Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
Capítulo 13.
Bella estaba sentada cómodamente en el sillón de la sala, ya en pijamas y calcetines de caricaturas, había estado leyendo un libro pero se encontraba un poco inquieta, miraba de reojo el celular y entonces decidió que hacerle una video llamada a Edward no seria invadir su espacio.
—¿Tú me estás llamando a mí? —preguntó Edward mirándola con una ceja levantada, ella sonrió.
—La verdad no pensé que responderías, son las diez de la noche. —Edward asintió—. Y entonces… ¿Qué estás haciendo para reducir el estrés? —inquirió Bella con una pequeña sonrisa torcida.
—Alivio el estrés trabajando.
Bella bufó y rodó los ojos.
—¡Eres muy aburrido! —suspiró negando lentamente—. Entonces, si no lo haces por tu propia cuenta, vas a tener que hacerme caso, además, acordamos qué harías lo que yo te dijera —le recordó.
—¿Por qué estás tan obsesionada con mi nivel de estrés? ¿O es que estás empezando a preocuparte por mí? —susurró sonriendo.
—No seas tonto, no tiene nada que ver con eso. —replicó Bella sonrojándose ligeramente—. Es que siempre vas por ahí deambulando como pólvora, incluso destruyes a tus empleados, tu tensión también me tensa. —Edward se mordió el interior de su mejilla mientras la miraba parlotear sin parar—. Así que vas a hacer diez minutos de ejercicios anti estrés todos los días, ya que yo voy a aprender nadar, si no es así no lo hago, ya lo sabes.
—Bueno, ¿qué quieres que haga?
—Cierra tu laptop.
—Muy bien. —enfocó la computadora—. Cerrada.
—Y ahora, te voy a enviar una canción… listo —asintió satisfecha—. Tienes un buenísimo equipo de sonido en tu casa, ponla ahora. —Bella escuchó pronto la suave melodía filtrarse a través de la bocina de su celular, sonrió—. ¿Qué opinas?
—Es bonita.
—Ahora ve a la cocina. —Bella lo miró sonriendo mientras Edward caminaba sin rechistar, incluso parecía disfrutar del momento o eso quiso creer Bella.
—De acuerdo, ya estoy en la cocina.
—¿Qué quieres tomar? —preguntó Bella amablemente mientras ella también caminaba hacia su propia cocina, colocando estratégicamente el celular para seguir viéndose.
—Solo agua.
—¿Tienes un limón?
—Sí. ¿Para qué? —Edward la miró con cara de póquer.
—Solo tráelo, y pártelo en dos. —Mientras tanto, ella hacia exactamente lo mismo que le estaba diciendo a él que hiciera. —Exprime una mitad en el vaso con agua… y huele la otra mitad —añadió mientras respiraba profundamente con el limón cerca de su nariz, lo miró sonriendo.
—¿Para qué?
Bella empezó a reír al mirarlo tan confundido.
—¡Huélelo! ¡Vamos, anda! —insistió, Edward siguió sus pasos, no muy convencido, pero lo hizo—. El limón reduce el estrés —explicó Bella una vez hubo terminado—. Ahora sal al jardín.
—Bien…
—Ve a un lugar donde puedas ver las estrellas —añadió, Bella salió a la terraza de su casa, sintiendo la ligera brisa fría golpearle el rostro y las piernas desnudas—. Ahora respira profundo.
Edward se sintió incomodo al principio, hasta que la vio a ella hacer lo mismo y sonrió suavemente, respirando profundo al igual que Bella.
—¿Qué me dices, te sientes mejor?
—Sé que estás usando esto en mi contra, pero… sí, realmente me siento mejor —asintió Edward visiblemente más relajado.
—Lo sabía —asintió Bella sonriendo. Se miraron a través de la cámara por un momento—. Buenas noches, Edward Cullen.
—Buenas noches, Bella Swan.
Bella terminó la llamada satisfecha consigo misma, y feliz porque Edward había cooperado muy bien, se recostó en el sillón de la terraza, y al igual que Edward ahora mismo, suspiró desde lo profundo de su alma.
X – X – X
—Mira esto —gruñó Rose mientras Leah y Ange miraban la pantalla del celular—. En el perfil de Lauren, solo hay unas cuantas fotos con su prometido… después, todo está lleno de Edward Cullen.
—Pero, ¿sabes por qué? —inquirió Leah—. Porque está convencida de que Edward va a regresar con ella.
—Entiendan que nos hemos equivocado —suspiró Ange con frustración—, comprendan eso ya.
—Ange, ¿qué pasabas que iba a decir Edward? ¿"Bella, te estoy engañando"?
—Pero te aseguro que no voy a perder de vista a esa tal Lauren —masculló Leah rápidamente, mientras veían a Bella acercarse a ellas sonriendo.
—Chicas —saludó Bella ajustándose las gafas de sol sobre el cabello—. Disculpen, las hago ir de compras otra vez en la mañana. Prometo ya no volver a hacer nada impulsivamente —susurró haciendo un suave puchero.
—Basta, Bella —replicó Rose sonriendo con picardía—. ¿Por qué le has dicho a Edward que no sabes nadar?
—Estaba enfadada, me hizo enojar mucho y quería desconcertarlo —se encogió de hombros sonriendo.
—¡Qué romántico! —chilló Ange mirándola con los ojos nublados de amor—. Ahora tu guapo y amado novio te va a enseñar a nadar. ¡Muy buena táctica! Lo escribiré en mi cuaderno de tácticas.
