Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beta & Colaboradora: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn. ¡Gracias por todo!
Capítulo 9.
Edward miró a Bella esperando una respuesta, sus ojos verdes por poco echaban chispas.
—Mi… mi camioneta se descompuso ayer, nos conocimos porque me ayudó a arreglarla. —explicó Bella con nervosismo, mirando apenada a Riley.
—¿Y por qué no me llamaste cuando se descompuso tu camioneta? —cuestionó con brusquedad. Bella entrecerró los ojos sin comprender su actitud.
—Disculpa, pero, ¿cómo se conocen ustedes dos? —interrumpió Riley, mirándolos a ambos con falsa sorpresa.
—Somos novios —respondió rápidamente Edward. Riley se rió. Edward miró a Bella—. ¿Me lo puedes explicar?
—¡Mira que coincidencia! —exclamó Riley.
—Sí, una coincidencia. Estoy seguro que esto es una coincidencia —masculló Edward, su voz cargada de sarcasmo, volvió a mirar a Bella—. ¿Me lo puedes explicar?
—¿De dónde se conocen ustedes dos? —replicó ella, ignorando a propósito su pregunta.
—Edward y yo hemos sido amigos desde la infancia. Nos conocemos muy bien.
Edward lo miró con dureza.
—¿Cómo iba a saber que era tu novia? —continuó Riley, su voz cargada con arrepentimiento que no sentía—. Me siento ofendido.
Bella lo miró angustiada.
—¡No te sientas así! Nuestra fiesta de compromiso es hoy en casa de Edward —comentó rápidamente—, puedes venir si quie… —se detuvo abruptamente al ver el rostro enfurecido de Edward. Supo entonces que había hecho algo muy malo.
—Me encantaría ir —accedió Riley con una sonrisa triunfal—. ¿Tú qué opinas, Edward?
—Puedes ir, si quieres. —respondió entre dientes.
—¿Cómo me lo voy a perder? Ahí estaré.
Bella miró de él a Edward alternadamente, con confusión.
—Muchas gracias por las flores, Bella —dijo Riley, sonriéndole con aprecio—. Desde ayer no puedo dejar de verlas.
—¡De nada, no hay de qué! —asintió Bella entusiasmada. Edward la miró apretando la mandíbula con fuerza. Cuando Riley salió de la floristería, Edward carraspeo y miró detenidamente a Bella.
—¿Sabes quién en ese hombre? —susurró con lentitud.
Bella se encogió de hombros despreocupada, poniendo los ojos en blanco.
—No. ¿Quién es?
—Riley Biers.
Bella jadeó y abrió la boca de par en par al reconocer el nombre del hombre del que le había hablado Edward el día anterior.
—¡No! —se cubrió rápidamente la boca con las manos—. ¿Es él? —Edward asintió—. ¿Cómo iba a saberlo? ¿Cómo? Ayer me dio su tarjeta, pero ni siquiera la he leído… Oh Dios, ¿qué hice? ¡Y además invité al hombre que más odias a la fiesta! —Bella lo miró arrepentida—. ¡Iré ahora mismo y le diré que no venga! —Bella caminó con determinación hacia la salida.
—No… Bella, espera. —exclamó Edward al verla casi correr, ella se detuvo y lo miró con desesperación.
—¡No, tengo que arreglarlo!
—No importa, olvídalo. Deja que venga. —Bella lo miró mientras se mordía suavemente el interior de su mejilla, Edward añadió—. Además, hay algo que quiero que vea.
—Pero no quieres que venga…
—No importa. ¿Nos vamos ya?
Bella aun lo miraba apenada y asintió mientras se alejaba a recoger sus cosas. Edward siguió carraspeando suavemente, llevándose dos dedos al cuello, presionando justo en la carótida. Cuando Bella regresó, lo miró con diversión.
—¿Te estás midiendo el pulso solo por esa tos que tienes? —preguntó sonriendo, mientras Edward suspiraba y retiraba los dedos de su cuello. Bella rio—. Realmente eres un hipocondriaco.
—¿Podemos irnos ya?
—Sí, solo fui por el vestido que usaré en la fiesta. –Bella le mostró sonriente la bolsa donde llevaba adentro su ropa.
—¿Maquilladora, peluquera… no necesitas algo más?
—No, no lo necesito. Lo haré yo misma.
Edward asintió y juntos salieron de la floristería. Era imposible dar marcha atrás, la mentira había avanzado tanto y a tal grado que solo era cuestión de horas para comprometerse oficialmente ante las personas. Si para alguien albergaba alguna duda de la veracidad de su relación, sin duda que con este acto se asegurarían de despejar cualquier sospecha.
Al llegar a la casa de Edward, Bella vio con asombro el caos que estaba ocurriendo en el jardín principal, grupos de gente acarreando lujosos artefactos en sus manos, reconoció a Stefan quién los esperaba con una enorme sonrisa.
—Sr. Edward, Srta. Bella.
—Stefan. —saludó Edward con una tensa sonrisa.
—Bienvenidos. Sr. Edward tenemos un gran problema y necesito de su ayuda.
—¿Cuál es el problema? —Edward suspiró ignorando la mirada de recriminación de Bella y miró a Stefan.
