Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


Capítulo 18.

Edward la iba a matar, no por supuesto que no, eso sería demasiado fácil. Edward iba a hacer algo peor que eso, la iba a humillar, la iba a echar a base de gritos e insultos de la empresa. El corazón de Bella palpitaba acelerado. ¿En qué se había metido? Ahora no podía arrepentirse ni echarse para atrás, ya todo estaba hecho.

Había comprometido a Art Life en un proyecto que iba más allá de su alcance… y todo gracias a su enorme boca y su incapacidad de negarle algo al pobre hombre.

El Sr. Miller había llegado buscando a Edward, sin embargo, solo pudo entrarla a ella, y es así como Bella terminó aceptando remodelar una casa con ciento veinte requerimientos en veinticuatro horas, para una artista que iba a cantar en el cumpleaños de su esposa, pero el reto no terminaba ahí, esta dichosa cantante exigía desde el color de las paredes, hasta las medidas del armario.

Suspiró con fuerza y se consoló recordando el motivo detrás de todo, quizá si se lo explicaba a Edward él lograría entenderlo, pensó Bella mordiéndose suavemente el labio.

«—El año pasado mi esposa tuvo una grave enfermedad. Su vida estaba en juego, no se lo dijimos a nadie.

Lo siento mucho.

Ella se recuperó… pero fue muy difícil. Por las tardes escuchábamos las canciones de la Srta. Sevda, y yo se lo prometí, le dije que, en su cumpleaños, cuando superara su enfermedad, le traería a la Srta. Sevda. Siempre hemos soñado con esta fiesta…

Bella suspiró con sentimiento, sus ojos brillando con tristeza.».

A partir de ese momento, Bella mandó todo a la borda, se comprometió con el Sr. Miller a intentarlo, y es que al final, eso era lo que importaba; el Sr. Miller estaba feliz con ese hecho, se aseguró de decirle que él cubriría todos los gastos y que, sin importar el resultado, al menos lo habrían intentado.

Por supuesto, nadie entendería eso.

—Bella, ¿cómo pudiste hacer esto? —gritó en voz baja Bree, bastante alterada—. ¡El Sr. Edward se pondrá furioso!

—¿Y tú te quejabas de que su actitud era agresiva? —le preguntó Diego entrecerrando los ojos, Bella asintió—. Ahora te vas a enterar de lo que es ser agresivo… y que lo que llamabas ser agresivo, te parecerá algodón de azúcar en comparación.

—No digan eso, ya he aceptado el trabajo —suplicó Bella resoplando suavemente con angustia, se recompuso con rapidez al ver a Alice y Jasper acercarse a ellos.

—Hola —saludó Jasper con una sonrisa.

—¿Dónde está el Sr. Miller? —inquirió Alice mirando a Bella, quien fingía una sonrisa y miraba una mancha inexistente en su computadora.

—Acaba de irse —murmuró haciendo un breve contacto visual con ellos.

—Oh, es una pena —asintió Jasper—, quería explicar todos los motivos de la cancelación, supongo que se habrá ido molesto.

—¿A quién le ibas a explicar? —preguntó Edward acercándose al pequeño grupo.

Todos se giraron con sorpresa al escuchar la voz autoritaria de Edward, Bella lo miró con la boca entreabierta, al igual que los demás. Jasper parpadeó tres veces antes de sacudir la cabeza y darse cuenta que realmente su amigo estaba ahí.

—¿Qué pasa, hermano? ¿Qué haces hoy en la oficina? —le preguntó Jasper.

Edward sabía que algo ocurría, miró detenidamente a Bella antes de suspirar y esperar la bomba. Ella era como un libro abierto, del que él cada vez descubría como leer una página.

—Nunca vienes a trabajar hoy —Alice lo miró con sorpresa—. ¿Por qué has venido?

—¿Por qué has venido en un día en el que no vienes? ¿Dónde has estado? —preguntó Bella mirándolo fijamente.

—Es personal, si no te importa —respondió Edward entre dientes. Bella apretó los labios y asintió—. Jasper, ¿qué está pasando?

—No, nada importante, olvídalo.

Diego seguía observando fijamente a Edward, no lograba comprender lo que hacía aquí en la oficina, y Edward estaba perdiendo lentamente los nervios al sentir su respiración tan cerca, Bree tiró de su brazo y lo alejó de él.

—Sr. Edward —susurró Bree con precaución—, realmente nos asusta. ¿Por qué ha venido?

—No es importante, por favor, vuelvan al trabajo. Por cierto —añadió mirando a Jasper—, ¿se acaba de ir el Sr. Miller?

Bella se tensó y sintió que su corazón tartamudeo por un momento, rápidamente se giró en su asiento e intentó pasar desapercibida.

Diego se escondió detrás de Bree.

—Ah, sí. No pude hablar con él —Jasper se apoyó en una de sus muletas y se encogió de hombros.

—Nos ha pedido realizar un trabajo de dos semanas en un día —explicó Alice—. Pero la Srta. Bella le ha explicado que no podríamos.

Edward miró rápidamente hacia ella, al mismo tiempo que Diego, Bree y Bella fingían mirar entretenidos la pared opuesta a ellos.

—¿Bella les ha dicho que no? —repitió Edward con incredulidad. Suspiró con fuerza—. Bueno, ¿y entonces que hacen aquí ustedes dos? Nuestro cliente más importante ha venido, ¿y ustedes le envían a una asistente para rechazarlo?

—El Sr. Miller quería hablar con ella. —susurró Jasper sin entender su enfado—. Además, te recuerdo que Bella no es solo tu asistente, también es tu prometida. Por eso ella se ha encargado de hacerlo.

—Y ella lo ha rechazado —asintió Alice—. Por cierto, ¿cómo lo has hecho?

Bella tensó los labios en una pequeña sonrisa y fue en ese momento cuando Edward lo supo. Simplemente lo sabía. Ella suspiró y los miró sin decir nada, su labio inferior atrapado entre sus dientes.

