Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beta & Colaboradora: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn. ¡Gracias por todo!


Capítulo 7.

—Edward, ya ha llegado el cliente —anunció Alice entrando rápidamente a la sala de juntas, y detrás de ella Jasper.

—Muy bien.

Ambos tomaron asiento mientras Edward cerraba su computadora. Bree presento rápidamente al Señor Miller mientras lo invitaba a sentarse. Se saludaron cordialmente y pronto pasaron al asunto de los negocios.

—Sr. Miller, mire… este proyecto debería ser nuestro —empezó Edward—. Entonces, si tiene tiempo, me gustaría repasar sus criterios una vez más.

—Por supuesto, pero mañana por la mañana viajaré al extranjero. Vamos a organizar una reunión y tomar una decisión. Si no tienes un proyecto…

—Por favor, no me diga que va a aceptar el proyecto de Riley Biers. —comentó Edward, mirándolo con un semblante serio.

El teléfono del Sr. Miller empezó a sonar y se disculpó para atender la llamada, mientras Edward suspiraba, la tensión recorriendo su cuerpo.

—Edward, esto no funcionará, no podremos llevar a cabo el proyecto. ¿Por qué insistes tanto? —cuestionó Alice, Edward apretó la mandíbula mirándola fijamente.

—Nunca permitiré que Riley se haga cargo del proyecto.

—¡No tenemos alternativa! El proyecto no va… está bien —exclamó con exasperación—. Entonces, dime que vamos a hacer.

—Encontraré una solución. Pero primero tenemos que hacer todo lo posible para que el Sr. Miller no se suba a ese avión.

—¿Disculpa?

Jasper rodó los ojos.

—Habrá una reunión de la junta y la junta lo va a presionar para llegar a un acuerdo con Riley. —explicó Edward.

—¿Y que hacemos? –preguntó Jasper—. ¿Tomarlo como rehén?

—Si es necesario, sí —asintió Edward. Jasper y Alice empezaron a reír con falsa diversión y lo miraron con incredulidad.

X – X – X

—¡Hola, tía! —saludó Bella por teléfono—. Estaba a punto de llamarte. ¿Me podrías hacer un favor? Te enviaré una foto… ¿Puedes enviar un ramo de flores a la dirección que viene ahí y a nombre de Riley, por favor?

—¿Quién es Riley, cariño? ¿El prometido de hoy?

—¡Tía, pero qué cosas dices! ¡Qué vergüenza! —susurró Bella, entrando a la oficina—. Mi coche se descompuso y él me ayudó a repararlo, por eso quiero enviarle flores. ¿Puedes ayudarme?

—Por supuesto. Claro que puedo, cariño —dijo Maggie con exceso de dulzura en su voz, Bella entrecerró los ojos—, hoy en día, envías mensajes coquetos a todo hombre con el que te encuentras, claro que te voy a ayudar.

—Tía, por favor… —suplicó Bella.

—Vale, cariño, ya no diré nada. ¿A qué hora llegarán a cenar? ¡Porque no he dejado de cocinar en todo el día! —Bella abrió de par en par los ojos, al escuchar a su tía empezar a sonar histérica—. Ya he cocinado costillas de cordero rellenas, sopa de Marvi y también he preparado un postre y el pastel que hice ayer… ¡No puedo dejar de cocinar!

—Eh… tía… —murmuró Bella, su voz cargada de nervios—, es que Edward no come grasa.

—¡Ay, pero cariño! ¿A quién no le gustan las costillas de cordero?

—Tiene hábitos muy saludables.

—¿Está enfermo? —preguntó Maggie con preocupación.

—Está bastante sano, a decir verdad. Es hipocondriaco.

—¡Ah, eso! Pues entonces lo obligaré a comer. ¿A qué hora llegan?

—No lo sé, tía. Te llamaré en cuanto salgamos.

—Lleguen temprano, para que podamos tener una larga, larga conversación y pueda conocer bien a tu prometido.

—Hasta luego, tía.

Bella colgó con un suspiró. «Sí, van a hablar sin parar»,pensó con sarcasmo.

X – X – X

—Edward, hemos revisado todas las opciones, pero no hay nada que podamos hacer —suspiró el Sr. Miller—. Lo siento.

—Bien, Sr. Miller —asintió Edward apretando los labios.

—Trabajaremos con usted nuevamente —asintió en respuesta el Sr. Miller mientras se despedían—. Salúdame a tu padre, y espero hablar pronto con tu madre, han pasado algunos años.

—Por favor —murmuró Edward, señalando la puerta con una sonrisa tensa. Los cuatro se dirigieron a la salida, en ese momento Bella iba entrando a la oficina, pasando suavemente a su lado, Edward aprovechó rápidamente la oportunidad—. Sr. Miller… quisiera presentarle a mi prometida.

Bella los miró con una pequeña sonrisa.

—Sí, te recuerdo de ayer —asintió el Sr. Miller sonriendo con picardía—. Me gustó ver una pareja tan enamorada. Me hizo recordar a los momentos con mi esposa.

Alice los miraba con incredulidad y fastidio.

—Gracias —dijo Bella asintiendo.

—Nosotros… tenemos una fiesta de compromiso mañana por la noche —comentó Edward mientras a Bella se le borraba la sonrisa del rostro.

