Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
Capítulo 11.
Edward salió de la empresa después de dejar a Bella con la palabra en la boca, estaba molesto, pero lo que más le molestaba era él mismo, y lo mucho que le costaba hablarle de esa forma indiferente.
—Jasper, por favor, ¿podrías buscar las firmas de Lauren y mi padre para la licitación?
—Claro, hermano, pero sabes que tu padre no querrá participar en esta licitación tan absurda. —comentó mientras tomaba la carpeta de las manos de Edward.
—Mira, Jasper, no estoy de buen humor así que no lo empeores.
—¿Qué pasa? ¿Tienes problemas con Bella?
—¿Bella? ¿Qué tiene que ver ella con esto? —masculló exasperado, frunciendo el ceño.
—Estás tratando a tu novia como si fuese tu esclava o tu enemigo.
—Si cualquiera de mis empleados cometiera un error similar…
—Que tengan buen día —saludó Michael mientras se dirigía calle abajo. Edward lo miró con los ojos entrecerrados.
—¿Cuándo vas a entenderlo? Hay más cosas además del trabajo. Y no todo va a ir siempre como tú quieres… —Jasper dejó de hablar tan pronto se dio cuenta que Edward no lo estaba escuchando, se giró a ver lo que había llamado su atención.
—¿No es ese el coche de Riley Biers? —preguntó Edward. Jasper bufó y asintió.
—¡Oye! ¿Y si vamos y le rayamos el coche de extremo a extremo? ¡Aun sigo enojado por lo de ayer!
—Vamos, ya tendremos tiempo de vengarnos —sonrió mientras se subía rápidamente a su coche
—¡Te veo, yo iré en mi coche! —asintió Jasper mientras se alejaba hacia el estacionamiento.
X – X – X
Bella hojeó archivo tras archivo, resoplando entre cada carpeta que pasaba, se encontraba parada cerca de la puerta debido a que no quería adentrarse mucho en la oficina de Bree, la cual ahora también era de ella, pero cada que intentaba olvidarse de su claustrofobia regresaba con más fuerza.
—¿Qué pasó aquí? —Leah miró todo el desorden con los ojos abiertos de par en par.
—¡Leah! ¿Qué haces acá? —Bella la miró con asombro y sonrió un poco.
—He venido a verte, para ver cómo te tratan y es incluso peor de lo que imaginaba —comentó con una ceja levantada.
—Mmm, Edward Cullen ha decidido demoler mi oficina y ha desordenado todas mis cosas.
—¿Por qué?
Bella se encogió de hombros.
—No lo sé, porque le apetecía hacerlo, tal vez.
—Yo tengo una teoría —la voz de Diego se alzó fuerte y clara, mientras se acercaba a ellas intentando parecer misterioso y atractivo, miró fijamente a Leah.
—Sorpréndenos —respondió ella, mirándolo con recelo.
—Ustedes saben que él no demuestra sus sentimientos y el compromiso repentino lo ha superado y ahora está agobiado. ¡Y el ha hecho un plan! —exclamó en voz alta, señalando a Bella quien lo miró sonriendo— ¡Un plan para deshacerse de ti y sus sentimientos! ¡Así que mandó a colocar una bomba en tu oficina!
Bella rió divertida mientras que Leah lo miraba con desagrado y desconfianza.
—Pero entonces has llegado tarde al trabajo y todo su plan se vino abajo, y ahora está muy molesto. —concluyó Diego, encogiéndose de hombros.
—Claro, por eso está molesto, una teoría muy interesante —asintió Bella sonriendo, mientras miraba de reojo a Leah.
—Pero tengo otra teoría, estas paredes dan directo al despacho del Sr. Edward, y quizá las ha pedido demoler para así poder verte todo el día.
Bella miró con curiosidad las paredes, intentó que su corazón no latiera de la forma en la que lo empezó a hacer al escuchar la segunda teoría, aunque no quisiera admitirlo, le gustaba pensar que esa podría ser una opción.
—Me quedo con la primera teoría —replicó Leah—. Bueno, nos vemos Bella, tengo cosas que hacer.
—Claro, gracias por venir.
Bella miró con diversión como Diego admiraba a Leah, sus ojos brillantes la siguieron paso a paso mientras su amiga se alejaba rápidamente bajando las escaleras, Diego se acercó a ella y la miró con una mirada risueña.
—Tú amiga Leah… ¿En qué trabaja? —preguntó sonriendo mientras se recargaba en la puerta.