Bella sonrió y le guiñó un ojo, se había puesto un maquillaje ligero y a prueba de agua; debido a que no irían a la oficina, decidió vestir un cómodo short blanco en conjunto con una blusa ligera y sin mangas.
—Ahora él va a cerrar su computadora, se quitará el traje de vestir y me enseñará a nadar —asintió Bella emocionada. Todas empezaron reír. –Entonces ¿Vamos a ir las cuatro a comprar un traje de baño?
—¡Sí! Vamos a ir las cuatro, porque es sábado, es nuestro único día libre y lo vamos a pasar juntas —gruñó Leah con rapidez.
—Lauren va a ir a casa de Edward, así que tengo que estar ahí —se disculpó Bella mientras las chicas la miraban, sorprendidas.
—¿Lauren también va? ¿También se va a meter a la piscina con ustedes? —susurró Angela con incredulidad–¡Vamos a comparte un traje de baño que vuelva loco a Edward, que te mire con la boca abierta!
—Compraremos uno color negro —comentó Leah, Rose la miró horrorizada.
—¡Olvídalo! Tiene que ser con estampado floral, están de moda. —comentó Ange, Bella la miró asombrada.
—Olvida eso, escúchame —murmuró Rose acomodándose su hermoso cabello rubio—. ¿Sabes lo que está de moda este año? Los trajes de baño con flecos por debajo, y también los de una sola pieza, tenemos que comprar uno de esos dos.
Bella suspiró.
—No hace falta exagerar tanto.
—Escúchame Bella —añadió Ange sonriendo con picardía—. Debes tener cuidado con esa táctica, no vaya a ser que le suba mucho la temperatura a Edward y se queme.
Bella sonrió y colocó las gafas de sol mientras se levantaba de la silla.
—¡Vamos!
Las cuatro amigas se la pasaron genial eligiendo el traje de baño que Bella usaría para impresionar a Edward durante sus lecciones de nado. Se probó dos coquetos bikinis, uno amarillo y uno lila, seguidos de dos trajes completos en color negro. Una decisión sumamente difícil de tomar, ¿cuál pondría a Edward en apuros? ¿Cuál era más coqueto?
La elección de lentes fue bastante más sencilla. Sus amigas le presentaron una gran variedad de opciones para elegir, entre cristales espejo, de colores, completamente oscuros... Bella se sentía como niña en una dulcería. Finalmente, eligió unos negros y dorados con diseño de ojos de gato que se verían perfectos mientras disfrutaba el sol en la alberca de los Cullen.
En cuanto a la elección de pareo y bolso prefirió continuar en los colores oscuros, eligiendo un pareo negro con borlas en la orilla y un bolso de rayas negras y blancas cuyo espacio era más que suficiente para lo más indispensable.
X – X – X
Edward se encontraba sentado trabajando frente a la piscina bajo una enorme sobrilla para jardín, Bella no debería de tardar mucho, escuchó sus suaves pasos acercarse y un chasquido de molestia cuando levantó la vista y la vio mirándolo boquiabierta.
—¿No te has cambiado de ropa? —preguntó Bella parándose frente a él—. ¿Por qué?
Por supuesto, lo primero que hizo Edward antes de tragar saliva y responder, fue recorrerla rápidamente con los ojos de arriba abajo, solo podía ver la parte superior del traje y la piel expuesta de una de sus piernas debido a que traía atado alrededor de su cintura un pareo.
Edward carraspeó un poco y se levantó lentamente.
—¡Hola, Sr. Edward! —saludó un hombre musculoso y bien formado.
Bella los miró con confusión. Edward asintió antes de suspirar.
—Embry, te presento a Bella… Bella, él es Embry. —Bella le tendió la mano sonriendo—. Embry será tu profesor de natación. —A Bella se le borró rápidamente la sonrisa y lo miró fijamente—. No te preocupes, porque tiene mucha experiencia enseñando.
—La señorita Bella aprenderá muy rápido, estoy seguro–asintió Embry sonriendo.
—Aprenderé —repitió Bella aun con las facciones entumidas—. Claro, aprenderé muy rápido. Pero no era necesario acudir a un profesional —añadió Bella mirando a Edward, este sonrió.
—No habrás pensado que yo te iba a enseñar, ¿verdad? —preguntó Edward sonriendo conironía.
—Por supuesto que no —murmuró, recordando exactamente las palabras que horas antes les había dicho a las chicas con emoción, se tragó rápidamente la decepción que le supo amarga e insípida.
—No se preocupe, iremos despacio. Si gusta, podemos empezar —comentó Embry.
—Perfecto —asintió Edward tomando asiento otra vez. Por supuesto, él no fue consciente de la mirada de perversión que cruzó por el rostro de Bella al girarse y caminar dando saltitos junto al entrenador.
—Tiene un cuerpo adecuado para la natación, es una pena que no haya aprendido antes. —dijo Embry mientras se dirigían hacia las escaleras de la piscina, justo en el lado opuesto donde Edward estaba ahora mirando y escuchando el intercambio de palabras con el ceño fruncido.
–¿Le parece una pena? –Preguntó Bella sonriendo tocándose ligeramente su abdomen–Pero voy a aprender ahora.
–¡Buenos días, Sr. Edward! —saludó Stefan acercándose a Edward y mirando de reojo a la pareja a los lejos.
—Buenos días, Stefan. Todavía no —añadió antes de que Stefan intentara llevarse su taza de café.
