Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
Capítulo 17.
—Me alegro que hayas insistido —canturreó Bella mientras caminaba detrás de Edward.
—No insistí— replicó él secamente.
—Claro que sí, lo vi en tus ojos. Realmente querías que viniera —Bella no podía dejar de sonreírle, sus pequeños hoyuelos acentuándose en sus mejillas.
—No quería.
Bella jadeó y miró boquiabierta al lugar al que habían llegado, sus ojos se abrieron de par en par observando las imponentes columnas de mármol que se erguían frente a ellos.
—¡Es el Templo de Apolo! —chilló Bella recuperando su voz. Edward asintió lentamente en respuesta —¡Siempre he soñado con venir aquí! ¿Este era el sitio especial al que ibas a venir?
—Sí.
Bella sonrió maravillada ante las columnas de mármol que aun seguían de pie casi intactas a diferencia del resto de las ruinas a su alrededor, dejaron sus mochilas a un lado y se sentaron en el suelo. La noche era fresca y el cielo estaba tan despejado que parecía que una manta de estrellas los había arropado.
—Fue construido sobre el lugar donde había caído un meteorito hace unos dos mil quinientos años —comentó Edward mientras admiraban las estructuras—. La gente consideraba que este lugar era el centro del mundo.
—¿Entonces ahora estamos en el centro del mundo? —inquirió Bella suavemente. Edward sonrió antes de reír quedamente.
—Bueno, sí —asintió.
—¿Por qué querías venir aquí? —ella lo miró con curiosidad antes de que él suspirara.
—Es una maravilla arquitectónica… y nunca llegaron a terminarlo, como puedes ver. Y Apolo, también era el Dios del Sol y del Arte; al mismo tiempo, también una especie de profeta, siempre pidió hacer todo a su tiempo.
—¿Cómo tu? —replicó Bella, Edward bufó negando suavemente—. Planeas constantemente el futuro, pero nunca vives el presente. Piénsalo... Espera, ¿no fue por esto que Apolo renunció a su amor?
—¿De dónde sacas eso? —Edward la miró, confundido.
—Ah, evidentemente, esta parte a ti no te interesa —susurró Bella, rodando suavemente los ojos. Por supuesto, ella no sabía que cualquier cosa que saliera de sus labios a Edward le interesaba mucho.
—Muy bien, entonces cuéntame —susurró, mirándola fijamente.
—¿Te lo digo? —replico ella, juguetonamente.
—Dime. —sus ojos verdes brillaron.
Bella sonrió satisfecha y miró hacia la estructura frente a ella.
—Se dice que Apolo conoció a una mujer de belleza sobrenatural que estaba cerca del río, y se enamoró de ella. —él asintió mirándola fijamente mientras Bella sonreía al contar la historia—. Le dijo a la mujer: Dime tu nombre, princesa.
Inevitablemente, los recuerdos de Edward conociendo por primera vez a Bella lo azotaron con fuerza. Aquel primer encuentro en el que ella se negó a decirle su nombre, y él había quedado tan maravillado por su belleza y la fiereza de su mirada.
—Entonces la mujer le dijo: No soy una princesa, solo soy una persona normal. —continuó Bella—. Apolo se quedó totalmente hipnotizado, así que decidió casarse con ella, e intentó persuadirla… lo intentó tanto… que al final, ella accedió. Pero en el último momento, Apolo recordó que él era inmortal.
Edward rió sin poder evitarlo.
—¿Y entonces? —inquirió aun sonriendo.
—Se dio cuenta de que la mujer iba a envejecer y dejar este mundo. Él, siendo consciente de esto, y para no rechazarla, se fue diciéndole: Espérame, volveré algún día. —Bella se encogió de hombros con tristeza—. La mujer espero… espero… y espero… Ella nunca perdió la esperanza de su regreso. Pero al final, de tanto esperar, se convirtió en una flor mirando al cielo…
—Se arriesgó a que el Dios del Sol la quemara —susurró Edward. Bella asintió.
—¿No está muy silencioso aquí? —Preguntó Bella después de un momento—. Es increíble. Pareciera como si solo tú y yo estuviéramos en el mundo.
—Sí —asintió Edward.
Bella lo miró de reojo, su piel se calentó lentamente y una calidez le abrazó el corazón cuando lo vio sonreír casi genuinamente.
—Dime, Bella Swan —dijo Edward con un suave suspiro—. ¿Estás lista para contemplar la vista más hermosa del planeta?
—¡Sí! —asintió rápidamente con una sonrisa. Por supuesto, lo que Edward no sabía es que en realidad Bella ya estaba contemplando la vista más hermosa para ella.
—¿Sí? —ella volvió a asentir emocionada y Edward la miró con los ojos brillando de alegría—. ¿Quieres café?
—Por supuesto.
—¿Quieres la taza azul o la roja? —Bella sonrió mientras tomaba el termo en sus manos—. Creo que la azul es para ti. Eres azul.
—Azul. —asintió Bella, sonriendo mientras llenaba las tazas.
—En uno instantes… —Edward observó su reloj de muñeca—. No, ahora mismo… va a empezar la lluvia de estrellas.
Ambos miraron el cielo despejado.
—¿Pides deseos cuando cae una estrella? —preguntó Bella.
—No —negó con el ceño fruncido—. ¿Y tú?
