Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
Capítulo 10.
—Sr. Edward, este es el mejor proyecto que he visto —comentó el Sr. Miller maravillado, mientras observaba la pantalla del ordenador, sin embargo, frunció el ceño—; pero, desafortunadamente, han llegado a un acuerdo con Riley Biers. El proyecto ahora es de él.
A Edward se le borró la sonrisa tan pronto las palabras salieron de la boca del Sr. Miller, Bella lo miró con cierta preocupación, al igual de Alice y Jasper.
—Muy bien —asintió Edward carraspeando con incomodidad, señaló la salida que llevaba al jardín—, entonces, por favor, vayamos a tomar una copa.
—No se preocupe —respondió con una sonrisa—, quédese con sus invitados, iré a saludar a su familia. Felicidades por el compromiso —añadió despidiéndose.
Edward apretó la mandíbula.
—Oye, hermano…
—Jasper, regresen a la fiesta, por favor —lo cortó Edward con un tono tajante, mientras apretaba con fuerza las manos.
—Edward nosotros...
—¡Alice, he dicho que vuelvan a la fiesta!
Bella lo miró inmóvil, mientras Alice y Jasper se alejaban rápidamente, ella lo observó caminar como un león enjaulado, y lo único que pudo hacer fue observarlo de lejos.
Edward, sin embargo, tenía otros planes y empezó a caminar con determinación hacia la fiesta, sin duda queriendo encontrar al objetivo ideal para descargar su ira, Bella lo siguió rápidamente mientras entraban al jardín y antes de que Edward pudiera dar otro paso, ella lo agarró del brazo.
—Suéltame —masculló mirándola con los ojos fríos como el hielo. Bella fingió una sonrisa sintiendo los ojos de los invitados sobre ellos.
—¿Vamos a bailar? —inquirió.
—Ahora no es el momento. —respondió Edward sacudiéndose su mano de un tirón y caminando con determinación hacia la mesa donde se encontraba Riley junto a Emmett y Lauren. Bella sintió la vergüenza recorrer su sistema mientras la gente la observaba sin descaro alguno, podía escuchar detrás de ella reír a la pelirroja de ojos saltones, junto con sus amigos.
—Oh, qué bien, estás triunfando desde el primer día —comentó Esme mientras se acercaba a Bella, señalando discretamente a Edward y Lauren, quien ahora tenía una mano colocada delicadamente sobre el pecho de Edward, claramente calmándolo y haciendo lo que, a ojos de Bella, ella no había podido hacer. Por suerte, Emmett se había llevado a Riley lejos de un posible caos—: Mira, Lauren y Edward se están acercando otra vez.
Bella apretó los labios en una tensa sonrisa, asintió y sin decir una sola palabra, se alejó de la fiesta.
—¿Edward? ¿Qué estás haciendo? —exigió Jasper acercándose a ellos, mirándolo con incredulidad.
—¿De qué hablas? —inquirió, levantando una ceja sin comprender.
—¿Eres consciente de que estás persiguiendo a Riley Biers en tu fiesta de compromiso? ¿No lo ves?
Edward suspiró y Lauren los miró sin decir una sola palabra.
—Has empujado a Bella delante de todos los invitados —añadió Jasper exasperado, señalando donde antes había estado parada Bella. Fue entonces cuando finalmente Edward reaccionó, suspirando se alejó de Jasper y Lauren, buscándola discretamente.
Después de caminar por los alrededores del jardín, decidió ir a buscarla al mismo lugar donde le había puesto el collar. Antes de llegar, pudo escuchar su delicada voz murmurar suavemente con una voz inteligible, se acercó más y la vio sentada en una silla con su cuerpo se inclinado delicadamente acercándose al florero frente a ella, en la mesa de centro.
—Voy a hacer lo que tú me digas —masculló Bella, señalándola amenazadoramente a las flores—. ¿Me largo de aquí ahora mismo y conservo la dignidad o me quedo y cumplo con el contrato? Tú eliges.
Edward se acercó más a ella sin hacer ruido y la miró con diversión y fascinación.
—Me voy… me quedo… me voy… —sus dedos tocaban delicadamente las flores una por una—, me voy… me quedo… me voy… me quedo. ¿Quieres que me quede? —exclamó Bella sorprendida mirando con recriminación a la florecita frente a ella.
Edward suspiró, finalmente haciéndose notar. Bella levantó la mirada sorprendida.
—Entonces, ¿qué has decidido? ¿Te vas o te quedas? —preguntó parándose frente a ella con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.
—¿Importa lo que yo decida? —cuestionó Bella, rodando los ojos—. Sabes perfectamente que no puedo irme.
—Esto que estamos pasando es el resultado de tus decisiones.
Bella se levantó mirándolo enfadada.
—Es verdad, fue mi decisión haberte besado delante de todas las personas, te besé y ahora todo es una pesadilla.
—¿Podrías tranquilizarte un poco? Al final, esto no es más que un juego.
—¡Todo es un juego para ti! —Bella lo miró fijamente, señalando hacia la fiesta en el jardín—. ¡De pronto te has convertido en una persona grosera y fría! ¡Me rechazaste delante de todos y te fuiste! —Edward apretó la mandíbula sin apartar los ojos de ella—. Y así esperas que convenza a la gente de que estamos comprometidos y enamorados uno del otro.
—Discúlpame si te ha molestado…
—¡No me molesta en lo absoluto, Edward Cullen! Pero te recuerdo, que el contrato dice que no puedes humillarme en público.
Edward suspiró asintiendo lentamente, mientras veía a Bella alejarse de él enfadada. Tocó suavemente las flores a las que minutos antes Bella le estaba hablando.