—Pues… resulta que lleva años dándole órdenes a alguien por teléfono, pero aun no sabemos en qué trabaja. Es un misterio —añadió haciendo una pequeña mueca.
—Interesante… otro misterio por resolver.
—Buena suerte, la necesitarás —asintió Bella.
—Ya veremos, nunca he dejado un caso sin resolver —Diego la miró mientras se alejaba lentamente. Bella empezó a reír.
Después de meter y guardar recopiladores dentro de una caja, finalmente pudo bajar y colocarlos en un escritorio libre que encontró en la planta inferior en la oficina principal, junto a los demás compañeros de trabajo. Bella suspiró al mismo tiempo que pensaba en la mejor manera de ordenar todo.
Sintió, más que vio, cuando Edward entró a la oficina y pasó sin siquiera mirarla de reojo, lo observó entrar a la sala de juntas que para su desgracia estaba justo enfrente de su nuevo escritorio, Bella lo miró casi boquiabierta, desde donde estaba podía observarlo fijamente debido a que la pared de la sala que daba hacia la oficina, consistía en una serie de puertas las cuales, si quería, podía abrir todas o cerrarlas y únicamente utilizar una como principal.
Edward se sentó en su escritorio seguido de Jasper, que lo miró mientras depositaba frente a él la carpeta.
—Lauren firmó la licitación, pero tu padre no ha querido arriesgarse.
—De acuerdo, conseguiré que firme. ¿Algo más? —Jasper suspiró y negó—. Gracias.
Tan pronto como Jasper salió de la oficina, Bella aprovechó y se acercó corriendo, tocó suavemente la puerta y entró con una pequeña sonrisa. Edward la miró sin inmutarse.
—¿No me dirás nada? —preguntó Bella, mientras que Edward enfocaba toda su atención en la computadora frente a él.
—Eres tú la que ha tocado la puerta y ha entrado —respondió finalmente, mirándola con aburrimiento.
—Sí, fui yo —asintió—. Quisiera darte las gracias, has pedido demoler las paredes por mí…
—¿No te dije que no vinieras hoy a la oficina?
A Bella se le borró la sonrisa, apretó los labios en una fina línea y se acercó más a él, inclinándose sobre el escritorio lo miró fijamente.
—¿Cuál es tu problema? ¿Por qué estás siendo tan grosero conmigo?
—No puedes pedirme explicaciones.
—¡Pues lo estoy pidiendo! Me merezco una explicación por lo mal que me has tratado hoy.
Edward se levantó de su asiento molesto, sus ojos verdes ahora eran oscuros y fríos.
—No te debo nada, ¿entendiste? Eres alguien que va a desaparecer de mi vida en dos meses, así que no te consideres tan importante. —exclamó, mientras se daba la vuelta y caminaba hacia la terraza al otro lado de la pared de vidrio.
—¡Estoy hablando contigo! —Bella lo siguió rápidamente—. ¿Cuál es tu problema? ¡De verdad no te entiendo! ¿Por qué estás siendo tan rudo conmigo? ¿Qué te hice para que te comportes de esta manera?
—Bella, ¿puedes irte?
—¡¿A dónde?! —exclamó señalando hacia la oficina—. ¿A seguir trabajando mientras tú me ignoras? ¿O debería irme a casa? ¿O quizá debería romper nuestro contrato y alejarme para siempre? ¿Eso es lo que quieres?
—¡Bella! —Edward la miró aun con dureza, sin embargo, su voz se escuchaba cansada.
—No puedes hacer siempre lo que tú quieras. No funciona así. —Bella suspiró exasperada al no verlo reaccionar—. ¿Por qué eres tan frío y distante conmigo? ¿Qué ha pasado?
—¡Pasa que te estás acercando demasiado! ¿De acuerdo? ¡Y eso no me gusta!
—¿Me estoy acercando? —preguntó Bella confundida—. Yo no pretendía… No sé, pensaba que nosotros…
—¿Qué? —exigió Edward con dureza—. ¡¿Qué podría haber entre nosotros, Bella?!
—¡Pensaba que podíamos hablar como adultos! ¡Discúlpame, fue mi error!
—Mira, el hombre que conociste anoche… No soy yo ¿Entiendes? ¡¿Lo entiendes?! —inquirió mientras Bella lo miraba sin decir nada—. ¡Así que te lo advierto, recuérdalo, no sobrepases los límites del contrato! ¡Y no olvides que esto es un juego!
—¡Lo sé! ¡Me equivoqué! Quizá fui demasiado lejos, lo siento —asintió—. ¡No volverá a pasar!