Bella jadeó emocionada cuando vio caer la primera estrella y cerró los ojos rápidamente.
—¡Cállate, cállate! —susurró, tocando ligeramente su brazo.
Edward la miró sonriendo antes de negar con la cabeza, y mirar la taza entre sus manos.
—Esta noche, todos tus deseos se harán realidad. —susurró.
Bella le sonrió y asintió en respuesta.
—¡Ya empezó! —chilló emocionada.
El cielo comenzó a iluminarse con pequeños destellos fugaces de aquellas estrellas cayendo rápidamente una tras otras. Debajo del inmenso cielo en un pequeño Templo se encontraban ambos admirando la hermosa vista.
—Son muchas, ¿verdad? —preguntó Bella apenas conteniendo la emoción burbujeante.
—Sí. Mira… esa de ahí —susurró Edward señalando un punto en el cielo.
—Pide un deseo. —exigió Bella mirándolo fijamente. Edward suspiró sin replicar—. ¡Pídelo! ¡Y pide un deseo por esa estrella, y por esa, y por aquella!
—Mira, hay estrellas en todas partes —murmuró Edward señalando el cielo.
—Silencio… estoy pidiendo un deseo —replicó suavemente Bella con los ojos cerrados. Edward no pudo hacer más que reír con diversión.
Cuando abrió los ojos, lo primero que observó fue a Edward. Él se dio cuando que ante el inmenso cielo lleno de estrellas… ella era la más hermosa.
—¿Dónde está Sirius? —preguntó Bella con curiosidad, mirando el amplio mar de estrellas—. ¿Por dónde?
—Ahora será un poco difícil de encontrar —susurró Edward.
—Seguro que sí puedes —suplicó Bella, mirándolo con un puchero.
—Ya veremos… —susurró mientras su mirada navegaba por el cielo, ella esperó pacientemente—. Ah, mira ¿ves allí? ¿esa estrella? —señaló.
—¿La que brilla mucho? —inquirió Bella siguiendo el transcurso de su mano.
—Exactamente, es Sirius —asintió Edward—. Cuando encontré a Sirius por primera vez, lo llevaban a peleas, estaba cubierto de sangre y malherido… lo habían destrozado —su mirada brillante se ensombreció por un momento—. Pasé días limpiándole las heridas, cambiándole los vendajes. De alguna manera le devolví la vida, por eso solo confía en mí.
Bella sonrió con tristeza al escucharlo, se acercó más a él y lo miró de frente.
—Ange y yo somos amigas de la infancia… No sabía decir Bella, así que solo me decía "Bells, Bells, Bells" era muy gracioso.
—Por eso te llama así. —Bella asintió—. Me gusta. Ella es una persona muy dulce.
—Todas lo son.
—Tienes suerte —susurró Edward con una pequeña sonrisa—. ¿Y entonces? ¿Qué piensas hacer después de graduarte?
—Definitivamente iré a Italia —murmuró Bella después de pensarlo un momento—. Me convertiré en una arquitecta paisajista de renombre mundial.
Edward intentó sonreírle, estaba orgulloso de ella y sus planes… pero algo dentro de él no se sentía del todo bien, algo le dolía y no sabía qué era.
—Quizás algún día nos encontremos en uno de los jardines que haré —susurró Bella con una pequeña sonrisa.
—Sí —suspiró Edward sacudiéndose el malestar—, con mucho gusto caminaré por cualquier jardín diseñado por ti.
Ambos se quedaron atrapados en sus miradas por un pequeño momento antes de que Bella le tocara emocionada el brazo.
—¡Mira, una estrella! ¡Pide un deseo! —insistió firmemente—. ¡Pídelo!
Edward inhaló suavemente antes de asentir.
—Ya lo pedí.
—¿Qué pediste? —preguntó Bella rápidamente.
—Pedí algo maravilloso.
A Bella se le borró lentamente la sonrisa y lo miró fijamente. Dentro de su inmensa mente, ella solo podía pensar que quizá él había pedido finalmente que Lauren regresara a su vida… sin embargo, no podía estar más alejada de la realidad.
—Quiero ver el amanecer en otro sitio —anunció Edward—. Vamos.
—¿Vamos a otro lado? —chilló Bella emocionada olvidándose de sus tristes pensamientos.
—Así es —asintió Edward mientras guardaba en su mochila las tazas.
—¡Que noche tan hermosa!
Bella se levantó rápidamente colocándose su propia mochila sobre los hombros y sacudiéndose el polvo de su short de mezclilla.
—Vámonos. —susurró Edward.
—¿Crees que pedí suficientes deseos? —preguntó Bella mirando el cielo mientras se alejaban del templo.
—Aún tienes tiempo.
—Está bien, pero si pido el mismo deseo con cada estrella que cae, ¿se hará realidad?
—En mi opinión, no deberías desperdiciar deseos.
—¿Pido algo diferente en cada deseo?
—La variedad es buena —asintió Edward.
X – X – X
—Todavía me duele la mandíbula. ¡Creo que no había hablado tanto en toda mi vida! —comentó Bella mientras seguía a Edward.
—¿Tú?
—Sí, yo.
—Yo tampoco había hablado tanto como esta noche, ni siquiera me di cuenta que había amanecido —dijo Edward bajando unos escalones rústicos.
— ¡Si cierro los ojos, aun puedo ver las estrellas! —chilló Bella quedándose un poco atrás—. En mi opinión, fue la noche más hermosa de mi vida.
