Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


Capítulo 16.

Edward estaba sentado bajo la pérgola de madera esperando a Bella, a varios metros de distancia se encontraba el mar agitando sus suaves olas, y la brisa salada le acariciaba la piel. Estaba tomando un coctel sin alcohol mientras trabajaba en la computadora frente él cuando sintió los vellos de su piel erizarse ligeramente, frunció el ceño.

—¿Y entonces dónde están? —canturreó Bella acercándose y dejando su bolso en el sillón, se quitó las gafas y se sentó esperando una respuesta.

—Me acaban de escribir un mensaje —suspiró Edward—, llegarán dentro de una hora.

—¡¿Tenemos una hora libre?! —chilló sonriendo, Edward la miró frunciendo los labios—. ¡Vamos a la playa! ¡Ya me he puesto el traje de baño, por favor! ¡Vamos!

—Bella, tengo mucho trabajo que hacer —dijo cuidadosamente. Ella lo miró con un pequeño puchero y se giró a ver el mar con anhelo, mordió suavemente su labio inferior.

—No pasará nada si vas solo una hora —suplicó Bella, y le dio una pequeña sonrisa—. ¿Cuándo vas a volver a tener tiempo? Solo una hora.

Edward estaba seguro, que si ella volvía a insistir no sería capaz de negarle el placer de ir a la playa, y estaba descubriendo que negarle cosas a Bella no lo hacían sentir bien, se rió suavemente antes de negar, era su última oportunidad.

—Además, hace mucho calor, por favor —volvió a insistir Bella.

Edward suspiró y la miró antes de desviar la vista de ella rápidamente, le costaba trabajo mirarla… bueno, mejor dicho, le costaba trabajo dejar de mirarla y había decidido que lo mejor era no hacerlo en lo absoluto, sin embargo, era una tarea demasiado difícil.

—Vamos. —asintió Edward levantándose del sillón.

Bella chilló de alegría y empezaron a caminar hacia la playa, ella no podía dejar sonreír y de mirarlo con emoción, finalmente iban a hacer algo juntos alejados del trabajo y no podía estar más feliz. Bella se quitó la falda blanca de gasa que uso para cubrir la parte baja de su traje de baño completo de estampado de leopardo, mientras Edward, simplemente se quitó su playera dejando a la vista su torso firme y escultural, él fingió no mirarla y Bella, al igual que él, pretendió no mirar ni recorrerlo boquiabierta con los ojos, sin duda y por más cliché que sonara, su cuerpo había sido construido por los mismísimos Dioses.

—¡Mira que deliciosa está el agua! —chilló Bella adentrándose.

—Ahora no fingirás que no sabes nadar, ¿eh? —preguntó Edward de manera juguetona. Bella rio.

—Por supuesto que no, te apuesto que soy mejor nadadora que tu—se burló y lo miró con los ojos brillando de alegría.

—¿Quieres apostar?

—No me interesa apostar porque sé que voy a ganar.

—Veamos quien es el primero en adentrarse más —replicó Edward—. ¿A la cuenta de tres?

—¡Tres! —gritó Bella y ambos se sumergieron con agilidad dentro del agua azul y templada. La primera en salir a la superficie fue Bella y vio con diversión a Edward a varios metros de ella, sin duda estaba más allá de estar en forma y en condición.

—¿Qué pasó, Bella? —gritó Edward con burla.

Estuvieron nadando un rato, hasta que Bella se acercó a la orilla y lo observó a lo lejos, no era como ver a una persona distinta, seguía siendo Edward Cullen, pero era un Edward relajado y juguetón, alejado del estrés del trabajo y de su rutina, y a Bella le encantaba lo que estaba viendo.

—¡Ven, Edward! —le gritó después de un momento—. ¡Vamos!

Ambos salieron del agua sonriendo, y felices, era como si el agua hubiera arrastrado toda tensión de ellos y simplemente dejó una pareja divirtiéndose. Sin embargo, el trabajo pronto llamó al celular.

—Buenas tardes, Sr. Yilmaz —saludó Edward.

—Hola, Sr. Edward. Ya estamos en el hotel, pero lamentablemente no podremos reunirnos con usted. Mi esposa y yo hemos decidido divorciarnos y tuvimos una pelea muy fuerte. No podemos estar juntos en un solo lugar.

—Sr. Yilmaz, lo lamento, pero ambos deben de firmar para que el proyecto sea aprobado.

—Lo sé, lo sé. Pero Damla no me mira ni a la cara, por favor discúlpeme. Nos comunicaremos con usted en el transcurso del día, ¿de acuerdo?

—Bien, hasta luego.

X – X – X

—La Sra. Damla y el Sr. Yilmaz están a punto de divorciarse, es decir, no quieren estar juntos en ningún lugar, mucho menos sentarse uno al lado del otro. No quieren hacer nada juntos. —anunció Edward, todos estaban sentados en bajo la pérgola mientras Edward explicaba la situación.

—Pues hay que solucionarlo porque para que podamos construir el campo de golf, necesitamos ambas firmas— dijo Jasper frunciendo el ceño—: son socios igualitarios.