—Me voy… sí, me voy —murmuró Edward para sus adentros, mientras caminaba hacia la fiesta.
X – X – X
Pronto oscureció, haciendo que todo el jardín se iluminara cálidamente con las guías de luces que habían colocado alrededor de todo el jardín, incluyendo los arbustos. Mientras Leah y Rosalie platicaban alegremente con Stefan, Angela observó con tristeza a su amiga sentada sola en el bar frente a ellas.
—Chicas —murmuró Ange—, Bella está allá sola… deberíamos ir con ella.
Asintieron rápidamente, despidiéndose de Stefan, se acercaron a una Bella triste y melancólica que jugaba distraída con una copa de vidrio.
—¿Bella?
—¿Bella? ¿Qué pasó? —preguntó Leah, mirándola con preocupación.
—¿Saben por qué me he comprometido? —inquirió Bella mientras suspiraba y las miraba. Las tres tenían la misma cara de confusión.
—¿Qué? —preguntó Angela con el ceño fruncido mientras miraba de reojo a Rosalie y a Leah.
—¿Para qué? ¿De verdad era necesario comprometerme? —Bella sacudió la cabeza enfadada—. ¿Es que acaso no tengo ni un poco de inteligencia? ¿Ni siquiera un poquito?
—Cariño, explícate un poco mejor —respondió Rosalie con sus ojos azules llenos de confusión—, no sabemos a qué te refieres.
—No tengo cerebro —respondió Bella—. Pero bueno… ¿Y ustedes? ¡Podrían habérmelo advertido! ¿Por qué dejan que me comprometa con alguien que conozco apenas hace tres días?
—¡Te lo advertimos! —exclamó Leah, con sus ojos negros abiertos de par en par con incredulidad.
—Sí, bueno, podrían haberlo hecho mejor —masculló—. ¿Se dan cuenta que mi vida se ha acabado? ¡Ya está, adiós a mi juventud! ¡Cada día que paso con ese hombre, es un día perdido!
—Bueno, pero tu dijiste que lo querías… ¿No es así? —preguntó Rosalie.
—¡Esto no es amor, ni es nada! ¿Enamorada, yo? —Bella bufó con fastidio, se encontraba sonrojada de pies a cabeza—. ¡Ni en broma podría enamorarme! Y mucho menos de Edward Cullen, ¿de acuerdo?
Angela la miró boquiabierta, mientras Leah y Rosalie negaban discretamente con la cabeza, sus ojos abiertos de par en par.
—¡Es el hombre más arrogante que he conocido en mi vida! No lo sé… Podría ser más considerado —sugirió Bella, mientras sus amigas asentían rápidamente sonriendo—. O al menos, más simpático, no lo sé, mostrar algún tipo de emoción… ¡Es que el hombre parece un robot!
Edward, parado silenciosamente detrás de ella, la miraba sonriendo mientras asentía suavemente ante sus palabras. Rose, Leah y Angela empezaron a reír señalando discretamente detrás de ella.
—¡Es un robot! ¡Me voy a comprometer con un robot insensible! ¿Ahora entienden el problema? —inquirió Bella con disgusto, cuando se hubo tranquilizado se percató que las chicas no dejaban de señalarle desesperadamente detrás de ella, sintió su corazón paralizarse y abrió ligeramente la boca con sorpresa. Se dio la vuelta lentamente y se encontró cara a cara con Edward, que la miraba con una sonrisa divertida pero tensa.
—Eh… nosotras… iremos a dar una vuelta —masculló Ange mientras se alejaban con rapidez, dejándolos solos.
Edward se acercó lentamente a Bella, ignorando su postura claramente enfadada.
—¿Te gustaría bailar?
Bella finalmente lo miró, fingiendo indiferencia.
—No lo sé. —frunció el ceño y lo miró con curiosidad—. ¿De verdad quieres bailar conmigo? ¿O es parte del juego?
—Es parte del juego.
—Entonces tendré que bailar contigo —susurró Bella asintiendo, mientras Edward intentaba ocultar su suave sonrisa, la tomó con delicadeza de la mano y caminaron juntos hacia la pista de baile mientras todos los observaban con sorpresa. La música empezó a sonar, y tan pronto se acercaron comenzó a salir una nube de humo blanco deslizándose sobre el piso, volviendo la pista un escenario mágico y romántico.
Bella miró con timidez a Edward cuando sintió su mano agarrar con delicadeza su cintura, ella colocó una mano sobre su hombro y la otra la tenía Edward agarrada con firmeza.
—Si alguien quisiera, podría pasar entre nosotros —comentó Edward antes de empujar el cuerpo de Bella hacia el suyo, ella lo miró tragando saliva rápidamente, su rostro a escasos centímetros del de Edward y sus cuerpos rozándose, ni siquiera una brisa ligera de aire podría pasar entre ellos.
Empezaron a mecerse suavemente, de un lado a otro, bailando al ritmo lento de la canción, Bella podía sentir el calor de la piel de Edward abrazar el suyo y temía que él pudiese sentir su corazón latir desbocado.
—¿Sigues enojada? —murmuró cerca de su oído. Bella levantó la mirada antes de alejarla rápidamente, acalorada con la cercanía de su rostro con el de Edward.
—Pues sí.
—¿Te arrepientes de haberte comprometido conmigo?
—Claro —murmuró Bella, antes de fruncir el ceño y mirar sus brillantes ojos verdes—. ¿Y tú?
—No.
Bella lo miró confundida, una suave sonrisa adornaba los labios de Edward, distrayéndola por un par de segundos.
—¿No te arrepientes de nada?