—Bella, tenemos que darnos prisa. —masculló.
—Edward… —dijo Bella con reproche.
—¿Dime?
—Mira, no seas tan duro conmigo...
—¿A qué viene eso ahora?
—Tan pronto como tú y yo nos acercamos así, empieza a actuar de manera grosera.
—Bueno, intentaré no hacerlo —asintió Edward.
Edward se detuvo a esperar a Bella y ella se acercó a él mirándolo con seriedad, y una pizca de súplica en sus ojos.
—Lo digo en serio —susurró Bella—. Sé que dijiste que no cruzara la línea y me mantuviera alejada, por eso lo digo. Después de todo, tú y yo estamos fingiendo estar comprometidos. Es decir, pasamos mucho tiempo juntos últimamente, es normal que acabemos compartiendo cosas, pero cuando eres grosero conmigo, me siento mal y tienes que entenderlo.
Edward la observó y no logró entender como una persona puede hablar tanto sin siquiera detenerse a respirar.
—Bella…
—¿Qué?
—Shhh —susurró colocando los dedos contra sus labios—. Escucha.
—¿Qué es ese sonido? —susurró ella finalmente prestando atención a su alrededor.
Lo primero que escuchó fue el sonido de la naturaleza respirando, los pajaritos cantando y a lo lejos se escuchó el ruido de una cascada de agua. Ella jadeo emocionada cuando siguió el sonido y vio ante ella un enorme lago con el agua más clara y azul que había visto jamás.
—¡Este sitio es hermoso! —chilló boquiabierta y Edward la miró sonriendo—. ¿Por qué no me habías dicho que veníamos aquí? ¡Por favor, vamos a bañarnos un rato! ¡Te prometo que no llegaremos tarde, solo un rato! ¡Por favor! —suplicó juntando sus manos frente a él y lo observó a través de sus pestañas.
Edward suspiró y miró del lago a ella dos veces antes de sonreír y asentir.
—Vamos.
Edward la ayudó mientras bajaban al lago, caminando entre las piedras resbalosas buscando un lugar seguro donde poder entrar. Dejaron sus mochilas a un costado y bajaron entre las rocas tocando el agua cálida y cristalina.
—Camina sobre esas piedras, y ahí puedes saltar —indicó Edward señalándole el camino más seguro mientras se quitaba la playera, dejándose los jeans puestos.
Bella saltó al lago con un chillido de felicidad, cuando emergió vio a Edward saltando detrás de ella.
—¡Está increíble, Edward! —le dijo emocionada.
—¿Cuánto puedes aguantar sin respirar debajo del agua, Bella Swan? —inquirió Edward juguetonamente.
—¿Estás retándome otra vez?
—Podría ser.
Bella se rio y se sumergieron en lo profundo del lago, podía verlo perfectamente debajo del agua, sus fuertes músculos contrayéndose ante cada braceo que daba. Ambos emergieron casi al mismo tiempo.
—¿Quieres ir donde cae la cascada? —le preguntó Edward.
—¡Sí! —asintió Bella sin dudarlo.
Nadaron hacia la pared de piedras donde el pequeño río de agua que caía directamente sobre el lago, alimentándolo. Edward le ayudó a Bella a pararse sobre las rocas, ella se tambaleo ligeramente haciendo que él colocara rápidamente sus manos sobre su cintura equilibrándola.
—Gracias —susurró Bella sonrojada—. Es hermoso.
—Sí, lo es —afirmó mirándola fijamente.
Se colocaron bajo la pequeña cascada empapando sus cuerpos de agua, Edward no la soltó en ningún momento mientras ella agarraba sus bíceps con firmeza.
—No te preocupes, no te dejaré caer —le susurró Edward suavemente, sus cuerpos estaban tan juntos que él podía sentir el subir y bajar de su pecho contra el suyo.
—Lo sé.
Bella le sonrió antes de alejarse de él y saltar hacia la profundidad del lago. Edward se quedó un momento parado sobre las rocas observando su delicada figura nadar libremente, admirando la fuerza de su pequeño cuerpo y sonrió antes de lanzarse al agua.
Bella estaba sorprendida de lo juguetón que estaba siendo él con ella, de los toques traviesos que le daba bajo el agua y de cómo la seguía, como si hubiera un campo de atracción entre ellos, y se encontró disfrutando de cada momento hasta que finalmente, salieron del agua aún tomados de la mano, él nunca la soltó y ella se aferró a él tanto como pudo.
X – X – X
Atravesaron las puertas del hotel sintiéndose relajados y tranquilos, sus rostros adornados con una suave sonrisa.
—Edward —masculló Alice acercándose rápidamente a ellos, como si ya lo estuviera esperando—. ¿Dónde estabas? Tienes la entrega de premios, la firma, el equipo… todos estamos esperándote.
Bella rodó los ojos y se tensó.
—¿Todo está listo? —inquirió Edward.
—Por supuesto.
—Bueno, entonces estamos hablando en vano, Alice. Ahora voy.
Alice apretó los labios con fuerza antes de asentir y alejarse de ellos enfadada, no sin antes mirar a Bella despectivamente y con furia.
—Ha sido culpa mía, lo siento —susurró Bella sintiéndose cohibida. Edward negó.
—La culpa ha sido mía por llevarte.