—Disculpe.
—Stefan, ¿por qué llamó mi madre a Bella ayer? —Edward no podía apartar los ojos de ella, que ahora mismo se encontraba acomodando sus cosas en una de las tumbonas.
—Había un ligero malentendido, pero todo se resolvió.
—¿Hablaron de mí?
—Si, lo hicieron —Stefan, al igual que Edward, seguían mirando a Bella y Embry.
—¿De qué estaban hablando?
A Stefan le brillaron los ojos ante la pregunta y sonrió con maldad.
—Bella dijo… "no es mí tipo" —murmuró con indiferencia, encogiéndose de hombros.
—¿Qué? —exclamó Edward sorprendido mirando ahora a Stefan con el ceño fruncido.
—Eso es lo que dijo "Edward Cullen no es para nada mi tipo".
—Bien —asintió Edward con brusquedad—. Si yo no soy su tipo, entonces, ¿quién lo es?
—¿Quiere que le pregunte? —inquirió Stefan, sonriendo.
—No. —replicó rápidamente—. No soy su tipo… —susurró para sus adentros mientras tomaba un sorbo de su café.
Edward estaba tomando un segundo sorbo cuando vio casi en cámara lenta, como Bella soltó el pareo alrededor de su cintura, revelando, finalmente, el traje de una pieza en color negro que eligió en sus compras, atreviéndose un poco con la espalda descubierta y la tela que hacía que este se adhiriera a su cuerpo como una segunda piel, mostrando sus largas y kilométricas piernas; definitivamente la suave y redondeada curva de su trasero hizo que la sangre de Edward hirviera y corriera más rápido por todo su cuerpo.
—Stefan —masculló atragantándose—, ¿qué clase de bañador es ese?
—Uno muy elegante, parece.
Edward continuó mirando boquiabierto a Bella desfilar frente a él.
—¿Puedes sentarte, Stefan?
—Pensé que nunca me lo diría.
Edward apretó con fuerza la mandíbula mientras veía a Bella entrar a la piscina, Embry ya se encontraba dentro esperándola, sin playera, exponiendo ante ella su pecho musculoso.
—¡Oh, que fría está el agua! —murmuró ella riendo, se adentró más—. Muy bien, ya he pisado. ¿Ahora qué hago?
—Primero, relájese. —Embry la tomó de la mano.
—No, no, voy a trabajar —masculló Edward molesto, enfocando su atención en el portátil frente a él. Suspiró exasperado y movió la cabeza intentando despejarse, todos sus pensamientos de alguna manera terminaban convergiendo a la hermosa morena a unos metros de él junto a otro hombre.
—¡Edward! —gritó Bella sonriendo desde la piscina, sabiendo exactamente lo que buscaba conseguir—. ¡El agua está muy buena, deberías venir!
—Tengo trabajo —gruñó, intentando restarle importancia.
—Bueno, está bien —suspiró.
Edward bufó, sacudió la cabeza otra vez, su sangre estaba hirviendo lentamente, en definitiva no soportaba ver a Embry rodearla con sus brazos, mas aun ella usando ese pequeño y casi inexistente traje de baño.
—Bien… voy a leer un libro… leeré un libro… —susurró tomando el primer libro que vio frente a él, Stefan lo miraba sorprendido. No había leído ni una sola palabra, antes de volver a levantar la vista furibundo.
—El agua me levanta las piernas —murmuró Bella.
—Yo le ayudo —replicó Embry.
—¿Me agarro a usted?
—Sí, claro.
—Entonces, lo agarraré con fuerza —asintió Bella con voz melosa, mirando de reojo a Edward, queriendo ver si en efecto, estaba consiguiendo su objetivo.
—Basta ya —masculló Edward por lo bajo, tirando a un lado el libro.
—¡Un momento, he perdido el equilibro! —chilló Bella, riendo. Edward respiró con brusquedad—. Tengo que sujetarme a usted un poquito más fuerte.
Edward apretó el puente de su nariz con fuerza, y después empezó a masajearse la sien intentando controlar aquella furia que le recorría el cuerpo. Stefan no podría creer lo que sus ojos estaban viendo, jamás en todos los años que llevaba trabajando para su familia, lo había visto celoso.
—Me gusta mucho nadar —comentó Bella—. ¿Vamos a la zona más profunda?
—Pero si solo está empezando —murmuró Edward a Stefan, sin esperar una respuesta.
—De verdad puedo confiar en usted, me gusta mucho.
—Puede estirar las piernas un poco más.
—¿Así?
—Perfecto.
—¡Esto es increíble, deberíamos hacerlo dos veces por semana!
Edward estaba apretando la mandíbula con tal fuerza, que casi se podía escuchar el rechinar de sus dientes.
—Sí, juntos conseguiremos esto.
—Los dos juntos, ¿verdad? —preguntó Bella con una voz tierna y dulce que Edward jamás había escuchado y que lo hizo querer huir de ahí para no escuchar aquella charla.
—¿Juntos? ¿Qué están diciendo? —replicó Edward con incredulidad.
—No lo sé, no estoy entendiendo —respondió Stefan.
—¡Edward! —canturreó Bella—. ¿Crees que pueda venir aquí dos veces por semana?
Edward fingió una sonrisa y negó suavemente, intentando que ella no notara lo alterado que estaba en realidad.
—Ahora me tumbaré en el agua.
—Exacto, déjese llevar. —asintió Embry.