—No de ti. —Edward carraspeó, sin duda el dulce olor de Bella le había abrumado—. Quiero decir… no me arrepiento de ningún contrato que hago.
Bella asintió, antes de suspirar e inclinar ligeramente su cabeza hacia Edward, después de unos segundos la mejilla de Edward descansaba cálidamente contra la frente de Bella, quien cerró los ojos mientras seguían meciéndose al ritmo de la música.
—¿De verdad ella dijo que está comprometida con un robot insensible? —preguntó Maggie mientras miraba a la pareja bailar.
—Sí, eso dijo, pero miren, ahora mismo se ven tan enamorados —murmuró Rosalie.
Angela, sin embargo, los miraba con ternura y añoranza, sus ojos estaban llenos de lágrimas no derramadas.
—¿Ange? —inquirió Leah acercándose rápidamente a ella junto con Rose—. ¿Qué te pasa?
—Oh, no es nada… es que mi mejor amiga así… en el día más feliz… míralos, son como dos tortolitos enamorados —suspiró señalando a Edward y Bella, que se encontraban mirándose a los ojos fijamente mientras seguían bailando. Leah bufó y se lejó—. ¿No son lindos?
—Son muy lindos —asintió Rose con una sonrisa—. ¿Estás sentimental?
—Te juro que están derritiéndose de amor en este momento.
Ahora ambos estaban más relajados, era como si estuvieran atrapados en una burbuja donde solo ellos existían, donde las miradas de horror de Esme o las miradas de dolor y traición de Lauren no existían. Edward soltó la mano de Bella y la colocó suavemente en su cintura, sus dos manos rodeaban la pequeña cintura de Bella mientras que las manos de ella rodeaban su cuello delicadamente, sin duda haciendo el baile algo más íntimo. Las puntas de sus narices se rozaban cada vez que se miraban, a Edward le encantaba el olor de Bella, y cada cierto tiempo acercaba su cabeza hacia su cuello y su cabello, inhalando suavemente, mientras que ella cerraba los ojos ante las sensaciones.
Estaban tan perdidos el uno con el otro, que tardaron dos segundos más de lo necesario en darse cuenta que la música ya se había detenido.
—Se acabó la música —murmuró Edward, carraspeando con nerviosismo mientras ambos se soltaban como si estuvieran ardiendo.
—Se acabó —asintió Bella, sonrojada.
Ambos se separaron mientras los aplausos llenaban el incómodo silencio, se aceraron a ellos Esme y Maggie, junto con Stefan que traía los anillos de compromiso en una bandeja de plata, él había elegido el anillo de Edward y añadió el nombre de Bella grabado al interior este, los anillos se encontraban atados por un listón rojo y debían ser cortados por un familiar importante.
—Adelante, póngalos usted —asintió Esme señalando a Maggie.
—No, póngalos ustedes, Sra. Esme.
—No, no, mejor usted.
Edward suspiró enfadado, mientras veía a Stefan ir de un lado a otro con los anillos.
—¡Por supuesto que no! Adelante, póngalos usted —respondió Maggie.
—Está bien —dijo Esme y tomó con fastidio los anillos colocándoselos con hostilidad a Bella y Edward, tomó rápidamente las tijeras y cortó el listón con brusquedad, todos empezaron a aplaudir.
—¡Beso, beso, beso! —la voz de Emmett se alzó sobre los aplausos y pronto todos empezaron a corear junto a él. Bella los miró con los ojos abiertos de par en par.
—Tengo que besarte —susurró Edward, girándose hacia ella.
—No —replicó Bella, sonriendo.
—¿Cómo qué no?
—No puedes besarme —negó Bella nuevamente, mirando discretamente a los invitados.
—Todos nos están mirando, tengo que besarte —insistió Edward.
—Bésame en la frente —respondió Bella, inclinando ligeramente su cabeza.
—¿Estás bromeando?
—No.
—Si quieres, te recuerdo que me besaste hace dos días frente a todos. —Bella lo miró ahora apenada, de mordió suavemente el labio antes de asentir.
—Bueno, está bien.
—Está bien.
Edward rodeo con firmeza, pero con delicadeza el cuello de Bella, mientras que ella agarraba un lado de su rostro, y sin pensarlo más unieron sus labios al mismo tiempo que un coro de aplausos inundaba todo el jardín, el beso fue breve sin embargo las sensaciones fueron infinitas, se separaron lentamente y se observaron durante un momento.
—Toma mi mano —murmuró Edward.
Mientras se giraban mirando a las personas aun aplaudiendo frente a ellos. Todos estaba sonriendo, menos Lauren, que los miraba como si estuviera presenciando la muerte de alguien, sus ojos azules no emitían otro sentimiento más que tristeza, pero pronto tuvo que sonreír debido a que Emmett la miraba con preocupación y recelo.
X – X – X
—Así que tu presión está alta —saludó Edward acercándose a su padre, que se encontraba sentado en la cabina del lago.
—¿Eso te ha dicho tu madre?
Edward asintió.
—¿Ya se han ido todos?
—Quedan pocas personas.
—Te has precipitado mucho, hijo. —comentó el Sr. Anthony.
—Lo sé —asintió Edward, mientras bebía un trago de su copa.
—Y en el trabajo es lo mismo. Eres tan ambicioso que nunca consultas nada, no le dices nada a nadie.
—Así es.
—Te has comprometido con una chica que conociste hace tres días, no puedes esperar que acepte este compromiso.
—No lo espero, mira, puedes enfadarte conmigo tanto como quieras, pero pórtate bien con Bella, no puedes hacer como si ella no estuviera ahí. Ella es buena.