Bella suspiró y asintió.
—Nuestro último día —susurró mirándolo de reojo.
—Sí. Solo queda una cosa por hacer.
—La entrega de premios y la firma. —afirmó Bella.
—No, quiero hacerle una pregunta a Lauren, eso es todo —Bella lo miro sin inmutarse—. Pero tengo que estar a solas con ella. Cinco minutos serán suficientes.
Bella fingió una sonrisa y se rio.
—¿Crees que vas a convencerla en solo cinco minutos?
—Mhmm. Si logro estar a solas con ella sé que puedo hacer que cambie de idea sobre Emmett.
—Pero Emmett es inteligente —Bella se encogió de hombros—. No la deja sola ni un minuto. Lauren es una mujer muy afortunada.
Edward la miró fijamente sin decir una sola palabra, antes de suspirar.
—Sí… ¿Pero me vas ayudar, cierto? —Bella lo miró sin comprender—. Vas a mantener alejado a Emmett, haz un escándalo si es necesario.
—Claro, por supuesto. Haré un escándalo solo para ayudarte. Tu tranquilo. —la sonrisa que le dio no llegó a sus ojos.
—Gracias.
Ambos se dirigieron a la habitación para prepararse, mientras Bella se duchaba Edward esperó afuera y después que ella salió él entró a tomar la ducha. Bella eligió un mini vestido asimétrico de encaje, color rojo pasión sin tirantes y con escote de corazón.
Mientras se maquillaba ligeramente el rostro decidió hacerle una video llamada a su tía, quien se encontraba con Ange y Leah.
—¡Vaya! —Exclamó Bella cuando se enteró que iban a ir a visitar a su suegra falsa—. ¿Se han arreglado tanto para ver a la Sra. Esme?
—No nos hemos hecho nada, solo aprovechamos tu ausencia para ponernos elegantes —explicó Maggie sonriendo.
—Dinos cual de la tres se ve mejor —dijo Leah.
—Olvídate de eso —comentó Ange sonriendo—. Mejor cuéntanos como están las cosas en Antalya.
Bella se estaba aplicando un poco de polvo compacto con una brocha, cuando, a través del espejo del tocador, vio a Edward sin camisa aplicándose loción; sintió que el tiempo a su alrededor se congeló y miró boquiabierta su pecho escultural y definido.
—¿Bells? ¿Bells? —inquirió Ange mirándola confundida a través de la pantalla—. Te he preguntado que como están las cosas.
Bella, sin embargo, seguía perdidamente atrapada en la imagen de Edward colocándose su camiseta polo blanca, la tela deslizándose por su suave pecho, el cual ella ya había comprobado su textura.
—¿Me has escuchado? —repitió Ange.
—Hace calor —susurró Bella con la mirada perdida.
—¿Se puede saber que te pasa? —exigió Ange. Bella parpadeó saliendo de su ensoñación y sacudió ligeramente la cabeza—. ¿Qué estás mirando?
—Hace calor— tartamudeo Bella otra vez—. La verdad es que hace mucho calor aquí. Chicas, voy a cortar la llamada, vamos a ir a la premiación. ¡Besos!
—¡Adiós! —chillaron las tres.
Bella suspiró con el rostro caliente, viendo a Edward acercarse detrás de ella a través del espejo. Se levantó rápidamente y lo observó con nerviosismo.
—Te ves muy hermosa —comentó Edward mientras sus ojos vagaron rápidamente por todo su cuerpo.
—Gracias —susurró Bella jugueteando con sus manos.
—Y el vestido te queda muy bien —murmuró mirándole fijamente. Bella se sonrojó y miró hacia otro lado apenada—. Gracias por usarlo.
—Tú también vas muy elegante, como siempre —le dijo Bella con una enorme sonrisa.
Edward no podía apartar los ojos de ella, era como si hubiese nacido para adorarla, para admirar cada detalle de ella, cada curva perfecta.
—Eres realmente muy hermosa —repitió y Bella lo miró ligeramente sorprendida, pronto Edward carraspeo incomodo—. ¿Nos vamos?
—Nos vamos —asintió Bella.
A Edward, sin embargo, le costó muchísimo dejar de sobre analizar todo lo que acababa de sentir hace un momento, pero a pesar de eso, sus sentimientos no tenían sentido para él.
X – X – X
La ceremonia aún no había comenzado, sin embargo, la gente estaba empezando a llegar. Se había organizado en uno de los jardines del hotel, cercanos a la playa. Bella se acercó a Lauren y Emmett en cuanto vio que el Sr. Yilmaz y la Sra. Damla se acercaron a ellos al igual que Edward.
—¡Hola! —saludó Bella sonriendo, antes de extender la mano hacia su prometido—. Edward, mi vida.
—Con su permiso, me retiro —comentó Emmett alejándose.
—Estás muy guapa, Bella —saludó la Sra. Damla.
—Muchas gracias —asintió ella sonriendo.
—Esta noche firmaremos el contrato. ¡Y queremos que trabajes en el proyecto! —le dijo la Sra. Damla con una enorme sonrisa.
Bella la miró boquiabierta.
—¿Yo? —preguntó sorprendida, mirando de reojo a Edward—. ¿Cómo?
—Sr. Edward, ¿usted cree que es posible? —preguntó la Sra. Damla.
Bella lo miró esperando una respuesta, él le regresó la mirada sonriendo suavemente.