—Eso espero.
Se miraron fijamente por un momento, antes de que Bella rompiera el contacto y empezara a alejarse de él.
—¡Y no hay necesidad de tirar esa pared, he encontrado un lugar aquí abajo! —exclamó furiosa.
Edward se quedó un momento parado en el mismo lugar antes de sacudir la cabeza y regresar a su asiento, cerró de golpe la computadora frente a él. Se sentía tan enojado, sin embargo, notó con curiosidad un pequeño y diminuto ramo de flores tirando y olvidado en el escritorio, lo tomó entre sus dedos y buscó a Bella con la mirada, la vio salir furiosa de la oficina.
Edward suspiró tratando de tranquilizarse, dejó a un lado las pequeñas flores y se sentó, recargando con cansancio la cabeza entre sus manos.
A lo lejos, Jasper y Alice miraron el furioso intercambio que había ocurrido entre ambos.
—Están peleando otra vez —murmuró Jasper mirando a Bella.
—Jasper, esta chica no hace nada más que desmotivar a Edward, no nos conviene. —Alice lo miró esperando una respuesta, él no hizo más que mirarla con los ojos entrecerrados.
—Alice, ¿no haces otra cosa más que pensar en trabajo?
—No. ¿En qué más quieres que piense? —replicó, sin embargo, desvió la mirada avergonzada.
—En nada —se alejó a su oficina, negando suavemente con la cabeza, a veces quisiera que ella se relajara un poco más, quizá entonces el podría decirle algunas cosas… cosas que se moría por decirle, y que nunca lo haría.
X – X – X
Bella decidió que era buen momento para un descanso, su estado de ánimo había reducido bastante después de su discusión con Edward, ya no sabía si la decisión que había tomado era la correcta, le molestaban sus constantes cambios de actitud y sobre todo que le afectase tanto a ella misma.
Tomó un sorbo de su café y se quitó el anillo de compromiso, era tan bonito y sin embargo pesaba tanto en ella, lo colocó a un lado de mala gana, hasta que vio que Lauren se acercaba a ella con una sonrisa de suficiencia, lo guardó rápidamente.
—Lauren, querida —saludó con una sonrisa.
—Parece que tienes mucho tiempo libre, y además el clima es agradable —comentó, mientras tomaba asiento.
—Demasiado agradable. —afirmó suspirando—. ¿Qué te trae por aquí?
—¿A qué te refieres? Soy la gerente de Relaciones Públicas, mi oficina está arriba. —Bella se contuvo de rodar los ojos y en cambio, sonrió—. Como imaginarás, vengo muy a menudo por aquí.
—Por supuesto, lo había olvidado. Edward estará muy contento de verte —añadió ajustándose el cabello. Antes de que Lauren pudiera replicar, el celular de Bella empezó a sonar—. Disculpa, es mi tía, no ha dejado de llamarme, quizá sea algo importante.
—Adelante —asintió Lauren.
—¡Bella, cariño! —saludó Maggie sonriendo a través de la cámara.
—Tía, ¿puedo llamarte más tarde?
—¡No, espera un momento! —gritó Maggie y empezó a reír, Bella conocía perfectamente esa risa histérica y sabía que no traía nada bueno—. Es que me ha llegado el absurdo rumor de que te irás a vivir con Edward Cullen.
Bella jadeó y abrió la boca sorprendida, miró a Lauren con recriminación antes de sonreírle a Maggie.
—Tía, ¿quién te ha dicho eso? —preguntó mirando fijamente a Lauren—. Solo te lo dije a ti. ¿Cómo es que ahora lo sabe mi tía? ¿Acaso no haces otra cosa más que chismosear?
—¡¿Entonces es verdad?! —exclamó Maggie—. ¡Dime la verdad, Bella!
—Sí, tía, me iré a vivir con él. Es un hombre tan maravilloso que no puedo dejarlo escapar, luego hablaremos y te lo cuento. ¡Adiós!
Bella colgó y miró a Lauren a la espera de una explicación.
—Bueno, me tengo que ir —suspiró Lauren levantándose rápidamente de la silla—. Ya felicitaré a Edward por la buena noticia.
Bella le sonrió hasta que recordó que Edward no sabía nada y que todo había sido un invento suyo.
—¡No, no, Lauren! ¡No le digas nada! —chilló, pero la rubia ya se había alejado. Bella suspiró estresada, se mordió el labio inferior con nerviosismo y entró a la oficina, se detuvo afuera de la sala de juntas y empezó a caminar de un lado a otro.