—Sí, pero se están divorciando —repitió Alice confundida—. ¿Cómo se supone que haremos eso?

—No pensé que fueran a divorciarse —comentó Lauren—. La última vez que hable con ellos su relación no era tan mala.

Bella suspiró y miró a Edward.

—Me hubiese gustado conocer a la Sra. Damla. Quizá hablando con ella podríamos arreglar las cosas.

—¿Esa es tu brillante idea? —inquirió Alice riéndose con burla.

—Sí, a diferencia de ti, las personas normales se comunican entre sí hablando —replicó Bella sonriéndole.

A Alice se le borró la sonrisa socarrona que adornaban sus labios y miró a Edward con reproche, sin embargo, este estaba luchando por no sonreír ante una de las tantas respuestas ingeniosas de Bella.

—Entonces llamaré al Sr. Yilmaz —dijo Lauren mirándola con aquellos ojos azules helados.

—Mmjm, llámale —asintió Bella sin dejar de sonreír, para la molestia de ambas. La llamada duró escasos dos minutos, antes de que Lauren los viera con un semblante tenso.

—La reunión se ha aplazado hasta mañana. —sentenció, Edward suspiró con frustración—. Ahora tienen todo el día para pelearse.

—No podemos hacer nada, tendremos que esperar hasta mañana —murmuró Edward.

—¿Entonces ya no van a trabajar hoy? —preguntó Bella, Edward apretó la mandíbula—. ¡Podemos jugar al voleibol!

—¡Esa es una gran idea! —asintió Jasper emocionado—. ¡Por supuesto, juguemos! ¿Alice?

—Sí, claro —Edward rodó los ojos ante su respuesta—, me encantan los deportes de competición.

Por supuesto, a Alice no le gustaban, pero desde que Jasper le había dicho que no era divertida, no hacía otra cosa más que pensar en ello y esta fue su oportunidad para demostrar lo contrario.

—Bella, querida, te ves un poco delicada —comentó Lauren mirándola fijamente—. ¿Realmente puedes jugar al vóleibol?

—¿Por qué no lo hablamos en la arena? —la retó Bella con una sonrisa.

—¡Ooooh! —exclamó Jasper tapándose la boca, impresionado—. ¡Bella va muy fuerte!

Esta vez Edward no pudo contenerse y sonrió, el ingenio de Bella nunca dejaba de sorprenderlo, principalmente el hecho de que ella siempre los acababa con amabilidad, no hacía falta más que eso.

—¡Qué hay, chicos! —saludó Emmett acercándose al grupo, los miró detenidamente al notar la tensión—. ¿Qué hacen? ¿Están hablando de mí?

—Estábamos hablando de trabajo —respondió Lauren.

—Por supuesto, cuando Edward Cullen está aquí no se puede hablar de otra cosa que no sea del trabajo.

—¡No! —negó Bella rápidamente—. Nada de trabajo el día de hoy, vamos a jugar al voleibol. ¿Te apuntas?

—Sí, claro. ¿Lauren?

—Claro, solo haré un par de llamadas —murmuró.

El sol estaba bajando cuando finalmente todos se reunieron en la arena, Lauren había terminado sus llamadas y Alice había ido a cambiarse de ropa. El grupo se dividió en dos: Jasper, Edward, Alice y Bella, y Lauren y Emmett junto con otros dos chicos que iban pasando y decidieron sumarse al juego.

Todos se estaban divirtiendo, incluso Alice pudo hacer un buen equipo con Bella y pasar más de cinco minutos sin fulminarla con la mirada. Y a Edward y Bella cada vez se les hacía más fácil estar juntos, planeaban la estrategia de las jugadas y se reían. Es así como ella le demostró a Lauren que no era una muñeca delicada, sus golpes eran rápidos y seguros, y por supuesto no le importaba llenarse de arena.

—¡Oh, vamos Bella, te dije que no sacaras así! —masculló Edward riéndose.

—¡Pero no dijiste donde! —replicó ella, mostrándole la lengua.

El juego no duró mucho, porque pronto todos empezaron a bromear y la competencia pasó a segundo plano.

—¡Vayamos al mar! —gritó Jasper riéndose mientras empujaba a Edward. Todos empezaron a correr y Jasper aprovechó su momento, cogió a Alice de la cintura, alzándola sobre sus hombros y se adentró con ella al mar.

Se divirtieron un rato en el mar, lanzándose agua entre ellos como niños y sumergiéndose en las olas para asustar por debajo a los demás. Sin duda había sido un día agradable.

X – X – X

—Aún no me has felicitado —comentó Bella mientras entraban a la habitación.

—¿Por qué?

—¿Cómo que "por qué"? —replicó entrecerrando los ojos, salió a la amplia terraza y Edward la siguió—. Por lo bien que he jugado al vóley. Creo que jugué bastante bien.

—Sí, nada mal. Felicidades.

—Gracias, aunque sea a la fuerza —añadió Bella con una sonrisa, se recargó en el balcón y se giró a verlo—Te voy a decir algo.

—Mhmm —asintió Edward viéndola con intensidad.

—¿Sabes que Emmett quiere mucho a Lauren? Él está constantemente ahí, es como si fuera lo único que le importara.