—Por supuesto que sí. —asintió. Lauren lo miró con sorpresa y horror—. Bella tiene mucho talento y es muy capaz. Puede hacer cualquier cosa.
—Muy bien, entonces después de la ceremonia los esperamos para la firma —afirmó el .
—Maravilloso —respondió Edward—. Solo necesito hablar con Lauren un momento después de la ceremonia, así que tendrán que esperar un momento si no les importa. Quiero invitarlos a un yate a celebrar la firma.
—Claro, pero nosotros nos iremos pronto… esta noche volvemos a Londres —explicó el Sr. Yilmaz.
—Por supuesto, lo entiendo. Sabe que nos esforzamos mucho en Londres por este proyecto, por lo tanto, este es el proyecto más importante para Art Life. —añadió Edward.
—Recoja su premio y nosotros esperaremos —asintió el Sr. Yilmaz.
—Hasta luego —se despidieron alejándose de ellos.
—¿Qué es eso tan importante que quieres decirme? —preguntó Lauren tan pronto la pareja se alejó.
—Ya lo hablaremos luego, por favor, Lauren —masculló Edward, suspirando.
Bella vio a Emmett acercarse y miró con nerviosismo a Lauren, se mordió el interior de su mejilla y asintió.
—Emmett, quería hablar contigo —murmuró Bella acercándose a él antes de que pudiera llegar a ellos, dejando solos a Lauren y Edward.
—Es sobre lo de contratar a Emmett en la empresa, ¿verdad? —preguntó Lauren con molestia.
—No es solo eso —negó Edward—. También sobre cómo tus decisiones afectan nuestras vidas. Quiero serte sincero sobre eso.
—Bien, entonces te buscaré después de la ceremonia —acordó Lauren.
—Bien.
Alice y Jasper se acercaron a ambos para terminar de coordinar los últimos detalles, tanto para la firma como para el contrato.
Bella se acercó al pequeño grupo dando saltitos con una sonrisa enorme.
—¿Necesitas que haga algo más, cariño?
—No —negó con suavidad, mirándola detenidamente mientras le sonreía—. Todo va bien gracias a ti.
—Entonces te dejaré tranquilo —asintió Bella con la felicidad burbujeando de ella—. Buena suerte.
—Gracias —susurró.
—Sr. Edward, por favor acompáñeme —anunció una de las coordinadoras.
Todos empezaron a aplaudirle tan pronto Edward subió al estrado y se paró detrás del atril.
—Estimados invitados, para empezar, quiero agradecerles que me consideren digno de este premio —empezó Edward—. Pero quiero decir que esto no sería posible si no fuera por mis compañeros. Así que también les estoy muy agradecido.
Bella estaba escuchando contenta el discurso de Edward que no notó la ausencia de Lauren hasta que se acercó a ella y la miró con el rostro pálido.
—Tienes que venir conmigo, tenemos un gran problema —masculló Lauren mientras se alejaban discretamente.
—¿Qué pasó? —preguntó Bella con preocupación. Alice y Jasper se acercaron a ellas.
—Los paparazzi vienen hacia acá, los guardias no podrán retenerlos, ya que la prensa también está invitada. —explicó Lauren con rapidez.
—Que vengan. ¿Qué va a pasar? ¿Hay algún problema? —inquirió Bella confundida.
—Eh… se están publicando unos terribles rumores sobre ti y Edward —susurró Alice con pena mirando su celular—. Algunos dicen que estás con él por su dinero y que Edward te ha obligado a firmar un contrato por ello.
—¡¿Qué?! —exclamó Bella horrorizada.
—¿Qué tontería es esa? —preguntó Jasper molesto—. ¿Qué está pasando?
—Espera, espera… déjame leer esto —masculló Alice aun leyendo el artículo en su celular—. Aquí dice que siempre que Bella quiera, Edward tiene que comprarle joyas.
Bella sentía que el mundo se le caía a sus pies, le arrebató el celular a Alice y miró con los ojos abiertos de par en par la nota.
—Espera un momento —tartamudeo Bella mirando a Alice—. Esto era sobre el chocolate. ¡Era sobre chocolate! Lo escribí para hacer enfadar a Edward. En ningún momento pedí joyas y no quiero su dinero—exclamó angustiada, con lágrimas no derramadas formándose en sus ojos—. ¿Qué voy a hacer con su dinero? Esto no tiene sentido.
Lauren miró con preocupación a Bella, aunque por razones distintas a su angustia, suspiró antes de asentir y mirarla fijamente.
—Bien. Bella, quiero que salgas y hables con ellos. —ordenó Lauren.
Alice miró a Jasper con sorpresa ante las palabras determinantes de Lauren.
—¿Te has vuelto loca? No puedo hacer eso, jamás —negó Bella rápidamente entregándole el celular a Alice.
—Bella, hoy no podemos decirle nada a Edward, va a recibir un premio y firmar un contrato muy importante. Ahora no puede hacerle frente a esto, se volverá loco —masculló Lauren.
—Tienes razón —asintió Jasper—. Pero hay que pensar qué haremos.
—Lo único que ayudará es que Bella salga y aclare la situación —repitió Lauren rápidamente. Alice seguía mirándola sorprendida—. Vas salir y negarlo todo, y les dirás que Edward no sabe nada. Pide perdón, no lo sé, haz algo. Haré que se vayan rápido, te lo prometo, es mi trabajo.