¿Qué se suponía que le iba a decir a Edward? ¿Cómo se lo iba a decir? ¡Se iba a enfadar muchísimo con ella! Las puertas de la sala estaban cerradas y por lo tanto no sabía si estaba solo o Lauren ya había entrado.
—¿Sabes si Lauren está ahí con Edward? —preguntó tan pronto vio a Alice dirigirse hacia la sala.
—Sí —asintió, mirándola con recelo—. Por cierto, dejé unas telas de muestra allá adentro. ¿Podrías traerlas?
—Oooff —bufó Bella, mientras se tapaba la boca con la mano.
—¿Se puede saber que te pasa? —inquirió Alice al verla tan preocupada y estresada.
—¿Alguna vez has dicho una mentira y la has llevado tan lejos que se ha vuelto en tu contra y ha puesto tu vida boca abajo?
—No, nunca.
—Entonces, olvídalo —masculló Bella mientras se dirigía hacia la sala.
Se detuvo frente a la puerta y antes de que pudiera siquiera llamar, Edward abrió la puerta y Bella le ofreció una enorme sonrisa.
—Contigo quería hablar —asintió Edward invitándola a pasar.
—¡Hola otra vez, Lauren! —saludó Bella sonriendo, su corazón estaba latiendo desbocado y sin duda alguna su presión arterial se había disparado.
—¿No te vas a sentar? —preguntó Edward señalando el asiento frente a Lauren, Bella negó rápidamente aun sonriendo—. Es mejor que te sientes.
Bella no quiso añadir una discusión más al día, así que asintió y se sentó.
—Entonces, Bella. —continuó mirándola fijamente—. Veo que le has dicho a Lauren que nos iremos a vivir juntos
«¡Por supuesto que se le dijo!»,pensó Bella mirando a Lauren con los ojos chispeando de coraje.
—Mmhm —asintió Bella—. Solo se lo dije a Lauren, pero resulta que ahora mi tía ya lo sabe. ¡No se cómo habrá sucedido eso!
—Lo admito, fue mi culpa —se disculpó Lauren—. Realmente lo siento. Es que te he visto esta mañana con las cajas de la mudanza.
—¿Las cajas de la mudanza? —inquirió Bella confundida.
—Sí, Esme te lo ha preguntado, ¿recuerdas? Te ha dicho que por qué no sabía nada de la mudanza, y tú le has dicho que eran cosas de Edward, que si le interesaba saberlo se lo preguntara a él.
—Ah, sí, la verdad es que le he dicho eso.
Edward suspiró y miró a Bella, si las miradas matasen sin duda ella no estaría viva.
—Supongo que tu tía se ha enterado por ella —añadió Lauren apenada—, disculpa.
—No, no es culpa tuya —negó Edward rápidamente.
—Por supuesto que no, todo es mi culpa —respondió Bella mirando a Edward, este le devolvió la mirada con la mandíbula apretada. ¡Estaba tan enfadado!
—Edward —llamó Lauren sonriendo, sus labios rojos resaltando—. Este es un paso muy importante para alguien que disfruta de su soledad, felicidades.
Edward sonrió y asintió.
—¡Entonces, los dejaré solo, hasta luego! —murmuró Bella levantándose rápidamente y aprovechando la pequeña oportunidad de escapar de ahí.
—Siéntate, por favor —replicó Edward.
—Pero, tengo muchas cosas que hacer —señaló Bella nerviosamente hacia la oficina, se detuvo a agarrar las muestras de telas que le había pedido Alice.
—Muy bien —asintió, apretando los dientes.
—¿Son para tu casa, Edward? —preguntó Lauren señalando las telas. Bella lo miró mordiéndose el labio—. Por supuesto, tu casa necesita un toque femenino.
—Son para las cortinas y el sofá —explicó Bella, Edward no pudo evitar reír ante las caras de angustia que ponía Bella.
—Lauren, ¿podemos enfocarnos en cosas más importantes? Como puedes ver, tengo un día muy ocupado.
Bella empezó a alejarse lentamente con las telas en sus manos.
—¿Bella, podrías quedarte? —Ella se detuvo abruptamente y sonrió.
—Por supuesto, mi vida, me quedaré —asintió.
—Entonces, los dejaré solos —murmuró Lauren levantándose de su asiento.
—Gracias, Lauren —masculló Bella, tiró enfadada las telas sobre la mesa tan pronto la rubia desapareció tras las puertas, tragó saliva con nerviosismo y se sentó rápidamente en la silla que había dejado Lauren, miró a Edward con ojos suplicantes—. Mira, te juro que no es lo que parece.
