Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
Capítulo 12.
Habían muchas cosas que tranquilizaban a Bella, que le brindaban paz interior y la hacían sentir feliz, y de entre todas ellas, destacaba el dibujar y pintar, y si la combinaba con pasar tiempo en jardines rodeadas de flores y olores exquisitos, era una maravilla y un sueño del cual podía disfrutar toda la vida.
Tomó otro color de su estuche y coloreó felizmente el interior de la flor que había dibujado, estaba tan inmersa en su dibujo, que se sorprendió al escuchar un carraspeo detrás de ella, se giró sorprendida y vio a Edward parada a un lado de la mesa, mirándola con curiosidad.
–¿También te gusta dibujar? –preguntó señalando las hojas esparcidas por la mesa.
–Habíamos quedado en que no vendrías–Bella suspiró, definitivamente Edward la había vuelto a deslumbrar, se veía increíblemente guapo en su traje azul, era casi imposible para ella apartar la mirada.
–Tengo que recogerte todos los días, tenemos un contrato, lo sabes. –Bella le sonrió–¿Puedo ver tus dibujos?
Ella se sintió cohibida por unos instantes, al final de todo se encontraba ante el mejor arquitecto de todo Turquía y sin duda era intimidante, le extendió una hoja con timidez.
–Dibujas muy bien–asintió Edward–demasiado bien, es importante saber dibujar para una arquitecta paisajista.
–¿Nos vamos? –Preguntó Bella levantándose rápidamente de la silla, Edward empezó a carraspear y a tocarse la garganta con preocupación–¿Estás bien?
–No, creo que necesito ver a un doctor.
–Eres alérgico a las fresas, y probablemente a algunas flores de aquí–Bella empezó a reír–no digas tonterías, vámonos.
Después de dos minutos de viaje en el coche de Edward, Bella se sentía atrapada y no necesariamente en el mal sentido, pero afuera el clima era tan hermoso, lo miró por un momento antes de asentir para sí misma. Presionó un botón en el tablero del coche, y automáticamente los vidrios empezaron a bajar y el techo se encogió en la parte trasera, el aire fresco de la mañana les golpeó el rostro.
–El aire acondicionado está encendido–murmuró Edward con el ceño fruncido.
–¿Para qué necesitas el aire acondicionado cuando el clima afuera está increíble?
–Muy bien–asintió Edward, colocándose las gafas oscuras.
–¿Puedo encender la radio?
–Por supuesto. – Edward sonrió cuando la vio de reojo chillar con emoción al encenderla.
–¡Amo esta canción! –gritó Bella sonriendo, le subió el volumen y empezó a bailar, sus cabellos revoloteaban alrededor de su rostro y Edward no puedo evitar admirar lo hermosa y libre que era ella, la felicidad y alegría de Bella irradiaba le llegaba a él en olas enormes y no puedo hacer otra cosa más que sonreír.
Había una clara diferencia entre el día de ayer y hoy, y todos lo pudieron notar en cuanto Bella y Edward cruzaron por la puerta de la oficina.
–¡Buenos días! –saludó ella sonriendo. Todos les respondieron con cara de póquer, Edward se quedó para a un lado, simplemente asintiendo al saludo.
–Edward–exclamó Jasper rápidamente acercándose a ellos–Hola, Bella–asintió–¿Edward, que haces aquí? ¿No tendrías que estar en la licitación?
–Envié al abogado. No quería ver a Riley Biers. –replicó Edward.
–¿Riley? ¿Cómo sabes que Riley estaría en la licitación? –preguntó Jasper confundido, Alice miraba a Edward de la misma manera.
–Presentimiento, por así decirlo–Edward se alejó caminando hacia la sala de juntas, dejando a Alice con la palabra en la boca y a Jasper boquiabierto.
–¡Bella, menos mal que has venido! –comentó Alice mirándola con alivio, Bella sin embargo la miró con recelo, al igual que Jasper–Necesito tu ayuda. ¿Cómo se me ve el maquillaje?
–Muy hermoso–murmuró Bella cuidadosamente–Pero tú no necesitas maquillaje.
–¿Por qué dices eso? –preguntó Alice mirándola enfadada– me he maquillado fatal ¿verdad?
Bella miró a Jasper en busca de ayuda, sin embargo el estaba igual de perdido que ella.
–¡Muy bien, me voy! –asintió Alice alejándose de la oficina principal.
–No le hagas caso, ella está un poco extraña últimamente, tu entiendes… eres mujer, no le prestes atención o terminarás loca. –murmuró Jasper sacudiendo la cabeza, antes de alejarse a su oficina murmurando para sus adentros.
X – X – X
–Voy a salir–anunció Edward mientras se ajustaba rápidamente su saco. Jasper lo miró con recriminación y Bella parada detrás de Jasper simplemente sujetó los planos en sus manos sin decir nada.
–¿A dónde vas? Al menos mira los planos del proyecto de Bodrum* antes de irte.
–No me iría si no fuera importante ¿de acuerdo?
Edward se alejó sin mirarlos, Lauren le había marcado hace unos minutos y habían quedado de verse en uno de sus restaurantes favoritos y ante la insistencia de ella no pudo negarse.
–Entonces, Lauren–saludó Edward mientras se sentaban en una silla de la lujosa mesa– ¿Cuál es el problema?
–Edward, has estado actuando de una manera muy extraña últimamente. –sus ojos azules brillaron con preocupación–firmé la licitación solo por ti, pero es un riesgo muy grande.
–No te preocupes, no habrá ningún problema.
–Has cambiado mucho–murmuró Lauren, Edward apretó la mandíbula exasperado y se guardó las ganas de rodar los ojos.
–Lauren, ¿Qué ha cambiado en mi? Todavía soy una persona firme y ambiciosa.
–No estoy hablando de eso… Quiero decir, el Edward que yo conozco no se comprometería con alguien que acaba de conocer, yo tenía que ir a tu casa con cita previa, jamás pude ir libremente aun siendo tu novia, no sé, tú no eras así, no te entiendo–exclamó, a Lauren le costaba admitir aquello, si bien dañaba su orgullo también sus sentimientos, dentro de ella aun cabía la esperanza de que Edward pudiese cambiar… pero para ella.
– ¿Por qué te importa tanto este tema?
–Porque estás cometiendo un error, y odias cometer errores.
–Lauren, Bella no me hará ningún daño ni va a jugar conmigo, y no tratará de conseguir algo a través de mi. Pero no puedo decir lo mismo de Emmett… ¿Quién es él? ¿Cuál es su ambiente? –replicó en tono sombrío, Lauren empezó a reír con incredulidad.
–¿Acaso no sabes pensar en otra cosa? Además, ¿Cómo sabes que Bella no te hará daño? Te puede romper el corazón o decepcionar, o hacer pasar vergüenzas… si quiere puede utilizarte hasta que se canse.
–Lauren, por favor basta.
–¿De qué, Edward? Estoy intentando entenderte pero ya no puedo más. Hace mucho que no vas a la empresa–replicó Lauren enfadada–mira, yo también soy socia y me estás poniendo en aprietos.
–Te prometo que todo saldrá bien, confía en mí por favor–murmuró Edward suspirando.
–¿Y si te equivocas? Edward, tengo miedo.
–Todo saldrá bien, créeme.
–Muy bien–asintió más tranquila–llevo toda la vida confiando en ti, así que lo volveré a hacer. Ya no hablemos más de Bella y Emmett, ¿de acuerdo?
–Muy bien, cerrado… escucha, siempre he buscado lo mejor para nuestro negocio, no vas a arrepentirte de haber firmado.
Lauren sonrió y extendió la mano sobre la mesa, tomando la mano de Edward entre las suyas.
–Sabes que nunca me he arrepentido de nada de lo que he hecho contigo.
–Te lo agradezco–asintió Edward dándole un suave apretón a su mano.
Después de eso, continuaron con su comida y todo fluyó con armonía, Lauren no podía estar más feliz, después de todo ella conocía bien a Edward y sabía exactamente lo que a él le gustaba, Edward también lo sabia pero trataba de no pensar mucho en eso.
Lauren entró radiante a la oficina, seguida de Edward y Bella a lo lejos los observó con la boca entre abierta, sus facciones pasaron de una suave sonrisa a unos ojos chispeantes.
–¿Esas son las telas que escogió Bella? –preguntó suavemente Lauren mientras se acercaba a Alice, que sostenía una muestra de telas en las manos–¿Vas a decorarles la casa?
–No te entiendo. ¿La casa de quién? – Alice la miró confundida.
–Escogió esos colores para la sala y las cortinas de la casa de Edward. ¿No te lo ha dicho?
–¿Hablas en serio? –exclamó Alice con incredulidad.
–Eso me ha dicho ella–replicó Lauren encogiéndose de hombros, se giró y se fue hacia su oficina en el piso superior.
Bella miró a lo lejos el intercambio entre ambas con los ojos entrecerrados. Suspiró y miró a Bree.
–¿A qué hora sabremos los resultados de la licitación?
–En cualquier momento–respondió Bree mordiéndose nerviosamente el labio.
Bella jadeo suavemente al ver entrar al Sr. Anthony.
–¡Ese hombre estaba en mi fiesta de compromiso! –exclamó en voz baja. –¿Quién es?
–¿No sabes quién es? –preguntó Diego boquiabierto. Bella se encogió de hombros con indiferencia – ¡Es el padre de Edward! ¡El jefazo! Es la primera vez que le veo por aquí… ¿Por qué habrá venido?
A Bella se le detuvo por un segundo el corazón.
–¡Que sorpresa, papá! –murmuró Edward acercándose al Sr. Anthony. Jasper y Alice lo miraron con una tensa sonrisa, era muy extraño que el estuviese aquí.
–Quería estar contigo para conocer la respuesta de la licitación–explicó el Sr. Anthony, Edward alzó las cejas. –Y también quería ver esta oficina por última vez, antes de que la cierres y vengas a trabajar conmigo.
Edward sonrió.
–No te preocupes, eso no pasará. Estoy pensando en volver a la empresa cuando te jubiles ¿Sabes?
–Ya lo veremos–respondió el Sr. Anthony guiñándole un ojo. Ambos empezaron a caminar hacia la sala de juntas.
–Quiero presentarte a mi prometida, ella es Bella–comentó Edward mientras se acercaban al escritorio de donde ella rápidamente se puso de pie y se acercó con una sonrisa.
–Hola, Bella–respondió el Sr. Anthony con una sonrisa de complicidad al reconocer a la chica con la que había platicado. –Ya nos conocíamos.
Edward los miró sorprendido.
–¿Así que este es tu terreno pantanoso? –preguntó el Sr. Anthony.
–Hola de nuevo–murmuró Bella sonriendo, aunque por dentro estaba chillando con angustia después de todo lo que le había confesado.
El Sr. Anthony se alejó con un leve asentimiento, mientras tanto Edward miró a Bella esperando una respuesta.
–Le conocí en el jardín el día de la fiesta–explicó rápidamente Bella.
–Entiendo–asintió caminando hacia el interior de la oficina. Edward tensó la mandíbula cuando vio a su padre sentado en la silla principal, sin hacer comentario alguno se sentó a un lado.
–Me ha llamado el abogado–anunció Jasper acercándose a ellos seguido de Alice–Me ha dicho que hemos perdido.
Edward empezó a reír con alegría, asintió satisfecho mientras Alice lo veía como si se hubiese vuelto loco.
–¿La hemos perdido? –preguntó Edward sonriendo. –Genial–asintió. –¡Bree!
–Dígame Sr. Edward–respondió ella rápidamente entrando a la sala.
–¿Puedes llamar al Sr. Michael? Dile que quiero verlo.
–Ahora mismo.
–Lo que pasa es que… –continuó Jasper cuidadosamente– Riley Biers ha ganado.
Edward volvió a reír con diversión, su padre lo miró sorprendido.
–¿Lo ha ganado a Riley? ¿Se lo han dado a él? ¡Maravilloso! ¡Perfecto!
–¿Perfecto? –preguntó Jasper estupefacto.
–Edward ¿estás bien? –Alice lo miraba con preocupación. –¿Has escuchado bien? ¡Ganó Riley! ¿No tendrías que estar enfadado?
–Creo que esa risa histérica es producto de los nervios–añadió Jasper–deberías tomarte unas vacaciones.
–¡Ah, aquí viene! –asintió Edward sonriendo–¡Hola, Michael! ¿Cómo estás?
Michael lo miró con una sonrisa mientras se acercaba a ellos.
–Escuchen chicos–comenzó Edward–Mi intención en todo momento, siempre fue perder la licitación. –Todos lo miraron en shock, incluido el Sr Anthony quien levantó las cejas en respuesta. –Michael, estás despedido. Y ya que se lo cuentas todo a Riley, dile que busque más proyectos porque con esa licitación se ha arruinado así mismo.
–Sr. Edward…–tartamudeo Michael ahora pálido de la angustia.
–Se lo ha buscado Michael–cortó Edward–no sé cómo Riley piensa afrontar un proyecto con un presupuesto tan elevado. –suspiró satisfecho–Bueno, ahora ya sabe lo que es jugar contra Edward Cullen. Puedes irte, Michael.
El hombre ahora sudoroso y muerto de la vergüenza, se dio la vuelta y sin mirar atrás salió casi corriendo de aquella oficina.
–¿Entonces Michael era el que filtraba información? –exclamó Alice sorprendida.
–Bree, dile a todos que tienen el día libre, que vayan a hacer lo que les apetezca–dijo Edward guiñándole un ojo, aun sonriendo.
–Entonces, ¿Tu objetivo nunca fue ganar la licitación? ¡Increíble! –Jasper estaba radiante de felicidad–¡Hemos conseguido que Riley se arruine el mismo! ¡Eres increíble!–empezó a aplaudir con alegría y se acercó a Edward dándole un sonoro beso en la mejilla.
–¡Edward, casi haces que nos de un infarto! –chilló Alice mirándolos molesta.
–Vamos Alice, alégrate un poco.
–¡Eso es, Alice, sonríe, vamos! –Jasper le dio ligero golpe juguetón con el brazo.
Edward dejó de escuchar su parloteo y enfocó toda su atención en el rostro en forma de corazón que le miraba sonriendo radiante desde su escritorio al otro lado de la sala de juntas, él no pudo más que devolverle la sonrisa, Bella estaba fascinada de verlo nuevamente tan feliz y sonriente, su corazón se llenaba de dicha al ver los ojos de Edward brillar.
–Oye, Edward, hay algo que no entiendo–comentó Jasper inclinándose ligeramente sobre el escritorio–¿Cómo supiste que era Michael el que filtraba información?
–Lo sospeché cuando sucedió lo de la beca de Bella, miré las cuentas y empecé a ver que no cuadraban. – el Sr. Anthony miraba a su hijo ahora con interés–después, cuando lo vimos fuera de la oficina ¿recuerdas? lo vi saludar al chofer de Riley. Lo invité a la reunión de la licitación y tan pronto escuchó la cantidad se fue a hablar por teléfono, por eso te pedí que le marcaras a Riley.
–¡Y Riley no contestó porque estaba hablando con Michael–exclamó Jasper impactado. –¡Qué astuto eres! Yo nunca lo habría imaginado.
–Te has librado otra vez de trabajar en mi empresa–comentó Anthony con una sonrisa torcida, su cabello canoso brillando, se levantó con suspiro–Nos vemos, entonces.
–Hasta pronto–saludó Bella con una sonrisa mientras entraba a la sala. El Sr. Anthony asintió suavemente y se marchó.
Jasper se puso nervioso tan pronto se quedaron los tres y se despidió rápidamente dejándolos solos.
–Vengo a preguntarte si también me puedo ir–murmuró Bella con una sonrisa, sus suaves rizos café rebotando alrededor de su rostro.
–Claro–asintió Edward mirándola con intensidad.
–Felicidades, por cierto.
–Gracias–murmuró sonriendo visiblemente avergonzado.
–Se te ve muy contento–comentó Bella mordiéndose el labio inferior. Edward se rió.
–Si, la verdad es que estoy contento.
–Yo también, también estoy muy contenta.
–Me alegro.
–Y el tema de la mudanza no ha sido para tanto como tu pensabas–añadió–todo va muy bien y con calma ¿Verdad? –Edward miró entretenido el piso por un momento–Y la distancia entre nosotros es la adecuada ¿No crees?
–Es buena–asintió Edward frunciendo ligeramente el ceño sin dejar de sonreír. El celular de Bella empezó a sonar y lo contestó rápidamente.
–Hola Ange–saludó Bella pero solo logró escuchar palabras entrecortadas–Oye, tranquila. ¿Por qué lloras? ¿Qué es lo que pasa? – Edward la miró con preocupación. –¿Es algo malo? –Inquirió Bella–¿Es sobre mí? Vale, cálmate por favor, iré para allá.
–¿Algún problema? –susurró Edward.
–No lo sé–su celular empezó a sonar, miró boquiabierta el nombre que brillaba en la pantalla– Tu madre me está llamando.
–Vaya.
–Hola Sra. Esme–saludó Bella con cuidado–¿Ahora mismo?... Está un poco alterada… ¿Qué ocurre?... ¿Sobré que tengo que darle explicaciones?... ¿Bueno?... ¿Bueno?
Bella miró con incredulidad su celular.
–¿Qué ocurre? ¿Por qué te ha gritado?
–Dice que tengo que darle explicaciones–murmuró Bella sorprendida, sintió su celular vibrar en su mano y lo miró con los labios apretados, lo levantó y se lo puso a Edward en la cara.
–¿Lauren?
–Lauren–dijo Bella entre dientes antes de suspirar y responder la llamada– Hola, Lauren.
Edward vio a Bella negar varias veces con la cabeza angustiada, lo miraba con los ojos abiertos como plato ante lo que le estaba diciendo Lauren por teléfono, Edward vio en cámara lenta como ella empezó a cerrar los ojos y su cuerpo pronto empezó a inclinarse hacia un lado, rápidamente la tomó entre sus brazos antes de que su cuerpo golpeara contra el duro piso.
Edward la sostuvo por un momento entre sus brazos, sintiendo su cálido cuerpo descansar contra el suyo, tan suave y delicada como una flor. Sacudió la cabeza antes de sentarla en una de las sillas y sacó rápidamente su celular marcándole a su doctora por video llamada, tan pronto como respondió le explicó lo que había pasado.
–Sí–afirmó Edward tocándole la mano a Bella con delicadeza–Le estoy revisando las manos, la mano derecha está tibia… suave–añadió mirando con fascinación lo bien que encaja su pequeña mano entre las suyas.
Bella empezó a retorcerse ligeramente, suspirando.
–Sí, ella está empezando a despertar–afirmó Edward, y por un momento su corazón se detuvo dentro de su pecho al ver a Bella abrir sus enormes ojos color café, que lo miraron directamente, era como si en él estuviese viendo el sueño más hermoso. –Tiene la mirada brillante… y muy expresiva–comentó Edward y Bella lo miró con una enorme sonrisa aún adormilada.
–¿Y su pulso? –inquirió la doctora.
–Ya lo compruebo. –Edward acercó su mano a su cuello y tocó su piel cremosa con dos de sus dedos. –Lo tiene normal, está bien.
Bella salió de su ensoñación al ver el celular de Edward frente a su rostro.
–¿Quién es? –preguntó rápidamente.
–Es la doctora de nuestra familia.
–No necesita ir a urgencias–respondió finalmente la doctora.
–Muchas gracias doctora–asintió Edward colgando la llamada.
Bella se sentó erguida en la silla donde había estado reclinada, suspiró sacudiendo ligeramente la cabeza.
–Muy bien–asintió Edward–vayamos al hospital.
–Pero si estoy bien–murmuró Bella frunciendo el ceño–ha dicho que no es necesario que vaya.
–No no–negó Edward–ha dicho que no es necesario que vayas a urgencias. Lo siento pero no quiero a nadie enfermo cerca de mí.
–Entonces aléjate–replicó Bella mirándolo enfadada–No te acerques a mí. Además, mi tía es del tipo obsesivo como tú y me ha hecho muchos estudios, estoy más sana que una manzana.
–¿En serio? –Bella asintió con firmeza–Entonces quiero ver esas pruebas. –ella lo miró con cara de póquer–¿Qué? Está en el contrato, además te desmayas muy a menudo.
–¡No! Yo no me desmayo… me quedo dormida–explicó Bella resoplando suavemente.
–Ah bueno…–asintió rodando ligeramente los ojos–Pero francamente, si no te hubiera atrapado, te hubieras golpeado fuertemente contra el cemento.
–¡Oh! Ahora entiendo–asintió Bella haciendo un suave puchero– Lo siento, Edward Cullen, pero eres la última persona a la cual le estaría agradecida.
–¿Disculpa?
–¡Ay, mi héroe! –chilló Bella juntando sus manos contra el pecho y sonrió mostrando sus brillantes dientes blancos–¡Me habría partido la cabeza contra el cemento de no ser por ti!
Edward tensó los labios en una sonrisa y asintió.
–Entonces habría preferido partirme la cabeza que despertarme así.
–Estás… realmente loca–afirmó Edward mirándola fijamente, su rostro sonriente a escasos centímetros del suyo. Bella suspiró negando suavemente–¿Estás bien? ¿Quieres tomar algo?
–No, estoy bien, muchas gracias–murmuró Bella, lo miró con sospecha–¿Estás preocupado por mí?
–No.
–Creo que sí.
–Mejor dime… ¿Qué es lo que te ha estresado tanto? – Bella frunció el ceño pensativa.
–Mmm… Ange me ha llamado llorando… después tu madre y…–abrió los ojos de par en par, jadeando–¡Lauren! ¡Lauren irá a vernos! ¡O sea, a tu casa! Irá a felicitarnos porque… porque le mentí, porque piensa que vamos a vivir juntos.
–No pasa nada, que vengan–asintió Edward.
–No, que no vengan. No pueden venir–tartamudeo Bella asustada–va a descubrir que no vamos a vivir juntos… se lo dije porque estaba enojada pero… ¡No pueden ir! En tu casa no hay nada mío, le hablé de unas cortinas nuevas… y de un sillón… no pueden ir…
–Tranquilízate un poco o volverás a desmayarte–le recordó Edward amablemente mirándola con precaución–. Lo vamos a resolver, voy a llamarle a Lauren y le diré que no venga.
Bella asintió lentamente antes de mirarlo otra vez angustiada.
–¡Y tu madre! ¡Me ha dicho que tiene que preguntarme algo! ¿Qué cosa tiene que preguntarme?
–¿Qué has hecho para que te haya dicho eso?
–¿Y no te preguntas que ha hecho tu madre, sino yo? –Edward suspiró exasperado–Si un compromiso falso es tan complicado… ¿Cómo sería uno de verdad?
Edward negó lentamente.
–¿Nos vamos ya? Tienes que hacerte las pruebas sí o sí. –Bella asintió– ¿Te encuentras bien, verdad? ¿Puedes levantarte? –Bella sonrió con burla y aceptó la mano que Edward le estaba brindando para levantarse.
X – X – X
Lauren entró a la oficina y vio con curiosidad a Alice en los ordenadores principales, se acercó con el ceño fruncido, el área estaba vacía excepto por ella.
–¿Alice? Vengo a dejar la declaración de prensa. –la miró seguir tecleando con rapidez–¿Por qué no te has ido?
–¿A esta hora? –exclamó Alice con una ceja levantada–¿Cómo voy a irme? ¡No puedo! Como si no me conocieras–añadió rodando los ojos, señaló con furia hacia la salida–Pero Edward se ha ido en un día laborable. ¡Se ha ido con su novia, y punto! Y mira qué hora es todavía.
Lauren sonrió y se sentó en el escritorio con delicadeza.
–¿Y qué?
–¿Y qué? –exclamó Alice estupefacta– Todo es culpa de esa chica. Desde que ha entrado en la vida de Edward, nada bueno ha ocurrido. Todo es un desastre.
Lauren suspiró, el azul de sus ojos prontos se oscureció con la sombra de la tristeza y melancolía.
–Esa es tu opinión–murmuró mirando la sala de juntas vacía, suspiró y miró a Alice con una pequeña sonrisa–Pero Edward parece muy feliz ahora.
–¿Tú crees que es felicidad? ¡Pues no! ¡Se ha quedado ciego, no ve nada! También estoy muy enfada contigo–añadió cruzándose de brazos– Estoy muy enojada, Lauren, porque has dejado a Edward y hacían muy buena pareja.
–Es lo que parecía desde afuera. Sabes muy bien que Edward me ha hecho daño… con su desinterés y porque yo no le importaba
Alice bufó, sus ojos negros chispeando.
–Insensible, frío, una mente clara y lógica. Ese es el Edward que conocemos. ¿Dónde está el antiguo Edward? ¿Dónde está mi amigo de siempre?
–¿Sabes que es lo más divertido? –pregunto suavemente Lauren, sus ojos azules brillando con lagrimas no derramadas. – En mis sueños, era así como es ahora... Edward me arrastraba de un lado a otro diciendo ¡Vamos, venga!... Esperé muchos años a que ocurriera eso, y ahora se lo está diciendo a otra mujer delante de mí–añadió limpiándose suavemente una lágrima.
Alice la miró con pena y preocupación.
–Lauren… ¿Quieres ir a tomar algo?
–No–negó–Iré con Emmett a felicitarlos… iremos a cenar a su casa, se irán a vivir juntos.
–¿Y vas a ir a casa de Edward? ¡No, no vayas! –negó con vehemencia–Te vas a sentir mal. ¿Por qué tienes que ir?
–¡Porque quiero verlo, Alice! No me lo creo, jamás fui a casa de Edward sin llamar primero… Y ahora va a vivir con Bella. No lo puedo creer.
–Pero tienes a Emmett, él te quiere muchísimo. Y sobre todo, te admira.
–Lo sé, me comprometí con Emmett, conseguí dejar atrás a Edward… pero me duele ver cómo trata ahora a esa chica.
–Tienes toda la razón. Pero a ver… digamos que Edward se ha enamorado. ¿Por qué la trae a la oficina para restregártela? Si tu trajeras a Emmett… le daría un ataque, se volvería loco de rabia.
Lauren sopesó por un momento sus palabras, hasta que sus ojos empezaron a brillar, Alice maldijo por lo bajo.
–¡Ay, no! No me malinterpretes–añadió rápidamente– ¡Oye! ¿Por qué sonríes? ¡No pensarás traer a Emmett a la oficina! ¡Lo dije por pura empatía!
Lauren se levantó ajustándose su falda con elegancia, besó a ambas mejillas de su amiga y se despidió con una enorme sonrisa.
X – X – X
Bella entró corriendo a su casa, Edward la siguió tranquilamente caminando detrás de ella con las manos en los bolsillos.
–¡Ange! –exclamó mirando a sus amigas, las tres se encontrabas paradas en la sala mirándola con sorpresa–Me has marcado llorando. ¿Qué está pasando?
Rosalie, Angela y Leah notaron entonces la presencia de Edward, y sus miradas no fueron más que asesinas.
–¿Por qué están actuando tan raro? –murmuró Bella mirando el intercambio de miradas. –¿Qué está pasando?
–Hola–saludó Edward sonriendo ligeramente. Las chicas asintieron bruscamente. –¿Siempre están las cuatro juntas?
Rápidamente se colocaron a un lados de Bella, ella las miró con sorpresa mientras ellas actuaban como si estuvieran frente al enemigo, Ange lo miraba con furia, Leah con hostilidad y Rose se encontraba cruzada de brazos retándolo con la mirada.
–Sí–asintió Bella respondiendo a su pregunta–Será mejor que nos aceptes a las cuatro.
–Parece que tienen que hablar de algo personal–asintió Edward señalando hacia el balcón a un lado de sala–saldré a la terraza, tengo que llamar a Lauren.
Las tres bufaron al mismo tiempo. Bella asintió sonriendo.
–¿Y bien? –suspiró Bella separándose de ellas y mirándolas esperando un explicación.
–¿Cómo es que la llama así sin más? –gruñó Leah.
–¿Cuál es el problema? Le está llamando por la mentira que ya les dije y Lauren me ha dicho que nos irían a visitar hoy–explicó Bella.
–¡Qué mala! ¡Esa chica es una víbora y quiere mirar tus cosas! ¡Qué grosería! –exclamó Angela enfadada.
–No vivimos juntos, ni siquiera tengo un cepillo de dientes en su baño–comentó Bella rápidamente. –La mentira se va a descubrir si va a su casa. Por eso Edward está hablando con ella…
–¿Y por qué no llama a Lauren aquí a tu lado? –preguntó Rose levantando una ceja–¿Por qué tiene que llamarla en secreto ahí afuera? ¡Tengo mucha curiosidad!
–¿Por qué iba a llamarle en secreto? ¡Están hablando y ya! –Bella las miró confundida–¿Por qué me están diciendo estas cosas? ¿Por qué están tan raras?
–Bella… te voy a decir unas cuentas cosas, pero por favor, no te pongas a llorar–empezó Rose, mientras las chicas la animaban a hablar. Rose tomó aire y antes de poner hablar, empezó a negar rápidamente–No puedo, no puedo decírselo. ¡Ange, díselo!
Angela suspiró y exhaló antes de murmurar atropelladamente palabra tras palabra.
–¡Edward-te-está-engañando-con-Lauren!
–¿Qué? –exclamó Bella con una pequeña sonrisa–¡Eso es ridículo!
–Bella, ¿recuerdas que te hemos marcado hace unas horas cuando estábamos en el almuerzo? –Preguntó Leah–Y dijiste que Edward estaba en una reunión con un cliente… ¡Te estaba engañando, estaba con Lauren!
–¡Y parecían estar muy unidos! –añadió Ange con angustia–Estaban cogidos de la mano. ¡Estaban hablando sobre hacer las paces, que los he escuchado!
–¡Romperán sus compromisos y volverán a estar juntos! –exclamó Leah enfadada.
–Bueno, ya está, al fin se lo hemos contando–suspiró Rose con alivio.
–¿De verdad estaba con Lauren? –susurró Bella con seriedad, antes de sonreír levemente–¿De verdad podrían haber hecho las paces?
–¿Estás bien? –susurró Rose mirándola con sospecha–Tu reacción es muy extraña, dinos la verdad cariño.
–¡No, no! ¡Estoy enfadada y muy furiosa! –Bella se rió sin poder evitarlo–¡Mira, hasta me entra la risa de la rabia que tengo!
–¡Ve ahí afuera, pregúntaselo directamente y termina con él! –exclamó Leah con vehemencia–¡Eso es lo que tienes que hacer!
–Muy bien–asintió mientras salía, Edward suspiró cuando la vio acercarse.
–¿Ya nos podemos ir?
Bella miró brevemente a las chicas sentadas observándolos fijamente detrás de la ventana de cristal.
–¿De qué has hablado con Lauren? –preguntó Bella con hostilidad, las chicas asintieron en aprobación. Edward la miró confundido.
–Habíamos dicho que no podrían ir a mi casa.
–¿Has estado comiendo hoy con ella? –exigió cruzándose de brazos.
–¿Sí? –respondió Edward mirándola como si de pronto le hubiesen crecido dos cabezas.
–¿Por qué no lo sabía? –inquirió Bella con falsa molestia.
–No es cosa tuya–replicó Edward enfadado.
–¿Por qué no lo sabía? –repitió Bella, mirando de reojo a sus amigas, que escuchaban todo emocionadas y asintiendo–No me gusta que salgas con Lauren y no me digas nada.
–¿Qué estás diciendo? –murmuró Edward entre dientes.
–¡No quiero que veas a Lauren a solas y punto!
–¿Qué estás diciendo? –repitió Edward confundido–¿De verdad te encuentras bien?
–Mis amigas nos están mirando–dijo Bella sin mover los labios, Edward empezó a girar para ver a las chicas–No las mires, mírame. –añadió rápidamente poniendo una mano suavemente sobre su brazo. –El caso es que, ellas te vieron hoy comiendo con Lauren y dicen que te has reconciliado con ella.
Edward la miró asintiendo.
–¿Se han reconciliado? –Inquirió Bella con los ojos brillando–¿Se acabó el contrato? ¿Soy libre y volverán a estar juntos?
–No–negó rápidamente Edward. –No, no.
Bella frunció el ceño con recriminación.
–¿Qué ha pasado? ¿Por qué no han hecho las paces? –Edward suspiró con fuerza.
–Bella, me estás empezando a molestar.
–Mmhm–asintió–Mis amigas quieren que rompa aquí mismo contigo… no, no las mires, creen que me estás engañando. ¿Qué quieres que haga? ¡Finge que me suplicas!
–No, ni hablar.
–Pon cara de arrepentimiento.
–¿Arrepentimiento?
–Sí. ¿O es que tampoco puedes? –Bella lo miró esperando–¡No sé! Abrázame, bésame en la frente, tócame en la nariz… no sé ¡Haz algo ya, por favor! –murmuró con nerviosismo.
–¿Estás segura? –preguntó Edward.
–Sí, apresúrate.
Edward suspiró y envolvió a Bella en un suave abrazo, ella recargó la cabeza sobre su pecho con una pequeña sonrisa solo en caso de que las chicas estuvieran viendo. Edward deslizó suavemente una mano sobre su cabello, acariciándolo con delicadeza al mismo tiempo que se embriagaba del dulce olor que ella emanaba.
–¿Se lo están creyendo? –susurró Edward cerca del oído de Bella.
–Creo que sí–asintió separándose ligeramente de él–ya es suficiente.
–¿Nos vamos? –preguntó Edward suspirando, miró de reojo a las chicas que ahora se encontraban sonriendo.
–Mira, tu madre me llama de nuevo–masculló Bella.
–Santo Dios–suspiró Edward.
–¿Sabes que es lo mejor de este falso compromiso? –preguntó Bella sonriendo–Que llame tu suegra y no le contestes.
Edward rió quedamente, negando con la cabeza, señaló la salida.
–Vámonos.
–Voy por mis análisis de sangre y nos vamos–asintió Bella.
X – X – X
Bella suspiró aburrida mientras la doctora le media la presión arterial, Edward se encontraba parado a un lado de ellas mirando todo con atención.
–No tiene ningún problema físico, solo que su cuerpo se colapsa debido al exceso estrés–explicó la doctora amablemente mientras guardaba todos los aparatos que había llevado a casa de Edward. –El mejor ejercicio para aliviar el estrés es la natación.
–No me estreso fácilmente, me da solo por momento y de ahí se me pasa.
–Vas a hacer lo que la doctora te ha dicho–interrumpió Edward frunciendo el ceño, Bella entrecerró los ojos.
–Ya que tu doctora está aquí… ¿Estamos consientes de que el verdadero enfermo aquí es Edward, verdad? Debería examinarlo.
Edward bufó rodando los ojos.
–Ya vas a empezar…
–Siempre está tenso–explicó Bella mirando a la amable doctora–Todo el mundo le tiene miedo y está obsesionado con la perfección.
–La señorita tiene razón–afirmó la doctora mirando con una sonrisa a Edward–ya lo hemos discutido usted y yo, le vendría muy bien relajarse también.
Edward se cruzó de brazos cual niño de 3 años haciendo berrinche y miró hacia la puerta sin decir nada.
–Que se mejore pronto–asintió la doctora hacia Bella mientras salía de la casa.
–Gracias–asintió Bella, se quedó sentada en el sillón con las piernas cruzadas al estilo indio y Edward la miró con una sonrisa de satisfacción y triunfo–¿Qué?
Edward asintió a la pregunta no formulada de Bella, ella empezó a negar rápidamente.
–No, no voy a nadar–negó.
–Solamente vas a nadar treinta minutos al día–exclamó Edward con la mano en la cadera–¿Por qué eres tan testaruda?
–¿Por qué? Bueno… porque no quiero y ya.
–Bella, no hagas eso más difícil. Vas a nadar y punto.
–No puedes obligarme a hacer algo que no quiero. –Bella frunció el ceño–además, preocúpate de tu propio estrés que yo estoy muy bien.
–Te recuerdo que tenemos un contrato firmado–recalcó mirándola fijamente desde arriba–Vas a nadar.