—¡Pero es que eso no es verdad, yo no dije nada de joyas, eran chocolates! —Insistió Bella con angustia—. ¿Y si Edward no quiere? El siempre huye de la prensa. ¿Y si me pregunta por qué lo hice? No puedo.
—Bella tiene razón, Lauren —comentó Jasper rápidamente—. No podemos arrojarla a los lobos. Nunca se ha enfrentado a algo así. No puede hacerlo, olvídalo.
—Lo sé, pero ellos quieren ver a Bella —insistió Lauren—. Tiene que salir y decirles algo. Bella, si Edward te importa, aunque sea un poco, sal y habla con ellos. Yo me encargaré del resto, haré que se vayan.
Alice entrecerró los ojos y suspiró antes de girarse y mirar a fijamente a Bella.
—Bella, no tienes que ir. No vayas, no lo hagas. Nosotros iremos contigo. —le dijo mirándola con empatía—. Cuando te estresas te desmayas, y no queremos que pase eso delante de ellos. No vayas.
Bella miró con preocupación hacia Edward, que se encontraba ajeno a toda la situación mientras daba su discurso.
—Bella, si lo aprecias, aunque sea un poco, ve ahí y habla con ellos —repitió Lauren mirándola fijamente—. Yo arreglaré el resto.
Bella inhalo aire con fuerza antes de asentir, en una ocasión ya había hecho quedar mal a Edward frente a toda la prensa… lo había humillado delante de todos, y esta vez no podía hacer lo mismo, aunque no fuese su culpa, si podía evitarlo, lo haría. Por él.
—Muy bien, espérenme aquí. —susurró Bella con fuerza.
No vaciló en cada paso que daba, jamás había estado más segura de su decisión. Nunca se había enfrentado a algo así, pero lo haría todo con tal de evitarle más problemas a él… y porque entendía cuanto significaba su trabajo.
Su corazón retumbaba mientras más se acercaba a lo que parecía ser una jauría de lobos, un grupo de salvajes paparazzi la miraban a los lejos intentando ser retenidos por los guardias. Los flashes disparándose de sus cámaras cada cinco segundos, aturdiéndola un poco.
Estaba a unos cuantos metros de distancia cuando sintió una mano entrelazarse firmemente con la suya, se giró sorprendida ante la energía que recorrió su cuerpo entero al sentir su toque, y miró ante ella a Edward que la observaba con determinación e intensidad.
No hicieron falta palabras.
Se alejaron en la dirección opuesta a donde se encontraban los paparazzi. Y la Sra. Damla y el Sr. Yilmaz los miraron emocionados, mientras que Lauren los miraba con resentimiento y dolor.
—¿A dónde vamos? —le susurró Bella.
Edward no le respondió, simplemente le dio un suave apretón a su mano, y siguió caminando tirando suavemente de ella. Bella se sorprendió cuando vio que se dirigían a la playa, y ahí donde empezaba la arena, él la levantó con delicadeza rodeándole la cintura y las piernas con sus brazos
"—En el coche iba mirando el mar y he pensado que ojalá alguien me tomara de la mano y me llevara a navegar el barco por el mundo.
—¿Y quién sería ese alguien?"
Bajo el sol ocultándose lentamente, y reflejando hermosos matices de colores sobre el mar… eso fue exactamente lo que Edward hizo. El yate que estaba destinado para celebrar el contrato, resultó ser el escape perfecto de ambos, poco le importaba ahora mismo a Edward celebrar el proyecto más importante de su empresa, y eso, aunque él no quisiera admitirlo, significaba mucho.
Con el aire azotando suavemente su cuerpo, Bella se sintió la mujer más afortunada del mundo, y por un momento fingió que no existían contratos ni acuerdos por cumplir entre ellos.
Simplemente eran Edward y Bella, navegando en el mar bajo un precioso atardecer.
X – X – X
—Gracias por salvarme de los paparazzi —susurró Bella saliendo de la ensoñación en la que seguía atrapada.
Ahora mismo se dirigían de regreso a casa, Edward iba sentado en el otro extremo del asiento, y al igual que ella, iba sumido en sus pensamientos, aunque eran más tormentosos.
—De nada—espetó secamente, mirando por la ventana. Bella suspiró y lo miró con precaución.
—Lauren esperaba que hablara con ellos.
—No importa, ya hablaremos luego.
—Y no has podido recibir tu premio… —murmuró Bella con pesar.
—No tengo sitio donde ponerlo, da igual.
—No trates de hacerme sentir bien, sé lo importante que era para ti… y todo por mi culpa.
—No es culpa tuya —negó Edward suspirando—. Lo hice por ti, ibas a salir a enfrentar a todos esos paparazzi y mentir por mí.
Bella sonrió un poco antes de fruncir el ceño.
—¿Cómo te enteraste?
—Bueno, Jasper se ha acercó a mí y me explicó todo.
—Entiendo —asintió, y notó que a él le costaba trabajo mirarle a la cara, sin embargo, ella lo miró—. Gracias, Edward Cullen.
—No, gracias a ti, Bella Swan. —Edward sonrió y finalmente la miró.
Después de un momento, sacó su celular y le marcó a Lauren, esto que había pasado estaba más allá de lo que podría soportar de la prensa, y no se iba a detener hasta dar con el culpable.