—Resulta que viviremos juntos y yo no sabía nada.
—Le dije eso porque me estaba molestando. ¡Ya ni siquiera me acordaba! Pero por supuesto, ella sí que lo recuerda.
—¿Ah, lo olvidaste? Pero se lo dijiste a mi madre cuando fuiste por las cajas.
—¡Fuiste tú quien dijo que trajera esas cajas a la oficina!
Edward suspiró.
—¿Qué estás haciendo?
Bella lo miró confundida.
—¿De qué hablas? No te entiendo.
—No haces nada más que traerme problemas. ¿Ahora entiendes por qué te he pedido que te alejes de mí?
—¡Te odiaba incluso antes de conocerte! —exclamó Bella—. Además, este acuerdo es mil veces más difícil para mí que para ti. ¡No tengo otra intención más que mantenerme alejada de ti!
Edward la miró con la barbilla recargada en una mano, inconscientemente Bella se había acercado a él mientras hablaba, Bella se dio cuenta tan pronto sintió la intensa mirada de Edward recorrerla rápidamente de arriba abajo.
Se alejó de él.
—¡Yo soy la que tengo que soportar a una persona como tú, tan fría y cruel! ¡Y tengo que aguantar tus malos tratos! —continuó.
—Si estoy actuando de esta manera es por ti y tus constantes errores.
Bella abrió la boca para replicar y la cerró rápidamente, mirándolo con los ojos chispeando de furia.
—¡Te odio!
—El sentimiento es mutuo. —replicó Edward.
Bella se levantó enfadada y se dirigió a la puerta. Edward rodó los ojos antes de suspirar y señalar hacia el escritorio exasperado.
—¿No se te olvida algo?
—¡¿Qué?! ¡¿Qué se me olvida?! —exclamó Bella, dándose la vuelta con fuerza.
—¡Tus cortinas!
Bella se tragó la poca dignidad que le quedaba y regresó al escritorio por las muestras de tela. Edward la observó alejarse y rodó los ojos, pero a pesar de todo no se encontraba molesto y quizá, eso era lo que más le enfadaba.
X – X – X
—¿Entonces no vas a mudarte con Edward Cullen? —repitió Maggie.
Bella intentó con todas sus fuerzas no estresarse, porque ya había tenido suficiente durante el día y no quería llegar a su casa y arruinar más su estado de ánimo.
—No, tía. No viviré con Edward, tía. —Bella siguió cortando en pequeños trozos el pedazo de carne en su plato, mientras que Ange, Leah y Rose la veían con recelo.
—¿Y por qué me dijiste que sí?
Bella suspiró frustrada y dejó a un lado sus cubiertos.
—Porque me enojé con la ex novia de Edward, y lo dije para hacerla enfadar. —Maggie empezó a reír y Bella la miró sin una pizca de humor.
—Cariño, creo que has perdido la cabeza.
—Sí ¿Y qué? Por un momento he perdido la cabeza.
—¡No, no! Has perdido completamente la razón. —Bella miró a Ange en busca de apoyo, sin embargo, ella solo asintió antes las palabras de Maggie, con lo enfurecida que estaba no se atrevía a contradecirla—. ¿Dónde está mi Bella? ¡Mi Bella, la que siempre planea todo y me cuenta lo que hace! ¿Eh?
Bella bebió agua mientras suspiraba y escuchaba aburrida el discurso de su tía.
—De repente, conociste a este hombre y la mente se te nubló —continuó, Bella jugueteó lentamente con las verduras en su plato, intentado ignorar el parloteo—. ¿Ustedes saben cómo me enteré de su novio? ¡Por las redes sociales! ¿Pueden creer eso?
—Tienes razón, tía Maggie, tienes razón —asintió Leah, Rose a su lado le dio un golpe rápido en el brazo frunciendo el ceño.
—Bella, te preguntaré por última vez: ¿Vas a vivir con tu prometido o no? —Bella bufó y rodó los ojos molesta y fingió mirar una mancha en la pared—. Gira la cabeza… Mírame… ¡Mírame! Muy bien, ahora respóndeme. ¿Lo harás o no?
—¡Sí tía, viviré con él!
—¿Qué? —chilló Ange.
—¿Eh?
–¿Cómo? —preguntó Maggie con los ojos casi saliéndose de su órbita.