—Porque no tiene nada que hacer —replicó Edward rodando los ojos—. Su padre tiene muchos hoteles y él se dedica solo a pasearse. Ten por seguro, que si el Sr. Yilmaz no se hubiera alojado aquí, nosotros tampoco lo hubiéramos hecho.

—Mmm, no lo sé —murmuró Bella encogiéndose de hombros—, creo que es una buena persona. Me cae muy bien y creo que es lindo.

—¿Lindo? —inquirió Edward bufando. Bella asintió—. ¿Y yo no soy lindo?

—No.

—Ah, bien —asintió Edward evidentemente molesto con su respuesta. Bella sonrió divertida.

—Eres carismático.

Edward pronto se olvidó de su molestia y la miró de reojo con interés.

—¿Sí?

—Mhmm —murmuró Bella, antes de sonreírle—. Por cierto, creo que nos estamos llevando bastante bien. Sin peleas ni gritos… creo que nos hemos hecho buenos amigos.

—Sí, lo estamos haciendo muy bien con este compromiso falso. —asintió Edward entrecerrando ligeramente los ojos.

—Muy bien.

—Sí.

Bella no pudo aguantar más su mirada intensa y miró con nerviosismo el piso.

—No sé si te diste cuenta —comentó Edward con un suspiro—. Pero las cosas no van bien entre Emmett y Lauren. Por supuesto, él no la deja sola ni un segundo.

Bella se cruzó de brazos y asintió.

—Ya me encargaré de eso, no te preocupes. —Edward la miraba casi sin parpadear—. Cuanto antes pase todo, mucho mejor para ambos.

—Entonces, depende ti —afirmó Edward mirando hacia otro lado. La felicidad que al principio rodeaba a Bella se fue apagando lentamente, no entendía lo que estaba sintiendo, pero definitivamente no le gustaba—. ¿Quieres tomar algo?

—Me iré a la cama —negó suavemente, el brillo de sus ojos ahora opaco.

—Bien. —Bella lo miró rápidamente, antes de morderse el labio inferior con fuerza—. Por cierto, puedes estar tranquila… quiero decir, espero que duermas bien.

—Estoy muy tranquila, gracias. —Edward alzó las cejas en respuesta y asintió—. Buenas noches.

—Buenas noches.

Bella se alejó entrando a la habitación, y Edward suspiró antes de dirigirse a uno de los muebles que había en la terraza, se sentó y miró de reojo a Bella a lo lejos antes de negar suavemente, y encender la tableta que tenía frente a él, en la mesita de descanso. Era tarde, y sus ojos se sentían pesados debido a las actividades del día, se recostó en el sillón y Morfeo llegó sin siquiera darse cuenta.

Bella salió a la terraza con una cobija entre sus manos, su corazón de oprimió dentro de su pecho al ver aquella paz y tranquilidad reflejada en sus facciones que constantemente estaban fruncidas. Le encantaba verlo así. Lo cubrió con delicadeza y le quitó la tableta de las manos con cuidado de no despertarlo.

Sonrió suavemente antes de darse la vuelta y alejarse.

Edward también sonrió.

X – X – X

—¿Y bien? ¿Dónde está Emmett? —preguntó Edward mientras tomaba un sorbo de café.

—Está en el jardín —explicó Lauren rápidamente, ambos junto con Alice y Jasper se encontraban trabajando en una de las salas comunes que tenía el extenso hotel—. Es incómodo para él que nosotros estemos siempre juntos.

—Me di cuenta, pero tu solución al problema es excelente. Es cierto que contratarlo es una gran idea.

—No cambias en lo absoluto —masculló Lauren con molestia al detectar el sarcasmo en sus palabras—. Tu único problema es el trabajo, ¿verdad?

—¿Quieres hablar de algo que no sea el trabajo? —inquirió Edward con una ceja levantada—. Bien. Emmett no es el indicado para ti.

—¿Quién es para mí, Edward? —replicó Lauren, lejos de estar enfadada, ahora un sentimiento de melancolía la estaba carcomiendo—. ¿Tú?

—Si tú y yo pudiéramos hablar como personas civilizadas y en un ambiente tranquilo.

—Por favor, no interfieras en mi vida ni te metas en mi trabajo —susurró Lauren con firmeza.

—¿Estoy metiéndome en tu vida? ¿Eso hago? ¿En serio?

—Olvídalo ya, por favor. —tomó unos papeles frente a ella rápidamente y fingió leerlos mientras Edward la miraba con la mandíbula apretada.

—Estoy muy tensa —le dijo Alice a Jasper con angustia—. Llevamos meses trabajando en esto y ahora quizá no podamos concluirlo. Ya estoy cansada del estrés del trabajo.

Jasper suspiró y puso los ojos en blanco.

—Y yo ya he empezado a estresarme gracias a tu estrés. Y estoy cansado de eso. —Alice lo miró sin inmutarse—. Desde que hemos llegado aquí, no te has divertido ni sonreído en lo absoluto.

—Puedo divertirme —masculló Alice con firmeza cerrando la carpeta de golpe entre sus manos—. Y también puedo sonreír, y relajarme. Todos mis amigos saben eso.