—Bella —Alice la miró con recelo—, ¿le has dicho que no, cierto?

—Por supuesto que le ha dicho que no —respondió Jasper en tono burlón.

Bree tragó saliva y fingió leer unas hojas en blanco.

—¿Bella? —repitió lentamente Edward con voz contenida. Ella se encogió en su asiento, su cabello café cubriendo su rostro como una cortina protectora—. Bella, ¿qué has hecho?

Ella sabía que lo que había hecho estaba mal, lo sabía firmemente, pero sus principios no la dejaron rechazar a aquél pobre hombre sufrido. Pero ni eso hizo que su corazón dejara de martillear fuertemente en su pecho cuando Edward le hizo un gesto brusco para que lo siguiera a la sala de juntas.

—¡Es verdaderamente increíble! —le gritó conteniendo la voz—. ¿Cómo es posible que hayas cometido semejante error?

—¡Iba a decirle al Sr. Miller que no podríamos hacerlo! —exclamó Bella parada frente a él—. ¡Pero no fui capaz y le dije que lo intentaríamos!

Las puertas de la sala de juntas estaban entreabiertas, y todos miraban discretamente la pelea que se estaba llevando a cabo frente a ellos.

—¡Estamos hablando de decorar una casa con ciento veinte directrices en solo veinticuatro horas! —repitió mientras golpeaba con su mano las hojas que le había entregado Bella—. ¡Alice y Jasper te dijeron que no lo podríamos hacer a tiempo! ¡¿Por qué has tomado tú esa decisión!?

—¡Si lo hubieras visto, entenderías que tengo razón!

—¿Y por qué? ¿Eres consciente que nos estás humillando? ¡Mi carrera aquí está en juego! —exclamó Edward golpeando las hojas sobre la mesa, la vena de su frente y el cuello brincando ante la rabia.

—¿Quizás hay cosas más importantes que una carrera? —preguntó Bella alzando la voz.

—Mira, eres solo una asistente, ¿de acuerdo? —Bella suspiro y rodó los ojos—. ¡Por eso, no puedes ignorar una decisión que otros han tomado y actuar por cuenta propia!

—Lo entiendo —asintió Bella—. Pero la situación no es así.

—Entonces, vas a llamar al Sr. Miller, le pedirás disculpas y le dirás que no tenemos tiempo para terminar este proyecto.

—¡No, no haré eso! —Bella se mantuvo firme ante él, aunque por dentro estaba colapsando de miedo. Su mirada era casi depredadora y estaba dirigida solamente a ella—. ¡No sabes lo triste que está el Sr. Miller! Lo hace por su esposa, sufrió una enfermedad muy grave —insistió—. ¡Me entenderías si me escucharas!

—¿En serio? ¡Porque no te entiendo! ¡Realmente no te entiendo, eres increíble! Le has dado esperanzas a ambos, ¿cómo les vas a explicar ahora que el proyecto no estará listo a tiempo? ¿Has pensado en eso?

—¡Al menos lo intentaré! Entenderán que estoy haciendo algo por ella, se sentirá mejor. Es lo importante… pero eso tú no lo puedes entender. Estás acostumbrado a la idea de que todo tiene que ser perfecto.

—Gracias a esa exigencia, tú trabajas en un estudio de arquitectura de mucho éxito. Lo entiendes, ¿verdad? ¿Eres consciente? —le preguntó enfadado—. Por eso, vas a llamarle ahora mismo al Sr. Miller.

—Llámalo tú —replicó Bella cruzándose de brazos.

—Te recuerdo que tú has cometido este error y tú has hecho esa promesa. Así que acepta tu responsabilidad y llámalo.

—Te diré esto solo una vez, Edward Cullen. Una vez que hago una promesa, prefiero morir antes que no cumplir con mi palabra.

—¿En serio? —se burló Edward—. Muy bien, entonces te doy cinco horas, ¿está bien? Pero lo harás tu sola. Sin pedirle ayuda a nadie. Aprende la lección y después vienes a pedirles perdón a todos.

—De acuerdo, lo haré —Bella le arrebató las hojas de las manos y lo miró con altanería—. Ya verás, lo haré y no le pediré perdón a nadie. Además —añadió mirándolo con desdén—, te odio, Edward Cullen. Me voy.

Edward inhaló con brusquedad cuando ella se dio la vuelta.

—Vete, por favor, vete —murmuró entre dientes, antes de salir tras ella—. Escúchenme todos. —Anunció Edward en voz alta—. Quiero que vean bien a Bella el día de hoy, ella les mostrará como humillarse y convertirse en el peor arquitecto. Ella sola va a liderar el proyecto del Sr. Miller. Así que no permito que ninguno de ustedes le ayude, ¿entendido?

Todos en el estudio le miraron sin decir una palabra y asintieron a regañadientes, Edward les dio una última mirada de advertencia antes de que Jasper le hablara.

—¿Puedes venir un momento? —Edward asintió y se dirigió a la oficina de su amigo, cerrando la puerta detrás de él—. Edward, ¿qué estás haciendo? La chica solo está intentando complacer al Sr. Miller. ¿Cuál es el problema? ¿Y cómo va a poder hacerlo ella sola?

—Ah, pero es buena para hacerle frente a cosas que están más allá de su poder.

—Bien, pero, ¿y si eso es culpa del Sr. Miller?

—Él nos ha pedido algo que no se podía hacer, y Bella no debería haberle dado esperanzas.

—Si dejas a Bella sola, ella no podrá hacer este proyecto —insistió Jasper exasperado.

—No podrá, de cualquier manera —replicó Edward con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Vaya —exclamó Jasper entrecerrando los ojos hacia su amigo—. Tú no quieres que ella resuelva esto, en realidad lo que quieres es darle una lección a Bella, ¿verdad?

—Jasper, no puedo aceptar la falta de respeto que ha mostrado. Así que aceptará su error y le va a pedir disculpas a todos en esta oficina, y también al Sr. Miller.