El Sr. Anthony lo miró sin decir una sola palabra.
—Además —añadió—, has dejado a mamá sola. —Edward se alejó sin esperar una respuesta.
Emmett y Lauren se acercaron a Bella, quien los miró sonriendo.
—Bella, fue una noche muy bonita, felicidades de nuevo —comentó Emmett sonriendo—. Con tu permiso, iré a buscar al chofer.
—¡Gracias! Buenas noches —asintió Bella con una enorme sonrisa, a ella le caía muy bien Emmett, la energía que irradia la ponía de buen humor.
—¿Dónde está Edward? —preguntó Lauren tan pronto Emmett se alejó de ellas.
—Debe estar por aquí en alguna parte —masculló Bella, mirando a su alrededor.
—Escucha, te digo esto porque veo que no lo conoces mucho: te cuidado o acabará haciéndote daño. ¿De acuerdo? —Lauren la miró fijamente.
—¿A qué te refieres?
—Espero que no me malinterpretes, pero Edward tiene un carácter muy especial, no es como los demás.
Bella la miró sin inmutarse.
—Por ejemplo, Emmett y yo nos comprometimos, y ahora viviremos juntos. Pero Edward… no es de esos, y como todo esto ha ido tan rápido… ese momento tardará en llegar, a eso me refería.
Bella empezó a reír, y Lauren borró rápidamente la pequeña sonrisa de suficiencia que adornaban sus labios.
—Ya me ha pedido que vivamos juntos —respondió Bella con una sonrisa.
—¿De verdad? —preguntó Lauren con una sonrisa claramente falsa.
—Sí —asintió Bella.
—¿Dónde vivirán?
—En la casa de Edward. Y debido a que lo conoces mucho, creo que voy a necesitar de tus consejos, ¿te importa si te llamo algún día?
—Claro, felicidades —respondió Lauren, mientras intentaba controlar sus emociones.
—Muchas gracias.
—Buenas noches, Bella —asintió y sin esperar su respuesta se giró alejándose de ella.
Bella caminó hacia donde se encontraban sentadas sus amigas junto con su tía Maggie.
—La fiesta se ha acabado. ¡Vámonos ya! —exclamó Bella con una sonrisa.
—Si quieres quédate un rato más con tu prometido —murmuró su tía sonriendo, mirando a Edward mientras se acercaba a ellas—, si te vas, se verá un poco feo.
Edward sonrió con los labios apretados, y miró a Bella.
—Sí, claro, no quiero quedar mal.
—Buenas noches, y felicidades otra vez —dijo Angela sonriendo con alegría. Leah y Rosalie se despidieron brevemente y Stefan las acompañó a la salida, dejándolos solos.
—Si quieres, podemos hablar un momento, y luego Stefan te va a llevar a tu casa.
Bella asintió lentamente, mientras Edward la guiaba hacia su casa. Bella no conocía más allá de la cocina y la sala de estar principal, esta vez, Edward la dirigió hacia el interior, donde abrió una puerta y Sirius se asomó ladrando.
—Shhh, tranquilo, ¿qué te pasa? ¿No reconoces a Bella?
—No me ladra a mí, sino a ti —respondió Bella mirándolo con una ceja levantada—, creo que está muy enojado porque lo has dejado encerrado.
—Shhh, está bien chico, tienes razón. —le acarició suavemente la cabeza a Sirus—. Pero no podía dejarte suelto, había mucha gente. Venga, sal, corre.
Bella miró sonriendo a Sirius.
—¿Por qué has decidido llamarle Sirius? ¿Quieres que sea tan serio como tú?
Edward sonrió un poco.
—Ven —asintió, guiándola hacia un lado de la casa, donde se encontraba una especie de terraza despejada—. Sirius es la estrella más brillante del cielo que los ojos pueden ver. Dice la leyenda, que Gobekli Tepe existe gracias a la estrella de Sirius, también conocida como la estrella del perro.
—Es muy sorprendente, muy poético —asintió Bella sonriendo, mientras miraba ante ella un enorme telescopio.
—El tatuaje en tu mano, entonces… ¿No es porque te gustan las estrellas?
—No es tan simple —murmuró Bella, mientras tocaba suavemente el pequeño tatuaje en forma de estrella en su mano derecha, un poco más arriba del dedo pulgar—. Es algo familiar, personal.
Edward asintió respetando su privacidad.
—¿Y sabes cómo nacen las estrellas? —le preguntó cambiando de tema, no quería que Bella se pusiera melancólica.
—No, nunca he investigado.
—Bueno, cada estrella es en realidad una reacción termonuclear —explicó, mirando el hermoso cielo oscuro y despejado.
Bella se rio suavemente mirándolo con los ojos brillosos.
—¿Puedes explicármelo en un idioma que pueda entender?
—Claro, piensa en una nebulosa tranquila, fría e inmóvil.
—Vale…
—Los cúmulos de esta nebulosa recogen material, se vuelven más densos y gradualmente más cálidos. Entonces, se convierten en una estrella después de millones de años.
—¿Cómo es eso? —Preguntó mirando sorprendida las estrellas en el cielo, Edward, sin embargo, encontraba más fascinante mirarla a ella—. ¿El universo espera millones de años para que se forme una estrella?
Bella lo miró esperando una respuesta y lo descubrió mirándola fijamente, sonrió nerviosa.
—¿Qué pasa? —susurró Bella. Edward reaccionó tarde a sus palabras, y parpadeo como si estuviera saliendo de una ensoñación.
—Nada —murmuró rápidamente—. ¿Te gustaría mirarlas más de cerca?