—¿Todos tus amigos? —inquirió Jasper con confusión—. ¿Y por qué en todos estos años nunca he conocido a ninguno?

—Porque me relajo en sitios como este —explicó ella con rapidez—, por eso nunca los has visto.

—Entonces, cuando vienes a estos lugares más tranquilos… ¿Te vuelves más divertida? —preguntó él con complicidad—. ¿Y sonríes un poco más?

Alice sonrió y se sonrojó ligeramente.

—Sí, Jasper. Solo me ves en el trabajo… por eso nunca te has dado cuenta.

—Tal vez —murmuró Jasper sonriendo, la tensión entre ellos fue evidente y Alice se estremeció antes de seguir con el papeleo que tenía enfrente.

—Muy bien, chicos —exclamó Edward en voz alta—. Quiero que todo salga bien, ¿de acuerdo? Haremos la presentación en dos mesas separadas y vamos a conseguir ambas firmas.

—Sr. Edward —saludó el Sr. Yilmaz mientras se acercaba a ellos.

—Sr. Yilmaz. —Le dio la mano rápidamente—. Por favor, tome asiento.

Se habían separado en dos grupos, Lauren y Edward iban a dirigirse con el Sr. Yilmaz mientras que Alice y Jasper con la Sra. Damla.

—Hola, buenas tardes —saludó la Sra. Damla tomando asiento en los sillones contiguos a donde se encontraba su marido.

—Buenas tardes —respondieron Alice y Jasper con amabilidad.

—Ya le hemos enviado la presentación por correo. —empezó Jasper—. Ya la habrá mirado, ¿cierto?

—Su proyecto es muy bueno —asintió ella sonriendo—, pero no acaba de convencerme, Sr. Jasper. No puedo firmar. No puedo, y no lo haré.

La reunión que había empezado de una manera tensa, terminó de la misma forma. El matrimonio empezó a lanzarse indirectas mientras hablaban con sus respectivos grupos y al final terminaron en una discusión indirecta, y sin la firma de ninguno, puesto que ambos se negaban a trabajar juntos.

La reunión terminó y los cuatro se alejaron discretamente de la pareja para que pudieran continuar con su acalorada pelea.

—Hermano, ¿qué vamos a hacer? No quieren escuchar nuestras propuestas —susurró Jasper.

—Regresarán a Londres mañana por la noche —masculló Edward con frustración—. Si no resolvemos esto, nuestro proyecto habrá terminado. Además, si se divorcian, esto puede durar meses… no van a firmar.

—¿Quizá puedo hablar con la Sra. Damla? —sugirió Alice.

—No, ahora están muy enojados… —negó Jasper—. Hay que esperar a que se calmen un poco.

—De acuerdo, escuchen, voy a reservar una mesa para esta noche. Y voy a resolver esto. —concluyó Edward.

—Mira —susurró Jasper con picardía mirando a Alice—. Te pedí un coctel, dijiste que te encantaba relajarte en estos lugares.

—¿Lo has pedido para mí? —preguntó Alice sonriendo mientras el mesero le entregaba un enorme y frío coctel.

—Sí —asintió Jasper.

Lauren los miró con complicidad, mientras que Edward rodó los ojos con fastidio. Era demasiado obvio para ellos dos lo que estaba pasando frente a sus ojos, por supuesto, no lo era para Alice y Jasper.

X – X – X

Después de la fallida reunión, Edward continuó trabajando en uno de los bares del hotel, no había visto a Bella en todo el día mientras él estaba en la reunión, y como si mentalmente la hubiese llamado, la vio a los lejos caminar con esa seguridad y alegría tan característica de ella.

Durante el pequeño recorrido hacia donde él estaba, la escuchó saludar a tres personas distintas.

—Buenos días, Matt —saludó Bella con una sonrisa a uno de los meseros que iba pasando.

—Buenos días, Srta. Bella —respondió el joven. Edward rodó los ojos detrás de sus gafas oscuras.

—¡Hoy hace muchísimo calor! —exclamó ella quitándose las gafas al entra al bar.

—Sí —asintió el mesero.

—Hola a ti también —susurró Bella con una enorme sonrisa mientras se sentaba en la mesa donde Edward estaba trabajando.

—¿Matt? —inquirió Edward en respuesta. Bella lo miró confundida mirando a su alrededor—. ¿Quién es Matt?

—Trabaja aquí —explicó—. Nos conocimos ayer, es un chico muy simpático.

—Veo que te has adaptado muy rápido a este lugar. —comentó mientras se quitaba las gafas.

—¿Qué significa eso? —replicó Bella con el ceño fruncido—. Yo me adapto muy rápido en todas partes.

—Mhmm —asintió Edward tomando un sorbo de su vaso de agua con limón, desde que Bella le había enseñado a hacer eso, no se había detenido—. Creo que has estado muy distraída. Hablas con ese… hablas con aquel otro… y luego vienes a hablar conmigo. Siendo honesto, hablas demasiado.

—¿Y eso en qué te afecta? —lo retó Bella—. ¿Qué tengo que hacer? ¿Sentarme como tu aquí y trabajar todo el día? ¿No saludar a nadie? ¡Eres muy aburrido, Edward!