Bella hizo un suave puchero y agachó ligeramente la cabeza, mirándolo con ojos de gatito.
–No puedo–se encogió ligeramente de hombros–porque no sé nadar.
–¿Qué? –Bella asintió–¿En serio?
–Mhm.
Edward se mordió el interior de su mejilla pensativo.
–Bueno, no hay problema, vas a aprender en dos o tres días además… aquí tengo una piscina.
–¿Por qué te importa tanto esto? –preguntó Bella mirándolo con la esquina de su labio estirada en una ligera sonrisa.
Edward asintió y suspiró antes de sentarse en el sillón frente a ella.
–Mira, nos vamos a Antalya* en dos días
Bella jadeo y se acercó más el rostro a Edward mirándolo boquiabierta
–¿Qué? ¿Vamos a Antalya?
–Sí–asintió sonriendo–Y Emmett y Lauren van a estar ahí. ¿No crees que se vería mal que mi novia no supiera nadar?
–¿Nos vamos a Antalya y apenas me dices? ¡Yo no voy!
–¿Quieres que te recuerde el contrato?
–¿Cuánto tiempo más vas a tardar en regresar con Lauren?
–Hablando de Lauren–asintió levantándose del sillón–Mañana vendrán a visitarnos.
–¡¿Qué?! –chilló Bella–¿Cómo que vienen mañana? ¡Pero si acabas de decirles que no vengan! ¡Llámala, dile que hemos decidido no vivir juntos! ¡Que nos hemos peleado! ¡Lo que sea pero que no vengan! –exclamó afligida cerrando los ojos.
–Por favor, cálmate que va a volver a desmayarte o… dormirte, lo que sea, tranquilízate. No hay problema, vas a venir mañana aquí a nadar temprano y yo trabajaré desde aquí, así vamos a revolver todo, no te alteres–Bella rodó los ojos con cansancio.
–¡Oh, mira! ¡Tu mamá, tu querida madre otra vez! –exclamó Bella enseñándole la pantalla de su celular–No le contesto… y llama. Sigo sin contestar… y llama otra vez.
–Supongo que te quiere mucho–replicó Edward intentando no reírse.
–Claro, por supuesto, seguro que me quiere–asintió Bella colocándose sus sandalias–Ustedes… madre e hijo, vuelven loca a la gente.
Edward la miró con diversión
–¡Menos mal que la relación es falsa! –gruñó Bella mientras salía por la puerta.
–¡Mándale saludos de mi parte! –gritó Edward, la vio alejarse con los brazos entrecruzados sobre el pecho, sin duda tener a Bella a su alrededor le había producido más diversión que en todos los años que llevaba de vida, pero por supuesto nunca sería capaz de admitir eso en voz alta.
La plática de Bella con la Sra. Esme duró menos que un suspiro, solo se encargó de asegurarle que irse a vivir con su hijo había sido únicamente por enojo hacia Lauren, y no porque ella estuviese enamorándose de Edward, y que en definitiva él no era el tipo de hombre con el que ella saldría, eso sin duda ofendió a la Sra. Esme pero hizo que Bella le cayera un poco mejor.
–Entonces nos vemos mañana en mi casa–comentó Edward mientras se bajaban del coche frente a la casa de Bella.
– No lo creo–negó suavemente–mañana es sábado y es mi día libre–le recordó. –tengo derecho a no ir, y no voy a ir.
–Pero déjame recordarte que fuiste tú quien le dijo a Lauren que viviríamos juntos, así que tendrás que pagar las consecuencias.
–Cada día que paso contigo estoy pagando las consecuencias. –Edward la miró fijamente con los brazos cruzados sobre el pecho. –Bueno, si yo tengo que nadar… tú tienes que hacer lo que yo te diga.
–Todo debe ser mutuo ¿verdad? No puedes decir que sí y ya está.
–Pues no–replicó Bella rápidamente, haciendo que Edward sonriera y ella sonrió a cambio–¿Seguro que vas a trabajar mañana? Dijiste que tenemos que prepararnos para la comida.
–Te dije que voy a trabajar desde casa.
Bella asintió.
–Muy bien, hasta mañana.
–Hasta mañana.
Bella subió rápidamente las escaleras mientras Edward subía a su coche, pero antes de entrar ella se dio la vuelta con una sonrisa casi picarona.
–Pssst–susurró y Edward la volteó a ver–¿Por qué has bajado del coche? –él la miró sin entender–¿Ha sido por buena cortesía y educación? –Edward bufó rodando los ojos.
–Adiós, Bella Swan–suspiró negando suavemente.
–Adiós, Edward Cullen.
Bella se rió suavemente entrando a su casa y Edward negó con una sonrisa.
–En serio, no entiendo nada–masculló para sus adentros mientras abrochaba el cinturón de seguridad–todo está mal… si salgo del coche… si no salgo también.
*Bodrum: es un puerto turco, una zona muy turística.
*Antalya: ciudad y puerto antiguo lleno de yates y playas bordeadas de grandes hoteles, y por supuesto monumentos históricos.
Merhaba!
Creo que como escritores, lo que más nos motivan son sus comentarios... así déjenme saber qué es lo que opinan del capitulo de hoy.
Por cierto, ¿Qué opinan de nuestra adorada *kheeee* Lauren?
görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