Edward inhaló con brusquedad, definitivamente el hilo de cordura dentro de él se había roto.
—Basta, basta. Ya estuvo, ¿de acuerdo? —le susurró a Stefan antes de levantarse de su asiento carraspeando con fuerza para llamar la atención de Bella—. Bella, cariño, tenemos que irnos. Solo nos quedan unos veinte minutos.
—¡Oh, no puedes! Acabamos de empezar, vamos a nadar un poco más. Ya casi he aprendido.
—Creo que ya has aprendido —replicó Edward—. Embry, eres excelente entrenador, pero tenemos que irnos, quizá la próxima vez.
—¡No, todavía tenemos veinte minutos!
—Apenas y puedes prepararte en veinte minutos —masculló Edward con frustración.
—Pero estaba muy contenta. ¿Por qué haces esto? —Bella no pudo evitar reír, sin duda, había sacado a Edward sus casillas y eso le producía demasiada satisfacción.
—Lo sé, pero, desafortunadamente tenemos que irnos —No lo sentía ni un poco.
—Vete, iré más tarde.
Edward sonrió antes de mirar a Stefan con los labios apretados.
—¿Me ha dicho que me vaya? —susurró, masajeando sus sienes—. Muy bien, piensa, piensa, piensa… Bella, ¿recuerdas que estamos haciendo todo esto juntos?
—Pero no has querido nadar, y ahora estoy aprendiendo con Embry, estamos juntos y somos buenos en esto.
—Stefan, ¿no vas a decir nada? —inquirió Edward en voz baja—. Di algo, vamos.
—Vamos a seguir nadando —asintió Bella.
—¡Vacía la piscina, drena el agua, vacíala! —Ordenó Edward en voz baja, Stefan tan solo lo miraba sorprendido—. Vamos, hazlo, hazlo, hazlo. —Stefan se levantó rápidamente—. Corre, corre, vacíala, Stefan.
Bella finalmente salió del agua, en cada paso que daba al subir los escalones su tobillera tintineaba. Exprimió suavemente su cabello mientras el agua escurría lentamente por su cuerpo, su piel se erizo ante la ligera brisa pero el sol le ayudó a calentar ligeramente su piel, antes de sentir a Edward detrás de ella colocándole su toalla con delicadeza, envolviendo todo su cuerpo.
Bella se giró con una suave sonrisa, mirando a Edward directamente, sus cuerpos casi rozándose por la cercanía, Edward admiró el brillo de sus ojos, sus largas y espesas pestañas, la curva hermosa de su sonrisa y no pudo evitar sonreírle de vuelta. Apenas queda un poco de espacio entre ambos, una ligera brisa que pasaba entre ambos y un poco de autocontrol de parte de Edward lo hicieron detener abruptamente sus pensamientos.
Después del suave e íntimo intercambio de miradas, ambos suspiraron y Bella se alejó para colocarse un camisón sobre el traje de baño. Se sentaron en el sillón frente a la piscina.
—Hola precioso, me encantas —murmuró Bella sonriendo mientras Sirius colocaba su cabeza sobre sus piernas—. Realmente te adoptaría, corazón.
—Me asombra que digas eso —murmuró Edward, entretenido con el celular.
—¿Nos vamos ya? —preguntó sonriendo—. Aún tenemos que ir a mi casa por las cosas y traerlas aquí. Y también necesito encontrar unas cortinas.
—¿Por qué le dijiste a Lauren que habías puesto unas cortinas? —inquirió Edward aun si poder creer el alcance de sus mentiras cuando se encontraba enfadada. Bella se rió.
—No lo sé, no lo sé… simplemente lo dije —se encogió de hombros aun riendo, Edward bufó—. Tengo unas, pero el estampado y el color no pegan nada con tu casa, se verían horribles.
—¡Ayyyy! —chilló una voz conocida.
—Buenos días, Sra. Esme —saludó Bella alegre, Esme la ignoró y se sentó a lado de su hijo y acarició con cariño su espalda.
—Que agradable verte aquí hijo, a lado de la piscina —comentó Esme.
—Bella necesitaba aprender a nadar–explicó Edward.
—¿Y por qué necesitaba aprender? ¿Ella tiene agallas? Nadar es para los peces —añadió, haciendo evidente que la presencia de Bella no era muy bien recibida.
—Habla como si yo no estuviera aquí… muy bien —asintió Bella sonriendo—. Estoy encantada con esto.
—De acuerdo, tenemos que irnos —replicó Edward, su celular empezó a sonar—. Discúlpenme. Dime Jasper —respondió, miró su reloj de muñeca—. ¿Qué crisis?... Muy bien... Bien… ya voy para allá.
Bella lo miró a la defensiva.
—¿A dónde vas?
—A la oficina.
—No puedes ir —negó rápidamente, Edward y principalmente Esme, la miraron sorprendidos y Esme incluso ofendida—. No puedes irte, no acordamos eso, debemos preparar la casa antes de que llegue Lauren.
—Lo sé, pero no puedo ocuparme de eso porque tengo que irme. —Edward se levantó y Bella lo siguió rápidamente enfadada.
—¿Cómo que no puedes? —exigió—. ¿Se supone que debo encargarme de todo yo sola? Pero es mi culpa por creer en tu palabra —bufó molesta—. Vamos a quedar como unos mentirosos, pero está bien, vamos a humillarnos. Que vengan y no vean ni una sola cosa mía en tu casa, quedaremos en ridículo. pero está bien, vamos a trabajar.