—Supongo que sí. —susurró Edward con un suspiro.

—¿Qué pasa ahora? ¿Qué pasa? —repitió Bella mirándolo fijamente—. ¿Por qué estás hablando conmigo y ni siquiera me miras a la cara?

Edward se mordió el interior de su mejilla antes de hacer contacto visual con Bella.

—¿Quieres que te recuerde algo? Eres mi prometida, ¿cierto? —Bella asintió conteniendo la risa—. Y nuestro principal objetivo es poner celosa a Lauren. ¿Es correcto?

—Mmjm.

Ambos se miraron por un tenso momento.

—Entonces no lo olvides —concluyó Edward.

—Haces esto porque me he alejado de ti durante cinco minutos.

—Exacto.

—Entonces no me voy a alejar de ti ni un momento. Estaré junto a ti en todo momento, y actuaré todo el tiempo como si estuviera enamorada de ti. ¿Eso es lo que quieres?

—Sí —replicó él en tono hosco.

—Eso es lo más difícil, fingir que estoy enamorada de ti. —Edward la miró sin replicar—. Ni siquiera me dejas respirar durante dos minutos. A veces… quisiera desaparecer. —Bella suspiró antes de calmarse—. Mejor dime de qué hablaste con Lauren. ¿No pudiste convencerla para que dejara a Emmett?

—¿Sabes hablar inglés? —preguntó Edward extendiendo una carpeta hacia ella.

—Sí. ¿Por qué?

—Bien, traduce esto al inglés, por favor.

—Bien —masculló. Bella suspiró y rodó los ojos, tomó la carpeta que Edward le ofreció y se levantó de la mesa. Decidió sentarse en la barra del bar, alejándose lo más posible de él.

Ella estaba entretenida leyendo los documentos y traduciendo, cuando una señora se sentó a su lado.

—Hola —saludó Bella en respuesta con una sonrisa.

—Mi nombre es Damla —le dijo la señora amablemente, mientras se quitaba las gafas.

—Bella, mucho gusto.

—¿Puedes mirar a la persona detrás de mí y decirme si me está mirando? —preguntó Damla señalando discretamente hacia la mesa donde ahora Edward se encontraba hablando con el Sr. Yilmaz.

—¿Cuál? —preguntó mirando alrededor.

—El de cabello blanco y camisa azul —aclaró.

—Si —susurró Bella mirando hacia el señor sentado frente a Edward—está mirando. ¿Quién es él?

—Mi esposo, y si Dios quiere pronto mi será ex esposo. El divorcio es la próxima semana —explicó.

Bella entreabrió los labios sorprendida y volvió a echar un vistazo hacia él.

—La sigue mirando. ¿Qué debo hacer? —Bella se levantó de su asiento—. Si quiere me paro frente a usted y la tapo.

—Oh, no, no —negó con una sonrisa—. Déjalo, que mire y se vuelva loco. Que la rabia le corroa por dentro.

Bella la miró con diversión y complicidad.

—Parece que sigue enamorada —murmuró.

—Podría ser, pero, ¿cuánto se puede amar a una maquina?

—¿Una maquina? —inquirió Bella con sorpresa.

—Sí, es un hombre que no piensa en nada más que en el trabajo. —Bella miró casi involuntariamente hacia Edward—. Pasé veinticinco años así, y apenas nos veíamos.

—La entiendo tan bien —asintió Bella con ímpetu.

—¿En serio?

—Sí, porque frente a su futuro ex esposo, está sentado mi prometido.

La Sra. Damla se giró sorprendida y los observó a lo lejos, ambos hombres las miraban con recelo antes sus miradas que echaban chispa hacia su dirección. Edward suspiró y apretó la mandíbula cuando, por la postura de ambas, se dio cuenta que estaban hablando de él.

—Es un robot muy dulce —añadió Bella con una sonrisa. La Sra. Damla se rio con diversión.

—Durante veinticinco años no me alejé de Damla ni un solo día —le comentó el Sr. Yilmaz a Edward, quien se rio discretamente y miró de reojo a Bella—. Siempre hemos hecho lo que ella quería, hacia donde sople el viento —susurró el Sr. Yilmaz imitando la voz de su esposa—. Una persona debería al menos pensar en las consecuencias.

Edward asintió en respuesta.

—Lo entiendo muy bien.

Ambos volvieron a mirar hacia ellas, que claramente estaban en una acalorada e interesante conversación de comunes acuerdos.

—No entiendo como he aguantado estos veinticinco años —suspiró el Sr. Yilmaz.

—Yo tampoco sé si lo aguantaré —suspiró Edward mirando de reojo a Bella—. Un día ella realmente me volverá loco.

Bella sintió la mirada de Edward sobre ella y se giró, dándole una radiante sonrisa. Edward le sonrió en respuesta.

—Así es el amor —asintió el Sr. Yilmaz, Edward lo miró confundido y con una cara casi de horror.

—¿Amor? —negó suavemente—. Esa palabra no me resulta conocida.

—Si tus ojos la buscan constantemente, si aún no te has rendido con ella, a pesar de toda su imprudencia… si te sigue fascinando día a día, entonces es amor.