—Muy bien —suspiró Jasper—. No tengo más preguntas, estoy harto.

X – X – X

Bella dio vueltas en la oficina de Jasper, sus pequeños tacones repiqueteando sobre el piso mármol.

—Jasper —suplicó con angustia—, ¿cómo haré esto sola? ¿Qué se yo sobre construcción y decoración?

—Sí, tienes razón —asintió él, preocupado—, no tienes experiencia y no puedes hacerlo sola, es imposible.

—Pero tú tienes experiencia, entonces tú me ayudaras —murmuró con determinación.

—¿Quién? ¡¿Yo?! —Bella asintió—. ¡Edward me va a matar! ¡No puedo! De ninguna manera.

Bella suspiró y se inclinó sobre el escritorio.

—Haré este proyecto pase lo que pase, pero insisto… solo quiero un poco de tu ayuda —le suplicó haciendo un suave puchero—. Una ayuda muy pequeñita. En secreto, por favor.

—¿Sabes una cosa? —preguntó Jasper mirándola fijamente—. Edward y tu tienen un carácter muy similar, se parecen muchísimo.

Bella bufó y puso los ojos en blanco.

—¿Entonces?

—Muy bien —asintió Jasper—, estoy adentro, te voy a ayudar.

—¡Eres una persona maravillosa! —chilló Bella con una sonrisa radiante—. Ahora tenemos que pensar qué arquitectos nos pueden ayudar.

Es así como ambos se pusieron a hacer una pequeña lista de personas que ayudarían a Bella sin dudarlo dos veces, aunque era cierto que ella se llevaba demasiado bien con todo el equipo, no todo el mundo estaba dispuesto a hacerle frente a la ira de Edward Cullen, pero siempre había excepciones.

—Lo siento, no puedo ayudarte… el Sr. Edward nos lo ha prohibido —susurró Diego encogiéndose de hombros.

—Entiendo, por supuesto —asintió Bella, fingiendo desinterés—. Me pregunto qué diría Leah si supiera que no quisiste ayudar a su mejor amiga…

Diego rápidamente se puso alerta y la miró con los ojos brillantes de emoción al escuchar el nombre de Leah.

—¿Y cómo te puedo ayudar?

—En el archivo hay muchas muestras para la decoración y números de contactos —murmuró Bella rápidamente—. ¿Me los podrías conseguir?

—Soy un hombre de acción, te agradecería si se lo dices a Leah.

—Si me lo traes, se lo diré —acordó Bella.

—Entonces tenemos un trato —susurró Diego con complicidad.

Bella se encargó de delegar pequeñas tareas para facilitarle un poco el trabajo, secretamente compartía notas con algunos compañeros y otros dejaban caer sin querer alguna carpeta sobre su escritorio, carpetas que casualmente contenían lo necesario para empezar con el proyecto.

Estaba inmersa leyendo una de las listas cuando su celular empezó a sonar, al ver el nombre suspiró… justo lo que le faltaba, pensó antes de atender la llamada.

—¿Dígame, Sra. Esme? —saludó.

—Belda, dile a esa amiga tuya que renuncie ahora mismo —exigió Esme.

—¿Disculpe? ¿De qué amiga me habla?

—Ange… o como se llame, empezó a trabajar en el holding*, todo tu juego saldrá a la luz.

—Nadie sabe nada —la tranquilizó Bella—. Además, eso no me concierte en lo absoluto, así que no podría hacer algo.

—¿Cómo que no te concierne esto? ¡Todo te concierne! ¡Dile a tu amiga que deje de trabajar ahí!

—Ya es suficiente, de verdad —exclamó Bella tratando de guardar la calma—. Porque por un lado está usted, y por el otro está su hijo. Solo tengo una vida. Y usted me está atacando constantemente.

—Disculpa —jadeó Esme, sorprendida—. ¿Cómo se supone que te estoy atacando?

—Hagamos una cosa —suspiró Bella—. Voy a procurar no meterme en su vida, y usted no va a meterse en la mía. No me llame.

—¡Ojalá pudiéramos, querida Belda! Pero, desafortunadamente, tú, Ange, Leah, tu tía y yo… nos estamos convirtiendo en una gran familia.

—¿Qué familia? —inquirió Bella exasperada—. ¡Estoy cansada! ¡Estoy harta de esto, Sra. Esme! Voy a colgar… colgaré ahora mismo.

—Adelante… pero espera, colgaré yo, Belda —replicó Esme con orgullo.

Bella sonrió con incredulidad al escuchar la línea cortarse. Continúo trabajando mientras Edward la observaba discretamente a lo lejos, trataba de disimular que realmente no le importaba, pero cada que se levantaba a hacer anotaciones en el enorme pizarrón sus piernas le temblaban al sentir su mirada en ella.

Pero no, ella estaba enfada con él, y no tenía derecho de hacerla sentir así. No lo iba a permitir.

—¿Hoy no es el día en el que no vienes? —Bella se giró rápidamente al escuchar la voz de Lauren, antes de notar a Ange parada a un costado—. ¿Qué haces aquí? ¿No has ido?

—Sí, he ido temprano, pero… me siento mejor cuando trabajo —respondió Edward, la tensión pronunciándose en su postura.

Bella se acercó a Ange y le dio un fuerte abrazo.

—Bueno, yo he venido a la reunión —asintió Lauren con una suave sonrisa.

—Bienvenida —saludó Alice, dando una breve mirada de desagrado a Ange.

—Oh, les presento a mi nueva asistente —anunció Lauren haciéndose a un lado—: Angela. Fue una sugerencia de tu padre —añadió mirando a Edward.

—Muy bien —Edward le sonrió ligeramente a Ange—. Me dijiste que tenías mucho trabajo. Es bueno que tengas ayuda.

—Cuñado —saludó Angela con una enorme sonrisa.

—Ange —asintió Edward guiñándole un ojo.

—Srta. Ange —intervino Alice con una sonrisa tensa—, ¿no es usted amiga de Bella?

Bella y Angela compartieron una breve mirada de complicidad antes de que ella asintiera en respuesta.

—Sigo siendo su amiga, una cosa es el trabajo y otra la amistad, ¿no es así?

Alice asintió antes de que se dispersaran por la oficina.

X – X – X

Bella no iba a estar tranquila hasta saber el misterio detrás de esta fecha, así que cuando vio a Lauren sola en la sala de archivos, suspiró con desagrado y entró tras ella.

—¿Puedo preguntarte algo? —inquirió Bella acercándose.

Lauren levantó los brillantes ojos azules de los papeles que tenía en las manos y asintió.

—Por supuesto, adelante.

—¿Por qué hoy es el día en el que Edward no viene?

Lauren levantó una ceja y se reservó una sonrisa burlona antes de responderle

—¿No sería mejor si se lo preguntas a él personalmente?

—Se lo he preguntado, pero no me ha respondido. —asintió Bella sonriendo, por supuesto que era la respuesta que esperaba de Lauren—. Y luego he pensado que quizá tú podrías decírmelo. Después de todo, lo conoces mejor que yo.

Lauren regocijó al escucharle decir esas palabras, sin embargo, Bella lo sabía, cada palabra estaba dicha con un propósito.

—Esto es algo que él me contó hace mucho tiempo. —Bella la observó sin inmutarse—. Cuando te hablé de Edward, a esto es a lo que me refería… Edward es así.

—¿Y cómo es él? —replicó Bella ladeando ligeramente la cabeza, con los ojos entrecerrados.

—Solo comparte sus secretos con personas muy especiales. Y podrías pensar que has entrado en su vida, que te has vuelto alguien especial… que eres importante. Pero luego le preguntas algo personal, y te das contra un muro. —Bella estaba en una calma casi letal, sus ojos fijos en Lauren—. Y tienes que conformarte con pequeñas pistas.

—Gracias, Lauren. —respondió Bella girándose automáticamente para irse, sus labios apretados en una fina línea. Y su pecho, su pecho doliendo ante la cruda realidad.

—Ha sido un placer, querida Bella.

Esta vez, Lauren no pudo contener su sonrisa burlona mientras la veía salir.

Bella llegó a su escritorio enfadada y humillada, tomó asiento y miró con acritud hacia la sala de juntas, para su sorpresa se topó con la mirada intensa y profunda de Edward, Angela parada a un lado de su cuñado, lo observó con complicidad.

—Sí, por supuesto, lo entiendo perfectamente —comentó Ange con una sonrisa, Edward la miró confundido—. Si yo también trabajara con mi amado en un mismo lugar, tampoco podría dejar de verlo.

Edward sonrió quedamente, hasta que escuchó un repiqueteo de suaves pisadas entrar a la sala.

—Hola.

—Lauren —asintió Edward.

—En Antalya querías hablar conmigo de algo personal —murmuró mientras tomaba asiento a un lado de él—. ¿Qué era?

Edward miró con incomodidad a Ange, quien tenía la mirada puesta en él de una manera casi indiscreta, tan propia de ella.

—Sí, ya hablaremos de esto en algún momento, cuando estemos solos —respondió antes de carraspear.

—Muy bien —replicó Lauren mientras sacaba unos documentos de las carpetas que había traído consigo—. Estos son algunos de los artículos sobre el proyecto del aeropuerto. Empezamos con los nuevos.

—De acuerdo.

—Angela, querida, por favor empieza a tomar nota.

—Por supuesto, claro que sí. —asintió Ange sacudiéndose la incomodidad. Miró con determinación a Lauren y Edward, antes de mirar hacia su amiga y asentir con firmeza. Entonces, tomó una silla y se sentó en el espacio que había entre ambos.

Lauren la miró sin inmutarse. Edward sin embargo no podía estar más perdido mientras observaba a Bella recoger sus cosas y colocarse el bolso sobre el hombro.

—¿Qué está haciendo? —susurró para sus adentros, Angela lo miró con interés.

—¿Quién?

—¿Quién? —replicó Lauren.

Edward negó suavemente antes de levantarse de su asiento e ir hacia Bella.

—¿A dónde vas? —le preguntó.

—Tengo una casa que decorar —respondió Bella firmemente.

—Entonces, realmente sigues dispuesta a hacer esa estupidez, ¿verdad?

—Me dijiste que fuera a hacerlo yo sola, y eso es lo que haré.

Lauren y Ange salieron detrás de Edward y ahora observaban el intercambio con interés, al igual que todos en el estudio.

—Bien —asintió Edward suspirando—. Veo que realmente estás loca como una cabra.

Bella le sonrió ampliamente antes de girarse y mirar al equipo.

—Compañeros —musitó ella en voz alta—. Voy a trabajar por la felicidad de una pareja que se ama muchísimo. ¿Hay alguien en este equipo que quiera ayudarme?

Edward cerró los ojos sin poder creérselo, negó suavemente, antes de escuchar el repiquetear de las muletas de Jasper, quien se detuvo a un lado de Bella.

—Jasper, ¿qué estás haciendo? —inquirió Edward con incredulidad.

—Creo que podemos conseguirlo. De todos modos, adoro la determinación de Bella… ¡Bravo!

Y es así como Bella terminó reunión un pequeño grupo de seis integrantes en total, incluidos Ange, Jasper y Diego. Bree, demasiada temerosa de Edward, decidió quedarse detrás de su jefe.

—Quizás somos un grupo pequeño, pero nos une un vínculo muy fuerte —Bella se acercó a Edward y lo miró fijamente, antes de girar con estilo y caminar hacia la salida con su nuevo equipo detrás.

—¿Realmente se están yendo? —inquirió Alice con sorpresa.

—Déjalos que se vayan —masculló Edward—. Cuando regresen, los obligaré a realizarse un test de inteligencia. Muy bien, a trabajar.

El equipo tenía muchísimo trabajo, todos lo sabían y reconocían que era casi imposible terminar esta tarea en veinticuatro horas, pero todo estaba hecho y no había manera de echarse para atrás. Así que se dividieron las tareas y para suerte de Bella, Leah llegó al rescate y se sumó a la causa, por supuesto esto a Diego lo ponía feliz.

—El diseño interior depende de ti —indicó Jasper señalando a Bella, quien abrió la boca sorprendida.

—¿Qué voy a saber yo de diseño de interiores? ¡No puedo!

—Lo siento mi querida Bella, tendrás que resolverlo. ¿Sabes que puedes hacer? Ve con la Sra. Esme y pídele que te aconseje.

—¿A la Sra. Esme? —inquirió Bella riendo con incredulidad—. Ella jamás me ayudaría, y menos después de la última llamada que tuvimos.

—Lo siento mucho, pero tendrás que hacerlo, Bella.

X – X – X

—Edward, por favor. ¿Puedes calmarte y tomar asiento? —preguntó Alice después de verlo ir y venir cuatro veces seguidas. Edward suspiró antes de sentarse.

—¿En dónde nos quedamos? —inquirió con la mandíbula apretada.

Lauren suspiró antes de asentir.

—Entonces, bloqueamos a los paparazzi en el hotel, pero no pudimos evitar que se publicaran algunas noticias pequeñas. La situación está bajo control. —explicó rápidamente.

—Bien. ¿Cómo consiguieron el contrato? —preguntó Edward—. Alguien tuvo que filtrarlo a la prensa.

Lauren apretó los labios y apartó la mirada de Edward con discreción

—La situación es la siguiente, hablé con el primer periodista en dar la noticia y alguien lo encontró en la basura, fuera de tu casa y sin ninguna vergüenza dijo que la basura puede ser noticia.

—Muy bien —replicó Edward riendo con incredulidad—. Eso es una invasión a la privacidad, así que vamos a demandar a quienes dieron la noticia.

Lauren asintió sin decirle nada más.

—Alice, ¿puedes llamarle a Bella y saber en qué parte del proceso van? —carraspeo Edward fingiendo desinterés.

—¿Y no sería más correcto que le llamases tú, Edward? —cuestionó Alice con su mirada aguda y filosa puesta sobre él.

—¿Yo? ¿Llamarle yo después de esa gran falta de respeto? Lo siento, pero es ella la que nos está empujando a la empresa y a todos nosotros al desastre, antes tiene que…

—¿Estás hablando de tu prometida? —lo interrumpió Lauren con sorpresa. Edward le dedicó una sonrisa tensa.

—Bree, ¿puedes llamarle? —respondió en su lugar—. No, mejor márcale a Jasper directamente, dejemos a Bella fuera de esto.

—Ya he llamado al Sr. Jasper y al equipo —asintió Bree eficazmente con una sonrisa—. El equipo salió a la ciudad a comprar materiales, y el Sr. Jasper está solo en la casa.

—¿Y dónde está Bella? —preguntó lentamente.

—Ni con el Sr. Jasper, ni tampoco con el equipo. No sé dónde está Bella.

—Muy bien, genial —asintió Lauren rodando los ojos—, continuemos con el trabajo.

—De hecho, nuestro trabajo aquí ha terminado —murmuró Alice tentativamente—. ¿Quizá deberíamos ayudarles? —sugirió.

—No —negó rápidamente Edward—. Déjalos, es mejor así.

Hicieron un par de llamadas más y otro poco de papeleo antes de que Bree sugiriera llamar a Bella.

—¡Esa es una excelente idea! —asintió Edward aliviado de que lo hubiera sugerido—. Es más, hazle una video llamada, veamos exactamente dónde está.

—Por supuesto, ya mismo —asintió Bree mientras le marcaba a Bella, la cámara se abrió y Bree miró boquiabierta la pantalla de su celular—. Bella, cariño… ¿No estás ayudando en las reparaciones de la casa? ¿Dónde estás?

—Bree —canturreó Bella—. ¿Me estás llamando porque Edward te lo pidió o estoy pensando mal?

—No, cariño, te llamé por curiosidad. Para saber dónde estás y qué estás haciendo.

—Bree, yo también te quiero mucho, pero ahora mismo estoy ocupada, hablamos más tarde.

Edward frunció el ceño y Lauren lo miró detenidamente.

—Se ha llevado a tanta gente… ¿Por qué no está trabajando en la casa? —preguntó Alice confundida.

—Supongo que es porque… —Bree miró de reojo a Edward, antes de suspirar— está reunida con un hombre muy guapo.

Edward fingió una sonrisa y apretó la mandíbula con fuerza antes de bufar.

—¿Y qué importancia tiene que sea un hombre guapo? —replicó molesto, su cuello y las puntas de sus orejas tornándose suavemente de un color rojizo—. ¿Dónde está Bella?

—Eh, Bella… estaba con un hombre guapo paseando a un perro.

Edward empezó a reír, antes de tomar el vaso de agua frente a él y beber. Se sentía acalorado y sofocado, las paredes de la oficina le parecían sofocantes de repente, y solo quería salir de aquí.

—Ah, qué bien, maravilloso… al parecer, le encanta pasear perros —masculló entre dientes tratando de controlar su tono de voz. Lauren y Alice lo miraron casi estupefactas—. Perfecto… ¿Has dicho que era un tipo guapo, cierto?

—He dicho que es guapo, pero cuando lo he dicho se ha enojado. Puede que sea guapo o no, no sé si tengo derecho a expresar mi opinión.

Edward juraba que, si volvía a escuchar otra vez la palabra guapo, iba a explotar ahí mismo.

—Bree, no haces más que hablar y la palabra "guapo". La repites constantemente. Dime: ¿en qué te basas para decirle guapo? ¿Guapo para quién?

Edward cerró de golpe la boca cuando Bree le puso el celular frente a él, había capturado una foto de la video llamada, donde se le veía a Bella sentada cómodamente en lo que parecía ser un parque, y justo a un lado de ella estaba sentado un joven alto, rubio y delgado.

—Déjame ver —masculló Edward cuando Bree retiró el celular, entre ellos solo había un pequeño espacio, la cara sonriente de Bella le devolvió la mirada, Edward deslizó la mano por su rostro con frustración—. ¡Guarda tu celular, Bree! ¡Por el amor de Dios!

Ella, sin embargo, les mostró la foto rápidamente a Alice y Lauren. Edward volvió a tomar un sorbo de agua.

—Supongo que va a salir otra foto en las redes sociales —comentó Alice.

—Sí, por supuesto, si los medios ven a Bella con otro hombre…

—Soy consciente de eso Lauren —masculló Edward sofocado—, por eso me estoy comportando así, ¿sabes? Estamos en medio de una crisis, ¿cómo puede ser tan irresponsable? No lo entiendo.

—Bueno, pasando al trabajo, una vez que tengamos un plan habremos terminado.

Edward asintió, importándole poco lo que saliera de su boca en este momento. Cerró con un golpe la computadora frente a él y se levantó.

—Sí, en mi opinión ya hemos terminado —masculló, su mente a kilómetros de distancia de la oficina—. Hemos hecho un excelente trabajo… y ahora me voy.

Se apresuró hacia la salida, no había dado ni cinco pasos antes de que Bree lo llamara.

—Dime, Bree —masculló deteniéndose abruptamente.

—Ha pedido su reloj, ya ha llegado y Diego lo ha configurado —Bree se acercó a él sonriendo con la caja en sus manos.

—El reloj… el reloj… —asintió Edward sonriendo con falsedad mientras abria la caja para ponérselo—. Me has dado el reloj en un momento estupendo.

Se quitó con agilidad su antiguo reloj y se colocó el nuevo, masculló las gracias y se volvió rápidamente para salir de ahí.

—¡Sr. Edward! —repitió Bree.

¡¿Qué quieres, Bree?! —gruñó Edward mirándola con fuego en los ojos, ella le sonrió con amabilidad y extendió la mano hacia él, entregándole su chaqueta—. Claro, mi chaqueta… es lógico que me la ponga con este calor que hace.

—¡Sr. Edward! —canturreó Bree nuevamente.

—¡¿Bree?!

Edward se giró y vio la mano extendida de Lauren hacia él, le quitó sus gafas de la mano y suspiró con frustración.

—Gracias. —masculló y finalmente pudo salir de la oficina.

—Está celoso —susurró Bree con complicidad, una enorme sonrisa pronunciando su pequeño rostro.

Lauren y Alice compartieron una breve mirada sin comentar nada, era claro que este tema le incomodaba mucho a Lauren.

X – X – X

—¡Jasper! Sr. Jasper —se corrigió Bella rápidamente por teléfono—. Tenemos un gran problema, el manager de la Srta. Sevda va hacia la casa, ha quedado ahí con el Sr. Miller y yo iré a ver a la Sra. Esme. ¿Puedes hacerte cargo de eso?

—Muy bien, no te preocupes.

—Bueno, gracias —se despidió Bella cortando la llamada, suspiró y debido a la pequeña mentira que le había dicho al manager en su intento por evitar que fuera a la casa, ahora tenía bajo su responsabilidad a su perro.

—Vamos, Bobby, vamos, tenemos muchas cosas que hacer —susurró Bella tirando suavemente de la correa.

Unos cuantos minutos después, Bella se encontraba mirando con ojos suplicantes a la Sra. Esme, el pequeño Bobby sentado tranquilamente a un lado de ella.

—Te juro que me vas a volver loca, Belda. —canturreó Esme—. Me estás pidiendo ayuda porque no tienes tiempo, ni sabes hacerlo.

—Sí.

—Y esto lo estás haciendo a pesar de que mi hijo te ha advertido de que no lo hagas —comentó la Sra. Esme bebiendo un sorbo de su café.

—Sí.

—¿Por qué debería ayudarte?

—Porque usted conoce bien a la familia del Sr. Miller, y sabe cuánto ama a su esposa —suplicó Bella con los ojos grandes y brillosos.

—Sí, lo sé —aceptó Esme ahora un poco más interesada.

—Mire, él quiere que lo intente a pesar de la negativa de su terco y hermoso hijo.

—Vas a quedar en ridículo, Belda —suspiró Esme.

—Entonces ayúdeme a no quedar en ridículo —imploró Bella nuevamente—. Mire, pase lo que pase, este trabajo ya ha sido aprobado… aquí el del problema no es otro más que su maravilloso hijo, Edward.

Esme empezó a ver la lista de los requerimientos, y con cada hoja que pasaba hacía unos gestos que a Bella le hacían esperar lo peor de los resultados. Sin embargo, accedió a ayudarle, y un rato más tarde, Bella se encontraba admirando los diseños que había hecho en cuestión de minutos.

—¡Sra. Esme! Son preciosos… son excelentes… —murmuró maravillada—. Me habían dicho que usted es una excelente diseñadora, pero no me esperaba esto. Ni siquiera lo pensaba.

Esme asintió satisfecha, mientras fingía que no le interesaban sus elogios.

—Y recuerda la regla más importante.

—¿Cuál es esa? —preguntó Bella con interés.

—El cliente siempre se equivoca —Bella la miró confundida—. La gente no suele saber lo que quiere, y tenemos que escuchar lo que dicen y lo más importante, lo que no dicen. Así llegaremos a entender lo que de verdad quieren.

—Por supuesto —susurró asintiendo con compresión—, no había pensado de esa manera.

—Sí, así es, si quieres ser una buena diseñadora, tenlo siempre en cuenta.

—Son muy buenos consejos, muchas gracias —repitió Bella con complicidad, una hermosa sonrisa iluminando su rostro. Miró su reloj de muñeca y gimió horrorizada—. ¡Dios mío, que tarde es! ¡Todavía tengo que recoger todo e ir a ayudar al equipo! ¿Cómo haré todo esto?

Se levantó apresurada intentando recoger todos los papeles esparcidos sobre la mesa. Esme la miró con cierta preocupación.

—De acuerdo, tranquilízate —exclamó—. Stefan va a recoger todo esto.

—¿De verdad? —inquirió Bella con un suspiro de alivio.

—Sí, él se ocupará de todo —la tranquilizó.

—¡Sra. Esme, es usted un encanto! ¡De verdad, de verdad un verdadero encanto! —chilló Bella y corrió a darle un abrazo, Esme se quedó inmóvil en su lugar—. ¡Muchas gracias! Una cosita más… ¿Podría hacerme el favor de cuidar de Bobby unas horitas?

—No puedo.

—¡Si puede, claro que sí!

—No sé cómo cuidar a un perro.

—Yo creo que usted puede, confío en usted —susurró Bella soltando a la Sra. Esme y corrió por su bolso.

—No entiendo lo que estás haciendo —la voz de Edward retumbó en sus oídos y Bella lo miró con sorpresa, se encontraba parado justo frente a ella—. ¿Quién crees que eres?

—¡Déjame presentártela! —exclamó Esme—. Es tu prometida, Belda.

Esme suspiró antes de alejarse con Bobby, sus delicadas manos tocando con las puntas de los dedos la correa.

Bella le sonrió a Edward.

—¿Por qué estás aquí? ¿No tienes un asunto que terminar? —preguntó Edward con el ceño fruncido.

—¡Ya me iba! ¡El equipo ya está trabajando! —murmuró Bella emocionada—. Trabajaremos como esclavos. ¿Quieres ir a ver?

—Lo siento, pero nada en el mundo hará que yo vaya ahí. Que tengan buen trabajo, y que el señor me de paciencia. —Bella se estaba alejando cuando escuchó el celular de Edward sonar—. Dime, Jasper.

Bella se detuvo abruptamente y se paró detrás de Edward en silencio.

—¡Esto es un caos, hermano! —exclamó Jasper alterado—. Estamos hasta arriba de trabajo.

—¿Y? —replicó Edward.

—Y el Sr. Miller está a punto de llegar, debes estar aquí, Edward, tienes que distraerlo y alejarlo.

—¿En serio? Primero sigues a Bella sin pensarlo, ¿y ahora me pides ayuda porque tienes problemas? Lo siento, Jasper —negó Edward.

—Estamos hablando del Sr. Miller —replicó Jasper exasperado—. Hacemos proyectos muy importantes para él. Si ve el estado de la casa, ni tu carisma podrá salvarnos.

Edward colgó la llamada, y suspiró con fuerza. Bella sonrió y asomó su pequeño rostro en forma de corazón, mirando a Edward con una enorme sonrisa y sus ojos suplicantes expuestos ante él.

—No me mires así —susurró Edward, mirándola brevemente.

Los intentos fueron en vano, desde el momento en el que él vio su rostro supo que negarse sería perder más el tiempo, así que suspiró y salieron rápidamente hacia la entrada.

—Si quieres puedes venir conmigo —murmuró Edward, quien había visto su vieja camioneta en el camino de entrada.

—¿Qué pasa? ¿Mi coche no es un coche? —replicó Bella caminando rápidamente detrás de él.

—Tu sabrás —suspiró Edward mientras se subía a su propio coche.

—Pues claro que lo sé… ¡Nos vemos allá! —canturreó Bella subiéndose a su camioneta.

Pero claro, la vida nunca funcionaba como debía hacerlo, y aunque intentó cuatro veces arrancar la camioneta, ella simplemente se negó a siquiera regalarle un rugido de vida.

—¡Oye, no me hagas esto! —suplicó mientras seguía sonriendo, podía ver a Edward observarla a través del espejo retrovisor—. ¡Ahora no, ahora no, por favor! ¡Vamos, arranca! ¡Por favor!

Bella golpeó el volante con frustración y Edward no pudo evitar sonreír divertido. Lo intentó por última vez, y por supuesto, no pasó nada.

—Bueno… ¿Qué le vamos a hacer? —susurró Bella para sus adentros—. Ya hablaremos más tarde.

Tomó sus cosas, incluyendo los rollos de tela para las cortinas y caminó tambaleándose ligeramente hacia el coche de Edward, que ya la esperaba con el techo encogido en la parte trasera.

—Si funciona —explicó Bella, sonriendo mientras acomodaba las cosas en el coche rápidamente—. Pero hay que esperar diez minutos, y como tenemos prisa, no puedo esperar, pero si funciona.

Edward asintió sin decir una sola palabra y arrancó.

Para su enorme suerte, llegaron a la casa justo a tiempo, y Edward logró interceptar al Sr. Miller, quien estaba a punto de entrar y ver el desastre que realmente era todo por dentro. Jasper suspiró aliviado.

—Bella, por cierto, el representante de la Srta. Sevda quiere verte, te está esperando. —murmuró Jasper—. ¿A dónde lleva Edward al Sr. Miller?

—No lo sé —susurró distraída, mirando todo a su alrededor con una sonrisa—. ¿Y entonces? ¿Cómo van?

—¡Vamos bien! —asintió Jasper—. ¡Pero necesitamos correr, hacer todo lo que está en nuestras manos! ¡Recojan todo lo antes posible! ¡Vamos! ¡Vamos!

Todo era un completo caos, sin embargo, el equipo no dejaba de correr de arriba abajo, aunque ni siquiera esa actitud positiva podría salvarlos, estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero, aun así, no estaban cumpliendo ni la tercera parte de las exigencias de esa enorme lista.

Después de un rato, Bella se detuvo y observó a su alrededor, todo estaba patas arriba e incluso el aire parecía soplar en su contra, el tiempo estaba corriendo demasiado rápido y el personal no era el suficiente. Su ánimo recayó aún más cuando vio entrar al manager de Sevda a la casa.

—Escuche, lo lamento, pero no creo que lo consigan para mañana —susurró el hombre negando suavemente mientras veía a su alrededor—. Se lo explicaré todo a la Srta. Sevda y cancelaré el concierto.

—Pero, tiene que esperar hasta mañana —susurró Bella con tristeza—, lo ha prometido.

—Muy bien, esperaré. ¿Pero acaso piensa hacer un milagro? —Bella lo miró sin poder decirle nada—. No puedo traer a un cantante desde el extranjero aquí, aún hay ciento veinte directrices que cumplir, ella no vendrá si falta alguna.

—Entiendo —susurró Bella.

—Por cierto, no tengo coche. ¿Podría traer a Bobby mañana por la mañana?

Bella asintió y lo vio alejarse de la casa, su ánimo había caído más abajo de lo que creía posible y a pesar de su fuerte actitud positiva, ahora ya no lo creía posible, había reunido a este grupo de personas con la esperanza de conseguirlo y lo único que iba lograr hacer sería humillarlos.

—Compañeros —anunció Bella intentando que su voz no se rompiera—, todo ha sido cancelado. Muchas gracias a todos. Podemos irnos.

Bella suspiró, sus ojos pinchando por dejar escapar unas lágrimas, suspiró y salió fuera de la casa, se encontró a Jasper sentado con las muletas a un costado. Se acercó a él y se recargó en el balcón.

—Todo se ha cancelado, la Srta. Sevda no vendrá —susurró Bella, abrazándose a sí misma.

—¡Todo esto es mi culpa! —gruñó Jasper enfadado golpeando su pierna—. ¡Si no hubiera sido por mi dedo roto, créeme, habríamos terminado a tiempo!

—No te culpes a ti, todo esto ha sido culpa mía —murmuró Bella—. Por aceptar el proyecto.

—¿Qué ha pasado? ¿Te has rendido ya? —inquirió Leah saliendo de la casa sorprendida.

—¿Cómo que se cancela? —preguntó Ange.

Bella intentó hablar y contuvo un sollozo, tragó saliva con fuerza y las miró con tristeza.

—Esto es imposible —susurró, mirando hacia otro lado, sus ojos rojizos de contener las lágrimas—. No pude, no ha funcionado. Lo he echado todo a perder. Edward Cullen tenía razón, soy una inexperta que no sabe nada, y este trabajo me ha superado.

—Amigos, ¿podrían dejarnos solos? —preguntó Edward acercándose a Bella, ella ni siquiera se inmutó ante su presencia, simplemente agachó la cabeza y suspiró.

Todos volvieron a entrar a la casa mirando de reojo a la pareja. Edward suspiró y se paró a un lado de ella, mirando a su estrella brillante, apagarse poco a poco.

—¿Puedes mirarme? —le preguntó Edward, sin embargo, Bella ocultó su rostro con vergüenza, pequeñas lagrimas deslizándose suavemente por sus mejillas—. Cometiste un error.

—Sí, cometí un error —asintió y lo miró—. ¿Estás feliz? Tenías razón.

Edward suspiró y se cruzó de brazos.

—En el trabajo no te puedes guiar por tus sentimientos. Y no puedes hacerles a los clientes una promesa que no puedes cumplir, de lo contrario vas a quedar mal.

—Sí —susurró Bella mientras su rostro se contraía al intentar contener las lágrimas que seguían deslizándose lentamente por su rostro.

—Puedes tomar decisiones impulsivas en tu vida personal, ahí puedes tomar decisiones sin pensar, pero si quieres tener éxito en el trabajo, entonces debes ser razonable y planificarlo todo.

El labio de inferior de Bella tembló y asintió lentamente.

—Eres muy inteligente, y tienes talento —añadió Edward, ella lo miró casi sorprendida—. Pero al mismo tiempo, eres demasiado terca.

—Sé que te he vuelto a crear problemas —murmuró Bella.

—Quería que lo intentaras, y que te equivocaras, para que aprendieras. ¿Has aprendido tu lección?

—Sí, he aprendido mi lección —asintió Bella con un suspiró, alzó su rostro y lo miró fijamente—. Siento mucho haberte avergonzado.

Bella negó suavemente antes de apartar la mirada de él, la vergüenza le impedía seguirlo mirando, mientras las lágrimas seguían bajando por sus mejillas.

—No llores. —Edward deslizó su mano con suavidad por su rostro y levantó su mirada hacia él—. Nada vale la pena tus lágrimas, y nadie puede hacerte llorar.

Limpió con delicadeza las lágrimas de sus mejillas, sintiendo la calidez y la suavidad de su piel sobre sus manos. Bella asintió casi imperceptiblemente antes de alejarse y suspirar.

—Entonces voy a reunir al equipo para decirles que ya se pueden ir —murmuró Bella, sin poder apartar la mirada de su rostro.

—¿Entonces te rindes tan fácilmente? —inquirió Edward.

Bella tensó una sonrisa sobre sus labios antes de negar.

—¿Qué puedo hacer? ¿Qué debería hacer ahora?

Edward le sonrió, antes de dirigir su mirada hacia la entrada de la casa. Bella abrió la boca sorprendida cuando vio a Bree caminando hacia ellos con un grupo de contratistas.

—O bien pierdes la carrera o bien te alzas con la victoria. —le dijo Edward. Bella lo miró con una enorme sonrisa, maravillada y sorprendida—. Muy bien, vamos a trabajar.

Edward sintió que, dentro de su pecho, todo volvió a trabajar con normalidad cuando vio el rostro de Bella iluminarse, cuando vio a su estrella recuperar su brillo. Porque no había nada que lo hiciera más feliz que verla brillar.


Merhaba!

Nadie adivinó quién filtró el contrato, se han olvidado de nuestro pequeño villano, pero ya lo descubriremos más adelante...

Y si al final de este capitulo amaron más Edward, en el siguiente lo adorarán. ¡Deja tu review, por favor! :)

Nos vemos leemos el martes con el adelanto en el grupo.

"La Estrella del Robot"

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görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.