Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
"No soy lo suficientemente maduro como para aprender de mis errores.
Esta mentira es una obligación, de lo contrario no estoy enamorada de ti.
Pero hay una luz en tus ojos, el tic tac de mi corazón.
Estoy lleno de alegría. ¿Qué es este sentimiento?"
—Jenerik
Capítulo 19.
El interior de la casa había cobrado vida, con los refuerzos que trajo Edward; incluso tan solo con su presencia ahí, había hecho que todo se agilizara aún más. La eficacia de Bree les facilitó muchas cosas y el equipo se sentía lleno de energía.
Ver a Edward trabajar, para Bella era un sueño, más allá de su evidente talento, verlo en acción tomando herramientas y haciendo el trabajo por sí mismo la hizo entrar en una ensoñación, lo miró casi en trance; la manera en la que sus músculos se acentuaban al tomar el taladro y perforar la pared, la playera tipo polo se le adhería de una forma exquisita al cuerpo, marcando cada parte den él...
No fue hasta que vio la mano de Edward agitarse frente a su rostro que pudo regresar a sus sentidos, se levantó rápidamente sofocada y sonrojada, a ayudarle a colocar los cuadros.
La verdad absoluta era que habían formado un gran equipo; mientras pasaron a pintar las paredes de otra habitación, Bella lo observó de reojo, mordiéndose el labio con suavidad.
—¿Puedo preguntarte algo? —le murmuró. Edward le dio una breve mirada en reconocimiento a su pregunta—. Sobre el día que no vas a la oficina… ¿Por qué no vienes? ¿A dónde vas?
—Bella —le susurró mirándola con una pequeña sonrisa—, haces demasiadas preguntas.
—Bueno, si no me dices por qué no vas a trabajar… entonces dime por qué has ido hoy —sugirió observándolo pintar.
—Eres muy curiosa —le señaló suavemente hacia el rodillo que tenía ella en la mano—. Ten cuidado, estás goteando.
—Tengo una pregunta más —susurró Bella, olvidándose del rodillo y acercándose más a Edward, a una distancia en la que el color de sus ojos no era simplemente verde, más bien multicolor—. Digamos que mañana terminaremos todo…
—Terminaremos. —afirmó Edward, atrapado en el suave color chocolate de sus ojos. Bella asintió.
—¿Y si la Srta. Sevda no viene? —preguntó mordiéndose el labio—. ¿Y si no viene a pesar de todo? Su manager dijo que ya era demasiado tarde.
Edward hizo una mueca restándole importancia.
—Todo es posible. Nosotros haremos nuestro trabajo, y el resto lo decidirá el Sr. Miller.
—De acuerdo. —asintió mientras alzaba el rodillo para seguir pintando, se río genuinamente antes de poder continuar y se giró para verlo—. ¿Sabes que el perro del manager de la Srta. Sevda está con tu madre?
Edward frunció el ceño y le prestó atención.
—Si la Srta. Sevda no viene, podríamos secuestrar al perro para hacerles sentir presión —sugirió Bella haciendo reír a Edward.
—¿Cómo lograste convencer a mi madre? —preguntó Edward con curiosidad, era sin duda algo extraordinario para él.
—¿Me creerías si te digo que le he hablado con dulzura? —Bella le sonrió con esa ternura que siempre sacaba cuando quería lograr algo.
—Pues me lo creería —asintió Edward sonriendo mientras seguía pintando la pared.
X – X – X
—Estoy agradecida de que estuvieran hoy aquí —murmuró Bella sonriéndoles a sus amigas después de terminar de sacar lo que se sintió como toneladas de bolsas de basura—. Ojalá Rose también estuviera.
—¿Qué juicio lleva que no acaba nunca? —replicó Leah frunciendo sus labios pintados de un negro mate.
—Sí, ojalá estuviera aquí —asintió Ange—. Aunque no tocaría la basura con sus delicadas manos con manicura.
Leah se rió con diversión.
—Les diré algo —susurró Bella mirando a su alrededor antes de continuar—. Hoy es el día en el que Edward no va nunca a trabajar.
—¡Awww! —chilló Ange mirando con ternura a Bella—. Incluso los fines de semana mi querido cuñado no puede dejar sola a su prometida.
—No es eso —negó Bella frunciendo el ceño con curiosidad—. Me pregunto por qué no viene este día, quiero saber a dónde va, con quién va… ¿Qué es lo que hace?
—Y por supuesto, Lauren lo sabe, ¿verdad? —inquirió Ange mientras se cruzaba de brazos enfadada. Bella asintió lentamente con la pena reflejada en los ojos—. No me hagas enfadar más con esa mujer, no quiero estar enojada.
—Si te preocupa tanto entonces pregúntaselo —sugirió Leah.
—Ya lo hice, pero se niega a responderme.
—¡Presiónalo tanto como puedas! —gruñó Leah con determinación. Bella la miró sorprendida.
—No, no lo presiones —negó Ange—. Te lo dirá cuando él quiera, es más romántico.
—¡Ay! —exclamó Bella mirándolas exasperada pero feliz—. ¿No son capaces de estar de acuerdo en un consejo por una vez en sus vidas?
Angela y Leah continuaron peleando. Bella se rio de ellas antes de entrar a la casa nuevamente y terminar con los últimos detalles que hicieran falta.