Edward se mordió el interior de la mejilla y miró a lo lejos a Bella, quién sonreía y se reía abiertamente de algo que le dijo la Sra. Damla.

—Como le dije, esa palabra no está en mi diccionario —carraspeó Edward incomodo.

—¿Tiene un anillo de compromiso en el dedo? —preguntó con curiosidad—. ¿O se casa por compromiso?

Edward empezó a reírse con nerviosismo y miró volvió a dirigir su mirada hacia Bella.

—Sí, algo parecido —asintió. El Sr. Yilmaz lo miró con complicidad y asintió—. , ¿qué le parece si cenamos todos juntos esta noche? Su esposa, mi prometida y así la puede conocer… de hecho ella ahora mismo está sentada en la barra a lado de su esposa. —comentó Edward señalando discretamente hacia ellas—. Quizá solucionemos lo de las firmas.

—Claro, quiero que el proyecto siga adelante. Por supuesto cenaremos juntos, si es que puede convencer a Damla, claro está.

—¿Lo has visto? —Inquirió la Sra. Damla, bufando—. ¿Has visto como me mira?

—Creo que piensa que mirándola así se la va a asustar —se burló Bella—. ¿Pero nos vamos a asustar? Por supuesto que no.

—Tenemos que firmar algo, y como le he dicho que no puedo estar en el mismo lugar que él, no he firmado… se está volviendo loco. Le huyo todo el tiempo.

—¿Por qué está huyendo? —inquirió Bella sorprendida—. No lo haga. Cuando él se siente y la mire de forma desafiante, usted se sienta y hace lo mismo. Es lo que hago yo siempre —explicó Bella mirando fijamente a Edward—, y si él me desafía con la mirada, pues yo hago lo mismo.

—Tienes razón, me sentaré en la misma mesa que él y lo miraré desafiante. Bien.

Ambas mujeres se giraron al mismo tiempo y miraron hacia ellos con los ojos ligeramente entrecerrados y una postura retadora. Ambos hombres carraspearon incomodos y desviaron la mirada.

—Creo que funciona—susurró Bella.

—Yo también.

X – X – X

Es así como más tarde, ese mismo día, los cuatro terminaron sentados en una misma mesa en uno de los tantos restaurantes del hotel, este se encontraba cerca del mar con una vista preciosa y extensa del agua azul interminable.

—Venimos aquí todos los años, la primera vez fue hace veinticinco años —comentó el Sr. Yilmaz sonriendo.

—Hermoso. —dijo Edward.

—¡Qué maravilloso! —asintió Bella mirando asombrada el paisaje y suspiró con añoranza—. En el coche iba mirando el mar y he pensado que ojalá alguien me tomara de la mano y me llevara a navegar el barco por el mundo.

—¿Y quién sería ese alguien? —cuestionó Edward entrecerrando ligeramente los ojos y mirando con interés a Bella.

El Sr. Yilmaz y la Sra. Damla los miraron con curiosidad. Bella sin embargo lo miró confundida.

—Es solo un decir. —replicó.

Ah, qué pena que el barco no haya llegado —dijo Edward fingiendo mirar una mancha en el mantel. Bella rodó los ojos.

—Hace veinticinco años me enamoré de este señor a mi lado —comentó la Sra. Damla—, pero resulta que él seguía detrás de su ex novia.

Bella abrió la boca con sorpresa y miró a la pareja frente a ella.

—¿Usted iba detrás de su ex? —preguntó Bella mirando al Sr. Yilmaz antes de enfocar sus ojos en Edward, levantó una ceja con diversión—. No me lo puedo creer.

—Guau —asintió Edward riendo quedamente antes de negar.

—¿Por qué sacas ahora este tema? —preguntó el Sr. Yilmaz con bochorno—. Ya da igual, si de todas formas te quieres divorciar.

El Sr. Yilmaz miró a Edward en busca de apoyo, y él asintió antes de carraspear.

—Sra. Damla, lo siento, pero iré directo al grano, ya sabe que en Londres discutimos el proyecto a gran detalle. Así que, por favor, es necesario que firme los documentos para poder empezar con el proyecto.

—No quiero firmar. No quiero tener ninguna conexión con esta persona —masculló molesta—. Estuve veinticinco años rogando por un poco de amor, ya es suficiente.

Bella asintió en compresión mientras Edward suspiraba con frustración.

—Por supuesto, solamente tu luchaste en esta relación, ¿no es así, Damla? Bravo —asintió el Sr. Yilmaz.

—Muy bien, creo que ya es suficiente —intervino Bella mirándolos—. Veinticinco años son mucho y en algunas relaciones, las mujeres se esfuerzan más y esa es la verdad.

—Lo siento, Sra. Damla —interrumpió Edward—, pero el Sr. Yilmaz también pasó veinticinco años intentando… bueno… no me salen las cuentas.

—¿Qué cuentas? —inquirió Bella frunciendo el ceño—, el amor no se mide por eso, ¿comprendes?

—Muy bien dicho, Bella —asintió la Sra. Damla—. ¡¿Por qué sufrimos por estos hombres?!

—No pregunte —respondió Bella.

Edward las miró asombrado y compartió una mirada de simpatía con el Sr. Yilmaz.

—Voy a pedir un postre, se me ha antojado algo dulce —dijo la Sra. Damla.

—¡Ay, a mí también! —chilló Bella con una sonrisa—. ¿Pedimos algo que lleve fresas?

—Por supuesto, me encantan.

—A Edward también le encantan las fresas —comentó Bella, y Edward le respondió con una sonrisa tensa.

—¿La Srta. Lauren no se va a unir a nuestra cena? —preguntó el Sr. Yilmaz con curiosidad—. Como ella es la que organizó nuestra visita aquí, y necesitamos agradecerle, ¿no creen?

A Bella se le borró la sonrisa del rostro y aunque intentó controlarse, no pudo evitar rodar con discreción los ojos.

—¿Quién es Lauren? —preguntó la Sra. Damla confundida.

¿Quién es Lauren? —inquirió Bella mirando a Edward de reojo—. La Srta. Lauren es la ex novia de Edward. Y, además, su nuevo prometido, trabaja con ella.

—¡Cómo nosotros! —exclamó la Sra. Damla sorprendida—. Es como nuestra historia.

Edward frunció ligeramente el ceño, pero asintió en reconocimiento.

—El hotel es muy hermoso, de verdad —comentó el Sr. Yilmaz—, es magnífico.

—Sí, muy hermoso, la vista es maravillosa —asintió Bella—. Pero hay un espacio en la terraza de la azotea que está muy mal arreglado, yo lo habría dejado precioso en una semana —añadió con una enorme sonrisa.

—¡Oh! ¿Eres arquitecta paisajista, Bella? ¡Qué increíble! —la Sra. Damla le sonrió con emoción. A Bella, sin embargo, se le borró un poco la sonrisa.

—Bueno, no realmente… aún no me he graduado —susurró con pesar.

—¿Por qué?

—Está acabando el último año —intervino rápidamente Edward, Bella lo miró con fastidio—, se va graduar dentro de un par de meses, y además es la primera del grupo, porque tiene un talento extraordinario. —recalcó Edward con vehemencia, Bella le sonrió con aprecio.

—Que maravilloso, ¿están trabajando juntos? —preguntó con interés la Sra. Damla y suspiró—. Ah, justo como nosotros. Míranos, nos estamos divorciando y seguimos hablando del trabajo. ¿Y por qué? Pues porque es un adicto al trabajo, sin sentimiento… es una máquina de trabajo.

Edward trató de fingir que no había escuchado antes casi las mismas palabras, pero provenientes de Bella.

—¿Y tú qué? Siempre tomas decisiones imprudentes y después te arrepientes de ellas, haces las cosas sin pensar y haces todo tipo de locuras. —replicó el Sr. Yilmaz.

Bella lo miró con cara de póquer y lentamente observó a Edward, los pensamientos de ambos sin duda estaban convergiendo al mismo punto, pero ninguno de los dos se atrevió a comentar algo.

—Entonces estoy loca, ¿eh? ¡Bien, no firmaré nada! Te transfiero todos mis derechos. ¡Y no quiero ni un centavo! ¿De acuerdo? ¡Haz lo que quieras! —masculló enfadada mientras tomaba su bolso—. El proyecto es del Sr. Yilmaz, ¿bien? ¡Me voy!

—Damla… Damla… ¿Puedes esperar? Espera un momento, por favor.

—En ese caso… usted puede firmar, Sr. Yilmaz —comentó Edward aprovechando el momento.

—No pienso aceptarlo, le cedo el proyecto a ella. Ya hablaremos más tarde —concluyó el Sr. Yilmaz antes de que Edward pudiera objetar, se levantó de su asiento y siguió a su esposa.

—¡No hagas esto! ¡No lo hagas! —susurró Edward en voz baja, Bella los miró a lo lejos casi divertida con la situación, hasta que no pudo ignorar al elefante en la habitación.

—¿Lo notaste? —le preguntó a Edward

—¿Hmm?

—Se parecen mucho a nosotros.

—Sí, si nos casamos por error… —Edward se rio quedamente—, esta sería nuestra relación en veinticinco años.

Bella asintió.

—No se llevan muy bien —comentó—. ¿Por qué se casarían?

—Desafortunadamente, eso sucede muy a menudo actualmente.

—Mmhm…

Bella suspiró y miró de reojo a Edward por un segundo, antes que algo le llamara la atención más allá, y miró sorprendida a la supuesta futura pareja divorciada, que ahora se encontraban abrazados y sonriendo felices.

—¿Sr. Edward? —exclamó la Sra. Damla entre risas. Edward se giró y los miró con asombro—. Hemos hecho las paces, firmaremos mañana.

Edward asintió sonriendo estupefacto.

—Genial, muy bien…

La pareja se alejó de ellos entre abrazos y pequeñas risas, Edward aún estaba bastante confundido y miró a Bella de la misma manera.

—¿Qué ha pasado? —inquirió él.

—Ya tienes tus firmas —susurró Bella sonriendo abiertamente.