—¡Ya les dije que no lo haré! ¡Lo juro! —Exclamó Bella mirando a su tía, suplicándole con los ojos que detuviera este interrogatorio—. ¡Juro que no viviré con él!
—Muy bien, ya lo entendí —asintió Maggie levantándose de su asiento—. ¡Les traeré el postre! Disfruten su comida.
—Gracias, tía Maggie —asintieron las tres sonriendo, Bella simplemente las miró boquiabierta.
—Bella, si no te vas a ir a vivir con él ¿Por qué le has dicho a Lauren que sí? No lo entiendo —replicó Rose, mirándola afligida.
—¡Porque me he enojado! —gritó Bella en voz baja—. Lauren me presume todo el tiempo que ella conoce más a Edward y eso me hizo enfadar.
—Ya entiendo, tienes razón —afirmó Rose mientras miraba con pesar a su amiga. Bella mordisqueaba enfadada una zanahoria mientras asentía.
—Ten cuidado con esa tal Lauren —murmuró Ange con vehemencia—; todas esas sonrisitas, esos toques… se comporta de una manera muy coqueta, no lo sé, no es de fiar.
Bella asintió pensativa mientras mordía su zanahoria.
—Ella es muy coqueta, ¿verdad? —preguntó mirando a Ange asentir rápidamente.
—¿Y qué dice Edward? —inquirió Rose.
—No dice nada… no dice mucho. Después de todo, Lauren es su amiga… su socia… y su ex novia —susurró, mirando el plato de comida frente a ella con tristeza.
—¡Lo que tienes que hacer, es darle un ultimátum a Edward!¡O eres tu o es Lauren! —gruñó Leah—. Amenázalos, eso siempre funciona.
—Tiene razón —afirmó Ange sorprendida.
—Leah, ¿desde cuándo das consejos amorosos? —preguntó Bella con sospecha, y es así como pronto se olvidó del día horrible que había tenido y empezó a reír con sus chicas mientras molestaban a Leah.
X – X – X
Edward se acercó a su padre con pasos decididos y colocó frente a él el contrato que horas antes su padre no había querido firmar.
—No firmaste los documentos para la licitación–saludó Edward.
–Esa construcción requiere por lo menos tres millones de dólares, y tú intentarás hacerla por un millón de dólares. ¿Así quieres que lo autorice?
—Así es.
—¿Por qué estás tomando un proyecto que causará una pérdida de dos millones? —preguntó el Sr. Anthony molesto—. ¿Tienes una explicación razonable?
—Sí, pero te la diré después de que lo firmes. —Edward lo miró con la mandíbula apretada.
—Lo siento, Edward. No juego con mi trabajo, tienes que darme una garantía.
—Si al final las cosas no salen como yo esperaba, abandonaré el estudio y trabajaré contigo en la empresa. ¿Es eso suficiente?
El Sr. Anthony lo miró por un momento antes de tomar el lapicero y colocar su firma en el contrato.
—Muchas gracias.
Edward se alejó caminando hacia su casa, escuchó a Sirius ladrar y miró a Stefan salir asustado de su casa.
—¡Sr. Edward, no me puedo llevar bien con Sirus! ¿Usted cree que me ha mordido?
—¿De verdad? —preguntó con una ceja levantada.
—Bueno… estuvo a punto de hacerlo. ¡Me tortura psicológicamente, quiere matarme! —Edward lo miró sin decir una palabra—. Por cierto, la casa quedó limpia y ordenada después de que se llevaron las cajas.
—Gracias, Stefan —asintió.
—No me agradezca, no lo hice yo. La Srta. Bella se llevó todo, parece una chica frágil, pero créame, es muy fuerte.
—¿Bella ha cargado las cajas?
Stefan asintió con una sonrisa cómplice
—No podía comunicarse contigo en la mañana y estaba preocupada de que estuvieras enfermo así que ha venido a buscarte. Ella realmente te aprecia —añadió Stefan, sin duda eligiendo las palabras exactas que hicieron a Edward arrepentirse de la manera tan ruda con la que había tratado a Bella.
—Está bien, gracias —asintió, sonriendo ligeramente.
—¡Nos vemos!
X – X – X
Bella estaba leyendo un libro junto a Ange, que estaba entretenida viendo la televisión, era de noche y, sin embargo, seguía triste. Había pasado cinco páginas sin entender realmente lo que estaba leyendo.
Su teléfono empezó a sonar. Casi saltó del sillón al ver el nombre de Edward parpadeando en la pantalla.
—¡Ange, Edward me está llamando! —chilló.