Esme miraba boquiabierta y horrorizada como Bella le hablaba a su hijo. Pero quedó aun más horrorizada cuando vio a Edward mirarla sin replicar.
—Muy bien —asintió Bella con una sonrisa tensa—, iré a cambiarme, espérame.
—Date prisa —murmuró Edward suspirando—. Stefan, te ocupas de Sirius, por favor.
—Sí —asintió rápidamente.
Tanto Edward como Bella se alejaron de la piscina, dejando a Esme en estado de shock, se estremeció con repugnancia y sacudió suavemente la cabeza.
—Le grita a mi hijo como si fuera su esposa y llevaran diez años de matrimonio. —inquirió.
X – X – X
Edward estaba esperando a Bella en el jardín, suspiró aburrido mirando su reloj, pronto la vio acercarse con el ceño fruncido y sus gafas rojas descansando sobre su nariz, su hermoso cabello ondulado estaba alborotado debido a que se había secado naturalmente, Bella se detuvo a un lado de Edward y se quedó inmóvil con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Pssst —susurró Edward mirándola, Bella giró el rostro hacia la dirección opuesta—. No hagas puchero. De verdad, no hagas puchero —añadió. Bella rodó los ojos y se ajustó las gafas sobre el cabello—. Vamos a solucionar el problema de inmediato y vendremos aquí para prepararnos.
Bella lo seguía mirando con seriedad
—¡Hoy es sábado! ¡Es fin de semana! ¿Nunca te cansas del trabajo? No lo entiendo.
—La presentación para el concurso es mañana. —explicó Edward tratando de no enfadarse. Bella se encogió de hombros.
—De acuerdo, entonces no pierdas el tiempo.
Edward suspiró y empezaron a caminar hacia su coche.
—Quisiera hacerte una pregunta —masculló Edward deteniéndose abruptamente, Bella lo miró, esperando; él volvió a suspirar y carraspeó sin estar seguro de cómo empezar—. Tu… qué… a ver… no sé cómo preguntarte esto… ¿Cuál es tu tipo?
—¿Qué? ¿Cuál tipo? —preguntó Bella frunciendo el ceño, Edward se mordió el interior de su mejilla y suspiró mirando al cielo.
—Quiero decir…
—¿Te refieres a qué tipo de hombres me gustan? — Bella lo miró con incredulidad, sin embargo, no puedo evitar sonreír.
—Eh… ¿Algo parecido a tu ex novio, quizás? —sugirió.
—Se llama Jake.
—No me importa su nombre.
—¿Por qué lo preguntas? —Edward apretó la mandíbula y la miró sin responder—. Además, no puedes hacerme preguntas tan personales.
—Tú también puedes preguntarme a mí a cambio, ¿Cuál es el problema? Dime–replicó rodando los ojos.
—Muy bien —asintió Bella cuidadosamente, y sonrió—. Me gustan los hombres… creativos, educados y cariñosos.
—No me refiero a eso —bufó, fingiendo mirar hacia otro lado—. Me refiero más sobre el físico.
—Ah, sobre el físico. —Bella rió tontamente, pero se detuvo ante la mirada asesina de Edward—. No estoy realmente interesada en los hombres musculosos, no me fijo en eso sino en el cerebro, lo principal es su comportamiento. Pero… —añadió sonriendo—, puedo resumirte mis gustos en tres palabras.
Edward asintió, ansioso porque continuara.
—La sonrisa, la voz… y las manos —murmuró Bella sonriendo risueña, le dio la espalda caminando hacia la salida del jardín. Edward se miró las manos rápidamente—. El debería tener una bonita sonrisa, y la voz debe ser hermosa y carismática, y las manos deberían ser presentables y dejar una buena impresión. Y ya, eso es lo que me gusta.
Llegaron al coche y Bella se detuvo en la puerta del copiloto, Edward asintió y Bella luchó muchísimo para no reírse cuando lo vio colocar con fuerza su mano sobre el capó del coche, haciendo evidente que quería que ella viese sus manos.
—Ahora tu pregúntame —respondió Edward, aun con la mano estirada frente a ella, Bella se recargó sobre el capó y lo miró fijamente.
—Bien… ¿Crees que Lauren dejará a Emmett y volverá contigo?
—Sin duda alguna.
—¿Por qué?
—Oh, es fácil… lo suyo con Emmett no va a funcionar —explicó, Bella miró divertida como movía la mano con exageración, estirando y encogiendo los dedos frente a ella, intentando llamar su atención.
—¿Eso crees? —Edward asintió—. No sigas haciendo eso, tienes unas manos hermosas —añadió Bella sin dejar de sonreír y se metió al coche.
Edward fingió no entender y bufó.
—Ya sé que tengo manos hermosas.
Para el gusto de Bella, Edward conducía como loco así que no tardaron mucho en llegar a la oficina. Bella no se preocupó por llegar en short y converse, al final solo era un momento que estarían aquí.
—Me pongo nerviosa cuando entro a la oficina contigo —comentó Bella ajustando el bolso en el hombro, mirando de reojo al valet.
—¿Por qué?
—Nos pones nerviosos. —Edward frunció el ceño sin entender—. Ya sabes, todos te tienen miedo, contigo entra un aire frío… —explicó Bella fingiendo tener escalofríos.
—Se nota que realmente no me conoces, porque soy una persona muy relajada.
—¿Quieres apostar?
—Mmjm.
