Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beta & Colaboradora: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn. ¡Gracias por todo!


Capítulo 8.

—¡Si vuelves a actuar de esa manera, no volverás a poner un pie en esta oficina! —amenazó Edward con enojo, sus ojos verdes chispeando mientras salían de la empresa.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a despedir? —murmuró suavemente Bella—. ¿A tu prometida?

—No pongas a prueba mi paciencia. —deteniéndose abruptamente, se giró y la miró con dureza.

—¿Sabes que es lo más divertido? –preguntó Bella sin esperar una respuesta—. Que eres un hombre tan cruel, que si despides a tu prometida nadie se va a sorprender.

—La mujer que realmente sea mi prometida, jamás sería tan grosera como tú y sería lo suficientemente inteligente como para pedir hablar conmigo en privado.

Bella abrió la boca para replicar, pero de sus labios no lograron salir palabras. Se sonrojó casi imperceptiblemente y cerró la boca, mirando hacia sus pies.

—Es lo único que puedo hacer —susurró levantando la vista y mirándolo por primera vez, con una expresión casi melancólica—, lamento no estar a la altura de tus estándares.

Edward suspiró y trató de suavizar sus facciones.

—¿Dónde vive tu tía? —preguntó finalmente, mirando con desconcierto como sus duras palabras la habían afectado.

—En la misma casa que vivo yo —murmuró Bella, señalando la salida. Ambos caminaron hacia el coche de Edward, pero este último aun la miraba con recelo, sin comprender por qué, de pronto, su familiar actitud había cambiado tanto.

Después de manejar por unos cuantos minutos, finalmente llegaron a su casa. A pesar de que, por primera vez, la chica había hecho lo que tanto había suplicado Edward con anterioridad, que era guardar silencio, él notó con sorpresa que no se sentía satisfecho después de todo. Entraron rápidamente a la casa de Bella en silencio.

—¡Bienvenidos! —saludó Maggie, que los esperaba en el patio con la mesa llena de alimentos.

—Gracias, tía —murmuró Bella, mirando de reojo a Edward.

—Buenas noches —saludó, mirando discretamente el reloj en su muñeca. Se detuvieron enfrente a la esbelta y joven mujer con rizos salvajes, Edward sonrió con incomodidad.

—Edward, te presento a mí tía.

—Hola, mucho gusto, soy Maggie —asintió, extendiendo la mano—, la tía de Bella.

—¿Su tía? —preguntó levantando levemente las cejas, estrechó rápidamente su mano—. Es muy joven —comentó, sorprendido.

—¡Gracias! —asintió Maggie, sonriendo feliz—. Siéntense por favor, voy a terminar unas cosas y regreso con ustedes.

Bella miró a Edward de cerca y colocando las manos a ambos lados de su propio rostro, fingió extender una sonrisa.

—¿Podrías sonreír un poco?

—¿Para qué? —preguntó Edward, mirándola con aburrimiento.

—¡Bueno, no lo sé! —exclamó Bella con sarcasmo—. Generalmente la gente sonríe cuando se comprometen. Es lo normal.

—No estoy de humor para esto —respondió Edward, extendiendo la mano frente a él mirando su reloj—, nos vamos dentro de diez minutos.

—¿Por qué no se han sentado todavía? —comentó Maggie mientras llegaba a donde estaban parados—. Por favor, siéntense.

Bella buscó el lugar más alejado de Edward y su tía la miró con confusión.

—Cariño, ¿a dónde vas? Siéntate a lado de tu prometido —dijo Maggie señalando el asiento a lado de Edward.

—¡Oh, no! —negó rápidamente frunciendo el ceño—. Es mejor que estemos lejos.

Edward suspiró y apretó los dientes, mirándola fijamente. Maggie los miró con sospecha.

—Es que quiero verle la cara —explicó rápidamente con una sonrisa nerviosa.

—No hagas eso, ve con él, por favor —señaló su tía. Bella apretó los labios y Edward miró la mesa repleta de distintos platillos de comida.

—Es una mesa increíble —halagó Edward, mientras Maggie sonreía—, se ha tomado muchas molestias.

—Gracias. No es para menos, es la primera vez que el prometido de Bella viene a casa.

—Tía, no podemos quedarnos a cenar —murmuró ella, tan pronto se sentaron en la mesa, Maggie la miró sin decir una palabra.

—De hecho… creo que voy a probar la ensalada —dijo Edward asintiendo, Bella lo miró sorprendida de que él hubiera cambiado de opinión tan pronto, Edward la miró con una pequeña sonrisa torcida.