—¿Y qué? Parece que nunca hubieras hablado por teléfono con él. ¡Contesta!
Bella negó con vehemencia. Y miró el celular como si fuese un aparato radiactivo.
—No, lo haré esperar.
—Es mejor no contestar, que espere —asintió, esperaron escasos cinco segundos antes de que Ange empezara a morderse las uñas con nerviosismo—. ¿Y si cuelga?
—¿Le contesto? —murmuró Bella mordiéndose el labio. Ange asintió rápidamente—. ¿Bueno?
—Hola —saludó Edward.
—Hola —replicó Bella secamente, fingiendo indiferencia. Un silencio incomodo reinó la línea.
—Hola —repitió Edward, confundido.
—Hola. —Angela levantó los pulgares en aprobación con una enorme sonrisa.
—¿Quieres dar un paseo? —preguntó Edward con cautela.
Bella le indicó mediante señas lo que él le estaba pidiendo, y Angela negó rápidamente.
—No quiero —respondió—. Quiero decir, tengo que mantener mi distancia de ti. Lo último que quiero es que te enfades conmigo.
—No importa, realmente no tenía muchas ganas —murmuró Edward.
—Vale, muy bien. Entonces, ¿por qué has llamado?
—Sirius tenía ganas de verte, por eso te he llamado.
Bella escuchó los ladridos de Sirius, no solo a través de la bocina del celular, sino también afuera de su casa, jadeo mientras salía corriendo a asomarse en el balcón, detrás de ella salió Angela tropezando. Edward se encontraba abajo, en la calle y a lado de él se encontraba Sirius ansioso.
—Bueno, si Sirius tiene ganas de verme entonces por supuesto que voy a bajar.
—Muy bien —asintió Edward sonriendo.
—O sea que vas a ir —murmuró Ange entre dientes sin dejar de sonreírle a Edward.
—Por supuesto, Sirius es el que quiere verme.
—Claro, Sirius quiere verte. —Bella intentó ocultar su sonrisa, pero no pudo, se dio la vuelta y entró rápidamente por sus tenis—. ¡Buenas noches, cuñado! —gritó Ange por el balcón agitando su mano con emoción. Edward respondió el saludo con una sonrisa—. ¡Bella baja en un momento!
Unos cuantos minutos después, Bella se acercó a ambos, aun había una enorme tensión rodeándolos, Edward la observó mientras se acercaba, sin poder evitar recorrerla rápidamente con la mirada, ella era sin dudarlo muy hermosa.
—¿Cómo estás, Sirius? —preguntó Bella sonriendo mientras se agachaba a acariciarlo, ignorando a propósito a Edward, quien no hizo otra cosa más que apretar la mandíbula, sin duda alguna no merecía algo menos que eso—. ¡Qué guapo eres! —chilló Bella. Edward sonrió ligeramente.
—¿Nos vamos?
—Vamos —asintió Bella, levantándose.
Empezaron a caminar, cerca de ahí se encontraba un parque; fue justo ahí donde se dirigieron. La noche era oscura y fría, Edward notó que Bella temblaba ligeramente debido al pequeño top que dejaba al descubierto su delicado y firme abdomen.
—Estás temblando —comentó tendiéndole la correa de Sirius para que lo agarrara, mientras tanto se quitó rápidamente su chaqueta y se la colocó a Bella sobre los hombros.
—Gracias —murmuró tímidamente.
Siguieron caminando, Edward sentía que había una suave picazón en su mano derecha, la que estaba junto a Bella y antes de cometer alguna locura, la metió rápidamente dentro del bolsillo de su pantalón.
—Bella, no me refería a esto cuando te pedí que te alejaras de mí.
—¿Ah no? ¿Y a qué te referías? Porque no lo entiendo. A veces eres bueno, y en otras ocasiones eres cruel. Primero me gritas, y después vienes a buscarme a media noche.
Edward asintió lentamente.
—Puede que hoy me haya excedido. —admitió—. Estaba enojado, pero no era contigo. Para ser sinceros, no me gusta cuando la gente se acerca demasiado a mí, no es algo a lo que estoy acostumbrado.
—¿Qué quieres decir con acercarse? —cuestionó Bella confundida—. Ayer estuvimos hablando de las estrellas. ¿Qué hay de malo en eso? No puedo entenderte.
—¿Nos sentamos? —preguntó Edward señalando una banca, Bella suspiró y se sentó mientras acariciaba suavemente la cabeza de Sirius—. Bueno, no sé cómo explicártelo, y no hace falta que lo haga, soy muy simple. De todos modos, dentro de dos meses ya no estaremos en la vida del otro, así que da igual.