—No te enojes los primeros diez minutos que entres a la oficina, y me disculparé contigo.
—¿Diez minutos? —Bella asintió—. Muy bien.
En la entrada de la oficina se encontraron con Alice, su familiar personalidad hosca se veía claramente afectada.
—Edward —saludó con una sonrisa. «Pero ella nunca sonríe», pensó Bella mientras la observaba con recelo.
—Alice —respondió Edward, antes de poder dar un paso más al interior de la oficina, Diego se paró juste enfrente de él y lo miró directamente.
—¿Sr. Edward? ¿Qué hace aquí? —exclamó boquiabierto.
—¿Qué estoy haciendo en mi oficina? —inquirió Edward—. Quizás deberías replantearte la pregunta, Diego. —suspiró con fuerza, antes de ignorarlo—. Alice, ¿qué está pasando?
—Nada, todo está en orden —respondió sin titubear, Edward apretó los dientes—. Y no hay ningún problema, digo yo…
Bella sonrió y se acercó a Diego, empujándolo con amabilidad hacia un lado, para que Edward pudiera entrar a la oficina.
—Muchas gracias, Bella.
Edward supo, en el instante en el que puso un pie dentro de la oficina que algo definitivamente iba mal, primeramente, porque Bree le estaba sonriendo de oreja a oreja, segundo, todos y cada uno de ellos fingían trabajar y nadie lo volteó a ver ni por un mínimo momento.
—¿Qué está pasando? —repitió mirando a Jasper acercarse.
—Está bien chicos, no se preocupen, yo le diré —murmuró Jasper asintiendo, Bella sonrió triunfal sin quitar la vista de Edward, esperando el momento exacto en el que el perdiera la cordura —Edward, recuerdas que hemos entrado al concurso… ¿Verdad?
—Ya lo sé.
—Pero, ha habido algunos cambios, ahora no solo nos piden los planos en digital, sino que también los quieren a mano. —Edward lo miró con cara de póquer—. Por lo tanto… para nosotros es imposible entregarlo mañana.
Todos guardaron la respiración. Edward empezó a reír, su voz cargada de emociones contenidas
—Eso es genial, ¿no crees? —Susurró Edward sonriendo—. Eso es muy bueno.
Diego y Bree pronto empezaron a reír, sin embargo, Edward se estaba tornando de un suave color rosa, producto de la furia contenida dentro de él, incluso la vena de su enfrente parecía a punto de estallar.
—¿Imposible, Jasper? Oh, vamos… —replicó Edward mirando de reojo a Bella, que se encontraba feliz haciendo un pequeño baile, esperando ansiosa poder ganar la apuesta—. Imposible es una palabra que no utilizamos en esta empresa, Jasper. Así que estoy seguro que podemos resolver esto, seguramente hay alguien aquí que pueda dibujarlo en veinticuatro horas.
—Nuestros compañeros son muy hábiles dibujando, por supuesto… pero no tienen tanta práctica —Edward empezó a masajear sus sienes—. Por desgracia, tú eres el único que podría hacerlos, pero como estás demasiado ocupado creo que deberíamos dejarlo.
Bella estaba divertida. Edward estaba como una olla a presión.
—No haremos tal cosa, Jasper. Ya que en esta oficina solo yo puedo hacerlo… entonces yo haré los planos, eso es todo, muy simple. —Todos lo miraron en estado de shock.
Jasper lo miró boquiabierto. Edward asintió y se alejó rápidamente caminando hacia la sala de juntas.
—¿Por qué no se ha enojado? —preguntó Diego sorprendido—. Ya tendría que estar muy enfadado, ahora nos vamos a quedar a la expectativa, ahora tendremos que esperar a que se enfad…
Jasper colocó la mano sobre su hombro, y Diego detuvo su parloteo mirándolo con seriedad, Jasper se alejó suspirando hacia su propia oficina.
—Voy por un café. ¿Alguien quiere? —Preguntó Bella sonriendo, Diego y Bree levantaron la mano, Alice simplemente la miró con una ceja levantada y se alejó.
X – X – X
—Hola —Lauren entró sonriendo a la sala de juntas—. Es difícil encontrarte solo.
—Estoy solo ahora. ¿Qué pasó? —asintió Edward mientras se inclinaba hacia atrás en su asiento.
—Traje estos expedientes…
—Hola de nuevo, Lauren —canturreó Bella con una enorme sonrisa—. ¿Hoy irán a cenar, cierto?
—Así es, iremos hoy. Edward dijo que iríamos saliendo del trabajo.
—Entonces, será pronto…
—Si, claro, podemos pedir pizza, aunque a Edward no le gusta.
Edward simplemente las observaba en silencio, de pronto le había aparecido un ligero dolor de cabeza y en definitiva, estaba irritado.
—No, por supuesto que no podemos hacer eso… además, nosotros no recibimos a nuestros invitados de esa manera. —replicó Bella levantando una ceja sin aceptar objeciones.
—¿Nosotros? —murmuró Edward colocando la cabeza sobre su mano.
—La gente de Mardin* —explicó Bella con una sonrisa. Edward empezó a reír—. Así que dejemos todo para esta noche. Dejen que los reciba a mi manera, y prepararé la comida.
—Está bien, entonces nos vemos en la noche —Lauren forzó una pequeña sonrisa mirando de reojo a Edward.
—Nos vemos al rato —asintió.