—Me encantaría —asintió mientras se acercaba al telescopio, sonriendo y emocionada como una niña de cinco años—. ¡Es maravilloso!
—¿Cierto?
—Literalmente, me quedé sin aliento.
Entretanto, Edward se quitó rápidamente su saco y mientras ella veía maravillada por el telescopio, él le colocó el saco sobre sus hombros desnudos, Bella se alejó del telescopio y agarró suavemente el saco, ajustándoselo, lo miró con una suave sonrisa apenada.
—Es como si las estrellas estuvieran en la palma de tu mano —murmuró Bella, mirándolo fijamente.
—Sí —asintió y ambos miraron el cielo estrellado con una sonrisa.
—¿Cuántas estrellas crees que hay en el universo?
—Alrededor de diez sextillones.
—¿Sextillones? —preguntó Bella confundida.
—¿Nunca has oído de eso? —Bella negó suavemente—. Cuatrillones, quintillones, sextillones.
—¿Cómo sabes de todo eso? Cada vez creo más que eres un robot.
—¿De verdad crees que parezco un robot? —Bella sonrió y suspiró
—Pero no sé nada de ti, nadie lo sabe. Tal vez solo Lauren te conoce a la perfección.
—¿Qué quieres saber sobre mí? —Bella lo miró por un breve momento, sopesando la pregunta.
—Por ejemplo, ¿por qué vives con tus padres? Quiero decir… un hombre como tú…
—Tan frío y desconsiderado —Bella asintió suavemente encogiéndose de hombros—. Pues resulta que, mi madre no sale de casa, desde hace años, no puede salir, no es capaz de ir más allá del jardín. Entonces ella me pidió que me quedara a vivir aquí.
—Lo siento. —Bella lo miró apenada. Edward asintió casi imperceptiblemente—. ¿Y cuál es la razón? Si no es muy personal, por supuesto.
—Sinceramente… —negó suavemente, mientras miraba hacia otro lado—, es muy triste… es tan triste —Bella lo miró preocupada—. Da igual, olvídalo. ¿Y entonces, te parezco una persona normal?
—No eres para nada normal —respondió Bella con una pequeña sonrisa—. Sabes demasiadas cosas del universo y las estrellas… —Bella suspiró, rompiendo el contacto visual, se quitó el saco lentamente—. Me tengo que ir. Muchas gracias.
Edward asintió, mientras tomaba el saco en sus manos, sintió una pequeña opresión el pecho, casi imperceptible, pero estaba ahí, una molestia que jamás había sentido.
—Buenas noches, Edward Cullen.
—Buenas noches, Bella Swan. —Edward forzó una sonrisa.
X – X – X
Mientras Bella se alejaba, él le dio la espalda, descubriendo que, al no verla alejarse, la presión en su pecho disminuía un poco, sin embargo, seguía ahí. Suspiró con cansancio y al darse la vuelta, vio el collar que le había dado a Bella descansando sobre una mesita, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
Al día siguiente, Bella se despertó sintiéndose mejor, de alguna manera, la noche anterior había reconocido a Edward Cullen como una persona e incluso había disfrutado pasar tiempo a su lado, eso sin duda le iba ayudar estos dos meses, quizá ya no sería tan malo como se esperaba.
Rosalie entró al jardín de la floristería con una enorme sonrisa, a simple vista la alta y esbelta rubia estéticamente parecía no encajar ahí, sus ropas finas y su porte elegante gritaban todo lo contrario, eso era hasta que se le veía interactuando con la familia que había formado con las chicas, no podría sentirse mejor en otro lado que cerca de ellas.
—Buenos días a mí abogada preferida y más guapa del mundo —saludó Bella con una sonrisa mientras terminaba de armar un ramo de flores. Rosalie sonrió radiante —. Toma asiento, cariño. Steve, ¿podrías traernos café, por favor? —preguntó Bella a Steve mientras se sentaba frente a Rose.
—¡Enseguida, Bella!
—¿Por qué elegí la profesión más complicada de todas? —inquirió Rosalie mientras soltaba un suave bufido.
—¿Por qué no hablas con tu padre? —preguntó Bella entretenida mientras ajustaba en su blusa un diminuto ramito de flores naturales con un broche—. Dile directamente a la cara: "No quiero ser abogada, quiero diseñar zapatos".
—¿Quieres que vaya a hablar con mi padre y se lo diga? —preguntó Rosalie, sonriendo con incredulidad—. ¿Alguna vez has discutido con un abogado, mi querida Bella? Todos los miembros de mi familia son abogados, y además soy hija única, no me van a dejar en paz.
—¡Vaya, vaya! —Exclamó Angela mientras tomaba asiento junto a Bella—. ¿Otra vez contando tus problemas de niña rica? ¡Déjame adivinar! ¿Se te han roto los tacones de diseñador? ¿O quizá tu padre te dejó por error una herencia multimillonaria?
—Ange, no me gusta cuando dices esas cosas —murmuró Bella mirándola con el ceño fruncido—. ¿Qué culpa tiene Rose de tener una familia rica?
—¿Por qué estás a la defensiva, Bella? ¿Es porque tú también entras en esa categoría? —Preguntó Angela sonriendo con maldad.
—¿De qué hablas? ¿Por qué dices eso? —Angela la observó sin decir nada, debido a que su sonrisa lo decía todo—. ¿Qué? ¿Lo dices por Edward? ¡Me da igual su dinero!
Rosalie las miró con diversión.
—Te guste o no, ayer literalmente te convertiste en parte de la alta sociedad. ¿Te das cuenta de eso?
Bella miró a Rose con un puchero, mientras Rose asentía lentamente ante las palabras de Ange.