—¡Enhorabuena! —exclamó el Sr. Miller.

–Sí, y verá… si no tiene asuntos urgentes que hacer, nos gustaría mucho que asistiera como nuestro invitado de honor, estoy seguro que mis padres estarán encantados de volver a verlo —Edward volteó a ver a Bella en busca de apoyo, quien no hacía más que fulminarlo con la mirada.

—Por favor, nos encantaría —susurró Bella torpemente mirando al Sr. Miller con una sonrisa radiante y falsa—. Edward habla mucho de usted.

—Tenía un vuelo mañana, pero… está bien, lo voy a posponer.

—Maravilloso, entonces nos vemos mañana por la noche, enviaré a un conductor para que lo recoja.

—Bien, hasta mañana —se despidió el Sr. Miller sonriéndole a todos, se fue de la oficina seguidos de Alice y Jasper, con el rostro cargado de incredulidad.

—Muy bien —asintió Edward para sí mismo.

—¿Qué crees que estás haciendo? —exclamó Bella, Edward la miró molesto, mientras observaba discretamente a las personas sentadas cerca de ellos en los escritorios, quienes los miraban con curiosidad.

—Hablamos en el despacho —respondió Edward con dureza, mientras caminaban hacia la sala de juntas, cerró con fuerza la puerta—. ¡No vuelvas cuestionarme y a levantarme la voz nunca más!

—¡Pues entonces, trátame como a un ser humano! Me lo hubieras explicado antes. ¿Una fiesta de compromiso? ¿Por qué no sabía nada? ¿Crees que soy tu juguete? ¿Qué vas a tirar de mi cuerda y yo te voy a seguir ciegamente?

—¡Sí! —asintió Edward acercándose más a Bella y mirándola fijamente.

—¡Pues no! ¡Nunca!

—La fiesta será mañana por la noche y punto. —sentenció, con su mandíbula apretada y el rostro endurecido.

—¡Qué no, ni hablar! —gritó mirándolo de la misma manera—. Primero me vas a explicar porqué será mañana por la noche.

—Recuerda que no tengo que darte explicaciones.

Estaban tan cerca, casi podían respirar el mismo aire, la tensión era evidente y palpable.

—Está bien, pues entonces me voy —antes de poder levantar su bolso del escritorio, Edward lo retuvo de un golpe sordo y crudo al chocar su mano contra el pequeño bolso de Bella, la miró fijamente, ella estando tan cerca de él se le nublaron por un momento las ideas, mientras que a Edward le fue difícil no enfocarse en las suaves facciones de su rostro delicado.

—Es por trabajo —explicó Edward mientras sentía su boca seca al hablar, Bella asintió suavemente—. Tengo que hacer un proyecto con ese hombre, así que se lo tuve que decir para que no se fuera al extranjero.

—Entonces, es por trabajo —susurró Bella, mientras sentía el suave aliento de Edward entumecer sus sentidos—. Está bien.

—Bien.

Ambos se alejaron y respiraron con alivio, Bella tomó su bolso y sacó una diminuta caja azul.

—He comprado el anillo

—Bien. ¿Puedo verlo? —preguntó, mirándola con las manos en las caderas. Bella le extendió rápidamente la caja, Edward la miró con una ceja levantada y abriendo la caja, suspiró con frustración mientras apretaba los dientes.

—¿Qué? —exclamó Bella sorprendida.

—¿Qué es esto?

—Un anillo de compromiso. –había pedido y elegido exactamente, el anillo más pequeño y diminuto de toda la joyería, con la esperanza de pasarlo desapercibido.

—Ven conmigo —masculló Edward, ambos salieron de la sala pasando por la gran oficina, donde todo el mundo se encontraba trabajando sin parar—. Jasper, ven, por favor.

—Dime —asintió, acercándose rápidamente.

—Reúne a todo el equipo, vamos a rediseñar todo el proyecto del hotel ecológico.

—Hermano —exclamó Jasper con sorpresa—, pero si acaba de decir que no…

—Todavía tenemos tiempo, hasta esta noche —lo cortó Edward, Bella parada a un lado de él, rodó los ojos.

—Hemos trabajado durante meses para terminar el primer proyecto. Una noche es muy poco.

—Reúne a todo el equipo y que se pongan a pensar —exigió Edward.

—Vale, está bien, de acuerdo. Yo elegí esta penitencia, cuando nos conocimos debí haber dicho que me caías mal y no lo hice… todo lo que me pasa ahora es por mi culpa…

Bella empezó a reír mientras veía a Jasper alejarse.

—Estoy encantada con Jasper. Las palabras simplemente fluyen de su boca… —asintió Bella sonriendo. Edward la miró sin inmutarse y juntos salieron de la oficina.

X – X – X

—Sr. Edward, encantado de recibirlo —saludó amablemente el gerente. Bella miró un poco maravillada al lugar donde habían ido, era una joyería ubicada en una de las plazas más costosas y lujosas de Estambul. No se parecía en nada al lugar donde ella había ido—. ¿Cómo está su madre? Espero que esté muy bien —continúo él, hablando con una amable sonrisa.

—Muy bien, gracias —asintió Edward—. Buscamos anillos de compromiso.

—Por supuesto, claro que sí. Pasen, por favor —señaló una puerta la cual simulaba ser un espejo al fondo de la habitación, tecleando una clave esta se abrió automáticamente y entraron a otra habitación aún más lujosa—. Tomen asiento, por favor.

Ambos se sentaron en el sillón de cuero, Bella se sentía un poco tensa y Edward simplemente la observaba sentado cruzando una pierna sobre la otra.

—Aquí tiene —murmuró el hombre, colocando una larga caja rectangular sobre la mesa de descanso. Hilera tras hilera de elegantes y costosos anillos bañados en oro y diamantes se expuso frente a ella. Bella miró sorprendida a Edward, que simplemente extendió su mano haciendo un suave movimiento hacia los anillos.

—Elige uno.

—Todos son hermosos —comentó Bella son una pequeña risa nerviosa mirando al joyero—, pero no los puedo usar… son demasiado grandes.

Edward suspiró con exasperación, sin duda no había una sola cosa que Bella pudiera hacer sin tener que contradecirlo.

—Tiene los dedos muy finos, pero no hay problema, podemos ajustarlo a su medida.

—No me refería a eso, lo que pasa es que los diamantes son demasiado grandes. —Bella lo miró con pena.

—Sr. Edward, tiene mucha suerte —Edward lo miró con las cejas levantas y Bella contuvo una sonrisa triunfal—, es muy difícil encontrar a una mujer tan educada y poco ambiciosa. Tiene mucha suerte, sobre todo al tratarse de anillos.

—Me parece que un diamante más pequeño no sería apropiado —respondió Edward.

—Entonces elígelo tú, si cuando doy mi opinión no te gusta.

—Tengo otros anillos, el tamaño es el mismo, pero la fabricación es algo más especial, puedo enseñárselos si quieren.

—Por favor —asintió Edward. En cuanto se quedaron solos, Edward la miró exasperado—. ¿Por qué eres tan testaruda? Tan solo elige uno y nos vamos.

—Pues elígelo tú–masculló Bella, levantándose del sillón—. En tu mente, ya tienes el anillo ideal que sea digno de Edward Cullen.

El joyero entró con la caja de anillos mientras Bella se detuvo impacientemente en la entrada de la habitación. El hombre sin saber qué hacer, colocó los anillos frente a Edward, quien se acercó a mirarlos.

—El maestro que hace estos auténticos anillos, es un orfebre muy importante. Espero que a la señorita le gusten.

—¡Oh, señor! —exclamó Bella, aun apenada con el joyero, mientras Edward analizaba los anillos—. Usted no me ha entendido, a mi no me gustan muchos los excesos y lujos. Si tuviera algo más acorde con mi espíritu…

—¡Mire, el Sr. Edward ya ha elegido uno! —Bella miró sorprendida a Edward—. ¿Le gustaría probárselo?

—Ven —asintió Edward levantándose, mirándola con el anillo en la mano. Bella se acercó lentamente, extendió su mano y Edward la tomó delicadamente entre las suyas, deslizó suavemente el anillo en su dedo anular, Bella se olvidó de respirar y lo observó fijamente—. ¿Te gusta?

Bella sonrió mientras miraba ese hermoso anillo con el oro blanco moldeado en una banda doble, cuyo centro tenía una bella flor de cerezo, formada por cinco grandes pétalos de diamantes rosados en corte marquesa, acompañados por diamantes blancos de menor tamaño.

—Es muy grande —murmuró con una sonrisa radiante, antes de añadir—, pero muy hermoso.

Edward, que de haberse demorado otro poco más mirándola sin pestañear se pensaría que habría caído en un hechizo, volvió en sí mismo tan pronto Bella retiró la mano de la suya y le entregó el anillo al joyero.

—Entonces empacaré el anillo.

Edward asintió en respuesta. Bella suspiró mordiéndose suavemente el labio inferior, se cruzó de brazos y lo miró.

—Añade el anillo al contrato, te lo devolveré. —Bella fingió observar un objeto inexistente en la pared, mientras Edward la miró con fascinación un segundo antes reprenderse así mismo.

—Con permiso. —comentó, pasando delante de Bella con el celular en la mano, mientras le marcaba a su madre.

—Dime, Edward.

—Mamá, haremos la fiesta de compromiso en nuestro jardín —saludó Edward—. ¿Podrías organizarlo?

—¡Oh! ¡Por supuesto que sí, cariño! —chilló Esme, desapareciendo repentinamente el dolor de cabeza que le estaba molestando desde que se había enterado de la noticia del compromiso falso—. Estaré encantada de organizarlo. ¿Y cuando te gustaría celebrarlo?

—Mañana por la noche.

—¡¿Mañana?! ¡¿Por la noche?! —Esme empezó a reír—. ¿He escuchado bien?

—Sí, madre —asintió, suspirando.

—¡Edward, no me vuelvas loca, esto es imposible! ¡No puedo organizarlo todo! ¿Cómo quieres que lo organice? Música, comida, a quién llamaré con este margen de tiempo…

—Mamá, que sea algo pequeño ¿está bien? Recuerda invitar a Lauren. Nos vemos más tarde.

Edward no esperó la respuesta de su madre, y colgó, sabiendo perfectamente que ahora se encontraría alterada dándole miles de órdenes por segundo a Stefan. Suspirando, Bella y Edward salieron de la joyería mientras ella sostenía un poco incomoda la bolsa con el anillo dentro.

—Es tarde —comentó Edward mirando su reloj—. Vamos a comer.

Bella se mordió fuertemente el labio, mientras lo miraba con desprecio.

—Gracias. Yo también tengo mucha hambre. —Edward la miró sin decir una palabra mientras ella caminaba enfadada delante de él. El camino al restaurante no fue más que un corto paseo rodeado de un silencio incomodo y ensordecedor, al llegar Bella admiró el lujoso y hermoso lugar, que daba una vista impresionante y preciosa al mar.

—Sr. Edward, su mesa se encuentra lista —comentó una amable señorita mientras los llevaba a la mesa reservada.

—Gracias —asintió Edward mientras tomaban asiento, Bella era casi incapaz de apartar los ojos de la preciosa vista del extenso paseo marítimo que le ofrecía aquella pared de cristal.

—No has mirado el paisaje desde que nos hemos sentado —Bella lo miró con una pequeña sonrisa, mientras Edward se encontraba concentrado en su celular.

—Vengo aquí muy a menudo —murmuró Edward sin levantar la vista—, me sé el paisaje de memoria.

—Esa es la cosa más tonta que he escuchado nunca —exclamó Bella frunciendo el ceño, ahora tenía la atención de Edward, que la observaba con una ceja levanta, suspirando dejó el celular a un lado y la miró fijamente.

—¿Y por qué es la cosa más tonta que has escuchado?

—No puedes memorizar un paisaje —respondió Bella con obviedad—. Algo siempre está cambiando, no lo sé… las nubes, la luz, o un barco que pasa… no lo sé, mira, echa un vistazo. ¿Todo es igual que siempre?

Edward continúo mirándola fijamente un segundo antes de mirar hacia donde ella señalaba, empezó a asentir suavemente.

—Sí, tienes razón. Ha cambiado. –Bella le sonrió con triunfo, pero entonces Edward añadió con burla: –Han construido más edificios.

Bella suspiró con cansancio mientras rodaba los ojos y él volvió a entretenerse con su celular. Minutos más tarde, ambos se encontraban comiendo en un agradable silencio, Bella sin duda estaba feliz de comer lo que a los ojos de Edward era un plato para nada saludable, este la miraba con preocupación mientras comía feliz sus papas fritas, Bella sonrío con picardía y colocó amablemente una pequeña porción de papas en el plato extra saludable de Edward, quien la miró con una ceja levantada.

—Pruébalas.

—¿Siempre comes esto? —cuestionó Edward, ignorando las papas que ensuciaban su plato.

—Sí —asintió Bella sonriendo, mientras enrollaba en su tenedor una buena porción de pasta—. ¿Tú siempre comes eso?

—Sí.

—A ese ritmo, vivirás como cien años. ¿Pero qué pasará con el nivel de estrés que manejas? —comentó sonriendo, Edward suspiró mientras bebía agua—. El estrés puede matar de imprevisto. —Edward soltó una pequeña risa mientras negaba ligeramente—. ¿Por qué vives tu vida con tanta agresividad?

—¿Puedes callarte un rato? —preguntó, mirándola empezar con la fase uno de su ya conocido enfado.

—Bueno —respondió, colocando con fuerza los cubiertos sobre la mesa y tomando un poco de agua. Edward siguió comiendo mientras la miraba intentar contener aquellas burbujeantes palabras en su boca—. ¿Por qué comemos aquí y no estamos con la gente, como es normal?

—Realmente no me gusta la gente.

—Claro, había olvidado que eres un robot —Edward la miró sonriendo antes sus palabras—. ¿Crees que Lauren vendrá a nuestra fiesta de compromiso?

—Sí —suspiró Edward, últimamente, sentía que se le iba la vida suspirando junto a esta chica, pero es que no hacía otra cosa más que fastidiarlo con preguntas.

—¿Y ese hombre, al que invitaste? —añadió Bella rápidamente, mirándolo con curiosidad—. ¿Qué proyecto van a hacer?

Edward decidió que era más entretenido poner su atención en doblar la servilleta en sus manos que responderle a Bella, que lo miraba esperando una respuesta.

—¿Qué? Quiero saberlo. ¿Es tan difícil de explicar? —cuestionó Bella, mirándolo fijamente, suspiró con fastidio—. ¡Ay, eres tan taciturno!

—Bueno —asintió Edward, dándose por vencido—, íbamos a construir un hotel ecológico, sobre dos parcelas… una para el hotel y la otra para tierra agrícola —Bella asintió suavemente, sin embargo, él continuaba explicándole con una voz suave que indicaba que estaba hablando con un niño—, el hotel no puede ser ecológico si no dispone de tierra agrícola. Por desgracia, un tipo vil y desagradable llamado Riley Biers compró una de las dos parcelas. Así que, si no lo resuelvo, él va a construir el hotel —concluyó Edward, mientras Bella asentía, encogiéndose de hombros.

—Entiendo.

—Vámonos —ordenó Edward, poniéndose rápidamente de pie. Bella lo miró sorprendida y cogió lentamente su bolso, dejando su plato a medio comer.

—¿Edward? —Lauren, que iba entrando de la mano con Emmett lo miró con sorpresa, notando con una sensación desagradable a la chica parada a un lado de él.

—¡Mira a quien nos hemos encontrado! —exclamó Emmett con una enorme sonrisa—. Por supuesto que el Sr. Edward tiene reservada una mesa especial.

Edward sonrío un poco incomodo, mientras miraba de reojo a Bella.

—Hola —saludó Bella, sonriéndoles.

—Hola, ¿Cómo estás? —respondió Lauren, sus ojos azules brillando con determinación.

—Bella… ella es Lauren y él es Emmett —señaló rápidamente Edward, presentándoles a su ahora presentable novia—. Lauren, Emmett… ella es Bella.

—Mucho gusto —comentó Lauren, dándole rápidamente la mano—, ya nos hemos conocido antes, pero Edward no nos dijo tu nombre.

—Un placer–asintió Bella.

—De hecho, nosotros ya nos íbamos… —Edward colocó suavemente su mano alrededor de la cintura de Bella.

—¿A dónde van? —exclamó Emmett, señalando la mesa de la que se acababan de levantar, Lauren a su lado lo miraba sorprendido—. Vamos a sentarnos y platicar unos minutos…

Edward apretó con fuerza la mandíbula y miró a Bella un momento antes de suspirar con resignación. Lauren y Emmett se sentaron uno al lado del otro, mientras Edward extendió la silla y miró a Bella observarlo con sorpresa.

—Cariño… —señaló Edward amablemente la silla, indicándole que se sentara. Ella sonrío con burla.

—Así que sabes ser amable… —comentó Bella suavemente, ajena a la taladrante mirada de Lauren, Edward sin embargo lo notó e intentó disimular una pequeña sonrisa.

—Edward y yo hemos decidido salir a dar un paseo —aclaró Bella, mirando a Lauren con una enorme sonrisa—. Me dijo que viniéramos a comer a su restaurante favorito, ¿sabes?

—Ah… No me digas —exclamó Lauren con fingida sorpresa, miró a Edward—. No sabía que era tu favorito.

Edward y Bella los miraron sonriendo, mientras Bella se acomodaba unos mechones de cabello intentando atraer la atención de Lauren sobre su anillo de compromiso.

—Es una preciosidad —añadió Lauren, señalando delicadamente su anillo.

—¡Ah! —asintió Bella fingiendo sorprenderse y mirando su anillo con ternura—. Gracias.

—El tuyo es más hermoso —asintió Emmett tomando suavemente la mano de Lauren, notando su incomodidad—, te lo juro, mi amor.

Los cuatro empezaron a reír, sin embargo, algunas risas sonaron casi al borde de la histeria.

—Tiene una historia muy romántica —comentó Bella, sus ojos brillando ante las caras que hacia Lauren—. ¿Se la cuento? —preguntó Bella tocando suavemente el brazo de Edward, este le sonrió con los labios apretados y negó rápidamente—. Tengo que contársela —Bella con una sonrisa de par en par mirando fijamente a Lauren—. Edward me dijo que, ya que nos habíamos comprometido, era necesario que llevara un anillo de compromiso.

Los ojos helados de Lauren miraron fijamente a Edward, mientras Emmett asentía entretenido en la historia que Bella les estaba contando.

—Sin embargo, yo decidí que un anillo no era necesario, que la conexión que había entre nosotros era suficiente —continuo dulcemente Bella, mirando con ojos de enamorada a Edward. Aun así, no pudo evitar reír mientras continuaba con la falsa historia—. Pero, él insistió tanto y dijo: "¡Si no llevas un anillo, me tatuaré tu nombre en mi brazo!" —Edward empezó a reír histéricamente, mientras Bella hacía lo mismo.

—¡Estas lleno de sorpresas! —comentó Emmett.

—Sí, es verdad, Edward. Estás lleno de sorpresas… —añadió Lauren mirándolo con incredulidad disfrazada de felicidad—. ¿Y qué pasó después?

—Entonces le dije que no, que nos acabábamos de conocer, ni siquiera nos conocíamos mucho —continuó Bella, mirando a Edward en busca de ayuda, pero este solo la miró con una sonrisa y asintió rápidamente a todo lo que ella decía—, pero al final me convenció y le dije que solo quería un anillo pequeño, pero, por supuesto… —Bella sonrío y miró a Edward esperando continuara con la oración, la miró boquiabierto antes de aclararse la garganta.

—Pero claro, que eso no es posible... —respondió Edward mirando a Lauren—, debe ser algo que le recuerde a mí, así que no le iba a dar un anillo diminuto y entonces fui a ver a un maestro orfebre para que nos lo hiciera —Lauren apretó los labios en una pequeña sonrisa tensa— y diseño un anillo con motivo de flores, que es lo que adora Bella.

—Muy romántico —comentó Lauren, con un deje de sarcasmo en su voz, mirándolos a ambos—. Eres muy considerado.

—Este anillo es único en el mundo, ¿sabes? —añadió Bella son una enorme sonrisa, Edward a su lado empezó a reír nerviosamente, y la miró interpretando lo mejor posible el papel de hombre enamorado.

—Eso es porque tú eres única, por eso, cariño —asintió Edward, sus ojos brillando con excitación—. Eres muy original.

—Muy original, eso es verdad —añadió Lauren rápidamente, al ver que Edward y Bella no dejaban de mirarse con adoración brillando en sus ojos, Lauren sintió un nudo en la garganta el cual tragó pesadamente—. ¿Y bien, cuando se conocieron?

—Hace dos meses.

—Hace dos días…

Emmett y Lauren los miraron con confusión.

—Hace ya dos meses, ¿eh? —comentó Edward con una risa nerviosa, mientras se miraban intentando comunicarse telepáticamente—. ¡Vaya, el tiempo vuela!

—Sí. —asintió Bella, mientras sentía su cuello calentarse con vergüenza.

—¿Dos meses? —susurró Lauren, sus ojos azules entrecerrándose con sospecha—. ¿Tu no estabas en Londres hace dos meses?

—Sí, por supuesto, estaba en Londres, pero nos conocimos unos días antes de que se fuera —Bella sonrío moviendo su mano con desdén—. Y cuando él estaba en Londres… ¡Hablábamos por teléfono toda la noche, hasta muy tarde! —empezó a reír mientras Edward la miraba con cara de póquer, antes de sentir un pequeño golpe en el pie y sonrió rápidamente.

—¿Edward? ¿Hablando por teléfono toda la noche? —exclamó Lauren, sabiendo perfectamente que él odiaba hablar por teléfono.

—Así es —afirmó Edward riendo y miró a Bella—, cuando es para hablar contigo, no me importa usar el teléfono. —la castaña asintió suavemente mirándolo con ternura.

Emmett, sin embargo, los miraba divertido muy al contrario de Lauren, que se encontraba tensa.

—¡Oh, tengo que contarles algo más! —asintió con euforia Bella, Edward a su lado quería que la tierra se abriera y se la llevara un momento para que así dejase de seguir hablando.

—¿Qué más? —murmuró entre dientes Edward sin borrar la sonrisa.

—¡Cuéntanos, por favor! —dijo Lauren con falsedad, su rubio cabello agitándose a su alrededor—. Ahora tengo mucha curiosidad.

—Un día, salí del trabajo y había una limosina esperándome —Bella se cubrió la boca ocultando su sonrisa—. Luego, Edward me llevó a Londres en su avión privado. ¡Fue un día maravilloso! ¡Me extrañabas demasiado!

—¡Mucho! —asintió Edward, conteniendo la voz.

—Bella —canturreó Lauren, mirándola con amabilidad—, me gustaría mucho llegar a conocerte mejor.

—Y yo también a ti.

—Edward, ¿qué ha pasado con el proyecto? —cuestionó Lauren.

—Se canceló.

—¡Vaya! Supongo que no queda tiempo.

—Riley Biers compró la parcela —explicó Edward, mientras se tensaba, mirando a Emmett.

—¿Cómo? —exclamó Lauren asombrada, miró de reojo a Emmett—. ¿Y qué vamos a hacer?

—Probablemente esté pensando en construir el hotel sobre una enorme parcela de tierra agrícola —comentó Bella, encogiéndose de hombros mientras miraba distraída las pulseras en su muñeca.

—Eres una mujer maravillosa —dijo Edward asombrado con la idea que le acababa de dar, colocó suavemente su mano sobre la rodilla desnuda de Bella, acariciando con delicadeza su piel—. ¿Te lo he dicho ya?

—Sí —asintió mirándolo fijamente, mientras colocaba su mano sobre la de Edward y retorcía sus dedos, logrando que retirara la mano de su pierna. La pareja frente a ellos los miraba fascinados. Edward volvió a intentar agarrarla, sin embargo, Bella aun sonriendo, colocó su otra mano sobre la de él mientras intentaba débilmente alejarse de su toque.

—¿Nos vamos ya? —preguntó Edward, aun luchando por agarrarle la mano. Para Emmett, ellos no eran otra cosa más que una pareja muy enamorada que no podían mantenerse alejados, los miró con diversión. Lauren rodó los ojos con fastidio.

—Sí —respondió Bella, fingiendo mirarlo con ternura—, a donde tú quieras —finalmente Edward logró tomarle la mano y entrelazaron los dedos.

—¡Amigos, cálmense, estamos en un lugar público! —dijo Emmett entre risas, mirándolos con picardía.

—Perdón, lo siento mucho —comentó Edward y Bella empezó a reír tontamente—. A veces olvidamos donde estamos. De todos modos, los dejamos solos —asintió, levantándose de su asiento junto con Bella, Lauren miró fijamente sus manos unidas–nos tenemos que ir.

—Cariño, espera un momento —susurró Bella deteniendo a Edward, miró a Lauren y Emmett—. Mañana vamos a celebrar nuestra fiesta de compromiso, los estaremos esperando. Nos harían muy felices, ¿verdad, mi vida?

—Mucho, sí, mucho —asintió.

—Por supuesto, claro que iremos —confirmó Emmett, sus dientes brillantes resaltando. Lauren apretó los labios en una sonrisa y asintió en respuesta.

—Disfruten su comida —se despidió Bella, ajustándose su bolso sobre el hombro, mientras que su otra mano seguía agarrada firmemente a la de Edward. Se alejaron caminando con rapidez, sintiendo dos pares de ojos observándolos—. Ya suéltame —masculló Bella entre dientes mientras intentaba soltarse del agarre mortal de Edward.

—No puedo, nos están mirando —susurró Edward.

—¡Suéltame! —exigió con enfado mirando fijamente a Edward mientras seguía tironeando de su mano.

—¿Crees que me gusta agarrarte? —exclamó ofendido.

—¡Claro que te gusta!

X – X – X

—Cuando te dije que eras maravillosa… —empezó Edward apretando suavemente el volante en sus manos, mientras Bella lo miraba con una ceja levantada—, lo he dicho porque tuviste una idea maravillosa —aclaró.

—Sí, te lo dije porque tú me lo habías dicho —respondió Bella, encogiéndose de hombros mientras miraba tranquilamente la carretera, el aire revoloteando su cabello castaño—. Por cierto, Lauren es una chica muy hermosa, elegante y muy educada. Entiendo porqué te enamoraste de ella.

Edward se quedó callado por unos segundos, antes de responderle

—Es bueno que los hayas invitado al compromiso.

—Pues claro, ¿qué pensabas?

En los labios de los dos, se dibujó una pequeña sonrisa, ambos mirándose por un momento, antes de que Edward dirigiera su mirada hacia enfrente y Bella a un costado. Cuando ambos llegaron a Art Life y entraron a la oficina, todos se encontraban alterados, con planos regados por todos los escritorios y no había más que angustia reflejada en la cara de Alice y Jasper.

—Hola —saludó Edward, Bella se detuvo a un costado de él, sonriéndoles amablemente a todos, incluida a Alice que la fulminaba con la mirada—. Tengo buenas noticias. Bella aquí presente, acaba de resolver el problema con una maravillosa idea.

—¿Yo? —exclamó Bella, sorprendida.

—Sí —asintió él, mirándola por un momento antes de volver su atención a su equipo de trabajo—. Todo lo que íbamos a plantar en la segunda parcela de cultivo, lo vamos a colocar en el hotel.

—¿Y cómo haremos eso? —cuestionó Jasper.

—Vamos a construir terrazas frente a las habitaciones —explicó Edward, mientras Bella sonreía radiante de felicidad—. En la azotea, en las fachadas laterales… El hotel estará completamente cubierto de terrazas. ¿Lo visualizan?

Todos asintieron, incluso Alice se encontraba vagamente interesada y curiosa por aquella estupenda idea.

—Entonces, en lugar de construir una huerta en la segunda parcela, haremos del hotel todo un jardín. —concluyó Edward.

—¡Es una excelente idea! —exclamó Jasper, sonriendo. Diego empezó a aplaudir con alegría y después Bree, hasta que todos en la oficina se encontraban aplaudiendo, Bella les sonrió un poco avergonzada de la atención que estaba recibiendo.

—Me gusta mucho —admitió Alice, regalándole finalmente una suave y honesta sonrisa a Bella.

—¡Vamos a empezar ahora mismo! —asintió Jasper con emoción.

—Prepárense, regreso en un momento —dijo Edward, mientras se dirigía a la sala de juntas. Bella lo observó irse, mientras que la sonrisa en sus labios era casi imposible de borrarse.

—Bella —saludó Alice, tan elegante y apropiada como siempre en un mini vestido de tweed amarillo, sin mangas. A pesar de su baja estatura, era su estilo y la seguridad con la que se paraba sobre sus altos zapatos, lo que la volvía imponente en Art Life. Ella sabía cómo ejercer fuerza sobre todos ellos y, aun así, Bella seguía de pie, tan segura de sí misma como Alice. Tal vez su estilo no era tan apropiado como el de ella, pero era suyo—, ¿de qué especialidad te graduaste?

—Arquitectura paisajista —respondió con una sonrisa tensa—. No terminé el último año.

Alice la recorrió con la mirada, levantando una ceja y asintió casi imperceptiblemente. Después de eso, ella no volvió a hablarle a Bella. Todos empezaron pronto a trabajar y Bella vio con asombro la increíble organización que Edward y su equipo manejaban dentro, era algo con lo que ella siempre había soñado y pese a todo lo que había tenido que pasar, estaba agradecida de poder tener esta experiencia, todos, pero en especial Diego y Bree, escuchaban atentamente los consejos de Bella mientras en ocasiones, descubría a Edward mirándola fijamente, casi con intensidad.

Para Bella, Edward podría ser un robot sin sentimientos, pero era un robot especializado en su materia, y cuando él hablaba todos se detenían a escuchar atentamente sus instrucciones. Las diferencias entre ellos se quedaron por un momento congeladas, aunque Edward quisiera ignorar aquello, se encontró apreciando los pequeños detalles que ella hacía, como lo era el servirle una taza de té mientras él estaba sumergido en el trabajo, olvidándose por un momento de sus necesidades humanas.

—¿Hola, tía? —contestó Bella su celular, mientras analizaba un plano frente a ella.

—Cariño, ¿a qué hora llegan? La comida ya está servida —respondió Maggie.

—¡La cena! —jadeó Bella, tapándose la boca y dándose cuenta que, en efecto, ya no había luz natural filtrándose por los ventanales, tan solo oscuridad. Bella miró de lejos a Edward, hablando concentrado con Alice y muy sumergido en el trabajo—. Tía… no podemos ir. La empresa ha tenido una gran crisis. No tengo tiempo ni de contártelo.

—Solo para que sepas, si no están aquí en quince minutos, no te imaginas la gran crisis que va a explotar aquí, en esta casa.

—Tía, mira, sinceramente no podemos ir. No te enojes, por favor.

—¿Me estás evitando?

—¿De qué estás hablando, tía? ¡Es que de verdad hay una gran crisis aquí! Si tan solo vieras este lugar…

—Está bien, está bien. No te preocupes, iré a verlo en persona.

—¡No! ¡No me refería a eso! —exclamó Bella rápidamente—. No vengas, por favor. Está bien, iremos para allá. No te preocupes.

—¡Muy bien, hasta luego!

Bella dejó su celular sobre la mesa y se levantó lentamente, desde donde estaba tenía una vista directa a la sala de juntas y observó a Edward hablar con Jasper y Alice. Con pesar y un nudo en su garganta, suspiró y caminó hacia él.

—Edward —murmuró, entrando a la oficina, por otro lado, él continúo hablando sin inmutarse de su presencia—. ¡Edward! —repitió en voz alta.

—¿Qué pasa? —exclamó con fastidio, mientras Alice y Jasper se giraban a verla sorprendidos.

—Tenemos que irnos —respondió Bella, inclinando suavemente su cabeza hacia la salida.

—¿A dónde? —preguntó confundido.

—Con mi tía, nos está esperando para cenar.

—Te dije que lo cancelaras —Edward la miró con una ceja levantada, mientras el enfado empezaba a apoderarse de sus facciones.

—Y yo te dije que no podía —lo retó Bella. Alice y Jasper los miraban con incomodidad y sorpresa, en todos los años que tenían de conocer a Edward, nunca nadie se había atrevido a hablarle de aquella manera.

—Entonces llámale a tu tía y cancélalo —ordenó suavemente, tratando de controlar su enojo.

—Le prometiste que pasaríamos a tomar un café —insistió Bella, acercándose lentamente a él. Edward apretó fuertemente la mandíbula y sus ojos verdes furiosos la miraron fijamente.

—¿Te das cuenta de lo que estamos haciendo en esta mesa? —cuestionó Edward, señalando los planos esparcidos frente a él—. Todo tiene que estar listo para mañana.

—Entonces, continua con esto después de la cena —ordenó Bella con determinación. Todos en la sala de juntas los observaron con sorpresa. Bree, que llevaba años trabajando con el Sr. Edward, nunca lo había visto en tal posición, porque Lauren jamás lo había retado de tal manera y de haberlo hecho, era seguro quien tenía todas las de perder, pues Edward nunca recibía órdenes de nadie—. Vámonos —repitió Bella lentamente, mirándolo con una sonrisa.

Edward soltó el aire contenido en sus pulmones y, contando hasta tres, asintió, cerrando de golpe su computadora.

—Está bien —respondió, apretando los dientes—. Vamos, entonces.

El aire en la sala se paralizó por un momento, Bree y Diego miraron boquiabiertos a Edward. Alice lo miró con repugnancia y Jasper, con diversión y asombro.

—No me mires así —susurró Edward entre dientes al pasar junto a su amigo. Bella salió con paso firme y él tan solo la siguió enfadado.

Tan pronto como ambos salieron, Jasper empezó a reír y pronto Diego se unió a él.

—¡Mira lo que acaba de pasar! —exclamó Diego—. ¡No puedo creerlo, de verdad! —Alice miró a Diego, el disgusto plasmado en sus delicadas facciones—. ¡Edward Cullen! —continuó—. ¡Como un cordero, ha seguido a una mujer que le habló en tono dominante! ¡Enhorabuena Bella, de verdad!

Jasper no podía borrar la sonrisa de su rostro y empezó a reír con más fuerza.

—¡De ahora en adelante, le voy a hablar así! —dijo Bree con tono firme—. ¡Si funciona, le voy a hablar así también!

—¿Ahora entiendes lo que quería decir? —inquirió Alice enfadada, mirando a Jasper—. ¡Y deja de reírte! —Jasper lo miró confundido—. ¿Este es el Edward Cullen que tú conoces? ¿A ti te parece normal? ¿Puedes decírmelo, por favor?

—Vamos a ver —dijo Jasper entre risas—. Si yo no lo reconozco después de veinte años… no puede reconocerlo nadie. ¡Vamos, al trabajo, anda! —susurró Jasper sonriendo.


Merhaba! Hoy tengo algo importante que decirles:

Quisiera aclarar, que esta historia no es como las que hemos leído con anterioridad respecto a relaciones fingidas, que hacen un contrato y la historia se vuelve rated M jajaja no digo que no vaya a haber, pero todo a su momento, es más bien un proceso en el cual vamos a leer la gran evolución de Edward y Bella, y muchos momentos divertidos.

Algunos han tenido curiosidad respecto a la cantidad de capítulos, la primera parte (y es en la que estamos ahorita) probablemente va a constar de 30 - 35 capítulos, y sí, con final feliz... si quieren seguir en nuestra aventura, continuará en la parte dos a su debido momento.

Si quieren ver los anillos de compromiso, los invito a unirse al grupo de la historia en Facebook: La Estrella del Robot

www (punto) facebook (punto) com/groups/511389629898448/

Nuevamente agradeciéndoles a todas por sus reviews. Y como no, que nunca falten las gracias infinitas a Annie, que sin ella esta aventura no sería igual.

görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.