—Eso parece —asintió sonriendo de la misma manera y se levantó—. Me sentaré frente a ti. —tomó el asiento que antes había ocupado la Sra. Damla y observó a Bella con complicidad—. Muy bien, Bella Swan.

Ella le sonrió, sus ojos brillantes a la luz del sol ocultándose lentamente.

—¿Qué te pasa? —susurró Edward mirándola fijamente—. Vamos, dime.

—Te lo diré, Edward Cullen—los ojos de él brillaron con satisfacción.

X – X – X

¡Era de noche! ¡De noche en Antalya!

Y para la gran y enorme decepción de Bella, estaban metidos en su habitación, Edward trabajando como un obseso y ella aburrida mirándolo de lejos, Bella se imaginaria haciendo algo completamente diferente en una de las regiones más hermosas de Turquía, en una noche tan preciosa… y, sin embargo, estaba en pijamas y más aburrida que una ostra.

Se acercó lentamente detrás de Edward, que no se inmuto ante el sonido exagerado de sus pasos, Bella suspiró con fuerza muchas veces tratado de llamar su atención. ¿Es que no se daba cuenta lo aburrida que ella estaba?

Edward estaba seguro que ella acabaría haciendo un hueco en el piso si seguía merodeando detrás de él.

—¿Me estás espiando? —preguntó finalmente, mientras se masajeaba las sienes.

—No —tarareo Bella rápidamente—. ¿Nunca te cansas de trabajar?

—He terminado por ahora —suspiró Edward mientras apagaba su tableta.

Bella lo estaba observando con anhelo mientras él se dirigía al interior del vestidor, eso fue hasta que lo vio salir con una mochila, binoculares y termo entre las manos. Bella jadeó.

—¡Oh! ¿A dónde vas? —chilló emocionada acercándose él.

—A un lugar especial —respondió sin mirarle mientras ordenaba las cosas en su mochila. Bella tomó los binoculares con emoción y lo observó a través de ellos.

—¿Puedo ir contigo? —preguntó emocionada.

—No, no puedes. —le quitó los binoculares y los guardó en su mochila. A Bella se le borró la sonrisa.

—¿No estarás solo?

—Claro que sí.

Bella lo rodeo lentamente y lo miró con cara de póquer.

—¿Vas a volver muy tarde?

—Sí.

—¿Puedes decirme a dónde vas? —inquirió con curiosidad, intentando que Edward la mirara a la cara.

—No.

—¿Por qué? —replicó rápidamente, inclinándose para él pudiera verla a la cara.

—No me puedes preguntar "por qué", y ya has comenzado a hacer demasiadas preguntas nuevamente.

Bella hizo un suave puchero, con los ojos brillosos y suplicantes, se sentó en la cama frente a él y lo miró desde abajo.

—Vamos, déjame ir contigo, por favor —susurró mirándolo a través de sus largas y espesas pestañas.

—Ya te dije que no puedes venir —replicó Edward, cerrando su mochila y mirándola fijamente.

—Pero voy a estar muy aburrida y sola en esta habitación —se quejó.

Edward rozó su cuerpo ligeramente con el de ella al inclinarse sobre la cama y agarrar el termo para meterlo en la mochila.

—No puedes ir porque te vas a cansar.

—No me voy a cansar, yo nunca me canso —dijo Bella rápidamente.

—De hecho, tienes razón —asintió Edward con un suspiro, ella lo miró con ilusión y una sonrisa extendiéndose por su rostro—. No te cansas nunca, y por desgracia tampoco te cansas de hablar.

—Bueno, está bien, no iré.

—Es que no te dije que vinieras.

Edward apretó los dientes para no sonreír con diversión al verla hacer pucheros cual niña pequeña, su labio inferior sobresalía ligeramente y sus ojos no lo voltearon a ver mientras murmuraba.

—Bueno, está bien, no iré… ya no quiero ir, incluso si me dices "vamos" no iría, porque ya no quiero.

—No lo haré.

Bella decidió jugar su última carta, le dio esa mirada… aquella mirada que usualmente le daba a Edward y que había descubierto que lo hacía desistir de sus decisiones y al final, terminaba complaciéndola. Edward sabía que lo haría, lo sabía porque la conocía y se conocía a sí mismo.

Simplemente ya no podía negarle nada, no era capaz.

—Muy bien, vamos.

Bella chilló con alegría y dio brincos por toda la habitación, aunque Edward trató de no sonreír, por supuesto terminó cediendo.

—Vamos, antes de que me arrepienta. —susurró Edward—. Ve a cambiarte.

—¡Sí! —asintió Bella con una enorme sonrisa.

Sin duda, les esperaba una excursión interesante. Edward no estaba acostumbrado a compartir estos momentos con otras personas, sin embargo, descubrió que no le molestaba en absoluto incluir a Bella en sus planes.


Merhaba!

¿Les parece a ustedes que la Sra. Damla y el Sr. Yilmaz son el reflejo del futuro de Edward y Bella? ¡Respondan en comentarios!

El capitulo del próximo jueves será demasiado especial, ya se los digo. Demasiado.

Cualquier duda que tengan no tengan pena en mandarme un mensaje, que con gusto les responderé. Nos vemos la próxima semanita.

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görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.