—Hasta en la noche —susurró Bella mientras Lauren salía de la oficina. Bella suspiró aliviada y caminó hacia Edward, se sentó en la orilla del escritorio a un costado de él—. ¿Por qué no me dijiste que vendrían en la tarde?
Edward, sin embargo, se mordió el interior de su mejilla y la observó atentamente, sus piernas semidesnudas estaban casi frente a él y su corazón tartamudeo un poco antes de recobrar la postura y suspirar.
—No hay que exagerar con este asunto–le dijo, rodando los ojos–van llegar, pedimos comida y luego se irán.
—¿Y si entran a la casa? ¿Qué haremos si entran a la casa, eh? ¿Si ella me pide algo? ¿Si quiere algo de la cocina? No sé donde está nada.
—Bella. Llegarán, comerán y se irán.
—Ni hablar. ¿Y si necesitan algo? No quiero escuchar la voz chillona de Lauren diciendo: "Dijiste que vivían juntos"... No quiero que eso pase.
—¿Puedes respirar, por favor?
—Iremos a mi casa, tomaremos mis cosas y luego las llevaremos a tu casa. Vamos —ordenó Bella.
Afuera, todos miraban boquiabiertos hacia la sala de juntas, debido a que se escuchaban las voces ahogadas de ambos. Jasper frunció el ceño. Sin duda, estaban siendo el centro total de atención de toda la empresa.
—Si invitas a alguien a tu casa, es obvio que van a entrar —replicó Bella, enfadada.
—Te daré otra solución, si quieres llevar tus cosas a mi casa, aquí tenemos un chofer que te puede acompañar, y eso es todo.
—¡Hoy es sábado! —exclamó Bella levantándose del escritorio, Jasper se detuvo detrás de ellos mirándolos con los ojos abiertos de par en par—. Si yo sacrifiqué algo por ti, tú también tienes que hacerlo por mí. ¡Necesito ir a cocinar!
Jasper carraspeo haciendo que ambos notaran la presencia del rubio.
—Amigos, lamento interrumpir su tierna conversación, pero… —observó a su alrededor con precaución—. Todos están escuchando ahora mismo. Por cierto, Bella —Jasper la miró sonriendo—. Sabes, antes de ti esta oficina era más silenciosa que una biblioteca.
Edward asintió eufórico, extendiendo los brazos en agradecimiento.
—Eres una persona increíble, Jasper. Exactamente lo que yo pensaba —asintió Edward señalando a Bella—. Antes de ti, no había ni un solo ruido en la oficina.
—Todo estaba en silencio porque verás, Bella… Cuando Edward llegaba, regañaba a todo el equipo y nadie se atrevía a decir nada, créeme.
Edward fulminó con la mirada a Jasper, Jasper su gran y traicionero amigo, que no dudó en echarlo al fuego solo por ver una cara amigable frente a él.
—Entonces me alegro mucho de estar aquí, Jasper. ¡Qué bueno que estoy aquí!
—¡Que Dios me de paciencia! —gruñó Edward con frustración.
—Edward tiene que irse temprano hoy, Jasper. —le dijo Bella.
—¡No, no puede! Tiene que terminar los dibujos primero…
—No puede terminarlos aquí, no puede. O suena el teléfono o entra alguien, no puede.
—Entonces lo haré yo —sugirió Jasper encogiendo de hombros—. Yo dibujaré los planos, no te preocupes.
—¿Puedes darme los planos? —inquirió Edward en tono letal, extendiendo la mano hacia las hojas que tenía Jasper.
—¡No! —Bella le arrebató los planos.
—¿Qué estás haciendo? —replicó Edward con el ceño fruncido, Jasper la miró sorprendido.
—No.
Edward contó mentalmente hasta tres, antes de mirarla fijamente.
—Bella, ¿me puedes dar los planos?
—No, recoge tus cosas y nos vamos a mi casa, luego iremos a tu casa. Y continuaras con tu dibujo mientras yo cocino —ordenó con fiereza, Jasper estaba impresionado y casi hipnotizado, en todos los años que conocía a Edward, nunca había visto a alguien capaz de hablarle de tal manera.
—Estoy intentando mantener la calma, así que, por favor, dame los dibujos.
Bella alzó una ceja y se sentó en la esquina del escritorio, mirándolo fijamente.
—Vas a dejar que Jasper haga todo y acabe con los planos o de lo contrario…
Edward estaba alucinando al escuchar aquellas palabras, empezó a reír antes de mirarla con la cabeza ladeada.
—Espera, espera… ¿Me estás amenazando? ¡Porque me fascinan las amenazas! ¿Entonces, qué va a pasar? —inquirió apretando con fuerza el bolígrafo en sus manos.
—De lo contrario, te buscas otra novia que le cocine a tu ex pareja.
La vena de la frente de Edward brotó tan pronto escuchó aquellas palabras y un gran "Oooohh" salió del pecho de Jasper mirándolos en shock.
—Espera un minuto —le dijo Jasper intentando no reírse—. ¿Bella va a cocinar para Lauren? —ella sonrió asintiendo—. Hermano, lo siento, pero la chica tiene toda la razón, no puedo decir nada.
Si Bella pudiera, en este momento se encontraría haciendo un baile de pura felicidad, pero no estaba segura de querer estirar tanto la paciencia de Edward.
—Ambos, por favor, salgan de mi oficina. Y lo digo de la manera más amable, salgan ahora mismo. Porque me estoy enojando y no me va a importar…
—¡Te enojaste! —chilló Bella señalándolo acusadoramente—. ¡Te enojaste, has perdido la apuesta!