—Con el limitado tiempo que tenemos, no puedo hacer todo lo que la Sra. Esme me pide —explicó Stefan rápidamente, mientras le mostraba una foto en el iPad que traía en las manos—; por ejemplo, ella quiere este candelabro, pero nos ha llegado este modelo. —levantó la otra mano mostrándole el candelabro.
—No veo la diferencia entre ambos. —dijo Bella con el ceño fruncido, mirando fijamente el candelabro de la foto y el que tenía Stefan en la mano.
—Uno es plateado, y el otro de metal oscuro.
—¿Ese es el problema? —Edward lo miró con una ceja levantada.
—Para los demás, este pequeño detalle no significa nada, pero para la Sra. Esme esto es un gran detalle.
Edward miró la hora en su reloj.
—Tengo mucho trabajo que hacer, Bella se encargará de esto.
Bella, sin embargo, lo miró boquiabierta mientras él se alejaba dejándola con las palabras en la punta de su lengua, suspiró con exasperación mientras miraba a Stefan esperarla con una respuesta para la solución a su problema.
—Todos son demasiado elegantes —respondió Bella—. ¿No tenemos algo más sencillo?
—Lo hay —asintió Stefan con una sonrisa—, pero la Sra. Esme…
—Estoy segura que la Sra. Esme estará encantada de que yo misma lo haya elegido —Bella sonrió de par en par—. Entonces, veamos los otros.
—Por supuesto. —asintió rápidamente Stefan.
Bella empezó a elegir todo con rapidez, sin detenerse a pensar en el glamur o el lujo de los detalles, pese a que Stefan le señalaba amablemente que la Sra. Esme no iba a estar de acuerdo en nada de lo que ella estaba eligiendo, tan solo sonría y agitaba la mano despreocupadamente.
—¿Falta algo más? —preguntó Bella mientras terminaba de elegir las servilletas.
—No, eso sería todo.
—¿Ves? Todo fue muy rápido. ¿Ya te sientes mejor? —Bella sonrió mirando los ojos claros de Stefan.
—Sí, pero la Sra. Esme…
—Dígale a la Sra. Esme que Bella organizó su fiesta muy rápidamente, que puede estar tranquila —interrumpió Bella, empezó a caminar hacia el otro lado del jardín—. Hasta luego, Sr. Stefan.
—Hasta luego Srta. Bella —asintió Stefan sonriendo mientras la veía alejarse dando pequeños saltitos.
X – X – X
—Ahora, veamos los bocetos, cálculos, presupuestos… —Alice entró rápidamente a la casa de Edward con todo el equipo de Art Life detrás de ella. Edward la miró mientras tomaba tranquilamente una taza de café, Jasper sin embargo miraba con recelo a Alice, si lo pensaba bien, ella era como una versión pequeña y femenina de Edward, y eso le asustaba… a veces.
—Tenemos poco tiempo, empecemos. —anunció Edward mientras el grupo empezaba a organizarse con agilidad, extendiendo planos, bocetos y computadoras sobre las mesas disponibles en la sala de estar y pronto empezaron a trabajar.
Al poco tiempo, Bella llegó con una enorme sonrisa mientras Edward levantaba la vista ocupado en una llamada, sin embargo, la miró con una ligera sorpresa, ella en respuesta levantó ambos pulgares y sin molestarlo, se integró rápidamente a los demás.
Jasper se encontraba trabajando en unos planos digitales con Edward cuando Bella se acercó a ayudarles, sugiriendo cambiar algunos detalles se acercó a Jasper mientras le quitaba el lápiz de la mano y empezaba a realizar ajustes, se sentó en el brazo de la silla donde estaba el rubio, sin percatarse de que Edward apretó la mandíbula y miró fijamente a su amigo, este al ver la mirada fulminante de Edward decidió no tirar de su limitada paciencia y se alejó de Bella.
Edward no pudo hacer nada más que verla desenvolverse con tal naturalidad en su entorno, ayudando en todo lo que podía y en aquello donde no se le había pedido su ayuda también, para su sorpresa, era claro que todos respetaban los consejos de Bella, quizá al inicio algunos tuvieron dudas de su capacidad, pero pronto incluso Alice se encontró mirando con cierta admiración como las modificaciones que ella realizaba en el proyecto se ajustaban de maravilla a lo que buscaban.
Es así como un par de horas más tarde, finalmente habían terminado el proyecto.
—¡Ahí está! ¡Ahí lo tienes! ¡Me gusta mucho! —aulló Jasper con una enorme sonrisa, igualando la expresión de los demás, todos estaba radiantes mirando el producto final de horas de trabajo, todos excepto Edward, que se encontraba con un semblante serio mirando fijamente la computadora frente a él—. ¡Esto es arquitectura! —Jasper le dio un beso en sonoro beso en la mejilla a Diego, Edward otorgó entonces una suave sonrisa, saliendo de sus oscuros y tensos pensamientos ligados a la mujer que tenía a un lado—. ¡Este proyecto tiene sangre, sudor y lagrimas! ¡Lo tiene todo, no puedo creer que sea incluso mejor que el anterior!
—¿Crees lo aceptarán? —preguntó Alice sonriendo.
—¡Eso es un hecho! —asintió Jasper, mientras chocaba la mano con Edward.
—Vamos chicos, recojan todos los bocetos y las copias y guárdenlos adentro. —murmuró Edward sonriendo suavemente mientras comprobaba la hora—. El Sr. Miller llegará pronto, se lo mostraremos a él.