—Todo está bajo control, no te preocupes—le dijo Lauren rápidamente antes de que él pudiera decirle algo.
—¿Cómo pudo suceder esto, Lauren? ¿Cómo podría haberles llegado un documento así? —espetó Edward molesto—. Tienes que descubrir quién ha filtrado el contrato.
—No te preocupes, hablaré con el periodista que escribió la primera noticia.
—Eso espero. —masculló antes de colgar la llamada.
—Fin de las vacaciones —suspiró Bella encogiéndose de hombros—, al menos para mí lo eran.
—Sí —asintió Edward con una pequeña sonrisa—. Además, este ha sido nuestro primer viaje laboral.
—El primero y el último, me parece.
—Es correcto —su pecho se oprimió casi dolorosamente por un momento; la que había sido una sonrisa de genuina felicidad, se transformó en una sonrisa tensa.
Recordó lo bien que se sintió pasar tiempo con ella anoche, la felicidad que en años no había podido sentir. Pero estaba claro que en su vida nada entraba para durar, y mucho menos la felicidad. Se permitió por primera vez, saborear esos momentos y disfrutarlos, aunque sabía que tenían fecha de caducidad.
X – X – X
A la mañana siguiente, Bella escuchaba a Leah y su tía cotillear con lo que había sucedido en la premiación. Había llegado temprano a la floristería como de costumbre, quería terminar pronto sus pedidos para no hacer esperar a Edward, sin embargo, resultó ser al revés.
—Edward apagó el celular —bufó Bella abatida mientras tomaba asiento frente a Leah y Maggie.
—Te lo he dicho antes, niña. Hoy son, pero mañana no lo son. —le dijo Leah rodando los ojos.
—No necesitas que un hombre venga a salvarte —comentó Maggie con firmeza—, métetelo en tu hermosa cabecita… pero bueno, es cierto que ahora la has perdido.
Bella resopló antes de mirar a su alrededor.
—¿Dónde está Ange?
Su tía se empezó a reír mientras colocaba su taza de café sobre la mesa.
—Es cierto, aún no lo sabes… Hoy Ange se ha levantado temprano porque se ha convertido en una mujer de negocios —dijo Maggie con orgullo.
—¿Cómo? ¿Ha encontrado trabajo? —preguntó Bella emocionada.
—¿Es que no viven en la misma casa? —inquirió Leah con una ceja levantada. Bella le dio un suave golpe con el pie debajo de la mesa y miró de reojo a su tía.
—No, ya no viven juntas al parecer —murmuró Maggie con amargura—. Ange ha empezado a trabajar en la empresa del Sr. Anthony… ¡Se ha ganado su corazón!
—¿Ange trabaja ahora en la empresa? —repitió Bella impresionada.
—¡Sí!
—¡Me voy a Antalya dos días y mira todo lo que pasa! —exclamó Bella, por supuesto estaba más que feliz por su amiga, hasta ahora le resultaba difícil conseguir un buen trabajo, y finalmente tenía uno ahora.
Se mordió el interior de su mejilla antes de suspirar y volver a mirar hacia la entrada de la floristería, ya era demasiado tarde y Edward no había llegado, eso sin duda era muy extraño.
—¿Estás mirando a ver si Edward viene por ti? —preguntó Leah torciendo los labios. Bella la miró fijamente antes de expulsar el aire que estaba conteniendo en sus pulmones.
—No, y tiene y el celular apagado. —masculló.
—¡Oooohh!
—Lo llamaré otra vez —susurró mordiendo ligeramente una de sus uñas. Después de marcarle dos veces seguidas le mandó a buzón de voz otra vez, apretó con fuerza los dientes—. ¡Sr. Edward, Sr. Edward! ¡Buenos días! ¿Vas a venir o no? Cuando te digo que vengas, no vienes… y cuando te digo que no vengas, vienes. ¡Esta no es la manera de hacer las cosas! Así que me iré a trabajar. Y no te atrevas a venir, nos vemos allá.
Cortó la llamada con molestia, esperaba que pronto escuchara el mensaje de voz y supiera que estaba más allá de estar enfadada.
—¡Eres una leona! ¡Una fiera! —le dijo Leah sonriéndole con orgullo.
Tomó su bolso con brusquedad y les sonrió.
—¡Nos vemos! —se despidió sacudiendo ligeramente la mano.
Era una suerte que su fiel compañera de carretera no le hubiese fallado en el trayecto, llegó sin ninguna novedad a la empresa y le entregó las llaves al portero para que la llevara al estacionamiento.
Entró a toda prisa a la oficina y lo primero que hizo fue buscar a Edward con la mirada ardiendo.
—¡Buenos días! —saludó al equipo ya presente.
—¡Buenos días! —respondieron, Bree y Diego la miraron con curiosidad mientras la sonrisa maliciosa que tenía en el rostro se le fue borrando al ver que no estaba en la sala de juntas, donde lo encontraba habitualmente.
—¿Dónde está el Sr. Edward? —preguntó confundida. Diego y Bree le sonrieron con incomodidad y fingieron no haberle escuchado.
—Buenos días, Bella —saludó Jasper acercándose lentamente, debido a que uno de sus pies estaba enyesado y estaba usando muletas
—¿Qué te pasó? —preguntó Bella con sorpresa.