—¿Estás bromeando no? —preguntó Edward bufando—. Lo estás haciendo a propósito, no he perdido. Mira, ni siquiera he levantado la voz. Salgan por favor.
—Bella, lo siento, ya tuve suficiente —murmuró Jasper dirigiéndose hacia la puerta—. Ya lo he empujado demasiado.
—Te enojaste, y perdiste, ahora verás lo que va a pasar —sentenció Bella saliendo detrás de Jasper, dejando a un Edward enfadado apretando con tal fuerza el bolígrafo que era increíble que aún no estuviera partido en dos pedazos—. ¡Amigos, les robo su atención un momento! Hoy, está prohibido entrar a la oficina de Edward Cullen —anunció Bella sonriendo—. También está prohibido llamarle por teléfono. Si tienen preguntas… pregúntenle al Sr. Jasper.
Todos miraron boquiabiertos a Bella, Jasper incluido. Alice estaba más allá del enfado, era una calma tranquila y letal.
—No entiende, ella no entiende nada de lo que le digo —masculló Edward mientras se masajeaba la cabeza—. No hay forma, no hay manera.
Su celular vibró ante la llegada de un mensaje, suspiró estresado al leerlo.
—¡Bree!
—¡Dígame Sr. Edward! —murmuró rápidamente entrando a la sala.
—Shhh, shhh —susurró Edward—. No hagas ruido, ven… ¿Bella está mirando hacia acá?
—No, no, ella está ocupada.
—Muy bien, ven conmigo —asintió Edward levantándose de su asiento.
—No sé lo que hice, pero lo siento mucho Sr. Edward.
—Shhh.
Tomó a Bree con delicadeza del brazo y empezaron a caminar hacia la puerta de salida, Edward utilizó el pequeño cuerpo de Bree como escudo humano mientras caminaban con agilidad y rapidez hacia la salida tratando evidentemente de ocultarse de Bella.
Para fortuna de Edward, Bella estaba sorprendentemente entretenida con Diego viendo uno de los planos, así que pudo salir sin ningún problema y cuando ella se dio cuenta, ya era demasiado tarde.
Empezó a buscar a Edward por todo el edificio sin tener éxito alguno, finalmente decidió salir a la entrada a ver si de pronto estaba por ahí, únicamente encontró a Diego.
—¿Has visto a Edward? —preguntó Bella suspirando.
—No.
—¿No lo has visto? —Diego negó nuevamente, Bella frunció la boca decepcionada—. ¿Crees que Edward se cansó de mí y se fue?
Diego empezó a reír como maniaco, se agarró el estomago intentando controlarse y Bella no hizo más que mirarlo confundida pero sonriendo.
—Pero, ¿qué dices? —Diego continuó riéndose sin parar—. Eres muy graciosa. ¿Dejar la oficina? ¿El Sr. Edward?
Bella lo vio alejarse aun riéndose, y suspiro encogiéndose de hombros. Para su maravillosa suerte, Leah llegó justo en ese momento.
—¡Estaba a punto de llamarte! ¿Qué haces aquí?
—Estaba pasando por aquí y he decidido venir a verte.
—Tus visitas comienzan a asustarme —susurró Bella con los ojos entrecerrados—. Como sea…
—¿Qué hace ese hombre? —inquirió Leah enfadada señalando a Diego detrás de la pared de cristal, quien se encontraba pegado al cristal exhibiendo el tatuaje en su brazo—. Iré a morderlo.
—¿Por qué muerdes a la gente, Leah? —preguntó Bella sorprendida—. El otro día mordiste a alguien. Chica, actúa un poco normal, habla con la gente–murmuró con diversión.
—No me gusta hablar, morder es más fácil —replicó ajustándose las gafas, volvió a mirar a Diego de reojo y este simplemente seguía mirándola con admiración—. Por Dios ¿qué le pasa?
—Ignóralo, mira… ¿Podrías llevar mis cosas personales a la casa de Edward, por favor?
—Está bien, lo haré —suspiró Leah, volvió a mirar de reojo a Diego—. ¿Me llevo a ese tipo tan raro para que me ayude?
—No lo sé… hoy trabaja, quizá tenga que hacer horas extras, pero… es Diego, cualquiera sabe —respondió Bella encogiéndose de hombros.
—Me lo llevo para que me ayude —aceptó Leah.
—Te enviaré la dirección.
Edward se acercó a ellas caminando, Bella lo miró sorprendida.
—Edward, te he buscado en todas partes —saludó levantando una ceja.
—¿Qué pasa? ¿Hay algún problema? —inquirió mientras veía con precaución a la chica de negro, como él llamaba en su mente a Leah.
—No, he venido de visita.
—¿Aquí, a la oficina?
—Donde esté Bella, ahí estaremos nosotras… lo que haga feliz a Bella, nos hace feliz a nosotras, pero… —bajó el tono de voz, transformándolo en uno casi amenazante—. Lo que le moleste a Bella, también nos molesta a nosotras. Un simple recordatorio.
Leah le guiñó un ojo, Edward asintió sin decir una sola palabra y entró a la oficina.
*Mardin: solo para que recuerden, es la ciudad natal de Bella.
Merhaba!
Edward celoso AAAAAAAHH. ¿Qué piensas?
Y el próximo capitulo finalmente tendremos la cena cha cha chan. ¿Creen que Lauren descubra que todo el compromiso es falso?
görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie
