchando? ¡Ello lo desconcentra! ¡Tenemos tanto trabajo y crisis, solo esto nos faltaba!

—¿Por qué me dices eso a mí? Díselo a Edward. —respondió Jasper, señalando a la puerta.

—Porque ahora estoy hablando contigo. ¿Por qué debería decirle a Edward? —cuestionó Alice, mirando molesta a Jasper.

—¿Qué deberías decirme? —preguntó Edward, entrando a la oficina. Todos se quedaron callados en cuanto escucharon su voz, mirándolos estupefactos—. Como sea, chicos, permítanme presentarles a Bella.

—Hola —saludó mientras les sonreía cálidamente.

—Ella es mi novia —continuó Edward a regañadientes—. También será mi asistente personal en la oficina.

Bree abrió la boca con sorpresa y emoción.

—¿Entonces puedo dejar el trabajo ahora mismo? —preguntó sonriendo.

—No, Bree. Le vas a enseñar todo a Bella. ¿Está bien? —la miró mientras se le desvanecía la sonrisa—. También compartirán la misma oficina. Bree, Diego… muéstrenle la oficina a la señorita Bella y explíquenle sobre el trabajo.

Ambos asintieron rápidamente. Mientras miraban nerviosos a Bella.

—Alice, Jasper… ¿Pueden venir conmigo? —preguntó Edward, señalando la salida. Bella los observó irse mientras admiraba el interior del edificio, fuera de la oficina de Jasper, se encontraba un área espaciosa con grandes escritorios y mucho personal trabajando y murmurando discretamente.

—¿Por donde empezamos? —preguntó Bella emocionada, mirando a Bree y Diego.

—Vamos, Bella, te mostraré la oficina —murmuró Bree rápidamente, ignorando la presencia de Diego—. Te explicaré todo, vamos.

X – X – X

—¿Edward? —preguntó suavemente Alice, mientras entraban rápidamente a la sala de juntas.

—¿Sí?

—Felicidades, por tu compromiso —Edward observó a Alice con las manos en las caderas y sin inmutarse, suspiró.

—¿Qué está pasando? ¿Cuál es la crisis por la que me hablaron?

—Bien —asintió Jasper, tomando asiento—, nuestro proyecto del hotel ecológico… no funcionó.

Edward apretó la mandíbula, esperando que Jasper estuviera bromeando. Pero este se quedó callado y Alice a su lado lo miraba nerviosamente.

—¿No funcionó? —replicó Edward, mirándolos simultáneamente, con las cejas levantadas.

—Así es —afirmó Jasper.

—¿Cómo que no funcionó? Después de todo, el cliente estaba satisfecho.

—Te mostraré el proyecto —comentó Alice, extendiendo el plano rápidamente sobre el escritorio frente a Edward—. Mira, estas son las parcelas* en las que queríamos construir el hotel —señaló, mientras Edward asentía mirando los trazos en el plano—, y esta área de aquí, la íbamos a usar como tierra agrícola. Pero no podremos usarlas porque Riley Biers las ha comprado —concluyó Alice, apretando los labios.

—¿Riley Biers? —preguntó Edward, mientras una sonrisa mortal se instalaba en sus labios, mirando fijamente a Jasper preguntó—. ¿Él las ha comprado?

Jasper asintió, suspirando en derrota.

—Hermano, nosotros…

—No entiendo, sabes. ¿La tierra ya estaba lista? —preguntó Edward mirando a Alice, mientras su piel se empezaba a tornar de un suave color rosa.

—Ya había aceptado —explicó Jasper—, podíamos comprar algunas tierras, pero el vendedor se negó en el último momento.

Edward sonrió falsamente, la calma letal instalándose en la sala de juntas.

—Muy bien. Entonces todo está cancelado, ¿verdad?

—Bueno, no del todo. Riley —Edward miró casi violentamente a Jasper en cuanto escuchó el nombre de Biers— se ofreció a hacer el proyecto él mismo a cambio de las tierras.

—A ver sí entendí. ¿Riley Biers hará este proyecto él solo? —preguntó Edward, riendo venenosamente. Alice asintió—. Bien, llama al cliente. ¡Que venga de inmediato!

—Edward —exclamó Alice sorprendida—. No podemos hacer este proyecto. No tenemos el espacio suficiente.

—¡Alice, llama al cliente y solicita una reunión! —repitió, enfadado con la situación.

—Está bien, Edward, está bien. Como tú quieras. —asintió Alice, antes de salir de la oficina le dio una mirada de advertencia a Jasper y se marchó.

—¡Increíble! ¡En serio! ¿Cómo puede pasarnos algo así? —masculló Edward mientras de un golpe arrojaba unos adornos del escritorio al piso, haciendo que estallaran fuertemente al chocar contra el suelo. Jasper no hizo nada más que mirarlo—. ¿Qué vamos a hacer? Dime, ¡¿qué vamos a hacer?!

—Bien, te entiendo —asintió—, pero no podemos resolverlo así. Edward, ¿estás bien? Te lo pregunto honestamente, ¿estás bien?

Edward apretó la mandíbula sin responder.

—Hermano, todo está pasando tan apresuradamente: Bella, el compromiso… ¿Qué está pasando?

—Estamos comprometidos, Jasper. ¿De acuerdo? —exclamó, sentándose en el sillón frente a la cabecera del escritorio—. ¿Hay algo más que quieras saber? ¡Nos comprometimos!

—Lo que no entiendo, es cómo hiciste esperar a Lauren durante años —continuó Jasper, mientras Edward lo miraba furibundo—, ella estaba esperando que le propusieras matrimonio y no lo hiciste. Ahora, de repente esta chica… —Jasper lo miró entrecerrando los ojos—. ¡No te atrevas a decirme que te enamoraste!

—Está bien, no lo diré.

—¡Por supuesto que no me lo dirás! ¡Nunca me dices nada, hermano! ¡No abras la boca, no me digas una sola palabra!

—Hablé con el cliente —dijo Alice, entrando rápidamente a la oficina—, ya viene.

—Muy bien, que venga —asintió Edward.

—Entonces preparémonos —le indicó Alice a Jasper, quien se levantó rápidamente dejando a un pensativo y radiactivo Edward sentando en el escritorio perdido en sus pensamientos.

En cuanto ambos se alejaron, Edward tomó su celular.

—¿Te aprendiste mi numero, o lo escribiste? —saludó Riley. Edward apretó la mandíbula.

—Ven al restaurante.

X – X – X

—Y por aquí tenemos una sala de archivos —explicó Bree, mientras subían las escaleras ya familiares para Bella. Alice, que en ese momento iba saliendo de la oficina de Edward en el segundo piso, miró a Bella con hostilidad y fastidio, alejándose rápidamente de su presencia.

—¿Por qué me miró así? —susurró Bella sorprendida.

—Ella es la Señorita Alice, siempre mira a todos así —Bree le sonrió, restándole importancia—. Es diseñadora y socia de la empresa, al igual que el Señor Jasper. Pero todo se hace como diga el Señor Edward.

—Por supuesto —dijo Bella sarcásticamente, rodando los ojos, mientras continuaba admirando la estructura del edificio.

—¡Ay, lo siento! Olvidé por un momento que estaban comprometidos—. Bree la miró apenada, Bella frunció el ceño mirándola con confusión.

—Yo también lo olvidé —asintió Bella, tranquilizándola mientras se reía, Bree suspiró aliviada de no haberse metido en problemas.

—Bueno, mira… aquí tenemos nuestra oficina —comentó, señalando la habitación a su izquierda invitándola a pasar. Bella sonrió, pero tan pronto como puso un pie dentro de la pequeña y sofocante habitación, su respiración empezó a fallar, pronto su sonrisa se esfumó y salió rápidamente de la pequeña y cerrada oficina—. ¿Estás bien? —Bree la miraba preocupada.

—Yo… eh… ¿Está bien si buscamos otro lugar para trabajar?

—Por supuesto, claro, vamos.

X – X – X

—Es grandioso que tengamos nuestras oficinas cerca —saludó Riley, mientras miraba a Edward con una sonrisa torcida, este no hizo otra cosa más que apretar las manos.

—¿Qué estás tratando de hacer? —cuestionó, mientras lo miraba fijamente.

—Trabajar. Estoy tratando de trabajar.

—Sé que tu único trabajo y propósito es verme en la quiebra —Edward alzó las cejas, invitándolo a contradecirlo—. Desafortunadamente para ti, no importa cuánto lo intentes, no funcionará. No dejaré que construyas este hotel.

—Ya lo estoy haciendo. Si quieres, podemos trabajar juntos, como viejos amigos. Quizá me des algunas ideas.

Edward soltó una pequeña risa carente de emoción, mientras sacudía la cabeza con incredulidad.

—No te dejaré construir este hotel —repitió Edward.

—Ya veremos. —comentó Riley, ajustando su traje gris. Sus ojos azules oscuros brillando con rabia.

—Entonces quieres jugar a ganar. El que gane es el mejor, ¿no es cierto?

—Esta vez estoy preparado —las facciones de Riley se endurecieron, mientras miraba con rabia a Edward—. Así como mi padre se fue a la quiebra por culpa de tu padre, tu también te declararás en quiebra. Por supuesto, entonces el siguiente será tu padre.

—Es una pena, Biers —Edward suspiró, su respiración cargada de decepción—, estás mezclando el trabajo con tus sentimientos, ¿verdad? Desafortunadamente tu padre hizo lo mismo y así es como terminó tan mal —Edward se encogió de hombros—. No has aprendido la lección.

—Quedarás en bancarrota, Edward Cullen. Nadie recordará tu nombre.

Edward alzó las cejas con falsa sorpresa, mientras asentía y tomaba lentamente un sorbo del café frente a él.

—Ya veremos. —se despidió, dejando la taza vacía sobre la mesa, se alejó de Riley.

Al llegar a la oficina, Edward le pidió a Bella que lo acompañara a la sala de juntas. Ella lo siguió suspirando.

—Entonces… ¿De qué quieres hablar? —preguntó mientras ambos se sentaban. Edward se tensó mientras la miraba sentarse cómodamente en la silla a un costado de él.

—No te dije que te sentaras —respondió Edward, mirándola enfadado.

—Pues me he sentado. Sácame si quieres —dijo Bella, sonriendo. Edward se rio sin humor, apretando los dientes y mirándola fijamente. —¿Entonces...?

—Esto es todo por hoy, puedes irte a casa.

—¿Por qué? —Bella lo miró confundida.

—No deberías estar haciendo preguntas —replicó Edward.

—¿Por qué me puedo ir a casa? No habíamos acordado esto. Trabaré aquí…

—Comenzarás a trabajar mañana —interrumpió su parloteo, mientras intentaba guardar la compostura y no enfadarse.

—No, empiezo hoy. No quiero deberte nada. Trabajaré hoy. —dijo Bella rotundamente, mientras lo miraba con sus audaces ojos color café ardiendo.

—Bien, como quieras. ¿Hay algo más que quieras agregarle al contrato?

—Sí —asintió Bella, mirándolo ordenar diestramente sus documentos—: todas las mañanas abriré la floristería, me puedes recoger ahí.

—Puedo recordar eso —Bella lo observó en silencio, mientras Edward le extendía unas hojas—. Esto es tuyo, necesitas ser mejor asistente que Bree.

—Bien. Ahora trabajaré hasta mañana —le dijo, sonriendo mientras se levantaba de su asiento y se dirigía a la salida.

—Espera —masculló Edward, extendiendo un sobre blanco en su dirección—. Toma esto también.

—¿Qué es? —preguntó con curiosidad, mirando el liviano sobre en sus manos.

—Una tarjeta de crédito, la contraseña está ahí dentro —comentó, mientras continuaba organizando documentos—. Ahora quiero que vayas y te compres un anillo de compromiso.

—¿Qué yo me compré? —cuestionó Bella, mirándolo sorprendida. Edward suspiró, apretando la mandíbula.

—No me vas a molestar con esto también, ¿verdad?

—Bien, lo compraré, tranquilo —susurró Bella, poniendo los ojos en blanco—. Todos han estado preguntando por el anillo, de todos modos.

—Quédate con la tarjeta, tal vez necesites comprar algo más.

–No, gracias —Bella lo miró, mientras Edward intentaba ignorar su presencia—. ¿Cuál es el límite de la tarjeta? Para no pasar vergüenza en la joyería.

—No te preocupes —sonrió Edward amargamente—, no te avergonzarás.

—Lo siento, hice la pregunta equivocada —Respondió sarcásticamente mientras sonreía—. Por supuesto que la tarjeta no tiene límites. ¿En qué estaba pensando?

Edward intentó ocultar su sonrisa mientras Bella se marchaba parloteando. Después de terminar de revisar unos expedientes salió de la sala de juntas y subió a su oficina, antes de entrar observó la puerta abierta de la oficina de Bree y Bella, y con curiosidad se acercó mirando con el ceño fruncido el espacio cerrado, recordando la claustrofobia de Bella.

—Diego, ¿por qué estos planos siguen sobre mi escritorio? Te dije claramente que los llevaras al archivo —ordenó Jasper, mientras subían las escaleras.

—Sí, pero no dijiste la hora exacta para hacerlo —se defendió Diego. Jasper suspiró con fuerza y le entregó el plano.

—Dios mío, dame paciencia. ¡Ten, llévatelo ahora mismo!

—¿Jasper? Puedes venir, por favor —pidió Edward, sin dejar de mirar la habitación.

—Sí, dime.

—Vamos a quitar esta pared —señaló, Jasper lo miró casi con horror— y la haremos de vidrio.

—¿Qué?

—Ahora mismo.

—Hermano, ¿por qué quieres derribarla y volverla a hacer?

—Jasper, ¿acaso no somos una compañía de Arquitectura? ¿No puedes derribar una pared?

—Por supuesto que podemos…

–Muy bien, entonces lo haremos —concluyó Edward, mirándolo con los ojos endurecidos mientras se alejaba, Jasper no hizo más que mirarlo estupefacto.

X – X – X

Bella iba caminando feliz por las calles cercanas a su casa, con una pequeña y diminuta caja en su bolsa, la cual contenía el pequeño anillo de compromiso que había comprado en cinco minutos en una de las joyerías del centro.

—¡Buenas tardes! —saludó sonriendo a la señora del kiosco.

—Bella, saliste muy hermosa —comentó con una sonrisa. Bella se detuvo abruptamente y la miró entrecerrando los ojos.

—¿A qué te refieres? ¿Dónde?

—Allá, mira —señaló el estante afuera, el cual contenía revista tras revista y en cada una se encontraba de portada ella y Edward besándose, Bella las miró con horror.

—¿Por qué me haces esto? —gimoteo, tomando una revista y viéndola con incredulidad.

—¿Qué paso?

—Eres mi vecina, y siempre me has caído muy bien. ¿Qué es esto? —le mostró la revista mientras se mordía el labio con fuerza.

—Yo no escribo las noticias. ¿Por qué te molestas conmigo? Ellos las traen y yo solo las pongo ahí.

—Entonces no pongas esas, mira, por ejemplo, esta —exclamó Bella mostrándole la revista—. Mira quién está aquí, mira. Las voy a comprar todas —rápidamente empezó a recolectar las revistas en donde salía ella con Edward.

—¿Las vas a comprar todas?

—Sí —asintió, mientras apilaba en sus brazos todas las revistas con su cara impresa en ella. Colocó el montón frente a su vecina que la miraba con sorpresa.

—¿Es verdad la noticia? Todo el mundo está preguntando.

—Es fotomontaje —dijo rápidamente.

—Te juro que sales hermosa, no es mentira. —Bella la miró acusadoramente y una vez hubo pagado, tomó las revistas y las arrojó al cesto de basura.

—¡Nos vemos!

Bella estaba cerca de llegar a Art Life cuando escuchó el familiar tartamudeo del viejo y gastado motor de su camioneta.

—¡No lo hagas! Vamos, vamos, tu puedes —murmuró Bella enfadada, pero su camioneta cada vez iba reduciendo más la velocidad—. Está bien, está bien, detente —Se orilló en la carretera justo en el momento en el que su motor dio el último ronroneo antes de irse a dormir—. No pudiste resistir otros 3 kilómetros, increíble.

Bella se bajó y abriendo el capo de su camioneta, observó todos aquellos tubos enredados sin tener la menor idea de cómo arreglarlo. Suspiró, y se mordió el labio intentando pensar en una solución cuando escuchó el suave ronroneo de un motor lleno de vida detenerse cerca de ella.

—Buenas tardes.

Bella levantó sorprendida la vista mientras un hombre de buen porte la observaba con una pequeña sonrisa en los labios.

—Hola —asintió Bella, sonriendo suavemente.

—¿Cuál es el problema? —preguntó, señalando el interior expuesto de la camioneta.

—No sé, todo parece estar en su lugar —respondió Bella con voz afligida. El hombre a su lado sonrió con diversión y asintió.

—¿Quieres que le eche un vistazo?

—Sí… bueno, le llamaré a un mecánico, no te preocupes. —murmuró Bella agradecida.

—Si es algo que puedo solucionar, tal vez no tengas que esperar al mecánico. —sugirió mientras empezaba a enrollarse suavemente las mangas de su camisa.

—Bueno, gracias. Entonces, adelante. —asintió, señalando el cofre abierto.

—Por cierto, me llamo Riley.

—Bella, encantada de conocerte.

—El placer es mío —asintió Riley, sonriéndole.

Bella lo miraba ansiosamente ajustar cables que no lograba entender a su maltratada camioneta. Después de unos cuantos minutos, Riley asintió satisfecho.

—Vamos a comprobar si ya enciende.

—Bueno —Bella se apresuró a subir al interior de su camioneta. Conteniendo la respiración, esperó la señal de Riley y entonces intentó arrancar.

—¡Dale otra vez! —Y entonces su motor cobró vida con un rugido.

—¡Lo lograste! —chilló Bella sonriendo—. Muchísimas gracias, de verdad.

Riley se acercó a la ventana de su camioneta.

—Solo eran unos cables que se habían desajustado. Los puse de nuevo, pero tienes que llevarla al mecánico.

—Está bien, lo haré —asintió Bella con una amplia sonrisa—. Muchas gracias. Encantada de conocerte, Riley.

—Y yo también, Bella —suspiró, mientras sacaba una tarjeta de su cartera y se la extendía—, por cierto, si necesitas algo puedes llamarme, mi oficina está cerca de aquí.

—Yo… estaba a punto de pedir tu tarjeta —susurró Bella

con una suave sonrisa—, me gustaría enviarte unas flores como agradecimiento.

—Por supuesto, nunca rechazaría unas hermosas flores.

—Que tengas un lindo día.

—Igualmente, Bella. —asintió, mientras se alejaba de su camioneta, a cada paso que daba la sonrisa de Riley crecía con más satisfacción, sin duda podría reconocer a la supuesta novia de Edward en cualquier lugar. Aun le costaba creer que Edward pudiese andar con alguien como Bella. Teniendo en cuenta que sus gustos siempre habían sido como Lauren. Riley asintió satisfecho, la chica había caído directamente en sus brazos sin siquiera intentarlo.


*Mardin: Mardin es una ciudad situada en el sudeste de Turquía, se encuentra a 2 horas de Estambul. Bella y su familia son originarios de Mardin.

*Parcela: Parte en que se divide un terreno agrícola o urbanizado en el campo.


¡Merhaba!

Vamos conociendo poco a poco a Esme Cullen... ¿Qué tal les ha parecido el capitulo de hoy?

También tenemos a un nuevo y muy querido personaje, nuestro adorado Sirius, el cual pueden conocer uniéndose al grupo de facebook.

¡Las esperamos en el grupo "La Estrella del Robot" para adelantos del próximo capitulo y contenido visual.

www (punto) facebook (punto) com/groups/511389629898448/

Nuevamente agradeciéndoles a todas por sus reviews, es que son la mejor motivación. Muchas gracias especiales a alejandra1987. ¡Te esperamos en las próximas actualizaciones!

görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.