—Las cosas sencillas ahora no forman parte de tu vida. Ahora, en lugar de irte de picnic a un lago… te irás de vacaciones en un yate. —exclamó Ange encogiéndose de hombros, Rose sonrió con arrepentimiento antes empezar a reír.
—Pero, tiene razón, Bella. Tú lo has visto ayer, esa gente es muy cruel. Cuando llegue el momento, dejarás de usar ropa del montón para empezar a usar mejores marcas.
—¡Jamás haré eso, yo soy como soy y no pienso cambiar por nadie!
—¿Quién es Lauren? —preguntó Leah mientras llegaba y se sentaba a lado de Rose. Se quitó las gafas colocándoselas sobre su cabeza y miró a Bella.
—Buenos días a ti también, chica de negro. —respondió Ange.
—Buenos días —saludó Bella sonriendo.
—Buenos días, mi querida Leah.
Leah la miró esperando una respuesta a su pregunta.
—¿Por qué estás interesada en ella? —preguntó Bella bufando—. Lauren es la ex novia de Edward.
—¡¿Qué?! —chillaron las tres al mismo tiempo.
—¿Por qué no nos habías dicho? —exigió Rose.
—¿Cuánto tiempo estuvieron saliendo? ¿Un mes, dos o tres? –inquirió Angela, exaltada—. ¿Un año, dos años? ¿Cuánto tiempo?
—¿Por qué no nos lo habías dicho?
—Chicas, Edward tenía que venir a recogerme y aun no llega. —Bella suspiró mirando su reloj, se levantó mientras ellas la miraban boquiabierta.
—Lauren no me gusta en lo absoluto —replicó Leah con tono serio.
—A mí tampoco —asintió Rose—. La vi muy tonta y un poco falsa, esa cercanía innecesaria hacia Edward…
—Mira, te diré algo. Esa tal Lauren, observó a mi cuñado durante toda la noche, no le quitó los ojos de encima. —masculló Angela mirando con seriedad a Bella, la tocó con suavidad en el brazo y se acercó fingiendo pasión—. Incluso, hubo un momento en el que lo agarró del brazo así y le murmuró algo al oído.
—Tiene razón, yo misma los vi —afirmó Rose.
—Chicas, en mi opinión, están exagerando —murmuró Bella—. De todos modos, ella tiene pareja y están comprometidos.
—Todo estaría bien si Edward no hubiera coqueteado con ella también —masculló Leah enfadada.
—Son socios, ¿qué quieren que haga?
—¡¿También son socios?! —chilló Angela, ahora Bella se veía incluso un poco preocupada—. ¡Además de ser ex pareja! ¿Y resulta que pueden toquetearse, así como lo hicieron? Bella, dime la verdad, ¿ayer se pelearon por culpa de esa chica y por eso estaban tensos?
—No digas tonterías, estamos empezando a conocernos y es normal que surjan algunos malentendidos. —las chicas la miraron con suspicacia hasta que Bella sonrió con sus ojos brillantes iluminando su rostro—. Además, Edward no es como aparenta, anoche a solas lo conocí de otra manera. Es un hombre muy interesante… parece muy serio, pero es muy sensible. Anoche compartimos un momento muy personal, creo que tenemos esperanza.
—¿Esperanza? —preguntó Leah. Bella asintió aun sonriendo—. Querida Bella, ha sido un placer conocerte, te deseo buena suerte —asintió Leah colocándose nuevamente sus gafas oscuras.
—Edward aún no ha llegado —bufó Bella mirando su celular—. Estoy preocupada, quizá le ha pasado algo. Iré a buscarlo. —Se levantó rápidamente buscando su bolso—. Por favor, díganle a mí tía que los pedidos están listos.
—¡Sí, ya se lo diremos! —asintió Rose.
—¡Hasta luego, chicas!
—¡Adiós!
Bella llegó rápidamente a la casa de Edward y pronto se dirigió hacia su casa en especifico, todo estaba en silencio, excepto por Stefan que iba pasando por ahí.
—¡Bueno días, Sr. Stefan! —saludó Bella sonriendo.
—Buenos días, Srta. Bella —asintió sonriendo mientras se acercaba a ella.
—¿Cómo está?
—Honestamente, mucho mejor ahora que la veo. Pero, por favor, dígame Stefan.
—¿Entonces me va a decir Bella, también? —preguntó ella sonriendo.
—No, no puedo —negó rápidamente Stefan con una sonrisa apenada.
—Entonces yo tampoco puedo. —Bella observó con curiosidad a su alrededor—. He venido a buscar a Edward. ¿Está en casa? ¿Le puede hablar?
—Ha salido temprano —murmuró Stefan, encogiéndose de hombros. Bella lo miró confundida.
—¿Le ha pasado algo? ¿Se encuentra mal? —inquirió preocupada.
—¡No, no! Él todos los días se levanta a las siete de la mañana y se va a la oficina —explicó Stefan rápidamente.
—Oh, no me dijo nada. Entonces le llamaré. —asintió Bella mientras sacaba su celular y le marcaba, sin embargo, este la mandó directamente a buzón, suspiró—. Bueno, entonces iré a la oficina.
Antes de irse, recordó que ayer le había dicho a Edward que le ayudaría enviando a una persona a su casa a recoger unas cajas y llevarlas a la oficina, debido a que Stefan había olvidado hacerlo, sin embargo, ella también lo había olvidado.
—¡Oh, me tengo que llevar estas cajas! ¡Me las llevo ahora mismo!
—Claro, déjeme ayudarla.
–¡No se preocupe! Trabajo en una floristería, ¿recuerda?
Stefan le ayudó a colocar unas cajas en un carrito de carga mientras que él le cargaba una que había quedado fuera. Ambos iban cruzando por el jardín frente a la piscina cuando se encontraron con Lauren y Esme sentadas en una mesa mirándolos horrorizadas.
—Stefan, ¿qué estás haciendo? ¿Qué hay en esa caja?
—Cosas del señor Edward —respondió encogiendo de hombros con indiferencia—. La señorita Bella las llevará a la oficina.
—¡Buenos días! Lauren, ¿cómo estás? —Saludó Bella sonriendo mientras iba corriendo con el carrito—. ¡Esta carretilla es genial, voy a comprarme una para la floristería! ¡El trabajo será mucho más fácil para mí!
—¿Bella? ¿Podrías sentarte un momento? —preguntó Lauren, señalando un asiento frente a ella—. Estábamos hablando de la decisión que han tomado Edward y tú.
—¿Qué decisión? —Preguntó Bella sonriendo con confusión, se acercó a la mesa—. ¡Perdón, tomaré un poco de agua! ¡Estoy sedienta!
Esme la miró con disgusto, desde su ropa informal y corriente, hasta sus pocos modales.
—Haces bien en llevar las cosas de Edward a la oficina, así habrá más espacio —comentó Lauren, sus ojos azules taladrándola.
—Edward lo ha dejado todo listo, y le dije que podría ayudarlo a mover las cajas y ha aceptado —explicó Bella emocionada, mientras recuperaba el aliento.
—¿Por qué no sé nada de esto? —preguntó Esme tratando de no alterarse más frente a Lauren—. Edward no me dijo nada.
—Estas son cosas personales de Edward. Quizá pensó que no era asunto suyo —respondió Bella, mirando de reojo a Lauren—. Pero puede preguntárselo, ahora tengo que marcharme. ¡Ha sido un placer verte, Lauren! ¡Nos vemos, querida suegra!
Bella llegó sonriente a Art Life y entró a la oficina como sol radiante por la mañana.
—¡Buenos días! —saludó acercándose a todo el equipo que estaba reunido. Todos la voltearon a ver, y debido a que Bella iba feliz, no notó las caras serias que adornaban el rostro de todos.
—Llegas tarde. —replicó Edward en tono mordaz. A Bella se le borró rápidamente la sonrisa.
—Es que… he ido por las cajas —explicó rápidamente, pensando que quizá Edward lo había olvidado.
—Porque tú quisiste, nadie te lo pidió. —Algunos miraban incómodos la escena frente a ellos, otros fingían estar ocupados con lo que sea que tuviesen enfrente, sin embargo, Alice, Jasper y Bree los observaban fijamente—. Mira, todos están aquí, ¿no? —continuo Edward, sus ojos eran dos orbes fríos como el tempano de hielo—. Tienes que empezar a ser más puntual.
Bella lo miró sorprendida, sin poder decir una palabra.
—¡Vamos, vamos! ¡Hay que preparar todo para la reunión! —exclamó Edward, ignorando a Bella.
—¿Está de mal humor por algo? —le murmuró Bella a Bree suavemente.
—No, al contrario. Ha tratado bien a todos —respondió ella sorprendida, encogiéndose de hombros.
—Increíble —murmuró Bella para sus adentros, mientras se acercaba lentamente a su propio escritorio.
—Perdimos el proyecto del hotel —anunció Edward, con un semblante serio y sombrío—, se lo han dado a Riley Biers.
—Pero, por supuesto, nuestro diseño era mucho mejor que el de Biers —explicó Jasper—. Sabemos lo duro que trabajan todos, por lo que esto no es culpa de ustedes.
—Tampoco busquemos excusas, Jasper. Es obvio que nuestra atención no se encuentra enfocada como es debido, no nos hemos concentrado lo suficiente en el trabajo —masculló Edward, mirando a todos—. Por lo tanto, significa que hay cosas que nos están distrayendo —esta vez, miró directamente a Bella, sin parpadear y con la mirada fría y hostil.
Bella giró suavemente la cabeza, retándolo con la mirada.
—Por eso, quiero pedirles que se concentren en su trabajo y sean más productivos. ¿Entendido? —Exclamó—. Y otra cosa, Riley siempre encuentra la manera de enterarse de nuestros negocios, por eso es importante que no hablen del trabajo en su vida social.
—Ni siquiera tenemos vida social fuera de la empresa —murmuró Diego, Edward lo miró con fiereza.
—¿Algo más que decir? —preguntó, mirándolo fijamente, Diego negó con rapidez—. Pueden seguir con su trabajo.
Edward miró directamente a Bella.
—Bella, quiero que me entregues el reporte semanal antes de que acabe el día. —exigió.
—Aún no he podido hacerlo, acabo de llegar —respondió Bella confundida.
—¿Tengo cara de que me interesen tus excusas? —exclamó, todos los miraron sorprendidos—. ¡Se acabó la reunión chicos, a trabajar! —Edward miró a Bella—. Y tú, tráeme los planos del proyecto de Sariyer*.
Bella frunció el ceño, no podía creer que Edward la estuviese tratando de esa manera, incluso llegó a pensar que la noche anterior fue un sueño, quizá lo fue y no lo recuerda, o quizá Edward fingió ser alguien bueno para jugar con sus sentimientos, al final para él todo era un juego. Lo vio alejarse con Jasper.
—¿Qué fue eso? ¿Acaso me ha dado una orden? —preguntó Bella.
—Es lo normal, siempre habla así —respondió Bree restándole importancia—. Ven, vamos Bella, te ayudaré con el horario.