La noche ya había entrado, algunos se habían marchado y otros, como Jasper, dormitaban en los sillones. Edward continuaba dando unas últimas indicaciones a uno de los arquitectos cuando Alice entró mirándolo con cierto reclamo.
—De haber sabido que vendrías, también hubiera venido.
—Me sienta bien el caos —respondió Edward—. ¿Y tú qué haces aquí?
Alice suspiró y miró al rubio que estaba acostado sobre el sillón, con las muletas descansando a un lado de él.
—He venido a recoger a Jasper, lo llevaré a su casa.
Edward negó suavemente mirándolo con los ojos entrecerrados.
—En mi opinión, no creo que él pueda ir a casa esta noche… Pero inténtalo —suspiró Edward antes de que le hablaran en el segundo piso—. ¡Ya voy!
Alice se acercó lentamente a Jasper y le tocó con delicadeza el hombro.
—Vamos, levántate, te llevaré a casa, estas muy cansado —le susurró.
—Alice —Jasper abrió los ojos con asombro—. Vaya, perdóname, es que no te había visto… Rosalie ha dicho que vendría a buscarme. Es aquella abogada, quedamos que hablaríamos en el camino —explicó.
La sonrisa de Alice se había borrado por completo. Justo en ese momento le entró una llamada a Jasper de ella y Alice lo vio sonreír y reír, apretó los labios en una fina línea y se alejó de él sin darle una segunda mirada. Los había visto hablar el día de la fiesta de compromiso, por supuesto se había vuelto loca de los celos, pero jamás pensó que ella sería un problema.
X – X – X
Bella preparó dos tazas de café, y aprovecho la soledad de Edward en el patio trasero donde se encontraba sentado en el sillón tomando aire fresco, con la noche abrazando su calma. Él sintió a Bella antes que verla bajar por las escaleras, y le sonrió levemente cuando le colocó la taza en la mesita frente a él.
—Ven —susurró Edward señalando el espacio en el sillón a un lado de él, sabía que ella vendría, simplemente estaba esperando el momento adecuado y finalmente lo había encontrado, le sonrió quedamente—. Veo que quieres preguntarme algo. Pregunta. —asintió, tomando un sorbo de su café.
Bella suspiró aliviada antes de mirarlo de reojo.
—Estoy obsesionada con el día en el que no apareces —murmuró y Edward asintió lentamente—. Todos los años, el diecinueve de agosto… no vas al trabajo. ¿A dónde vas?
—¿Por qué te interesa tanto? —la sonrisa que en un principio adornaba sus labios se había borrado.
—Si es muy personal, entonces no tienes por qué decírmelo… —murmuró mirando hacia el cielo oscuro—. Parece que solo Lauren lo sabe.
A pesar de lo doloroso que era para él hablar del tema, no pudo evitar sonreír ante la falsa actitud desinteresada de Bella. Le daba puntos por eso. Suspiró y sintió que, ante él, estaba una persona en la cual podía confiar, aunque fuese solo un sueño que él quería creer.
—Yo tenía un hermano —empezó Edward, y el corazón de Bella tartamudeo en su pecho.
—Dijiste que no tenías hermanos…
—Porque ya no lo tengo —susurró Edward, tragando el pesado nudo que se había formado en su garganta, y Bella lo observó perderse por un instante, lo vio alejarse a kilómetros de distancia, con la mirada ausente como un pozo profundo de sentimientos escondidos—. Era una persona maravillosa, mi modelo a seguir… el primogénito de la familia.
Bella cerró los ojos con fuerza para retener sus propias lágrimas.
—¿Hoy… —carraspeo suavemente— hoy es el día de su muerte?
—No, no —negó Edward rápidamente con el ceño fruncido—. No creo que éste muerto. Él y sus amigos tenían un grupo de música. Siempre quise tocar con ellos, pero ellos no querían incluirme. Así que yo pateaba las puertas y gritaba, porque yo también quería tocar.
Bella se río suavemente, y una lágrima se deslizó con rapidez sobre su mejilla.
—Muy propio de ti —susurró haciendo que Edward riera un poco.
—Un día, mi hermano me regaló una guitarra muy especial —a este punto, las lágrimas de Bella fluían sin parar en su rostro. Edward suspiró con sentimiento—. Y ese día, era un diecinueve de agosto. Dijo que, aunque tuviera 80 años y fuera muy viejo, vendría cada diecinueve de agosto y tocaría. Por eso, voy ahí siempre en esta fecha… y eso es todo —concluyó.
Bella asintió, su labio inferior temblando suavemente. Extendió sus manos y tomó entre las suyas la mano de Edward, apretándola en un apoyo silencioso. Y él se sintió bien, realmente lo hizo, liberó una pequeña presión que tenía en el pecho, en su corazón. Aunque el dolor era el mismo, algo había cambiado.
Después de eso, entraron a la casa para concluir unos pequeños detalles, Edward se encargó de despedir a todos los que seguían ahí para que descansaran, no tardó ni quince minutos. Cuando buscó a Bella, la encontró recostada en uno de los sillones, su pecho subiendo y bajando con suavidad.
—Bella, ya se han ido todos —le susurró, se sentó a un lado de ella y tocó su mano con delicadeza—. Bella… ¿Bella?
Ella, sin embargo, suspiró entre sueños e inclinó la cabeza sobre el pecho de Edward, acurrucando su pequeño cuerpo como un gatito en el espacio entre su brazo y su pecho, él se tensó ligeramente cuando uno de sus brazos le rodeo la cintura, abrazándose más a él.
Edward suspiró y la observó por un momento, antes de cubrirla con su chaqueta. La tensión abandonó su cuerpo cuando se dio cuenta lo bien que se sentía tener su calidez tan cerca, su dulce aroma aturdiendo sus sentidos, y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios cuando la escuchó ronronear y acomodar su cabeza entre su cuello.
Le rodeo el cuerpo con un brazo, antes de quedarse dormido sin darse cuenta.
Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue el suave rostro de Bella. Al verla, pensó que quizá la oscuridad no era tan mala si podía ver estrellas tan brillantes, no había nada más que luz entrando por las paredes de cristal, mientras Bella seguía aferrada a él como un koala. Un leve sonrojo cubría sus mejillas y sus pestañas descansaban cómodamente sobre sus pómulos.
Edward recordó los pequeños momentos que habían pasado juntos en tan poco tiempo y lo feliz que le hacía sentir tenerla cerca...
Un pitido insistente interrumpió su nube de recuerdos, y por un momento se quedó aturdido buscando de donde prevenía aquel sonido. Descubrió que el reloj en su muñeca no dejaba de indicar que su ritmo cardiaco había aumentado considerablemente.
Edward se movió inquieto, sacudiendo su brazo intentando silenciarlo.
—Apágalo —murmuró Bella adormilada entreabrió los ojos con una sonrisa y continuó durmiendo.
—No, creo que esto no es algo que se pueda apagar…
Extendió la mano hacia uno de los cojines que estaba en la mesa de al lado y lo colocó debajo de la cabeza de Bella para que el pudiera levantarse y no dejarla incomoda, la conocía demasiado bien como para saber que seguiría durmiendo por otro rato más.
Suspiró incomodo y empezó a dar vueltas intentando que el aparato dejara de sonar.
—Ese reloj mide su ritmo cardíaco, ¿verdad? —Edward levantó la cabeza, sorprendido al escuchar la voz de Stefan, quien iba entrando con un par de bolsas—. Parece que se ha acelerado —añadió con una sonrisa sugerente.
—¿Qué estás haciendo aquí? —masculló Edward en voz baja acercándose a Stefan, su sonido se detuvo finalmente.
—Le traje el desayuno —explicó sorprendido—. He pensado que no iba a querer desayunar fuera de casa así que le he preparado un desayudo maravilloso, estoy incluso pensando en abrir un restaurante.
—Una buena idea.
Edward apretó los labios en una sonrisa, se inclinó para observar si Bella ya se había despertado, pero maldijo por lo bajo cuando el reloj volvió a sonar insistente en su muñeca, incluso parecía que cada vez sonaba más fuerte.
Bella estiró sus músculos abriendo los ojos y se levantó caminando hacia ellos, sus ojos aún estaban entrecerrados y Edward la miró con el ceño ligeramente fruncido.
—Buenos días —saludó Bella aún adormilada, miró a Edward con recriminación antes de añadir—. ¿Por qué aún no lo has desactivado?
—Es que… se ha roto. —Bella se cubrió la boca mientras bostezaba y caminó unos pasos aún desorientada—. El… el baño está arriba —señaló, suspirando cuando el sonido se detuvo.
Stefan sonrió con diversión al verlo en tal situación, y después observó a Bella subir las escaleras con los ojos casi cerrándose, Edward cometió el error de volverla a observar y el reloj cobró vida otra vez.
—Esto no se calla —masculló sacudiendo su mano.
—¿Ella es siempre así? —preguntó Stefan sorprendido.
—En cinco minutos volverá a sus sentidos —explicó Edward, como quien conoce a alguien de toda la vida.
Stefan rio, mirando hacia las escaleras.
—Qué tierna.
—Vamos, Stefan —lo apuró, señalando las bolsas de comida antes de fruncir el ceño con confusión—. ¿Cómo me encontraste?
—Pedí la dirección. —respondió alejándose hacia la cocina.
Edward bufó y miró con recriminación al aparato que no dejaba de sonar, suspiró y salió hacia el patio delantero, sacudiendo su mano con fuerza.
—Vaya, parece que se ha roto —masculló inhalando con fuerza y exhalando, lo repitió dos veces más antes de negar exasperado—. Esto nunca se va a detener.
Se quitó el reloj, y tan pronto se alejó de su cuerpo el sonido se detuvo. «Maravilloso», pensó.
X – X – X
Bella lo miró sonriendo, mientras descansaba los cubiertos sobre la mesa.
—Te has quitado el reloj —señaló. Edward suspiró y tomó un trago de su café.
—Sí, estaba roto.
Ella alzó una ceja con suspicacia, antes de tomar la llamada entrante en su celular.
—Hola, Sr. Berant, buenos días —saludó sonriendo—. Está todo terminado. ¿Cuándo vendrán a la casa?... —su sonrisa se esfumó, haciendo que Edward la mirara con interés—. ¿Qué? ¿A qué se refiere con no venir?... ¿Cómo puede tomar usted solo una decisión así?... ¿Y Bobby? Dígame, ¿Ya lo sabe el Sr. Miller?... Entiendo… Entiendo, que tenga buen día.
Colgó la llamada con molestia y miró a Edward sacudiendo la cabeza con incredulidad.
—Todo este trabajo ha sido en vano —le explicó Bella enfadada—. Ni siquiera ha intentado que viniera la Srta. Sevda.
—Ya me he encargado de eso —ella le miró con sorpresa—. El jet privado de Sevda acaba de aterrizar y estará aquí en una hora.
—¿Jet privado? —repitió Bella con el rostro iluminado de alegría. Edward asintió.
—Tenemos que ducharnos y cambiarnos, ellos se van a encargar de todo mientras tanto. —le comentó.
—Entonces, iré contigo, para recoger mi camioneta y a Bobby, el perro del Sr. Berant.
—¿A qué viene esa confianza? —Preguntó Edward sin poder contenerse otro segundo más. Desde ayer que Bree le había mostrado esa foto, una molestia se había acentuado en su estómago, Bella lo miró con los ojos entrecerrados sin entender—. ¿Cómo puede dejarte el perro si no te conoce?
—Lo más probable es que les inspire confianza a todos, menos a ti —explicó Bella con un toque de burla en su voz.
—Tal vez —masculló con un suspiro—. Vámonos.
Bella se levantó de su asiento acariciando su panza que estaba ligeramente inflamada después de todo lo que había comido. Edward se mordió el interior de su mejilla cuando ella se alejó del comedor sin acomodar a la silla, se sintió satisfecho después de haberlo hecho y la siguió.
—Escucha —empezó Edward tan pronto estacionó su coche en la entrada de su casa, mirando con desprecio la chatarra roja de Bella—. Tenemos que solucionar el problema con tu camioneta. Funciona fatal y se avería constantemente, y luego viene gente como Riley a ayudarte y eso no puede ser posible.
Bella lo miró sorprendida y apretó los labios ocultando su sonrisa burlona, decidió no replicar nada y se bajaron del coche despidiéndose amablemente. Edward se alejó hacia su casa y ella estaba a punto de acercarse a la casa de Esme cuando escuchó su voz cerca de la entrada.
—¡Bobby, detente! ¡No salgas o te van a atropellar!
Bella se acercó con curiosidad y la vio en parada al límite de la salida, sus piernas firmemente aferradas al piso, sin embargo, todo en su postura gritaba desesperación.
—¡Ven, perrito bueno¸ por ahí pasan coches y te van a atropellar! ¡Bobby! —sollozó Esme estirando los brazos con angustia—. ¡No puedo salir de aquí! ¡Ven! ¡¿Dónde estás, Stefan?! Stefan…
Bella se quedó congelada en su lugar, jamás imaginó ver a alguien tan fuerte como la Sra. Esme en tal situación.
—¡Bobby! —Stefan se acercó corriendo al pequeño cachorro y lo tomó de la correa—. Vamos adentro… ¿Qué estás haciendo aquí afuera?
Bella se acercó lentamente a ellos y sin decir una sola palabra tomó la correa de Bobby. Esme, sin embargo, se dio la vuelta rápidamente y se alejó de ahí.
—Es bueno que Bobby no sea como Sirius —le comentó Stefan ignorando lo que acababa de pasar frente a sus ojos.
—Muchas gracias, Sr. Stefan —murmuró Bella aun viendo a Esme mientras ella se alejaba, su cuerpo aun rígido y tenso.
Bella llegó directamente a la floristería donde sabía que iba a encontrar a sus amigas y su tía esperándola.
—¡Oh, mira qué hermoso, es un Beagle de ocho meses! —chilló Leah cuando ella entró con Bobby en sus brazos.
—¿Cómo sabes eso? —cuestionó Ange confundida, no había un día en el que todas sintieran curiosidad por Leah y su extraño y misterioso mundo.
—¿Es este nuestro nuevo perro? —inquirió la tía Maggie con reproche—. ¡Ay, Bella! ¿Podrías decirme las cosas antes de hacerlas? Por favor —suplicó.
—¡Pssst! —susurró Ange sonriendo al otro lado de la mesa—. Ella está hablando de Edward.
—Mmjmm —asintió Bella rodando los ojos.
—Pero, por supuesto, considerando las bombas que Bella suele soltar… esta es la más linda de todas —susurró Maggie, acariciando al perro con una sonrisa.
—¿Cómo puedes verte tan bien cuando estás cansada y sin dormir? —preguntó Leah mirando a Bella con sorpresa.
—No estoy cansada, dormí muy bien —respondió con una sonrisa tonta en el rostro y un suave suspiro—. He dormido un montón.
Ange empezó a carraspear con exageración e inclinó varias veces la cabeza hacia Maggie, que ahora mismo miraba a Bella con los ojos desorbitados.
—¿No dijiste que iban a trabajar hasta tarde? —cuestionó.
—He dormido en el trabajo… ¿Qué tiene de malo? —susurró Bella viendo con cómo sus amigas la traicionaban y se levantaban sigilosamente de la mesa.
—No me creo nada —espetó Maggie claramente molesta.
—Bueno, tengo que ir a trabajar —anunció Ange con una risa nerviosa, Bella la estaba mirando fijamente, con dagas disparando hacia su dirección—. Como sabes, ya he empezado a trabajar y ahora soy una mujer profesional… y me voy. Que tengan lindo día.
—¡Y yo he decidido acompañar a Ange! —asintió Leah caminando detrás de ella.
—¡Ange! —gritó Maggie deteniéndola abruptamente, se giró y la miró sonriendo—. Si decides mudarte a la oficina, avísame ¿de acuerdo? Y ven a verme de vez en cuando, así como Bella.
—Por supuesto, hasta luego —Ange y Leah salieron corriendo de la floristería.
Bella se quedó a solas con su tía. La miró con precaución, antes de suspirar y sonreírle con empatía.
—Tía… hoy me he quedado a dormir en la oficina ¿Y sabes por qué? Porque estaba muy cansada y me he quedado dormida en el sillón, y Edward no pudo traerme, eso es todo —le explicó lentamente.
—¿En serio? —Replicó su tía vagamente, mientras se acercaba al perro—. ¡Bobby, Bobby! ¿Y si hoy nos quedamos a dormir aquí?
Bella suspiró para sus adentros y apretó los labios.
—Voy a casa, me daré una ducha, me cambiaré y volveré a salir —anunció Bella entregándole la correa titubeando.
—¿Con Bobby o sin Bobby? —preguntó su tía.
—Sin Bobby, pero vendré a buscarlo.
—Bueno.
Bella tomó su bolso y se alejó rápidamente de la floristería.
X – X – X
—Muy bien —suspiró Jasper sentado en el sillón de la sala—. Ya lo tenemos todo preparado, ¿verdad?
Diego asintió satisfecho y Alice rodó los ojos. Edward ya se encontraba junto con ellos y Bree, esperando la llegaba de la Srta. Sevda.
Edward miró su reloj y suspiró, alejándose discretamente de ellos, llamó a Bree con una ligera inclinación de su cabeza.
—¿Dónde está Bella? —preguntó mirando a su alrededor, con las manos descansando sobre sus caderas.
—Está afuera, en la calle.
Edward asintió y caminó hacia la entrada, una risa de incredulidad se formó en su pecho cuando vio la escena frente a él, se cruzó de brazos y rodó los ojos.
—¿Bree? ¿Puedes venir?
—¡Dígame, Sr. Edward! —asintió rápidamente acercándose a su jefe.
—Ese es el hombre con el que estuvo ayer Bella, ¿verdad? —inquirió señalando despectivamente hacia la entrada, donde Bella y el hombre, estaban sentados en cuclillas acariciando a Bobby.
—Sí, el mismo al que llamé guapo y del que usted estaba enojado…
—Eso da igual, Bree —la interrumpió entre dientes, su mandíbula apretada y sus ojos verdes ardiendo—. ¿Qué está haciendo aquí? ¿Por qué ha venido?
—Oh, es el Sr. Berant —explicó—. Es el manager de la cantante, de la Srta. Sevda.
—¿Ese es su manager? —replicó Edward con desdén.
—Tiene que ver la lista de actores que representa… ¡Tiene casi a todo Hollywood! Vive en Estados Unidos —añadió.
—Qué bien, Norteamérica —bufó.
—La botánica es su hobby, tiene un jardín botánico en California. —susurró Bree con complicidad.
—Botánica —masculló alzando las cejas—. Arte, música… perfecto, a Bella le encantará.
Había un rugido sordo dentro de él, mientras veía a Bella reír abiertamente con el hombre frente a él, dándole el privilegio de ver sus suaves y sedosas piernas expuestas, suspiró intentando sacudirse la molestia que lo estaba atacando.
—Bree —murmuró Edward pensativo—. Sabes, el anillo de compromiso que le compré a Bella…
—Oh, sí, es muy bonito con flores.
—Sí, eh… —miró de reojo a Bree—. Se nota que es de compromiso, ¿verdad? O tal vez debería comprarle un anillo con un diamante más grande.
—No, se ve clarísimo… —negó Bree con incredulidad—. Es tan grande que es imposible no darse cuenta.
—¿Verdad? Es imposible… perfecto —asintió satisfecho, mirando fijamente al Sr. Berant. Estaba atrapado en sus pensamientos hasta que se dio cuenta que Bree seguía parada a su lado—. ¿Bree?
—Sr. Edward —respondió rápidamente.
—Ya puedes irte.
Bree lo miró de reojo con los brazos cruzados y se giró ofendida, alejándose de él.
Edward supo que no podía seguir observando de lejos cuando finalmente Bella había sentido su mirada casi fulminante sobre ella. Se levantó lentamente, ajustándose su falda y mirándolo de reojo.
—Hola—saludó extendiendo su mano hacia el hombre—. Edward Cullen.
—Berant Alptekin
—Estábamos hablando de Bobby —explicó Bella sonriéndole—. ¿Es muy lindo, cierto?
Edward apretó los labios en una fina línea y asintió vagamente, alzando las cejas con fastidio.
—Yo también tengo un perro —replicó, mirando de reojo a Bella antes de fingir observar la fachada de la casa.
El Sr. Berant lo miró boquiabierto antes de que Bella riera con nerviosismo.
—Sí, su nombre es Sirius —susurró, sonriéndole casi sorprendida ante su actitud hosca—. Lo extraño mucho… ¿Puedo ir hoy a verlo?
—Mejor no vengas —replicó fingiendo desinterés—, has jugado con otro perro, lo va a oler y no le va a gustar.
Bella apretó los labios intentando no reírse ante la actitud que estaba tomando, era evidente para ella que no le había gustado encontrarla hablando con otro hombre, o quizá de verdad estaba molesto porque estaba jugando con otro perro… con Edward, siempre era difícil saber lo que realmente estaba pensando.
—La casa ha quedado preciosa —murmuró Bella cambiando de tema.
—Sí —asintió el Sr. Berant—, pero es importante que le guste a la Srta. Sevda.
—Por supuesto…
—Oh, mire, ha llegado —señaló el Sr. Berant viendo entrar a la enorme camioneta blanca.
—Bueno, vamos allá —susurró Bella en voz baja, apretando sus manos con nerviosismo, miró a Edward, pero este seguía visiblemente molesto y miraba constantemente el reloj en su muñeca con la mandíbula apretada.
La Srta. Sevda bajó de la camioneta, su alta y esbelta figura contoneándose en cada paso que daba, sin duda totalmente digna de ser la persona que había exigido ciento veinte directrices para pasar una sola noche en una casa.
—Bienvenida —saludó Bella sonriendo, Edward miró a Sevda con desinterés.
—Buenos días —respondió la Sevda sin mirarla—. Gracias por el jet privado, Sr. Edward.
Bella apretó los dientes y controló sus ganas de rodar los ojos.
—Es un placer —espetó Edward secamente, Bella le sonrió por un segundo con satisfacción.
—¿Pasamos? —preguntó Sevda mirando a su manager.
—Adelante.
Antes de seguirlos, Bella le sonrió con picardía a Edward, haciendo que éste riera con incredulidad, bufó suavemente y los siguió dentro.
El recorrido por la casa fue breve y conciso, Sevda observaba las cosas por una vez, sin embargo, parecía que la lista había sido grabada firmemente en su memoria.
—¿Berant? —inquirió Sevda mirando la habitación principal con desdén—. ¿No había un elemento en nuestra lista que decía que el sol debería entrar desde el norte en el dormitorio?
—Sí, el punto número setenta y tres. —asintió.
Bella rodó los ojos y Alice miró a Sevda como si la cabeza se le hubiese ido de lado.
—El problema aquí, es que no podemos controlar desde donde entrará el sol en las habitaciones que decoramos —replicó Alice con su lengua filosa raspando sus dientes.
—Ya lo he entendido, es decir, no han podido hacerlo. Han fallado.
Bella la miró con fuego ardiendo en sus grandes ojos cafés, tomó una profunda respiración para controlarse mientras iban bajando a la segunda planta, continuando con el recorrido que poco le estaba agradando a Sevda.
—Hemos hecho grandes esfuerzos para encontrar todos los accesorios que requería —explicó Bella, pasando a la sala de estar donde se encontraba Edward sentando junto a Jasper—. Espero que sea de su agrado.
—Sí —murmuró Sevda tocando con la punta de los dedos las cortinas—. Los accesorios son los que pedí, pero les dije que las cortinas fueran de satén, no de algodón.
—Tienes razón —asintió Bella con paciencia, mirando al equipo que observaban a Sevda con incredulidad—. Pero, como le dije, nos esforzamos mucho. Tendríamos que haberlas hecho nosotros, pero no había tiempo para hacerlo.
—Y también dije que las lámparas deberían ser marfil, y son negras —añadió Sevda. Bella cerró los ojos tratando de controlarse—. Y los cojines son más pequeños de lo indicado. Esta casa me molesta.
—No —replicó Bella con una sonrisa casi maniática—, todo está de acuerdo con los estándares que usted quería.
—¿Sí? Pues a mí no me lo parece.
—Srta. Sevda —intervino rápidamente Jasper—, la Srta. Bella ha tratado de hacer algo muy difícil en muy poco tiempo, así que le aconsejo que no se obsesione con los pequeños detalles. —añadió—. Esa es mi opinión, al menos.
Edward suspiró escuchando aburrido el parloteo, volvió a fijarse en la hora.
—Como yo lo veo, me han hecho venir aquí a escuchar tristes excusas, y no porque hayan cumplido la lista de requisitos.
—No, eso no es así —masculló Alice con furia—. El equipo ha hecho un trabajo extraordinario en un solo día.
—Srta. Bella, le agradezco todos los esfuerzos de su equipo, pero poco de mis requerimientos han sido cumplidos. No puedo aceptar una casa como esta.
Bella miró a Sevda con una calma casi asesina, apretó los labios sin replicar una sola palabra, sus ojos cafés se habían oscurecido peligrosamente.
—Berant —anunció Sevda sin esperar un comentario más—. Llámale al Sr. Miller y dile que el concierto se cancela. Gracias —añadió saliendo de la sala principal, hacia la salida.
Todos miraron boquiabiertos la escena que se había desarrollado frente a ellos, Bella siguió con la mirada a Sevda, su cordura pendiendo de un pequeño hilo.
—No te atrevas a enfadarte por aquello que no pudiste hacer —dijo Alice rápidamente, notando la tensión en el cuerpo de Bella—. Conozco a este tipo de personas, siempre haces todo lo posible para que sea lo mejor, pero nunca logras complacerlos.
—¿Ha dicho que no podía aceptar la casa? —inquirió Bella, ignorando las palabras de Alice. Bree y Jasper compartieron una breve mirada—. ¿Ella dijo que no le gustaba?
—¡No! —replicó Jasper rápidamente, viendo exactamente hacia donde se dirigía Bella con sus palabras.
—No, no —negó furiosa entregándole su bolso a Bree—. Voy a destrozar a esta mujer.
—¡Bella, Bella! —gritó Bree
—Espera —le dijo Alice.
—Bella, ¿a dónde vas? —preguntó Jasper, tomando rápidamente sus muletas, todos la siguieron, corriendo tras ella.
Edward sonrió casi divertido, y se levantó del sillón interesado en el espectáculo que sabía desde un principio, Bella iba a montar.
—Bella, ¿a dónde vas? —repitió Jasper viéndola atravesar la puerta principal.
—¡Que nadie se meta! —gritó Bella cerrando las puertas detrás de ella.
El equipo vio boquiabierto a Bella cerrarle la puerta del coche casi en la cara a Sevda, impidiéndole entrar.
—¡No se puede ir, así como así! —exclamó furiosa—. ¿Cómo puede ser tan insensible y narcisista? ¿Qué clase de persona egoísta e irrespetuosa es usted?
—¿Vamos con ella? —susurró Alice. Edward negó rápidamente frunciendo los labios, bastante despreocupado.
—No es necesario, ella puede manejarlo sola. —la miró casi con un deje de orgullo, y una diminuta sonrisa dibujada en sus labios.
—Ya han pasado veinte minutos —comentó Jasper después de un largo rato—. Y no se escucha ninguna voz.
—¿Podría ser que de verdad Bella destrozó a esa mujer? —inquirió Alice con cierto temor.
—Tal vez —asintió Edward—. No la conozco mucho.
Jasper y Diego no pudieron evitar reírse.
—¿Qué cosas dices, hermano? Ella es tu prometida.
—Sí, es decir… quería decir… —tartamudeo—. Ya sabes que también me puso unas esposas en su momento, lo que digo es que es imposible saber qué esperar de ella.
—¡Mira, ahí vienen! —exclamó Bree en voz baja.
Bella sonrió mientras abría las puertas de la casa de par en par, entrando con el cabello ondeando suavemente, y detrás de ella le seguían Sevda y Berant,
—¿Qué dices, querida Sevda? —preguntó Bella sonriendo.
—¿Querida? —replicó Edward con incredulidad, sin duda era más de lo que esperaba. Bella le sonrió, guiñándole un ojo antes de centrar su atención en la cantante.
—Muy bien —asintió Sevda, evidentemente humillada—, subiré al escenario y cantaré una canción.
Bella sonrió satisfecha, si había alguien que aun dudaba de su capacidad, en ese momento cualquier rastro de duda había sido completamente borrado, para ella no existían límites ni fronteras, ni mucho menos una arrogante cantante se iba a interponer en su meta.
X – X – X
Edward entró a las caballerizas y sonrió cuando vio a su madre hablando con uno de los caballos y cepillándole delicadamente.
—¿Cómo estás, mamá? —preguntó sonriendo.
—Cariño, bien. ¿Y tú, cómo estás? —Esme le sonrió con ternura.
—Bien.
Esme recordó algo y se giró rápidamente a verle.
—¿Qué ha pasado con el proyecto de la casa?
—Todavía seguimos trabajando en ello —suspiró Edward, Esme rodó los ojos negando suavemente.
—Esta Belda está loca, lo sabes, ¿verdad? —susurró—. ¡Está mal de la cabeza!
—Si —suspiró Edward cruzándose de brazos con una pequeña sonrisa—. Hoy hemos visto a la loca de Belda.
—Y ella también tiene una voz tan alegre, que a veces retumba en mis oídos, ¿a ti también te pasa? —inquirió Esme con curiosidad, Edward sonrió divertido, sus ojos brillando.
—¡Ya he venido! —canturreó Bella entrando detrás de Edward.
—¡Mira, ahí está de nuevo esa vocecita! —murmuró Esme acomódense su sedoso cabello.
—He venido a recogerte —anunció ella mirándolo con una enorme sonrisa.
—¿Qué pasa, Belda? —replicó Edward de forma juguetona. A Bella se le borró la sonrisa y lo miró furiosa.
—¿Cómo que "Belda"? —miró a Esme con los ojos entrecerrados antes de sonreírle—. Usted tiene la culpa de esto, también has empezado a llamarme Belda, muy bien. Edward —negó suavemente antes de añadir—, hay una fiesta esta noche, por eso he venido recogerte.
Edward alzó las cejas.
—Ah, no. Felicita a la esposa del Sr. Miller, pero las fiestas no son para mí —negó.
—¡Ohh! Pero ya le he dicho que vendrías —murmuró Bella encogiéndose de hombros—. E incluso ha reservado un asiento en su mesa.
—Bella, tengo cosas que hacer —replicó Edward con calma.
—Bueno, entonces te esperaré —asintió sonriendo—. Estaré aquí platicando con tu madre, ¿verdad, Sra. Esme?
—Mmm —asintió Esme vagamente, poniendo los ojos en blanco. Edward miró a su madre con diversión.
—Muy bien, entonces nos vemos en un rato —asintió.
—Nos vemos —canturreó Bella mientras se acercaba al hermoso caballo—. ¿Qué le ha pasado? —preguntó tan pronto se dio cuenta del vendaje en una de sus patas.
—Se rompió una pierna —suspiró Esme con un deje de tristeza—. Generalmente son sacrificados, porque no pueden soportar el dolor de cargar con el peso de su cuerpo. ¡Pero nuestra Estrella se ha aferrado a la vida! —añadió con orgullo y alegría, antes de cerrar los ojos y llevarse las manos a las sienes.
Bella la miró con curiosidad.
—¿Está bien? —le preguntó.
—Otra vez tengo dolor de cabeza —susurró.
—Yo puedo aliviar su dolor de cabeza —sugirió Bella—, al menos intentarlo, si confía en mí.
Esme la miró con los ojos entrecerrados, estaba a punto de negarse y, sin embargo, minutos después, sentada cómodamente en el sillón cercano al lago, con las manos de Bella masajeando firmemente sus sienes. Estaba completamente feliz de no haber rechazado su ayuda.
—¡Oh, Belda! ¿Dónde has aprendido a hacer esto? —preguntó con los ojos cerrados y una enorme sonrisa dibujada en sus labios—. El dolor de cabeza se ha ido. ¡Estoy en las nubes!
Bella le sonrió satisfecha mientras masajeaba la parte superior de su nuca, antes de alejarse hacia la mesita central.
—Lo aprendí de una clienta que solía darle masajes en la cabeza a mi tía —explicó colocando un recipiente a un lado de Esme y le mostró un antifaz—. ¿Se lo puedo poner?
—Puedes.
—Ahora un poco de lavanda… —susurró Bella agarrando el contenido del recipiente.
—¿Para qué sirve? —le preguntó con curiosidad.
—Su aroma la calmará y hará desaparecer los dolores —Bella le acercó la mano a la nariz para que Esme inhalara suavemente—. Huela un poco más.
—¿Y para qué sirve taparme los ojos?
—Para que se enfoque en los olores —se sacudió los residuos de lavanda de sus manos, antes de mirar a su alrededor, con una idea brillando como faro en su cabeza—. ¿Le gustaría ir a dar un paseo?
—¿Con el antifaz? —cuestionó Esme sorprendida.
—Sí —asintió Bella con neutralidad—. El jardín está lleno de lavanda, así lo va a oler y le hará bien.
Bella tomó con firmeza una de las manos de Esme, brindándole confianza.
—Bueno, está bien… —murmuró dubitativamente, levantándose del sillón—. Vamos…
—Confíe en mí.
—Los dolores de cabeza se han ido, gracias a Dios.
Este no era solo un pequeño paseo, y Bella sabía exactamente hacia qué dirección iban caminando a cada paso que daba y la guiaba tomada de la mano.
—He visto cuanto quiere a Estrella —comentó Bella, Esme le sonrió y asintió—. ¿Me cuenta como se ha curado?
—Pues lo pasó muy mal —suspiró Esme con tristeza—. Se esforzó mucho, pero nunca me rendí con ella —sonrió—, y cada que aprendíamos una terapia nueva, la probábamos. Entonces, un día, al verme, se puso de pie cuando me vio. Otro día dio un pasito… y al día siguiente, otro más. Luego se curó, no entendimos como sucedió.
Bella le sonrió con felicidad, sin embargo, lo que estaba a punto de hacer estaba al límite, pero lo hacía de todo corazón, así que mientras escuchaba la historia, estiró el brazo y empujó suavemente el portón que daba hacia la salida de la residencia.
—Esos días han quedado atrás —suspiró Esme con nostalgia.
Y sin darse cuenta, finalmente Esme dio un paso fuera del lugar que, por muchos años, había sido el único espacio que conocía. Bella le soltó la mano, y la miró sorprendida como sola dio unos pasos más con firmeza.
Esme podía sentir que algo a su alrededor había cambiado, lo podía sentir en el aire y en su corazón, extendió los brazos a su alrededor y sonrió maravillada, sin saber lo que estaba realmente pasando.
Bella le tomó volvió a tomar la mano, decidió que había sido suficiente por hoy, no quería estirar demasiado el momento y conseguir que se rompiera, así que nuevamente le ayudó a entrar, y sin hacer ruido cerró el portón detrás de ella. Stefan llegó justo en ese momento, y miró maravillado la escena frente a él, sus ojos brillaron ante tal impresión, se limpió rápidamente las lágrimas que bajaban por sus mejillas.
Durante años, había visto a Esme llorar, sufrir ante los fuertes medicamentos que los distintos doctores le habían recetado en el intento de hacerla superar su fobia y sacarla de la casa, gritar ante las agresivas terapias, pero todo había sido en vano, nada le había hecho colocar un pie fuera de los límites de su casa…
Hasta este momento, y ni siquiera era consciente de lo que había logrado, de lo que Bella había logrado hacer.
Merhaba!
Hoy conocimos un poquito del pasado de nuestro Edward... y también lo vimos en una situación estresante jajaja.
¿Qué les pareció? Dejen su bello e inspirador review.
Nos leemos el martes con el adelanto en el grupo. Cualquier duda no duden en comentar o preguntar.
"La Estrella del Robot"
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görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