Todos se dispersaron recogiendo el pequeño desastre que habían dejado a su paso, Bella sonrió contenta mientras miraba a Edward.
—Felicidades. —murmuró con una sonrisa jovial.
—Nuestra empresa está acostumbrada a resolver tales crisis. — Bella puso los ojos en blanco y sonrió.
—Pues, me parece que la razón de este caos eres tú. —replicó con una pequeña sonrisa torcida.
—Me gusta el caos —Edward sonrió mirándola—. Obliga a las personas a ser aún más inteligentes.
Bella lo miró con una ceja levantada y antes de poder responder, su celular empezó a sonar, miró nerviosa la video llamada entrante y se mordió suavemente el labio mientras se alejaba de Edward, sentándose en el sillón de lo que al parecer era una sala de descanso.
—¡Bells! —saludó Angela, detrás de ella Leah y Rose le sonreían con diversión—. Estoy eligiendo vestidos para el compromiso, pero aún no puedo decidirme. —exclamó Ange mientras empezaba a mostrarle todas las opciones y a parloteaba los pros y contras de cada vestido.
Pronto a Bella se le borró la sonrisa, se sentía culpable de verlas tan emocionadas con la fiesta, le dolía no poder decirles la verdad. Edward la miraba de lejos con los ojos entrecerrados, finalmente se levantó de su silla y se acercó a la entrada de la puerta, mirándola con el ceño ligeramente fruncido.
—¿Bella, que piensas de este vestido y estos zapatos? —preguntó Rose mientras hacía ligeras poses frente a la cámara.
—Chicas, este compromiso no es tan importante, ojalá no hubieran gastado demasiado dinero, son solo dos meses… —Bella detuvo su parloteo al percatarse de la presencia de Edward—. Lo digo por mí…
—Te estoy diciendo que no tenía nada que ponerme, dime si te gustan los zapatos —replicó Rosalie; Leah y Angela la miraron boquiabiertas—. ¿Qué? —preguntó al sentir las miradas acusadoras de sus amigas.
—¿No tenias nada? —cuestionó Leah, mirándola con una ceja levantada—. ¡Tienes un armario del tamaño de la casa de Bella, chica!
—¿Y qué tiene? ¡Dime si te gustan o no!
—Son muy bonitos, me encantan. —asintió Bella sonriendo.
—Bella, me compré un vestido negro. ¿Es muy deprimente para una fiesta de compromiso? —inquirió Leah, mientras ponía frente a la cámara su vestido.
—El negro te queda muy bien, Leah. Es tu color. —Bella sonrió, Edward desde la entrada aun la miraba con intensidad—. ¡Estarás muy hermosa, voy a parecer una sombra pálida a tu lado! ¡Tengo que ir a vestirme chicas, nos vemos!
—¡Nos vemos!
Bella les arrojó un beso antes de colgar la llamada. Edward carraspeó suavemente captando la atención de Bella, que lo miró con sorpresa al verlo aún esperándola.
—Los invitados llegaran pronto, tienes que ir a prepararte.
—Está bien. —asintió.
—Por cierto, mamá quiere verte. —comentó, Bella puso los ojos en blanco con fastidio.
—Iré a cambiarme y después voy a verla.
Edward le mostró la habitación donde podía cambiarse, y se alejó a la suya. Después de media hora, Edward decidió ir a comprobar si Bella ya estaba lista, tocó suavemente la puerta.
—¿Nos vamos ya? —preguntó Edward en voz alta.
—¡No puedo! —respondió Bella, mientras terminaba de colocarse los pequeños pendientes—. ¡Tengo un pequeño problema!
Edward abrió la puerta y por un momento, sintió que todo a su alrededor se detenía mientras admiraba frente a él la curvilínea y suave figura de Bella, envuelta en un delicado vestido dorado de tirantes espagueti dobles, con intrincados brocados de hilo de oro que iban y venían por el torso y las capas de organza de la falda, como ondas que representaban a la perfección la personalidad divertida de Bella. Lo acompañó con unas sandalias doradas y su cabello en un semi recogido de rizos.
Ella se quedó paralizada de la misma manera al verlo tan glorioso en ese traje azul marino a juego con su corbata, mientras se miraban fijamente, sintieron que el tiempo disminuyó su velocidad.
—¿Qué? —preguntó finalmente Edward, rompiendo la tensión que claramente se había cargado en la habitación.
—No puedo cerrar la cremallera del vestido —respondió Bella. Edward no pudo evitar sonreír mientras miraba hacia otro lado—. ¿Te parece divertido? —Bella sacudió la cabeza con un suspiro—. ¿Puedes llamarle a Bree o Alice para que me ayuden?
Edward apretó los labios aun sonriendo, y se adentró en la habitación, parándose frente a Bella.
—¿No sería extraño hablarles cuando tienes a tu prometido aquí? —preguntó Edward, sus ojos casi brillaban mientras la miraban—. Puedo llamarle a mi madre. —sugirió.
—¡Oh, no, a tu madre no!
Edward suspiró, mientras retiraba las manos de sus bolsillos y las colocaba en su cadera, mirando alrededor de la habitación.
—Bueno —asintió, mientras tragaba suavemente saliva—, yo lo haría, pero de acuerdo al contrato, tengo prohibido tocarte sin tu permiso—. Edward, a pesar de sus intentos por no hacerlo, no pudo evitar que sus ojos recorrieran suavemente el cuerpo de Bella—. ¿Me permites hacerlo?
Bella sintió que el oxigeno no fluía en sus pulmones, mientras lo miraba con los nervios a flor de piel, sintió un escalofrío recorrer suavemente su cuerpo y asintió antes de darse la vuelta y quedar frente a un espejo de cuerpo completo, a través del espejo vio a Edward cerrar la puerta sintiendo su corazón acelerarse.
Edward se acercó, deteniéndose a unos cuantos centímetros de su cuerpo, su piel suave y sedosa lo llamaban, al respirar sintió el dulce olor de Bella adormecer sus sentidos, y a pesar de que el cabello de Bella ya no era un obstáculo para subir la cremallera, no pudo evitar deslizar suavemente la mano por debajo del sedoso cabello café lentamente hasta llegar a su hombro, apartándolo y exponiendo ante él su fino y largo cuello, como el de un delicado cisne.
Levantó la vista y gracias al espejo frente a ellos, pudo observar el angelical rostro de Bella devolverle la mirada. Bajó la vista hacia el vestido y metió ligeramente los dedos entre el vestido y su sedosa piel, abrochando con agilidad el broche superior, antes de subir lentamente el cierre. Se miraron fijamente a través del espejo, encontrándose casi incapaz de apartar la mirada, como si sus ojos se hubieran convertido en imanes, Bella bajó lentamente la vista y entonces sintió su piel erizarse cuando, sin esperarlo, Edward deslizó un dedo con suavidad por su brazo, acomodándole con delicadeza las finas tiras de su vestido que se habían deslizado, colocándolos sobre su hombro.
Bella se giró, quedando a escasos centímetros de su rostro, era tal la cercanía que podían sentir la suave respiración del otro. Por un momento y para sorpresa de ella misma, se encontró deseando y recordando los suaves labios de Edward contra los de ella.
—El vestido te queda bien. —susurró Edward, sus ojos casi involuntariamente, se detuvieron sobre la suave hinchazón de sus pechos, sin embargo, apartó rápidamente la mirada y observó sus ojos.
Bella sintió como explotaba el hechizo en el que sentía que había caído, percatándose de quién realmente tenía enfrente, frunció el ceño antes de sacudir casi imperceptiblemente la cabeza.
—Tu mamá quiere verme… —susurró en respuesta—. Yo…
Sacudió la cabeza nuevamente y se alejó de Edward, cerrando la puerta de un golpe al salir, dejándolo parado e inmóvil en medio de la habitación, con un mar de confusiones agitándose dentro de él.
X – X – X
Cuando Bella salió finalmente al jardín, vio con una sonrisa que todo ya se encontraba listo, incluidas las cosas que ella había elegido. Vio a la madre de Edward acercándose, vistiendo un elegante atuendo morado y sin duda unas finas joyas, le sonrió amablemente.
—¿Le gustaron las decoraciones? —preguntó Bella, señalando el jardín.
Esme, sin embargo, la miró con aversión de los pies a la cabeza. Stefan a su lado, se encontraba sonriéndole.
—¿Cuándo vas a empezar a prepararte para la fiesta? —inquirió Esme, mientras miraba casi horrorizada los arreglos.
—Ya estoy lista, este es mi atuendo. —respondió Bella sonriendo.
—No, me parece que no —murmuró Esme con una sonrisa claramente nerviosa, mientras la examinaba horrorizada—. ¡Stefan! Llama a nuestro equipo… con urgencia.
—¿Qué equipo, Sr. Stefan? —preguntó Bella con el ceño fruncido.
—Escucha, cariño —respondió Esme, mirándola con una sonrisa tensa—, tienes que parecer una novia digna de nuestra familia. Vamos a cambiar tu atuendo por completo. —Bella le sonrió, mientras se cruzaba de brazos—. Cenicienta se va a convertir en una princesa.
—¿Cenicienta? —Bella empezó a reír—. Sra. Esme, debe haberme confundido con los demás. No creo que pueda cambiar mi atuendo, así estoy bien.
Esme apretó ligeramente los labios y rodó los ojos con aburrimiento.
—Vestida así, no solo nosotros haremos el ridículo, te vas a humillar a ti misma —respondió Esme, mientras que Stefan abría los ojos con sorpresa ante sus palabras.
—¡¿Humillar?! —exclamó Bella, mirando a Stefan, antes de volver a mirar a Esme—. ¿Por qué habrían de humillarme?
—¡Ese es el problema, Belda! —respondió Esme con fastidio, señalando a su alrededor—. Ni siquiera sabes lo que está mal. Es claro que este no es tu ambiente.
—Mire, yo soy así. Será mejor que se acostumbre a esta Bella… Porque de ahora en adelante, me va a ver muy a menudo. —Bella le sonrió, mostrando una hilera de perfectos dientes blancos, se dio la vuelta y se alejó, dejando a Esme casi boquiabierta y a Stefan con una sonrisa de orgullo.
Bella caminó tranquilamente por los alrededores de la enorme casa, cerca de ahí se encontraba un lago y decidió acercarse a la cabina de madera que se encontraba adaptada para descansar sobre una pequeña porción del lago, que pasaba debajo, sonriendo se sentó en uno de los asientos que rodeaban la mesa principal en el centro, suspiró y disfrutó de la suave brisa que entraba por las paredes despejadas de la cabina. Escuchó unos suaves pasos detrás de ella y volteó sorprendida de ver a un hombre de mediana edad, bajar las escaleras con una sonrisa que a Bella se le hizo vagamente familiar, pero no recordó haberlo visto antes.
—¿Tú también intentas librarte de la fiesta? —preguntó sonriendo el Sr. Anthony, mientras se sentaba en una de las sillas disponibles.
—Hola. —susurró Bella con una pequeña y tensa sonrisa, el Sr. Anthony frunció el ceño con preocupación.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—Estoy bien —murmuró rápidamente Bella, aunque sonaba poco convincente—. Estoy bien, pero… me he metido en una situación que supera mis límites, y es más difícil de lo que imaginaba.
—Escucha, no sé quién eres o qué has hecho... Pero si iniciaste algo, debes continuarlo.
—¿De verdad lo cree posible?
—Pareces una chica fuerte, creo que terminaras lo que empezaste sin problemas. —Bella asintió suavemente, mirando el paisaje frente a ella, sus ojos brillando ahora con determinación.
—Tiene razón, sé que puedo y lo voy a terminar. —El Sr. Anthony le sonrió con amabilidad—. Muchas gracias.
—De nada.
Bella se levantó acomodándose el vestido con delicadeza, y señaló más allá, hacia el jardín.
—¿No quiere ir a la fiesta?
—No —susurró con el ceño fruncido y le sonrió guiñándole un ojo—. Estoy mejor aquí. Pero diviértete.
—Gracias —asintió Bella, sin embargo, se detuvo a media escalera y se giró, sonriéndole—. Encantada de conocerlo.
—El gusto es mío. —respondió el Sr. Anthony igualando su sonrisa.
X – X – X
Los invitados continuaban llegando, todo ya se encontraba listo y los meseros ya deambulaban por el jardín atendiendo a los elegantes y distinguidos invitados de la Sra. Esme. Edward estaba hablando con Stefan cuando vio entrar al grupo de amigas de Bella junto con la Sra. Maggie, se acercó rápidamente a ella.
—Bienvenidas —saludó Edward sonriendo levemente, mientras las chicas pasaban de largo saludando—. Sra. Maggie, permítame presentarle a mi mamá.
Esme, que se encontraba cerca de ahí vio despectivamente y con disgusto desfilar a aquel grupo de escandalosas chicas pasar frente a ella.
—Mamá, te presento a la Sra. Maggie, es la tía de Bella.
—Encantada de conocerla. —respondió Maggie con una amable sonrisa, sin embargo, Esme no pudo más que hacer una mueca al intentar sonreír.
—No hay duda, es muy parecida a Belda —Edward suspiró rodando los ojos mientras Maggie lo veía en busca de respuestas.
—¿Belda? —preguntó confundida, Edward le sonrió incomodo—. Es Bella, se llama Bella. ¿Dónde está ella?
—Bella… está aquí, por alguna parte… —Edward la buscó enseguida entre la gente.
—De acuerdo, la buscaré. Perdón. — respondió Maggie mientras miraba a Esme—. Encantada de conocerte.
Esme asintió, sonriendo con evidente incomodidad. Cuando Maggie se alejó, Edward la miró con recriminación.
—¿Qué? —preguntó Esme fingiendo sorpresa.
—Nada —masculló poniendo los ojos en blanco—. ¿Dónde está papá?
—Su presión arterial ha aumentado y está descansando en casa, no vendrá a la fiesta.
—Claro, por supuesto. —Edward rodó los ojos y buscó discretamente a Bella por el jardín.
—Espero que regreses pronto con Lauren y te libres ya de esta chica.
—Mamá, no molestes a Bella, ¿de acuerdo? —masculló molesto. Esme bufó suavemente colocando su mano sobre su pecho.
—Como si pudiera molestar a esa chica, cariño. Tiene una lengua muy afilada y una actitud demasiado arrogante.
—Sí, me recuerda a alguien. —asintió Edward, mirándola fijamente.
Finalmente vio a Bella acercarse sonriendo, se detuvo frente a él y lo miró.
—Bella —susurró asintiendo, evaluándola rápidamente—. ¿Estás bien?
—Claro, quería tomar un poco de aire fresco —respondió con una sonrisa—. ¿Y tú?
—Estoy bien. Todos te están buscando, ha venido tu tía —señaló discretamente hacia donde se encontraba Maggie con las chicas.
—Está bien —susurró Bella con incomodidad.
—¡Edward, querido! —Canturreó una voz, Bella se giró mirando a una mujer de mediana edad acercarse a ellos—. ¿Cómo estás?
—Bien, Sra. Elena —saludó con amabilidad sacudiendo suavemente la mano de la mujer—. ¿Cómo está?
—Yo también estoy bien. Felicidades, cariño —asintió con una sonrisa, Bella a un lado de Edward, los miraba incomoda, pues en ningún momento la señora frente a ella había reconocido su existencia—, tu compromiso fue una enorme sorpresa para todos.
—Claro. —masculló Edward con una tensa sonrisa.
—¿Dónde está tu novia?
Bella sonrió y sacudió con alegría la mano.
—Estoy aquí.
La Sra. Elena la miró con sorpresa, y le tendió la mano, saludando rápidamente.
—Encantada de conocerte —canturreó la mujer, mirándola con desdén al analizarla con una ceja levantada. Bella miró incomoda su propio vestido—. Felicidades.
—Gracias. —asintió Bella sonriendo.
—Muy bien… iré con tu madre… —murmuró la Sra. Elena mirando a Edward, mientras se alejaba con delicadeza y arrogancia.
—Nos vemos, Sra. Elena.
Bella la miró acercarse a Esme y empezar a murmurar lo que evidentemente no eran elogios, pues las miradas despectivas de ambas se sentían como dagas lanzadas directamente hacia ella.
—¿Quién es esa mujer? —exclamó Bella mirando a Edward con recriminación—. ¿Y por qué me mira así?
—Olvídala, no importa —respondió rápidamente mientras le rodeaba con delicadeza la cintura—. Ven.
—¡Edward! —exclamó una voz llamándolo antes de que siquiera pudieran dar cinco pasos más, Edward suspiró con fuerza y se giraron a mirar al hombre que les hablaba.
—Enzo —asintió Edward, mientras se daban un apretón de manos—. ¿Cómo estás?
—Bien. —respondió sonriendo al tiempo que miraba a Bella, las dos mujeres paradas al lado de Enzo saludaron con una sonrisa arrogante antes de felicitarlos.
Bella apretó con fuerza los dientes forzando las comisuras de sus labios a sonreír al ver a la mujer pelirroja frente a ella recorrerla despectivamente con la mirada, la mujer a lado de ella la miraba casi de la misma manera, a Bella se le borró la sonrisa y las miró ahora con helados ojos color café.
—Trabajaré en el proyecto del aeropuerto. —comentó Enzo sonriendo, mientras Bella ladeaba la cabeza sin romper la mirada con la pelirroja indiscreta.
—Eso me han dicho. —respondió Edward, ajeno a la batalla sin palabras que se estaba librando frente a él.
—Ay, por Dios —suspiró la pelirroja rodando los ojos—. ¿No pueden hablar de otra cosa que no sea el trabajo? Ya estoy cansada de eso —chilló con fastidio, Bella cerró los ojos con fuerza intentando controlar sus salvajes impulsos.
—Son unos amigos de la familia, con quienes trabajamos. —explicó Edward notando la tensión irradiando de Bella.
—Claro —asintió Bella, y entonces miró fijamente a la mujer con una sonrisa irónica—. Me he fijado en la forma en que me mirabas y quisiera saber cómo logras repasarme con los ojos de arriba abajo sin mover la cabeza. —Edward la miró con una sonrisa viendo como imitaba con burla a Esther—. Eso requiere de experiencia para semejante talento. ¡Bravo!
El grupo se quedó en silencio mientras la miraban con incredulidad.
—Se nota que no es la primera vez que lo haces. —continuó Bella con una sonrisa, mirando a la pelirroja ajustarse incómodamente su pulcro peinado.
—¡Edward! —la voz de Jasper se alzó sobre la suave música, todos se giraron a verlo—. ¿Puedes venir un momento?
Bella empezó a negar discretamente, intentando detenerlo, sin embargo, antes de irse, Edward se acercó a ella y le susurró suavemente en el oído.
—Si no supiera que puedes acabar con este par de lobas, no te dejaría con ellas. Diviértete, Bella. —añadió con una sonrisa antes de alejarse, pero no sin antes murmurarle a Stefan que se quedara cerca de ella.
—¿Y en qué sector trabajan tus padres? —preguntó la pelirroja con una sonrisa arrogante.
—¿Disculpa? —inquirió Bella confundida.
La pelirroja rodó los ojos con fastidio.
—La familia de Enzo, están especializados en el área de finanzas —señaló a la chica a su lado—. Sector alimentario y mi familia en el área textil. ¿Con qué sector trabaja tu familia?
—¿A qué te refieres? —cuestionó Bella frunciendo el ceño mientras se cruzaba de brazos.
—Quiere decir, que como se va a fusionar tu familia con Art Life una vez estén casados —explicó Enzo—, en resumen: ¿Quiénes son tus padres? ¿De qué empresa son propietarios? —Enzo y la pelirroja empezaron a reír con burla.
Bella los miró fijamente sin decir una palabra, el brillo en sus ojos completamente muerto.
—¿Mis padres?
—Disculpen. Srta. Bella —intervino rápidamente Stefan con una sonrisa—, necesito que confirme unos detalles. ¿Me acompaña, por favor?
Bella asintió suavemente, aun mirando con el ceño fruncido al grupo, se alejó junto a Stefan. Edward la observó de lejos mientras platicaba con Jasper, Alice y Bree. Tan pronto como Lauren entró de la mano con Emmett, Edward se acercó a un lado de Bella y ambos sonrieron dándoles la bienvenida.
—Hola, hermosa pareja, felicidades. —exclamó Emmett con una enorme sonrisa.
—¡Bella, aun no te has cambiado! —Susurró Lauren con los ojos abiertos mientras la miraba de pies a cabeza rápidamente—. Vamos, te ayudaré, que la fiesta ya ha empezado.
Bella empezó a reírse, mientras miraba a Edward con los labios apretados.
—Ya estoy lista, estoy bien. —asintió aun sonriendo.
—¡Oh, estás muy hermosa! Simplemente… no vi las joyas, ¿No quisieras ponerte algo?
Bella frunció el ceño y sacudió suavemente la cabeza.
—¿Por qué a todos les molesta tanto la sencillez? No lo entiendo.
—Creo que no puedes estar más hermosa —añadió Edward con una sonrisa, Lauren y Emmett los miraron con sorpresa ante la intensa mirada que estaban compartiendo, antes de que Edward suspirara y se disculpara con ellos—. Ven conmigo, Bella. Hay alguien que quiere verte.
Bella asintió.
—Puedo ir yo, gracias —le murmuró a Edward, mientras caminaba apresurada hacia su tía y las chicas.
—¡Bella! —chilló Angela mientras aplaudía contenta. Rose y Leah miraron a Bella con ternura.
—¡Cariño, estás hermosa! —añadió Maggie sonriendo—. El vestido te queda precioso.
Bella finalmente borró el puchero que estaba haciendo y sonrió con felicidad por primera vez desde que había llegado a esa casa.
—Bella, tu suegra no me cae nada bien, he estado a punto de acribillarla con una cuchara —gruñó Maggie con enfado, mientras Bella suspiraba con estrés—. Voy a ir a tomar un poco de agua o no lo soportaré más.
Leah miró con preocupación a Bella.
—¿No debería una pareja caminar juntos en su compromiso? ¿Por qué estás sola? —cuestionó mientras Bella agachaba la mirada.
—Es que… cuando me presentan a alguien, me miran mal, por mi forma de vestir y por como soy. ¡Y ya estoy harta! —añadió, mientras se mordía suavemente el labio.
—¿Y por qué hacen eso? —exclamó Leah enfadada, colocándose sus gafas negras sobre la cabeza.
—¿Sabes por qué son así de estúpidos? —cuestionó Rose con fiereza— Porque si no llevas un vestido que esté hecho por un diseñador, es basura para ellos. ¿Quién te está diciendo eso? ¡Dímelo!
—No importa —negó suavemente, señalando rápidamente la extensión del jardín—. ¡Todos lo están diciendo!
—Entonces, a partir de ahora estarás con nosotras —replicó Leah—. Esa gente va a conocernos.
—Puedo defenderme yo sola, lo saben, ¿verdad? —preguntó Bella con una sonrisa.
—Además, eres muy hermosa. ¡Súper hermosa! —añadió Angela sonriendo.
—¡Exactamente!
—¡El vestido te queda súper bien!
—En todo caso, estaremos aquí contigo.
—Gracias —asintió Bella con una suave sonrisa, mientras se despedía de ellas y se alejaba.
Se acercó lentamente al círculo de Edward, viendo que la tensión estaba en su límite debido a que Riley se encontraba con ellos, se detuvo a un lado de Edward y le sonrió levemente.
—Bella, estás muy hermosa —saludó Riley mientras la miraba con admiración—. Edward es sin duda, un hombre muy afortunado.
—Muchas gracias.
Edward, sin embargo, no hizo otra cosa más que apretar los labios en una sonrisa. Mientras Emmett se acercaba y se llevaba a Riley para hablar. Jasper lo miró furioso.
—¡Has visto esa sonrisa de suficiencia! —Gruñó el rubio—. ¿Qué se cree al venir aquí?
—Lo he invitado yo —comentó Edward—. Quiero ver qué cara pondrá cuando llegue el Sr. Miller y lo deje fuera del proyecto.
Esme y Lauren se acercaron a ellos con una sonrisa, pronto el grupo en cuestión se puso tenso, la Sra. Esme no dejaba de hacer pequeños comentarios que dejaban entrever que, sin duda, Lauren era su favorita. Bella tan solo sonreía abiertamente.
—¡Riley no deja de mirarnos! —exclamó Alice con enfado—. ¿A qué hora llega el Sr. Miller?
—No debe de tardar, me avisan en cuanto llegue. —respondió Edward.
—Parece ser que todos conocen a Riley —comentó Bella, mientras Edward apretaba la mandíbula—. ¿De dónde lo conocen?
—Sí, somos amigos desde hace mucho tiempo —asintió Alice—. Edward, Lauren y Riley se conocen desde la universidad. Edward y Jasper se conocieron en un internado en Londres y Riley y yo en el máster.
—¡Oh, hablando de universidad! —exclamó Lauren mirando a Bella—. Tenemos que hablarle sobre ti a la prensa.
—¿Para qué? —preguntó Bella confundida, mirando a Edward—. ¿Es porque nos hemos comprometido?
—Sí, claro —asintió Lauren—, unas pocas palabras sobre tu familia, educación y tu último lugar de trabajo serán suficientes.
—No hace falta meter a Bella en esto —negó rápidamente Edward, mirando los ojos azules y confundidos de Lauren—. Si tienen preguntas sobre nosotros, diles que vengan a hablar directamente conmigo.
—¿Por qué, que pasa? ¿Hay algún motivo para no dar esta información? —preguntó Lauren mirando fijamente a Bella, que le daba la espalda. Bella suspiró y la miró.
—Les interesa mucho, ¿verdad? ¿A todos ustedes? El estatus, la clase social… es muy importante para todos —Lauren la miró boquiabierta—. Si tienen alguna pregunta, solo no le digas que soy una de ustedes —Edward sonrió mientras la miraba hablar—. Diles que soy una florista, eso es suficiente.
Bella se alejó caminando furiosa, Edward sin embargo miró con seriedad a Lauren.
—Muy bien, Lauren, te has lucido. —masculló Edward mientras le daba una última mirada y se alejaba siguiendo a Bella.
La encontró recargada con los brazos en el barandal cerca del lago, el aire agitando suavemente sus rizos y la mirada triste y perdida en algún lugar lejano
—¿Estás bien? —murmuró Edward mientras se acercaba a ella, sin embargo, Bella no podía mirarlo—. ¿Estás molesta por no haberte podido graduar?
—Dicen que el asesino siempre regresa a la escena del crimen, pues es verdad. —respondió, Edward suspiró y entonces ella lo miró—. Claro que estoy molesta por eso.
—De acuerdo —asintió Edward—, no pudiste ir a Italia, pero, ¿por qué no seguiste estudiando aquí?
—¡Es verdad! ¿Por qué no se me había ocurrido eso? ¡Qué gran idea! —exclamó Bella con sarcasmo.
—Solo estoy tratando de entender las cosas.
Bella apretó los labios, tratando de contener las lágrimas y suspiró antes de responder.
—Dejé la universidad aquí para poder ir a Italia, ahí me iban a pagar el año entero, cuando pasó todo, me dijeron que podía terminar la carrera aquí pero que tendría que pagarla, no me darían la beca.
—Entiendo —asintió Edward mirando a lo lejos—. Y entonces te expulsaron por no poder pagarla.
Bella bufó.
—Me he obsesionado un poco con todo esto —masculló con cansancio, negando suavemente—. Siento como si esto fuera una herida que nunca va a sanar y que la gente puede lastimar. Supongo que no es bueno desear tanto una cosa…
—No digas eso —intervino rápidamente Edward, Bella lo miró sorprendida—. ¿Qué tiene de malo desear algo con intensidad? La gente vive para sus deseos.
—¿Volvemos a la fiesta? —susurró Bella, mientras se quitaba el cabello del rostro, ahora se sentía un poco mejor.
—¡Sr. Edward! —exclamó Stefan mientras llegaba a ellos con una caja negra en las manos, la abrió lentamente revelando un discreto y hermoso collar con pequeñísimos diamantes de talla baguette y circulares que, juntos, formaban un signo de infinito, colgando de una delicada cadena de oro rosado.
Stefan se alejó mientras Edward miraba con un brillo juguetón a Bella.
—¿Podrías usar esto por mí, por favor? —le preguntó mientras ella lo miraba con una enorme sonrisa, tocando delicadamente el collar en sus manos extendidas
—Tendremos que firmar un nuevo contrato para estas cosas —comentó mientras Edward le sonría, sus ojos brillando como luceros—. Te lo agradezco, pero creo que no es mi estilo.
Edward suspiró y asintió.
—Bien, pues si no lo quieres entonces lo haré desaparecer… —Bella lo miró con curiosidad mientras Edward frotaba sus manos una con otra, aun con el collar entre ellas y lo miró sorprendida cuando extendió las palmas frente a ella y el collar había desaparecido.
—¿Cómo hiciste eso? ¿Dónde está? —chilló sonriendo, mientras miraba sus manos vacías.
—¿Te podrías dar la vuelta? —preguntó Edward con una sonrisa. Bella lo miró confundida aun sonriendo, pero se dio la vuelta, mientras Edward apartaba con delicadeza el cabello de su espalda, exponiendo nuevamente su delicado cuello, deslizó suavemente el collar. Bella se estremeció ante el suave contacto del collar deslizándose hacia arriba entre sus pechos, mientras Edward ajustaba el broche.
—Cuando era niño, me encerraba en mi habitación y leía libros sobre magia. —susurró, su aliento soplando con suavidad contra la piel de su cuello—. Me han servido mucho en los negocios.
Bella se giró lentamente, tocando con delicadeza el collar. Miró a Edward sonriendo mientras el aire agitaba su cabello y este rozaba ligeramente la cara de Edward, embriagándolo momentáneamente con el olor y la suavidad.
—Hiciste un excelente truco.
—Los magos captan tu atención distrayéndote, y se supone que el collar debía hacer eso —explicó Edward, mientras la miraba de cerca—. Pero al final, el que se ha distraído, he sido yo.
Bella no podía apartar la mirada de sus hipnotizantes ojos verdes, era como si un hilo invisible lo uniera a él, y ni siquiera se daban cuenta.
—¿Nos vamos? —preguntó Edward con una sonrisa, quizá él no se daba cuenta del efecto que ella había provocado en él, pero tampoco sabía del efecto que él había provocado en ella.
Merhaba!
Espero que les guste el capitulo de hoy, y que dejen un review... últimamente no se lo que piensan de los capítulos porque sus comentarios disminuyeron un poquito :(
Si quieren ver el vestido, el collar y la fiesta...
Los invito a unirse al grupo de la historia en Facebook: La Estrella del Robot
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Sin nada más que decir, nos vemos el próximo Jueves.
görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