Bella lo miró, y sintió su corazón apretarse con un dolor sordo dentro de su pecho.
—Ya entendí. —suspiró y miró hacia el lago frente a ellos—. Yo te dije que no podías tocarme, y tú no quieres que me acerque. Está bien, tienes derecho.
Edward no respondió, porque ni siquiera él sabía si eso era lo que quería.
—¿Entonces qué quieres de mi? —preguntó Bella.
—Solo hay una razón por la que hicimos este contrato. Lauren tiene muchos celos de ti, y nunca los había tenido de nadie.
—Lo sé, ya me lo habías dicho. —Bella lo miró suspirar, sintiendo que su corazón se oprimía.
—Lauren está muy decidida, si ella sigue celosa de ti entonces…
—A ver, ¿qué es lo que más te gusta de ella? —Bella interrumpió el parloteo de Edward rodando suavemente los ojos.
Edward abrió la boca y la cerró consecutivamente un par de veces, pensando detenidamente en la pregunta que le había hecho.
—Su inteligencia —murmuró finalmente, Bella empezó a reír tan pronto las palabras abandonaron los labios de Edward.
—¡Eres un romántico!
—Es… ella… Lauren es fantástica, no tiene ningún defecto —murmuró Edward.
—Todos tenemos alguno —replicó.
—No, ella no tiene. Es la mujer perfecta.
—¿La mujer perfecta? —Exclamó Bella fingiendo estar maravillada—. ¡Oooh! ¡Vaya! ¡Eres muy ambicioso!
—Es sensible, coherente, tiene muy buen gusto —señaló Edward rápidamente. Bella abrió con sorpresa los ojos y bufó en silencio.
—¡Vale, ya entendí! ¡Lauren es la mujer ideal! —Bella miró hacia enfrente, empezando a reír sin ningún rastro de humor—. Pero dime, si es la mujer perfecta. ¿Por qué está celosa entonces?
Edward no pudo evitar sonreír al verla tan molesta.
—Hay tantas cosas de las que puede estar celosa… —murmuró Edward lentamente, desviando su mirada, Bella sonrió entusiasmada y se giró para mirarlo de frente.
—¿Por ejemplo…?
Edward la miró entonces, sin dejar de sonreírle.
—¿Realmente no lo sabes? —Bella intentó ocultar su sonrisa, pero falló estrepitosamente. Sirius empezó a inquietarse y Edward asintió—. ¿Nos vamos?
—Por supuesto, vámonos —asintió Bella, sin poder dejar de sonreír triunfalmente. Se miraron un momento, atrapados en su pequeña burbuja antes de que ambos asintieran y empezaran caminar, Edward estuvo a punto de tomarle de la mano, sin embargo, volvió a esconderla rápidamente en su bolsillo.
Empezaron a caminar de regreso a la casa de Bella, se detuvieron enfrente de su casa y se pararon incómodos uno frente a otro.
—Muy bien… gracias por hablar conmigo y aclarar las cosas —asintió Bella—. Intentaré no ser tan cercana y no molestarte.
—Bien.
—Y… no tenemos por qué vernos si no hay nadie más presente —murmuró Bella, Edward la miró sin decirle nada, aunque dentro de él una parte le gritaba que eso no era realmente lo que él quería, pero no lo escuchó—. Por ejemplo, mañana no tienes que ir por mí a la floristería.
—Muy bien, como quieras —asintió.
—Buenas noches, Edward Cullen.
—Buenas noches, Bella Swan.
Bella sonrió suavemente mientras acariciaba con cariño a Sirius.
—Buenas noches, chico hermoso —murmuró, empezó a caminar hacia la entrada de su casa y recordó que aun tenia puesta la chaqueta de Edward, empezó a quitársela.
—Déjalo —interrumpió Edward rápidamente. Bella asintió con una pequeña sonrisa tirando en sus labios y se alejó de él.
Edward se subió a su coche y como de costumbre esperó a que Bella hubiera entrado a su casa para alejarse, aunque las cosas no habían salido exactamente como él quería, ahora se sentía más tranquilo y satisfecho, después de todo y aunque le costara admitirlo, disfrutaba de la presencia de Bella.
Merhaba!
Espero disfruten el capitulo de hoy, déjenme saber qué piensan de Edward y su extraño comportamiento.
Y las mentirillas que lanza Bella porque Lauren es una insoportable jajaja.
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görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