—Claro —sonrió Maggie sirviéndole una porción de ensalada en su plato—. Buen provecho.

—Sra. Maggie, entiendo que piense que nos hemos comprometido demasiado pronto.

—¿Demasiado pronto? No —negó Maggie riendo—, diría que a la velocidad de la luz. No entiendo por qué tienen tanta prisa.

—Tía, hay mucha gente que se casa en dos días —dijo Bella riendo nerviosamente, miró a Edward—, ¿verdad?

—Completamente —asintió Edward.

Maggie miró a su sobrina con una ceja levantada, conociendo perfectamente cuando se ponía nerviosa.

—Sé que esto no es muy común… —dijo Edward lentamente intentando simpatizar con la tía de Bella.

—Es algo completamente insólito —afirmó Maggie y Edward solo pudo responderle con una sonrisa casi angelical.

—¡Pero bueno! Lo que a mí me importa es que se lleven bien.

—Nos llevamos muy bien —contestó Bella rápidamente, sonriendo mientras miraba a Edward que le sonreía de la misma manera—, estamos muy bien juntos; además, tía, es muy agradable hablar con él. ¡No quiero ni siquiera interrumpirlo cuando él empieza a hablar!

Edward no pudo evitar reírse con burla ante sus palabras.

—Sí —asintió Edward, suspirando y tragando pesadamente saliva. Frunció el ceño con una pequeña sonrisa en los labios—. Después de que Bella me puso las esposas, ya no pude separarme de su lado.

A Bella se le borró lentamente la sonrisa del rostro mientras lo miraba con la boca entreabierta. Frente a ella, su tía la miraba sorprendida.

—Eh… ¿Las esposas? —cuestionó Maggie con la voz temblorosa. Edward se puso serio de inmediato y miró alternadamente de Bella a Maggie.

—¿Qué esposas? —preguntó débilmente Bella, mirándolo con los ojos abiertos de par en par.

—¡Ah! —asintió Edward en reconocimiento—. ¿Entonces no le has contado la historia a tu tía? —Bella sentía que todo empezaba a dar vueltas suavemente mientras intentaba enfocar la cara de Edward—. Pero dijiste que se lo cuentas todo, ¿no es así?

—¿Qué historia? —Preguntó Maggie, mirando seriamente a Bella, pero esta se encontraba mirando fijamente el plato frente a ella—. ¿Bella? —Levantó rápidamente la vista, pero sus ojos se encontraban desorbitados intentando encontrar un punto fijo—. ¿Por qué has esposado al Sr. Edward?

—¡Buena pregunta! —dijo Edward asintiendo firmemente con una sonrisa, sin embargo, su sonrisa se borró tan pronto vio la cabeza de Bella caer flácidamente sobre el plato vacío frente a ella, la miró sorprendido mientras veía al mismo tiempo sonreír a Maggie—. ¿Bella? —preguntó con preocupación, la morena no hizo más que respirar suavemente sin despertar. Se había desmayado.

—¡Ah! Por supuesto que no sabe esto —comentó riendo Maggie, mirando a un Edward estupefacto—. Bella tiene una extraña enfermedad del sueño. Cuando está muy estresada, simplemente se duerme de la nada. Se va a despertar pronto, no se preocupe.

—¿No deberíamos llevarla a un hospital? —preguntó señalándola—. ¿Está segura?

—Oh, no es necesario, ella despertará pronto —asintió sonriendo mientras se levantaba—. Iré a traerle agua con limón… las esposas —masculló entre dientes Maggie mirándolos con recelo mientras se alejaba.

—¿Bella, que estás haciendo? —murmuró Edward tan pronto Maggie se dio la vuelta—. ¿Bella? Esto no es para nada divertido, por favor, despierta —ordenó mientras la miraba de cerca, tocó suavemente su cabeza intentando despertarla—. Bella, lo estás haciendo a propósito. ¡Despierta!

Ella, sin embargo, se encontraba muy lejos de ahí, durmiendo cómodamente. Edward continúo tocando desesperadamente, pero con suma delicadeza su cabeza, intentando despertarla.

—¡Bella, Bella! —susurró con fuerza—. ¿Estás bromeando? ¡No estás enferma, ni siquiera existe eso!

En ese momento, Edward escuchó un sonoro clic de una cámara al mismo tiempo que un jadeo colectivo se hacía audible hasta donde ellos se encontraban, levantó la vista con el ceño fruncido mirando a lo lejos como se asomaban detrás de unos arbustos las sonrientes y claramente angustiadas amigas de Bella. Rosalie lo saludó tontamente mientras le sonreía, mientras que Ange sonreía feliz y Leah lo miraba con cara de póquer. Edward respondió lentamente a su saludo y volvió a mirar preocupado a Bella, quien por suerte iba despertando, levantando confundida la cabeza. Mientras tanto, las chicas se acercaban rápidamente a ellos. Bella gimoteó mientras entrecerraba los ojos y se agarraba su cabeza con ambas manos.

—¿Me he dormido de nuevo? —preguntó con voz débil.

—¿Es de verdad, entonces? —inquirió Edward mirándola con preocupación. Bella lo miró sin decir nada, dándose cuenta de que sus amigas se acercaban.

—Aquí tienes —susurró su tía Maggie colocando un vaso frente a ella.

—¿Y ustedes de donde han salido? —preguntó Bella mirando confundida como sus amigas tomaban asiento en la mesa, Edward bufó enfadado. Angela estaba sonriendo radiante como el sol por la mañana. Leah, sin embargo, miró fijamente a Edward con una ceja levantada.

—Como el Sr. Edward tenía demasiada prisa esta mañana no pudimos presentarnos, ahora queremos conocerlo —respondió Leah con una sonrisa casi diabólica.

—Ah… sí —asintió Edward mirándola con sorpresa—, es que Bella dijo que teníamos mucha prisa…

—¿Entonces haces todo lo que te dice Bella? —replicó Leah, frunciendo los labios y ladeando la cabeza ligeramente.

—Sí —respondió Edward rápidamente.

—¿Se han comprometido?

—Sí —repitió Edward frunciendo el ceño ligeramente, mientras miraba a las demás personas en la mesa—. Por cierto… no sé si lo saben o no, pero mañana vamos a celebrar nuestro compromiso.

Bella lo miró rápidamente con la boca abierta y los ojos de par en par, mientras que sus amigas y su tía los miraban sorprendidas, negando rápidamente con la cabeza.

—¿Una fiesta de compromiso?

—No lo sabíamos.

—¿Mañana?

—Espera un momento, Bella no me dijo nada. —respondió Maggie mirándola con recriminación.

—Es que… es que acabamos de decidirlo —tartamudeo Bella—. ¡Lo hemos decidido hoy, hace un rato… de verdad! —Angela la miró con reproche mientras mordisqueaba un pedazo de pan con enfado–queremos hacer oficial nuestro compromiso.

—¿Y la boda cuando será? ¿A medianoche? —exclamó Maggie.

—¡No, tía, te lo prometo! —dijo Bella riendo con alivio—. Te aseguro que no existe ni la más mínima posibilidad de que eso ocurra. —Edward la miró con el ceño fruncido y carraspeo suavemente, Bella entendió rápidamente y añadió—. Quiero decir, de momento, por supuesto. En ese caso, vamos a tardar un poco más.

—Me parece muy bien —asintió Maggie.

—Queremos conocernos mucho mejor —explicó Edward—. ya saben, no es muy fácil conocer a Bella, ella es un poco…

—¿Un poco qué? —preguntó dulcemente Bella, mirándolo con ojos ardientes.

—Original, por supuesto —respondió Edward, mientras Angela asentía contenta con su respuesta.

—¿Y tu quieres a Bella? —preguntó Leah, sin apartar la mirada de él.

—¡Ay, por Dios! —Interrumpió Maggie, evidentemente a propósito—. He olvidado poner las cerezas en el pastel que hice para hoy. ¿Bella, puedes ir a ponérselas por favor?

—Tía, pero es que a Edward no le gustan los dulces…

—Vamos a invitarle, y si no le gusta, entonces que no se lo coma —replicó Maggie. Bella asintió suavemente, sabiendo perfectamente que su tía estaba tramando algo—. Chicas, vayan a ayudarla.

Las tres siguieron rápidamente a su amiga, sin embargo, Angela veía a Edward como si fuese un príncipe sacado de algún libro, y Rosalie y Leah tuvieron que tirar fuertemente de ella para que se levantara y las siguiera. Edward no pudo ocultar una pequeña sonrisa.

—Vayamos al grano —dijo Maggie tan pronto estuvieron solos, y miró con determinación a Edward.

—Por supuesto —asintió.

—¡Costillas rellenas! —Maggie levantó con fuerza la tapa del recipiente con comida en la mesa—. Usted come y yo hablo. Porque no tiene idea del gran esfuerzo que estoy haciendo para no sufrir un ataque de nervios.

Edward estaba a punto de replicar, pero algo en los ojos de Maggie lo hizo cambiar rápidamente de opinión.

—Tiene razón.

—Mire, Sr. Edward, siempre he apoyado las decisiones de Bella. No sé porqué Bella se ha comprometido con usted, no es una chica que se comprometa con alguien que acaba de conocer hace dos días. No me quiere decir la razón, pero algún día lo voy a descubrir.

—Entiendo su preocupación —asintió Edward, murmurando cuidadosamente las palabras.

—No, Sr. Edward —Maggie lo miró con un brillo en los ojos, un brillo de una persona que es capaz de defender con su propia vida a sus seres queridos—. Usted no lo entiende. Mire, la infancia de Bella y su vida… están llenas de traumas. ¿De acuerdo?

—¿Traumas? —cuestionó Edward con los ojos entrecerrados.

–Ella misma se lo contará si así lo quiere —respondió Maggie, sus ojos ahora nublados con una capa de tristeza—. Bella se ha construido una vida pequeña, digna y hermosa —levantó una mano, señalando lentamente mientras lo miraba con determinación—. Sí tan solo un cabello de Bella sale herido, si su corazón se llega a romper… usted se hará responsable, y haré que su mundo se derrumbe.

Edward asintió, mientras apretaba la mandíbula fuerza, tragó pesadamente saliva, antes de responder.

—Le prometo que Bella no va a sufrir.

—Puedo ver que es un hombre de palabra. Así que le creo —dijo Maggie, mirándolo ahora con menos hostilidad, le sonrió mientras señalaba el plato de comida—. Coma, por favor. Costillas rellenas, están deliciosas.

—Oh, no por fav…

—Coma —replicó Maggie mirándolo con una hilera de brillosos dientes blancos.

—Las probaré por todo el esfuerzo ha hecho —asintió Edward con una tensa sonrisa, por dentro, sin embargo, sentía que el nivel de locura que estaba manejando era demasiado.

—Bella dijo que es hipocondriaco —comentó Maggie sonriendo, Edward soltó una carcajada mientras se servía una pequeña porción de comida.

—¿Eso le ha dicho? ¡Qué bien!

—Así que la próxima vez, voy a preparar verduras hervidas.

Edward siguió sonriendo mientras se llevaba lentamente el tenedor a la boca, cuando sintió la grasa derretirse dentro de su boca tuvo que hacer un enorme esfuerzo para masticar y sonreír al mismo tiempo, y así no mostrar su verdadera reacción.

—¡Muy delicioso! —elogió rápidamente, después de tragar la pequeña porción—. Están muy ricas.

—Buen provecho —asintió Maggie satisfecha.

X – X – X

Bella colocó minuciosamente una cereza tras otras en el pastel, enfocando toda su atención en distribuirlas equitativamente mientras ignoraba los tres pares de ojos recriminatorios puestos sobre ella.

—Bella, ¿no vas a contarnos lo que pasa? —Preguntó Leah, mirándola sin parpadear con una mano en la cintura.

—¿Y que quieren que les diga? —Replicó Bella mirándolas con desconcierto, mientras seguía acomodando cerezas—. Todo está tan claro como el agua.

—Bella… ¿Te das cuenta que te alejas de nosotras cada vez más? —Rosalie la miró con tristeza—. Nunca nos habías hecho algo así.

—No me gusta ese hombre ni un poquito —añadió Leah.

—¿Quién te gusta a ti, de todas maneras? —defendió Angela rápidamente, mirándola con los ojos entrecerrados.

—¡Ange, por favor! —exclamó Leah con asombro.

—¡Bella ya dijo que se enamoró! —comentó Angela con el ceño fruncido—. Esto es amor y ya está. ¡Así que ya déjenla en paz!

—¡Y ella sigue hablado de amor! —Rosalie bufó mientras de cruzaba de brazos y miraba los ojos negros de Leah en busca de apoyo.

—¿Y que tiene? —Ange tomó una cereza y la mordió con una sonrisa llena de felicidad—. ¿Has visto cómo se miran? ¡Eso es amor! ¿Acaso quieren que regrese con Jake?

—¿Cuándo he dicho eso? —Replicó Leah enfadada—. ¡Lo dije por su propio bien!

—¿Y entonces yo tengo malas intenciones? —preguntó Angela con sus redondeadas mejillas teñidas de rosa, evidencia de su leve molestia.

—¿Y es que nosotras dijimos algo malo? —inquirió Rosalie con una ceja levantada.

—¡No es eso, yo la conozco mejor y por eso lo digo!

Bella finalmente había terminado de colocar cerezas, y las miró con asombro, ni siquiera lograba entender todo lo que seguían parpaloteando las tres al mismo tiempo.

—¡Chicas! —gritó Bella finalmente haciendo que guardaran silencio—. ¿Podrían dejar de hablar como si yo no estuviera aquí? Por favor, pónganse de mi lado. ¿No pueden confiar en mí y mis decisiones, como lo hacían antes?

—Siempre estamos de tu lado, Bella —susurró Rosalie con angustia mientras la abrazaba rápidamente.

—Yo también —murmuró Ange con un puchero abrazándola.

Leah las miró sin una pizca de sentimiento y se acercó suavemente a Bella, mientras Rose y Ange reían y se distraían por un momento, tocó dulcemente el hombro de Bella.

—A mí no me puedes engañar —susurró mirándola con una sonrisa torcida, Bella casi podía sentir que sus ojos negros eran capaces de atravesarle el alma y descubrir toda la verdad. Leah se alejó y la dejó boquiabierta.

—¡Venga, vámonos! —chilló Rosalie saliendo detrás de Leah, ajena a lo que acaba de pasar.

—Vamos, Bells —dijo Ange con una enorme sonrisa, dándole un suave beso en su mejilla—. Vamos, todo saldrá bien.

Bella suspiró y siguió a sus amigas, mientras caminaba con el enorme pastel en las manos.

—El castillo de Mardin es algo maravilloso, parece ser que tiene más de 1600 años… —comentó Edward.

—Sí, toda mi infancia la pasé ahí —asintió Maggie sonriendo.

Bella los miró con suspicacia mientras colocaba el pastel en la mesa. «Entonces, Edward es capaz de mantener una conversación civilizada con mi tía, pero conmigo no…», pensó Bella mientras rodaba los ojos.

—Si vuelven a ir a Mardin…

—No volveremos a ir a Mardin —interrumpió Bella con molestia. Su tía se puso seria rápidamente, notando la tensión.

—Muy bien —asintió Edward, mirándola con curiosidad.

—¿Edward?

—¿Si?

—¿No vas a llegar tarde al trabajo? —preguntó Bella dulcemente, Edward miró sorprendido la hora en su reloj.

—¡Vaya, sí! Lo siento mucho, Sra. Maggie… sin embargo, le agradezco mucho lo que hizo. Lamento no haber podido comer casi nada… las costillas estaban muy ricas, deliciosas.

—Gracias —respondió Maggie mientras todos se levantaban de sus asientos.

—Entonces, nos vemos mañana en la fiesta. —comentó Edward, mientras se paraba a un lado de Bella, los vellos de su brazo se erizaron.

—Me alegra mucho haberlo conocido, me siento más tranquila. —dijo Maggie, sin embargo, poco sabía Edward de lo que pasaba en realidad por la mente de Maggie.

—¿Quieres que te lleve a tu casa? —preguntó Edward amablemente a Bella, esta, sin embargo, lo miró con los ojos abiertos de par en par.

—Yo vivo aquí, ya te lo había dicho —le recordó sonriendo con nerviosismo.

—Pues ya no se lo repitas tanto, cariño —intervino Maggie, sonriendo—. Enséñale la casa a tu prometido.

Edward miró con incomodidad a Bella, sin embargo, ambos caminaron sin decir una palabra hacia la entrada de la casa, subieron las escaleras hacia el segundo piso y Bella se detuvo en la cocina, suspirando.

Edward vio con curiosidad un pizarrón colgado en la pared.

Mi nombre es Bella, si no te gusta entonces vete —leyó Edward en voz alta.

—Me gustan mucho las inscripciones que vienen escritas en la parte trasera de los camiones —explicó ella con una sonrisa.

—¿En la parte de atrás de un camión? —preguntó Edward con confusión.

—Sí, llevan todo tipo de frases escritas y arabescos, yo las escribo y las colecciono. Bueno, puede parecerte extraño —añadió encogiéndose de hombros y continúo con el recorrido, Edward se quedó vagamente fascinado antes de seguirla—. Este es el salón.

Edward recorrió con la mirada el pequeño, pero bien distribuido espacio, dándose cuenta que sin duda se trataba de una pequeña familia muy unida, la casa estaba repleta de flores y colores, había cuadros y adornos florales en cada rincón, de hecho, no había un solo rincón en toda la casa que no estuviera adornado con pequeños detalles o decoraciones.

—Es bonito —comentó Edward, Bella lo miró asintiendo lentamente, incomoda de tenerlo en un espacio tan seguro y preciado para ella.

—Hay una terraza allá arriba, si quieres verla —señaló Bella, inclinando su cabeza ligeramente hacia las escaleras. Edward asintió y ella se apresuró a indicarle el camino, con cada segundo que pasaba sentía la necesidad de apresurar todo para que finalmente Edward pudiera irse de su casa.

Para poder salir a la terraza, forzosamente tenían que pasar por el cuarto de Bella, este se encontraba con la puerta abierta y Edward no pudo evitar fijarse en el retrato colgado que había en una de las paredes de la habitación. Vio con asombro como una foto suya estaba cubierta con perforaciones, eran tantas que estaban unas sobre otras, signo evidente que indicaba que los dardos incrustados ahora mismo en su frente y mejilla, habían sido lanzados incontables veces hacia su foto, la cual estaba casi irreconocible.

Bella rodó los ojos y suspiró al notar a Edward apretar la mandíbula y acercarse más a la entrada de la habitación, la miró con una ceja levantada y ella simplemente se encogió de hombros en respuesta.

—¿Y entonces esto… demuestra el gran amor que le tienes a Edward Cullen, no es cierto?

—Mhmm… —dijo Bella sonriendo—, soy su gran admiradora.

Edward rió quedamente, antes de asentir y salir a la terraza.

—La casa es como tú —murmuró, mientras observaba detenidamente el espacio que sin duda alguna era el corazón de la casa, Bella lo miró mordiéndose suavemente el labio.

—¿Cómo?

—Es original.

La terraza se encontraba iluminada por todo tipo de luces: series colgando por todos lados, luces en forma de faroles y estrellas, el recorrido de todo el barandal del balcón se encontraba iluminado con una guía de luces; había varios pequeños y cómodos sillones esparcidos por toda la amplia terraza, grandes almohadones de colores y espacios para sentarse y pasar el rato. Y, sin duda, las flores y plantas no podían faltar.

—Me gusta tal como está —dijo Bella feliz y con una enorme sonrisa—: velas, flores, pequeñas notas…

Edward asintió, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón, se quedaron en silencio mientras se observaban, algo inexplicable parecía sucederle a ambos, para Edward era una sensación extraña el sentir que no podía apartar la mirada de ella, la miraba casi con intensidad, casi de la misma manera en la que ella lo miraba, antes de que Bella sacudiera la cabeza y se recordara a sí misma con quien se encontraba parada, tragó rápidamente saliva y rompió el contacto visual con el corazón acelerado.

—Por cierto… muchas gracias, mi tía ya se ha calmado y no está preocupada. —por primera vez, se encontraba siendo honesta y amable con el hombre que tanto había despreciado. El brillo de rencor en sus ojos se había apagado lentamente y en silencio.

—Es por el contrato, todo es parte del juego. —respondió Edward, apagando lo que sea que había activado dentro de él segundos antes, cuando sentía que su ritmo cardiaco aumentaba sin razón alguna al mirarla.

—Tienes razón —asintió Bella, tratando de no mostrar la pequeña decepción que sintió al escuchar sus palabras—, todo es parte del juego.

—En fin —suspiró mirando su reloj—, tengo que irme. —sin embargo, sus ojos decían algo diferente, algo salvaje estaba pasando dentro, y él aun no era capaz de darse cuenta, ni ella, para el caso—. Buenas noches, Bella Swan.

—Buenas noches, Edward Cullen.

Más tarde, esa misma noche, Bella salió a despejarse a la terraza sintiendo el aire fresco recorrer su cuerpo mientras la noche estrellada le devolvía la mirada, sin duda su mente y corazón eran un desorden en el que todo lo reinaba el caos y se encontraba apoderado de cada rincón de su mente. ¿Qué estaba sucediendo con ella? No encontraba respuestas, ni tampoco un sentimiento definido, simplemente sabía que algo estaba cambiando y eso le asustaba.

Edward Cullen, sin embargo, ahogaba sus confusiones en trabajo, donde todo era seguro y preciso, donde no albergaban dudas ni pensamientos tormentosos. Durante años y años había sido así, y no planeaba cambiar su situación. En su vida, ya no había espacio para tales cosas. Pero, esa noche, algo estaba cambiando y por primera vez tuvo dificultad en concentrarse en los planos frente a él.

Edward se había forjado una enorme pared de hierro, que no tenía llave ni cerradura. Y de la cual no estaba dispuesto a derribar jamás, pero en ese momento de confusión, se dio cuenta que había pasado su vida construyendo paredes fuertes y reforzadas, pero nunca un techo, y al levantar la vista vio un cielo estrellado e iluminado devolverle la mirada.

X – X – X

—Dime, Jasper —saludó Edward, mientras salía de su casa con el celular en la oreja.

—Escucha, no tenemos tiempo de terminar los planos hoy, hermano. Estamos atrasados, ¿qué haremos?

—Ya los he terminado.

—¿Escuché bien? —Exclamó Jasper impactado—. ¿Cuándo los terminaste? ¿Acaso no dormiste en toda la noche?

—La fiesta de compromiso es hoy —suspiró Edward, tratando de no volver a recordar lo que había pasado con él mismo anoche—. Mira, reúne al equipo hoy y terminemos las cosas en mi casa. Traes también las copias.

—¿Puedo saber cuál es tu secreto? —continuó Jasper, aun sorprendido por las anteriores palabras de su amigo—. Por favor, dímelo. Yo también lo quiero llevar a cabo.

—No te tardes, cuando llegue el Sr. Miller haremos la presentación.

—Está bien, está bien.

Edward caminó hacia al enorme jardín de su casa, escuchando ya las voces y el ajetreo del personal encargado de organizar la fiesta.

—… Mueve eso, un poco más a la izquierda. Quiero que el cristal brille.

Con el ceño fruncido, observó a su madre dar órdenes a las distintas personas que la rodeaban y que daban vueltas con adornos, manteles y mesas.

—Aquí —exclamó Esme, señalando con ambas manos un espacio en el jardín—, quiero que el bar quede justo en el centro —la mujer a lado de ella anotó rápidamente sus indicaciones—, y al otro lado, vamos a colocar el escenario, quiero una distancia suficiente. ¿Está claro?

—Claro que sí, Sra. Esme.

—¡Buenos días, bebé! —saludó Esme sonriendo, mirando con alegría a su hijo.

—Mamá, ¿qué estás haciendo? Te dije que era una fiesta pequeña… ¿Qué es todo esto? —Murmuró señalando las cosas—. ¿Esos son candelabros? —Entrecerró los ojos al verlos—. ¡Señores, por favor, pueden llevárselos! —ordenó.

—Dile a Belda…

—Es Bella, mamá.

Esme rodó los ojos, ajustándose su pulcro cabello cobrizo, sus joyas brillando y tintineando suavemente con el pequeño movimiento.

—Dile que venga a verme lo antes posible. Hay cosas que necesito hablar con ella urgentemente.

—Vendrá si tiene tiempo, ¿de acuerdo? —replicó Edward, mientras continuaba con su camino.

—Ve con tu padre antes de irte, por favor —añadió Esme con delicadeza, sabiendo que, ante Edward, su padre siempre era un tema de conversación difícil, este se dio la vuelta con lentitud y suspiró mirándola fijamente.

—Mamá, hoy estoy muy ocupado.

—Casi sufre un ataque cardiaco cuando se enteró de tu compromiso —explicó Esme mirándolo con suplica—, no quiero tener problemas esta noche, por favor, cariño. Anda, ve a verlo.

Edward suspiró con fuerza, y asintió. Su padre se encontraba desayunando cuando se acercó, sin decir una palabra se paró frente a él.

—¿Has decidido comprometerte? —El Sr. Anthony lo miró con dureza.

—Sí —asintió, y suspiró con fastidio mientras se cruzaba de brazos y se recargaba en el barandal de la terraza.

—Entonces no cometas el error de presentarme a esa chica.

Edward sonrió sin un rastro de humor.

—Como tú quieras. —Su padre lo miró detenidamente, sus ojos brillando con decepción ante lo que veía frente a él.

—Mira, hijo, con este comportamiento pones en riesgo el futuro de la empresa.

—El futuro de la empresa ya está en peligro —respondió Edward, el Sr. Anthony lo miró sin inmutarse—. Lo mejor sería hablar con Lauren y su padre para que nos vendan su 50% de las acciones.

—¿Por qué? —Preguntó con brusquedad—. ¿Es porque rompiste con Lauren?

—Aunque me casara con ella, yo voy a dirigir la empresa. Su padre está enfermo. Y Lauren no tiene ningún deseo de manejar los negocios.

—No puedo dirigir la empresa basándome en tus sentimientos —replicó el Sr. Anthony.

—Ese es precisamente tu principal problema —comentó Edward sonriendo con burla, su padre giró rápidamente la cabeza mirándolo con enfado—, estás tan empeñado en buscar garantías que no tienes visión del futuro.

—Y tú no tienes idea de la situación, si te la pasas entre besos y abrazos. —Edward sonrió con los dientes apretados—. Y con una chica que nadie conoce.

—Está bien, entonces, fue una gran conversación. Disfruta de tu desayuno. —se despidió Edward, alejándose rápidamente de su padre.

X – X – X

«Ha llegado el temido día, me voy a comprometer con Edward Cullen. Todo está pasando tan rápido, que me mareo de tan solo pensarlo. Un hombre que no conozco me ha cautivado, me arrastró a él y me puse en el centro de su vida. Algo en él me asusta, ha construido un gran muro que no sé lo que piensa, ni lo que siente. Hace sufrir a los que lo rodean…».

Los pensamientos de Bella no dejaban de girar y girar, como una ruleta rusa, mientras continuaba añadiendo hermosas flores al arreglo frente a ella. Bella miró con una sonrisa a Edward, que se acercaba a ella con el ceño fruncido mientras sus ojos verdes vagaban por al amplio jardín de la floristería.

—Buenos días —saludó Bella.

—¿Estás lista? Vine a recogerte —respondió Edward, mientras carraspeaba con incomodidad, el ceño fruncido adornado su frente.

—¿Nunca dices buenos días? —preguntó Bella. Edward la miró suspirando con frustración—. Hoy nos vamos a comprometer. Al menos deberíamos darnos los buenos días, ¿no crees?

—Buenos días —replicó Edward, con una cara que indicaba todo lo contrario, sin embargo, Bella sonrío.

—¡Muy bien!

—¿Nos vamos ya?

—Estaré ocupada un par de minutos —Bella continuó añadiendo flores a su arreglo—, si quieres puedes dar un paseo por el invernadero.

Edward suspiró con resignación y se dio la vuelta, recorrió un par de pasos antes de empezar a toser con fuerza, casi sonaba como si se estuviera ahogando o quizá asfixiando, Bella lo miró preocupada.

—¿Estás bien? —Edward extendió la mano tratando de restarle importancia, sin embargo, Bella ya se acercaba a él con un vaso de agua en la mano—. Ten, tómalo. Toma un poco de agua.

—Gracias —susurró mientras carraspeaba y tosía al mismo tiempo. Bella miró con confusión las flores a su alrededor.

—¿Eres alérgico?

—No que yo sepa.

—Oh, ya recordé —asintió con una sonrisa torcida, mientras regresaba a su adorno—: eres alérgico a las cosas buenas.

Edward continúo carraspeando un par de veces más, antes de que viera a Bella acercarse a la entrada del negocio con una enorme sonrisa en sus labios.

—¡Oh! ¡Hola, Riley! ¡Bienvenido! –saludó Bella.

—Hola, Bella —dijo Riley acercándose a ellos, Edward los miró con el ceño fruncido, su malestar ahora olvidado mientras sentía hervir dentro de él algo más letal y peligroso.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Edward bruscamente, mientras caminaba parándose a un lado de Bella.

—Bella me envió unas flores, he venido a darle las gracias —explicó Riley con una sonrisa venenosa. Edward miró rápidamente a Bella con enojo, ella lo miró sorprendida ante su reacción, borrando enseguida la sonrisa de su rostro.

—¿De dónde conoces a este hombre? —exigió Edward, Bella se encontraba estupefacta sintiendo la rabia irradiar a oleadas de él y que se encontraba dirigida directamente hacia ella. Había visto enojado a Edward con anterioridad, pero sin duda esta ira era diferente y tragó saliva con dificultad.


Merhaba!

Sorpresa sorpresa... hoy no es jueves, pero hay actualización. ¡Solamente es una excepción!

¿Qué opinan del Robot, acaso su corazón de latón tiene vida?

Los invito a unirse al grupo de la historia en Facebook: La Estrella del Robot

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Sin nada más que decir, nos vemos el próximo Jueves 08 de Junio, con la esperada fiesta de compromiso de este extraño par.

görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.