Diego empezó a reír con burla hasta que Jasper le lanzó una mirada de advertencia.
—Un accidente sin importancia —murmuró Jasper con seriedad antes de carraspear—. ¿No lo sabes?
—¿Qué tendría que saber? —replicó Bella confundida.
—Edward no va a venir hoy.
—¿Por qué no va a venir? —inquirió mirándolos en espera de una respuesta—. ¿Está enfermo?
—¿El Sr. Edward enfermo? —susurró Bree riendo entre dientes—. Estaríamos todos en cuarentena si tan solo se enfermara de gripe.
—¿Entonces por qué no viene? —repitió, no tenía sentido para ella, sabia lo obsesionado que estaba el con su trabajo, y el que decidiera faltar un día se le hacía sospechoso—. ¡Díganme!
—Ese es un misterio que no he sido capaz de resolver —comentó Diego con decepción—, todos los años, el 19 de agosto, Edward Cullen no viene a trabajar. Y ninguno de nosotros sabe por qué.
Bella lo miró sin inmutarse antes de entrecerrar los ojos hacia Jasper y señalarlo lentamente con el dedo índice.
—¿Tu tampoco lo sabes?
—El hecho es que Edward no estará hoy aquí —le dijo Jasper mirándola con incomodidad—. Incluso yo no sé dónde está ni qué está haciendo.
—¿Ah sí? —preguntó Bella alzando una ceja y los miró detenidamente—. ¿Entonces quién lo sabe?
Diego y Bree se dieron la vuelta rápidamente y fingieron trabajar en el ordenador frente a ellos. Jasper carraspeo suavemente sin hacer contacto visual con ella.
—Lauren lo sabe —afirmó Bella con una sonrisa radiante y fingida—. Muy bien… Muy bien.
Se alejó de ellos sin decir una palabra más, los tres la miraron con precaución mientras ella se dirigía hacia su propio escritorio. Era obvio, que esa información solo la iba a saber Lauren, quien lo conoce de años, y no como ella, que era básicamente una intrusa en la vida de Edward.
Decidió ahogar sus dudas en el trabajo y trató de no pensar demasiado en él. Tomo la carpeta de uno de los proyectos y decidió que ya podría rectificarlo él cuando regresara, así que entró a la sala de juntas y lo colocó frente a su asiento.
Antes de darse la vuelta, le llamó la atención una pequeña cúpula de cristal que estaba frente a la computadora de Edward. No la había visto antes, se acercó y la tomó delicadamente entre sus manos y cuando la abrió, una enorme sonrisa de extendió en su rostro. Acercó el frasco a su nariz e inhalo lentamente.
Era la flor que se había colocado hace un par de días atrás en su blusa, una pequeña flor de Jacinto, cuando tuvieron una de las peleas más fuertes en la oficina, seguramente se le debió haber caído en su acalorada discusión. Les costaba creer que Edward hubiese decidido guardarla.
Suspiró y cerró la cúpula, dejándola en su sitio. Tomó con curiosidad una caja pequeña y la estaba observando cuando se acercó Bree sonriendo.
—Oh, ¿ya ha llegado el paquete? —preguntó señalando en objeto en sus manos.
—Eso parece —asintió Bella confundida entregándole la caja—. ¿Qué es esto?
—Es el reloj que el Sr. Edward quería —explicó con alegría—. Mide la frecuencia cardiaca, la presión, los pasos e incluso la respiración. Este es el último modelo.
—¿Está tratando de controlar hasta su respiración? —preguntó Bella boquiabierta.
—¡Así es el Sr. Edward! —le dijo Bree sonriendo mientras se encogía de hombros—. Le diré a Diego que lo programe antes de que llegue el Sr. Edward… Oye, Bella, el equipo está ahora con un cliente ¿Te apetece ir por un café?
Bella le sonrió y asintió. Miró de reojo el asiento de Edward vacío y pacífico.
—La oficina está muy silenciosa cuando no está el Sr. Edward, ¿verdad? —le preguntó a Bree.
Bree inhalo y exhaló con tranquilidad.
—No sé cómo lo llames tú, pero aquí lo llamamos Paz.
Bella se sentía incluso aburrida sin la presencia de Edward, por supuesto lo disfrutaba… pero de cierta manera se estaba acostumbrando a mirarlo desde su escritorio y hoy solo podía ver un asiento vacío.
X – X – X
Otro año.
El mismo día.
19 de agosto.
Los mismos sentimientos que le atormentaban, los recuerdos que guardaban aquella habitación cubierta de sábanas blancas y polvo, aquella habitación que solo visitaba una vez al año. Cada mueble y objeto que iba destapando a su paso era una punzada que le atravesaba el corazón.
No había otro lugar que le recordara más a él como lo hacía esta enorme habitación, llena de recuerdos y sentimientos ahogados. La añoranza de aquello que le fue arrebatado con su pérdida misma.
Merhaba!
Lamento no haber actualizado la semana pasada, pero hoy ya estoy aquí y con un capitulo hermoso.
¿Qué tal les pareció? ¡Yo me enamoré! Espero que les haya gustado y lo demuestren con un review.
¿Y quién creen que haya filtrado el contrato? ¡Se abren las apuestas! Y quien adivine tendrá un adelanto especial del próximo capitulo.
Link del grupo "La Estrella del Robot"
www (punto) facebook (punto) com/groups/511389629898448/
görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