Juntas, subieron a la oficina que compartiría con Bree, al entrar Bella miró con la boca entreabierta como todo se encontraba cubierto con plástico, había escaleras y herramientas por todos lados.
—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Bella—. ¿Edward se ha vuelto loco? ¿Intenta echarme de aquí? Explícamelo porque no lo entiendo.
—¡Yo tampoco entiendo, nunca sé lo que hace el Sr. Edward! No sé si esto significa que te quedes o te vayas, de todas formas, él quiere quitar esta pared —señaló Bree—, así que había que cubrir todos los muebles.
—¿Y ahora como voy a encontrar las cosas? —inquirió Bella afligida—. Tendré que buscarlo entre todo este alboroto.
X – X – X
—¿Para qué es esta reunión? —preguntó Alice entrando rápidamente a la sala de juntas donde se encontraban Jasper, Michael y Edward esperándola. Dejó una muestra de telas sobre el escritorio.
—He decidido entrar a la licitación de la restauración —anunció Edward sonriendo. Jasper lo miró exaltado al igual que Alice, Michael lo observó ahora con más interés.
—¿Te has vuelto loco? ¡Ya lo habíamos hablado, nos retiramos porque perderíamos mucho dinero!
—De todos modos, no cumplimos con los requisitos de la licitación, Edward —inquirió Alice.
—Mira, si conseguimos que la dirección esté de nuestra parte, no tendremos ningún problema —explicó Edward, Jasper se rió, una risa fuerte y carente de diversión.
—Todos sabemos que Anthony no va a aceptar esto —replicó Jasper mirando a Alice.
—Sí lo hará —masculló Edward, su semblante serio y sereno.
—Hermano, ¿qué estás diciendo ahora? Ya dijimos que no ganaríamos lo suficiente. ¿Cuánto piensas invertir en esto?
—Un millón de dólares —respondió Edward.
—¡¿Qué?! —las voces de Jasper y Alice se elevaron en coro, mientras lo miraban como si de pronto a Edward le hubieran crecido tres cabezas.
—¡No puedes hacer esto, Edward! —replicó Alice, sus ojos negros taladrando a Edward enfurecida.
—Sr. Edward, esto podría llevar a la empresa a la quiebra —comentó Michael.
—Edward, ¿estás bien? Realmente estoy preocupada. —insistió Alice—. Tu director financiero te lo está diciendo, no podemos hacer esto. ¿Estás escuchando?
—De acuerdo, sí, estoy consciente de que es un riesgo. Pero vale la pena.
—Edward, esta no es solo tu empresa, somos socios y no puedes simplemente decirnos eso. —Jasper lo miraba enfadado.
—Nos vamos a unir a la licitación y ya está. La reunión ha terminado —anunció Edward suspirando—. Y este tema queda entre nosotros, incluido el tema del millón de dólares. ¿De acuerdo?
Michael asintió y se retiró de la reunión, Edward lo miró por un segundo mientras se alejaba antes de suspirar.
—Jasper, hazme un favor y llama a Riley Biers.
—¿Y por qué no lo llamas tú?
—Llámalo, por favor.
—¡Este hombre me acabará volviendo loco! —exclamó Jasper mientras sacaba su celular y le marcaba a Riley—. No contesta, está ocupado.
—Lo sabía —Edward sonrió, asintiendo.
X – X – X
Bella estaba a punto de entrar a la sala de juntas cuando se topó con Edward y Jasper.
—¿Dónde están los planos del proyecto de Sariyer? —exigió Edward, Bella suspiró al volver a escuchar su tono hostil.
—Al parecer están haciendo reformas en el despacho y no he pod…
—¡Bree! —Bella lo miró sorprendida mientras la interrumpía, ignorando completamente sus palabras—. ¿Puedes traerme los planos del proyecto de Sariyer por favor? Y el programa.
—¡Enseguida, Sr. Edward! —asintió Bree mientras corría hacia la oficina en el segundo piso.
—No ha sido culpa mía, ¿sabes? —inquirió Bella, frunciendo el ceño—. No me dijiste que la oficina seria reformada, todo está en cajas y cubierto, no encontraba nada.
—Tienes razón —asintió Jasper—. La oficina está siendo renovada porque Edward ha solicitado por tu bien que…
—Bella, ve a trabajar —interrumpió Edward rápidamente—. Y no distraigas a los demás.
—¡Sr. Edward, aquí tiene los planos y ya mismo preparo el programa! —Bree llegó corriendo con los papeles en sus brazos. Bella aun miraba a Edward sin inmutarse, sus ojos habían perdido el brillo con el que había llegado.
—Muchas gracias, Bree, déjalo en la sala de juntas. El resto del día vas a sustituir a Bella —añadió.
—Claro, Sr. Edward —asintió Bree, mientras pasaba a un lado de ellos hacia la sala de juntas.
Edward se marchó junto con Jasper, dejando a Bella parada en el centro de la oficina, sin comprender absolutamente nada de lo que acaba de ocurrir, no sabía lo que había pasado o lo que había cambiado, pero este hombre era incluso más frio y despiadado del que había conocido en un principio, ya no era solo un robot, ahora era una máquina de matar y apuntaba directamente a ella.
Sariyer* es un distrito de Estambul, Turquía, situado en la parte europea de la ciudad.
Merhaba!
¿Adivinen quién está de cumpleaños hoy y aun así actualiza? ¡Sí, yooo! jajaja
Disfruten el capitulo, no me odien a Edward, es un hermoso pero de repente sus neuronas no conectan.
¡Dejen su review, no sean crueles, motívenme!
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görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
